LA FIESTA
Mamá lleva tres horas arreglándose, y aún sigue en el baño, maquillándose. Hay que ver… Ni que fuera su primera cita. Yo ni siquiera llevo el vestido aún, ni Kya tampoco. Estamos esperando pacientemente a que la maestra de ceremonias corte con el pintalabios.
-¡Mamá! ¡¿Sales o qué?! ¡Llevo una hora esperando!
-¡Un momento, cariño!-me grita desde dentro del baño.
-¿Tu madre sigue ahí? ¿Pero cuánto lleva maquillándose? Mujeres… No hay quien os entienda…-suspira mi viejo.
-Pues ahora mismo lleva…-consulto mi reloj.-Dos horas, cuarenta y siete minutos y cincuenta y dos segundos.
-Qué precisión. Veo que también te cansas de esperar…-corrobora mi viejo.
-Siempre se dice que las chicas son muy indecisas y tardan mucho en prepararse…-informa Kya.
-Pues yo debo de ser la excepción a la regla, desde luego.
Seguimos esperando un rato más, pero nada, mamá no se cansa de retocarse. Llaman al timbre.
-Voy yo.-informo.
Al abrir la puerta, me tropiezo con el visitante que esperaba.
-¡Hola, hola!
Es tía Rochelle, que lleva un bonito vestido jade en diferentes tonos y un velo verde transparente que le sale de la tira del cuello. Se acompaña de un par de brazaletes que lleva un poco por debajo de los hombros y un collar con pedrería esmeralda. Su pelo está ligeramente recogido y va bastante maquillada.
-Qué mona.-admito, agradeciendo al cielo de que no se parezca demasiado a mi madre.
-No puedo decir lo mismo-me dice en tono de diva burlón. -¿Qué haces todavía con tu ropa normal?
-Mamá se ha encerrado en el baño a maquillarse y no me deja vestirme "porque quiere verme".
-Ah, ahora lo entiendo todo. Vamos a ver si conseguimos sacarla del baño, ¿Te parece?
-Sí.-asiento.
Tía Rochelle y yo nos adentramos en casa. Mamá, tal y como me esperaba, sigue en el cuarto de baño.
-Mirad quién ha venido.
Kya se queda mirando a mi tía, con una gran sonrisa, admirando el vestido tan bonito que lleva.
-¡Oooh!-grita Kya, sonriendo.
-Oh, lo sé. Gracias.-dice mi tía arreglándose el pelo.
-Hola, Rochelle.-saluda mi viejo.
-Buenas, Kyle, ¿Qué tal?-devuelve mi tía.
Mi padre y mi tía se dan dos besos.
-¿Dónde está la petarda de mi hermana? Sigue maquillándose, ¿Verdad?
-Pues lo cierto es que sí.-confiesa mi viejo.
-Ya lleva casi tres horas.-confirmo mirando mi reloj.
Mi tía empieza a llamar violentamente a la puerta.
-¡Rachel! ¡Que es para hoy! ¿A qué viene tanto teatro? ¡Si vas a estar fea igual!
Parece que la táctica ha funcionado, porque el pestillo del baño cede y la puerta se abre.
-¡Te he oído, payasa, eres muy graciosa! Nada, nada, ya estoy. ¿Qué tal?
Mamá se ha puesto un elegantísimo vestido púrpura con unas solapas que le tapan los costados del cuello y que acaban en manga cortita. El vestido cuenta también con un agujero triangular a modo de pequeño escote. Es de estilo oriental, con todo de incisiones místicas por la tela, que llega hasta el suelo, disimulando los tacones negros. Tal y como esperaba, lleva todos sus rasgos faciales resaltados por mucho maquillaje, en su mayor parte oscuro.
No obstante, algo le falta a mi madre, a pesar de haberse tirado unas tres horas en el baño: el peinado. Me imagino que tía Rochelle entrará en acción ya mismo.
-¿Qué tal?-repite mamá.
-Pues mal.-chincha tía Rochelle.
-¡Pedazo de envidiosa!-ataca mamá.
-¿Qué hora marca tu reloj fantástico?-me pregunta mi viejo.
-Tres horas y dos minutos exactos.
-Tres horas, ¿Eh? Pues ya lo sabes, mona, me debes cinco pavos.-me suelta mi viejo.
-¿Cómo que cinco pavos?-cuestiona mi madre.
-Es que hemos hecho una porra. Yo aposté a que tardabas cuatro horas, pero papá me ha ganado. ¡Mierda!
-¡¿Cómo que una porra?! ¡Kylie, repíteme qué es lo que te dije acerca de las porras!-me ordena mamá.
Me pongo aburrida.
-Que las porras en esta casa solo se pueden hacer sobre temas relacionados con papá….-río.
-Eso es.-me conchaba mi madre.
-Vale, vale. Como vuelvas a decirme que soy como un crío te enteras, Rachel-protesta mi viejo.
-No te quejes, que aún ni te has preparado. ¿A qué estás esperando?
-¿Tal vez a que la señorita salga del baño? Solo es un suponer, claro.-mosquea mi viejo.
-Bueno, creo que me toca currar.-suspira tía Rochelle.-Vamos a peinarte, hermanita.
Mi madre se sienta en una silla de la mesa y tía Rochelle prepara todo lo que se ha traído para peinar.
-Eres increíble, te has traído tantos productos para el pelo que podrías peinar a toda la ciudad.
-Es cierto…-corrobora tímidamente Kya.
-¿Podemos irnos vistiendo?-me quejo.
-Un momento, chicas, no seáis impacientes.
-Verás que llegamos las últimas a pesar de ser las homenajeadas.-aviso.
Pasa un rato hasta que el peinado de mi madre está listo: una coleta muy estilosa, lisa, con un flequillo también láceo y largo que le baja por una vertiente de su rostro, dándole un aire de elegancia muy sofisticado.
-¡Qué guay!-manifiesta Kya.
-Gracias, chicas. Ahora os toca, venga. ¿Ya os habéis duchado?
-Antes de que tú invadieras el cuarto de baño, mamá.-me mofo.
-Ja, ja, me parto de la risa. Venga, vamos a por vuestro vestido. ¡Ay, qué nervios!
-Sí…-dice Kya, con una sonrisilla inocente.
Mi madre y mi tía nos arrastran hasta mi cuarto y nos vuelven a tapar los ojos, espero que por última vez. Cuando por fin llevamos el vestido puesto, nos destapan los ojos para que nos podamos mirar en el espejo. Mi primera reacción es quedarme con la boca abierta.
-¿Y bien?-pregunta mamá, ansiosa de la respuesta.
-…
No puedo hablar porque sigo en trance después de verme con el vestido. La base es rosa, pero mamá ha cumplido su promesa y me ha hecho unos arreglos a mi gusto: la falda amplia queda cubierta por una redecilla negra muy fina, la parte de arriba es de manga larga desigual de color rojo (y una corbata bien mona). En la parte de abajo hay todo de tachones rosas que le dan un acabado interesante. De momento, llevo los zapatos planos. Supongo que más tarde en la fiesta esto cambiará.
Kya también está mona. Su vestido es más rosa que el mío, superpuesto por otras capas de tela negras y azules, con brillantina y sin mangas. Es tan abultado como el mío, por cierto. Ella también lleva unos zapatos planos de bailarina. Y parece que su vestido le agrada.
-¿Chicas?-pregunta mi madre, preocupada de que no nos guste el resultado.
-Oh, perdón, es que impacta un poco.-se disculpa Kya.-Es muy bonito, muchas gracias. Es… Es perfecto, vaya.
-Me alegro de que te guste. ¿Y tú, Kylie, hija? ¿Te gusta?
-Sí.-pronuncio firmemente, antes de sonreír débilmente.-No está nada mal.
-No sabes cuánto me alegro de que te lo hayas tomado así de bien.-sonríe ampliamente mi madre.
-A pesar de que al principio no te lo tomaste muy bien.-asegura mi tía Rochelle.
-Supongo…-suspiro.
-Vamos a peinaros, preciosas.-indica tía Rochelle.-Y rapidito, que tu madre ha acaparado todo el tiempo para ella sola y falta poco para que empiece la fiesta.
-¿Quieres una torta, Rochelle? ¡Dilo, venga!-se pica mi madre.
-¡Tranqui, macarra!
Kya y yo nos sentamos en una silla y dejamos que mi tía haga su magia. Al cabo de unos escasos quince minutos estamos listas: yo con mi peinado del lazo y Kya con su estilo bohémico que tanto la caracteriza.
-Perfectas y divinas de la muerte. Ya estáis listas para toda una noche de juerga hasta las tantas.-bromea tía Rochelle.
-¿Está ya el viejo Hyde? A lo mejor ya no se acuerda de que le debo cinco pavos…
-Kylie, qué traviesa eres. Tu padre ya estará terminando.-asegura mamá.
-Vaya, ya es tarde.-se preocupa Kya mirando al reloj de pared.-Los invitados estarán a punto de llegar.
-¡Huy, es verdad!-imita mamá.
-Pues ya podemos ir bajando, ya sabes lo que le gusta a mamá esperar.-le dice tía Rochelle a mi madre.
-Ya… Pues nada, deberíamos ir bajando. Seguro que vuestros amigos habrán llegado ya.-masculla mi madre.
-Supongo que sí…
Verás la reacción que tienen todos cuando les cuente que el cabecilla supremo de Nile está entre rejas por mi culpa. Supongo que tendré que decirlo.
En cuanto salimos de mi habitación, mi viejo sigue en el baño preparándose. Espero que no vuelva a meterse con mi madre por este asunto, porque desde luego.
-¡Kyle, vamos bajando las cuatro! ¡Te esperamos abajo, no tardes!-chilla mi madre.
-De acuerdo…-responde mi viejo.
-Vamos, chicas. ¡Preparaos para pasároslo de miedo!
-No te emociones, Rochelle. No quiero sorpresas desagradables.-advierte mi madre, adoptando su habitual tono de líder.
-Que sí, amargada.
