Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
Capítulo 4
Cuando Bella se despertó, ya sabía quién era.
En ningún momento lo había olvidado por completo. Simplemente, la medicación, junto con la conmoción cerebral, la habían dejado confusa. El día anterior - o al menos pensaba que debía de ser así, ya que todos aquellos que entraban dentro de su campo de visión la saludaban con un «"Buenos días"» - se encontraba desorientada, cosa totalmente comprensible. Despertarse después de estar en coma durante varios días y ver que no te puedes mover, hablar, ni ver más allá de un cierto límite confundiría a cualquiera. Casi nunca estaba enferma, por lo menos seriamente, de modo que aquella situación resultaba terrible.
La unidad de cuidados intensivos, con las constantes luces y la actividad, era suficiente como para interferir en el proceso mental. Pero lo que realmente asombraba a Bella era que todos se dirigían a ella de forma incorrecta. ¿Cómo podían haberla confundido con una mujer llamada Jessica Cullen? Incluso el señor Cullen parecía estar convencido de hablar con su mujer.
De alguna manera tenía que comunicarles el error. Pero no sabía cómo hacerlo, y esto la atemorizaba.
Ella se llamaba Isabella Swan. Estaba claramente escrito en su carnet de conducir, en el carnet de prensa y en todas las demás tarjetas de identificación que había en su cartera. Seguramente habían quedado todas destruidas por el incendio, pensó.
Los recuerdos del accidente todavía tendían a producirle pánico, de modo que, con determinación, los apartó con la intención de resolverlos más adelante, cuando hubiera recuperado las fuerzas y se hubiera deshecho el recuerdo.
¿Dónde estaría Harry? ¿Por qué no iba a rescatarla?
La respuesta obvia la sorprendió de pronto. Todo su cuerpo reaccionó como si hubiera recibido una corriente eléctrica. Era impensable, insostenible, pero totalmente evidente. Si la habían confundido con una tal señora Cullen y se suponía que la señora Cullen estaba viva, entonces todos creían que Isabella Swan había muerto.
Se imaginó la angustia de Harry. Su «muerte» le habría resultado un duro golpe. De momento, sin embargo, no podía hacer nada para aliviarle el sufrimiento. ¡No! Mientras estuviera viva, había esperanza. Tenía que pensar. Tenía que concentrarse.
-Buenos días.
Reconoció la voz inmediatamente. Seguramente debía de haber bajado un poco la hinchazón del ojo porque lo veía ahora bastante más claro. Sus rasgos, hasta entonces borrosos, aparecían nítidos.
Las pobladas y bien formadas cejas casi se unían sobre una nariz larga y recta. La mandíbula y la barbilla eran fuertes y tenaces, sin ser agresivas, a pesar de la hendidura vertical de la segunda. Los labios, firmes, amplios y delgados; el inferior, un poco más lleno que el superior.
Se fijó en que sonreía, pero no con los ojos. En realidad, no sonreía sinceramente. No le salía del alma. Bella se preguntó por qué.
-Me han dicho que has pasado una buena noche. No hay señal de infección pulmonar. Son noticias estupendas.
Conocía ese rostro, esa voz. Pero no del día anterior, sino de antes. No conseguía recordar dónde había conocido a ese hombre.
-Mamá ha salido de la habitación de Nessie el tiempo suficiente como para venir a saludarte. -Volvió la cabeza e hizo una señal para que alguien se acercara-. Tienes que ponerte aquí, mamá, ya que, si no, no te verá.
Un rostro de mediana edad y excepcionalmente bonito se materializó delante de Bella. El suave cabello de la mujer tenía una bonita mecha castaña que se apartaba de la frente lisa en una onda.
-Hola, Jessica. Estamos todos muy aliviados de que las cosas vayan tan bien. Edward me ha dicho que los médicos están muy contentos con tu progreso.
¡Edward Cullen! ¡Por supuesto!
-Háblale de Nessie, mamá.
Obedientemente, una desconocida informó sobre otra desconocida:
-Se ha comido la mayor parte del desayuno esta mañana. Anoche la sedaron para que durmiera un poco mejor. La escayola del brazo le molesta, pero eso es natural, supongo. Es la mimada de la planta de pediatría y tiene encantada a todas las enfermeras. -Los ojos se le llenaron de lágrimas y se las secó con un pañuelo de papel-. Cuando pienso lo que...
Edward Cullen pasó el brazo por los hombros de su madre. -Pero no ocurrió. Gracias a Dios que no ocurrió.
Bella se dio cuenta de pronto de que debía de ser Nessie Cullen la niña que sacó del avión. Recordó haber oído los gritos de la niña y el intento frenético de quitarle el cinturón de seguridad. Una vez que la hubo liberado, agarró a la aterrorizada pequeña, con la ayuda de otro pasajero, y atravesó el denso humo, un humo terrible, hasta la salida de emergencia.
Porque llevaba a la niña habían supuesto que era la señora Jessica Cullen. Pero eso no era todo: ellas se habían intercambiado el asiento también.
Torpemente, volvió a reconstruir, repasando los verdaderos acontecimientos, todo lo ocurrido. Recordó que en su tarjeta de embarque se le había asignado un asiento de ventanilla, pero otra mujer estaba allí sentada. No dijo nada, y se limitó a ocupar el asiento del pasillo. La niña iba sentada entre las dos.
La mujer llevaba una melena oscura hasta los hombros, de forma bastante parecida a como la llevaba Isabella. Sus ojos también eran oscuros. Se parecían bastante. De hecho, la azafata, que le prestó una gran atención a la niña, preguntó quién era la madre y quién la tía, dando a entender que Bella y Jessica Cullen parecían hermanas.
El rostro le había quedado totalmente irreconocible, igual que el de la señora Cullen, a causa de las llamas. Se habían equivocado al identificarla basándose en la niña y en el cambio de asientos. ¡Santo cielo, tenía que decirlo!
-Será mejor que vuelvas antes de que Nessie se ponga nerviosa, mamá -estaba diciendo Edward-. Dile que iré enseguida.
-Hasta luego, Jessica -se despidió la mujer-. Estoy segura de que, cuando haya acabado contigo el doctor Sawyer, estarás tan guapa como siempre.
«Sus ojos tampoco sonríen», pensó Bella, mientras la mujer se alejaba.
-Antes de que me olvide -dijo Edward, acercándose más a la cama para que ella pudiera verlo-. Jasper, papá y Emmett te mandan recuerdos. Creo que papá va a asistir a la reunión que tendremos con el cirujano esta tarde, de modo que podrás verlo. Emmett regresó a casa esta mañana -continuó, sin saber que no hablaba con su mujer-. Estoy seguro de que está preocupado por Rosalie. Dios sabe lo que estará haciendo Alice sin que nadie la vigile, aunque Jasper la tiene trabajando de voluntaria en la central. Ninguno de ellos podrá visitarte hasta que no te trasladen a una habitación privada, pero no creo que los eches mucho de menos, ¿verdad?
Daba por supuesto que ella sabía a quién y a qué se refería. ¿Cómo podía darle a entender que no tenía la más remota idea? Esas personas eran desconocidas. Sus idas y vueltas no eran en absoluto de su incumbencia. Tenía que ponerse en contacto con Harry. Había que decirle a este hombre que era viudo.
-Escucha, Jessica, por lo que se refiere a la campaña... -Por el movimiento de sus hombros, Bella pensó que seguramente el hombre había metido las manos en los bolsillos. Edward inclinó la cabezá un momento, descansando la barbilla sobre el pecho antes de volver a mirarla-. Voy a seguir adelante tal como estaba planeado. Papá, Emmett, y Jasper están de acuerdo. Han prometido brindarme todo su apoyo. Antes iba a ser una lucha dura, pero nada que me asustara. Ahora, con esto, va a resultar todavía más difícil. No obstante, estoy comprometido.
Edward Cullen había salido en las noticias en los últimos tiempos. Por eso el nombre y el rostro le resultaban familiares, a pesar de que no lo conocía personalmente. Esperaba ganar las primarias en mayo y enfrentarse después a un senador en ejercicio en las elecciones de noviembre.
-No eludiré mis responsabilidades hacia ti y hacia Nessie mientras se estén recuperando, pero llegar al Congreso es para lo que me he estado preparando durante toda mi vida. No quiero esperar otros seis años para presentarme, o perderé el impulso que he adquirido. Necesito hacerlo ahora. -Después de consultar su reloj de pulsera, dijo- Será mejor que vuelva con Nessie. Prometí darle el helado. Como tiene los brazos escayolados y todo, bueno... -agregó, mirando los brazos vendados de Isabella sobre las tablillas-, ya entiendes. El psicólogo ha tenido la primera sesión con ella esta mañana. No hay nada de qué preocuparse -añadió rápidamente-. Es más una precaución que otra cosa. No quiero que se quede traumatizada para siempre. -Hizo una pausa, mirándola de forma significativa-. Por eso no creo que deba verte ahora. Ya sé que parece cruel lo que digo, pero estas vendas le pegarían un susto mortal, Jessica. Una vez que el cirujano te reconstruya la cara y vuelvas a parecerte a ti misma, la traeré para que te haga unas visitas cortas. Además, estoy seguro de que no te sientes con ánimos de verla en estos momentos.
Bella se esforzó en hablar, pero en la boca tenía el tubo del respirador. Había oído a una enfermera decir que la inhalación de humo le había dejado las cuerdas vocales provisionalmente inoperantes. De todas formas, tampoco podía mover la mandíbula. Parpadeó con fuerza para transmitir su angustia.
Interpretando erróneamente la razón de su parpadeo, él le puso una mano consoladora sobre el hombro.
-Te prometo que sólo estarás desfigurada temporalmente, Jessica. El doctor Sawyer dice que a nosotros nos parece mucho peor de lo que es en realidad. Vendrá a visitarte más tarde y te explicará todos los pormenores. Sabe qué aspecto tenías antes y garantiza que estarás igual cuando él acabe.
Intentó negar con la cabeza. Lágrimas de pánico y miedo le inundaron el ojo. Entró una enfermera y apartó a Edward.
-Creo que será mejor que la deje descansar ahora, señor Cullen. Tengo que cambiarle las vendas.
-Estaré con mi hija.
-Lo llamaremos si hace falta -le indicó la enfermera con amabilidad-. Ah, y, antes de que se me olvide, llamaron de abajo para recordarle que las joyas de la señora Cullen están en la caja fuerte del hospital. Se las quitaron cuando llegó a urgencias.
-Gracias. Iré a buscarlas más tarde.
«¡Ahora! Ve ahora!», gritó la mente de Bella. No estarían las joyas de Jessica Cullen en la caja fuerte del hospital, sino las suyas. En cuanto las vieran, se darían cuenta del terrible error que se había cometido. Resultaría un duro golpe para él, pero sería mejor que descubriera el error ahora y no más adelante. Ella lamentaría la trágica pérdida de los Cullen, pero Harry saltaría de alegría. El querido Harry. Terminaría todo su dolor.
Y ¿qué pasaría si el señor Cullen no recuperaba las joyas antes de que el cirujano empezara a transformar su cara en la de Jessica Cullen?
Ése fue su último pensamiento consciente antes de caer de nuevo en las garras de la medicación.
«Edward no vivirá para ocupar el cargo.»
Estaba de nuevo reviviendo la pesadilla. Intentó desesperadamente apartarla de su mente. No podía verlo, pero presentía su siniestra presencia merodeando por allí, justo fuera de su campo de visión. Su aliento se dispersaba por encima del ojo al descubierto. Era como ser provocado en la oscuridad con un velo transparente: sin ver, pero sintiendo, de un modo fantasmagórico.
«No existirá nunca un senador Edward Cullen. Edward no vivirá. El senador Edward Cullen morirá antes. Nunca habrá... No vivirá...» Se despertó gritando. Fue un grito silencioso, por supuesto, pero le reverberó por todo el cráneo. Abrió el ojo y reconoció las luces, el olor a antiséptico que asociaba con los hospitales, el sonido del respirador. Había estado durmiendo, de modo que esta vez sí fue una pesadilla.
Pero la noche anterior ocurrió de verdad. ¡El día anterior por la noche ni siquiera sabía el nombre de pila del señor Cullen! No podía haberlo soñado si no lo sabía, pero recordaba con claridad haber oído aquella voz amenazadora y llena de odio susurrándole en el oído.
¿Estaba su mente jugando con ella, o corría Edward Cullen un verdadero peligro? Seguro que su pánico era prematuro. Al fin y al cabo, estaba fuertemente sedada y desorientada. Quizá la cronología de los hechos no era correcta. ¿Se estaría equivocando? ¿Quién podría querer verlo muerto?
¡Dios, resultaban unas preguntas difíciles! Tenía que descubrir las respuestas. Pero sus poderes de deducción racional parecían haberla abandonado, junto con otras facultades. No podía pensar con lógica.
La amenaza a la vida de Edward Cullen tenía unas enormes y amplias ramificaciones, pero se sentía totalmente impotente. Estaba demasiado desorientada como para formular una explicación o una solución. Su mente trabajaba perezosamente. No quería, no podía funcionar bien, a pesar de que corría peligro la vida de un hombre. Bella casi se ofendió por esta intrusión en su propio problema. ¿No tenía ya suficientes quebraderos de cabeza para tener que preocuparse por la seguridad de un candidato al Senado?
Estaba incapacitada para hacer ningún movimiento, aunque por dentro sentía una terrible frustración. Resultaba fatigante. Finalmente no pudo competir con el vacío que permanecía a los bordes de su conciencia. Intentó superarlo, pero acabó rindiéndose y de nuevo la invadió una gran tranquilidad.
¿Que les pareció este capítulo?
¿Alguien se dará cuenta que Jessica es Bella a tiempo?
Gracias por sus Reviews en el capitulo anterior, gracias a quienes me leen.
凸(^_^)凸
Espero leerlas pronto!
Actualizo si alguien me lee, como siempre!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
