Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
Capítulo 7
-Quizá traiga a Nessie a verte mañana. -Edward la miraba con detenimiento-. Ya que ha bajado tanto la hinchazón, podrá reconocerte.
Bella le devolvió la mirada. A pesar de que sonreía de forma animada cada vez que la miraba, ella intuía que su aspecto seguía siendo espantoso. Ya no podía esconderse tras las vendas y, como diría Harry, su aspecto le provocaría una vomitera a un buitre.
De todos modos, durante la semana transcurrida desde la operación, Edward en ningún momento evitó mirarla. Agradecía el componente caritativo de su personalidad. En cuanto pudiera sostener un lápiz en las manos, le escribiría una nota y se lo diría.
Hacía ya unos días que le habían retirado las vendas de las manos. Se quedó consternada al ver la piel roja y en carne viva. Tenía las uñas cortadas, lo que hacía que sus manos parecieran diferentes, feas. Cada día practicaba ejercicios de recuperación, apretando una pelota de goma. Pero todavía no había logrado sostener y controlar un lápiz. En cuanto pudiera hacerlo, tenía muchas cosas que contarle a Edward Cullen.
Finalmente le habían retirado el odiado respirador. Para su tormento, no fue capaz de emitir un solo sonido; un hecho traumatizante para una periodista que ya se sentía insegura en su carrera.
Sin embargo, los médicos afirmaron que no debía alarmarse y que recuperaría la voz poco a poco. Le dijeron que, las primeras veces que intentara hablar, seguramente nadie la entendería, pero que eso era normal, considerando el daño que el humo había causado a las cuerdas vocales.
Además de todo eso, estaba virtualmente calva, sin dientes y tomaba alimentos líquidos con una pajita. En general, su aspecto físico seguía siendo monstruoso.
-¿Qué te parece la idea? -le preguntó Edward-. ¿Te sientes con ánimos de ver a Nessie?
Sonrió, pero Bella sabía que su corazón no estaba en ello. Le daba pena aquel hombre que intentaba con tanta valentía mostrarse alegre y optimista. Los primeros recuerdos posteriores de la operación eran los de su voz pronunciando tranquilizadoras palabras de ánimo. Le dijo entonces, y lo repetía cada día, que la operación había sido un éxito. El doctor Sawyer y todas las enfermeras de la planta continuaban felicitándola por su rápida recuperación buena disposición.
Dadas las circunstancias, ¿de qué otra forma debía comportarse? Podría llegar a aceptar una pierna rota si con las manos fuera capaz de utilizar unas muletas, cosa que era del todo imposible. Seguía siendo una prisionera en aquella cama del hospital. ¡Maldita la buena disposición! ¿Cómo sabían que no estaba volviéndose loca? No era así, pero sólo porque no le serviría de nada. Habían sustituido el rostro de Isabella Swan por el de otra persona. Ese recuerdo cíclico le inundó los ojos de lágrimas amargas.
Edward las interpretó equivocadamente.
-Te prometo que no dejaré que Nessie se quede mucho rato, pero creo qué, aunque sólo sea una visita corta, le irá bien. Está en casa ahora, ya sabes. Todos la miman, incluida Alice. Pero sigue pasando muy malas noches. Quizás el verte la tranquilice. Quizá piense que le estamos mintiendo al decirle que vas a volver. Puede ser que en realidad piense que estás muerta. No lo ha dicho; pero, por otra parte, no dice mucho de nada.
Desanimado, inclinó la cabeza y se examinó las manos. Bella le miró fijamente la coronilla. Su cabello crecía alrededor de un remolino que estaba ligeramente descentrado. Le gustaba mirarlo. Más que el brillante cirujano o la profesional plantilla del hospital, Edward Cullen se había convertido en el centro de su pequeño universo.
Cumpliendo lo prometido, había recuperado la vista en el ojo izquierdo, una vez reconstruido el apoyo para el globo ocular. Tres días después de la operación, le retiraron los puntos de los párpados. Faltaba un día para que le quitaran los emplastos y la tablilla de la nariz.
Edward mandaba flores frescas a la habitación todos los días, como para marcar cada pequeño paso hacia la recuperación total. Siempre sonreía al entrar y nunca dejaba de halagarla un poco.
A Bella le daba pena. Sabía que esas visitas eran una carga para él, aunque intentara disimularlo. De todos modos, estaba convencida de que ella se moriría si él dejaba de ir a verla.
No había espejos en la habitación; nada, de hecho, que reflejara una imagen. Estaba segura de que era a propósito. Ansiaba saber qué aspecto tenía. ¿Era aquel espantoso aspecto la razón de la aversión que Edward tanto trataba de encubrir?
Al igual que a cualquier persona con una incapacidad física, sus sentidos se le habían agudizado. Tenía desarrollada una sutil percepción, por la que adivinaba los pensamientos y los sentimientos de la gente. Edward se mostraba amable y considerado con su «esposa». La decencia exigía que fuera así. Existía entre ellos, sin embargo, una considerable distancia que Bella no acababa de comprender. -¿La traigo o no?
Estaba sentado al borde de la cama, teniendo cuidado de la pierna rota, que se encontraba elevada. Debía de hacer frío, porque llevaba una chaqueta encima de la camisa deportiva; pero seguramente brillaba el sol, pues, cuando entró en la habitación, llevaba gafas oscuras. Se las había quitado, y las guardó en el bolsillo de la camisa. Sus ojos eran esmeraldas y tenía una mirada directa y honesta. Era un hombre extremadamente atractivo, pensó Bella, intentando ser lo más objetiva posible.
¿Cómo podía negarle una petición como ésa, con lo amable que había sido con ella? Aunque la pequeña no fuera hija suya, si a él lo hacía feliz fingiría ser la madre de Nessie por una vez.
Asintió con la cabeza, algo que había logrado hacer desde la operación.
-Estupendo. -Su cálida sonrisa era sincera-. Hablé con la jefa de enfermeras y me dijo que podías empezar a ponerte tu propia ropa si querías. Me tomé la libertad de traerte camisones y batas. Quizá fuera mejor que Nessie te viera vestida con alguna prenda conocida.
Bella asintió de nuevo.
Un movimiento en la puerta le atrajo la atención. Reconoció al hombre y a la mujer. Eran los padres de Edward, Carlisle y Esme.
-Vaya, vaya. -Carlisle cruzó la habitación delante de su mujer y llegó hasta el pie de la cama de Bella-. Tienes un aspecto estupendo, realmente estupendo, ¿verdad, Esme?
La mirada de Esme conectó directamente con la de Bella. Amablemente respondió:
-Incluso mucho mejor que ayer.
-Quizás ese médico esté a la altura de sus fabulosos honorarios, después de todo -comentó Carlisle, sonriendo-. Nunca he confiado mucho en esto de la cirugía estética. Siempre pensé que era un capricho en el que las mujeres ricas se gastaban el dinero de sus maridos. Pero esto -añadió, levantando la mano y señalando la cara de Bella-, esto va a merecer completamente la pena.
A Bella le molestaban esos alegres cumplidos, pues sabía que su aspecto seguía siendo el de una víctima de accidente aéreo. Aparentemente Edward intuyó su malestar, porque cambió de tema:
-Está de acuerdo en que Nessie venga mañana.
Esme volvió la cabeza hacia su hijo. Juntó las manos a la altura de la cintura y las apretó con fuerza.
-¿Estás seguro de que es una buena idea, Edward? Lo digo tanto por Nessie como por Jessica.
-No, no estoy seguro. Estoy actuando intuitivamente.
-¿Qué dice la psicóloga de Nessie?
-¿A quién demonios le importa lo que dice ella? -preguntó Carlisle, con enfado-. ¿Cómo puede una psicóloga saber mejor que su propio padre lo que es bueno para un niño? -Le dio a Edward unas palmaditas en la espalda-. Creo que tienes razón. Creo que a Nessie le hará mucho bien ver a su mamá.
-Espero que tengáis razón.
Bella pensó que la mujer no parecía muy convencida. Ella compartía la preocupación de Esme, pero no podía expresarlo. La única esperanza que tenía era que el gesto benevolente que estaba haciendo por Edward no saliera rana y le hiciera más mal que bien a la ya emocionalmente frágil pequeña.
Esme revoloteó por la habitación regando las plantas y las flores que Bella había recibido, no sólo de Edward, sino de gente a la que ni siquiera conocía. Ya que en ningún momento se hacía mención de la familia de Jessica, dedujo que carecía de ella. Su familia era la de su marido.
Carlisle y Edward hablaban de la campaña, un tema de conversación que nunca parecía estar lejos de sus mentes. Cuando se referían a Jasper, ella asociaba mentalmente el nombre con una persona bien afeitada e impecablemente vestida que había ido a verla dos veces, siempre acompañado de Edward. Parecía un tipo agradable, como si fuera el animador del grupo.
El hermano de Edward se llamaba Emmett. Era mayor y de naturaleza mucho más nerviosa que Edward. O quizá simplemente lo parecía, ya que, durante la mayor parte del tiempo que pasó en la habitación, no hizo más que farfullar disculpas por la ausencia de su mujer y de su hija.
Bella dedujo que Rosalie, la esposa de Emmett, estaba permanentemente indispuesta por algún tipo de enfermedad, aunque nadie hacía referencia a ningún mal debilitante. Alice era obviamente el miembro más polémico de la familia. Bella podía inferir de los comentarios que tenía edad suficiente para conducir, pero no para independizarse. Toda la familia vivía junta en algún lugar a más o menos una hora de coche desde Seattle. Recordaba vagamente alguna referencia a un rancho en las noticias que se habían difundido acerca de Edward. Era evidente que la familia tenía dinero, así como el poder inherente a éste.
Todos se comportaban con alegría y simpatía al hablar con ella. Escogían las palabras con cuidado para no alarmarla ni preocuparla. Lo que callaban le interesaba más que lo que decían.
Observaba sus expresiones, que generalmente eran reservadas. Las sonrisas, vacilantes o tensas. La familia de Edward trataba a la esposa de éste de un modo cortés, pero se notaba un fondo de antipatía.
-Éste es un camisón precioso -comentó Esme, consiguiendo así que los pensamientos de Bella volvieran a la habitación. Estaba deshaciendo la maleta que Edward había llevado y colgaba las cosas en un armario estrecho-. Quizá deberías ponerte este mañana para la visita de Nessie.
Bella asintió con la cabeza.
-¿Te falta mucho, mamá? Creo que está empezando a cansarse. -Edward se acercó a la cama y la miró directamente a los ojos-. Mañana será un día difícil. Será mejor que te dejemos descansar un poco.
-No te preocupes por nada -la animó Carlisle-. Te estás recuperando perfectamente, justo como estaba previsto. Vamos, Esme, deja que se queden solos un minuto.
-Adiós, Jessica -se despidió Esme.
Salieron de la habitación. Edward volvió a sentarse en el borde de la cama. Tenía aspecto de encontrarse muy cansado. Le hubiera gustado tener el coraje de extenderla mano y tocarlo, pero no lo tenía. Los gestos que él tenía con ella eran de consuelo, nunca de afecto.
Vendremos a media tarde, después de la siesta de Nessie. -Hizo una pausa inquisitiva; ella asintió-. Espéranos alrededor de las tres. Creo que sería mejor si Nessie y yo viniéramos solos, sin nadie más. -Apartó la mirada y suspiró dubitativamente-. No tengo ni idea de cómo reaccionará, Jessica, así que procura tener en cuenta todo lo que ha sufrido. Ya sé que tú también has sufrido mucho, una barbaridad, desde luego, pero eres una persona adulta. Tienes más defensas que ella. -Volvió a mirarla a los ojos. Sólo es una niña pequeña. Recuérdalo. -A continuación, se incorporó y le dedicó una pequeña sonrisa-. Qué demonios, estoy seguro de que la visita será un éxito.
Se puso de pie. Como de costumbre cuando él estaba a punto de marcharse, Bella experimentó un momento de pánico. Era su única conexión con el mundo, la única realidad. Al irse, se llevaba el coraje consigo, dejándola sola, temerosa y marginada.
-Descansa y duerme bien esta noche. Nos veremos mañana. A modo de despedida, le rozó las yemas de los dedos con las suyas, pero no la besó. Nunca la besaba. No es que hubiera muchas zonas accesibles al beso, pero Bella pensó que un marido encontraría la manera de besar a su mujer si realmente así lo quería. Lo observó mientras se retiraba y desaparecía por la puerta de la habitación. La soledad le invadió todos los rincones del cuerpo. La única forma que tenía de combatirla era pensando, y se pasaba todas las horas planeando.cómo darle a Edward Cullen la trágica noticia de que ella no era quien él creía. Su Jessica estaba enterrada indudablemente en una tumba con el nombre de Isabella Swan. ¿Cómo iba a decírselo?
¿Cómo podía decirle que alguien cercano a él quería verlo muerto?
Por lo menos mil veces en la última semana intentó convencerse de que su fantasmagórico visitante fue tan sólo una pesadilla. Cualquiera de los múltiples factores concurrentes podrían haberle hecho alucinar. Resultaba más fácil creer que la persona que pronunció aquellas palabras era una alucinación.
Pero era plenamente consciente de la realidad, aquello ocurrió_ de verdad. En su mente, las palabras aparecían tan claras corno una laguna tropical. Las tenía memorizadas. El tono siniestro y la inflexión de la voz habían quedado totalmente grabados en su cerebro. El hombre habló bien claro. No cabía el error.
Debía de ser algún miembro de la familia Cullen porque sólo a ellos se les permitía la entrada en la unidad de cuidados intensivos. Pero ¿quién? Ninguno mostraba odio hacia Edward; al contrario, todos parecían adorarlo.
Los fue considerando uno por uno. ¿El padre? Impensable, era evidente que tanto el padre como la madre lo consideraban un héroe. ¿Emmett? No parecía tenerle ningún rencor a su hermano pequeño. Aunque Jasper no era un miembro directo de la familia, lo trataban como tal, y el compañerismo entre Edward y su mejor amigo resultaba evidente a todas luces. Todavía le faltaba por oír y ver a Rosalie y a Alice, pero estaba bastante segura de haber oído una voz masculina.
Ninguna de las voces recientes pertenecía a su visitante. Entonces, ¿cómo pudo franquear la entrada de la habitación un desconocido? El hombre no era un desconocido para Jessica, pues se dirigió a ella como confidente y conspirador.
¿Sabía Edward que su esposa estaba conspirando con alguien? ¿Intuía que querían hacerle daño? ¿Era por eso por lo que administraba consuelo y ánimo utilizando como protección una barrera invisible? Bella sabía que lo que le proporcionaba era lo que se esperaba de él, pero nada más.
¡Dios, cómo deseaba poder sentarse con Harry y explicarle todos los componentes del rompecabezas, como tantas veces había hecho antes de meterse en una historia compleja! Intentarían encontrar los elementos que fallaban. Harry tenía una intuición casi sobrenatural cuando se trataba del comportamiento humano, y ella valoraba su opinión por encima de todas las demás.
Pensar en los Cullen le produjo un terrible dolor de cabeza, de modo que agradeció el sedante que le inyectaron aquella noche para ayudarle a dormir. A diferencia de la iluminación constante de la unidad de cuidados intensivos, en esa habitación tan sólo quedaba encendida una pequeña lamparilla de mesa.
Debatiéndose entre el sueño y la consciencia, se permitió pensar qué ocurriría si asumía indefinidamente el papel de Jessica Cullen. Aplazaría la viudez de Edward; Nessie dispondría de un apoyo materno durante el tiempo que durara su recuperación emocional; quizás Isabella Swan pudiera descubrir un asesino y ser aclamada como una heroína.
En su interior, se echó a reír. Harry pensaría que se había vuelto definitivamente loca. Gritaría y chillaría y seguramente la amenazaría con darle un buen azote sólo por considerar una idea tan aberrante.
Aun así, era una idea atractiva. Menuda historia tendría cuando se acabara la comedia: política, relaciones humanas e intriga.
La fantasía la condujo al sueño.
¿Que les pareció?
¿Qué hará Bella? ¿Le dirá la verdad en cuanto pueda?
Gracias por sus Reviews en el capitulo anterior y gracias a quienes me leen.
凸(^_^)凸
Dejen su Review! y odienme, mimenme, retenme, pero escriban!
Espero leerlas pronto!
Actualizo si alguien me lee, como siempre!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
