Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.

La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.


Capítulo 5

-Su reacción no me sorprende en absoluto. Es de esperar en las víctimas de accidentes. -El doctor Sawyer, el apreciado cirujano, sonrió plácidamente-. Imagínese cómo se sentiría usted si su bello rostro hubiera quedado totalmente pulverizado.

-Gracias por el cumplido -dijo Edward con dureza.

En aquel momento le hubiera gustado romperle esa cara de satisfacción al cirujano. A pesar de su impecable reputación, el hombre parecía tener hielo en las venas.

Había realizado un gran trabajo en algunos de los más famosos rostros del Estado, incluidos los de jóvenes que hacían su presentación en sociedad y que tenían tanto dinero como vanidad, ejecutivos que querían mantenerse por delante del proceso de envejecimiento, modelos, y estrellas de televisión. Aunque sus credenciales eran impresionantes, a Edward no le gustaba la forma en la que descartaba las preocupaciones de Jessica.

-He intentado ponerme en el lugar de ella -explicó-. Dadas las circunstancias, creo que está aguantando muy bien, mejor de lo que me hubiera imaginado.

-Te estás contradiciendo, Edward -comentó Carlisle. Estaba sentado al lado de Esme en un sofá de la sala de espera de la unidad de cuidados intensivos-. Acabas de decirle al doctor Sawyer que Jessica pareció preocuparse terriblemente cuando le mencionaste lo de la cirugía.

-Ya sé que parece contradictorio. Lo que quiero decir es que aparentemente asimiló muy bien la noticia de Nessie y del accidente. Pero, cuando empecé a hablarle de la cirugía, se puso a llorar. ¡Dios mío! -añadió, mesándose los cabellos-. No puedes imaginarte la pena que da ver llorar a alguien por un solo ojo. Es como algo sacado de dimensión desconocida.

-Su esposa era una mujer muy bella, señor Cullen -dijo el doctor-. Las heridas de la cara le dan pánico. Naturalmente, teme quedar como un monstruo para el resto de sus días. Parte de mi trabajo es asegurarle que su rostro puede ser reconstruido, incluso mejorado. -Sawyer hizo una Pausa y miró primero a uno y luego al otro-. Intuyo ciertas dudas por su parte. Eso no puedo tolerarlo. Necesito su cooperación y su total confianza en mi capacidad como médico.

-Si no confiara en usted, no hubiera contratado sus servicios -le espetó Edward sin rodeos-. No creo que le falte habilidad, sólo compasión.

-El tacto me lo ahorro para mis pacientes. No me gusta perder ni tiempo ni energía haciéndome el simpático con sus familias, señor Cullen. Todo eso lo dejo para los políticos. Como usted.

Edward y el cirujano se miraron fijamente el uno al otro. Finalmente Edward sonrió, y luego emitió un sonido sarcástico.

-A mí tampoco me gusta hacerme el simpático, doctor Sawyer. Usted me resulta necesario. Por eso está aquí. También quisiera decirle que es usted el hijo de puta más arrogante que jamás he conocido, pero, a pesar de eso, es el mejor. De modo que cooperaré con usted para conseguir que Jessica vuelva a estar normal.

-De acuerdo, entonces -aprobó el cirujano, haciendo caso omiso del insulto-. Vayamos a ver a la paciente.

Cuando entraron en la unidad de cuidados intensivos, Edward se adelantó, llegando en primer lugar a la cama de la enferma. -¿Jessica? ¿Estás despierta?

Respondió inmediatamente abriendo el ojo. Por lo que él podía adivinar, estaba lúcida.

-Hola. Mamá y papá están aquí.

Se apartó y ellos se acercaron a la cama.

-Hola otra vez, Jessica -dijo Esme-. Nessie me ha dicho que te quiere.

Edward había olvidado decirle a su madre que no mencionara la primera sesión de la niña con el psicólogo. No había ido nada bien; pero, por fortuna, Esme era lo suficientemente sensata como para no decir nada. Se apartó un poco y dejó que Carlisle ocupara su lugar.

-Hola, Jessica. Nos has dado un buen susto a todos. No sabes cuánto nos alegra saber que vas a recuperarte.

Cedió su posición a Edward.

-Ha venido el cirujano, Jessica.

Edward dejó que el doctor Sawyer se colocara al lado de la cama y éste le sonrió a la paciente.

-Ya nos conocemos, Jessica. Sólo que usted no se acuerda. A petición de su familia vine a hacerle un reconocimiento el segundo día de estar ingresada aquí. El cirujano de guardia ya había llevado a cabo todo el tratamiento preliminar en urgencias. Ahora me encargo yo del caso.

Ella se alarmó. A Edward lo alegró comprobar que Sawyer también había percibido su temor. Posó la mano sobre el hombro de la mujer.

-La estructura ósea de su cara ha quedado seriamente dañada. Sé que su marido ya le ha dicho que quedará completamente restaurada, pero quiero que me lo oiga decir a mí. Yo haré que sea una Jessica Cullen más guapa que la de antes.

Bajo las vendas, su cuerpo entero se tensó. Intentó negar vigorosamente con la cabeza y empezó a hacer unos sonidos guturales desesperados.

-¿Qué está intentando decirnos? -le preguntó Edward al médico.

-Que no me cree -respondió con calma-. Está asustada. Es habitual. -Se inclinó sobre ella-. La mayor parte del dolor que experimenta proviene de las quemaduras, pero son superficiales. El especialista del hospital la está tratando con antibióticos. Yo retrasaré la operación hasta que el riesgo de infección, tanto para la piel como para los pulmones, se reduzca al mínimo. Pasarán entre una y dos semanas antes de que pueda mover las manos. Luego, podrá empezar la recuperación. El daño no es permanente, se lo aseguro. -Se acercó aún más-. Ahora, hablemos de la cara. Se tomaron radiografías cuando todavía estaba inconsciente. Las he estudiado. Sé lo que tengo que hacer. Trabajo con un equipo de cirujanos excelentes que me ayudarán durante la operación.

Le tocó la cara con la punta de su bolígrafo, como si dibujara por encima de las vendas.

-Reconstruiremos la nariz y las mejillas utilizando injertos de huesos. Colocaremos la mandíbula en su sitio con clavos y tornillos. Tengo toda una caja de sorpresas. Le quedará una cicatriz invisible en la parte superior de la cabeza, de sien a sien. Realizaremos también incisiones bajo cada ojo a la altura de las pestañas. Éstas también serán invisibles. Parte de la reconstrucción de la nariz la haremos por dentro, de modo que no quedará ninguna cicatriz.

Después de la operación, estará toda hinchada y llena de hematomas y, en general, tendrá un aspecto espantoso. Tiene que estar preparada. Se necesitarán varias semanas antes de que vuelva a ser una gran belleza.

-¿Y qué pasa con el pelo, doctor Sawyer? -preguntó Esme. -Tendré que afeitar una parte porque voy a necesitar piel de la cabeza para la nariz. Pero si se refiere al cabello que se quemó, me dice el especialista que volverá a crecer, que ése es el problema menos importante -contestó, sonriéndole a la cara vendada-. Me temo que durante un tiempo no podrá ingerir alimentos sólidos. Un especialista en prótesis dentales le extraerá las raíces de los dientes durante la operación colocará implantaciones. Dos o tres semanas después tendrá los nuevos dientes, que serán exactamente iguales que los que ha perdido. Hasta que no tenga la dentadura, la alimentarán por un tubo que irá de la boca al estómago, y después empezará con una dieta blanda.

Edward observó, aunque el cirujano no estaba fijándose en ello, que el ojo de Jessica iba de un lado a otro como si buscara un amigo entre todos ellos, o quizás una forma de escapar. Se decía continuamente a sí mismo que Sawyer sabía lo que hacía. Pudiera ser que el cirujano estuviera acostumbrado a ese tipo de ansiedad entre sus pacientes, pero a Edward le resultaba terriblemente preocupante.

Sawyer sacó una fotografía de veinte por veinticinco de la carpeta que traía consigo.

-Quiero que vea esto, señora Cullen. -Era una foto de Jessica. Tenía aquella seductora sonrisa que había enamorado a Edward. Los ojos aparecían resplandecientes y pícaros. Una brillante melena negra le enmarcaba la cara-. Será una operación para traerse la tarteza con la comida, pero conseguiremos el éxito. Concédanos de ocho a diez semanas, contadas a partir del día de la intervención, y éste será el aspecto que tendrá, sólo que un poco más guapa, más joven y con el pelo más corto. ¿Quién podría pedir más?

Aparentemente Jessica podía. Edward vio que, en vez de tranquilizarla, la visita del cirujano la había puesto más nerviosa.

Bella intentó mover las extremidades y sacarle algún movimiento a los dedos de las manos y de los pies, pero sus miembros seguían demasiado pesados. La cabeza no podía moverla en absoluto. Mientras tanto, cada minuto que pasaba la acercaba cada vez más a un desastre que parecía incapaz de evitar.

Durante días -era difícil calcular exactamente cuántos, pero supuso que unos diez-, había intentado descubrir algún método de informar al mundo de la verdad que sólo ella conocía; hasta ese momento, no había encontrado ninguna solución.

A medida que pasaban los días y que su cuerpo iba mejorando, aumentaba su angustia. Todos pensaban que se debía al retraso de la operación.

Finalmente, Edward anunció una noche que la intervención tendría lugar al día siguiente.

-Todos los médicos que van a participar se han reunido esta tarde. Están de acuerdo en que has superado la zona de peligro. Sawyer ha dado las órdenes de proceder. He venido en cuanto me lo han dicho.

Tenía un día tan sólo para informarle del terrible error que estaban cometiendo. Era extraño, pero, a pesar de considerarlo parcialmente responsable por la trágica sucesión de acontecimientos, no le echada la culpa de nada. De hecho, había llegado a esperar sus visitas. Se sentía más segura cuando él estaba a su lado.

-Supongo que puedo decirte ahora que al principio no me gustó Sawyer -le confesó él, sentado al borde de la cama-. ¡Demonios, sigue sin gustarme, pero confío en él! Sabes que no le encargaría la operación si no pensara que es el mejor.

Ella lo creyó, de modo que parpadeó. -¿Tienes miedo?

Parpadeó de nuevo.

-No puedo decir que me extrañe. -Se le ensombreció el semblante-. Las próximas semanas van a ser duras, Jessica, pero lo superarás. -Su sonrisa se endureció ligeramente-. Siempre caes de pie.

-¿Señor Cullen?

Cuando lo vio volver la cabeza en dirección a la voz femenina que se dirigía a él desde el umbral de la puerta, Bella pudo observar a Edward de perfil. Jessica Cullen había sido una mujer afortunada.

-Me pidió que le recordara lo de las joyas de la señora Cullen -dijo la enfermera-. Siguen en la caja fuerte.

El interés de Bella se avivó. Se había imaginado al hombre entrando en la habitación y dejando caer todas las joyas sobre la cama. «Éstas no son las cosas de Jessica. ¿Quién eres tú?», habría dicho. Pero esa escena no se había producido todavía. Quizás aún hubiera alguna esperanza.

-Siempre me olvido de pasar por la oficina a recogerlas –le contestó a la enfermera, contrariado-. ¿Podría conseguir que alguien bajara a buscarlas por mí?

-Llamaré y preguntaré.

-Quedaría muy agradecido.

El corazón de Bella empezó a latir con fuerza. Recitó una pequeña oración de gratitud. En el último momento, se salvaría del desastre. Tendría que someterse a una intervención quirúrgica, pero acabaría pareciéndose a Isabella Swan y no a otra persona.

-Las joyas no te servirán de nada en el quirófano -estaba diciendo Edward-, pero sé que te sentirás mucho mejor cuando tus cosas estén en mis manos.

En su mente, Bella sonreía de oreja a oreja. Todo iba a salir bien. El error se descubriría a tiempo, y ella podría abandonar esa montaña rusa emocional.

-Señor Cullen, me temo que va en contra del reglamento del hospital que alguien, que no sea el paciente o un pariente próximo, reclame las pertenencias de la caja fuerte. No puedo mandar a nadie a buscarlas. Lo siento.

-No importa. Intentaré bajar en algún momento mañana. Bella perdió todas las esperanzas. Sería demasiado tarde. Se preguntó por qué Dios le estaba haciendo esto a ella. ¿No había sido castigada suficientemente por su error? ¿Acabaría su vida siendo un esfuerzo inútil e interminable para compensar el error? Ya había perdido la credibilidad como periodista, la estima de sus colegas, su situación profesional. ¿Tenía que perder también la identidad?

-Otra cosa, señor Cullen -añadió la enfermera, dubitativamente-. Hay dos periodistas en el pasillo que quieren hablar con usted.

-¿Periodistas?

-De una de las cadenas de televisión.

-¿Aquí? ¿Ahora? ¿Los ha mandado Jasper Whitlock?

-No. Eso es lo primero que les pregunté. Buscan una buena noticia. Parece ser que se han enterado de la intervención a la que será sometida mañana la señora Cullen. Quieren preguntarle cómo ha afectado el accidente a su familia y a su carrera política. ¿Qué quiere que les diga?

-Dígales que se vayan al infierno.

-Señor Cullen, no puedo.

-No. No puede. Si lo hiciera, Jasper me mataría -murmuró para sí mismo-. Dígales que no voy a hacer ninguna declaración hasta que mi esposa y mi hija no hayan mejorado de forma drástica. Y, si no se marchan, llame a seguridad. Y dígales de mi parte que, si se atreven a acercarse a la planta de pediatría para hablar con mi madre o con mi hija, les pondré un pleito en el que perderán hasta los calzoncillos.

-Siento haberlo molestado con...

-No es culpa suya. Si tiene algún problema, venga a buscarme.

Cuando volvió a girar la cabeza, Bella, vio a través de las lágrimas que su rostro estaba surcado por la preocupación y el cansancio.

-Buitres. Ayer los periódicos reprodujeron fuera de contexto unas declaraciones que hice sobre el negocio de gambas en la costa. Esta mañana no ha dejado de sonar el teléfono, hasta que Jasper ha presentado un derecho de réplica y ha pedido que se retractaran.

Sacudió la cabeza disgustado por la injusticia. A Bella le dio pena. Había pasado tiempo suficiente en Washington como para saber que los únicos políticos que no sufrían eran los que no tenían escrúpulos. Hombres íntegros, como parecía ser Edward, lo pasaban mucho peor.

No le sorprendía nada ese aspecto de cansancio. No sólo tenía que enfrentarse a las elecciones, sino que además debía resolver los problemas de una hija traumatizada y de una esposa con su propio drama.

Sólo que ella no era la esposa, sino una desconocida. No podía decirle que estaba hablando con alguien ajeno a su familia. No podía protegerlo de los acosos de los medios de comunicación o ayudarlo con los problemas de Nessie. Ni siquiera podía avisarle de que quizás alguien tenía intención de matarlo.

Se quedó con ella toda la noche. Cada vez que se despertaba, él se materializaba inmediatamente al lado de la cama. Las arrugas de su cara aparecían cada vez más pronunciadas, a medida que la fatiga iba en aumento. Los ojos se le enrojecieron a causa de la falta de sueño. En una ocasión, Bella oyó a una enfermera diciéndole que se marchara a descansar, pero él se negó.

-No puedo abandonarla ahora. Está asustada.

En su interior, ella gritó: «No, por favor no te vayas. No me abandones. Necesito a alguien»

Al amanecer, otra enfermera le llevó una taza de café recién hecho. Tenía un aroma delicioso; Bella se moría de ganas de tomar un sorbo.

Entraron los técnicos a ajustar el respirador. Poco a poco se lo fueron retirando, a medida que los pulmones recuperaban sus funciones.

El trabajo de la máquina se vio reducido drásticamente, aunque seguiría necesitándolo unos días más.

La prepararon para el quirófano. Las enfermeras le tomaron la tensión. Intentó comunicarse con la mirada con alguien, para alertarlos del error, pero todos hacían caso omiso de la paciente momificada.

Edward salió a dar un paseo y, cuando regresó, el doctor Sawyer lo acompañaba.

El cirujano habló alegremente:

-¿Cómo está, Jessica? El señor Cullen me ha dicho que ha pasado algo nerviosa la noche, pero hoy ha llegado el gran día. Fue estudiando metódicamente el historial clínico. La mayoría de sus palabras eran totalmente banales. Como ser humano, a ella le caía tan mal como a Edward.

Satisfecho con las constantes vitales, cerró el historial y se lo pasó a una enfermera.

-Físicamente, todo va de maravilla. Dentro de unas horas tendrá un nuevo rostro y estará en camino de una recuperación total.

Concentró todos sus esfuerzos en los sonidos guturales que emitía, intentando comunicarles el error que estaban a punto de cometer. Interpretaron equivocadamente su nerviosismo. El cirujano pensó que estaba discutiendo con él.

-No puede ser. Lo prometo. Dentro de media hora empezaremos. De nuevo, protestó, utilizando el único medio a su alcance: el ojo. Parpadeó con furia.

-Adminístrele un sedante -le ordenó a la enfermera al salir. Bella gritaba en su interior.

Edward se acercó y le puso las manos sobre los hombros. -Jessica, todo va a salir bien.

La enfermera inyectó una jeringa de narcótico en el suero que tenía conectado a su brazo. Bella sintió el pequeño tirón de la aguja en la piel. Segundos más tarde, la ya conocida sensación empezó a invadirla, hasta dormirle los dedos de los pies. Era el nirvana por el que eran capaz de matar los yanquis, una deliciosa sensación de ser insensible. Casi de inmediato se sintió transparente y ligera. Los rasgos de Edward empezaron a perder la nitidez.

-Todo irá bien. Lo juro, Jessica.

«Yo no soy Jessica.»

Hizo un tremendo esfuerzo para mantener abierto el ojo, pero se le cerró y ya no pudo reabrirlo.

Estaré esperándote, Jessica -dijo él suavemente.

«Yo soy Isabella. Yo soy Isabella. No soy Jessica.»

Pero lo sería cuando saliera del quirófano.


¿Que les pareció? ¿Les gustó?

¿Operarán a Bella o se darán cuenta a tiempo?

Gracias por sus Reviews en el capitulo anterior, gracias a quienes me leen siempre y a quienes se suman ahora.

(^_^)凸

Espero leerlas pronto!

No enloquezcan que en un rato subo otro capitulo mas!

Actualizo en un rato! ;)

๑۩۞۩๑

#Andre!#