-Que sepas que aún guardo ese papel en el qu escribí mi-tu nombre.-me asegura papá.
-…-me callo, sorprendida.
-Creo que ya basta por hoy, ¿De acuerdo? Vale, sé que aún queda mucho que contar, pero cada cosa a su tiempo, ¿Vale? Yo ya te he explicado un trozo, y en otro momento, será otro, ¿Te parece bien?
Asiento con la cabeza. A pesar de eso, no tardo mucho en echarme a llorar de alegría. Huy, sí, Kylie, qué estúpida eres, pero es que esto es mucho mejor que un regalo para mí. Para disimular un poco, me abrazo a mi viejo, que también me recibe.
-Oh, venga, ¿Estás llorando ahora?
Le digo que sí con la cabeza sin separarme de él. Sigo llorando, al mismo tiempo.
-Anda, no te lo tomes así, ¿Quieres?
-¡Pero es que no sabes lo que esto significa para mí! *Sollozo*
-Créeme, sí que lo sé. Soy tu padre, y como tal, soy la persona que más te conoce, creo que ya te lo demostré en una ocasión.
-Como si pudiera olvidarme. Sé que parezco estúpida ahora mismo, pero es que has empezado a contarme eso que llevo toda la vida ansiando saber. Y este año, parece que mi deseo de cumpleaños se ha cumplido por fin.-declaro con una lágrima.
-No es para tanto, solo te he contado cómo descubrí tu nombre y la cara de idiota que se me puso al recibir el impacto de verte por primera vez….
-Pues para mí es más que eso: en parte, me has confesado lo que piensas de mí, y me alegro tanto de significar tanto para ti…
-Oye, me alegro de que te alegres, pero voy a decirte algo: Te he contado una parte de eso que llamas tú "deseo de cumpleaños", pero a pesar de eso, no quiero que esto suponga que tengas que cambiar, ¿Entendido?
-Entendido, Hyde. ¿Lo ves? No he cambiado. ¡Ja, ja, ja!
-No, no, si ya lo veo, ya. ¡Ja, ja, ja, ja! Así me gusta. Ahora, a dormir, que sé que estás cansada.
-¿Eso también lo sabes? *Risa*
Contenta, me arropo con mi colcha y le doy las buenas noches a mi padre. Él me coge mi taza especial, ya vacía, y también me las da.
-Buenas noches, papá.
-Buenas noches, pelirrojilla.
Mi padre me da un pequeño beso en la frente y me acaricia el pelo que hace referencia a mi mote. Yo, por mi parte, me siento conmovida.
Papá sale de la habitación, pero antes de dormirme (si es que lo consigo) cojo un boli de mi escritorio y me levanto de la cama. No salgo del cuarto, pero sí que hago cierto cambio en él.
Después de hacer este cambio, abandono el bolígrafo negro, y me tumbo en mi colchón. Sin darme cuenta, empiezo a pensar en todo lo que me ha sucedido para vivir otra de mis aventuras que, a mis ojos, ha terminado tan bien:
Primeramente exploté mi proyecto en clase de tecnología, por lo que me echaron la bronca y por lo que volví a tener vacaciones adelantadas como el año pasado. Después de reñirnos a Kya y a mí, mi padre nos escoltó hasta casa, y todo empezó gracias a que el ascensor no funcionaba y nos cruzamos con la investigación de Mya y el primer asesinato. Nos empezó a picar la curiosidad, y al día siguiente, otro homicidio se llevó a cabo.
De repente, descubrimos que tal vez esos asesinatos estuvieran relacionados con una cadena de asesinatos en serie obra de Nile, por lo que dedujimos que quizás el asesinato de Kya Collingwood y el de Brian Bradley estuvieran relacionados, razón que nos empujó a investigar más a fondo, en secreto. De por medio, nos encontramos con una técnica de canalización de muertos que comparte el mismo símbolo con Nile: una estrella de ocho puntas y nueve gemas, que más tarde descubrí que son nueve diamantes y nueve líderes.
Uno de los vecinos soltó la bomba de que el bloque estaba plagado de esbirros de Nile, y Kya y yo, en nuestras pesquisas, decidimos investigarlo hasta la raíz. Con la ayuda de nuestros amigos del bloque, supimos que esos esbirros eran "las chachas" de Sharon, que a su vez era hija del cabecilla supremo de Nile, Ben Collins alias Benjamin Collinton, asesino de Meryl y Joyce, así como de Kya Collingwood, de quien estaba profundamente enamorado, y de Brian Bradley, a quien odiaba con toda su alma por haberle robado a su amor.
No obstante, Collins seguía anhelando el diamante que Kya guarda en su caja, así que logró enterarse moviendo algunos hilos y mientras Kya dormía, intentó arrebatárselo, golpe que, por cierto, no le salió bien por nuestra culpa. Después de tramar otro de nuestros macabros planes, Collins estuvo arrinconado, y logramos que Mya, nuestra nueva amiga policía, le llevara a la prisión. Fue en ese momento en el que supimos que Mya es hija de Willy Taylor, que fue el jefe de mi padre en el distrito 89 de Manhattan.
Entonces llegamos al fiestón de las quinceañeras. Me reencuentro con familiares y amigos y les cuento todo lo que ha pasado. Todos y cada uno aportan su parte para que se convierta en una fiesta inolvidable, cosa que consiguieron. Sin embargo, me doy cuenta de que por culpa de la "tradición", me toca bailar una lenta con mi viejo. Por suerte, amenizamos el momento charlando de nuestras cosas y todo se acabó bien.
Cuando subimos de nuevo a casa, papá leyó la última carta de Bradley y después nos fuimos a preparar para dormir ya. No obstante, papá llamó a la puerta de mi cuarto porque se había decidido a contarme algo más sobre él. Ese algo era su punto de vista de mi nacimiento y su punto de vista sobre mí. He de admitir que esto fue una de las mejores cosas que me ha pasado en toda mi vida, vida que, por cierto, él me ha dado. Bien, dejémoslo en el 50% de la vida.
UNOS MINUTOS MÁS TARDE….
Kyle estaba a punto de irse a dormir. Estaba muy cansado después de la fiesta, pero no se podía sacar de la cabeza que por fin se había animado a contarle un poco sobre él a Kylie. Normalmente, no le gustaba hablar de sí mismo, pero la cara de felicidad que ha expresado su hija durante todo su relato, para él ha sido más que suficiente. Esto, por descontado, no se lo ha dicho.
Tampoco puede dejar de pensar en el insólito hecho de que su hija y su mejor amiga hayan encarcelado al líder de la banda de crimen organizado que él estuvo persiguiendo en sus tiempos como policía en Manhattan, Nueva York.
Sabe que aún queda mucho que contarle a Kylie, pero de momento le es suficiente con haberse atrevido a comenzar. A medida que pase el tiempo, le iré contando mi vida por partes, pensó. Asimismo, también le hizo gracia recordar ciertos momentos de aquel día en el Bonnie Brae Convalescent, el hospital donde Kylie vino al mundo.
De un tiempo a esa parte, empieza a recordar sus momentos con su mejor amigo Bradley, que ahora ya no estaba entre los vivos. El hecho de que Kylie estuviera investigando eso le ayudó a hacer memoria, y la carta que le dejó antes de perecer contribuyó.
Dejando atrás todos aquellos pensamientos que le atormentaban, decidió pasarse por el cuarto de Kya y por el de Kylie para ver si se habían dormido ya antes de irse a dormir. El que le quedaba más cerca era el de Kya, así que fue a verla primero.
Abrió suavemente la puerta, y allí estaba Kya, durmiendo profundamente en su cama, con su caja de música al lado, que custodia la Estrella Roja, un diamante que le dejó su padre, Bradley, que se lo quitó a los de Nile para vengarse. Sonrió un poco al ver a Kya dormida, y para no perturbar su sueño, decidió volver a cerrar la puerta y dejarla descansar, que seguro estaba cansada.
Por último, llegó el turno de Kylie. Nada más ver la puerta, sin embargo, no le hizo falta entrar para saber que Kylie estaba durmiendo a gusto. No era por intuición, la que muchas veces usaba, y tampoco por la puerta en sí, sino por el dibujo que Kylie colgó hace unos días. Su madre le pidió que se dibujara con su vestido, y ella lo colgó de la puerta una vez terminó. Si la memoria no le fallaba, Kylie se había dibujado a sí misma con la boca en posición seria. Ahora, sin embargo, la Kylie del dibujo estaba sonriendo. Y Kyle estaba seguro de que al igual, la Kylie real, su pelirrojilla, estaría sonriendo.
