Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
Capítulo 16
-Pensé que ya estaría en la cama. - Edward habló desde la puerta del cuarto de baño de Nessie. Bella estaba de rodillas al lado de la bañera, donde Nessie jugaba con un montón de burbujas.
-Seguramente debería estarlo, pero nos hemos pasado un poco con las burbujas.
-Ya veo.
Entró y se sentó sobre la tapa del inodoro. Nessie le dedicó una sonrisa.
-Enséñale a papá lo que sabes hacer -le dijo Bella. Obediente, la niña se llenó las manos de burbujas y empezó a soplar, haciendo que las pompas de jabón volaran por todas partes. Algunas cayeron sobre las rodillas de Edward, que se puso a hacer aspavientos.
-¡Vaya, Nessie! ¡Eres tú la que te estás bañando, no yo!
La niña se echó a reír y cogió otro puñado. En esta ocasión una masa de jabón cayó sobre la nariz de Bella, que, con gran alegría de Nessie, le hizo estornudar.
-Será mejor que acabemos con esto antes de que las cosas se salgan de quicio.
Se inclinó sobre la bañera, deslizó las manos bajo los brazos de Nessie y la sacó. Edward esperaba para envolver a su hija con una toalla.
-Pásamela.
-Cuidado. Se escurre cuando está mojada.
Nessie, cubierta con una suave toalla rosa, fue conducida al dormitorio adyacente y depositada al lado de su cama. Sus piececitos regordetes se hundieron en la espesa alfombra. La lanilla suntuosa recubrió los diez deditos. Edward se sentó en el borde de la cama y empezó a secarla con manos expertas.
-¿Camisón? -pidió, mirando a Bella con expectación.
-Ah, sí. Ya lo traigo.
Había una alta cómoda con seis cajones y un tocador ancho con otros tres. ¿Dónde guardarían los camisones? Se acercó al tocador y abrió el primer cajón. Calcetines y braguitas.
-Jessica, en el segundo cajón.
Bella respondió con aplomo. -También necesitará ropa interior.
Él desenrolló la toalla que cubría a Nessie, le ayudó a ponerse la ropa interior y le puso el camisón por encima de la cabeza, mientras Bella preparaba la cama. Edward tomó en brazos a Nessie y la metió en la cama.
Bella llevó un cepillo de encima de la cómoda, se sentó al lado de Edward al borde de la cama y empezó a peinar a Nessie. -Hueles muy bien -susurró, inclinándose para besarle las rosadas mejillas cuando hubo acabado de peinarla-. ¿Quieres un poco de polvos de talco?
-¿Cómo los tuyos? -preguntó Nessie.
-Sí, como los míos.
Volvió a la cómoda por la pequeña caja de música que contenía polvos de talco y que había divisado allí poco antes. Regresó a la cama y abrió la tapa. Empezó a sonar una melodía de Tchaikovski. Cubrió la elegante borla con polvos de talco y, a continuación, los extendió por el pecho, la tripa y los brazos. Nessie inclinó hacia atrás la cabeza. Bella le acarició el cuello con la borla de polvos de talco. Riendo, Nessie encogió los hombros y hundió los puños en el regazo.
-Eso hace cosquillas, mamá.
La forma en que se dirigió a ella sorprendió a Bella y le llenó los ojos de lágrimas. Abrazó a la niña con fuerza. Pasaron unos segundos antes de que pudiera volver a pronunciar palabra.
-Ahora sí que huele bien, ¿verdad, papá?
-Y tanto que sí. Buenas noches, Nessie.
La besó, la deslizó por entre los cojines y la arropó con el cubrecama de verano.
-Buenas noches.
Bella se inclinó lentamente para besarle la mejilla, pero Nessie le rodeó el cuello con sus brazos y le dio un sonoro y húmedo beso en la boca. Después, se puso de lado, abrazó a su querido osito y cerró los ojos.
Algo sorprendida por la espontánea muestra de afecto, Bella volvió a colocar en su sitio la caja de música, apagó la luz y siguió a Edward por el pasillo hasta su propio dormitorio.
-Para ser el primer día...
No pudo decir nada más, pues él la agarró con fuerza por el antebrazo y le obligó a entrar en la habitación y a recostarse en la pared más cercana. Manteniendo una mano firmemente alrededor de su bíceps, Edward cerró la puerta para que no pudieran oírlos y apoyó la palma de la otra mano en la pared, cerca de su cabeza.
-¿Qué te ocurre? -exigió saber ella.
-Cállate y escúchame. -Se acercó aún más, la cara tensa de ira-. No sé a qué estás jugando conmigo. Y, lo que es más, me importa una mierda. Pero, si empiezas a meterte con Nessie, te echaré de aquí tan rápido que la cabeza te dará vueltas, ¿lo entiendes?
-No, no lo entiendo.
-¡Un carajo, que no lo entiendes! -gruñó-. Toda esa dulzura y esa representación de alegría es un montón de basura.
-¿Representación?
-Soy un adulto.
-Eres un bruto. Suéltame el brazo.
-Reconozco tus interpretaciones teatrales. Pero Nessie es una niña. Para ella las cosas son de verdad, y responderá a ellas. -Acercó aún más su cuerpo-. Y después, cuando vuelvas a ser como antes, la dejarás irreparablemente traumatizada.
-Yo...
-No puedo permitir que ocurra una cosa así. No lo permitiré.
-Te fías muy poco de mí, Edward.
-No me fío en absoluto.
Ella respiró hondo y profundamente.
Él la miró de arriba abajo, de un modo desagradable.
-De acuerdo, esta mañana impresionaste a la prensa en beneficio mío, gracias. Me cogiste de la mano durante la rueda de prensa, muy dulce. Llevamos las mismas alianzas matrimoniales, qué romántico. -Hizo un gesto despectivo-. Incluso tienes a algunos miembros de la familia, que deberían ser más astutos, pensando que has experimentado algún tipo de transformación en el hospital, que has encontrado a Cristo o algo parecido. -Bajó la cabeza hasta que quedó a tan sólo unos centímetros de la de ella-. Te conozco demasiado bien, Jessica. Sé que antes de entrar a matar es cuando te muestras más dulce y amable. -Incrementando la presión sobre su brazo, añadió-: Y lo sé a ciencia cierta, ¿recuerdas?
Angustiada, Bella dijo fervientemente: -He cambiado. Soy diferente ahora.
-¡Una mierda! Simplemente has cambiado de táctica, eso es todo. Pero no me importa lo bien que representes el papel de esposa perfecta del candidato, te quedarás fuera. Lo que te dije antes del accidente sigue en pie. Después de las elecciones, sea cual sea el resultado, te vas, cariño.
La amenaza no la asustó en absoluto. Isabella Swan lo había perdido todo ya, incluso su propia identidad. Lo que la dejó totalmente sorprendida fue que Edward Cullen, sobre cuya integridad hubiera apostado su vida, era falso después de todo.
-¿Manipularías al público de esa manera? -empezó en un susurro-. ¿Serías capaz de hacer toda la campaña electoral conmigo a tu lado, haciendo el papel de esposa fiel, saludando, sonriendo y leyendo pequeños discursos escritos especialmente para mí, sólo para conseguir más votos? -Había levantado la voz toda una octava-. Porque un candidato felizmente casado tiene mejores posibilidades de ganar que uno en pleno trámite de divorcio, ¿no es así?
La mirada de Edward se volvió dura como el pedernal.
-Buen intento, Jessica. Échame la culpa a mí si eso te descarga de los remordimientos por tus propias manipulaciones. Sabes perfectamente porque no te eché de aquí hace ya mucho tiempo. Quiero ganar estas elecciones y no defraudar a todos aquellos que me apoyan. No defraudaré a esos votantes. No voy a hacer nada que impida mi éxito, incluso si ello supone fingir que soy feliz contigo. -Una vez más, la sometió a una mirada de terrible odio-. La cirugía ha conseguido que la envoltura parezca mejor, pero sigues estando podrida por dentro.
Bella estaba teniendo ciertas dificultades en mantener separadas de sí misma las calumnias dedicadas a Jessica. Se tomaba cada insulto a pecho, como si estuviera hablando con ella v no con la esposa difunta. Quería defenderse de las críticas, luchar con armas de mujer. Porque, si bien su feroz ira la intimidaba, también resultaba excitante.
La ira no hacía más que intensificar su atractivo sexual. Emanaba de él con tanta potencia como el aroma de su loción para después del afeitado. La boca aparecía dura y cruel. Aplacarlo se convirtió en el objetivo de Bella.
Levantó la cabeza, retando a aquella mirada de odio. -¿Estás seguro de que soy la misma?
-Totalmente seguro.
Deslizó los brazos por encima de sus hombros y juntó las manos en la nuca.
-¿Estás seguro, Edward? -Se puso de puntillas y rozó con sus labios abiertos los de él-. ¿Absolutamente seguro?
-No hagas esto. Sólo te convierte en más puta.
-¡No soy una puta!
El insulto le llegó al corazón. De alguna manera, se estaba prostituyendo con el marido de otra mujer para alcanzar la gloria; pero eso no la motivaba tanto como el creciente deseo sexual, que era más potente que el que jamás había experimentado. Con o sin la exclusiva, tenía el genuino deseo de darle a Edward la ternura y el amor que le había faltado en su matrimonio con Jessica.
-No soy la mujer de antes. Te juro que no.
Inclinó la cabeza hacia un lado y alineó sus labios con los de él. Con las manos le acarició la nuca, enredó los dedos en su cabello y lo obligó a acercarse a ella. Si realmente lo deseaba, podía resistirse, se aseguró Bella a sí misma.
Pero él permitió que le acercara la cabeza. Animada, utilizó delicadamente la punta de su húmeda lengua para explorarle los labios. Los músculos del hombre se tensaron, pero aquello era una señal de debilidad, no de resistencia.
-Edward.
Suavemente le mordisqueó el labio inferior con los dientes. -¡Cristo!
La mano con la que estaba apoyado en la pared cayó. Bella se vio impelida hacia atrás y amortiguó el peso de su cuerpo, quedando atrapada entre él y la pared. Un brazo la rodeó fuertemente por la cintura. La otra mano le aferró la mandíbula, casi rompiéndosela con sus fuertes dedos. La sostuvo inmóvil mientras la besaba vorazmente. Aplastó su boca abierta contra la de ella, hundiendo a continuación la lengua en la suave y húmeda cavidad.
La dejó casi sin respiración, inclinó la cabeza en la otra dirección y la atormentó con rápidos y hábiles revoloteos de la lengua en torno a los labios. Ella colocó las manos sobre sus mejillas. Apoyó las palmas y le recorrió los pómulos con las yemas de los dedos, mientras se entregaba totalmente al beso.
Edward empezó a manosearle la ropa, metió la mano bajo la falda, y por dentro de las bragas, llenándose de excitación con la suave carne femenina. Ella gimió de placer cuando la dobló por la mitad contra su hinchada pelvis y se restregó justo en la hendidura. Bella sintió su propio flujo y la invadió una sensación de febrilidad. Su sexo estaba mojado y cálido. Le dolían los pechos. Los pezones le escocían.
Y en ese momento se vio bruscamente abandonada. Parpadeó varias veces para recobrar la lucidez. Se le fue la cabeza hacia atrás y golpeó la pared. Se sujetó con las manos para no caerse al suelo.
-Admito que es una representación muy buena -le dijo él en un tono duro. Tenía las mejillas sonrojadas y los ojos dilatados. Respiraba breve y entrecortadamente-. No eres tan descarada como antes, tienes más clase. Diferente, pero igual de excitante. Quizá más excitante aún.
Ella bajó la mirada a la abultada bragueta de los vaqueros, una mirada que convertía en superfluas las palabras.
-De acuerdo, estoy empalmado -admitió con un gruñido de mal humor-. Pero prefiero que me dé un ataque antes que volver a meterme en la cama contigo.
Salió del dormitorio. No cerró la puerta de golpe, sino que la dejó abierta, algo que resultaba más insultante que si hubiera salido airado. Con gran dolor de corazón y abatida, Bella se quedó a solas en la habitación de Jessica, con las ropas de Jessica, con los líos de Jessica.
Todos los miembros de la familia se habían fijado en las desconcertantes contradicciones de la personalidad de Jessica, pero su extraño comportamiento mantenía despierta por la noche a una persona en concreto. Después de pasarse horas paseando por los terrenos que rodeaban la casa, buscando respuestas en la oscuridad, el insomne le planteó una pregunta a la luna. «¿Qué está planeando esa hija de puta?»
Resultaba difícil precisar en qué consistían concretamente los cambios. Las diferencias del rostro eran sutiles, consecuencia de la cirugía estética. El pelo más corto le daba un aspecto distinto, pero eso era insignificante. Había perdido unos kilos, haciéndola parecer más delgada que antes, pero no se podía describir como una gran pérdida de peso. En cuanto al físico estaba casi exactamente igual que antes del accidente. Eran los cambios no físicos los que se notaban y los que parecían tan misteriosos.
«¿Qué está planeando esa hija de puta?»
Juzgando por su comportamiento desde el accidente, podría llegar a pensarse que el roce con la muerte la había provisto de conciencia. Pero eso no podía ser. Ella no conocía el significado de esa palabra. Aunque, a la vista de toda la buena voluntad que estaba dispensando, quedaba claro que eso era lo que quería que pensara todo el mundo.
¿Cabía la posibilidad de que Jessica Cullen se hubiera arrepentido? ¿Que estuviera buscando la aprobación de su marido? ¿Que pudiera llegar a ser una madre amante y cariñosa?
«No me hagas reír.»
Era una estupidez que cambiara de táctica ahora, tras haber estado haciendo muy bien el trabajo que se le había encargado: destruir el alma de Edward Cullen, para que, cuando la bala explotara en su cabeza, casi le resultara una bendición.
Jessica Weber era perfecta para llevar a cabo la misión. Por supuesto, tuvieron que asearla un poco, vestirla correctamente y enseñarle a no utilizar continuamente palabrotas. Pero, una vez conseguido el objetivo, resultó ser una sorprendente fuente de diversión, inteligencia, refinamiento y belleza, a la que Edward no fue capaz de resistirse.
Él no sabía que el talento de su esposa había sido purificado de toda obscenidad, que su inteligencia era tan sólo producto de una refinadamente callejera, su elegancia adquirida y su sexualidad, suavizada con falsa moralidad. Tal como estaba planeado, el hombre cayó en la trampa, porque ella prometía todo lo que él buscaba en una esposa.
Jessica mantuvo el engaño hasta después del nacimiento de Nessie, lo cual también formaba parte del plan. Para ella resultó un alivio poner en marcha la segunda fase y empezar a tener aventuras amorosas. Los grilletes de la respetabilidad hacía tiempo que la oprimían. Había perdido la paciencia. Una vez liberada, su actuación fue perfecta.
¡Dios mío, qué maravilloso fue ser testigo de la desgracia de Edward!
A excepción de la indiscreta visita a la unidad de cuidados intensivos del hospital, no habían hecho mención alguna de la secreta alianza desde el día en que Jessica y Edward fueron presentados cuatro años atrás. Ni mediante palabras ni con actos se llegó a develar nunca el pacto contraído cuando se la reclutó para hacer el trabajo.
Pero, desde el accidente, estaba más evasiva que de costumbre. Lo observaba todo con gran detalle. Hacía algunas cosas bastante raras y extrañas, incluso tratándose de Jessica. La familia entera se estaba dando cuenta de los rasgos poco familiares de su personalidad.
Quizás actuaba únicamente por diversión. Eso casaría con su forma de ser. Disfrutaba siendo perversa sólo por el placer que le procuraba la perversidad. No era serio, pero parecía haber tomado la iniciativa, cambiando el plan de acción sin consulta previa.
Pudiera ser también que no hubiese tenido todavía la oportunidad de consultarlo. Podría saber algo acerca de Edward que nadie más conociera y sobre lo cual hubiese que actuar de inmediato.
O quizá la muy puta, y eso era lo más probable, había decidido que ser la esposa de un senador valía mucho más la pena que el dinero que debía cobrar el día en que a Edward Cullen lo metieran en un ataúd. Al fin y al cabo, la metamorfosis coincidía con las elecciones primarias.
Fuera cual fuese el motivo, ese nuevo comportamiento suyo resultaba totalmente irritante. Sería mejor que tuviera cuidado, o se vería excluida del trato. A esas alturas, todo podía funcionar ya con o sin su participación. ¿No se daba cuenta de ello esa estúpida zorra?
¿O había comprendido por fin que una segunda bala le estaba destinada a ella?
¿Quién se suma para golpear a Edward?
Woaa… ¿Quién será el que quiere muerto a Edward?
Gracias por sus Reviews en el capitulo anterior!
Gracias a quienes me leen siempre y a quienes me empiezan a leer hoy!
FELIZ AÑO NUEVO! Bienvenidas a este 2013, que sea un año mejor para todos!
凸(^_^)凸
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๑۩۞۩๑
#Andre!#
