Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.

La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.


Capítulo 6

-No entiendo por qué estás tan enfadado.

Edward se dio la vuelta y se enfrentó airadamente a su director de campaña. Jasper Whitlock le sostuvo la mirada con ecuanimidad. La experiencia le había demostrado que Edward tenía mal genio, pero que sus arrebatos eran de corta duración.

Tal como esperaba Jasper, el fuego en los ojos de Edward fue aplacándose. Apartó las manos de las caderas, haciendo que su postura perdiera antagonismo.

-¡Jasper, por el amor de Dios, mi mujer acababa de salir de una operación delicada que ha durado horas!

-Lo entiendo.

-Pero eres incapaz de entender por qué me desquicié cuando manadas de periodistas me rodearon para hacerme preguntas. -Movió la cabeza incrédulo-. Déjame que te lo deletree: no estaba de humor para dar una conferencia de prensa.

-De acuerdo, se pasaron de la raya. -Se pasaron mucho.

-Pero conseguiste cuarenta segundos de emisión en las noticias de las seis y de las diez, en las tres cadenas. Lo grabé y volví a verlo después. Saliste irritado, pero eso es normal, considerando las circunstancias. En general, creo que nos beneficiará. Pareces una víctima de los insensibles medios de comunicación. Los votantes se compadecerán de ti. Definitivamente, diez puntos.

Edward sonrió con cierta tristeza mientras se dejaba caer en una silla.

-Eres tan espantoso como Emmett. Nunca dejas de hacer campaña electoral, sopesando de qué manera nos ha servido una cosa u otra, a favor nuestro, en nuestra contra. -Se frotó la cara con las manos-. Dios, estoy cansado.

-Tómate una cerveza.

Le tendió una lata fría que había sacado del pequeño frigorífico. Sacó también una para él, se sentó en el borde de la cama de Edward y, durante unos momentos, bebieron en silencio. Finalmente, preguntó:

-¿Cuál es el pronóstico, Edward? Edward suspiró.

-Sawyer rebuznaba como un burro cuando salió del quirófano. Dijo que estaba perfectamente satisfecho con los resultados, que era el mejor trabajo que jamás había hecho su equipo.

-¿Se estaba haciendo propaganda, o era verdad? -Espero que fuera la verdad.

-¿Cuándo podrás verlo por ti mismo?

-En este momento no hay mucho que ver. Pero, dentro de un par de semanas...

Hizo un gesto abstracto, se hundió más en el sillón y estiró sus largas piernas. Sus botas llegaron casi a la altura de los lustrados zapatos de Jasper. Los pantalones vaqueros de Edward eran justo lo contrario de los planchados pantalones azul marino de Jasper.

Hasta ese momento, Jasper no se había metido con las ropas deportivas de su candidato. Preparaban una plataforma política a la que la gente común -trabajadores tejanos de clase media- podía adherirse. Edward Cullen iba a ser el defensor de los oprimidos. Vestía así no por una maniobra política, sino porque llevaba el mismo tipo de ropa desde el principio de los setenta, cuando Jasper lo conoció en la Universidad de Tejas.

Uno de los supervivientes del accidente falleció hoy -le informó Edward con voz tranquila-. Un hombre de mi edad, con esposa, y cuatro hijos. Tenía muchas heridas internas, pero lo habían remendado y pensaban que iba a sobrevivir. Murió de una infección. ¡Dios! -añadió, sacudiendo la cabeza de un lado a otro-, ¿te imaginas llegar tan lejos para después morir de una simple infección?

Jasper podía darse cuenta de que su amigo estaba hundiéndose en un pozo de melancolía. Eso era malo para Edward personalmente y para la campaña. Emmett había expresado su preocupación por la actitud mental de Edward, lo mismo que Carlisle. Una parte importante del trabajo de Jasper era levantar la moral de Edward cuando decaía.

-¿Cómo está Nessie? -preguntó, intentando alegrar el tono de voz-. Todos los voluntarios que trabajan con nosotros la echan de menos.

-Colgamos en la pared de su habitación el cartel que firmaron todos. No te olvides de darles las gracias.

-Todo el mundo quería hacer algo especial para celebrar que había salido del hospital. Te aviso de que mañana recibirá un oso de peluche más grande que tú. Ella es la princesa de estas elecciones, como puedes suponer.

Jasper fue recompensado con una débil sonrisa.

-Los médicos dicen que los huesos acabarán perfectos. Las quemaduras no dejarán ninguna cicatriz. Podrá jugar al tenis, bailar, lo que quiera.

Edward se puso en pie y fue a por otras dos cervezas. De nuevo relajado en el sillón, agregó:

-Físicamente, se recuperará. Emocionalmente, no estoy seguro. -Dale una oportunidad a la niña. Los adultos tienen serias dificultades para asimilar este tipo de trauma. Por eso las compañías aéreas tienen psicólogos para aconsejar lo mismo a las personas que sobreviven a un accidente aéreo como a las familias de quienes mueren.

-Ya lo sé, pero Nessie ya era tímida, para empezar. Ahora parece haberse vuelto introvertida por completo. Bueno, puedo conseguir que me dedique una sonrisa si lo intento con suficientes ganas, pero creo que lo hace sólo para complacerme. No está animada, no tiene vitalidad. Se queda ahí quieta, mirando fijamente al espacio. Mamá dice que llora dormida y que se despierta gritando a causa de las pesadillas.

-¿Qué dice la psicóloga?

-¡Esa tortillera! -se impacientó Edward-. Ella dice que se necesita tiempo y paciencia, y que yo no debería esperar tanto de Nessie.

-Lo suscribo.

-No estoy enfadado con Nessie por no comportarse como se le ordena -se revolvió irritado-. Eso fue lo que insinuó la psicóloga, y consiguió que me enfadara de verdad. Pero mi pequeña se queda ahí sentada, como si llevara todo el peso del mundo sobre sus hombros; y eso no es un comportamiento normal para una niña de tres años.

-Tampoco lo es salir casi ilesa de un accidente de avión -señaló Jasper razonablemente-. Sus heridas emocionales no Marco a cicatrizar de la noche al día, como tampoco lo harán las físicas.

-Ya lo sé. Es sólo que... ¡Demonios, Jasper! No sé si puedo ser lo que Jessica, Nessie y los votantes necesitan, todo al mismo tiempo.

El mayor temor de Jasper era que Edward se replanteara la decisión de seguir en la carrera electoral. Cuando Emmett le contó que corrían rumores en los círculos periodísticos relativos a que Edward retiraría su candidatura, habría querido cazar a los chismosos periodistas y asesinarlos sin ayuda de nadie. Afortunadamente, Edward no se llegó a enterar de los rumores. Jasper tenía que mantener alto el espíritu de lucha del candidato.

Se inclinó hacia delante y dijo:

-¿Recuerdas aquella vez que participaste en el torneo de tenis de la asociación y lo ganaste en representación de nuestro curso? Edward lo miró distraídamente.

-Algo recuerdo.

-Algo recuerdas -se burló Jasper-. La razón por la cual casi no te acuerdas es porque tenías una resaca tremenda. Te olvidaste por completo del torneo y te pasaste la víspera bebiendo cerveza y de juerga. Tuve que sacarte de la cama a la fuerza, meterte bajo una ducha de agua fría y llevarte a la pista antes de las nueve para que no nos eliminaran.

Edward se rió al recordar su actuación.

-¿A dónde quieres ir a parar con esta historia? ¿Tiene algún sentido?

-Lo que te quiero demostrar -dijo Jasper, inclinándose aún más hacia delante, dé modo que las caderas casi quedaban fuera de la cama- es que conseguiste superarlo todo, incluso en las peores circunstancias, porque sabías que tenías que hacerlo. Tú eras la única posibilidad que teníamos de ganar el torneo y lo sabías. Lo ganaste, aún cuando minutos antes hubieras vomitado una docena de cervezas. -Esto es algo muy distinto a un torneo de tenis.

-Pero tú -persistió Jasper, apuntándolo con el dedo índice - eres exactamente el mismo. Desde que te conozco, siempre has estado a la altura de las circunstancias. En aquellos dos años que pasamos juntos en la Universidad de Texas; cuando hacíamos vuelos de entrenamiento; en Vietnam, cuando me sacaste de aquella maldita jungla; ¿cuándo no has dejado de ser un héroe?

-Yo no quiero ser un héroe. Sólo quiero representar eficazmente a la gente de Tejas.

-Y lo harás.

Se dio un golpe en las rodillas, como si se hubiera llegado a una decisión importante, se puso de pie y dejó la lata de cerveza vacía sobre la cómoda. Edward también se puso de pie, y casualmente se entrevió en el espejo.

-¡Dios mío! -Se pasó la mano por la barba cerrada que le cubría la mandíbula-. ¿Quién votaría por esto? ¿Por qué no me has dicho que tenía un aspecto tan espantoso?

-No tengo las agallas necesarias. -Le dio unas palmadas en la espalda-. Lo único que necesitas es descansar un poco. Y te recomiendo un buen afeitado por la mañana.

-Saldré pronto para el hospital. Me dijeron que Jessica saldrá de la sala de recuperación hacia las seis y que la llevarán a una habitación privada. Quiero estar allí.

Jasper examinó las brillantes puntas de sus zapatos un momento antes de levantar los ojos y mirar a su amigo.

-La forma en que te estás comportando con ella... Bueno..., creo que es realmente admirable.

Edward asintió una vez con la cabeza lacónico. Gracias.

Jasper fue a añadir algo, se lo pensó mejor y golpeó cariñosamente el brazo de su amigo. Edward no agradecería consejos matrimoniales de nadie, pero menos de un hombre soltero.

-Dejaré que te vayas a la cama. Llámame mañana. Estaré a la espera de que me digas qué tal se encuentra Jessica.

-¿Cómo están las cosas en casa? -En situación estacionaria.

-Emmett me dijo que habías puesto a trabajar a Alice en la sede del partido.

Jasper se echó a reír, sabiendo que a Edward no lo ofendería un comentario algo grosero sobre su sobrina.

-Durante el día la tengo metiendo papeles en sobres. Por la noche, Dios sabe quién le mete qué a ella.

Marie Alice Cullen atravesó la verja a ciento veinte kilómetros por hora en un coche de un año de antigüedad al que había sometido a unos cinco años de abuso. Como no le gustaban los cinturones de seguridad, pegó un salto en el asiento. Cuando cayó se estaba riendo. Le encantaba la sensación del viento atravesando su largo pelo rubio, incluso en invierno. El conducir a gran velocidad, haciendo caso omiso de las señales de tráfico, era sólo una de las pasiones de Alice.

Otra de ellas era Jasper Whitlock.

Su deseo de él era reciente y, por el momento, no correspondido. Confiaba plenamente en que pronto caería.

Mientras tanto, se entretenía con un botones del Holiday Inn de Kerrville. Lo conoció en un bar de camioneros abierto día y noche, un par de semanas atrás. Se había detenido allí a la salida del cine, ya que era uno de los pocos lugares del pueblo que, cuando iba camino de casa, encontraba abierto después de las diez de la noche.

En el bar, Buck y Alice habían establecido contacto con las miradas, por encima de los reservados de vinilo color naranja. Ella, con la ayuda de una paja enorme, sorbía una Coca-Cola. Buck se estaba zampando una hamburguesa. La forma en que su boca mordisqueaba salvajemente el grasiento bocadillo la excitó, tal como era la intención del chico. De modo que, a la altura de su reservado, aminoró la marcha como si fuera a dirigirle la palabra y, a continuación, pasó de largo. Pagó la cuenta rápidamente, sin perder tiempo hablando con la cajera, como solía hacer, y se dirigió directamente a su descapotable aparcado fuera.

Se colocó detrás del volante y sonrió satisfecha. Sólo era cuestión de tiempo. Miró por los amplios ventanales del café y vio al joven meterse los últimos bocados de la hamburguesa en la boca y depositar sobre la mesa suficientes monedas para pagar la cuenta. Seguidamente, salió en rápida persecución.

Tras intercambiar nombres y frases tópicas, Buck, le sugirió que se citaran al día siguiente por la noche, a la misma hora, a cenar. Alice tuvo una idea aún mejor: desayunar en el motel.

Buck dijo que aquello le parecía estupendo, pues tenía acceso a todas las habitaciones desocupadas del Holiday Inn. El ilegal y arriesgado plan atrajo enormemente a Alice. Sus labios lucieron la tan estudiada y tentadora sonrisa, en promesa de un rato vicioso y divertido.

-Estaré allí a las siete en punto -prometió ella, arrastrando las palabras con su voz más ronca-. Yo llevaré los roscos, tu trae las gomas.

Mientras que su moral podía compararse a la de una gata en celo, era demasiado inteligente y demasiado egoísta para arriesgarse a pillar una enfermedad mortal por un mero retozo.

Buck no la defraudó. Lo que le faltaba de finura lo compensaba con resistencia. Era tan potente y tenía tantas ganas de complacerla que ella fingió no ver los granos que tenía en el culo. Por lo demás, tenía un buen cuerpo. Por eso se había acostado con él seis veces desde aquella mañana.

Se pasaban la noche, que él tenía libre, en el sórdido apartamento del que Buck estaba tan orgulloso; comiendo una mala comida mexicana congelada, bebiendo vino barato, fumando hierba cara -la aportación de Alice a la diversión de la noche- y follando sobre la alfombra, porque, comparativamente, le parecía a Alice más limpia que las sábanas de la cama.

Buck se mostraba cariñoso, era sincero, estaba caliente, le decía a menudo que la quería; estaba bien. Nadie era perfecto. Excepto Jasper.

Suspiró y se estiró el jersey de algodón por encima de los pechos desnudos. Con gran disgusto de su abuela Esme, Alice no creía en las restricciones impuestas por el sujetador más de lo que creía en las que imponían los cinturones de seguridad.

Jasper era guapo. Siempre iba perfectamente ataviado y vestía como un hombre, no como un chico. Los tipos locales, en su mayoría ganaderos y campesinos, llevaban ropa tejana. ¡Dios! La ropa tejana estaba bien en su sitio. También ella escogió el conjunto más hortera posible aquel año que fue reina del rodeo. Pero, por lo que a ella se refería, esos atuendos pertenecían exclusivamente al rodeo.

Jasper llevaba trajes oscuros de tres piezas, camisas de seda y zapatos italianos de piel. Por su aroma se diría que siempre acababa de salir de la ducha. Imaginárselo en la ducha la ponía caliente.

Vivía pensando en el día que pudiera tocar su cuerpo desnudo, besarlo, lamerle todos los rincones. Estaba completamente segura de que tendría buen sabor.

Al pensarlo se retorcía de placer, pero un gesto de preocupación pronto sustituyó la expresión de placer. Primero tendría que curarle de esa obsesión con la diferencia de edad que existía entre ellos. A continuación debería ayudarle a superar el hecho de que ella era la sobrina de su mejor amigo. No era que Jasper le hubiese dicho directamente que ésa constituía una de las razones por las que se resistía, pero a Alice no se le ocurría ninguna otra para que evitara la descarada invitación que se plasmaba en sus ojos cada vez que lo miraba.

Todos los miembros de la familia se habían quedado encantados cuando se ofreció para trabajar de voluntaria en la sede central. El abuelo la abrazó con tal fuerza que casi se quedó sin respiración; la abuela le dedicó aquella sonrisa sosa y señorial que Alice tanto odiaba, y le dijo con su voz tibia y fofa que era «una estupenda noticia, cariño»; su padre farfulló su aprobación, y su madre se mantuvo serena incluso el tiempo suficiente para decirle que se alegraba de que hiciera una cosa tan útil para variar.

Alice habría deseado que la respuesta de Jasper hubiera sido igualmente entusiasta, pero su rostro sólo denotó diversión. Lo único que comentó fue que «necesitamos toda la ayuda posible allí. Por cierto, ¿sabes escribir a máquina?».

Tuvo ganas de mandarle a tomar por culo, pero no lo hizo porque sus abuelos hubieran sufrido un paro cardiaco y porque seguro que Jasper sabía que eso era exactamente lo que estaba muriéndose de ganas de decir, y no quería darle ese gusto.

De modo que levantó la vista con todo el respeto debido y contestó en un tono de absoluta sinceridad: «Todo lo que hago intento hacerlo lo mejor posible, Jasper.»

El mustang descapotable levantó una nube de polvo cuando llegó a la puerta principal del rancho y apagó el motor. Tenía la esperanza de llegar al ala que compartía con sus padres sin encontrarse con nadie, pero no tuvo suerte. En cuanto hubo cerrado la puerta, su abuelo llamó desde el salón.

-¿Quién es?

-Soy yo, abuelo.

La interceptó en el pasillo. -Hola, pequeña.

Se inclinó para besarla en la mejilla. Alice sabía que era su forma de comprobar si había bebido alcohol, así que se había comido tres pastillas de menta, de regreso a casa, para contrarrestar el olor del vino barato y de la marihuana.

El hombre se apartó satisfecho. -¿Dónde has estado esta noche?

-En el cine -mintió descaradamente-. ¿Cómo está la tía Jessica? ¿Fue bien la operación?

-El médico dice que ha ido estupendamente. Será difícil saberlo hasta dentro de una semana, más o menos.

-Dios, es horroroso lo que le ha pasado en la cara, ¿verdad? -Un ademán de tristeza se dibujó en el bello rostro de Alice. Cuando quería, sabía utilizar sus largas pestañas y los ojos azules

para conseguir un aspecto verdaderamente angelical-. Espero que todo salga bien.

-Saldrá bien.

Sabía, por la cariñosa sonrisa, que su preocupación le había enternecido el alma.

-Bueno, estoy cansada. La película era tan aburrida que casi me quedé dormida. Buenas noches, abuelo.

Se acercó a él de puntillas para besarle la mejilla y mentalmente se acobardó. La mataría a latigazos si se enterara de dónde habían estado sus labios hacía tan solo una hora.

Se adentró por el pasillo central y giró a la izquierda por otro. Atravesando la doble puerta al final de éste, se accedía al ala de la casa que compartía con su madre y su padre. Tenía la mano en el pomo de la puerta de su habitación y estaba a punto de entrar cuando Emmett sacó la cabeza por la puerta de su propio dormitorio. -¿Alice?

-Hola, papá -saludó, sonriendo dulcemente.

-Hola.

No le preguntó dónde había estado porque no tenía demasiadas ganas de saberlo. Por eso ella le dijo:

-Estaba en casa de... un amigo. -Su pausa fue deliberada, estratégica, y quedó recompensada por el gesto de contrariedad que apareció en la boca y en los ojos de su padre-. ¿Dónde está mamá? Él miró por encima del hombro.

-Durmiendo.

Incluso desde donde estaba, Alice podía oír los resonantes ronquidos de su madre. -No estaba simplemente durmiendo, sino durmiendo la mona.

-Bueno, buenas noches -se despidió Alice, metiéndose en su habitación.

Su padre la detuvo.

-¿Cómo van las cosas en la sede del partido?

-Muy bien.

-¿Te gusta el trabajo?

-Está bien. Así tengo algo que hacer.

-Podrías volver a la universidad.

-¡A la mierda con eso!

Él hizo una mueca, pero no replicó. Ella sabía que no lo haría.

-Buenas noches, Alice.

-Buenas noches -contestó en tono impertinente y, con gran estruendo, cerró la puerta de su habitación.


¿Que les pareció?

¿Reconocen a esta Alice?

Gracias por sus Reviews y gracias a quienes me leen.

(^_^)凸

Dejen su Review! y odienme pero se me complico para subir antes por eso les regalé estos dos capítulos!

Espero leerlas pronto!

Actualizo si alguien me lee, como siempre! XD

๑۩۞۩๑

#Andre!#