Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
Capítulo 13
Lo vio en el espejo.
Sentada en el pequeño tocador de su habitación de la clínica, Bella miró a Edward directamente a los ojos al entrar éste. Se sostuvieron la mirada mientras ella colocaba con lentitud el recipiente de colorete sobre la superficie espejada de la mesa. A continuación, se volvió y se miraron cara a cara.
Él lanzó el abrigo y varias bolsas de grandes almacenes sobre la cama, sin dejar de mirarla. Con las manos fuertemente apretadas sobre su regazo, Bella sonrió nerviosa.
-La incertidumbre me está matando.
-Estás preciosa.
Ella se humedeció los labios, que ya brillaban gracias al pintalabios.
-El experto en maquillaje vino esta mañana y me dio unas lecciones. Hace años que me maquillo, pero pensé que sería mejor que me dieran un par de clases. Además, la consulta está incluida en el precio de la habitación.
Volvió a sonreír. En realidad, lo que quería era una excusa para mejorar la forma de maquillarse de Jessica, que, en opinión de Bella, resultaba exagerada.
-He utilizado una técnica nueva. ¿Te parece que me queda bien?
Levantó la cara para que él pudiera estudiarla mejor. A pesar de no querer acercarse mucho más, lo hizo. Se puso las manos sobre las rodillas, se inclinó sobre ella y le examinó el rostro cuidadosamente.
-Ni siquiera se ven las cicatrices. Nada. Es increíble.
-Gracias.
Le dedicó la clase de sonrisa que una mujer ofrece a su cariñoso marido.
Excepto que Edward ni era su marido ni cariñoso, pues se incorporó y le dio la espalda. Bella cerró los ojos momentáneamente, intentando disimular su desánimo. Había descubierto que no era un hombre dado perdonar. Si había perdido toda la confianza en Jessica, que confiara en ella iba a resultar una batalla difícil.
-¿Te estás acostumbrando a mi nuevo aspecto?
-Poco a poco.
-Hay diferencias -comentó, en un tono inseguro.
-Pareces más joven. -La miró rápidamente por encima del hombro y en voz baja añadió-: Y más guapa.
Bella se levantó del tocador y se dirigió hacia él. Posó una mano sobre su brazo y lo obligó a darse la vuelta.
-¿De verdad?
-Sí.
-¿Más guapa? ¿En qué sentido?
Al igual que se había percatado de su incapacidad para perdonar, también conocía la gran habilidad que tenía para controlar el mal humor. En esos momentos lo estaba provocando. Sus ojos centelleaban, pero Bella no se rindió. Se sentía obligada a conocer las diferencias que existían entre ella y Jessica. Investigación, se dijo a sí misma.
Edward blasfemó con impaciencia, mesándose los cabellos.
-No lo sé. Simplemente estás diferente. Quizá sea el maquillaje, el pelo..., no lo sé. Estás bien, ¿vale? ¿Podemos dejarlo así? Estás... -Bajó la vista y volvió a mirarla a la cara. A continuación examinó su cuerpo y apartó la mirada-. Estás bien. -Metió la mano en el bolsillo de su camisa y extrajo una nota escrita a mano-. Mamá y yo te hemos comprado las cosas que nos pediste. -Señaló las bolsas y leyó la lista de objetos-. El perfume en pulverizador Ysatis. No tenían las cosas de baño que querías.
-Ya las compraré más adelante.
-Medias. ¿Es éste el color que querías? Dijiste beige claro.
-Está bien. -Revolvió las bolsas, localizando los objetos a medida que él los enunciaba. Extrajo de la caja la botella de perfume, la abrió y se roció la muñeca con el atomizador - Mira, huele. Colocó la muñeca contra su mejilla, de modo que él se vio obligado a volver la cabeza para oler. Al hacerlo, sus labios le rozaron el antebrazo. Inmediatamente se miraron.
-Muy bueno -dijo, y apartó el rostro antes de que Bella tuviera tiempo de bajar el brazo.
-Un camisón con mangas. -De nuevo la interrogó-: ¿Desde cuándo has empezado a ponerte algo para dormir, y menos algo con mangas?
Bella, cansada de estar a la defensiva, contestó airada: -Desde que sobreviví a un accidente de avión y acabé con quemaduras de segundo grado en los brazos.
Edward, con la boca abierta y a punto de replicar, decidió no hacerlo. Volvió al último objeto de la lista y leyó:
-Sujetador de la talla 34.
-Lo siento.
Ella sacó la prenda de la bolsa, retiró las etiquetas y volvió a doblarlo. Los sostenes que le habían llevado de los cajones de Jessica resultaron ser demasiado grandes.
-¿Qué es lo que sientes?
-Haber bajado toda una talla.
-¿Y a mí en qué puede afectarme una cosa así?
A Bella, el desprecio de su semblante le hizo apartar la mirada. -En nada, supongo.
Vació las bolsas y agregó los objetos a las cosas que había dispuesto para ponerse al día siguiente. Las prendas que Esme y Edward habían llevado del armario de Jessica le iban bastante bien. Tan sólo le iban un poco grandes. Evidentemente, Jessica tenía los pechos y las caderas más llenas y con más curvas, pero Bella justificó su pérdida de peso por la dieta líquida seguida durante tanto tiempo. Incluso le iban bien los zapatos de Jessica.
Siempre que era posible mantenía los brazos y las piernas tapados, prefiriendo los pantalones a las faldas. Temía que la forma de sus pantorrillas y los tobillos la delataran. Hasta ese momento, nadie había comentado nada. Para los Cullen, ella era Jessica. Estaban convencidos. ¿O no?
¿Por qué no había vuelto a hablar con ella el que conspiraba con Jessica?
Esa preocupación era tan persistente como un moscón zumbándole continuamente en la cabeza. Al pensarlo, enfermaba de miedo, de forma que se concentró más en la personalidad de Jessica, haciendo un esfuerzo para evitar todos los errores que pudieran delatarla.
De momento, había tenido suerte. No era consciente de haber cometido ningún error terrible.
Ahora que la partida era inminente, estaba nerviosa. Al convivir bajo el mismo techo que los Cullen, especialmente con Edward, aumentarían las oportunidades de cometer errores.
Además; aparecería de nuevo como la esposa de un candidato al Congreso y estaría obligada a enfrentarse con los problemas relacionados con aquel asunto.
-¿Qué va a ocurrir mañana, Edward?
-Jasper me dijo que te preparara. Siéntate.
-Esto parece ir en serio -bromeó una vez se hubieron sentado el uno frente al otro.
-Lo es.
-¿Tienes miedo de que meta la pata ante la prensa?
-No, pero puedo garantizarte que ellos sí cometerán alguna imprudencia.
Como era una crítica a su profesión, se ofendió: -¿Como, por ejemplo, qué?
-Te harán cientos de preguntas personales, examinarán tu rostro, buscando cicatrices; ese tipo de cosas. Seguramente te harán más fotos mañana que durante toda la campaña electoral.
-No le tengo miedo a las cámaras.- Edward sonrió irónico.
-Ya lo sé. Sólo que mañana, cuando salgas de aquí, te atosigarán. Jasper intentará controlarlo todo, pero, ya sabes, estas cosas tienen tendencia a ser caóticas. -Metió la mano de nuevo en el bolsillo de la camisa, sacó otro trozo de papel y se lo tendió-. Familiarízate con esto esta noche. Es una breve declaración que ha escrito Jasper para que la leas. Tendrá un micrófono preparado. ¿Qué ocurre?
-Esto. -Agitó el trozo de papel delante de sus narices-. Si leo esto, creerán que soy una retrasada mental.
Él suspiró y se frotó las sienes.
-Jasper temía que dijeras eso exactamente.
-Cualquier persona que oiga estas palabras creerá que el accidente afectó más a mi cerebro que a mi rostro. El más pintado supondrá que me encerraste en un hospital hasta que recuperara la cordura, como algo sacado de Jane Eyre. Mantener a la esposa mentalmente enferma...
-Jane Eyre? Sí que te has puesto literaria.
Durante un momento se quedó cortada, pero replicó rápidamente:
-Vi la película. En cualquier caso, no quiero que la gente piense que tengo una disfunción cerebral y que todo lo que digo se me tiene que escribir de antemano.
-Simplemente no hables con el culo, ¿vale?
-Conozco bien la lengua inglesa, Edward -dijo enfadada-. Soy capaz de juntar más de tres palabras en un momento dado y sé comportarme en público.- Rasgó la hoja por la mitad y la tiró al suelo.
-Aparentemente has olvidado el incidente de Austin. No podemos permitirnos errores como aquél, Jessica.
Como no conocía el error cometido por Jessica en Austin, no pudo defenderse ni excusarse. De todos modos, no debía olvidar que Isabella Swan tenía experiencia hablando ante las cámaras de televisión, que estaba bien versada en el campo de los medios de comunicación; y, evidentemente, lo mismo no podía decirse de Jessica Cullen.
Con voz más tranquila, rectificó:
-Soy consciente de lo importante que son todos los actos públicos a partir de ahora hasta el mes de noviembre. Intentaré comportarme adecuadamente y vigilar mis palabras. -Sonrió arrepentida y recogió los trozos del papel roto-. Incluso me aprenderé de memoria este insulso discurso. Quiero hacer lo que más te convenga a ti.
-No te molestes en ser amable conmigo. Si de mí dependiera, ni siquiera permitiría que hicieras estas declaraciones. Jasper cree que debes hacerlo para aliviar la curiosidad del público. Emmett y papá están de acuerdo con él. De modo que es para complacerles a ellos, no a mí.
Se puso en pie. Bella se levantó rápidamente. -¿Cómo está Nessie?
-Igual.
-¿Le has dicho que regreso a casa mañana?
-Me escuchó, pero es difícil saber lo que estaba pensando.
Acongojada por la falta de mejora en el estado de la niña, Bella se puso una mano en la base del cuello y se lo frotó pensativamente.
Edward le rozó la mano.
-Eso me recuerda algo. -Se dirigió a la americana, que continuaba a los pies de la cama, y sacó algo de uno de los bolsillos-. Ya que el hospital se hizo un lío y perdió tus joyas, Jasper ha pensado que sería mejor que comprara otra alianza. Dijo que todos los votantes querrían verte con una.
No le había mentido exactamente. Cuando Edward preguntó por las joyas, le contó que, al abrir el sobre de la caja fuerte del hospital, encontró las joyas de otra persona, no las de Jessica Weber. «Se lo di a una de las enfermeras para que se hicieran cargo de ello», le dijo, y él preguntó entonces: «¿Y dónde están las tuyas?» A lo que ella contestó: «Dios sabe. Supongo que se trata de uno de esos equívocos difíciles de explicar. Habla con la compañía de seguros.»
Edward estaba extrayendo un sencillo aro de oro de una cajita forrada de terciopelo y comentó:
-No es tan elegante como la otra, pero sirve.
-Me gusta -dijo Bella cuando se colocó el anillo en el dedo.
Vio que él llevaba un aro que hacía juego con el suyo. Se aferró a su mano y pronunció su nombre en un susurro. Inclinó la cabeza sobre las manos unidas, cogidas entre sus pechos. Se inclinó aún más y, con suavidad, le besó los nudillos.
-Jessica -protestó él, intentando liberar la mano-. No lo hagas.
-Por favor, Edward. Quiero darte las gracias por todo lo que has hecho por mí. Por favor, déjame que lo haga. -Le suplicó que aceptara su gratitud-. Hubo muchas veces, incluso desde el principio, cuando recobré el conocimiento, en que quise morir. Seguramente podría haberlo conseguido si no hubiera sido por todos los ánimos que me diste. Has sido... -Se atragantó y no hizo ningún esfuerzo por atajar las lágrimas que le caían por las mejillas-. Has sido una maravillosa fuente de valor durante todo este tiempo. Gracias.
Hablaba con el corazón. Cada una de las palabras era verdad. Siguiendo el impulso de sus emociones, se acercó a él de puntillas y le rozó los labios con los suyos.
Él apartó la cara. Bella le oyó tomar aliento sorprendido. Intuyó su vacilación mientras la miraba de arriba abajo. Y entonces Edward inclinó la cabeza y sus labios entraron brevemente en contacto, ligeramente, casi sin tocarse.
Ella acercó más el cuerpo, intentó llegar hasta sus labios y dijo en voz muy baja:
-Edward, bésame, por favor.
Con un pequeño gemido, Edward unió sus labios. Le rodeó la espalda con el brazo y la acercó a él. Desentrelazó los dedos, posó la mano sobre su garganta, la acarició con el pulgar y mientras, con la lengua, jugueteó a intentar meterse entre sus labios.
Lo hizo y la metió hasta el fondo.
De pronto, interrumpió el beso y levantó la cabeza. -¿Qué demo...?
Totalmente abrazados la miró directamente a los ojos. Aunque intentaba apartarse de ella, no dejaba de mirarle los labios. Cerró los ojos, negó con la cabeza algo que no podía explicarse y volvió a unir su boca a la de ella.
Bella le devolvió el beso, liberando todo el deseo que tan secretamente había alimentado durante aquellos últimos meses. Sus bocas se unieron plenas de deseo y excitación. Cuanto más conseguía él de ella, más quería él y más quería darle ella.
Con la mano en la cadera de ella, la atrajo hacia su miembro erecto. Bella se arqueó contra él, levantó las manos hasta su cuello y le hizo bajar la cabeza, disfrutando de la mezcla de texturas que palparon las yemas de sus dedos: el cabello, la ropa, la piel.
Y en aquel momento se acabó todo.
La apartó y se separó varios centímetros. Angustiada, lo vio frotarse la boca con el revés de la mano, intentando borrar su beso, y emitió un breve sonido lastimero.
-No funcionará, Jessica -dijo en tono cortante-. No conozco este nuevo juego que te has inventado, pero hasta que aprenda las normas, me niego a participar. Siento lo que te ha ocurrido. Dado que eres mi esposa legal, hice lo que consideré mi deber. Pero no tiene nada que ver con mis sentimientos. No han cambiado en absoluto. ¿Lo entiendes? No ha cambiado nada.
Recogió su americana deportiva, se la echó por encima del hombro y salió de la habitación sin dirigirle una mirada siquiera.
Jasper salió al patio. Los rayos del sol primaveral habían hecho florecer las plantas. Los arbustos de adelfas florecían en urnas de cerámica alrededor de la piscina. Las rosas cubrían los parterres.
Pero era de noche en ese momento y los capullos se habían cerrado ante la falta de luz solar. El patio estaba iluminado por focos colocados en el suelo entre las plantas. Producían altas y delgadas sombras sobre las paredes blancas de la casa.
-¿Qué estás haciendo ahí fuera? -preguntó Jasper.
El solitario, hundido en una hamaca, contestó secamente: -Pensando.
Pensaba en Jessica, en el aspecto de su rostro reflejado en el espejo al entrar en la habitación. Resultaba incandescente. Le resplandecían los ojos, como si su llegada significara algo especial para ella. Decidió que era una buena comedia. Durante unos momentos insensatos llegó incluso a caer en sus garras. Qué imbécil.
Si simplemente hubiera salido de la habitación, si no la hubiera tocado ni besado, ni deseado que las cosas fueran de otra forma, no estaría en esos momentos contestando mal a su amigo, aferrado a una botella de whisky y librando una batalla perdida contra una erección que se negaba a desaparecer. Irritado consigo mismo, alcanzó la botella de Chivas Regal y vertió un poco más sobre los cubitos de hielo que descansaban en el fondo del vaso.
Jasper se sentó en otra hamaca cerca de la de Edward y lo contempló preocupado. Edward, al ver que lo observaba con una mirada franca y crítica, dijo:
-Si no te gusta lo que ves, vete a otro sitio.
-Vaya, vaya, estamos de mal humor, ¿eh?
Lo que estaba era caliente y deseando a una esposa infiel. La infidelidad podría llegar a perdonarla, a la larga, pero no lo otro. Nunca perdonaría lo otro.
-¿Has visto a Jessica? -preguntó Jasper, adivinando la causa del mal humor de Edward.
-Sí.
-¿Le diste las declaraciones que tiene que leer?
-Sí. ¿Sabes lo que hizo?
-¿Te dijo que te las metieras por ahí?
-Más o menos. Rompió la hoja por la mitad.
-Lo escribí por su propio bien.
-Díselo tú.
-La última vez que le dije algo por su propio bien, me llamó tonto del culo.
-Esta noche ha estado a punto de deletrear lo mismo.
-Tanto si se lo cree como si no, encontrarse con la prensa por primera vez después del accidente va a ser una putada, incluso para una mujer tan dura como Jessica. Aunque sólo sea por la curiosidad estarán frenéticos.
-Ya se lo he dicho, pero no le gusta recibir consejos no solicitados ni que le pongan palabras en la boca.
-Bueno -dijo Jasper, frotándose la nuca cansinamente-, no te preocupes hasta que no llegue el momento. Seguramente lo hará bien.
-Parece confiar en que así será. -Dio un sorbo de whisky y, luego, agitó el vaso entre las palmas de las manos, mientras observaba a una polilla lanzarse de forma suicida sobre uno de los focos situados entre los arbustos-. Está...
Jasper se inclinó hacia delante.
-¿Está qué...?
-Demonios, no lo sé -murmuró Edward-. Distinta.
-¿De qué manera?
Para empezar, sabía distinta, pero eso no se lo dijo a su amigo.
-Es más suave. Agradable.
-¿Agradable? Me suena a mí como si hubiera protagonizado una pataleta esta noche.
-Sí, pero ésta es la primera. El accidente y todo lo que ha ocurrido la ha serenado un poco, creo. Parece más joven, pero se comporta como una persona mucho más madura.
-Me he dado cuenta de eso. Es comprensible, ¿no te parece? Jessica de pronto se ha dado cuenta de que es mortal. -Jasper se quedó mirando fijamente al suelo de terrazo bajo sus pies-. Y, personalmente, ¿cómo están las cosas entre ustedes? -Edward le echó una mirada feroz-. Si no es asunto mío, dímelo.
-No es asunto tuyo.
-Estoy al corriente de lo que ocurrió en Fort Worth la semana pasada.
-No sé de qué demonios me estás hablando.
-La mujer, Edward.
-Había muchas mujeres por ahí.
-Pero sólo una te invitó a su casa después del mitin. Por lo menos, sólo una que yo sepa.
Edward se frotó las sienes.
-Dios mío, no se te escapa nada, ¿verdad?
-No cuando se refiere a ti. No hasta que salgas elegido senador.
-Bueno, pues quédate tranquilo. No fui.
-Ya lo sé.
-Entonces, ¿por qué lo mencionas?
-Quizá deberías haber acudido a la cita. -Edward soltó una breve carcajada de sorpresa-. ¿Tenías ganas?
-Quizá.
-Sí que te apetecía -dijo Jasper, contestando a su propia pregunta-. Eres humano. Tu mujer lleva meses incapacitada, e incluso antes de que ocurriera todo esto...
-Te equivocas, Jasper.
-Todos los miembros de la familia saben que las cosas no van bien entre ustedes. Yo me limito a señalar lo obvio. Seamos sinceros.
-Tú puedes ser sincero. Yo me voy a la cama.
Jasper lo sujetó por el brazo antes de que pudiera levantarse. -Por el amor de Dios, no te enfades conmigo y te marches de mal humor. Estoy intentando hacerte un favor. -Esperó unos instantes, para darle tiempo a Edward de que controlara su ira-. Lo único que he dicho es que hace mucho tiempo que no tienes relaciones sexuales -añadió en tono tranquilo-. La privación hace que estés nervioso e irritable, y eso no es bueno para nadie. Si todo lo que necesitas para recuperar el buen humor es un buen revolcón, házmelo saber.
-¿Y tú de qué harás? -preguntó Edward, arriesgándose-. ¿De alcahuete?
Jasper pareció quedar decepcionado. -Hay formas de hacerlo con discreción.
-Cuéntaselo a Gary Hart.
-Él no era inteligente.
-¿Y tú lo eres?
-Ya puedes estar seguro de ello.
-¿Sabes lo que diría papá si te oyera hacerme esta oferta?
-Él es un idealista -contestó Jasper con despreocupación-. Carlisle se cree realmente lo de la maternidad y el pastel de manzana. Moralidad es su segundo apellido. Yo, en cambio, soy un realista. Nos acicalamos bastante bien, pero, debajo de todos nuestros gestos, el hombre sigue siendo un animal. Si necesitas un polvo y tu mujer no te complace, pues te vas a la cama con otra. -Al finalizar este crudo resumen, Jasper se encogió de hombros elocuentemente-. En una situación como la tuya, Edward, un poco de infidelidad matrimonial resultaría beneficioso.
-¿Qué te hace suponer que necesito un polvo desesperadamente?
Jasper sonrió y se puso de pie.
-Te he visto en acción, ¿recuerdas? Hay un gesto tenso alrededor de tu boca, lo cual significa que hace tiempo que no liberas tu tensión nerviosa. Reconozco ese mal humor. Puede que te estés presentando a unas elecciones, pero sigues siendo Edward Cullen. La polla no sabe que debe comportarse como un niño bueno hasta después de las elecciones.
-Me estoy jugando todo mi futuro en estas elecciones, Jasper. Tú lo sabes. Estoy a punto de hacer realidad mi deseo de ir a Washington como senador. ¿Crees que sería capaz de arriesgar ese sueño por veinte minutos de infidelidad matrimonial?
-No, supongo que no -reconoció Jasper con un tímido suspiro-. Sólo intentaba ayudar.
Edward se puso de pie y le ofreció una sonrisa.
-¿Lo próximo que vas a decir es para qué están los amigos? - Jasper se rió entre dientes.
-¿Algo tan trillado? ¿Estás bromeando?
Se dirigieron hacia la puerta principal de la casa. En un gesto de compañerismo, Edward pasó un brazo por los hombros de Jasper. -Eres un buen amigo.
-Gracias.
-Pero Jessica tenía razón en una cosa.
-¿En qué?
-Eres tonto del culo.
Riéndose juntos, entraron en la casa.
¿Quien se suma para golpear a Edward por el desprecio hacia Bella luego de besarla?
Entiendo que "algo" debe pasarle, pero pobre Bella!
Uff, déjenme decirles que este Jasper es más charlatán que el que conocemos, ¿Les gusta este Jas?
Gracias por sus Reviews en el capitulo anterior y gracias a quienes me leen.
Ayer no pude actualizarles la historia ya que regrese tarde a casa, pero espero les guste este capítulo que es extenso y hasta tenemos un encuentro especial, de a poco se va acomodando la historia!
凸(^_^)凸
Dejen su Review, es una gran motivación para mi leerlas!
Actualizo mañana si alguien me lee, como siempre!
Las aprecio, y aprecio mucho mas su apoyo!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
