-¿Kylie? ¿Estás dormida?
Es mi viejo, que lleva mi taza especial en la mano. Básicamente, es un trozo de porcelana con asa pintado de negro con una gran K roja en un lateral. Pero me gusta, le he cogido aprecio. Nunca he entendido el provecho de formular esa pregunta, pero en fin…
-No, sigo despierta. ¿Pasa algo?
-No, nada en particular. Te he traído un chocolate caliente con un poco de nada y una galleta.
-Vaya, nuestra bebida especial. ¿A qué se debe este honor?-pregunto exageradamente, aceptando la taza que me tiende papá.
-Pues nada, quería que habláramos de algo, si tienes un rato.
-Soy todo oídos.-digo paulatinamente mientras le doy un sorbo a mi chocolate.
-Pues… A ver cómo te lo explico… Hace poco estuvisteis investigando sobre la niñez de Kya, ¿Verdad?
-Sí, ¿Por? Fuimos a investigar el nacimiento de Kya al hospital donde estuvo ingresada hasta ayer porque en una de esas habitaciones mataron a su pobre madre.
-Pues precisamente por eso he pensado algo… Ya tienes 15 años, y creo que si sabes todos los detalles del nacimiento de tu mejor amiga, quizás yo te pueda comentar sobre el tuyo…
-¡¿Quéeeeeeeeeeeee?!
Espera, ¡¿Que va en serio?! ¡¿El viejo Hyde quiere hablarme del pasado?! Manifiesto una gran cara de asombro.
-Venga, no exageres. Huy, sí, milagro. ¿Quieres escucharme antes de que cambie de idea y me vaya a la cama?
Mi viejo se lo toma a broma, pero esto es muy importante para una servidora.
-¡Habla, Hyde, habla!-ordeno, emocionada, y casi sonriendo.
-De nada, mujer.
No soy crédito. Me pellizco en el brazo, pero nada, me duele, no es un sueño.
-Veamos, ¿Por dónde empiezo? Supongo que lo que viene primero es decirte que me pillaste por sorpresa. Y con lo que a mí me va cuidar niños…
-Pues empezamos bien, Hyde…-suspiro.
-¿Cómo quieres que empiece? ¡Lo revolucionaste todo como lo conocía de la noche a la mañana!
-El único culpable de que yo exista eres tú, por si acaso.
-Lo sé, créeme.
-Lo que intentas decirme es que todo iba bien hasta que aparecí, ¿No?
-No, claro que no es eso. Es más, poco a poco me he ido acostumbrando.
-¿Estás seguro de eso? Cambié el mundo tal y como lo conocías.
-¿Qué quieres que te diga? Nunca me había imaginado con una cría. Y mucho menos con una como tú.
-Si yo solo sirvo para imitarte. Soy tú en chica. Punto.
-Supongo que sí. Te juro que en cuanto me enteré de que iba a tener un crío, por poco me desmayo. Pensé que era una broma.
-Pobre mamá…-río.
-¿"Pobre mamá"? ¡Pobre yo, el susto que me di! Tendrías que haber visto mi cara.
-Recuérdame que le pregunte a mamá. Porque me imagino que estaría contigo en ese momento.
-Sí que lo estaba. La pobre se echó a llorar del susto que se dio también. Fue en ese momento en el que dije que no podía dejarla tirada.
-¡Oh, qué bonito!
-Sin cachondeo, niña. ¿No te dije que lo cambiaste todo? Pues eso.
-¿Y dónde estábais cuando mamá te lo dijo?
-En nuestra antigua casa, en el Cape West. Por aquel entonces no vivíamos lo que se dice juntos, pero supongo que la situación no dejó lugar a discusiones.
-¿Y por qué no al piso de mamá? Me puedo imaginar que sería mucho más grande que el Cape West…
-Sí que lo era. ¿Sabes donde vive tu tía? Pues allí vivía tu madre.
-¡Espera, no me lo digas!-deduzco entre risas. -¡Tía Rochelle se acopló en el peor momento! ¿No? ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡Esta tía Rochelle no tiene arreglo!
-Bueno… Pues sí, tu madre siempre lo ha visto así. La verdad, es que tu tía vino antes de que nos enteráramos, así que… Según tu madre, un día que se levantó como si nada y abrió la puerta para responder al timbre, allí se la encontró con la maleta.
-¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡Ya me imagino el cuadro y la cara de mamá! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡Menuda hermana está hecha!
-Pero tu tía también se portó bien con tu madre, porque la sustituyó en el trabajo mientras ella no podía.
-Así que empezó a trabajar para Ed entonces y ya se quedó. Vaya, ahora entiendo muchas cosas. Hablando de Ed, ¿Y qué dijo él?
-Creo que se sorprendió más que yo. A fin de cuentas, Ed es como un tío para mí, ¿Sabes? Pero no se lo digas.
-No, no, tranquilo. *Ligera mirada malvada*
-No me gusta esa mirada. ¡¿Te vas a chivar?!
-Puede, puede. Pero sigue, no te vayas del tema. Y otra cosa que me llama mucho la atención, ¿Te sorprendiste más cuando supiste que ibas a tener un hijo o cuando supiste que ese hijo era una hija en realidad?
-No me enteré de que eras chica hasta que naciste. Desde que supe lo del crío, siempre me imaginé más con un chaval, así que también me quedé de piedra al ver que eras chica. Quiero decir, a mí las chicas no se me dan muy bien, ya sabes…
-Ya, ya lo sé, además de que no soy cualquier chica… Vale que entonces no lo sabías, pero…
-Pero no tardé mucho en darme cuenta. Nada más nacer tú, no me di cuenta de mucho, ni de que eras una chica. Pasó un rato, y el médico te trajo ya vestida y tapada. Anda que no me acuerdo.
-¿En serio?
-Sí. Ahí fue cualndo me enteré de que eras una chica, y vaya cara se me quedó entonces.
-También le preguntaré a mamá. Aunque más o menos me lo puedo imaginar.
