Era un día primaveral y a pesar de que el sol caía pesado en Italia la corriente marina le hacia sentir fresco, estaba apoyado sobre una baranda esperando a la mujer mirando la inmensidad del mar, aquellas aguas eran muy claras y limpias, aquel color azulino le tenía encantado.
La mujer apareció pronto con un sombrero y gafas oscuras, no le dijo mucho y tomo su mano antes de guiarle entre el pequeño puerto que había, camino hasta el último y por un pequeño puente le guio y le dijo que esperara sentado en un elegante barco. Pronto la mujer se sentó junto a él y le encendió antes de comenzar a andar a prisa en el mar alejándose un poco de la costa.
-¿Lily?
-tranquilo-le mira- confía en mí… abajo tiene una cama, baño y cocina por si quieres bajar
-es muy elegante
-¿acaso los Vongola no tiene?
-no estoy seguro-dijo con una gotita
-aprendí de pequeña así que no te preocupes… además cariño este barco es mío-dijo sonriente
-¿tus padres te dan dinero?
-¿mis padres?-dijo riendo- claro que no cariño… tengo mucho invertido… tenía muchas joyas y las subaste, luego compre mi casa seguí invirtiendo y compre este barco, además mis fotografías se venden bien… suficiente para guardarlo para el futuro… claro también ayudo a financiar un grupo de niños artistas
-¿tus padres te ayudan algo al menos?
-sí y no… cuando hago mi papel… me ayudan –sonríe- jugué bien mis cartas porque me enseñaron bien a hacerlo cuando era pequeña
-no tuviste una infancia normal ¿no?-ella asiente- perdona Lily
-no es tu culpa
-lo se… y ahora estas prometida con alguien que no te quiere
-no me malinterpretes, Tsuna… no he vivido una vida triste, aprovecho cada vez que puedo para hacer que valga… y tú, cariño… tu eres aquello que va a hacer que el resto de mi vida valga la pena-sonríe emocionada
Le quedo mirando tristemente, ella hacia que incluso detrás de aquellas palabras oscuras hubiera una sonrisa, seguramente era parte de sus enseñanzas, ser parte de un ducado de Inglaterra sonaba bastante serio, muchas veces ella había sido mediadora con otros países o compañías, aquel encanto y visión futurista era del agrado de su reina. Hija de un aristócrata italiano y de una duquesa inglesa le había costado su infancia, incluso Lily Zanetti no era su nombre real pero todos la llamaban así a menos que estuviera en un asunto oficial. La mujer comenzó a andar cerca de un acantilado lentamente hasta que se metió entre unas enredaderas que caían libremente casi tapando la entrada, se detuvo en un pasarela de madera y dejo el barco detenido, tomo una cesta y varias cosas. Caminaron hasta una pequeña playa rodeada de los grandes muros de piedra donde podía verse una orilla verde de los árboles y plantas además de un circulo de cielo donde justo se posaba el sol sobre ellos, no era muy alto pero parecía una pequeña fortaleza donde nadie hubiera entrado jamás. Dejo caer unas toallas y la sombrilla, la mujer deslizo lentamente el cierro de su vestido y lo dejo caer en la blanca arena dejando ver un sensual traje de baño negro
-¿tienes hambre?
-¿q-que?-dijo sonrojado
-hay comida-dijo abriendo la cesta- ¿Qué pensabas?
-nada-dijo desviando la mirada sonrojado
Había algunos sándwiches, jugo, una pequeña botella de champagne, algunos dulces, frutas y bocadillos, ambos contemplaron aquella playa privada rodeada de una enorme estructura de pierda con algunas pequeñas plantas saliendo de esta mientras compartían charlando animadamente.
Luego de un rato la mujer se quitó su sombrero y sus gafas, tomo la mano del castaño para tirarlo hasta la transparente agua, estaba un poco fría y algo miedoso se metió hasta que le llego hasta el abdomen, la mujer dio una gran bocanada y se metió en el agua nadando tranquilamente mientras este le miraba asombrado, él no era buen nadador de pues de todo así que prefería mirarla.
Luego de que ella nado sola un momento noto que el apenas si se movía, no sabía nadar y eso era más que obvio así que agarro su mano fuertemente le dijo que aguantara la respiración ambos se hundieron y abrieron los ojos en medio de aquella transparente agua, ella comenzó a nadar y tirando de él, se movieron unos metros antes de que tuvieran que salir
-ahora intenta moveré un poco más-dijo riendo
-claro-dice sonrojado
-¿estás bien?... ¿no tendrás fiebre, no?
-no…-la rodea con los brazos-es que está muy linda Lily-dijo sonrojado- no he podido dejar de mirarte
Ella se sonrojo y lanzo una risita avergonzada antes de que le dijera que lo siguieran intentado, hasta que al menos pudiera nadar un poco solo. El Vongola no podía decirse en especial que fuera el mejor nadador del mundo pero al menos lo intentaba lo que a lo que la mujer reía emocionada, la miro un momento antes de sumergirse y llegar hasta ella para abrazarla emocionado. La mujer tomo su rostro acariciándolo suavemente antes de sentir aquellos labios sobre ella, fue un corto beso que le dejo asombrada… cuando decidieron hacer esta "historia de amor" decidieron experimentar todos esos momentos que las películas y libros prometían, pero jamás hablaron nada de besarse ni nada por eso, a la mujer le tomo desprevenida totalmente.
Se separó de ella sonrojado pidiéndole perdón de inmediato pero la mujer solo estaba mirándole sorprendida, agarro al castaño rodeándole por el cuello antes de besarle esta vez pero no se limitó a un simple roce de los labios, acaricio su espalda suavemente mientras la tomaba por su cadera acercándole más. La mujer se separó con la respiración agitada mirándole sonrojada, aquel beso le había hecho temblar pero él estaba con una gran sonrisa. Volvieron a la orilla y comenzaba a caer la noche así que la mujer le dijo que volvieran al bote para volver a la costa.
Condujo tranquila por la oscuridad del mar, se detuvo a unos kilómetros de la costa, podía verse apenas si una pequeña línea de luces brillantes subieron a la cubierta por la parte delantera y se acostó ahí mirando las estrellas junto al castaño. El aire fresco de aquella noche de verano le hacía sentir tranquilo, ella miro al castaño con una sonrisa, se había perdido en sus ojos azules mientras ella sonreía, se movió lentamente hasta acercarse a los labios del castaño para besarlo. El castaño acaricio su espalda delicadamente mientras ella estaba sobre el con sus manos sobre su pecho, besos desesperados que iban por su cuelo hasta su boca la mujer se detuvo un momento y miro la costa. Tenía que volver antes de que lo que iban a hacer no tuviera vuelta atrás.
La mujer ahora puso su al castaño su sombrero y las gafas, le dio una camisa diferente y volvieron a la orilla al puerto, se movieron a prisa por el puerto hasta que llegaron a la motocicleta de la mujer. La cuidad estaba cubierta de luces brillante y de personas caminado tranquilas disfrutando de la vida nocturna, al parecer nadie les había visto por qué nadie siquiera se volvió a mirarles así que iban más tranquilos.
Subieron a prisa hasta el departamento y la mujer estaba riendo mientras cerraba la puerta y luego apoyo su espalda en está mirando al castaño con una risita, él se acercó hasta ella con una sonrisa seductora, la aprisiono contra la puerta apretándola contra él, ella le rodeo con los brazos y con un rápido movimiento le atrapo con sus piernas acercándole aún más si es que se podía. Entre besos y caricias se movieron hasta la cama donde la mujer cayó sobre él, con un rápido movimiento arranco los botones de su camisa con una sonrisa pero antes de que pudiera volver a tocar sus labios un molesto sonido de la puerta que hizo a la mujer pararse en seco con los ojos desmesuradamente abiertos.
Se levantó a prisa y cerró la puerta de la habitación antes de dirigirse a la puerta principal y abrir la puerta furiosa y ver al rubio, el puño de la mujer se había encendido con una llama anaranjada brillante a punto de romperle la cara
-¿bromeas, no?
-mi hermosa duquesa…-dijo sonriente-¿Por qué no vamos a comer a algún lugar?
-¡vete de mi casa!-dijo molesta-vete con una de tus chicas
-¿celosa?
-claro que no… -suspira-¿acaso no vez que esto ocupada?
-mi pequeña-se acerca y huele su cuello- hueles a playa y a hombre-lanza una sonrisa-vaya pensé que no serias así, mi duquesa
-pues si mi prometido se acuesta con lo que se mueva en el piso… mínimo puedo salir con quien me dé la gana ¿no crees?
-bueno no te he visto en ninguna revista así que creo que está bien –besa sus manos-bueno mi duquesa querida, la dejo con su bandido solo tenga mucho cuidado-dijo antes de entregarle una caja de chocolates-que descanses
La mujer le cerró la puerta en la cara y dejo la caja sobre el sofá, la miro molesta antes de irse a la cama y sentarse junto al castaño que solo se limitó a abrazarla por la espalda. Pasaron unos minutos antes de que la mujer se volteara a verle, siempre el rubio había aparecía dejaba a la mujer choqueada de alguna manera… bandido no era la palabra que ella hubiera ocupado pero Dino sabia como hacerla sentir culpable por ella
-Lily… si quieres podemos… solo dormir
-solo necesito un minuto Tsuna…
-Lily-besa su hombro- lo intentaremos luego-la aprieta contra si-vamos principezza durmamos y descansemos… ha sido un día maravilloso... gracias
-ese lugar… lo descubrí hace años… jamás había llevado a nadie y de verdad creí… creí que tú eras lo suficiente especial para llevarte a aquel lugar-le mira- no me equivoque, cariño-sonríe-gracias Tsuna
-gracias por confiar en mi
Ella se acercó silenciosa hasta el para besarlo, ahora más tranquilos, ya no con la desesperación de tener un simple encuentro, aquellos delicados toques y caracas, besos y mimos eran diferentes que su primer intento, esta vez la ropa no se la arranco de un tirón si no que se deslizo delicadamente fuera de sí. Todo fue tomando lugar en aquella habitación bañados por la luz de la luna y los pequeños puntos de luz en la cuidad, la mujer le miro un momento, aquellos ojos castaño estaba determinados y lo sabía, pero esos ojos azules estaban nerviosos por estar a merced del castaño
-estas hermosa, Lily
-no me mires así-dijo sonrojada desviando la mirada
-te he visto en muchas revistas y cosas así… pero ahora estas más hermosa que nunca-dijo con una sonrisa
La mujer le beso sonrojada, aquellas palabras dulces eran las que siempre había esperado de alguien como él, de alguien que, en palabras de los demás, era su amante. Una duquesa, una de las personas más influyentes del mundo junto con el décimo Vongola, quizás el jefe de la mafia más importante de todo el mundo, capaz de quitar la oscuridad de cualquier lugar con su llama del cielo.
La mujer estaba cansada, podía notarlo en sus ojos cayendo pesadamente mientras el castaño la observaba mirándola con una sonrisa pegada a su labios, abrazándola suavemente sintiendo aquella cálida piel pegada a su cuerpo le hacía sentí una calidez especial
