CAPITULO 6: EL SOLDADO PERFECTO, ES VALIENTE.
Treize llevaba diez minutos tratando de calmar a Heero.
Hoy, el dentista le jalaría un diente que estaba dolorosamente atascado con un pedazo de papa frita y otro molar, haciendo imposible que se cayera con normalidad o siquiera sin dolor, pero Heero, seguía calibrando que era lo que prefería... No le gustaba la presión en su boca, era fea e imposible de ignorar pero tampoco quería que un extraño le metiera mano a su perfecta y adolorida boca.
-¿Al menos sabes quién es? - Volvió a hostigar Heero.
Treize se preguntaba en qué momento su hijo se había vuelto tan paranoico.
-Tanto como conocerlo, no, pero Wu Fei me lo ha recomendado. Dice que es quien le arregla cualquier problema. Que lo ha hecho desde uno de los torneos en el que le rompieron los dientes de una patada. - Heero arqueo una ceja - Lo sé, si no lo dice, no hay forma de saber que sus blancos dientes fueron arreglados constantemente.
-Eso explica cómo Wu Fei recupero el diente que le boté a mis cinco años.
-Si... El dentista también a arreglado tus destrozos, Heero, así que no creo que un diente atascado por romper las reglas de la casa, antes de la cena - Heero tuvo la decencia de sonrojarse - sea un problema para él.
-Pues no me gusta. No creo que sea buena idea.
Treize había lidiado con Heero en el desayuno, en el auto, en la sala de espera e incluso, a segundos de sentarse en la silla reclinable.
-No dolerá - Aseguro Quatre Raberba Winner, el doctor que se convertiría en el odontólogo de cabecera de Heero a partir de ahora - Lo prometo.
Heero le miro con desconfianza apenas le viera... Su doctor era rubio y los rubios eran tontos... Sólo se debía de ver a la porrista de Glee o a Elle Wood, la abogada rubia.
Heero se tensó al volver a recalcar en el cabello rubio canario de su doctor, los rubios eran sicóticos oprimidos, sólo se tenía que ver a Carrey.
Heero casi dio un bote en su sitio cuando Quatre le sonrió... Los rubios no eran buenas personas, bueno, en realidad, sólo no tenía en buen concepto a los rubios... Eran débiles de palabra (Milliardo) o infieles zorras (Relena)... Definitivamente no había tenido buenos contactos rubios...
-No... ¡Me voy! - Dijo Heero - Se caerá solo.
-Voy a inclinarte para que te recuestes - Le dijo Quatre, un poco acostumbrado a los terrores que provocaba la primera cita en pequeños niños. Además, Wu Fei, le puso sobre aviso de lo impredecible y en ocasiones violento que Heero se comportaba. - Ahora que ya estas - Quatre volvió a empujar a Heero para que se acostara, forzándolo en el proceso - Abre grande la boca para que pueda hacer mi trabajo.
-No - Y apretó con fuerza sus labios.
Peores niños he atendido, pensó Quatre.
-Heero, voy a darte un premio si me haces caso.
-No puedo ser sobornado.
Ni quien pensara en el soborno.
Quatre admitió que ocuparía ser duro con Heero.
Heero se asustó al sentir los dedos de Quatre tapándole la nariz y paso al pánico cuando se rio. ¡El maldito medico estaba atacándolo!
Trato de soltarse pero Quatre no dejaba que respirara, en un intento por hacerlo, Heero separo sus labios, agarro aire y la mano de Quatre se coló cual vil bandida.
-¡Listo! - Dijo Quatre mas que feliz por tener el blanco molar entre el algodón y sus falanges.
Heero apenas creía el estar vivo tras "eso".
-Verdad que no dolió - Dijo Quatre sin pena. Esa no era una pregunta se dijo Heero, aunque pretendía ser una. - Ahora procura no comer tantos churros, Heero.
-Ajá...- Heero seguía hiperventilando.
¡Vamos, que no todos los días un rubio doctor te atacaba!
-Hay que limpiarlo, Heero, o el ratón de los dientes no te traerá dinero.
-¿Eso es sangre? - Pregunto señalando el pequeño molar salpicado de rojo... Siquiera se había dado cuenta del listoncito que escurría de su boca.
-Solo un poquito - Minimizo Quatre... Wu Fei le había dicho que Heero era un niño fuerte y que pretendía ser soldado. Así que no existía problema alguno.- Sangraste lo normal, Heero.
Heero vio entonces la gotita roja que estaba en sus pantaloncillos y vio blanco.
Treize entonces entro, llamado por la curiosidad de escuchar a Quatre reírse histéricamente y abiertamente. Se le notaba más que divertido.
Lo primeo que vio, fue a Heero tendido.
-¿Heero? - Le llamó Treize sin tener repuesta - ¿Usaste anestesia, Quatre? - Retomo Treize más que extrañado.
-Heero no soporta la sangre, Treize. - Le dijo Quatre, entregándole el dientecito dentro de una cajita azul que decía "Diente = Dinero" - Fue mucho para el día de hoy.
-Algún día tendrá que hacerlo, Quatre, algún día tendrá razones muy buenas para querer enfermase con solo olerla o verla. Se acostumbrara a ella, tanto que llegara a odiarla, será un soldado perfecto, así que aprenderá a ser valiente, no se nace siéndolo.
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Gracias por leer.
