EPÍLOGO
31 de diciembre de 1996- Comisaría de Policía del Distrito 89, Manhattan, Nueva York- 19:33
La aprendiz para agente de policía Mya Taylor ha vuelto desde Los Ángeles después de realizar con sublime éxito (eso sin contar con una "ayudita extra" de la que prefería no dar muchos detalles) su primera misión de iniciación. El alto mando de Nile estaba preso en su comisaría, esperando al juicio y después a la prisión. Collins tenía el juicio más que perdido, y sería un auténtico milagro que no le sentenciaran pena capital, pensó Mya.
Rellenando papeles y tomando café de máquina con mucho azúcar para recuperar sus energías, fue interrumpida por un compañero suyo. La trataba con gran respeto por el hecho de ser la hija "consentida" a vista de todos del jefe del distrito Willy Taylor.
-¡Señorita Taylor, señorita!-repitió el hombre, tieso como un palo.
-¿Eh? ¿Qué pasa?-levantó Mya la vista.
-¡Hay una joven que desea contar con su presencia, señorita Taylor, señorita!-siguió el tipejo. Parecía sacado de un bodrio de sobremesa con todo ese argot de repetir el tratamiento.
-Bien, tranquilícese, agente Davis. Dígale a esa joven que pase, por favor.
-¡Sí, señorita Taylor, señorita!-repitió Davis, mostrando un saludo de respeto.
Mya suspiró. Ni que fuera la mismísima Reina de Inglaterra, caviló. Su adentramiento en el mundo interior se vio interrumpido por la llegada de una chica extraña que hablaba a voz en grito.
-¡Papaíto! ¡¿Dónde está mi papaíto?!
-¿Perdón?
La muchacha tenía una pinta muy curiosa. Su pelo estaba totalmente impregnado de tinte, la mayoría de él de un rojo cereza, con el flequillo apartado castaño claro, y algunas mechas que caían de sus dos coletas rubias. Para la mayor contradicción, sus cejas eran de vello negro. Iba vestida más parecida a una muñeca cursi que a otra cosa.
-¡Quiero ver a mi papá!
-Cálmese, por favor, se lo ruego. Por favor, deje que me presente. Mya Taylor, encantada.-Mya tendió su mano a la recién llegada.-¿Puede concederme el honor de decirme su nombre, si es tan amable?
-Yo… ¡Ja, ja, ja! Me llamo Arlette, Arlette Collinton.
-¿Arlette Collinton? ¿Por un casual ha venido a ver al reo Benjamin Collinton?
-¡Papacito! ¡Sí, exacto!
-Pues siento comunicarle que en realidad no se llama así, su padre, digo. Ha confesado llamarse en realidad Ben Collins, y era parte de la organización criminal conocida como Nile.
-¿Qué ¡No tenía ni idea! ¡Quiero verle, señorita Taylor! El hecho de que en realidad me llame Arlette Collins no cambia mucho, ¿Verdad?
-Es que… Ahora mismo no puede conceder visitas. Si pudiera…
-¡Quiero ver a mi papá! ¡Estoy muy preocupada por él, llevo todo el camino desde Los Ángeles llorando! ¡Papá, papaíto!
Arlette empezó a lloriquear de una manera un tanto exagerada. Mya intentó calmarla y hacer realidad su deseo.
-Bueno… Hablaré con mi padre, a ver si puede hacer una excepción.
-¡Gracias, gracias!
Mya resopló, se alzó de su asiento y cruzó la puerta que comunicaba el despacho con la sala de interrogatorios. Allí estaba su padre Willy con uniforme de agente, de mucho más categoría que el suyo de novata, enfrente de una mesa. En el otro lado estaba Collins, esposado, y en la puerta de salida se encontraban dos agentes, entre ellos, Davis.
-Contésteme, Collins. ¿Usted fue el culpable de…?
-¿Perdón? Hola, siento mucho la intromisión, es que tengo un mensaje importante.
-Mya, ¿Has terminado esos informes que te pedí, hija?-preguntó Willy, con la vista clavada en su hija primogénita.
-Pues… Estaba terminando, pero hay visita para el señor Collins. Sé que normalmente no se conceden visitas durante los interrogatorios, pero…
-Mira, ahora resulta que nuestra agente Tayrpe ha hecho los deberes…-se mofó Collins.
-Es su hija Arlette, señor Collins. Ha venido a verle desde Los Ángeles.
-¿Arlette? ¿Quién narices…?
Collins calló en seco, dándose cuenta de una cosa.
-¡Oy, sí, mi queridísima Arlette, mi ojito derecho! He de hablar con ella, explicarle mi situación. Dejadme ver a mi princesa.
-Vamos, papá, no pasará nada porque la vea. La pobre chica está más nerviosa que tiembla como un flan. Quiere ver a su padre, papá.-insistió Mya.
-Está bien, le concederé una visita. Ven por aquí, Collins, la sala de las visitas está más para allá.
-Ni que fueras el guía de la excursión, Tayrpe padre.-rio Collins de nuevo con la misma comparación.
Willy suspiró y salió de la habitación con Collins por la puerta que custodiaban los guardias, quienes le siguieron con cautela. Mya volvió a su despacho.
-¿Señorita Arlette? Acompáñeme, si es tan amable, por favor. Le conduciré al cuarto de las visitas.
-¡Muchisísimas gracias, señorita Mya!
Mya acompañó educadamente a la joven Arlette a la sala de las visitas de la comisaría.
-Dispone de unos quince minutos, si no es inconveniente.
-Oh, no se preocupe, gracias.
La joven Mya sonrió un poco y dejó que Arlette tuviera un poco de intimidad con su padre.
Arlette, curiosamente, cambió bastante de semblante al acceder al cuarto. Parecía muy furiosa, y toda la dulzura de su rostro se había esfumado. Su padre la esperaba detrás de un cristal comunicado por las dos bandas por un micrófono de pie. Ella ocupó la silla que había allí y conectó el micro. Ben hizo lo mismo, y parecía alegrarse de verla.
-Menos mal que has venido.
-¿Te parece que vengo por gusto, eh?-replicó ella en tono rudo.
-Escúchame, deja que te lo explique…
-No hace ni falta. Llegas a decirme, un gorila de discoteca te coge y te impide escapar, vale… Pero es que… Leo el periódico, y veo que Collins De Nile ha sido apresado… ¿Por culpa de quién?
Arlette se levantó de su asiento y dio un golpe fuerte contra la mesa.
-¡Dos estúpidas crías!
-Esas dos me la jugaron pero bien. Voy a matarlas, no descansaré hasta derramar su sangre.
-¡Dos crías!-repitió la joven, más enfadada que una mona.- ¡La madre que te trajo, imbécil! ¡¿Sabes la que has montado ahora?! ¡Se supone que Nile es lo más terrorífico que existe hasta el momento! ¡¿Y qué imagen damos?! ¡Nuestro líder supremo capturado por dos mocosas insolentes!-ninguneó Arlette.
Ben dio un golpe de puño contra la mesa también. Estaba pensativo, necesitaba un plan para escapar de allí, recuperar su puesto y poder vengarse de ciertas personas. Necesitaba un plan.
Y uno altamente macabro se le vino a la mente.
-Oye… Tengo una idea para salir de este agujero. Escucha.
-¡Más te vale que no sea una gilipollez o me encargaré de que te tragues el micro!
-Tienen quince añitos de nada, sus cuerpos son frágiles, y además van al colegio, ¿No? Bien, ¿Y qué se hace en un colegio? ¿Excursiones de estudio, no? Pues hagamos una excursión al templo Nunakura erguido para la tradición Malak. Hagamos una experiencia. ¿A qué temperatura bajo cero los cuerpos de las quinceañeras dejan de funcionar? Investiga y tráeme los resultados.
La chica sonrió malvadamente. Veía futuro a aquel plan.
-Creo que ya va siendo hora que llamemos a tu hermanita. Que lo tenga todo preparadito… Para matar a esas dos crías. Y ya de paso, creo que hay otra desgraciada mujer que también debería ir por allí, y también otro par de mocosas que deberían dejar de ensuciar mi nombre.
Arlette rio cruelmente.
-Cuento contigo, Scarlet. No me defraudes.
-No me defraudes tú, vejestorio. Está bien, supongo que deberé ponerme a trabajar esto cuanto antes. Avisaré a tus compañeros de curro.
-Así me gusta. Seguro que esa pava de la agente Tayrpe se lo toma como algo personal hacia sus amiguitas y se va a investigar para ayudarlas. Entonces, me escaparé de aquí.
-Eso espero. Tradición Malak… ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡Las muy cretinas se creen que eso de hablar con los muertos es cierto, ja, ja, ja, ja, ja, ja!
-Desde luego, hay que ser idiota para tragarse eso.
Scarlet volvió a reír durante un buen rato.
-Mejor que no se entere nadie de que es una farsa, de momento. Es mejor tenerlas engañaditas para que caigan.
-Bien.
Acto seguido, explotó una pompa que hizo con su chicle negro de regaliz.
-La masacre del templo Nunakura… Me gusta como suena ese titular.
La puerta se abrió.
-Perdone, señorita Arlette, ya va siendo hora de terminar.-informó Mya.
-¡Huy, de acuerdo, ya me siento mejor! ¡Cuide de mi papi, porfaplís!
-De acuerdo…
-Adiós, Sc… ¡Arlette, preciosa!
-¡Adiós, papacito!-dramatizó ella.
Mientras Mya no estaba mirando, ambos intercambiaron una señal de complicidad.
Arlette/Scarlet se dirigió a la salida, acompañada por Mya.
-Siento mucho lo que le ha sucedido a su padre, señorita Arlette. Pero usted no tiene que sentirse responsable de esto…
-No, no se preocupe. Gracias por todo, debo marcharme.
Mya se despidió de la chica, mientras ella andaba alejándose del distrito, murmurando para sus adentros…
-No, no me arrepiento de lo que ha hecho mi viejo, porque desde luego, yo tengo muchos pecados que saldar. Y sigue esperando a que tus amiguitas se vayan de excursión, entonces tendré que rezar más para que me perdonen….
La malvada Scarlet se alejó andando por las calles de Manhattan. Tenía malos planes pensados, y a pesar de ser tan joven no tenía miedo de maquinarlos ni de jugarse la vida de muchos inocentes con tal de vengar el orgullo mancillado de su padre Ben.
