CAPITULO 4: NOAH.

Y al poco tiempo, palacio tenía a dos hermosos príncipes andar a sus anchas en donde quiera que desearan.

Constantemente se le veía a Jouno en las caballerizas, afinando su montura, desplegando sus habilidades con la espada... Estaba concentrándose en ser el mejor hombre en Egipto, quería que cuando fuera Faraón nadie pudiera quitarle lo que quería.

Pero para ello, debía de quitar los obstáculos previos, los que ya estaban ahí sin que él pudiese hacer nada.

Su hermano Mokuba era un varón, como dijo el Faraón que sería. Su hermano se la pasaba con su Ada, pues aún estaba en la edad donde no quería separarse de las faldas de su gestor y en donde le seguía como patito recién nacido a donde quiera, menos a las reuniones del consejo de los altos mandos de Egipto donde Seth le marcaba el alto con un gesto. Por el contrario de él, que se la pasaba entrenando con vigor y lejos de su Ada.

Jouno sabia que para todo había tiempo. Si trabajaba durante la semana, el fin de la misma podía disponer de Seth como mejor le pareciera, ambos iban a montar a caballo por el desierto o iban al mercado, pocas veces tuvo que compartirlo con Mokuba, ya que cuando no dormía sus horas necesarias se les pegaba como lapa.

-Hemano - Llamó Mokuba con el dedo en la boca. Jouno rechino los dientes. Con tres años, apenas soportaba la presencia de Mokuba. No le gustaba que lo buscara. Menos cuando lo encontraba.- Comida.

-Pídeselo a un sirviente.

-Ada no esta - Eso si llamó la atención de Jouno.- Fue a junta, eo, no sale.

Jouno sabía bien porque su Ada aun no salía de la sala del trono. Si su padre demando que les dejasen a solas, entonces Seth andaría ocupado mas que un par de horas. Las mismas que él tenía que hacerse cargo de Mokuba. Con aversión, cogió la mano de su hermanito y le condujo hasta las cocinas.

Era mejor que le dieran algo para luego llevarlo a sus aposentos y se quedara dormido. Él aun tenía que terminar la formación con Honda. Tenia que aprobar el examen de ingreso al ejército. Faraón nunca le echo la mano. Dejaba que se ganara las cosas por sus propios medios. Algo que los civiles alababan y que los oficiales ponían en tela de juicio, pero que agradecían el trato no preferencial a su persona.

Jodidos chupamedias. Chacales oportunistas.

Mokuba cantaba la nana que Ada les enseñara todas las noches. Jouno reunió su autocontrol para no golpear a su hermanito contra el muro. Esa canción era primero de él. Su Ada se la invento para dormirlo cuando se negaba a hacerlo. Mokuba no tenia ningún derecho de usarla, ni de escucharla.

Apenas Mokuba se llenaba de uvas y leche con miel, se giro para ver desde la ventana la sala de trono, muy lejos de donde estaba, y la imagen que veía de vez en cuando, cuando espiaba a sus padres por la noche, se le vino a la mente. La bilis subió por su garganta. Odiaba que Faraón se saliera con la suya cuando tenía a Seth en los brazos. De esas ocasiones, siempre notaba que Atemu se hinchaba de orgullo, que se decía invencible. Parecía crecer cuando Seth le miraba.

Y no culpaba a Faraón.

Cuando entrenaba, y su Ada iba a verle, jamás perdía. No acostumbraba a hacerlo, pero sus comandantes y profesores, mejor curtidos en la pelea, le derrotaban más que ocasionalmente, pero, cuando Seth le animaba silenciosamente con sus ojos azules bien puestos en su joven persona, se levantaba de la arena y metía estocadas a todos y por consiguiente ganaba.

Si Seth estaba a su lado, nada le derrotaría.

-Hemano - Jouno respingo. Los deditos de Mokuba, pegostiosos y calientes le apresaron, con afecto y preocupación - Enfado malo. Si tas tiste, yo adurar.

A Jouno se le iluminaron los ojos.

-Claro que me ayudaras. Mokuba, tú eres el único que podría hacerlo.- Mokuba era el consentido de Atemu. Y por lo general jamás le negaba algo.- Vamos con Ada. Seguro que ya esta desocupado.

Mokuba asintió.

Jouno le hizo entrar corriendo a la sala, interrumpiendo la obvia escena de sexo. Atemu no se enojo, ni frustro. Se separo de Seth y atrajo a su segundo hijo en un abrazo. Le hizo cosquillas en el estomago, distrayendo a Mokuba mientras que Seth acomodaba sus ropas.

Mokuba soltó gritillos divertidos, carcajadas puras que avisaron a Jouno de que podía entrar.

Jouno no hizo caso del sonrojo de Seth, ni de la mirada conocedora de Atemu. Fingió no saber que pasaba. Paso hasta donde Seth para besarle la mejilla y abrazarle, aspirando el aroma dulce de su Ada.

Por su parte, Seth que no esperaba estar mucho tiempo con Atemu dado el sitio, prefirió ser interrumpidos por sus hijos en vez de algún mensajero. Egipto estaba entrando en caos a causa de un ladrón que se autonombraba como el Rey de los bandidos, que atacaba los cargamentos en el desierto y que se atrevía incluso a surcar los barcos que flotaban en el Nilo. Con una persona tan peligrosa suelta, las demandas de aprensión no cesaban.

Menos mal que por un día, no tuvieran noticias del Kúluano. A Atemu parecía molestarle la presencia de Toozoku más que la de cualquier ladrón.

-Hoy tenemos a un nuevo consejero - Dijo Atemu. Seth parpadeo confundido. No sabia de tal cosa. - Es de la casa Ishtar. Malik Ishtar para ser precisos. Ha decidido dejar de cuidar las tumbas para venir a cuidar de los vivos. No sé que le a dado para ser el tercero en su familia de salirse de las tradiciones, pero, en fin, es bien venido.

-¿Estas remplazando a Ada? - Exclamo Jouno, eso era lo que parecía. A la mierda la diplomacia y las apariencias. Nadie era lo suficientemente bueno como para quitarle algo a Seth. - ¿Pondrás a un extraño en el consejo? Ese Malik nunca se a pasado mas de cinco minutos en palacio. Conocemos a su familia, no al hombre - Mokuba se apretó contra el cuerpo de su padre. Siempre había sido muy sensible a los cambios de humor. - Podría envenenar a Ada, o a Mokuba.

-Agradezco tu preocupación, hijo. - Jouno apretó los dientes - Malik es un doncel.

-Con mayor razón. ¿Qué hace un Doncel lejos de los templos? No te ofendas, Ada. Es difícil ver a alguien con tu talento. - Seth no supo ni que decir - No me gusta la idea de un Doncel merodeando tan cerca de ti, Faraón.

-Bueno, Seth no podrá seguir cumpliendo con sus obligaciones por mucho más tiempo.- Soltó Atemu. Seth acostumbrado a que su esposo soltara las cosas en los peores momentos, ni se alevestro.- Queríamos esperar, darles la noticia en unas semanas mientras cenábamos o desayunábamos, Seth pensó que seria mejor en una salida familiar... No hemos podido estar con ustedes por los últimos acontecimientos - Mokuba palmeo la mejilla de Atemu, dándole el soporte que su padre necesitaba. Dándole el consuelo de que él no estaba resentido.- Tendrán un hermanito. Seth pidió a los dioses por otro hijo, y lo escucharon. Egipto tendrá en unos meses más, tres príncipes que sucederán el trono.

Mokuba salto contento con la noticia.

Jouno, seguía repitiendo la misma frase en su mente. La noticia hacia eco y no encajaba en ninguna parte de sus planes o siquiera de su vida. Mokuba ya era una molestia, no imaginaba tener otra langosta exigiendo por su Ada.

Todos emocionados por la idea... Haciendo planes, Atemu decía que su hijo nacería a las patas de la grulla y de Horus, incluso planeaban los símbolos que le reconocerían grabadas en las espadas, armadura y carruaje.

Aún sin nombre, el tercer príncipe estaba haciéndose muy popular. Seth decoraba los nuevos aposentos personalmente, sacudía diariamente la arena que se filtraba por el balcón y cubría las estatuas guardianes; Mokuba llevaba sus juguetes favoritos, dándoselos con mucha antelación y se la pasaba hablando con la barriga de su Ada.; Atemu, escapaba a menudo de los concejales y de las reuniones, dejándoselas a Malik quien se quejaba de la resiente paternidad porque parecía que eso derretía los sesos de su Faraón, que prefería pasar las tardes completas sobre Seth, acariciando su prominente vientre y comiendo hojas azucaradas, patas de ternero y lo que Seth ordenara, sus antojos eran legendarios.

Jouno giraba los ojos, bufaba... Nunca escondió que no le agradaba la idea de un hermano, pero, a su manera, demostraba que estaba con su Ada. Le llevaba compresas tibias para aliviar los hinchados pies, le masajeaba el cuello y procuraba que no le faltara nada. Sus atenciones eran únicamente para su Ada, si el bulto parásito se beneficiaba por daño colateral, ni modos.

-Jouno - Llamó Honda - ¿Qué le regalaras a tu hermano? Las ofrendas comienzan a llegar. Los terratenientes y gobernantes provisionales están mostrando sus respetos con presura. Hace tres días llegó un doncel nodriza... Esclavo, claro. Un presente para tu hermano. Dicen que el príncipe tiene que aprender a mandar desde la cuna.

Honda salto, espantado por el repentino sablazo que Jouno dio contra un tronco de entrenamiento, partiéndolo en dos.

-Alguien esta irritado- Canturrio. Honda sabia que el Doncel nada tenía que ver.

-Tú eres el que esta molestándome. - Honda se hizo el desentendido. Conocedor de los celos normales de todo hermano. Normal que Jouno se sintiera amenazado. - Pensaba darle un esclavo para que lo cuidara pero me han ganado la idea.

-Es algo común. - Alzo los hombros - Puede tener más de un esclavo antes de cumplir siquiera los dos años, seguro que eso le enseña. Dos, tres o diez, nunca hay esclavos suficientes para atender a un bebé. Te lo digo por experiencia, mis hermanitas son un caso con el que no nos damos abasto.

-No es defensa de nada, Honda. Ahora tengo que buscar otro obsequio, sabes que no me gusta repetirme.- Volviendo a blandir la espada, le pido a Honda un enfrentamiento directo. No había nada mejor para calmar su ánimo. Honda era su mejor amigo, pero no por ello compartía todos sus pensamientos. No era seguro tener a alguien que te conociera. Esa fue la única lección que Atemu logro gravar a fuego en su mente.

Seth seguía comiendo sus pétalos azucarados que tanto amaba, el único lujo que se daba. El capricho que nadie le quitaba. Ahora que Atemu había sido llevado a la fuerza por Malik para atender el asunto de Tozoku que estaba haciéndose de presencia.

Seth aún no comprendía la aversión de su esposo por el autonombrado Rey Ladrón.

Observo el entrenamiento de Jouno a lo lejos. A Mokuba jugando en el pateo custodiado por su sequito de guardias obligatorio.

Tener un momento para si mismo estaba volviéndose una odisea.

Este embarazo estaba siendo agradable. Atemu no se enojaba, más bien se preocupaba pero prefería no compartir sus inquietudes con nadie más que el vino y la noche.

Se fue a dormir una siesta. Últimamente se la pasaba durmiendo.

Cuando despertó, lo hizo por el frío.

Con espanto descubrió que no se encontraba en sus aposentos, siquiera en palacio. Las murallas parecían un cementerio. El aire viciado de humedad y moho le decían que el sitio estaba cerca del Nilo y lejos del palacio.

La mordaza apretada le llenó de pavor por unos instantes, para luego obligarse a frenar su mente. Tenía que pensar una manera de escapar.

Inmediatamente pensó en Tozoku y de lo que fuera que ganaría con su secuestro. Sus manos aferradas al piso por las cadenas que avisaban de su despertar agitado por el tintinear que hacia eco, le hicieron saber que quedaba poco tiempo. Por si mismo no tenía manera de liberarse y ninguna forma de avisar a alguien. Para estas alturas su secuestro tendría que ser de dominio público.

Suponía...

Atemu había amenazado con estar hasta muy entradas las horas del día siguiente planeando cosas con Malik. Y nadie molestaba en sus aposentos a menos de que fueran llamados. Maldijo por primera vez su hostilidad para con los demás. No tenía a nadie aparte de sus hijos que se atrevían a preguntar por su ausencia.

No conocía el lugar.

Se sentó. Cuidando que su prominente vientre estuviera seguro.

Su anfitrión le dejaría solo por un par de horas. Lo haría esperar con tal de mantenerlo ansioso y crispado. Malo para él que no lo conocía de nada, de lo contrario sabría que esos juegos mentales no le afectaban más de lo necesario.

Comenzó a hacer trazos en la arena, una idea germinaba en su mente para la nueva biblioteca y quería ver como se veía antes de que abandonara su cabeza. Servia que ajustaba los detalles y mataba el tiempo sin volverse loco. Ya después la recrearía con las mejoras en papiro y tinta para que los arquitectos reales se encargaran de su construcción.

Se le fue el tiempo... Ni lo contó, sabia que ya era tarde por las cigarras y la corriente que solía cambiar de madrugada de lenta a rápida. Ventajas de conocer su reino.

-Hola, Ada.

Seth se espantó. Siquiera le escucho entrar.

Detalló la figura de Jouno cargando a Mokuba en sus hombros. Ahí con la sonrisa de costumbre parecida a la de Atemu, le saludaba, sin sorprenderle de encontrarlo cautivo. Dejó a Mokuba en el suelo, encadenado a los arneses en el piso polvoso.

Jouno fue hasta Seth, y le dio un beso en la frente.

Seth sumo dos más dos, y el resultado no le gustó. Por algo era el hombre más inteligente del imperio.

-Jouno, recapacita. Es tu hermano.

-Pasaría de cualquier manera. No puede haber dos príncipes herederos.

-El heredero eres tú. Egipto te pertenecerá. Mokuba sólo estará ahí por si hay necesidad, te servirá. Será tu concejal.

-Hasta que sus partidarios conspiren - Seth no daba crédito a lo que escuchaba. Aquella forma de pensar no era la correcta. Bueno, si, si lo era, pero no fue la que Atemu o él le inculcaran. Querían que ambos hermanos fueran unidos como lo fueron los abuelos. Era posible. Quitando las conspiraciones de los cónyuges que no comprendían la paz ni su lugar, y que siempre ambicionaban más de lo que podían masticar.- Mokuba es un estorbo.

-Es el hermano que te quiere - Subrayó, rogando por que eso funcionara.

-Es el hijo que amas - Seth vio a Jouno acercarse a Mokuba. Y sin despertarlo, extrajo de entre su ropa un frasco de barro sellado por tela. Lo abrió y sacudió lo suficiente el interior para que un escorpión gigante del desierto emergiera, Jouno le tomo de la cola, con los años de practica, no le preocupaba ser torpe como para que le picara. Seth comenzó a tirar de sus cadenas, haciendo a Mokuba tratar de despertar. - Vamos... Déjame ver cuantos piquetes puede darte Ramses antes de que mueras, Moki.

Jouno lo puso sobre las piernas desnudas por el faldín, no quería que la cosa fuera demasiado rápido, por ello se alejaba del tronco y del cuello. Azuzo a Ramses con una varita de junco. El escorpión chasqueo sus tenazas, bailando en advertencia, una y otra vez, alzando el punzón sin asestar su golpe.

Seth gritaba para que Jouno paraba, pedía por auxilio sabiendo de antemano que Jouno no era idiota y que escogió un sitio desolado, pero en su desesperación la esperanza era lo único que le quedaba.

Las sombras de las antorchas bailaban, dejando ver a Seth como Ramses encajaba su venenoso punzón en el tobillo de Mokuba, luego en la pantorrilla... Para terminar de soltar uno en la rodilla antes de saltar sobre la arena para alejarse con la buena venia de Jouno.

Mokuba despertó de inmediato con el segundo piquete. Sin lograr procesar lo que sucedía, apenas fue consiente del rostro de su hermano que evito que lanzara un grito, tenia a alguien conocido y amado con él, las cosas tenían que estar bien... Pero el tercer piquete y los gritos enloquecidos de su Ada, terminaron por quitarle la modorra.

Su hinchada pierna que reaccionaba de inmediato ante el veneno le lanzo una punzada de dolor indescriptible que le hizo ver estrellas, busco a Jouno para pedirle ayuda, pero su hermano se encontraba lejos, justo a la mitad entre su Ada y él.

¿Ada?.

-Ada - Llamó Mokuba y Seth se sintió morir. Siguió jalando sus manos, hincándose el hierro en la carne. - No me estoy sintiendo bien.

-Estarás bien - Aseguro. Tratando de calmar a Mokuba. Todavía tenia una oportunidad de salvar a su hijo - Jouno, suéltanos. No diré nada. Tenemos que llevar a Mokuba con el medico, antes de que sea tarde. Tenemos tiempo.

Jouno ignoro la cara de Mokuba que mudamente le preguntaba que pasaba. Con su escasa edad, Mokuba no era un idiota, sabía qué algo malo pasaba. Jouno señalo las cadenas de ambos y se deleito con el espanto que escurría de su hermano, la piel comenzaba a transpirar y Mokuba entraba en pánico.

Jouno se divirtió cuando su hermano salio corriendo tras su Ada, sin éxito, cayendo en el suelo cuando la cadena dio su límite. Mokuba jalaba, acelerando su respiración, haciendo que el veneno corriera libre por sus venas, destrozándole la pierna, subiendo por el muslo, deshaciéndole la carne.

Mokuba comenzó a gritar. A sufrir.

Pedía por su Ada, le rogaba porque el dolor de su pecho parará.

Seth contuvo la respiración y lloraba.

-Si no vas a dejarnos ir, hijo, por favor, te lo suplico, déjame estar con él. - Rogó. Los tres metros que los separaban eran millones de kilómetros para Seth. - ¡Es tu hermano!.

Seth podía decirle todas las razones por las que no tenia que matar a Mokuba y eso no cambiaria nada. Esa tarde que disidió sacar a su Ada a escondidas, por los laberintos que conocía que no eran del dominio público y por los pasajes de uso real, fue la firma del destino.

-¡Jouno! ¡Te lo ordeno!.

-Si tus órdenes tuvieran efecto en mí, hacia rato que no estuvieran aquí. - Le dijo Jouno.

Seth grito por la hora siguiente que Mokuba estaba en agonía, escupiendo sangre e hiperventilándoce, clavando sus dedos en la arenas, sangrándose las falanges, quitándose las uñas al arañar por algo de alivio que jamás llegaría.

A Seth se le partía el alma, lloraba por vez primera en mucho tiempo.

Su insistencia dio frutos, logro soltar una de sus manos del grillete y aún los dos metros restantes, eran monstruosos. Seth siguió tirando, lo hizo hasta que logro cinco centímetro más cuando su hombro cedió, lo mismo que el codo y la muñeca.

El chasquido le dio un vuelco al estomago a Jouno. Su Ada ni grito por las dislocaciones, demasiado concentrado en alcanzar a Mokuba que ignoraba todo a su alrededor.

-Cálmate - Ordeno Jouno a Seth.

-Mokuba, Mokuba, Mokuba. Estoy aquí. No me iré a ningún lado. Vamos, hijo, mírame, céntrate en mi. Fíjate en mi. ¡Veéme, Mokuba!. ¡No te duermas!.

-Dede - Dijo Mokuba. Le costaba respirar y se sujetaba el pecho. Comenzó a vomitar en un vano intento por aliviarse, por expulsar la toxina que le derretía la carne.- Ada... Ada.

-Mi valiente guerrero - Seth sucumbió. Ya había pasado demasiado tiempo. Mokuba no tenía mas alivio. Ni salvación. La pierna estaba completamente destruida y el estomago estaba yendo por iguales condiciones, el salpullido rojo se extendía hasta el cuello.- Mi valiente soldado... Ya regresó a mi.

Jouno les dio la espalda. Cuando su Seth se ponía melodramático por alguien más, era molesto.

Dejaría que Seth le cantara todo lo que quisiera a Mokuba.

-Mi valeroso soldado no teme al dolor, ya regreso a mí. Mi hermoso soldado siempre canta con honor, ya regreso a mí. - Mokuba se tiro tranquilamente. Tenía mucho sueño y la voz de su Ada siempre lograba acunarle. Comenzó a hacerse bolita, su boca estaba seca y ardiente pero su piel se sentía fría, tenía que acomodarse y estar calientito para dormirse. Ya mañana se sentiría mejor. Su Ada se encargaría de que así fuera - Sus plumas fueron a donde los dioses, trayendo victorias, regresando a mí.

-Benas nodhes, Ada.

Seth siguió cantando, aún cuando sintió a Mokuba dejar de respirar.

No supo hasta cuando paró... Escucho a Atemu ingresar corriendo, con la armadura puesta y la espada desenvainada.

Seth siguió cantando... Fue hasta su hijo cuando le liberaron, le abrazo junto con Atemu, ambos destrozados por ver a su hijo en tal rictus de dolor.

-Ven - Demando Atemu, separando a su esposo de su hijo. Viendo que Seth tampoco estaba en buenas condiciones - Necesitas a un medico.

-Quiero a mi hijo.

-Quien fuera pagara. Su menor preocupación será su nombre borrado a los pies de Anubis. No tendrá momificación hasta que yo no le haya juzgado - Seth le miro. Asombrado. La sentencia era justa. Atemu pedía por sangre. - Seth... Estas húmedo.

-¿Ah? - Seth miro sus piernas, mojadas, temblorosas y sucias. Su hijo se había adelantado.- Atem, no ahora. No. No con Mokuba así.

Atemu giro hasta donde el cuerpo de su hijo estaba siendo cargado por sus soldados, por los hermanos Salí que viejos seguían siendo estatuas de bronce, poderosos y peligrosos. La manita de Mokuba caía descuidadamente de entre los brazos de Mako el hermano menor Salí, mientras que Kut el hermano mayor Salí le cubría con una sábana.

A Seth podía no gustarle, pero su hijo no iba a morir porque a Seth no le parecía que naciera ahora.

Le tomo del cuello, llamando la atención de sus soldados, que fingían no alterarse por el comportamiento de su Faraón. Cualquier cosa que el Hijo de los Dioses hiciera estaba bien.

-Vas a parir ahora, Seth. No vas a matar a otro de nuestros hijos.

-Yo no le asesiné - Le escupió, arañando los brazos, buscando que le soltara. Sangrándole.

-¿Quién fue?.

-Nunca le vi el rostro. - Seth logro soltarse. Afectado por el repentino dolor de su brazo derecho. Las contracciones le tumbarían en cualquier momento.

Atemu le obligo a tomar de su pellejo. Seth ocupaba de leche de amapola ahora.

Sin discutir más, Atemu echo a Seth sobre sus brazos para llevarlo hasta su carruaje que iba a azuzar tanto como fuera necesario. Reventaría a sus caballo favoritos para salvar a Seth y a su hijo.

Falló con uno, pero no volvería a pasar.

Dejo a Seth con las comadronas y los médicos con una advertencia colgando sobre sus cabezas, si querían vivir, harían que Seth y su hijo respiraran para otro día. Mando a sacrificar a sus caballos como ofrenda de paz a Horus para pedirle por su sabiduría y que esta iluminara a sus hombres a cargo del alumbramiento. Mando a una junta urgente, los hermanos Salí acudieron como su costumbre, ambos habían pasado de ser simples guardias a consejeros confiables, Atemu no vio viable y sabio alejarlos del trono cuando sabían tanto de las movidas del palacio, algo que estaba a favor desde que se los hiciera saber.

Ambos Salí juraron servir a Atemu como lo hicieran con su padre.

Malik les recibió junto con otros sacerdotes y consejales. Pegasus que acababa de subir a su lugar en la ceremonia pasada hacia cuatro meses y Duck que era un contemporáneo de Seth, un amigo con el que estudiaba cuando niños en las mismas clases de Kisara.

-Seth se recuperara - Dijo Duck a Atemu.- Es fuerte. Siempre lo a sido.

-Me preocupa más saber quien le secuestro - Dijo Atemu.

-Es difícil saber. Si no fuera por como dice que lo encontró, Faraón, diría que su majestad decidió ir por su propio pie a escondidas. No hay testigos.

-Un sirviente mandado por el príncipe Jouno fue el que se dio cuenta de la desaparición de su majestad. - Dijo Pegasus y los hermanos Salí soltaron una carcajada. Para ellos eso había sido un movimiento torpe. De un principiante. Estaba claro que Seth sabia quien fue, pero si no decía algo, ellos no eran quien para destapar a Jouno.

Sin pruebas, levantar ese cargo contra un príncipe era sentencia de muerte segura. Y ellos amaban su cuello en su lugar. Mako odiaba la idea de colgar hasta la asfixia.

Seth no les apoyaría, así que mejor estar calladitos.

-¿Algo que compartir, Kut? - Pregunto Malik.

-Sólo tenemos que reforzar las guardias. Ya les había dicho que tienen muchos flancos flacos. El estudio suficiente y cualquiera podrá saber como moverse.

-Kut dice la verdad. El trabajo fue de un infiltrado.- Dijo Mako.

-¿Cuánto calculan sea el tiempo necesario para una tarea como esta? - Cuestiono Atemu.

-Tres semanas. - Opinaron al unísono.

-Entonces- Atemu suspiro. Sus ojos brillaban en venganza. Sus fulgores carmesí hicieron a Malik suspirar, ya que reconocía aquella muestra como el inicio de una decisión que sólo un Faraón, un Dios podría tomar - Cuelguen a todos los soldados, sirvientes, esclavos, consejeros, sacerdotes, nodrizas, arquitectos, a cualquiera que llegara a palacio en un tiempo de tres meses y si de por casualidad, no les encontráis, busquen y cuelguen a sus familias completas. Inocentes o culpables, por lo menos, nos aseguramos de que no se repita.

Pegasus se tiro en su silla, blanco por el alivio. Duck le palmeaba el hombro y le pasaba vino fresco. El susto nadie se lo quitaba.

-Te has salvado - Dijo Duck.

-Por los pelos - Atino a contestar. Su ojo brillante en oro sólo ayudaba a su apariencia demacrada - Me tardó un mes más atrasando la ceremonia de iniciación y ahora les estaría haciendo compañía a esos infelices.

Los hermanos Salí miraron asombrados a su Faraón. Aquella orden dejaba a una gran cantidad de cadáveres. Y todos inocentes.

Se miraron... "Mejor ellos que uno", pensaron.

Con la ultima palabra dicha, Atemu fue hasta donde ya sabia estaba su hijo en manos de su Ada... O brazo.

Seth tenía la culpa.

-Faraón - Saludo Seth apenas su esposo ingresara en sus aposentos. Le tendió a su hijo.- Es un Doncel.

Faraón miro a su hijo, tan pequeño. Tenía una capa de pelusita calipso coronándole. Era como un trozo del Nilo al atardecer antes de tornarse rojizo. Sus ojitos se veían de un grisáceo aguamarina que aclararían con el tiempo.

Su hijo Doncel era tan diferente de ellos.

-Noah. Su nombre es Noah, Seth.

Atemu comenzó a llorar, mientras jugaba con su recién nacido hijo. Le cargaba con cuidado y lo sacudía con esmero en el aire, luego le ponía en el lecho y seguía con sus juegos. Continuaba llorando.

-Nuestro hijo, Seth. - Lloró mientras le besaba el estomaguito a Noah. - Nuestro bebé.

Ambos reyes lloraron mientras que Noah agitaba sus bracitos.

-Mi valiente soldado, a regresado a mí. Mi soldado expulsado al País de las maravillas, a regresado a mí. Nuestro valiente soldado a regresado, Atemu.

Noah gorgoteo pidiendo por leche.

Y ambos reyes le ignoraron para seguir llorando.

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Por fin! Después de tanto tiempo, regreso con este nuevo capítulo que aunque es corto, fue echo con todo cariño. Espero que esta historia les siga gustando y les agradezco sus comentarios.

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