Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.

La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.


Capítulo 15

Toda la casa estaba amueblada con el gusto y el estilo que uno esperaría de Esme. La decoración era tradicional, muy agradable y cómoda. Todas las habitaciones eran espaciosas, con altos techos de vigas y amplios ventanales. Esme había construido un buen hogar para su familia.

El almuerzo los esperaba en el patio. Se sirvió sobre una mesa de picnic bajo un enorme parasol amarillo. Después de abrazar a Carlisle y a Esme, Bella se dirigió a Nessie y se arrodilló.

-Hola, Nessie. Tenía muchas ganas de verte.

Nessie miraba fijamente al suelo. -He sido buena.

-Claro que has sido buena. Papá ya me lo ha dicho. Y estás muy guapa. -Acarició el corto cabello de Nessie-. Te está creciendo el pelo y ya te han quitado la escayola.

-¿Puedo comer ya? La abuela me dijo que podría hacerlo cuando tú llegaras.

Su indiferencia rompió el corazón de Bella. Lo más lógico hubiera sido que tuviera unas enormes ganas de contarle cosas a su madre después de una separación tan larga.

Mientras se sentaban alrededor de la mesa, una criada entró con una bandeja de comida y le dio la bienvenida.

-Gracias. Es bueno estar de nuevo aquí.

Un comentario vacío, pero seguro, pensó Bella.

-Tráele a Jessica un poco de té helado, Mona -pidió Carlisle, proporcionándole así a Bella el nombre de la mujer-. Y acuérdate de ponerle azúcar de verdad.

Sin ser conscientes de ello, la familia le proporcionaba algunas pistas como ésa. A partir de ellas podía averiguar los hábitos y los gustos de Jessica. Permanecía continuamente en alerta a los errores que pudiera cometer, aunque sólo los padres de Edward y Nessie se hallaban presentes.

Justo cuando estaba felicitándose por su excelente actuación, un enorme y peludo perro entró en el patio. Se acercó unos centímetros a los pies de Bella, antes de darse cuenta de que era una desconocida. Sus cuatro patas se tensaron y empezó a gruñir desde lo más profundo de su garganta.

¡Un perro, el animal doméstico de la familia! ¿Por qué no se le había ocurrido una cosa así? En vez de esperar a que los otros reaccionaran, tomó la iniciativa.

-¿Qué le ocurre? ¿Estoy tan cambiada? ¿No me reconoce? Edward pasó una pierna por encima del banco de la mesa y le acarició el lomo.

-Ven aquí, Shep, y deja de gruñir.

Mirando a Bella con ojos cautelosos, el perro se acercó y colocó la barbilla sobre la cadera de Edward, que le rascó por detrás de las orejas. Con indecisión, Bella extendió la mano y le acarició el hocico. -Eh, Shep. Soy yo.

El perro le olió la mano con suspicacia. Por fin, satisfecho de que no constituía ningún peligro, le lamió cálidamente la palma de la mano.

-Eso está mejor.

Sonriendo, le dirigió una mirada a Edward, que la observaba incrédulo.

-¿Desde cuándo te has hecho amiga de mi perro?

Bella miró desesperadamente a su alrededor. Carlisle y Esme parecían totalmente asombrados por su comportamiento. -Desde..., desde que he estado a punto de morir. Supongo que siento una extraña unión con todas las criaturas vivas.

El incidente quedó olvidado y el almuerzo continuó sin novedad. Sin embargo, una vez hubo acabado, Bella tenía ganas de retirarse a la habitación y utilizar el baño; sólo que, en aquella enorme casa, no sabía dónde se encontraba.

-Edward -preguntó- ¿han metido ya mi equipaje?

-Creo que no. ¿Lo necesitas?

-Sí, por favor.

Dejando a Nessie al cuidado de sus abuelos, Bella lo siguió por el patio hasta donde estaba aparcado el coche en el exterior. Ella tomó el bulto más pequeño, él tomó el mayor.

-Podría haber llevado yo las dos -dijo Edward por encima de su hombro mientras volvían a la casa.

-No importa.

Se mantuvo detrás de él para poder así seguirlo. Dos anchas puertas conducían a un largo corredor. Una de las paredes del pasillo era de vidrio y daba al patio. Al otro lado aparecían varios dormitorios. Edward entró en uno de ellos y dejó el bulto en el suelo, delante de la puerta del armario.

-Mona te ayudará a deshacer el equipaje.

Bella asintió con la cabeza, pero estaba distraída mirando el dormitorio. Era espacioso y claro, con una alfombra de color azafrán y muebles de madera clara. La colcha y las cortinas eran de zaraza floreada; excesivamente floreado para el gusto de Bella, pero obviamente caro y bien hecho.

Tomó nota de todos los detalles con una sola ojeada, desde el despertador digital colocado en la mesilla de noche hasta la foto de Nessie en un marco de plata sobre el tocador.

Edward dijo:

-Me voy un rato al despacho. Seguramente será mejor que descanses esta tarde, para volver a la normalidad poco a poco. Si... - El suspiro de asombro de Bella lo detuvo. Siguió su mirada hasta el retrato de tamaño natural de Jessica colgado en la pared opuesta.

-¿Qué te ocurre?

Con la mano sobre la garganta, Bella tragó saliva con dificultad y dijo:

-Nada. Es que..., es que no me parezco mucho a ese cuadro ahora.

Le resultaba desconcertante mirar a los ojos de la única persona que con seguridad sabía que ella era una impostora. Aquellos ojos oscuros y llenos de conocimiento se mofaban de ella.

Apartó la mirada del cuadro, le dedicó una sonrisa a Edward y tímidamente se pasó la mano por el corto cabello.

-Supongo que no estoy completamente acostumbrada al cambio todavía. ¿Te importaría que retirara el retrato?

-¿Por qué iba a importarme? Éste es tu dormitorio. Haz lo que te dé la gana. -Se dirigió a la puerta-. Nos veremos a la hora de cenar.

Sin hacer el menor ruido cerró la puerta al salir.

Su falta de interés era incuestionable. Sintió como si la hubieran abandonado en la Antártida y estuviera viendo alejarse el último avión por el horizonte. La había depositado donde pertenecía, y consideraba ya el deber cumplido.

«Éste es tu dormitorio.»

La habitación estaba más limpia que un museo, como si nadie la hubiera ocupado durante mucho tiempo. Supuso que habrían pasado unos tres meses desde que Jessica salió aquella terrible mañana del accidente.

Corrió las puertas del armario. Había suficiente ropa como para vestir a un ejército, pero todas y cada una de las prendas eran femeninas, desde el abrigo de pieles hasta el camisón más extravagante. Nada en el armario pertenecía a Edward, así como tampoco ninguno de los objetos que se veían sobre el escritorio o en los múltiples cajones. Bella, desanimada, se sentó en el borde de la amplia cama de matrimonio. «Tu dormitorio», había dicho. No nuestro dormitorio. Bueno, pensó con tristeza, no tenía por qué preocuparse ya por las relaciones conyugales, ¿no? Esa preocupación podía dejarse a un lado. No tendría relaciones íntimas con Edward porque éste ya no las compartía con ella.

Dada su actitud durante las últimas semanas, no le sorprendió en absoluto, pero sí que le produjo una gran desilusión. Sin embargo, junto con la desilusión sentía también cierta vergüenza. No era que hubiese tenido la intención de acostarse con él bajo falsas pretensiones, y ni siquiera sabía si lo deseaba. Estaría mal, muy mal. No obstante...

Se quedó mirando fijamente el retrato. Jessica Cullen parecía sonreírle con cierta malicia.

-Hija de puta -susurró Bella con mordacidad- Voy a descubrir lo que hiciste para que dejara de quererte. Ya verás cómo lo consigo.

-¿Hay suficiente comida por ahí?

Cuando Bella se dio cuenta de que Carlisle se dirigía a ella, le dedicó una sonrisa desde la otra punta de la mesa.

-Suficiente, gracias. A pesar de lo buena que estaba la comida en la clínica, esto está estupendo.

-Has adelgazado mucho -observó él-. Tenemos que conseguir que engordes un poco. No tolero gente débil en mi familia. Ella sonrió y alcanzó la copa de vino. A ella no le gustaba el vino, pero evidentemente a Jessica sí. Le habían servido un vaso sin preguntarle si le apetecía o no. Sorbiendo lentamente durante toda la cena, casi se había acabado el vaso de vino de borgoña que acompañaba a la carne.

-Tus tetas han desaparecido casi por completo.- Sentada enfrente de Bella, Alice sostuvo el tenedor entre dos dedos, balanceándolo insolentemente de arriba abajo mientras pronunciaba la sarcástica observación.

-Alice, abstente de hacer comentarios maleducados, por favor - le recriminó Esme.

-No estaba siendo maleducada. Sólo sincera.

-El tacto es una virtud tan admirable como la sinceridad, jovencita -comentó severamente su abuelo desde donde presidía la mesa.

-Jesús, sólo...

-Y es de mal gusto que una jovencita utilice el nombre del Señor en vano -añadió con frialdad-. No lo voy a tolerar.

Alice dejó caer el tenedor ruidosamente sobre el plato. -No lo entiendo. Todos los miembros de esta familia hablan de lo delgada que está. Yo soy la única que tiene el coraje suficiente para decir algo en voz alta y por poco me comen viva.

Carlisle le dirigió una mirada dura a Emmett, que él correctamente interpretó como la orden de que hiciera algo con respecto al mal comportamiento de su hija.

-Alice, por favor, compórtate. Ésta es una cena para darle la bienvenida a Jessica.

Bella pudo leerle en los labios un «¡menuda gilipollez!» susurrado. Sentada con dejadez, se quedó en silencio y malhumorada, jugueteando con la comida y obviamente esperando el momento en que le dieran permiso para levantarse de la mesa.

-A mí me parece que está guapísima.

Gracias, Jasper -contestó Bella con una sonrisa. Él se la devolvió y brindó con la copa de vino.

-¿Ha visto alguien su actuación a la salida del hospital esta mañana? Se ha visto en los boletines informativos de las tres cadenas locales.

-No se puede pedir más -comentó Carlisle-. Sírveme un poco de café, Esme.

-Claro.

Llenó su taza antes de pasar la cafetera a los restantes comensales. Rosalie rechazó el café y tomó en cambio la botella de vino. Sus ojos se posaron sobre los de Bella al otro lado de la mesa. A la sonrisa acogedora de Bella le contestó con una mirada de clara hostilidad. Con gesto desafiante, Rose volvió a llenarse la copa de vino.

Era una mujer atractiva, aunque un exceso de alcohol había desmejorado su aspecto. Tenía la cara hinchada, especialmente alrededor de los ojos, que, por otra parte, eran de un bonito color azul. Había intentado arreglarse para la cena, aunque sin conseguir que su aspecto fuera del todo correcto. Llevaba el pelo recogido desordenadamente con dos pinzas, y hubiera estado mucho mejor sin aquel maquillaje tan inexpertamente aplicado. No participaba en la conversación a no ser que se dirigieran a ella en concreto. Toda su atención se centraba en un objeto inanimado: la botella de vino.

Bella llegó rápidamente a la conclusión de que Rosalie Cullen era una persona extremadamente infeliz. Nada había hecho cambiar aquella primera impresión. La razón de la infelicidad de Rosalie seguía siendo un misterio, pero Bella estaba segura de una cosa: amaba a su marido. Estaba a la defensiva con Emmett, como precisamente en ese momento, cuando él discretamente intentó colocar la botella de vino fuera de su alcance. Le apartó la mano y se aferró al cuello de la botella, bebiéndose de un trago lo que quedaba en su copa. Y, sin embargo, en momentos inadvertidos, Bella la sorprendió mirando a Emmett con palpable desesperación.

-¿Has visto las maquetas de los nuevos carteles? -le preguntó Emmett a su hermano.

Bella estaba flanqueada por Edward y por Nessie. A pesar de que había estado sociable con todos durante la cena, era particularmente consciente de la presencia de los dos, pero por razones completamente distintas.

Después de que Bella hubiera cortado la carne de Nessie en pequeños trozos, la niña comió con cuidado y en silencio. La experiencia de Bella con los niños era limitada, pero siempre que los había observado se mostraron habladores, curiosos, nerviosos y, en algunas ocasiones, hasta irritantemente activos.

Nessie era anormalmente sumisa. No se quejaba. No era curiosa. No hacía más que tomar mecánicamente pequeños trozos de comida. Edward comía con eficacia, como si le molestara el tiempo que se tardaba en cenar. Cuando hubo acabado, empezó a juguetear con su copa de vino, a la vez que tomaba pequeños sorbos, lo que le dio a Bella la impresión de que no podía esperar a que acabaran los demás.

-Los vi esta tarde -dijo, como respuesta a la pregunta de Emmett-. Mi eslogan preferido es el de la base sólida.

-«Edward Cullen, una nueva base sólida» -citó Emmett.

-Ése es el mejor.

-Lo redacté yo.

Edward le disparó con un dedo a su hermano y le guiñó el ojo. -Seguramente por eso fue el que me gustó más. Siempre has hecho bien eso de llegar al fondo de las cosas. ¿Qué te parece a ti, Jasper?

-Me suena bien. Va con nuestro programa de sacar a Texas del actual bajón económico para volver a enderezarla. Tú eres algo sobre lo que se puede construir el futuro del Estado. Y, al mismo tiempo, sugiere sutilmente que se está desmoronando la base de Dekker.

-¿Papá?

Carlisle estaba frotándose pensativamente el labio inferior. -A mí me gustaba aquel que decía algo de justicia para todos los tejanos.

-Estaba bien -reconoció Edward- pero un poco sensiblero.

-Quizás eso es lo que le hace falta a tu campaña -replicó su padre, frunciendo el ceño.

-Tiene que ser algo con lo que Edward se sienta cómodo, Carlisle -le dijo Esme a su marido, a la vez que empezaba a cortar un pastel de coco.

El primer trozo fue para Carlisle, que estuvo a punto de atacarlo antes de recordar lo que se celebraba.

-Esta noche, el primer trozo debe ser para Jessica. Bienvenida a casa.

Le pasaron el plato. -Gracias.

No le gustaba el coco mucho más que el vino, pero aparentemente a Jessica sí, de modo que empezó a comerse el postre mientras Esme servía y los hombres reanudaban la discusión acerca de la estrategia a seguir en la campaña electoral.

-¿O sea que deberíamos seguir con ese eslogan y hacer que empiecen a imprimir los carteles?

-Esperemos un par de días antes de tomar una decisión definitiva, Emmett. -Edward le echó una mirada a su padre. A pesar de que Carlisle engullía con satisfacción su trozo de pastel, seguía teniendo el ceño fruncido porque se había elegido su frase favorita-. Sólo los he mirado por encima hoy. Es tan sólo una primera impresión.

-Que por lo general es la mejor. -argumentó Emmett.

-Seguramente. Pero tenemos un día o dos para pensarlo, ¿verdad?

Emmett aceptó un plato con un trozo de pastel. Rosalie rechazó el que se le ofreció.

-Tendríamos que empezar a imprimir esos carteles antes de finales de semana.

-Me decidiré mucho antes.

-¡Por el amor de Dios! ¿Podría alguien...? -Alice señalaba con la mano hacia Nessie. Trasladar el trozo de pastel del plato a la boca había resultado ser un reto excesivo para los tres años de la niña. Tenía el vestido cubierto de migajas y el glaseado de coco le cubría la boca. Había intentado remediar el problema frotándose, pero lo único que consiguió fue llenarse las manos de glaseado-. Resulta demasiado asqueroso ver comer a este fantasma. ¿Puedo levantarme de la mesa? -Sin esperar a que el permiso le fuera otorgado apartó la silla, se puso de pie y tiró la servilleta sobre el plato-. Me voy a Seattle a ver si dan una película nueva. ¿Quiere venir alguien conmigo? -Incluyó a todos en la invitación, pero sus ojos se posaron sobre Jasper, que contemplaba atentamente su postre-. Supongo que no.

Dio media vuelta y salió de la habitación.

Bella se alegró de ver marchar a aquella malcriada. ¿Cómo se atrevía a hablarle a una niña indefensa con tanta crueldad? Subió a Nessie a su regazo.

-El pastel está demasiado bueno para comérselo sin que se caigan algunas migas, ¿verdad, cariño?

Se cubrió el dedo índice con la servilleta de lino, lo mojó en el vaso de agua y se puso a limpiarle la boca a la pequeña Nessie.

-Tu hija se te está escapando de las manos, Rosalie -observó Carlisle-. Esa falda que llevaba era tan corta que casi no le cubría las partes íntimas.

Rosalie se apartó el liso mechón de la frente.

-Yo lo intento, Carlisle. Es Emmett el que le permite hacer lo que le da la gana.

-¡Eso es una maldita mentira! -protestó su esposo-. He conseguido que vaya a trabajar cada día, ¿o no? Eso es algo mucho más edificante que lo que has conseguido tú.

-Debería estar estudiando -afirmó Carlisle-. Nunca se le debería haber permitido que abandonara los estudios sin tan siquiera acabar el semestre. ¿Qué va a ser de ella? ¿Qué tipo de vida va a llevar sin tener una educación? -Movió la cabeza, como prediciendo algo terrible-. Pagará caro haber elegido mal. Y ustedes también. Se cosecha lo que se siembra, ya lo saben.

Bella se sentía de acuerdo con él. Alice estaba totalmente descontrolada y, sin duda alguna, era culpa de sus padres. No obstante, opinaba que Carlisle no debería discutir los defectos de los padres delante de todos los demás.

-Creo que sólo un baño resolverá el problema de Nessie -dijo, agradecida de tener una excusa para levantarse de la mesa-. ¿Nos perdonan?

-¿Necesitas ayuda? -preguntó Esme.

-No, gracias. -Entonces, dándose cuenta de que estaba usurpando el ritual nocturno de Esme, que seguramente había disfrutado mucho con él, añadió- Ya que es la primera noche que estoy en casa, me gustaría acostarla yo misma. Una cena estupenda, Esme. Gracias.

-Iré más tarde a despedirme de Nessie -dijo Edward, mientras Bella salía de la habitación con la niña en brazos.

-Bueno, ya veo que nada ha cambiado.

Rosalie cruzó la habitación, tambaleándose, y se desplomó en uno de los sillones colocados delante del enorme televisor. Emmett ocupaba el otro sillón.

-¿Me has oído? -preguntó, cuando pasaron varios segundos y él no contestaba.

-Ya te he oído, Rose. Y, si por «nada ha cambiado» quieres decir que vuelves a estar trompa esta noche, entonces tienes razón. No ha cambiado nada.

-Lo que quiero decir es que no puedes apartar la vista de la mujer de tu hermano.

Emmett se levantó del sillón como un rayo y apagó el televisor de un manotazo, dejando a Johnny Carson a medio chiste.

-Estás borracha y eres repugnante. Me voy a la cama.

Entró a grandes zancadas en la habitación contigua. Rose hizo un esfuerzo para levantarse del sillón y seguirlo. Arrastraba detrás el dobladillo de la bata.

-No intentes negarlo -dijo con un sollozo-. Te he estado observando. Durante toda la cena se te ha caído la baba mirando a Jessica y su nueva cara bonita.

Emmett se quitó la camisa, hizo una pelota con ella y la lanzó al cesto de la ropa sucia. Se inclinó para desatarse los zapatos.

-A la única a la que le cae la baba en esta familia es a ti cuando te emborrachas y no puedes controlarte.

En un acto reflejo, ella se limpió la boca con la palma de la mano. Las personas que hubieran conocido a Rose cuando era joven no podrían creerse lo que había sido de ella en la madurez. Fue la más bella de su ciudad cuando estudiaba en el instituto y su reino duró los cuatro años escolares.

Su padre era un conocido abogado del pueblo; ella, su única hija, el centro de todas sus atenciones. La forma en que la mimaba despertaba la envidia de todos aquellos que la conocían. Dos veces al año la llevaba a Alaska para que se comprara la ropa de temporada en Neiman. A los dieciséis años le regaló un Corvette descapotable.

A la madre le dio un ataque y vociferó que era demasiado coche para una chica tan joven, pero él le sirvió otra copa a su mujer y le dijo que, si hubiera deseado su despreciable opinión sobre cualquier cosa, se la hubiera pedido.

Al acabar los estudios secundarios, Rose se marchó en todo su esplendor a la Universidad de Texas, en Austin. Conoció a Emmett Cullen durante el primer curso, se enamoró locamente de él y decidió atraparlo para siempre. Nunca se le había negado nada en la vida, y no estaba dispuesta a empezar perdiendo al único hombre del que verdaderamente estaba enamorada.

Emmett, mientras se esforzaba en aprobar el segundo curso de Derecho, también sé enamoró de Rose, pero no podía pensar en casarse hasta terminar la carrera. Su padre no sólo esperaba que aprobara, sino que consiguiera las mejores notas de la clase. Y otra cosa quería también su padre, que fuera caballeroso en lo que se refería a las mujeres.

De modo que, cuando Emmett finalmente sucumbió a la tentación y acabó con la virginidad de Rosalie Hale, se vio en el dilema de decidir qué tenía prioridad: la caballerosidad frente a las damas, o la responsabilidad ante las exigencias paternales. Rose lo empujó a tomar una decisión cuando, llorando, le dijo que se le retrasaba el período.

Preso del pánico, Emmett pensó que un matrimonio prematuro era mejor que un bebé a destiempo, y rogó a Dios que Carlisle estuviera convencido de lo mismo. Rose y él viajaron a Oklahoma durante el fin de semana, se casaron en secreto y comunicaron la grata noticia a sus padres después de consumado el acto. Carlisle y Esme se quedaron muy desilusionados, pero, después de que Emmett les asegurara que no tenía intención de abandonar los estudios, aceptaron a Rose en el seno de la familia.

Los Hale no se tomaron la noticia tan bien. La fuga casi acabó con la vida del papá de Rose. De hecho, cayó fulminado por un ataque al corazón un mes después de la boda. A la inestable madre de Rose la internaron en un hospital a causa de su alcoholismo. El día en que le dieron el alta, varias semanas más tarde, se la consideró curada. Tres días después, chocó con el contrafuerte de un puente cuando conducía borracha. Murió en el acto.

Marie Alice no nació hasta dieciocho meses después del matrimonio de Rose con Emmett. O fue el embarazo más largo de la historia, o ella engañó a Emmett para que se casaran.

Él nunca la acusó de ninguna de las dos cosas; pero, como una penitencia autoimpuesta, Rose sufrió dos abortos, uno tras otro, cuando Alice era todavía sólo un bebé.

El último de los abortos resultó casi mortal, de modo que el médico le ligó las trompas para impedir futuros embarazos. Para ahogar el dolor físico, emocional y mental que esto le causaba, Rose empezó tomando un cóctel por la tarde. Y, cuando eso dejó de funcionar, pasó a tomarse dos.

-¿Cómo puedes mirarte al espejo sabiendo que estás enamorado de la mujer de tu hermano? -le preguntó a su marido.

-No estoy enamorado.

-¿No estás enamorado? -Se inclinó sobre él, envenenando el aire entre ellos con el vaho intoxicados de su aliento-. La odias porque te trata como un trapo. Se limpia los pies contigo. Ni siquiera te das cuenta de que todos esos cambios en ella son simplemente...

-¿Qué cambios? -En vez de colgar los pantalones en la percha que sostenía en la mano, los dejó caer en una silla-. Ya nos explicó lo de la mano izquierda.

Habiendo conseguido su atención, Rose se incorporó y adoptó el aire de superioridad que sólo consiguen los borrachos. -Otros cambios -dijo con altanería-. ¿No te has fijado?

-Quizá. ¿Cómo cuáles?

-Como todo el caso que le está haciendo a Nessie y la forma en que babea por Edward.

-Lo ha pasado muy mal. Ha madurado.

-¡Ja! -soltó indelicadamente-. ¿Ella? ¿Madurado? ¡Dios santo, estás ciego en lo que se refiere a ella! -Intentó enfocar sus ojos azules-. Desde el accidente de avión es como una persona distinta, y tú lo sabes. Pero todo es comedia -afirmó con conocimiento.

-¿Y por qué iba a molestarse en hacer una cosa así?

-Porque quiere beneficiarse de alguna manera. -Se tambaleó hacia él y le dio con un dedo en el pecho, para conseguir mayor énfasis-. Seguramente está haciendo el papel de la buena esposa del senador para poder viajar con él a Washington. ¿Qué harás entonces, Emmett? ¿Eh? ¿Qué harás entonces con tus deseos pecaminosos?

-Quizá me pondré a beber y te haré compañía.

Ella levantó una mano temblorosa y lo apuntó con un dedo. -No cambies de tema. Tú quieres a Jessica. Yo te conozco -acabó diciendo con otro sollozo.

Emmett, una vez más aburrido con aquel discurrir de alcohólico, acabó de colgar la ropa y, a continuación, repasó metódicamente la habitación, apagó las luces y abrió la cama.

-Ven a la cama, Rose -dijo cansinamente.

Ella le agarró el brazo. -Nunca me has querido.

-Eso no es verdad.

-Pensaste que te había engañado para que te casaras conmigo.

-Nunca he dicho una cosa semejante.

-¡Creía que estaba embarazada! ¡Lo pensaba!

-Ya sé que sí.

-Porque no me querías pensaste que podías perseguir a otras mujeres. -Sus ojos se entrecerraron de forma acusatoria-. Ya sé que te has ido con otras. Me has engañado tantas veces que no me sorprende que beba. -Las lágrimas le inundaban la cara. Le pegó en el hombro desnudo, sin fuerza-. Bebo porque mi marido no me quiere. Nunca me ha querido. Y ahora está enamorado de la mujer de su hermano.

Emmett se metió en la cama, se dio la vuelta y se tapó con la ropa de la cama. La indiferencia aumentó la irritación de su esposa. De rodillas, se arrastró hasta el centro de la cama y empezó a darle puñetazos en la espalda.

-Dime la verdad. Dime cuánto la quieres. Dime cuánto me odias a mí.

Su ira y su fuerza quedaron rápidamente agotadas, como él ya sabía que ocurriría. Se derrumbó a su lado y se quedó dormida de inmediato. Emmett se incorporó y la tapó; luego, suspiró resignado, se puso de costado e intentó dormir.


Ok, hemos visto el primer encuentro de Bella en casa! Déjenme decirles que esta Alice me está sacando de quicio, necesita algunos golpecitos, ¿No creen?

Conocimos un poco la historia de Rose y Emmett, podemos ahora comprender la reacción de gran parte de la familia con Jessica, ¿Será que Edward lo sabe?

Gracias por sus Reviews en el capitulo anterior y gracias a quienes me leen.

(^_^)凸

Espero comiencen un gran año nuevo, que este 2013 que se avecina venga cargado de buenos momentos para ustedes!

Gracias por hacer un cierre de 2012 estupendo para mi, y espero me acompañen en el 2013!

Dejen su Review, es una gran motivación para mi leerlas siempre!

Actualizo mañana si alguien me lee para empezar este 2013 envueltas en mas de "La mujer del espejo"!

Las aprecio, y aprecio mucho mas su apoyo!

๑۩۞۩๑

#Andre!#