ESCENA EXTRA 2
24 de diciembre de 1981- Hospital JK Kinsey- Habitación 512- 23:03h
Sencilla habitación de hospital en la quinta planta, la más alta que ofrece el JK Kinsey. Una mujer rubia y despeinada yace agotada en el lecho que ocupa el medio de la sala. Va vestida de blanco, y tapada por ese mismo color. La circundan máquinas de toda clase, algunos rudimentarios muebles, dos mesillas de noche y, sobre todo, su prometido, sentado en una silla, recolzando su cabeza sobre un brazo, pensativo y melancólico.
-¿Brian?-preguntó ella, intentando iniciar conversación, a pesar de lo exhausta que se encontraba.
-¿Eh? Oh, perdona. Dime, dime.-respondió él, en tono interesado y preocupado al mismo tiempo.
-¿Te encuentras bien? Es que… Estoy preocupada por ti…
-No te preocupes por mí. Soy yo el que lo está por ti. ¿Cómo te encuentras?
-Tranquilo, estoy bien, un poco cansada, pero quién no lo está después de un parto…
-Sí, es verdad. Lo has debido de pasar un poco mal.
-¿Un poco? Si querías cambiarme el sitio, habérmelo dicho.
Brian rió levemente, se acercó a ella y la besó tiernamente en los labios para mostrarle su más sincero apoyo.
-Estoy un poco nervioso, si quieres que te diga la verdad. Es decir… ¿Tú crees que serviré para esto de ser padre? Porque yo no lo veo claro…
-Es posible que lo veas así, pero no te preocupes, no vas a estar solo. Siempre voy a estar ahí contigo.
-Sé que lo estarás, y te agradezco por ello. Es que… Un crío. Es algo que lo cambia todo, pero de manera radical.
-Así es, y más para nosotros, que somos primerizos.
-Pero para mí teneros a los dos es rehacer mi vida con las dos personas a las que más quiero, y significa mucho para mí. Gracias por todo, Kya.
-De nada. Siempre es un placer compartir mi vida contigo. Y ahora, no estaremos solos tú y yo. Un chavalín nos hará compañía también. ¿No suena muy dulce? Ay…
-Supongo que sí. Mira, te he traído esa lista que escribimos hace un mes…
Brian le da a Kya un papel con todo de nombres apuntados por columnas.
-Gracias. Oye, ¿Qué hace "Kya" aquí escrito? ¿Fuiste tú?
-Ja, ja, me has pillado.
-Brian, ya hemos hablado de esto. No me convence ponerle a una hija mía "Kya", como yo. Además de que no sabemos si va a ser chico o chica. Si es chico, se llamará Brian.
-¡Nos ha fastidiado! Si es chico, hemos de llamarle Brian, pero si es chica, no podemos llamarla Kya. ¡Eso es un voto a tu favor!
-¿Te has puesto tú a parir a esa criatura? ¿Eh que no? ¡Pues chitón! ¡Ja, ja, ja, ja!-ríe Kya, con una risa encandiladora.
Brian sonrió también al ver reír así a su amada Kya. La idea de formar una familia con ella, a pesar de no ser uno de sus planes en la vida, le hacía muy feliz. Para un bandido como él, significaba mucho, y pensaba proteger a ese niño con su vida si era necesario.
-Tengo unas ganas de verle…-añadió la madre del bebé.
-Y yo, y yo. ¿Pero por qué no lo hemos podido ver nada más ha nacido?
-No lo sé, por lo visto era mejor así.
-Seguro que sale tan guapo como su madre… Que, por cierto, sigue tan guapa como el primer día en que la vi…-piropeó Brian.
-Oh, qué majo por tu parte…. Esto me ha hecho acordarme de la esclava que me has regalado por Navidad. Es preciosa.
-Ya me lo has dicho. Me alegro de que te guste. Pero no es más que un trozo de metal con tu nombre grabado. Yo solía llevar una con el nombre de mi hermana.
-Puede que creas que es poco, pero para mí es más que suficiente, porque eres el hombre más cariñoso del planeta, aunque no lo parezcas a simple vista.
-Lo menos que me esperaba era que me regalaras lo mismo con mi nombre a mí…. Una esclava con el nombre "Brian"… ¿Sabes que eres una de las primeras personas que me conoce como Brian? La mayoría me llaman por Bradley. Sé que ahora es un poco tarde para comentártelo, pero es que me he acordado ahora…
-Pues yo te llamo Brian porque es un nombre precioso, así como su portador, ¿Verdad?
-Di lo que quieras. Oye, Kya… Quería decirte algo importante.
-Claro, dime.
-Pues verás…
Se oye llamar a la puerta. Dos chicas con una bata de enfermera entran en la habitación. Llevan a alguien en brazos. Bradley deja de hablar para fijarse en ese alguien que acaba de entrar, más nervioso que antes.
-¿Señorita Kya Collingwood, verdad?-aclara una de las enfermeras.
-En efecto. ¿Dónde está el doctor?
-Vendrá más tarde, ahora está ocupado. Venimos a traerle a su hija.
-¿Una…Una hija? -preguntó Bradley, sorprendido. Él creyó que sería un chico, pero por lo visto, estaba equivocado.
-Así es, una niñita muy mona, y está muy sana también.
-Todo ha ido bien.
-Cómo me alegro…-manifestó Kya, mirando de reojo a la niña pequeña, aunque el primero en cogerla fue su padre.
Bradley se levantó del asiento que ocupaba para recibir a aquella niña, a la que tanto quería ver y comprobar que estaba bien y no le ocurría nada. Pues en efecto, la niña estaba perfectamente, y era bellísima. Piel frágil y clara, cabellos rubios y ojos grandes y azules. Sus mejillas estaban coloradísimas de un rosa peladilla. Su padre la cogió con sumo cuidado, protegiéndole la cabeza al tiempo que la contemplaba, maravillado. Estaba "conociendo" a nadie menos que su hija.
-¿Brian?-repitió Kya por segunda vez en la noche.
-Es… Es preciosa. Mira qué carita…
Brian puso a la pequeña en brazos de Kya, quien también la recibió cálidamente como madre suya que era.
-¡Oh, mi niña! Sí que es preciosa, sí. Ow…-admiró Kya, dándole un suave beso en la frente. La niña reaccionó suavemente al beso.
-Muchas gracias por todo, esto…-agradeció Bradley a las enfermeras, de las cuales no sabía el nombre.
-Soy Rose Dainty.
-Yo Spine Sore.
Rose Dainty tenía el pelo rubio con algunas mechas rosas y rojas, recogido en dos bonitas coletas. Sus ojos verdosos irradiaban inocencia. Debajo de su bata de enfermera, lucía un vestido rosado y sobrio acompañado de suaves medias y unos tacones oscuros.
Spine Sore era básicamente lo contrario. Tenía el cabello negro y algunas mechas verdes en él. Sus ojos eran negros como un pozo sin fondo, de un negro que incluso hería. Debajo de su uniforme llevaba pantalones pitillo negro y babuchas oscuras.
(N.A: Los nombres de las enfermeras tienen un significado detrás relacionado con el romance de Brian y Kya. "Rose Dainty" significa "Rosa Delicada" y "Spine Sore" significa "Espina Dolorosa")
-Gracias a ambas.
-No nos agradezca, caballero. Es nuestro trabajo.-aseguró Rose.
-El doctor Canson vendrá después a hacer revisión.-informó Spine.
-De acuerdo, gracias.
-Ahora debemos irnos.
-Si necesitan algo…
-Sí, muy bien.
Las enfermeras Dainty y Sore abandonaron la sala dejando solos a la familia. Kya no podía dejar de mirar a su hija, maravillada también. Brian se acercó a las dos para poder contemplarlas a ambas.
-Kya Junior es preciosa, ¿Verdad?-bromeó Bradley.
-¿Otra vez? Oye, no, ya te he dicho que no me gusta mi nombre para ella.
-Anda, Kya, no seas así… Si las dos sois igual de guapas, ¿Por qué no os llamáis igual?
-Pues porque no me convence. Veamos… Yo quiero llamarla… Krystal.-afirma Kya, consultando su lista.
-Krystal… Bueno, no es exactamente lo que esperaba, pero si a ti te gusta, a mí me basta.
-Gracias.
Ambos vuelven a besarse.
-Pues bienvenida al mundo, Krystal.-afirmó Bradley.
Krystal pareció agradecerle la bienvenida con un gesto apagado de sus brazos. Acto seguido, empezó a dormir profundamente.
-Ponla en la cuna a dormir, por favor. No llego desde aquí.
-Claro, descuida.
Bradley volvió a levantarse de la silla, cogió con mucho cuidado a Krystal y la dejó reposar en su cuna de plástico. A continuación, la tapó con una suave manta blanca con animales bordados por toda su superficie y la besó en la frente.
-Oh, casi lo olvido. Mira, esto es para ella, pero como no puede abrirlo…-dijo Bradley, dándole una caja envuelta a Kya.
-¿En serio? ¿Qué es?-empezó ella, mientras rompía delicadamente el envoltorio.
Se trataba de una caja de cartón y plástico trasparente que dejaba ver un monísimo oso de peluche blanco y con una sonrisa agradable.
-¡Qué monada! ¿Cuándo lo compraste? No recuerdo haberlo visto…
-No, no lo has hecho. Era una sorpresa. Espero que le guste.
-Seguro que le encanta. Gracias.
-Ah, ¿Que el oso es para ti?
-¡Ja, ja, ja! No, no, te doy las gracias por ella. Toma, puedes dárselo para dormir. No creo que le pase nada.
Bradley cogió de nuevo el oso y lo puso junto a Krystal. Ella lo recibió con cariño y "murmuró" algo parecido a "Mi-mi"
-¿Qué dice?-ríe Brian.
-Me ha parecido oír "Mimi". Mira, ya le ha puesto nombre al muñeco. Qué mona.
-Ah, y también tengo un par de cosas para ti.-dijo Brian, buscando otro regalo que tenía.
Kya se quedó maravillada al ver que Brian le ofrecía un espléndido ramito de rosas rojas envueltas en un lazo.
-Son preciosas. Rosas rojas, mis favoritas. Qué detalle.
-Cuidado con las espinas…-advirtió Bradley, un poco metafóricamente.
Kya le miró con cara interrogante, porque siempre que Brian le regalaba rosas rojas, le decía lo mismo. Sabía que lo hacía porque ambos siempre comparaban su relación de amor con una rosa. Y también conocía el dato que Bradley se identificaba con las espinas de la rosa en su relación.
-Brian…
-Ya, ya, lo mismo de siempre. No me cansaré de decírtelo.
Kyaa olió las rosas, dejándose embriagar por su delicado aroma una vez más. Acto seguido, las dejó en un jarrón que había en una de las mesillas.
-Oye, Brian… ¿Qué me querías decir antes? Quiero decir, han entrado las enfermeras con Krystal y has tenido que frenar. ¿Qué era?
-Oh, eso… Es que… No sé cómo decírtelo…
-¿Es algo malo?
-Para mí, no. Para ti, desde mi punto de vista, sí. No me malinterpretes, no quiero nada malo para ti, pero es que siento necesidad de pedirte una cosa…
-No me asustes. ¿Qué ocurre?-pidió Kya, algo preocupada.
-Verás… Yo te quiero mucho, ¿Vale?
-Y yo a ti, qué tontería. ¿Es eso?
-No exactamente. Verás… Tal vez no sea el mejor momento para pedirte algo así, pero es que…
Brian empezó a buscar algo en su bolsillo a tientas. Intentaba ganar tiempo mientras lograba extraerlo.
-Te quiero mucho, eres alguien muy especial para mí, y ahora con Krystal, somos una familia, así que me pareció adcuado pedírtelo.
Entonces, sacó un objeto de oro con un brillante incrustado en forma de corazón. Más concretamente, un anillo.
-Kya, ¿Te gustaría casarte con un bandido como yo?
Ella se ruborizó al tiempo que dejó ver una amplia sonrisa hacia su amado. Esa proposición la había llenado de alegría. No sabía cómo, pero Brian siempre lograba hacerla sentir muy feliz, incluso en un hospital, donde se encontraban.
-Oh, Brian… Me acabas de hacer la mujer más afortunada de toda la Tierra. Pues claro que me gustaría.
Brian sonrió, también eufórico, y le colocó el anillo en el dedo anular derecho. Acto seguido, la abrazó y la besó con pasión.
-¿Entiendes ahora porque no era bueno para ti?
-Pues es lo mejor que he hecho nunca, a parte de tener a Krystal, claro. Esta es la mejor noche de mi vida. Tengo una hija con el hombre al que más quiero y también me voy a casar con él. ¿Qué más puedo pedir?
-Yo, desde luego, no puedo pedir nada más. He rehecho mi triste vida, y menudo cambio. Y todo gracias a ti. Dime, ¿Por qué Dios ha enviado a un ángel como tú desde el cielo hasta entre los mortales?
-Si algún día le veo, le preguntaré, ¿Vale?
-También me atemoriza pensar que en la otra vida no estemos juntos. Es decir, yo voy a ir al infierno, así que…
-¡Qué tonto eres! Pues si tú vas al infierno, haré lo que sea para que mis alas se conviertan en una cola demoníaca para estar junto a ti.
-Entonces, en el infierno nos veremos. Te estaré esperando, mi princesa.
Brian cogió la mano de Kya y la besó apasionadamente. Ella le dejó, gustándole el juego.
Estuvieron charlando de lo mucho que se querían y sobre la gran ceremonia que se les avecinaba durante un rato, hasta que dieron alrededor de medianoche menos veinte. Se oye llamar a la puerta levemente.
-Adelante.-cede Kya.
Un hombre algo mayor, con gafas y pelo grisáceo vestido con una bata de médico entra en la habitación.
-Buenas. Venía a veros a las dos, Kya. ¿Qué tal se encuentra?-pregunta el doctor Scott Canson.
-Estoy bien, doctor Canson. Aún tengo algunas molestias y estoy cansada, pero sobreviviré.-sonrió Kya.-Y la pequeña Krystal también está sana. Está durmiendo.
-¿Ha comido?-continuó Canson.
-Así es, le di el pecho hace un rato. Todo el rato siguiente ha estado durmiendo.
-Muy bien. Más tarde vendré a hacerte una revisión, ahora le toca a la pequeña.
-¿Perdón?-pregunta Bradley, un poco confuso.
-Sí, es que ahora toca medirla y pesarla. Es puro trámite, que se suele decir, pero es por seguridad. Disculpa que tengas que aguantar un poco más, Kya, es que las enfermeras Dainty y Sore se han ido ya y estamos cortos de personal.
-No se preocupe por mí, doctor. A mí no me importa que primero se ocupe de Krystal.
-Bien, en ese caso… Si es usted tan amable de acompañarme con la pequeña, señor Bradley...
-Oh, sí, por supuesto. Voy enseguida.
-Perfecto. Estaré en la sala del final del pasillo a la derecha. No tiene pérdida, no hay otra. Si le sirve, tiene una indicación en un cartel.
-Bien, no tardaré. Adelántese, por favor.
-Entendido. Hasta ahora, Kya.
-Adiós, doctor Canson, y gracias por todo.
Scott desapareció por la puerta en dirección al final del pasillo.
-Bueno, creo que será mejor que me vaya llevando a Krystal con el doctor, Kya. No tardaremos, ¿Vale?
-Vale, entendido. Espera, déjame cogerla un momentito antes de que os vayáis…
Bradley obedeció y colocó a la pequeña Krystal en brazos de su madre, no preocupándose mucho de que Canson les estuviera esperando.
-Bueno, Krystal, ahora te vas a ir con tu padre un ratito, ¿Vale? Te quiero mucho, mi niña.
Kya abrazó con ternura a su hija pequeña antes de darle un besito en la mejilla. Después, se la ofreció a su padre para que la sujetara.
-Adiós, Brian. Y adiós, Krystal. A mis dos cielos, vaya. Luego nos vemos. Ojalá todo vaya bien. Entérate, que después me lo cuentas, ¿Vale?
-Entendido. Adiós, Kya. Dile adiós a tu madre, Krystal.-dijo Bradley, moviendo con suavidad a la par que cómicamente la mano de su hija en dirección a Kya.
-Adiós, cariño.-devolvió Kya.
Brian, sonriendo y con Krystal en brazos, salió de la habitación despidiéndose de Kya, y admirando su preciosa sonrisa. Al cabo de muy poco ya estaba con Canson.
Kya, por su parte, se quedó yaciendo en la cama, relajándose y releyendo el papel con todos los nombres que ella había pensado para su bebé. Cuando terminó de leer, besó el folio. También contempló una foto que se habían sacado Brian y ella con la pequeña hacía escasos minutos. La besó, al igual que el folio.
Había hecho bien en despedirse, porque en ese instante todo dio un vuelco. El reloj de pared marcaba las 23:50 exactas cuando se oyó un crujido de la ventana, la cual se abrió bruscamente, y desde ella, un hombre siniestro vestido en su totalidad de negro accedió.
Kya, al verle, se sobresaltó, apartando los papeles de sus manos, y contemplando a aquel hombre siniestro. Lo reconocía a la perfección: era su compañero Ben Collins. Pero no entendía qué hacía ahí ni qué quería para entrar por la ventana de esa forma. Lo comprendería enseguida, para su desgracia.
-¿Ben? ¿Qué haces aquí? Menudo susto me has dado.-afirmó Kya, tranquilamente, dentro de lo qué cabía.
-Este susto no ha sido nada comparando con la puñalada trapera que me has dado por la espalda.
-¿Perdona?-preguntó ella, confusa. No tenía ni idea de a qué se refería.
-¿Qué haces en el hospital, Kya?-dijo Ben retóricamente, puesto que sabía la respuesta, en tono enfadado.
-¿Eh? Oh, estoy aquí porque he tenido una hija.
-Ya veo… Una hija… ¿No deseada, verdad?-siguió Ben.
-¡Claro que sí! Quiero decir, yo quiero y he querido siempre a esa niña. No me la esperaba, sinceramente, pero estoy tranquila, porque mi amor me ayudará a cuidar de ella.
-Tu amor… Ya…-musitó maliciosamente Ben.
-Sí. Así es, mi amor.
-¿Cómo se llama ese amor tuyo, Kya? ¡Contéstame!-gritó Ben.
-¿Él? Pues se llama Brian. Brian Bradley. Y es el hombre de mi vida, y mi amor verdadero. ¿A qué viene tanta pregunta, Ben? Creía que te lo conté cuando te expliqué por qué no pude quedar contigo aquél día…
-¿Por qué, Kya? ¿Por qué a él? Por su culpa recibirás tú, ¿Sabes?
-¿Cómo?
-Repítelo si es lo que piensas. ¡Repite que amas a Brian Bradley!
-Te lo repetiré todas las veces que hagan falta para que lo entiendas. Amo, amé y amaré siempre a mi querido Brian Bradley. Me da igual quién sea, o todo lo que haya hecho de mal, pero le querré, y le perdonaré.
-Vale. Ya está, ya lo has dicho. Ahora sí que no tengo dudas, ya me ha quedado todo bien claro.-pronuncia Ben, con los ojos cerrados y una sonrisa malvada.
De improviso, Ben desenfundó un revólver de su abrigo y apuntó con él a Kya, insultándola e insultando a Bradley, y también informándole de que ya se podía haber despedido bien.
-¡No, Ben, por favor! ¡Escúchame, por favor!-suplicó Kya, con su último hálito de vida.
Collins hizo oídos sordos y apretó el gatillo, fríamente. Kya empezó a sangrar y sangrar por el pecho. Respiraba entrecortadamente, y mostraba un semblante de dolor. Tuvo la idea de mancharse el dedo con su sangre e intentar escribir "Ben" en la mesilla, para avisar a Brian, pero éste vio el truco, y se escondió debajo de la cama para sabotear la pintada.
No había gente en el pasillo, pero bastó suficientemente para que Brian pudiera oírlo.
-Veamos, parece que pesa unos…-empezó Canson.
En ese instante se oyó el disparo. Brian lo reconoció al instante como una bala, y se temió lo peor.
-¿Eh? ¿Qué ha sido ese ruido?-preguntó el doctor Canson, quien también lo había oído.
-Ha sido… Oh, no… No habrán sido capaces…
-¿Disculpe?
-¡Doctor, vigile a Krystal, por favor!
Cuando gritó, Bradley ya estaba fuera de la habitación, echando a correr hasta el cuarto donde estaba Kya. En unos escasos segundos alcanzó la distancia necesaria para llegar. En cuanto abrió la puerta, sus temores se confirmaron. Kya esaba agonizando. La habían disparado. Corrió hacia ella.
-¡KYA! ¡No, Kya! ¡Dime algo, háblame!
Ella no dijo nada, no tenía fuerzas. No le quedaba mucho.
-¡Kya, por favor! ¡Aguanta! ¡No me dejes, te lo suplico! ¡Kya!
Brian empezó a llorar.
-¡Kya, te lo suplico, por favor, aguanta! ¡No te vayas!
Kya, en un último aliento, dio un impulso que dilató la herida, pero quedó en brazos de Brian. Lo besó
-Brian… Te… Te quiero… Cuida de… De Krystal… Te amo… Brian…
Esas fueron sus últimas palabras. Nada más terminar de pronunciar "Brian", Kya murió en sus brazos. No respondía a nada, había dejado de respirar, y fue bajando de temperatura. Brian tenía los ojos negados de lágrimas. Había perdido a su amor.
-Kya… Kya… *snif* Mi amor… ¡Perdóname, Kya!-lloró Brian, apesadumbrado enormemente.
En aquel instante, Scott Canson entró en la habitación con Krystal. Se quedó horrorizado.
-¡¿Qué diantres…?!
Brian ni siquiera contestó, solamente se quedó llorando donde estaba. Nada podía consolarle en aquel momento.
-¿Qué ha ocurrido, señor Bradley? ¿Qué ha pasado?
-Soy un imbécil. Mi amada Kya… Todo ha sido culpa mía. (…) ¡Todo ha sido culpa mía!
-No diga eso. Voy a llamar a la policía.
Canson tendió a Krystal en brazos de su padre, quien todavía no había dejado de llorar, y corrió a avisar a la policía. La niña empezó a llorar también.
-Mi niña… No, no llores… Si no fuera por ti, me suicidaba ahora mismo.
La cría siguió llorando, y su padre empezó a acunarla dulcemente, susurrándole hasta que se calmó. Él, por su parte, no había dejado de llorar todavía, pero sabía que quizás hubiera llegado el momento de irse: la policía podía llegar, y si le descubrían, le atraparían y seguramente le alejarían de la pequeña. No podía permitirlo. Recogió todas sus cosas y le dio un beso al cadáver de Kya, llorando.
De repente, tuvo una pensada, y le quitó a Kya la esclava que le regaló, porque pensó que ahora podría pertenecer a alguien. No obstante, el anillo de compromiso sí que se lo dejó puesto. Esperaba que algún día Kya pudiera perdonarle.
La policía no tardó en llegar, y al entrar en la habitación y registrarla, no encontraron nada salvo la pintada falsificada de Collins. El doctor Canson, aunque estaba sorprendido de no encontrar a Bradley ni a la pequeña, defendió que él no podía ser el asesino porque tenía coartada. La policía buscó huellas, pero no encontró nada. Collins había escapado, matando a la mujer a quien amaba por no haber sido correspondido.
Hacía frío fuera, pero Bradley no llevaba abrigo. Las lágrimas concedieron una tregua mientras transportaba a la pequeña a su hogar, para evitar que le ocurriera algo malo.
Una vez en la casa, Brian echó a llorar de nuevo, maldiciendo el porqué tuvo que aparecerse a Kya. Se puso la esclava de su nombre en la otra muñeca mientras la besaba, para recordarla para siempre. Dio gracias al cielo por haber conocido al ángel que había iluminado su oscura vida. A pesar de que se sentía culpable porque creía que por su culpa Kya pasara a ser un ángel literalmente, sabía que ella le miraba desde el cielo, desde donde también le amaba. Él se prometió a sí mismo amarla con la misma fuerza desde la Tierra.
La pequeña estaba a salvo. En ese instante dormía profundamente. Bradley la contempló: era tan bella como su madre, y se hizo otra promesa a sí mismo. Prefería perder su vida antes que dejar sufrir a su pequeña. Esta promesa se la comunicó a la propia niña…
-Te prometo… Por mi vida… Que nunca jamás dejaré que nada ni nadie te haga nada, y antes moriré que te pase algo malo… Kya…
Brian rompió a llorar y a llorar, y durante toda la noche estuvo llorando en el sofá, vigilando a la pequeña Kya. Sabía que la Kya mayor no quería ese nombre, pero no pudo evitarlo. Tenía que hacerle honor de alguna manera. Además, quería darse otra oportunidad. A ver si cuidar de esta Kya se me da mejor, pensó.
Al cabo de unos escasos días, la tumba de Kya Collingwood estaba lista. Le hizo daño que no hubiera nadie ahí para despedir a aquel ángel caído como se merecía. Para no ser descubierto, esperó hasta la medianoche y se fue con la Kya pequeña al cementerio a despedirse.
-Kya… Perdóname, mi amor. Te amo, te amé y te amaré siempre. Te lo prometo, y si no lo cumplo, puedo morirme e ir al infierno. Cuidaré muy bien a nuestra hija, y te prometo también que nadie le hará nada como me llamo Brian Bradley. Descubriré quién te ha hecho esto, y no pienso descansar hasta que no reciba su merecido. Descansa en paz, amor mío. Eres la única que me ha querido a pesar de ser quién soy, y siento que por esto hayas acabado así.
En aquel instante, le pareció oír la voz de Kya en el aire. "Brian, tranquilo… Estoy bien, mi amor… Siempre estaré a tu lado… Aunque tú no me veas… Siempre estaré a tu lado… Y siempre te querré…" Al igual que su voz, también oyó su preciosa risa, y le pareció ver su figura. Estaba tan desesperado que intentó besarla, pero era inútil. Ella no estaba allí, de cuerpo presente. Pero es posible que su alma hubiera contestado a su beso.
En señal de agradecimiento por el supuesto beso, él colocó un gran ramo de rosas enteras sobre la tumba. Se pinchaba por esas espinas, pero no le importó. Él, siendo espina, estaba acostumbrado.
-Gracias, Kya… Por aceptar hasta las espinas de mi corazón…
Brian volvió a llorar, y con él, la pequeña Kya. Después de otra canción lenta y melancólica, consiguió tranquilizarla. Acto seguido, la alzó y se quedó observando su preciosa persona.
-Eres tan preciosa como tu preciosa madre, Kya Krystal Bradley.
Después de regalarle a su hija tan bonitas palabras y de despedirse de la que iba a ser su mujer y de la que era su amor verdadero, Brian regresó a casa. En ese instante comenzó su vida sin Kya de cuerpo presente, pero su vida con Kya continuaba. Al fin y al cabo, su amada misma le había dicho que siempre estaría allí con él, y él la creía. Es posible que los pétalos del amor en él nunca se marchitaran.
