ESCENA EXTRA 3
24 de diciembre de 1994-Rascacielos de Los Ángeles-Apartamento 15º 1ª- 08:53h
Bradley ha madrugado solamente para poder llevarle a su hija el desayuno que le concede por su cumpleaños. Lleva en una bandeja un plato con churros, una taza de chocolate caliente, un pequeño bote de azúcar, un par de cucharillas, una servilleta y un jarrón pequeño con agua y una rosa roja adornándolo.
Además de contento, está preocupado. Hace unos tres días recibió una amenaza de parte de su peor enemigo-Nile- donde decían que ese mismo día podrían matar a su hija si no seguía instrucciones. No estaba dispuesto a seguirlas, pero tenía que mantenerse alerta por la niña.
Entró en el cuarto de la muchacha, que aún dormía profundamente. Ese día cumplía trece años. Tenía por nombre Kya, y era rubia, alta, delgada, de ojos azules y de belleza agraciada. No sabía la relación que mantenía su padre con Nile, a pesar de que éste estaba dispuesto a contárselo ese mismo día.
De momento, no sacó el tema, solamente la sacudió suavemente y la invitó a empezar un nuevo día.
-¿Kya? Kya, cielo, despierta…-murmuró Bradley.
Ella abrió suavemente los ojos, y sonrió al ver a su padre nada más despertarse. Se destapó de su colcha ligeramente y bostezó estirando los brazos para desperezarse.
-Buenos días, papá…
-Feliz cumpleaños, bonita.-añadió Bradley en tono amable y una sonrisa suave.- Te he traído tu desayuno especial, como a ti te gusta.
-¡Qué guay, churros con chocolate, mis favoritos! ¡Muchas gracias!-agradeció Kya, risueña.
-De nada. Ten, todo tuyo.
Kya se acomodó más en su lecho al tiempo que su padre le ponía delicadamente la bandeja sobre las rodillas y le acariciaba la melena despeinada. Ella enseguida empezó a desayunar, contenta.
-Dúchate y vístete, ¿Vale? Te llevaré un rato al parque, y más tarde podemos ir al cine a ver alguna peli que te guste, ¿Te parece?
-¡Sí! Seguro que lo pasamos muy bien. Gracias, papá.
-No me des las gracias…
Durante toda la mañana, padre e hija lo pasaron bien juntos. En el parque jugaron un rato y después se tomaron un helado. Después, fueron al cine a ver una divertida película de dibujos animados, unos dibujos de estilo anime que a Kya le encantaban. Disfrutó mucho de la película, riéndose en la mayor parte de la misma. Naturalmente, a Brian no le entusiasmaban los dibujos, pero le conmovió ver que Kya se divertía tanto.
Al salir de la sala de proyecciones, Brian decidió invitar a Kya a almorzar una pizza, ya que a ella le encantaban. En aquel momento solo le importaba verla feliz.
-¿Está rica, cariño?-preguntó Bradley.
-Sí, está muy buena, gracias por traerme. Está siendo un cumpleaños muy chulo.
-Me alegro de que te lo pases bien. Dime, ¿Qué tal la película de Daycore?
-Súper-chula. Me gustan mucho Nami y Hina. Aunque Perona, Bonney y Olvia también soy muy monas.
-Nami era… La castaña, ¿Verdad? Y Hina… ¿La del pelo azul?
-¡No! ¡Nami tiene el pelo rojo, y Hina tiene el pelo rosa! ¡Nunca te acuerdas! ¡Ja, ja, ja, ja, ja!
-*Risa* Es verdad, perdona. Soy muy malo para recordar estos nombres tan complicados.
Kya rio sonora y animadamente. Se lo estaba pasando muy bien con su padre, para ella realmente era un cumpleaños agradable.
-Oye, Kya, cuando volvamos a casa te daré tu regalo, y también… Me gustaría contarte una cosa…-reveló Bradley, en tono apagado.
-Vale, como quieras.-respondió Kya, con su típica inocencia y siguiendo con su pizza.
Durante el resto de la comida Brian miró a su hija sonriente. Sintió orgullo de ella, al igual que la vio tan bonita como siempre la había visto. No obstante, le apesadumbraba esto que le tenía que contar. No sabía cómo reaccionaría al saber que la mafia iba tras él, y lo último que quería era hacerle daño a su angelito.
La tarde cayó sobre la ciudad. Padre e hija volvieron a casa. Allí, Kya se cambió de ropa porque la que llevaba había perdido su lustre de tanto trote por la urbe. Cuando terminó de arreglarse, acudió con su padre, dispuesta a escuchar lo que tenía que decirle.
-Dime, papá, ¿Qué es lo que querías contarme? Te escucho…-cedió Kya, animada, como si no fuera a suceder nada.
-Ven, Kya, siéntate.-dijo Bradley, suspirando y tomando una gran bocanada de aire.
Kya obedeció a su padre y ocupó su sitio habitual en un rincón del sofá. A continuación miró a su padre sonriente, dispuesta a escucharle. Bradley la miró. Primero esbozó una sonrisa, y después entristeció contrastadamente.
-Kya… Esto que te voy a contar no te va a gustar….
-¿Eh?-dijo ella, sorprendida. Cuando su padre empezaba con ese tono melancólico, se preocupaba enseguida, y no se imaginaba qué podía ser.
-Espero que algún día puedas perdonar a tu padre por esto….
-Papá… Me estás asustando, y ni siquiera sé lo que vas a decirme.
-Perdona, cariño. Por todo, digo. Sé que tú no elegiste al padre que tienes.-siguió hablando de él en tercera persona.
-Papá, ¿Qué tratas de decirme?-se asustó Kya todavía más.
Volvió a suspirar y mirando a Kya directamente a los ojos con toda la valentía que tenía, anunció, apesadumbrado.
-Nile me quiere muerto.
Esas palabras frías hicieron que Kya, a pesar de no haberlo comprendido a la primera, se quedara impactada y con una carita de cordero degollado.
-¿Hm?-pronunció débilmente Kya.
-Kya, yo… He hecho cosas horribles. Todo ha sido para protegerte, te juro que si no fuera por ti no me importaría nada.
Entonces Bradley procedió a contarle a su hija toda la historia, de principio a fin: cuando los de Nile mataron a su hermana, por la cual cosa tuvo que traicionar a sus mejores amigos, cuando cumplió su venganza y cómo empezó la huida. También el día en cómo conoció a su madre, huyendo de los de Nile, otra huida a la lista. Por último, el asesinato de su madre, también causado por ellos una vez más, y el robo de la Estrella Roja, de la que Kya no conocía la existencia, solamente mencionada por su padre como una pobre venganza comparada con su amada para él.
-Soy patético. No fui capaz de conservar nada de lo que realmente me importaba. Ahora solo me quedas tú. Y no volveré a cometer de nuevo el mismo error.
En ese instante, Kya rompió a llorar amargamente. Se tomó fatal que su padre tuviera el riesgo de irse de su lado. También se compadeció de la triste vida de bandido que llevó, y del palo que se llevó al ver partir a su amada. Bradley la abrazó, tratando de consolarla.
-Kya, no llores. Yo ya no tengo arreglo, preciosa, yo ya no puedo huir. Pero tú sí, y te ayudaré para que puedas escapar de esos bastardos. No te tocarán ni un pelo porque no lo permitiré.
Kya abrazó con ternura a su padre, aún llorando. La esperanza de Brian se le transmitió durante el abrazo, y sabía que siempre podría confiar en él.
-Ven, bonita, quiero darte algo. Ese será tu regalo de cumpleaños.
Bradley llevó a la cría a su cuarto. Allí, se quitó las dos esclavas que siempre llevaba, con los nombres "Brian" en una y "Kya" en la otra, los nombres de los padres de la pequeña, y se las puso.
-Son muy bonitas, papá…-trató de agradecer Kya, secándose las lágrimas y sonriendo.
-Y también otra cosa…
A continuación, Brian se sacó del bolsillo una llave de plata atada de un hilo de terciopelo rosa y se la ató a su hija delicadamente en el cuello.
-Era de tu madre.-indicó Brian.- Te queda muy bien.
-¿Qué abre?-preguntó ella, confusa.
-Eso tiene que ver con una cosa que tengo que pedirte ahora.
-¿Sí?-cuestionó Kya, volviendo a preocuparse.
-Escucha, Dios quiera que no, pero necesito que vayas a un sitio en caso de que me pasara algo.
-¡No, no te va a pasar nada, papá! ¡No me digas eso, por favor!
Kya volvió a llorar amargamente. Brian repitió su abrazo.
-Kya, por favor… Escúchame, por favor, podría ser importante. En tu protección, no voy a dejar ni el más mínimo detalle al azar.
La niña no respondió, intentó secarse las lágrimas y oír las instrucciones.
-Tienes que llegar a Nevada. Puedes llegar mediante una carretera que hay cerca del parque al que te he llevado hoy, ¿Sabes cuál te digo?
La muchacha dijo que sí con la cabeza.
-Bien. Pues siguiendo esa carretera, llegarás a un lugar donde no hay más que desierto atravesado por la carretera. Si sigues andando, llegarás a una gasolinera, y un poco más adelante, está tu destino. Es un pequeño hotel llamado Hotel Dusk. Recuérdalo, ¿Vale?
-Hotel Dusk… Hotel Dusk… La carretera, la gasolinera, y el Hotel Dusk… Entiendo…-murmuró Kya.
-Muy bien. Sobre todo, por lo que fuera, has de estar allí el día 28 de este mes. Tengo en mente algo un poco alocado, pero creo que puede funcionar.
-Papá, ¿Por qué ese lugar, y ese día en particular?
-Porque, si algo me pasara y todo este tinglado sale como yo espero, allí conocerás a una niña. De tu edad. La reconocerás fácilmente, es pelirroja y si te fijas más tiene un ojo de cada color.
-¿Qué? Pero yo no conozco a esa niña, papá. ¿Y por qué iba a ir precisamente el mismo día?
-Es parte de mi estratagema, Kya. Esa no es cualquier chica. Es hija de un compañero mío al que traicioné. Mi mejor amigo. Sé que si consigues encontrarle, te ayudará. ¿Comprendes?
-Más o menos… Así que pelirroja, ojos de diferente color… ¿Algo más que debería saber?
-Se llama Kylie. Kylie Hyde.
-Ese nombre me suena de algo…. Oye, espera un segundo… Papá, ese lugar… Y ese nombre… Es ese hotel al que fuimos en verano, ¿Verdad? Y le dijiste al señor del hotel que me llamaba con ese nombre.
-Veo que tu memoria está en buen estado. Efectivamente. Sé que entonces no lo entendías, pero pronto lo entenderás todo. Confía en mí, Kya, estarás a salvo con esa niña.
Kya se negaba a escuchar lo que su padre trataba de decirle maquillando sus palabras: sabía que él sabía que le pasaría algo malo. Hizo un gran silencio, miró hacia abajo y cerró los ojos.
-Kya… Sé que no es fácil estar en tu situación, pero te lo pido por favor, cariño. No lo hago por gusto, lo hago por tu seguridad. Si algo te pasase, no me lo perdonaría jamás. Así que prométemelo, por favor.
Brian se agachó a su altura. Ella corrió en su encuentro y le regaló un abrazo fortísimo en señal de respuesta. Todavía no lloraba, pero tenía muchas ganas de hacerlo, sin embargo se contuvo.
-Me lo tomaré como un "sí". Muchas gracias, princesa mía.
Bradley le besó la mejilla tiernamente. Aunque intentaba tranquilizar a Kya y hacerla creer que todo saldría bien, predecía que aquella noche podría encontrar su final, y que se moriría preocupado por si Kya estaba a salvo. No obstante, no lo comunicó a la joven.
-¿Papá?
-¿Sí?
-Quiero que me lleves a un sitio.
-¿A cuál? Dime.
-Al cementerio. Quiero ver la tumba de mamá. Llévame, por favor.
-(…) De acuerdo, te llevaré. Después podemos ir a cenar a algún sitio que te guste.
A Kya en aquel momento no le apetecía cenar, pero no dijo nada y se encaminó con su padre al cementerio de la ciudad. Estaba un poco lejos, así que tomaron el coche. Antes de llegar, sin embargo, ambos compraron sendos ramos de rosas rojas.
Al llegar al camposanto, aún tuvieron que caminar un poco para llegar a una zona apartada. Bajo un árbol, estaba la lápida que buscaban. Desde ahí se veía en un bonito horizonte el sol ya en las últimas del día, irradiando la más bella de las luces naturales: la puesta del astro. El cielo estaba teñido de un bello rosado anaranjado que le daba un toque romántico y místico a la escena.
-Es aquí.
Kya se impactó al ver por primera vez el lugar donde yacía el difunto cuerpo de su progenitora, asesinada 13 años atrás. La contempló solemnemente con semblante abatido y melancólico. Cómo le hubiera gustado conocerla cuando aún estaba en vida… Bradley también recordó la imagen de su querida Kya, nombre de la cual le puso a su hija, en su honor. En aquel instante, también le pareció acertar a ver su silueta, tan feliz como de costumbre, descalza y vestida con ropa ligera, melena ondeante al viento. Parecía que realmente estuviera allí.
-Hola… Mamá. Siento no venir a verte muy de vez en cuando. Hoy papá me ha contado el motivo por el que ya no estás aquí. Ojalá hubiera podido conocerte, mamá. Espero que, allí donde estés, estés muy feliz y que descanses en paz. Yo te quiero mucho desde aquí, desde la Tierra. Aquí tienes, esto es para ti. Papá me ha dicho que te encantaban, así que aquí las tienes.
Kya se arrodilló y posó suavemente las rosas rojas cerca de la lápida.
-Te quiero, mamá.-añadió en una dulcísima voz.
-Tu madre estaría muy orgullosa de ti, ángel mío.-susurró Brian.
Al instante, él entristeció también. Las nubes que cubrían el cielo se tornaron abundantes y de un gris pesado. Quizás llovería.
-Yo también voy a dejarle un pequeño regalo. Espero que si las recibe, tenga cuidado con las espinas.-repitió Bradley para su amada, una vez más, y sonrió al recordar su símil. Estaba segura de que le estaría escuchando.
Bradley se arrodilló y dejó su ramo de rosas junto al de Kya, comparado con el cuál era ligeramente más grande. Antes de dejarlo, sin embargo, tomó una del puñado y se la tendió a su hija Kya.
-Gracias…-suspiró Kya.-Seguro que le encantan.
-Eso espero, mi vida, eso espero.-deseó él.- Te quiero tanto como a ella, mi niña.
-Eso ya lo sé. Seguro que, dondequiera que esté, le encantará tu regalo y te amará con la misma fuerza que siempre.
-Si tú lo dices, te creo.
Kya quería hacerlo desde hacía un rato, pero en aquel preciso momento ya no pudo contenerse más y soltó sus lágrimas una vez más. Por consiguiente, Brian la abrazó de nuevo. Esta vez él también lloraba. De alegría, de tristeza, o de las dos cosas. Ni él lo podía distinguir con absoluta certeza. Acompañando a sus lágrimas, una pesada lluvia empezó a bañar todo. Parecía poco probable que en tan poco intervalo la lluvia se hubiese hecho tan densa como no menos que una cortina.
La muchacha ni siquiera se molestó en cubrirse, pero su padre no quiso que se constipara, así que la cubrió con su abrigo. Kya estaba callada, no decía nada, no tenía fuerzas para hacerlo.
-Vámonos, Kya. Podrías resfriarte, y no me gustaría.
Kya accedió sin entusiasmo. Empezó a andar cogida de la mano de Bradley. Antes de irse, no obstante, lanzó un beso con la mano a la tumba de su madre, y esperaba que ella lo hubiera recibido allí en el paraíso celestial donde seguramente se encontraba.
Ambos montaron otra vez en el coche y volvieron cerca de su casa, a un restaurante de ambientación española. Allí, los dos cenaron un buen plato de paella de marisco, que les dejó con el estómago lleno. Brian intentó animar a Kya, y más o menos lo logró.
Pero, sin embargo, en aquel mixto día faltaba algo: la carta de amenaza que le enviaron seguía sin cumplir sus condiciones, y el hecho de que el reloj marcara las once de la noche hizo que Bradley supiese que Nile estaba lista para el ultimátum.
Después de la amena cena, padre e hija volvieron al bastimento donde vivían.
-¿Te ha gustado la paella, Kya?
-Sí, está muy rica. Me lo he pasado muy bien, papá.
-Me alegro de que así sea.-dijo Brian, y le dio un suave beso en la mejilla.
-¿Subimos a casa?-preguntó Kya.
-Ve subiendo tú, ¿De acuerdo? Tengo que ir al sótano un momento.
-Muy bien.-obedeció Kya, caminando hacia el ascensor y sonriendo a su padre.
La chica subió en ascensor hasta la quinceava planta, donde residía. Una vez allí, abrió la puerta con una copia de la llave que sacó de su abrigo. Al entrar y dejar el sobretodo en el perchero, se dispuso a encender la luz, pero una sombra que la atrapó le impidió hacer tal cosa. Esa silueta la apuntaba con una pistola a la cabeza, y le ceñía la cabeza con los brazos por el mero motivo de que le estaba bloqueando la boca para que no gritara.
-Tú calladita, ¿Sí? Pórtate bien si no quieres que te dispare ahora mismo.
Ella, aterrorizada, lo entendió todo. Ese hombre que la amenazaba era de Nile, y por esa misma razón su padre se sinceró con ella, por eso tenía la certidumbre de que algo le iba a pasar y por eso le contó su macabro plan de protección.
Un escalofrío le heló el cuerpo en cuanto se oyó de nuevo el crujido de la llave abriendo la puerta.
-¡Kya, ya he vuelto! ¿Qué haces con la luz apagada?
No obtuvo respuesta.
-¿Kya? ¿Kya? ¿Me oyes?
En ese instante obtuvo la respuesta que buscaba, pero tuvo que deducirla.
-No… No habrán sido capaces de…
Brian corrió al salón a tientas gritando el nombre de su hija, con la esperanza de que respondiera. No fue así, pero en cuanto llegó, se la encontró amordazada, luchando por escapar y por respirar.
-¡Kya!-espetó Brian, preocupado.
En parte, lo sabía, pero no se imaginaba que atraparían a su hija antes.
-Quieto. Un paso más y la mato, ¿Estamos?
Kya intentaba articular palabras, pero le era del todo imposible. También intentaba caminar lejos de ese tipo a trompicones, pero tampoco podía. El hombre se estaba hartando de sujetarla.
-Ha salido molesta como su padre, ¿No te parece, Bradley?
-¡Suéltala, cobarde! ¡Me buscas a mí, no a ella!
-Relax, Bradley, relax. ¿Es que no ves que te tengo en el punto de mira ahora mismo?
-Descúbrete. ¡Identifícate!-gritó Bradley.
Ese repugnante ser salió de la penumbra hasta que la luz de la luna que penetraba por la ventana incidió directamente sobre él. Eso le daba un aire mucho más malévolo.
-¡Ben!
-Me reconoces, ¿Cierto? Bien, así nos ahorramos la formalidad mundana de presentarnos.
-¡Suelta a la niña!-ignoró Bradley.
-Primero, cumple tu parte del trato. Dame mi diamante.
-(…) ¡Papá!-logró decir Kya, antes de que Ben la volviera a amordazar.
-¡Cállate la boca, enana repulsiva! ¡¿Es que quieres que te mate, eh?!
-¡Collins!-chilló Bradley, perdiendo la paciencia.
-No me grites, macho. Te oigo. Y ahora, te lo repito, ¡¿Dónde has metido el puñetero diamante?! ¡Dámelo ahora mismo, de lo contrario mandaré a Mya al infierno de donde salió!
-(…) No lo tengo.
-¿No lo tienes? ¿Discúlpame? No te he oído, hijo de la grandísma.
-Ya me has oído. No tengo la Estrella Roja conmigo. Puedes registrar toda la casa si quieres, incluso todo el bloque. Nunca la encontrarás, porque no la tengo.
-¡Eres un mentiroso de mierda! ¡¿Es que no te importa tu mocosa?!
-Mi hija no es ninguna mocosa. Y sí que me importa, más que a nada en este mundo. Por eso, me la trae floja ese maldito pedrusco. Ahora, suéltala, cobarde.
Ben dejó ver su cara irada.
-Aunque, si lo tuviera, no te lo hubiera dado, además de que tanpoco hubiese permitido que hicieras daño a mi niña. Nunca te perdonaré lo que le hiciste a Kya, capullo. ¡Ella tampoco tenía la culpa de haberse enamorado de mí!
-¡Maldita sea, no se te ocurra volver a repetir esa maldita frase!
-No lo haré, porque sobran las palabras y yo sabré bien lo que siento por ella. Ahora, suelta a la niña. ¡Vamos!
Collins hizo una pausa apoteósica y sonrió malignamente. Sabía que mientras la cría estuviera bajo su poder, Bradley no se dignaría a hacer nada.
-¡Maldita sea, habla de una vez! ¡Suelta a la cría! ¡No le hagas daño, tu guerra es conmigo, te lo repito! ¡Ella no tiene la culpa de tener al padre que tiene!
Kya logra escabullirse otro instante de los brazos aprisionadores de Collins.
-¡No, papá, no digas eso! ¡Corre, vete!
Al ver que la cría se le volvía a escapar, Collins usó la pistola que tenía en la mano para darle un sonoro golpe a Kya en la cabeza. A causa del porrazo, la niña soltó un quejido de dolor y se cayó al suelo, perdiendo el equilibrio y el sentido poco a poco.
-¡Eres un malnacido del diablo! ¡Te he dicho que no la toques! ¡Maldita sea, eres un cabrón!
Kya se movió un poco. Eso tranquilizó a Brian, pues aquel gesto significaba que aún estaba con vida.
-¡Te arrepentirás de haber hecho daño a mis dos seres más queridos!
Brian desenfundó un revólver que poseía guardado en su abrigo para la autodefensa. Con él apuntó a Collins, pensando incluso en matarle, pero esta vez, al contrario que las demás veces que había disparado contra alguien, no le importaba su orgullo, ni hacer lo "correcto": solo quería hacerlo para proteger a su hija, ya que no pudo hacerlo con su amada, y nunca se lo perdonó. Además de rabia, sentía amor, algo totalmente desconocido para él desde hacía mucho. Amor por aquella mujer que le había ayudado a ser feliz y a la que quería con locura aunque no estuviera viva. Y también amor por su hija, la luz que iluminó su oscura vida cuando su ángel de la guarda se marchó. Ambas se llamaban Kya, y ambas tenían la misma importancia para él.
Total, que quiso disparar, pero fue muy tarde para cuando quiso reaccionar ante Ben: una bala salida de su pistola le perforó todo el pecho, causándole una desagradable sensación de ardor, por la cual gritó y cayó derrumbado al lado de Kya. Su ropa y parte del suelo empezaron a cubrirse de sangre. No podía luchar contra una herida así: era su fin.
-¡Papá! ¡No!-gritó Kya, desde su lugar, empezando a llorar. Las cosas empezaban a perder nitidez, y los sonidos se confundían y repercutían ambiguos en su cabeza, pero había visto perfectamente lo que había pasado.
Ben, triunfante, se encaminó hacia la ventana para huir, dando su venganza por completada. Sin embargo, ni aún mortalmente herido, Brian Bradley iba a pasar por alto todas las ofensas de esa cucaracha en forma de humano. Con sus últimas fuerzas, empuñó a tientas su revólver y disparó contra Collins. Acertó. La herida no llegó a ser mortal, pero perforó el hombro de Ben, quien empezó a soltar tacos creyéndose que aliviarían el dolor. Perdiendo el balance, se precipitó por la ventana.
Con su último aliento, Brian trató de despedirse de su querida hija.
-Kya… Kya…
-Papá… ¡¿Por qué, papá?! ¡¿Por qué?!-lloró profundamente Kya.
-Kya… Mi vida… Corre, levántate… Vete, huye… Encuentra a Kyle, allí no correrás peligro, Kya… Cariño…
-¡Papá, levántate, por favor, vente conmigo!-imploró Kya, llorando todavía más.
-No puedo… Kya… Es imposible… Se acabó.-declaró Brian, empezando a llorar, a pesar de estar sonriendo.-Perdóname, Kya.
-Papá… No te vayas… Por favor… Te necesito aquí… Por favor, papá…
-Te quiero, princesa mía. Eres lo más grande de este planeta, mi querida Kya… No llores por tu padre…
Después de pronunciar aquellas palabras, Brian empezó a parpadear, dejando resbalar las lágrimas que se habían quedado acumuladas en sus párpados. Era la hora… La Parca le avisaba que ya era hora de marcharse. En su último hálito, y viendo a su pequeña rodeada de una luz blanca esperanzadora, concluyó:
-Te quiero, Kya…
Después de decir esto, cerró los ojos dejando reposar la cabeza contra el suelo ensangrentado, que ya era literalmente un peso muerto. Había muerto.
Kya se desamyó a causa de la impresión tan desagradable del momento y también por culpa del golpe de Ben. Cinco minutos más tarde, despertó en su casa, oscura. Estaba completamente desierta, y lo primero que vio al abrir los ojos fue que su padre no volvería a abrir los suyos jamás.
-¿Pa…Papá? Soy… Soy yo… Soy Kya…-dijo, inúltimente, levantándose.-Estoy bien… Papá… Despierta…-siguió, con una sonrisa inocente.
Pasaron los segundos, y Kya pudo comprobar que su padre ya no estaba con ella. Se había marchado para siempre.
-Papá…-continuó, empezando a sollozar de nuevo.-¡Dime algo, papá, por favor! ¡Papá, por favor! Por favor…
Kya se agachó y abrazó el cuerpo, derramándole lágrimas al abrigo que llevaba puesto.
-¡Papá, no te vayas, te lo suplico, no te mueras! ¡PAPÁ!-gritó Kya, llorando todavía más.
Permaneció callada unos instantes, llorándole a su padre. Un crujido de la ventana interrumpió su velatorio.
-¿Eh?-dijo, levantando la vista, e intentando sin resultado provechoso secarse las lágrimas.
La ventana de nuevo. El asesino subía de nuevo. Quería coger ese diamante, y Kya debía huir para no acabar como su pobre progenitor. Al fin y al cabo, le hizo una promesa, y si esa era la última voluntad de Bradley, verla a salvo, ella misma se encargaría de cumplirla. Se levantó del sitio donde estaba, le dio un último beso y un último abrazo a su adorado padre y se dirigió hacia la puerta. Antes de cerrarla, miró el cadáver, llorando. Desde allí le lanzó un beso con la mano.
-Descansa en paz, papá… Te quiero mucho…-finiquitó, llorando a lágrima viva de nuevo.
Cerró la puerta después de abandonar su hogar y echó a correr hacia el ascensor. Mientras bajaba, no dejó de llorar y llorar. También sollozó mientras corrñia hacia la carretera que la llevaría a su salvación.
Kya estaba completamente sola, no tenía a nadie con ella. Vagaba en medio de un gran desierto con un rumbo fijo pero sin fuerzas. Sin su padre, nada era lo mismo.
