Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.

La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.


Capítulo 9

-¿Te estamos aburriendo, Edward?

Con cara de culpabilidad levantó la vista para mirar a su director de campaña.

-Lo siento.

Edward, reconociendo que Jasper tenía todo el derecho a estar molesto con él, se aclaró la garganta y cambió de postura en el sillón de cuero. Dejó de darle vueltas al lápiz que sostenía entre los dedos. Estaban pasando el día en casa, reunidos para acordar la estrategia a seguir en esas últimas semanas de campaña antes de las primarias.

-Exactamente, ¿en qué punto perdiste el hilo?

-En algún lugar entre El Paso y Sweetwater -contestó Edward-. Mira, Jasper, ¿estás seguro de que es absolutamente necesario pasearse por el oeste de Texas?

-Absolutamente necesario -se adelantó Emmett-. Con el precio del crudo tal como está, aquella gente necesita todos los discursos de ánimo que puedas darles.

-Les diré la verdad. Ya saben lo que pienso de dar falsas esperanzas y hacer promesas vacías.

-Entendemos tu punto de vista completamente, Edward -dijo Carlisle- pero el senador Dekker es en parte responsable de la situación que atraviesa el mundo del petróleo. Estuvo a favor del acuerdo firmado con los árabes. Hay que recordarles este punto a esos trabajadores en paro.

Edward lanzó el lápiz sobre la mesa y se puso de pie. Metiendo las manos en los bolsillos de los tejanos, se colocó delante de la ventana. Hacía un día espectacular. La primavera era todavía incipiente, pero empezaban a florecer los lirios. En los pastos la hierba empezaba a estar verde.

-¿No estás de acuerdo con la observación de Carlisle? -preguntó Jasper.

-Estoy completamente de acuerdo -contestó Edward, dándoles la espalda-. Ya sé que debo salir ahí fuera y resaltar la insensatez de Dekker y animar a la gente, pero también necesito estar aquí.

-Con Jessica.

-Sí. Y con Nessie.

-Creí que la psicóloga de Nessie había dicho que lo único que necesitaba era tiempo y que, cuando Jessica regresara a casa, Nessie mejoraría sustancialmente -apuntó Emmett.

-Es cierto.

-De modo que, tanto si estás aquí como si no, no resultará de gran importancia para Nessie. Y tampoco hay nada que puedas hacer por Jessica.

-Puedo estar con ella -replicó Edward con impaciencia; se puso a la defensiva y se volvió hacia ellos.

-¿Haciendo qué? Quedándote ahí mirando esos dos ojos amoratados -lo acusó Emmett-. ¡Dios, me ponen la piel de gallina!

El rostro de Edward se incendió de ira a causa del desagradable comentario de su hermano.

-Cállate, Emmett -ordenó Carlisle enfadado. Edward añadió secamente:

-Mirar esos dos ojos amoratados quizá sea lo único que puedo hacer por ella, Emmett, pero sigue siendo mi responsabilidad hacerlo. ¿No lo dejé claro hace semanas?

Con un suspiro profundo de sufrimiento, Jasper se dejó caer en una silla.

-Pensé que estábamos todos de acuerdo en que Jessica se encontraría mejor en esa clínica privada que aquí en casa.

-Lo estábamos.

-Allí la tratan como si fuera un miembro de la realeza, mejor que en el hospital -agregó Emmett-. Cada día tiene mejor aspecto. Era una broma lo que dije de los ojos. Una vez desaparezca la rojez y le vuelva a crecer el pelo, estará estupenda. Entonces, ¿cuál es el problema?

-El problema es que todavía se está recuperando de un trauma y de unas graves heridas físicas -contestó Edward enfadado.

-Nadie está discutiendo eso -intervino Carlisle-. Pero tienes que aprovechar todas las oportunidades, Edward. Tienes unas responsabilidades electorales que no pueden descuidarse, al igual que no puedes descuidar a tu mujer.

-¿Creen que no soy consciente de ello? -les preguntó a los tres.

-Eres consciente -afirmó Jasper-. Y Jessica también lo es.

-Quizá. Pero no mejora tanto cuando yo estoy fuera. El doctor Sawyer me dijo que se deprime mucho.

-¿Cómo demonios sabe él si ella está deprimida o muriéndose de risa? Sigue sin poder decir una maldita...

-¡Emmett!

Carlisle habló en un tono de voz que había utilizado con frecuencia durante su carrera militar para convertir a arrogantes pilotos en arrepentidos humillados. Haciendo el papel de coronel retirado, miró fijamente a su hijo mayor.

Muy pocas veces les pegó a sus hijos de pequeños, utilizaba sólo el castigo corporal cuando le parecía absolutamente necesario. Por lo general, una sola mirada y aquel tono de voz producían el efecto deseado.

-Ten un poco de consideración con la situación de tu hermano, por favor.

El respeto a su padre silenció a Emmett, que se volvió a dejar caer en la silla con obvia exasperación.

-Jessica sería la primera en decirte que hicieras este viaje -se dirigió Carlisle a Edward con voz tranquila-. No te lo diría si no estuviera totalmente convencido.

-Estoy de acuerdo con Carlisle -secundó Jasper.

-Y yo estoy de acuerdo con vosotros dos. Antes del accidente, ella estaría haciendo las maletas conmigo. -Se frotó la nuca, intentando que desaparecieran la fatiga y la tensión acumuladas- Ahora, cuando le digo que me marcho, veo pánico en sus ojos. La visión me persigue. Está tan patética... Me siento culpable. Antes de ausentarme durante un tiempo, tengo que tener en cuenta cómo va a reaccionar a mi partida.

Hizo un silencioso inventario de sus reacciones. En cada uno de los rostros veía un argumento a punto de ser expuesto y que, por consideración hacia él, acallaban sus opiniones.

Exhaló un profundo suspiro. -Mierda. Voy a salir un rato.

A grandes zancadas salió de la habitación y de la casa. En menos de cinco minutos estaba subido al caballo y galopando a través de uno de los pastos del rancho, rodeando manadas de perezosas reses. No tenía ningún destino en particular en la cabeza; sólo necesitaba la intimidad y la paz que podía proporcionarle el aire libre.

A lo largo de aquellos días no se hallaba casi nunca solo, pero nunca había sentido mayor soledad en toda su vida. Su padre, Jasper y Emmett podían aconsejarle sobre temas políticos, pero las decisiones personales eran exactamente eso, personales. Sólo podía tomarlas él.

No dejaba de pensar en la forma en que Jessica lo había tocado. Se preguntaba qué significaría aquello.

En las dos semanas transcurridas desde que ocurrió, le había dado miles de vueltas en la cabeza y seguía sin poder quitárselo de encima. A causa de su reacción de sorpresa, no duró más de una fracción de segundo; el tiempo suficiente para que las yemas de sus dedos le revolvieran el cabello de las sienes. Pero lo consideró como la caricia más importante que él y Jessica hubieran compartido jamás, más importante que su primer beso, que la primera vez que hicieron el amor... y que la última vez que lo hicieron.

Desmontó del caballo junto a un arroyo alimentado por un manantial que caía de las colinas calizas. Robles y cedros aparecían en el terreno rocoso. El viento era fuerte, procedente del norte; le quemaba las mejillas y hacía que lloraran sus ojos. Había salido sin chaqueta, pero el sol seguía cálido.

La caricia lo sorprendió tanto porque era un gesto muy poco característico en ella. Por supuesto que sabía tocar a un hombre; incluso después de todo lo ocurrido entre ellos, los recuerdos de los primeros tiempos conseguían todavía excitarlo. Con mucha habilidad, Jessica utilizaba el tacto para comunicarle sus deseos, tanto si decidía ser juguetona, sutil o simplemente obscena, sabía cómo transmitir sus deseos.

Esta vez había sido distinto. Notaba la diferencia. Su gesto fue de preocupación y compasión; espontáneo, producto de un corazón inocente, no de una mente calculadora; sincera, y no lo opuesto.

No se parecía en nada a Jessica.

El sonido de un caballo que se acercaba le hizo volver la cabeza. Carlisle desmontó del caballo con casi la misma agilidad que había demostrado Edward minutos antes.

-Pensé que sería una buena idea dar una vuelta. Hace un día estupendo.

Levantó la vista para contemplar el cielo cerúleo y limpio de nubes.

-Mierda. Has venido a conspirar.

Carlisle se echó a reír e indicó con un gesto de la cabeza que deberían sentarse sobre una de las rocas blanquecinas.

-Esme te vio marchar y sugirió que era hora de hacer una pausa en la reunión. Les sirvió bocadillos a los demás y me mandó en tu busca. Dijo que parecías estar molesto.

-Lo estoy.

-Pues será mejor que se te pase.

-No es tan fácil.

-Sabíamos desde el principio que esta campaña iba a ser una jodienda, Edward. ¿Qué esperabas?

-No es la campaña. Estoy preparado para eso -contestó con un gesto de determinación en la barbilla.

-Entonces es el asunto de Jessica. Sabías que eso tampoco iba a ser una tarea fácil.

Edward volvió la cabeza de golpe y preguntó directamente: -¿Te has dado cuenta de cómo ha cambiado?

-El médico te avisó de que su aspecto sufriría ligeras alteraciones, pero casi ni se notan.

-No los cambios físicos. Me refiero a la forma que tiene de reaccionar ante las cosas.

-No puedo decir que me haya dado cuenta. ¿Como, por ejemplo, qué?

Edward mencionó varias ocasiones en las que los ojos de Jessica habían registrado duda, inseguridad, temor. Carlisle escuchó con atención cada palabra; se lo pensó durante bastante tiempo antes de decir nada.

-Yo diría que su ansiedad es natural, ¿no te parece? Tenía la cara destrozada. Eso asustaría a cualquier mujer, pero una mujer con el aspecto de Jessica..., bueno, la idea de perder la belleza sería suficiente como para producirle una cierta inseguridad.

-Supongo que tienes razón, sólo que de ella hubiera esperado ira y no temor. Me resulta muy difícil explicarlo. Es algo que siento. Distraídamente, le contó la primera visita de Nessie.

-He vuelto con ella tres veces y, durante cada visita, Jessica llora y sostiene con fuerza a la niña.

-Porque piensa en que podría haberla perdido.

-Es algo más que eso, papá. Un día, cuando todavía estaba en el hospital, al salir del ascensor nos la encontramos en el recibidor en una silla de ruedas, esperando nuestra llegada. Fue antes de que le colocaran la dentadura. Llevaba la cabeza envuelta con un pañuelo y la pierna escayolada. -Perplejo, movió la cabeza de un lado a otro-. Tenía un aspecto horrible, pero allí estaba, valiente como nadie. Ahora dime, ¿haría Jessica una cosa así?

-Tendría ganas de verte, de mostrarte que ya podía levantarse de la cama.

Edward consideró esas palabras unos momentos, pero no acababa de convencerse. ¿En qué momento de su vida había intentado Jessica complacer a otra persona? Hubiera podido jurar que, a pesar de su incapacidad para sonreír, interiormente lo estaba haciendo al verlos llegar a él y a Nessie.

-¿De modo que crees que es una comedia?

-No -contestó Carlisle, dubitativamente-. Creo que es... -Temporal.

-Sí -afirmó-. Yo me enfrento a la realidad, Edward. Ya lo sabes. No quiero meterme en tu vida personal. Esme y yo queremos que tú, Emmett y sus familias se queden aquí en el rancho con nosotros. Y, porque esto es lo que deseamos, hemos intentado siempre no meternos en sus asuntos privados. Si yo hiciera lo que realmente tengo ganas de hacer, me aseguraría de que Rosse recibiera ayuda profesional para resolver su problema y le calentaría el culo a Alice por todas las veces que se lo tendrían que haber calentado y no lo hicieron. -Hizo una pausa antes de continuar- Quizá tendría que haber dicho algo antes de ahora, pero esperaba que tú tomarías la iniciativa de arreglar tu matrimonio. Sé que Jessica y tú se han distanciado en los últimos años. -Levantó las palmas de las manos-. No tienes que contarme por qué. No necesito saberlo. Se trata de algo que he intuido, ¿sabes? Qué caray, todos los matrimonios tienen momentos duros de vez en cuando. Esme y yo esperamos que ustedes dos hagan las paces, que tengan otro niño, que vayáis a Washington y que podáis vivir muchos años juntos. Quizás esta tragedia resuelva vuestros problemas y os una de nuevo. Pero -añadió- no esperes que Jessica cambie por completo como resultado de lo que le ha ocurrido. Si acaso, se necesitará más paciencia para entenderse con ella que hasta ahora.

Edward resumió el discurso de su padre, escogiendo los puntos pertinentes y leyendo entre líneas.

-Me estás diciendo que estoy buscando algo que no existe, ¿no es verdad?

-Estoy diciendo que es una posibilidad. Normalmente, cuando alguien se acerca mucho a la muerte, pasa después por una temporada en que lo ve todo de color de rosa. Yo lo he experimentado con pilotos que abandonaron sus aviones y vivieron para contarlo. Ya sabes, en un abrir y cerrar de ojos se percatan de todo lo que hubieran podido perder, se sienten culpables por no valorar a sus seres queridos y prometen enmendarse, mejorar su actitud general ante la vida, convertirse en una persona mejor; ese tipo de cosas. -Posó la mano sobre la rodilla de Edward-. Creo que eso es lo que estás viendo en Jessica. No quiero que te crees falsas esperanzas y que pienses que este incidente ha convertido a Jessica en el parangón de lo que debe ser una esposa. El doctor Sawyer garantizó retirarle algunas de las imperfecciones de la cara, pero no mencionó para nada las imperfecciones de su alma -agregó con una sonrisa.

-Supongo que tienes razón -contestó Edward, tenso-. De hecho, sé que tienes razón. Eso es exactamente lo que estaba haciendo, buscar mejoras que no existen en realidad.

Carlisle utilizó el hombro de Edward a modo de apoyo para ponerse en pie.

-No seas tan duro contigo mismo ni con ella. El tiempo y la paciencia son inversiones indispensables. Lo que vale la pena tener merece una espera, por larga que sea; como si durara toda una vida.

Montaron a los caballos y se dirigieron hacia la casa. Durante el camino de regreso hablaron poco. Al llegar a la puerta del establo, Edward se apoyó en la silla de montar y se volvió a su padre.

-Acerca de aquel viaje al oeste de Texas...

-¿Sí?

Carlisle hizo un semicírculo con la pierna derecha y saltó al suelo.

-Estoy dispuesto a llegar a un compromiso. Una semana. No puedo estar fuera más tiempo.

Carlisle azotó cariñosamente el muslo de Edward con las riendas que sostenía en la mano y se las dio a Edward.

-Estaba seguro de que entrarías en razón. Se lo diré a Jasper y a Emmett.

Se dirigió a la casa.

-Papá. -Carlisle se detuvo y se volvió-. Gracias -dijo Edward.

Carlisle hizo un gesto de que no tenía importancia. -Guarda bien los caballos.

Edward condujo a su caballo hacia el establo, tirando del de Carlisle a su espalda. Desmontó e inició el proceso de almohazar que le enseñaron en cuanto aprendió a montar.

Pero, al cabo de varios minutos, dejó las manos quietas sobre el lomo del caballo y la mirada perdida en el espacio.

Aquella noche necesitó su compasión y ternura. Quiso confiar en los motivos que la habían llevado a acariciarlo. Por el bien de su matrimonio y de Nessie, tenía la secreta esperanza de que esos cambios fueran permanentes.

Con el tiempo lo sabría, pero seguramente su padre tenía razón. Era casi un sueño creer que Jessica hubiese cambiado, cuando sus actos anteriores-habían demostrado que no era de fiar. No podía concederle el beneficio de la duda sin que todos, y principalmente él mismo, pensaran que era un imbécil por confiar en ella. -¡Maldita sea!


Bue, hoy nos enteramos de lo que sintió Edward cuando Bella lo tocó.

¿Seguirá Bella sin decir quien es realmente?

Gracias por sus Reviews en el capitulo anterior y gracias a quienes me leen.

(^_^)凸

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Actualizo si alguien me lee, como siempre!

Las aprecio, y aprecio mucho mas su apoyo!

๑۩۞۩๑

#Andre!#