MIENTRAS TANTO…. (Punto de Vista de Kya)
Suerte que era Kylie la que no estaba entusiasmada con la fiesta. Está charlando con su padre por lo bajini como si no estuvieran bailando la danza tradicional.
Ojalá papá estuviera aquí. Le echo mucho de menos. Ahora ya hace dos años que los de Nile, más en concreto Ben Collins, le mataron. Mi reloj me indica que más o menos a esta misma hora. Me alegro de que Kylie esté tan feliz con el suyo, porque para ella es una de las personas fundamentales en su vida, pero yo echo de menos al mío.
-¿Kya?
Una voz de chica me llama. Desvío la atención de la pista de baile hacia mi espalda. Es Krypta.
-¿Puedes venir conmigo un segundo?-me pide Krypta amablemente.
-¿Qué ocurre? ¿Ha pasado algo?
-No, no. Solamente quería que vieras algo.
-¿El qué?
-Sígueme y lo verás.
-Pero si Kylie…
-Tranquila, Kya, no pasa nada. Ve con ¿Krypta, no? Se lo diré yo a Kylie.
Es su madre, Rachel.
-De acuerdo, gracias. Intentaré no tardar mucho.
-Descuida.
Me levanto de mi asiento y sigo a Krypta hasta un lugar apartado del local, donde no hay nadie y donde nadie mira.
-Me gustaría hacerte un último regalo, Kya. Por todas las molestias que Kylie y tú os habéis tomado por mí.
-Krypta, por favor, ya te dije que no necesito que me agradezcas nada, gracias. Además de que ya me has hecho un regalo. Ese vestido de verano tan bonito me encanta…-declaro con una sonrisa.
-Ya, pero de verdad que no me puedo sacar de la cabeza que seas una víctima más de esa rata. Así que por eso…
Krypta empieza a hacer sus gestos de canalización. No sé qué está haciendo, pero yo le sigo hablando como si nada.
-Krypta, tranquila, soy fuerte, ya sabes por lo que he pasado, pero…
-¿Kya?-me responde una voz entrecortadamente.
Esa no es la voz de Krypta, pero viene de ella. Es una voz de hombre, y sé a quién pertenece.
-¿Eh?
Krypta recupera la compostura. ¿Pero qué…?
-Soy yo, ¿No te acuerdas de mí ya?
-¡Pa…Papá!
¡Es la voz de mi padre! ¡¿Cómo demonios…?!
-Aún te acuerdas, menos mal. Porque yo no te he olvidado, ni siquiera en el más allá, cariño.
-¡¿Pero cómo…?!
-Estás muy mona con ese vestido. Cómo gustaría estar aquí realmente y poder darte un abrazo.
-Papá… Yo…
Me pongo a llorar. Le echo mucho de menos, y sin embargo estoy hablando con él ahora mismo. Esto me produce un verdadero shock.
-No llores, preciosa. No te preocupes por mí. Si lo que me pasó solo era cuestión de tiempo. Demasiado aguanté. Y me alegro tanto de que hayas estado a mi lado en esos momentos tan difíciles, mi niña…
-Papá, tú no tienes que darme las gracias por nada. Es más, yo debería agradecerte a ti todo lo que has hecho por mí a pesar de tu situación.
-Tú no me debes nada, preciosa. Quién me iba a decir a mí que un fantasma como yo iba a tener a una princesita tan bonita como tú.
-Papá…
-Eres tan guapa como tu madre.
-No es la primera vez que me lo dices, papá…-sollozo.
-Es verdad. Pero si lo digo es porque es cierto. Las dos sois mis estrellas.
-Lo he descubierto, papá. Sé quién te hizo esto.
-Ben. Ese capullo no se anda con tonterías.
-Así es. También mató a mamá…-añado en voz triste.
-Ya. Lo averigüé demasiado tarde para hacer algo al respecto, me temo.
-También encontré la Estrella Roja, que me guardaste en la caja de música.
-Ya veo. Así que has llegado a conocer a Kylei.
-Es Kylie, papá.
-¿De verdad? Los de Nile la llaman Kylei.
-Y a mí Mya. Son todos unos malnacidos incompetentes.
-Es verdad. Y has conocido a Kyle, ¿No?
-Así es. Todos han sido muy amables conmigo.
-Me alegro de que me haya podido morir tranquilo dejando a mi mejor tesoro en buenas manos.
-Aunque para mí nada pueda ocupar tu lugar.
-No te preocupes por mí, preciosa. Aquí estoy muy bien con tu madre, así que tampoco estoy solo. ¡Ja, ja, ja, ja!
Es increíble que pueda estar riendo. Me alegro de que esté haciéndolo, sin embargo.
-Escucha, ya no puedo seguir demasiado tiempo aquí, solo quería decirte que te quiero muchísimo, y a pesar de que me haya mudado al otro barrio siempre estaré contigo. Vale, sé que es una tontería, pero es como si yo fuera tu ángel de la guarda, nunca mejor dicho.
-Siempre lo has sido, vivo o…
No tengo fuerza para terminar la frase con una palabra tan violenta-
-Tranquila, no hace falta que lo digas, te entiendo. Cuidaré de tu madre, y juntos te seguiremos protegiendo desde aquí arriba, como hubiéramos hecho si siguiéramos de cuerpo presente a tu lado.
-Lo sé, papá. Pues yo quiero que sepas que yo también te quiero mucho y que estoy muy bien con Kylie. Es la mejor amiga del mundo, y también me protege muy bien. A su lado y al tuyo, estoy totalmente protegida. Gracias.
-De nada, mi niña. Oye, antes de irme, quiero decirte algo. Ve al sótano, y busca el disco favorito de tu madre. Dentro de la carátula hay una carta. Dásela a Kyle.
-¿El disco favorito de mamá? ¿Hablas de la primera sinfonía de Gustav Malher, la marcha fúnebre?
-Exacto. ¿Sabes que el día que…que pasó todo eso, antes de subir, me fui al sótano? Bueno, pues fue entonces cuando dejé esa carta. ¿Se la darás a Kyle?
-Lo haré, descuida.
-Sé que lo harás, mi reina. Cuídate mucho, y que cumplas muchos más, mi princesa.
-Papá…-empiezo a llorar de nuevo.
-No llores más, anda, que se me rompe el corazón. Sonríe, que estás mucho más guapa que llorando.
Aún llorando, sonrío ampliamente.
-Así me gusta. Pues nada, espero que no sigas sufriendo por tu viejo, Kya.
-Yo solo espero que allí con mamá estés mejor que aquí, bajo amenazas.
-Bueno, la vida abajo tampoco era tan desagradable, sobre todo después de que vinieras tú a hacerme compañía.
Sonrío de nuevo, pero Krypta está empezando a perder energía. He de acabar ya.
-He de irme, Kya. Pues nada, lo dicho: que te quiero mucho y hasta siempre, mi vida.
-Papá… Yo también te quiero mucho…
-Adiós, cariño.
Papá me acaricia el pelo y desaparece al mismo tiempo que vuelve a convertirse en la Krypta normal. Ya me estoy acostumbrando a este tipo de extrañeces. Aún sigo llorando un poco.
-¿Krypta?-pregunto preocupada entre lágrimas.
-Tranquila, Kya, estoy bien. ¿Y tú?
-No te preocupes por mí, estoy muy bien. Por fin me he podido despedir de mi padre, y gracias a ti sé que descansa en paz.
-Oh, por favor, no me agradezcas. Me alegro de que te haya gustado "mi regalo".
-Desde luego. Gracias, Krypta. Ahora, si me perdonas, he de ir a por una cosa.
-Muy bien.
Me despido de Krypta y corriendo vuelvo a mi edificio y bajo al sótano.
