24 de diciembre de 1981- Hospital Bonnie Brae Convalescent- Habitación 1224- 21:21h
(N.A: Es un nombre de un hospital real de Los Ángeles que encontré en Internet y me gustó, pero en realidad no sé exactamente donde está, XD)
Una habitación corriente de hospital, con sus paredes blancas, su mobiliario metálico y frío y su típico aroma a medicinas. El paisaje de la ventana ya está teñido de oscuro, y hay un reflejo de sombras de rascacielos inundados de luces debido a que esa habitación anterior se localiza en la doceava planta, el piso más alto del hospital descontando la azotea.
Ahí permanece un corriente matrimonio angustiado por la espera. La mujer, Rachel, descansa en la única cama de la estancia, cubierta por una bata de hospital debajo de unas sábanas blancas de escasos adornos. Su pelo dorado, mal recogido en ese momento, estaba hecho un estropicio de lo desordenado que se mostraba. Por fin se volvió a colocar sus gafas rectangulares recuperando la visión nítida a la que tuvo que renunciar unos minutos atrás. Su cara es una mezcla de ansiedad y cansancio.
A su lado, en una silla, reposa Kyle, intentando inútilmente mantener la calma. Nunca se había visto expuesto ante una situación así, y tampoco esperaba verse nunca, pero sucedió. Y como padre del niño que ambos estaban esperando ver por vez primera, debía aceptar su más que gran responsabilidad en aquel instante de comienzo de una nueva etapa. Su camisa blanca, su chaleco negro, su corbata de igual color, sus pantalones oscuros componentes de un traje y sus zapatos de rebajas protegían un cuerpo que estaba a punto de estallar de nerviosismo. Tenía un poco de frío, pero optó por no ponerse la chaqueta por si acaso explotaba también, y prefería no echarla a perder, pues le había costado un dinero. En ese momento, no obstante, sus mayores problemas eran otros.
Y mucho costaba ya estarse calladito después de veinte minutos sin señales del doctor.
El silencio reinante en la habitación tenuamente interrumpido por el repiqueteo de los zapatos de Kyle en las baldosas y su respiración cada vez más forzada se cortó en seco cuando él no pudo silenciarse más, se alzó de su asiento y empezó a caminar por el espacio reducido de allí:
-¡Mierda! ¡Veinte malditos minutos ya!-exclamó golpeando la pared, como si fuera la culpable.
El golpe atrajo ferozmente la atención de Rachel.
-¿Quieres tranquilizarte de una vez? ¡Me estás poniendo de los nervios!-respondió ella, angustiada.
-¡¿Se puede saber a qué demonios están esperando?! ¡¿A que llueva?! ¡Pues estoy hasta la coronilla ya!-siguió gritando Kyle.
-Oye, yo no tengo la culpa. ¿Te crees que a mí me gusta estar en ascuas de esta manera? Te juro que pegar un golpe también me iría bien, pero no sirve de nada, así que lo mejor es que sigamos esperando.-aconsejó racionalmente ella.
-¡¿Más?! ¡¿Para esto he estado pisando el acelerador del coche como un poseso para llegar aquí, para esperar?! ¡Si lo llego a saber me lo tomo con calma!
-Kyle…-suspiró Rachel.
Fue con este suspiro cuando él se dio cuenta por fin de que no la estaba ayudando, a ella, que lo estaba pasando tan mal como él.
-Lo siento, es que…Maldita sea, es que ahora mismo no me siento capaz de nada.
-Yo igual. Pero ahora ya es tarde para echarse atrás, ¿No te parece?
-Así es. Y para colmo, estoy agobiado por un crío del que ni sé el nombre. Otro dolor de cabeza más…-protestó Kyle.
-Estoy por llamarle John, el primero que se me ha venido a la cabeza, para no pensar más, porque desde luego, menudo día llevo…-aclaró ella con un gesto de desesperación acompañado de una cara el doble de exhausta que la de apenas unos minutos antes.
-No te ofendas, ¡Pero como vuelvas a darme otro susto como este alguna vez más es que verás!-espetó él, atemorizándose a la idea de que tal vez hubiera una próxima vez.
-¡Tú eres el único culpable, macho! ¡Así que ahora no me des tú lecciones!- contraatacó Rachel, un tanto furiosa.
-¡Dejémoslo en el 50% de la culpa!
Ambos continuaron discutiendo como dos mocosos cualquiera cuando el ruido de la puerta que comunicaba la sala donde se encontraban con otra más pequeña que había conectada se abrió con un suave crujido. Los dos callaron en seco, y sus ojos se quedaron clavados en el hombre de bata blanca, que contenía una pequeña plaquita con el nobre "Christopher Dupree" escrito, pelo castaño canoso, gafas gruesas y con algo en brazos. Mejor dicho, "alguien". Desconocido hasta el momento.
-Oh, lo siento, ¿Interrumpo una conversación importante?-dijo el doctor Dupree, en tono suave y con una media sonrisa irónica.
Ninguno de los dos prestó demasiada atención a su comentario, pues estaban más pendientes de otra cosa. O de otra persona.
-Do… Doctor Dupree. Dígame, ¿Cómo…Cómo ha ido todo?-tartamudeó Kyle, extrañanamente sorprendido porque ni siquiera había visto al recién llegado.
-Estupendo. Todo ha marchado perfectamente.-aclaró él, con una sonrisa mayor que la anterior.-El parto no ha ofrecido complicaciones. Está vivita y coleando.
Rachel ni siquiera se percató del femenino del adjetivo utilizado por el doctor, porque su euforia era bastante grande. Kyle, en cambio, se quedó patidifuso, con los ojos abiertos como platos, adoptando un semblante medio confuso medio sorprendido. Él sí que lo había captado perfectamente, demasiado perfectamente quizás.
-¡¿Qué?! Perdone, ¡¿Ha dicho "vivitA"?!-preguntó casi gritando Kyle y remarcando exageradamente la A.
-*Risa leve* Así es, señor Hyde. Es una niña. Y por su reacción, deduzco que no se lo esperaba…-se ríe Christopher Dupree.
Kyle no dice nada, sigue con su cara sorprendida, pero debe reconocer que Dupree ha dado en el clavo. Nunca se habría imaginado con un hijo, y aún menos con una niña. Sin embargo, sentía curiosidad por ver a esa cría, a pesar de que conocía el dato de que se iba a quedar más sorprendido. Leyendo, en cierto modo, sus pensamientos, Christopher Dupree puso a aquella niña en brazos de su progenitor por primera vez.
-Es una niña preciosa, y está sana como un roble. Felicidades.-compartió Dupree.
Con una gran sonrisa en los labios, Rachel agradeció al doctor su ayuda y sus palabras, pero, tal y como había predicho él mismo, Kyle se quedó allí de pie, mirando a aquella cría con gran asombro. No se podía decir que hubiera tenido la oportunidad de ver muchas crías, pero aquella le llamaba vorazmente la atención. Nunca había visto a ninguna como ella, con esos rasgos.
La niña en sí era de piel pálida y mejillas rosadas, cubierta por un suave vestidito de algodón de color blanco con un conejito cosido y una manta calentita del mismo color. A simple vistazo, lo que más llamaba la atención de ella era su fina cabellera pelirroja, algo abundante para una recién nacida. Raramente, sus ojos estaban medio abiertos, y de ellos salía un brillo curioso. Tenía el aspecto de estar algo asustada, ya que todo aquello era un mundo nuevo y desconocido para ella. Todo aquel sentimiento de temor hacia el mundo exterior se vio pausado al encararse la criatura con la mirada estupefacta de su padre. Fue entonces cuando se calmó, y se lo quedó mirando, como si sus ojos no pudiesen moverse en otra dirección y contemplar otra cosa. Bien cierto era que en ese momento no podía hacer gran cosa.
Además del cabello escarlata de la criatura, su padre no podía dejar de contemplar ese extraño brillo de los ojos. Era como si estuviera imantado por él. Entonces se dio cuenta de otro dato insólito de aquella cría: en un cierto instante en el que sus ojos se abrieron algo más acostumbrados a la luz, Kyle pudo fijarse en un detalle que daba que pensar. Los ojos brillaban, sí, pero lo hacían con luz distinta. Dos colores. Esmeralda y chocolate.
-¿Kyle? ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?-preguntó divertida Rachel, imaginándose una reacción así en él.
-¡Es…! ¡Está…! ¡Él…! ¡Digo, ella…! ¡Es…!-balbuceó Kyle, no pudiendo articular bien los vocablos en aquel preciso instante.
-¡Déjate de tonterías, y déjame cogerla a mí también! Soy su madre, ¿Recuerdas?
Sin ni siquiera contestar, Kyle se acercó a Rachel y le puso a la niña en brazos, sin dejar de titubear. La madre, sin embargo, no le hizo demasiado caso y se fijó más en su hija, maravillada. Le pareció hermosa también, al igual que sus rasgos físicos un poco inusuales. Rachel, no obstante, no se percató de los ojos desiguales.
-¡Es…! ¡Es…!-siguió Kyle, sin mudar su cara.
-¡Es preciosa! ¡Mira qué carita de ángel tiene! Hola, bonita. Yo soy tu madre, que te quiere mucho, mucho. ¡Pero qué mona eres!-conversa Rachel con la niña, sin esperar respuesta.
-¡Su pelo…! ¡Es…! ¡Es…! (…) ¡Pelirroja!-continúa con su conducta Kyle, ahora acompañándose de los brazos.
-¡Oh, sí, ya lo he visto! ¡Qué pelo tan bonito tiene! No sé de dónde le viene, pero desde luego, ¡Menudo color! Pero pelirrojo del pelirrojo, ¿Eh, preciosa? ¿A que tienes un pelo muy bonito? No le hagas caso a tu padre que está medio majara.
-¡Los ojos…! ¡Verde…! ¡Marrón…!-tartamudeó Kyle, de nuevo. Aún no se había recuperado de su alucinación.
-¿Eh? ¿Qué dices?
Después de oír la nueva información, decidió comprobar por ella misma los ojos de su hija. Al igual que Kyle, ella también vio los dos colores, y también se quedó sorprendida.
-¡Ostras! ¡Si tiene los ojos de diferente color!
-¿Eh?-interviene el doctor Dupree.
-¡Fíjese, doctor! Sus ojos son de diferente color. ¿Eso es malo?-preguntó Rachel, con una pincelada de preocupación.
-Pues lo cierto es que no es nada malo, es solamente muy raro de ver en personas. En todos mis años de medicina es la primera vez que veo un bebé como su hija. Parece que es heterocrómica, es decir, que tiene un ojo de cada color. Y además, es pelirroja. Eso no se suele ver combinado, al menos por aquí. Vamos, que es de esas chicas que nacen una de cada mil, o de diez mil. Incluso un millón, me atrevería a asegurar.
A Rachel no parecía importarle lo más mínimo que su hija tuviera caracteres especiales, es más, se la veía muy ilusionada. Kyle, por su parte, aparentemente se había tranquilizado, pero no por ello dejó de estar boquiabierto.
-¿Lo has oído, Kyle? De esas crías que cuesta encontrar repetida. Además, ahora que me fijo más… La cara, la piel… Incluso la nariz. Vaya…-sonrió Rachel.
-No te hagas la interesante, ¿De qué hablas?-se impacientó Kyle, intentando no volver a pasar por el mismo estado de antes.
-Es igualita a ti, estoy segura. ¿Tú qué opinas?
-¿A mí? Pues…
Kyle observó con más detenimiento a su hija, en brazos de su madre, y se dio cuenta de que tal vez Rachel tuviese razón. Era pequeña, tenía unos escasos veinte minutos de vida, pero se podía entrever que había salido definitivamente a su padre. Y al percatarse, por primera vez en todo el día esbozó una de sus sencillas sonrisas.
-Quizás… Ya decía yo que la guapura le venía de alguien…-se burló él, acariciándole la cabeza suavemente a la recién llegada.
-Menudo chulito… Espero que en ese sentido no se parezca tanto a ti, ¿Sabes?-contraatacó Rachel, sonriendo.
El doctor Dupree, que había estado mirando callado desde entonces, rompió su silencio y habló.
-Tal vez ahora deberían elegir un nombre para ella…-propuso Christopher Dupree.
-El nombre, es cierto. Casi me olvidaba. No podemos llamarla "niña" para siempre…-recordó Rachel.
-¿Ahora te vas a poner a hacer una lista de nombres? Porque te aseguro que yo muchos nombres de chica no me sé…-aseguró Kyle.
-De acuerdo, haremos una lista, sin excedernos tampoco, si no después lo podemos tener complicado.
Sin que nadie le dijera nada, Kyle desenfundó su agenda y su bolígrafo, cogió asiento y se dispuso a apuntar lo que Rachel le dictara.
-Vaya, qué diligente por tu parte…
Mientras tanto, la pequeña sin nombre dormía profundamente en una cuna de plástico con un chupete blanco en la boca y un número atado al pie izquierdo. Era realmente adorable, al menos para sus padres, que se pusieron a debatir sobre el nombre que le pondrían.
-Veamos, nombres de chica…-Rachel se puso a redactar nombres que le venían a la memoria, sin preferencia.- Ya que no es lo que se dice "una niña más", busquémosle un nombre especial, ¿Te parece?
-Mientras lo busques rápido… No estoy dispuesto a pasar más dolores de cabeza…-se mofó Kyle.
-Cascarrabias. Está bien, veamos… ¿Natasha?
-Hm… No me convence mucho…-manifestó Kyle.
-De acuerdo… ¿Ivory?
-¿Nombre de color? Creo que no…-refutó Kyle. Se negaba a que su hija se llamara "Marfil" en inglés.
-¿Viola, como variante de Violetta? Como "Violetta" es un color…
-¿Un instrumento? Menos todavía…-siguió protestando.
-Uf… Pues entonces… ¿Y qué tal Levana? Es un nombre hebreo, y significa "Luna". Me lo explicó una amiga mía.
-¿Qué? No me gusta. Yo quiero un nombre americano. Déjate de nombres hebreos.-rechazó Kyle.
-Estás pesadito, caramba. ¿Dolly?
-¡Qué cursi!
-¡Pues aporta tú, tiquis-miquis!-protestó Rachel.
-No tiene por qué ser algo del otro mundo. Algo así como, por ejemplo, Abbie.
-Ni hablar.-se negó Rachel.
-Vale, pues Jina.
-Muy sencillo y muy corto.-siguió ella.
-Entonces… ¿Elizabeth?-preguntó Kyle, no muy convencido.
-No me gusta, está muy visto.-continuó Rachel.
-¡Y yo qué sé!
-¿Qué pasa, listo, ya no te hace gracia? ¡Ja! ¡Ahora sabes cómo me siento!
Parecían dos críos que no se ponían de acuerdo en ningún momento.
-¡Pues Brenda y punto!-finiquitó Kyle.
-¿Brenda? Oye, pues no está mal.
-¡Por fin!
-¡Sht! Se va a despertar.-riñe Rachel.-De momento, Brenda será su segundo nombre…-anadió ella.
-¿Segundo nombre? Eso se elige después, primero va el primero, que por algo se llama así.
-Obedece por una vez. Oye, hazme un favor, escribe tu nombre un momento en la libreta esa.
Kyle hace caso y escribe su nombre en una página del cuaderno.
-¿No me dirás que le vas a poner "Kyle"? Estás fatal.
-No, claro que no, es solo…
En ese preciso instante algo pesado cae, formando un estruendo. Kyle se sobresalta, y sin darse cuenta, dibuja un garabato en la página de su agenda que lleva escrito su nombre. No se ha caído nada importante, ni la cría se ha despertado.
-Maldita sea… Ahora se me pinta la libreta…
Kyle se resigna a poner bien su libreta para observar con pesadez el garabato fatal. Tan solo es una raya mediana entre la "l" y la "e".
-Mira que llegas a ser torpe. Suerte que nada te asustaba…-rió ella.
-No me he asustado, es solo que… Eh…-empezó Kyle, mirando a su cuaderno.
Aquel garabato le había dado una buena idea.
-¡Ya lo tengo!
-¿El qué?-preguntó Rachel, extrañada.
-Un nombre. Mira.
Kyle le tiende la agenda a Rachel, que, dubitativa lee en voz alta interpretando la rayada como una letra.
-¿"K-Y-L-I-E"?
-Exacto. Podría ser el femenino de mi nombre. ¿No dices que se parece a mí? Pues que su nombre también se parezca al mío.-concluyó Kyle, extrañamente sonriendo.
-Conque "Kylie", ¿Eh? Oye, pues no es muy corriente, y me gusta cómo suena. Yo había pensado en "Kelly", que se parece, pero "Kylie" me gusta más. De acuerdo, me quedo con este nombre.
-Ya era hora de que estuviéramos de acuerdo en algo.
Sin un mero aviso, entonces, Kyle se acercó a la cuna de la pequeña, con mucho cuidado la tomó en brazos y la tapó con una manta. Acto seguido, le anunció, como si lo entendiera:
-Bienvenida al mundo, Kylie Hyde.
Cuando Kyle, acabó su frase, la cría se movió suavemente en dirección a él. Entonces, extendió sus brazos y con ellos abrazó el cuello de su padre. Quizás era una señal de que le había gustado su nombre.
-Ay, pero qué monos estáis así los dos.-sonrió Rachel.
-Me da que este es el comienzo de algo importante…-aseguró Kyle.
Rachel lo interpretó como el inicio de una etapa, pero Kyle no solo se refería a eso. No lo dijo en ese momento, siempre lo pensó y no lo compartió, pero estaba totalmente convencido de que esa cría no iba a ser otra más del montón. Veía algo en ella muy especial, y que sería capaz de grandes cosas. En ese instante se hizo una promesa a sí mismo: que cuidaría mucho a esa niña y que no dejaría que le pasara nunca nada malo. Su personalidad rígida le hacía imposible admitirlo, pero desde aquel preciso instante, quería infinitamente a la pequeña, y Kylie pasó a ser para siempre su "pelirrojilla"
