Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
Capítulo 11
La enfermera, satisfecha, le dio un último vistazo. -Tiene un cabello maravilloso, señora Cullen.
-Gracias -contestó Bella con tristeza.- Lo poco que hay.- Durante los siete días de ausencia de Edward, había recuperado la voz por completo. Él estaba a punto de llegar en cualquier momento; se sentía nerviosa.
-No -estaba diciendo la enfermera-, eso es lo que quiero decir. No todo el mundo puede llevar el pelo tan corto. A usted le queda fenomenal.
Bella se observó en el pequeño espejo de mano, estiró el flequillo que colgaba sobre su frente y dijo dubitativamente:
-Espero que así sea.
Se hallaba sentada en un sillón, con la pierna derecha descansando sobre un taburete. Un bastón se apoyaba en la silla. Tenía las manos colocadas sobre el regazo.
Las enfermeras se encontraban tan nerviosas como ella misma por la inminente llegada de Edward, después de haber permanecido fuera de la ciudad durante más de una semana. La habían engalanado como si fuera una novia que esperara a su futuro marido.
-Ya ha llegado -anunció una de ellas en un susurro, metiendo la cabeza por la puerta.
La enfermera junto a Bella le dio un apretón en el hombro. -Está guapísima. Se va a quedar encantado.
No se quedó exactamente encantado, pero sí se sorprendió momentáneamente. Ella le observó abrir un poco más los ojos cuando la vio sentada en el sillón, vestida con ropa de calle, la ropa de Jessica que Esme le había llevado unos días antes.
-Hola, Edward.
Al oír su voz, se quedó aún más sorprendido.
El corazón le dio un vuelco. ¡Lo sabía! ¿Habría cometido otro error? ¿Lo llamaba Jessica por algún otro nombre? Contuvo la respiración, esperando a que él la señalara con el dedo para decirle: ¡impostora mentirosa!
En vez de eso, se aclaró la garganta con dificultad y le devolvió el saludo.
-Hola, Jessica.
A través de su nariz perfectamente estilizada, exhaló pequeños hilillos de aire, pues no quería expresar su alivio dejando escapar la respiración que había estado conteniendo durante tanto tiempo, hasta llegar a dolerle el pecho.
Él se adentró en la habitación y, con aire distraído, dejó un sobre y un ramo de flores sobre la mesilla de noche.
-Estás muy guapa.
-Gracias.
-Y puedes hablar -añadió con una sonrisa incómoda.
-Sí. Por fin.
-Tienes una voz distinta.
-Ya nos avisaron de que podía ocurrir, ¿no te acuerdas? -replicó con rapidez.
-Sí, pero no esperaba la... -Hizo un gesto con los dedos sobre la garganta-. Lo de la ronquera.
-Quizá desaparezca con el tiempo.
-Me gusta.
No podía quitarle los ojos de encima. Si las cosas entre los dos fueran como debieran ser, él estaría de rodillas acariciándole su nueva cara con las yemas de los dedos como un ciego, sorprendiéndose de la suavidad de la piel y telegrafiando su amor. Con gran desilusión por parte de ella, Edward mantuvo una cuidadosa distancia. Como de costumbre, llevaba tejanos. Estaban planchados con raya, pero eran lo suficientemente viejos y suaves para cubrir como un guante la parte inferior de su cuerpo. Bella no quería perderse por su propia curiosidad femenina, de modo que, con determinación, sostuvo la vista por encima de la solapa de su americana deportiva.
La vista desde allí también era muy buena. Su mirada era casi tan penetrante como la de él.
Nerviosa, se cubrió el pecho con la mano. -Me estás mirando fijamente.
Bajó la cabeza, pero sólo una fracción de segundo antes de volver a levantarla.
-Lo siento. Supongo que realmente no esperaba que nunca volvieras a parecerte a ti misma. Y... estás como antes. A excepción del cabello.
Un temblor de placer le sacudió el cuerpo, porque su treta había funcionado.
-¿Tienes frío?
-¿Qué? ¿Frío? No. -Intentó desesperadamente cambiar de tema-. ¿Qué es eso?
Él le siguió la mirada hasta el paquete que había traído. -Ah, son tus joyas.
-¿Joyas?
Se disipó toda su alegría. Tragó con dificultad.
-Lo que llevabas puesto el día del accidente. El hospital llamó al despacho hoy para recordarme que seguían en su caja fuerte. Me pasé por allí para recogerlas. Siempre se me olvidaba. -Le extendió el sobre. Bella se lo quedó mirando como si fuera una serpiente venenosa, y le daba el mismo miedo tocarla. Sin embargo, comprendiendo que era imposible evitarlo, lo cogió-. No me tomé la molestia de hacer el inventario de su contenido, pero quizá sea mejor que tú lo hagas ahora.
Ella dejó caer el sobre en su regazo. -Lo haré más tarde.
-Supuse que querrías recuperar tus cosas.
-Ah, sí. Simplemente que no es muy cómodo ponerse joyas ahora mismo. -Cerró la mano y, a continuación, la abrió lentamente, extendiendo los dedos-. Mis manos están ya casi normales, pero me siguen molestando. Creo que me resultaría difícil quitarme y ponerme los anillos.
-Sería la primera vez que te ocurriese, ¿verdad? Por lo menos en lo que se refiere a tu alianza.
Las duras palabras la dejaron atónita. Notó que él tampoco llevaba alianza y tuvo la tentación de decírselo para defender a Jessica, pero refrenó su impulso. Si Jessica se había quitado el anillo para cometer actos ilícitos, tal como él había insinuado, era mejor evitar el tema, de momento.
Edward se sentó en el borde de la cama. El silencio hostil se hizo más profundo. Bella fue la primera en romperlo:
-¿Ha ido todo bien en el viaje?
-Sí, muy bien. Agotador.
-Te vi por televisión casi todas las noches. Las multitudes parecían estar enardecidas.
-Todos se han alegrado de los resultados obtenidos.
-Los analistas políticos dicen que tu triunfo será aplastante.
-Espero que así sea.
Se volvió a producir otro silencio, mientras cada uno de ellos intentaba, sin mucho éxito, no mirarse fijamente.
-¿Cómo está Nessie?
Se encogió de hombros, despreocupado.
-Está bien. -Bella frunció el ceño indecisa-. De acuerdo, no tan bien. -Se puso de pie y empezó a recorrer la habitación, los tacones de sus botas formando pequeños surcos en la moqueta. Mamá dice que sigue teniendo pesadillas. Se despierta cada noche gritando, a veces incluso a la hora de la siesta. Se mueve por la casa como un fantasma.- Extendió las manos como si fuera a agarrar algo y las cerró en el vacío.-No se entera del todo de las cosas, ¿sabes? Nadie puede hablar con ella, ni yo, ni la psicóloga.
-Le pedía Esme que me la trajera. Me dijo que tú le habías dicho que no lo hiciera.
-Eso es.
-¿Por qué?
-No pensé que fuera buena idea que viniera mientras yo estaba ausente.
No insistió, aunque se quedó con las ganas de preguntarle por qué. Quizá provocaría otra discusión y no estaba preparada para eso.
-La echo de menos. Quizá, una vez que regrese a casa, las cosas vayan mejor.
Su escepticismo fue evidente: -Quizá.
-¿Pregunta por mí alguna vez?
-No.
Bella bajó la mirada hasta su regazo. -Entiendo.
-Bueno, ¿y qué esperas, Jessica? La gente devuelve con la misma moneda.
Durante un momento se enfrentaron con la mirada; acto seguido, ella se cubrió la frente con la mano. Las lágrimas le inundaron los ojos. Lloraba por la niña que no había recibido el suficiente amor de su madre. Pobre pequeña Nessie. Bella sabía lo que significaba la falta de cariño por parte de los padres. Aquello justificaba fingir ser la madre de Nessie cuando, inicialmente, había pensado que sería mejor que Nessie se enterara de la muerte de su madre lo antes posible.
-¡Mierda! -exclamó Edward en voz muy baja. Atravesó la habitación y posó ligeramente la mano sobre la cabeza de su mujer. Sus dedos acariciaron el cabello hasta convertirse en un pequeño masaje-. Lo siento. No era mi intención hacerte llorar. Nessie se pondrá mejor, mucho mejor. -Al cabo de unos instantes, agregó-: Quizá fuera mejor que me marchara.
-¡No! -Levantó la cabeza. Las lágrimas seguían inundándole los ojos-. Me gustaría que te quedaras.
-Ya es hora de que me vaya.
-Por favor, quédate un rato más.
-Estoy cansado y de mal humor por culpa del viaje. No soy muy buena compañía.
-No me importa.
Él negó con la cabeza. Con valentía, Bella intentó disimular su gran desilusión.
-Entonces, te acompañaré.
Tomó el bastón y apoyó todo su peso sobre él al levantarse. Pero la mano nerviosa y sudorosa se deslizó por el mango, haciéndole perder el equilibrio.
-¡Por el amor de Dios, ten cuidado!
Los brazos de Edward la rodearon. El sobre con las joyas cayó al suelo, pero ninguno de los dos se dio cuenta. La sujetó con el brazo por la espalda y sus fuertes dedos se posaron sobre las costillas, bajo la suave caída del pecho.
Mientras la ayudaba a llegar lentamente hasta la cama, Bella se aferró a él, agarrando con los dedos la tela de la americana. Inhaló su aroma: limpio, pero de hombre al que le gusta el aire libre; fragante, pero masculino, con un ligero regusto a cítricos. Su fuerza la inundaba, y ella la embebía como si de un elixir se tratara.
Reconoció entonces lo que había intentado ocultarse durante los largos y tortuosos días de su ausencia: quería convertirse en la señora Cullen para poder estar cerca de Edward.
Basándose en la desdicha sentida durante su viaje y en el placer experimentado al verlo entrar en la habitación, no dejaba de ser una razón tan válida como las demás. Por lo menos, era igual de sólida.
Él la ayudó a sentarse en el borde de la cama y, con suavidad, le acarició el muslo de la pierna herida.
-Era una fractura múltiple. El hueso todavía no está tan fuerte como tú creías.
-Supongo que no.
-Teníamos razón al decidir que te quedaras aquí hasta después de las primarias. Toda esa actividad resultaría demasiado para ti.
-Seguramente.
Su respuesta era justificada, porque, cuando Esme le informó de la decisión que habían tomado sin consultarla ni pedirle su consentimiento, se sintió abandonada, como si fuera una vergüenza para la familia, una vergüenza que debía permanecer escondida, alejada del público.
-Tengo muchas ganas de volver a casa, Edward.
Sus cabezas estaban juntas. Ella veía su nuevo rostro reflejado en las pupilas de sus ojos. El aliento del hombre la envolvía. Deseaba que la abrazara. Quería abrazarlo.
Y quería decir: tócame, Edward, abrázame, bésame.
Durante una fracción de segundo él pareció considerarlo; acto seguido, se apartó de ella.
-Me voy ahora -dijo bruscamente-, para que puedas descansar.
Ella le tomó la mano y la apretó con toda la fuerza de la que era capaz.
-Gracias.
-¿Por qué?
-Por..., por las flores y... por ayudarme a volver a la cama.
-No hay de qué -dijo, sin prestar la mayor atención y retirando la mano.
Ella gimió como un animal herido. -¿Por qué siempre rechazas mi gratitud?
-No te hagas la tonta, Jessica -susurró irritado-. Tu gratitud no significa nada para mí y tú sabes por qué.
Se despidió brevemente y salió de la habitación.
Bella estaba hundida. Había esperado mucho más del encuentro. Sus fantasías no se parecían en nada a la dura realidad, pero ¿qué podía esperar de un marido que obviamente no sentía un gran interés por su esposa?
Por lo menos no se había dado cuenta de la mentira. Desde un punto de vista profesional, todavía se encontraba sobre tierra firme.
Volvió a la silla y recogió el sobre, lo abrió y vació el contenido en la mano. Su reloj de pulsera ya no funcionaba, el cristal estaba totalmente destrozado. Faltaba un pendiente de oro, pero no se trataba de una gran pérdida. El objeto que más le importaba no se encontraba allí. ¿Dónde estaba el colgante?
Entonces se acordó. No llevaba el colgante cuando tuvo lugar el accidente. Lo tenía Jessica Cullen.
Se hundió en el sillón, lamentando la pérdida de una pieza tan querida, pero se espabiló enseguida. Más tarde se ocuparía de sus sentimientos. De momento, tenía que actuar.
Unos minutos después, una enfermera levantó la vista de su pantalla de ordenador.
-Buenas noches, señora Cullen. ¿Ha disfrutado de la visita de su marido?
-Mucho, gracias. -Le tendió el sobre a la enfermera-. Tengo que pedirle un favor. ¿Sería tan amable de ponerme esto en el correo mañana? -La enfermera leyó la dirección escrita-. Por favor -insistió Bella, antes de que la enfermera pudiera hacerle ninguna pregunta.
-Será un placer -contestó, aunque era obvio que le parecía una petición extraña-. Saldrá en el correo de la mañana.
-Preferiría que no le mencionara esto a nadie. Mi marido ya me acusa de ser excesivamente sentimental.
-De acuerdo.
Bella le dio varios billetes, sisados de la generosa cantidad que Edward le había dejado antes de salir de viaje.
-Aquí tiene dinero suficiente para los sellos, creo. Gracias. Aquello representaba otra ruptura con Bella Swan. Volvió a la habitación asignada a la señora Jessica Cullen.
Gaby123, dracullen, Guest: Gracias por leerme, no les puedo responder por mp asi que les agradezco por aquí!
Bueno mis niñas, lamento decir que a mí también me duele el desprecio de Edward con Bella, ¿Quién se anota para darle un golpe?
Como siempre creo que Bella aún no sabe dónde se está metiendo, ustedes que dicen?
Gracias por sus Reviews en el capitulo anterior y gracias a quienes me leen recien ahora.
凸(^_^)凸
Dejen su Review, es una gran motivación para mi leerlas!
Actualizo mañana si alguien me lee, como siempre!
Las aprecio, y aprecio mucho mas su apoyo!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
