Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.

La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.


Capítulo 1

Clavaba las uñas en la grisácea niebla que la envolvía.

Tenía que existir un claro, se decía intentando tranquilizarse, a pesar de que no consiguiera verlo. Por un instante, pensó que alcanzarlo no valía el esfuerzo, pero algo a su espalda resultaba tan aterrador que la obligaba a seguir adelante.

Se hallaba impregnada de dolor. Cada vez con mayor frecuencia surgía de un bendito olvido para caer en una consciencia acompañada de un dolor tan intenso, tan envolvente que era incapaz de localizarlo. Estaba en todas partes; en su interior, en la superficie. El dolor alcanzaba todos los rincones de su cuerpo. Luego, justo cuando creía que ya no podía aguantarlo un instante más, se sentía invadida por un cálido entumecimiento, un elixir mágico que corría por sus venas. Poco después, la tan deseada inconsciencia volvía a envolverla de nuevo.

Los momentos de consciencia fueron incrementándose. A pesar de su estado, le llegaban sonidos amortiguados. Tras una gran concentración empezó a identificarlos: el incesante silbido de un respirador, el pitido constante de las máquinas electrónicas, el sonido chirriante de suelas de goma sobre un piso de baldosas, el repiquetear de teléfonos.

En una ocasión en que recobró la consciencia, pudo discernir retazos de una callada conversación en algún lugar cercano a ella.

-... una suerte increíble... con todo ese combustible que le ha caído encima... quemaduras, pero son en su mayor parte superficiales. -¿Cuánto tiempo... en responder?

-... paciencia... un trauma como éste daña más... el cuerpo.

¿Qué... aspecto cuando... se haya acabado? …cirujano mañana. Él... hablará con usted. -¿Cuándo?

-... fuera de peligro... infección. -¿Qué... efectos sobre el feto?

-¿Feto? Su mujer no estaba embarazada.

Las palabras no tenían ningún sentido. Caían sobre ella como meteoros lanzados de un vacío oscuro. Quería esquivarlas, porque se inmiscuían en su pacífica inconsciencia. Ansiaba la felicidad de no sentir ni saber absolutamente nada., de modo que desconectó las voces y se hundió de nuevo en las suaves almohadas del olvido.

-¿Señora Cullen? ¿Puede oírme?

Sin darse cuenta contestó, y su herido pecho emitió un suave quejido. Intentó abrir los párpados, pero no pudo lograrlo. Notó que uno de ellos se lo levantaban a la fuerza y un rayo de luz le perforó dolorosamente el cerebro. Finalmente se apagó la odiosa luz.

-Está recuperando el conocimiento. Llame inmediatamente a su marido -dijo la voz incorpórea.

Intentó volver la cabeza en dirección a las palabras, pero le resultó imposible moverse.

-¿Tiene a mano el número de teléfono del hotel?

-Sí, doctor. El señor Cullen nos lo dio a todos por si recuperaba el conocimiento durante su ausencia.

Se evaporaron los rezagados zarcillos de la neblina gris. Palabras que anteriormente era incapaz de descifrar formaban ahora definiciones reconocibles en el cerebro. Comprendía las palabras y, sin embargo, no tenían ningún sentido.

-Sé que se siente extremadamente incómoda, señora Cullen. Estamos haciendo todo lo posible para aliviarla. No podrá hablar, de modo que no lo intente. Relájese. Su familia llegará enseguida.

El pulso rápido le retumbaba en la cabeza. Quería respirar, pero no podía. Una máquina lo hacía por ella; a través de un tubo conectado a su boca, le bombeaban aire directamente a los pulmones.

A modo de experimento intentó de nuevo abrir los ojos. Consiguió abrir uno parcialmente y, por la rendija, pudo discernir una luz borrosa. Le hacía daño enfocar, pero se concentró en la tarea hasta que ciertas siluetas indistintas empezaron a cobrar forma.

Sí, se encontraba en un hospital. Eso lo había comprendido. ¿Pero cómo? ¿Por qué? Tenía algo que ver con la pesadilla que había dejado atrás en la niebla. No quería recordarlo, de modo que lo olvidó y se puso a pensar en el presente.

Estaba inmovilizada. No podía mover ni los brazos ni las piernas por mucho que lo intentara. Tampoco la cabeza. Se sentía como encerrada en un capullo rígido. La parálisis la aterrorizó. ¿Sería permanente?

El corazón empezó a latirle con furia. Casi inmediatamente una presencia se materializó a su lado.

-Señora Cullen, no tiene nada que temer. Se pondrá bien.

-Tiene el pulso demasiado rápido -comentó una segunda presencia desde el otro lado de la cama.

-Creo que simplemente tiene miedo. -Pudo reconocer la primera voz-. Está desorientada; no tiene ni idea de lo que es todo esto.

Una silueta vestida de blanco se inclinó sobre ella.

-Todo irá bien. Hemos llamado al señor Cullen y está en camino. Se alegrará de verlo, ¿verdad? Está muy contento de que usted haya recuperado el conocimiento.

-Pobre. ¿Te imaginas despertarte y tener que enfrentarte a algo así?

-No puedo imaginarme lo que se debe sentir al sobrevivir a un accidente de avión.

Un chillido mudo le resonó con fuerza en el cerebro. ¡Se acordaba!

Sonidos metálicos. Gente gritando. Humo, denso y negro. A continuación, llamas y terror absoluto.

De un modo automático había llevado a cabo las instrucciones de emergencia repetidas por cientos de azafatas en otros tantos vuelos. Una vez hubo sorteado el fuselaje en llamas, empezó a correr ciegamente a través de un mundo bañado en sangre roja y humo negro. A pesar de que la carrera le resultaba agonizante, lo hizo agarrando...

¿Agarrando qué? Recordaba que era algo importante, algo que tenía que salvar.

Recordaba haber caído. Mientras caía echó lo que entonces creyó ser su última mirada al mundo. Ni siquiera sintió dolor al chocar contra el duro suelo. Para entonces se encontraba envuelta ya en la inconsciencia que hasta el momento la había protegido de la angustia de recordar.

-¡Doctor! -¿Qué ocurre? -Se le ha disparado el pulso.

-De acuerdo, vamos a bajárselo un poco. Señora Cullen -dijo el doctor imperativamente-, tranquilícese. Todo irá bien. No tiene que preocuparse por nada.

-Doctor, acaba de llegar el señor Cullen.

-Dígale que espere fuera hasta que la hayamos estabilizado. -¿Qué ocurre?

La nueva voz parecía llegar- desde una distancia de varios kilómetros, aunque el tono era autoritario.

-Señor Cullen, por favor, espere...

-¿Jessica?

De pronto ella fue consciente de su presencia. Estaba muy cerca, inclinado sobre la cama; y habló con tono tranquilizador: -Te pondrás bien. Ya sé que estás asustada y preocupada, pero te pondrás bien. Y Nessie también, gracias a Dios. Tiene algunos huesos rotos y quemaduras superficiales en los brazos. Mamá está en el hospital con ella. Se pondrá bien. ¿Me oyes, Jessica? Tú y Nessie han sobrevivido, y eso es lo que importa ahora.

Una fuerte luz fluorescente resplandecía directamente detrás de la cabeza del hombre, de modo que sus rasgos quedaban desdibujados; pero pudo discernir suficientes elementos para hacerse una vaga idea del aspecto que tenía. Se aferró a cada una de esas reconfortantes palabras y, porque estaban pronunciadas con tanta convicción, se las creyó.

Levantó la mano o, mejor dicho, lo intentó. Él debió de intuir su silenciosa petición de contacto humano porque colocó la mano ligeramente sobre su hombro.

Como consecuencia del contacto, su ansiedad empezó a disiparse, o quizá se debiera al fuerte sedante que le habían inyectado. Se dejó engañar, sintiéndose de alguna manera más segura al tener a aquel desconocido de voz potente a su lado, a su alcance.

-Se está durmiendo. Puede marcharse ya, señor Cullen.

- Me quedo.

Ella cerró el ojo, haciendo desaparecer la desdibujada silueta. La droga era seductora. La mecía suavemente, como un pequeño barco al viraje en una bahía segura.

¿Y quién sería Nessie?, se preguntó.

¿Se suponía que ella debía conocer a este hombre que la llamaba Jessica?

¿Y por qué todo el mundo la llamaba continuamente señora Cullen?

¿Pensaban que estaba casada con él? Estaban equivocados, por supuesto. No lo conocía de nada.

El hombre seguía allí cuando se despertó de nuevo. Por lo que sabía ella, podrían haber transcurrido minutos, horas o días. Dado que el tiempo no tenía ninguna relevancia en una unidad de cuidados intensivos, su desorientación había ido en aumento.

En el momento en que abrió el ojo, él se inclinó y dijo: -¡Hola!

Resultaba enervante no poder verlo con claridad. Sólo conseguía abrir un ojo. Se dio cuenta de que tenía la cabeza totalmente vendada, ésa era la causa de su inmovilidad. Tal como le avisó el médico, no podía hablar. La parte inferior de la cara parecía haberse solidificado.

-¿Me entiendes, Jessica? ¿Sabes dónde estás? Parpadea si me entiendes.

Parpadeó.

-¿Recuerdas haber embarcado en el avión, Fue anteayer. Nessie y tú iban de compras un par de días a Alaska. ¿Recuerdas el accidente?

Intentó desesperadamente transmitirle que ella ni se llamaba Jessica ni sabía quién era Nessie, pero parpadeó a modo de respuesta a la pregunta acerca del accidente.

-Sólo hubo catorce sobrevivientes.

No se percató de que le salían lágrimas del ojo hasta que él utilizó un pañuelo de papel para secárselas. El tacto era suave para un hombre con manos de aspecto tan fuerte.

-De alguna manera, Dios sabe cómo, pudiste escapar del aparato en llamas con Nessie. ¿Te acuerdas de eso?

No parpadeó.

-Bueno, no tiene importancia. Fuera como fuese, le salvaste la vida. Está preocupada y asustada, claro. Me temo que sus heridas son más emocionales que físicas y, por lo tanto, más difíciles de tratar. Ya le han escayolado el brazo roto. No tiene ninguna lesión grave. Ni siquiera necesitará un injerto de piel para las quemaduras. -La miró de forma penetrante-. Tú la protegiste con tu propio cuerpo.

No comprendió esa mirada, pero era casi como si aquel hombre dudara de los hechos tal como los conocía. Fue él quien apartó la vista para continuar con su explicación.

-La Junta de Seguridad en el Transporte está investigando. Han encontrado la caja negra. Todo parecía normal y, entonces, explotó uno de los motores. Eso hizo que se incendiara el carburante. El avión se convirtió en una bola de fuego. Pero, antes de que el fuselaje estuviera completamente en llamas, conseguiste salir por una puerta. de emergencia hasta el ala, y, te llevaste a Nessie contigo. Uno de los otros sobrevivientes dice que te vio forcejeando para desabrocharle el cinturón. Asegura que los tres llegaron hasta la salida de emergencia a través del humo. Tu rostro estaba ya cubierto de sangre, de modo que te debiste de herir al hacer impacto el avión.

No recordaba ninguno de esos detalles. Todo lo que le venía a la mente era el terror de pensar que iba a morir sofocada por inhalación de humos, si no moría achicharrada. El hombre la alababa por su valentía durante el desastre, cuando su único mérito fue reaccionar como cualquier otro ser humano, utilizando el instinto de supervivencia.

Quizá los recuerdos de la tragedia irían apareciendo gradualmente. Quizá eso no ocurriría nunca. No estaba segura de querer recordar. Revivir aquellos terribles minutos posteriores al accidente sería como volver a pasar por el infierno.

Si sólo sobrevivieron catorce pasajeros, entonces murieron un montón. El hecho de haber salido con vida la dejaba perpleja. Por puro azar del destino había sobrevivido, y nunca llegaría a saber por qué.

Se le nubló la vista y de nuevo se dio cuenta de que estaba llorando. -Sin mediar palabra, él volvió a secarle el ojo abierto. -Te hicieron la prueba de gases en la sangre y decidieron aplicarte respiración asistida. Sufres una pequeña conmoción cerebral, pero nada serio. Y te rompiste la tibia derecha al saltar del ala del avión. Tienes las manos vendadas a causa de las quemaduras. De todas formas, has de agradecerle a Dios que todas tus heridas, a excepción de la inhalación de humo, sean externas. Ya sé que estás preocupada por tu cara -añadió con cierta intranquilidad-. No te voy a mentir, Jessica. Ya sé que no quieres que lo haga.

Ella parpadeó. Él hizo una pausa, mirándola con inquietud. -Tu rostro resultó seriamente dañado. He contratado al mejor especialista en cirugía plástica de todo el Estado. Se dedica a la cirugía reconstructiva de víctimas de accidentes como el tuyo.

Su ojo parpadeó furiosamente, no por asentimiento, sino por la angustia. Se imponía su vanidad femenina, a pesar de encontrarse postrada en una unidad de cuidados intensivos, agradeciendo el hecho de estar viva. Quería saber hasta qué punto había quedado desfigurado su rostro. Lo de cirugía reconstructiva parecía un mal presagio.

Te rompiste la nariz y te fracturaste un pómulo. El otro pómulo quedó pulverizado. Por eso llevas un ojo vendado, no tiene dónde apoyarse.

Emitió un pequeño sonido de puro terror.

-No, no has perdido el ojo. Eso es una suerte. Hay también una fractura de maxilar. Pero este cirujano podrá reconstruirlo todo. Te volverá a crecer el pelo y te harán una implantación dental que parecerán tus propios dientes.

No tenía ni dentadura ni cabello.

-Le hemos dado fotografías tuyas, fotos recientes tomadas desde todos los ángulos. Para reconstruir tus rasgos a la perfección. Las quemaduras de la cara afectaron sólo las capas superficiales de la epidermis, de modo que no necesitarás injertos. Cuando te caiga la piel, será como quitarse diez años de encima, ha dicho el médico. Supongo que eso te alegrará.

Las sutiles inflexiones del discurso le pasaron casi desapercibidas, y se concentró en cambio en las palabras claves. El mensaje que recibía con toda claridad era que, bajo todos aquellos vendajes, parecía un monstruo.

La invadió el pánico. El hombre se debió de dar cuenta, porque de nuevo le puso la mano sobre el hombro.

-Jessica, no he querido explicarte todo esto para alarmarte. Sé que es un tema que te preocupa. Pensé que sería mejor ser franco y honesto a fin de que pudieras prepararte mentalmente para los sufrimientos que te esperan. No será fácil, pero toda la familia te apoya al cien por cien. -Hizo una pausa y bajó el tono de voz-: De momento dejaré de lado todas mis consideraciones personales y voy a concentrarme en tu recuperación. Me quedaré a tu lado hasta que estés completamente satisfecha de los resultados del cirujano. Te lo prometo. Te lo debo por haber salvado la vida de Nessie.

Intentó hacer un gesto negativo con la cabeza, pero le resultó imposible. No podía moverse. Y esforzarse en hablar con el tubo en la garganta le producía un dolor terrible en el esófago, químicamente abrasado.

Su frustración fue en aumento hasta que entró una enfermera y le ordenó al hombre que se marchara. Cuando le retiró la mano del hombro, se sintió perdida y sola.

La enfermera le administró una dosis de narcótico. Lo sintió extenderse por sus venas e intentó combatir los efectos anestésicos pero resultó ser más fuerte que ella, así que no tuvo más remedio que sucumbir.

-Jessica, ¿puedes oírme?

Al despertar, gimió lastimeramente. La medicación le hacía sentirse pesada e insensible, como si las únicas células vivientes de todo su cuerpo residieran en el cerebro y el resto del cuerpo estuviera muerto.

-¿Jessica? -susurró la voz, muy cerca de su oreja vendada. No era el hombre llamado Cullen; hubiera reconocido la voz. No recordaba si él se había marchado. No sabía quién le hablaba ahora. Quería apartarse de esa voz: No era tranquilizante como la del señor Cullen.

-Todavía estás en muy malas condiciones y puede que aún estires la pata. Pero, si te parece que vas a morir, no hagas ninguna confesión de última hora, ni siquiera aunque puedas hacerla.

Se preguntó si estaría soñando. Asustada, abrió el ojo. Como de costumbre, la habitación estaba bien iluminada. La mascarilla de oxígeno siseaba rítmicamente. La persona que le hablaba permanecía fuera de su visión periférica. Sentía su presencia, pero no podía verla.

-Seguimos en esto juntos, los dos. Y tú estás demasiado metida como para salirte ahora, o sea que será mejor que ni lo consideres.

Intentó en vano aclararse las ideas y no desorientarse. La persona seguía siendo sólo una presencia informe e indistinguible, una voz incorpórea y siniestra.

-Edward no vivirá para ocupar el cargo. Este accidente de avión ha sido un inconveniente, pero podemos aprovecharnos de la situación si a ti no te entra el pánico. ¿Me oyes? Si sales de ésta, seguiremos donde lo dejamos. Nunca habrá un senador Edward Cullen. Morirá antes.

Cerró el ojo con fuerza en un intento de hacer desaparecer el pánico que la estaba invadiendo.

-Sé que puedes oírme, Jessica. No finjas.

Al cabo de unos segundos volvió a abrir el ojo y miró hacia atrás tanto como pudo. Seguía sin ver a nadie, pero tuvo la sensación de que el visitante se había marchado.

Pasaron varios segundos más, medidos por el enervante ciclo del respirador. Flotaba entre el sueño y la lucidez, intentando con valentía evitar los efectos de las drogas, el pánico y la desorientación inherente a la unidad de cuidados intensivos.

Poco después llegó una enfermera, comprobó el suero y le tomó la presión. Se comportó de forma rutinaria. Seguro que si hubiese alguien en la habitación o hubiera estado alguien recientemente, la enfermera habría hecho algún comentario. Satisfecha con el estado de la paciente, se marchó.

Para cuando volvió a dormirse, había llegado a convencerse a sí misma de que se trataba tan sólo de una pesadilla.


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Agradezco a quienes me leen enormemente, eh contestado todos los Review, pero de verdad me han hecho tan feliz con esta adaptación que no podia dejar de agradecerles nuevamente!

凸(^_^)凸

Espero leerlas pronto, ya tengo adaptado el 2° capitulo.

No tengo un dia determinado para actualizar, así que

actualizo si alguien me lee, ¿De acuerdo?

๑۩۞۩๑

#Andre!#