Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
Capítulo 17
-Señora Cullen, qué sorpresa.
La secretaria se puso en pie para darle la bienvenida a Bella cuando ésta entró en la antesala del despacho de abogados que Edward compartía con su hermano. Para enterarse de dónde estaba tuvo que buscar la dirección en el listín telefónico.
-Hola. ¿Cómo está?
No se dirigió a la secretaria por su nombre. El cartelito colocado sobre la mesa decía "Mary Crawford", pero no quería arriesgarse. -Muy bien, y usted está fabulosa.
-Gracias.
-Edward me dijo que estaba más guapa que nunca, pero hay que verlo para creerlo.
¿Edward le había dicho eso? No habían tenido una conversación íntima desde la noche en que la besó. Le resultaba difícil creer que le hubiera hecho a la secretaria un comentario tan halagador sobre su aspecto.
-¿Está en el despacho?
Lo estaba. Había visto el coche aparcado fuera. -Se encuentra con un cliente.
-Pensé que no se estaba ocupando de ningún caso.
-Claro que no. -Mary Crawford se alisó la falda bajo las caderas y volvió a sentarse-. Está con Barney Bridges. Ya sabe el carácter que tiene. En cualquier caso, prometió una fuerte contribución a la campaña, de modo que, cuando la trajo él personalmente, Edward encontró un poco de tiempo para recibirlo.
-Bueno, ya que he venido hasta aquí, ¿tardarán mucho? ¿Espero?
-Por favor. Siéntese. -La secretaria señaló el conjunto de sofás y sillas de la sala de espera, tapizadas en pana a rayas de color vino tinto y azul marino-. ¿Le apetece un café?
-No, gracias. No tomaré nada.
A menudo rechazaba el café, pues prefería no tomar nada a tener que beberse el generosamente endulzado que tomaba Jessica. Se sentó en uno de los sillones, tomó uno de los últimos números de "Field and Stream" y empezó a ojearlo ociosamente. Mary continuó escribiendo a máquina, tal como estaba haciendo cuando entró Bella.
Esa impetuosa visita al despacho era peligrosa, pero se trataba de una medida desesperada que debía tomar para no volverse loca. ¿A qué se dedicaba Jessica Cullen durante todo el día?
Bella llevaba viviendo en el rancho más de dos semanas, y todavía tenía que descubrir una sola actividad constructiva en la que hubiera estado involucrada la esposa de Edward.
Había tardado varios días en localizar las cosas del dormitorio y de las otras habitaciones de la casa a las cuales tenía acceso. Miraba continuamente por encima del hombro, no queriendo alertar a nadie de lo que se traía entre manos. Finalmente, se sintió cómoda con la disposición de la casa y conocedora de los lugares en los que se guardaban los objetos de uso diario.
Poco a poco, empezó a conocer también los alrededores de la casa. En esas ocasiones se llevaba a Nessie, para que no parecieran nada más que inocentes paseos.
Jessica usaba un coche deportivo norteamericano. Con gran consternación de Bella, resultó no ser automático. Ella no era demasiado hábil conduciendo ese tipo de coches. Las primeras veces que salió con él casi se estrelló, a la vez que dejó fuera de servicio todas las marchas.
Pero, en cuanto se sintió segura, se inventó recados para salir de casa. El estilo de vida de Jessica era terriblemente aburrido. A su rutina le faltaban espontaneidad y diversión. El aburrimiento empezaba a enloquecer a Isabella Swan.
El día que encontró la agenda de citas en un cajón de la mesilla de noche, se aferró a ella como un minero a una pepita de oro. Pero un examen de sus páginas reveló muy poco, excepto los días en los que Jessica iba a la peluquería.
Bella no llamó nunca para pedir hora. Sería un lujo poder pasarse varias horas a la semana en un salón de belleza, algo que Bella Swan nunca había tenido tiempo de hacer; pero no podía arriesgarse a dejar que la peluquera de Jessica le tocara el cabello o le hiciera la manicura, pues podrían detectar algo que los demás no veían.
La agenda no le dio pista alguna de lo que hacía Jessica para llenar sus días. Obviamente, no era miembro de ningún club. Tenía pocos o ningún amigo, porque nadie telefoneaba. Aquello fue una sorpresa y un alivio para Bella, que había temido que una manada de confidentes cayera sobre ella, esperando retomar las cosas donde las habían dejado antes del accidente.
En apariencia, tales amistades no existían. Las flores y las tarjetas recibidas durante su convalecencia debían de ser de amigos de la familia.
Jessica no tenía ningún trabajo, ningún pasatiempo. Bella concluyó que debía sentirse agradecida. ¿Qué habría ocurrido si Jessica se hubiese dedicado a la escultura o fuera artista, arpista o una calígrafa experta? Suficientes dificultades había tenido ya aprendiendo en privado a escribir y a comer con la mano derecha.
Nadie esperaba que hiciera ninguna tarea del hogar, ni siquiera su propia cama. Mona se ocupaba de todo en la casa y en la cocina. Un jardinero iba dos veces por semana a ocuparse de las plantas del patio. Un vaquero retirado, demasiado viejo para el cuidado del ganado o para el rodeo, se ocupaba del establo y de los caballos. Nadie le animaba a que retomara ninguna actividad ni interés alguno que hubieran quedado suspendidos a causa del accidente.
Jessica Cullen fue una mujer perezosa. Isabella Swan no lo era.
Se abrió la puerta del despacho de Edward. Salió acompañado de un hombre de mediana edad y anchas espaldas. Se reían.
El corazón de Bella se aceleró al ver a Edward, que lucía una genuina sonrisa. Las comisuras de sus ojos estaban arrugadas con un sentido del humor que nunca compartía con ella. Jasper le instaba continuamente a que cambiara los tejanos, las botas y las camisas deportivas por una americana y una corbata. Él se negaba, a excepción de las ocasiones en que tenía que aparecer en público.
-¿A quién tengo que impresionar? -le preguntó a su preocupado director de campaña durante una de las discusiones sobre su vestimenta.
-A varios millones de votantes -le contestó Jasper.
-Si no consigo impresionarlos por los valores que defiendo, no se van a impresionar por lo que llevo encima.
Y Carlisle comentó divertido: -A no ser que sea mierda.
Todos se rieron y allí finalizó la discusión.
A Bella le gustaba esa forma de vestir. Estaba sensacional. Escuchaba con la cabeza inclinada, formando un ángulo que ella había llegado a encontrar adorable. Una mecha de cabello le caía sobre la frente. Tenía la boca abierta, dibujando una amplia sonrisa y mostrando unos fuertes dientes blancos.
Todavía no se había percatado de su presencia. En momentos así disfrutaba observándolo, antes de que el desprecio por su esposa le transformara la bella sonrisa en algo espantoso.
-¡Esto sí que es una suerte!
La profunda voz grave despertó a Bella de su romántico sueño. El visitante se acercó rápidamente a ella, con sus cortas y rechonchas piernas que le recordaron las de Harry. Pronto se vio asfixiada por un abrazo de exuberante afecto.
-¡Maldita sea! Estás más guapa que nunca, y no creí que eso jamás fuera posible.
-Hola, señor Bridges.
-¿Señor Bridges? Mierda. ¿De dónde has sacado eso? Le dije a mamá cuando saliste por la televisión que estabas mucho más guapa que antes. Ella estuvo de acuerdo conmigo.
-Me alegro de que les guste.
Meneó cerca de la punta de su nariz dos dedos regordetes que sostenían un puro.
-Ahora escucha al viejo Barney, cariño. Esas encuestas no significan absolutamente nada, ¿me oyes? No tienen ninguna maldita importancia. Le dije a mamá el otro día que esas encuestas valen una mierda. ¿Crees que apostaría mi dinero por este chico -dijo, golpeando con fuerza a Edward entre los hombros- si no pensara que iba a apretarle las clavijas a ese maldito Dekker el día de las elecciones? ¿Eh?
-No, señor, tú no, Barney -contestó ella, riéndose.
-Tienes toda la razón, no lo haría. -Se metió el puro en una esquina de la boca, la atrajo hacia sí y volvió a darle un estrujante abrazo-. Me encantaría invitarlos a comer, pero tengo una reunión de diáconos en la iglesia.
-No quiero entretenerte -intervino Edward, intentando mantenerse serio-. Gracias de nuevo por tu donativo.
Barney rechazó las gracias con un gesto de la mano. -Mamá te mandará el suyo por correo hoy.
Edward experimentó una cierta dificultad al tragar. -Pensé..., pensé que el cheque era en nombre de los dos.
-Vamos, chico, no. Ésa sólo era mi parte. Tengo que marcharme. La iglesia está muy lejos de aquí y mamá se enfada si conduzco el auto a más de ciento diez por la ciudad, de modo que le prometí no hacerlo. Hay demasiados locos por ahí. Cuídense, ¿me oyen?
Se alejó a grandes zancadas. Después de que hubo cerrado la puerta, la secretaria levantó la vista hacia Edward.
-¿Ha dicho su parte?
-Eso es lo que ha dicho. -Movió la cabeza incrédulo-. Debe de ser verdad que las encuestas le parecen una mierda.
Mary se rió. Bella también. Pero la sonrisa de Edward desapareció después de entrar en el despacho y cerrar la puerta.
-¿Qué haces aquí? ¿Necesitas dinero?
Cuando se dirigía a ella en ese tono frío y expeditivo, que reservaba para las ocasiones en que se encontraban a solas, cada palabra era como si le arrancaran las entrañas. Le producía un gran dolor. Y también la sacaba de sus casillas.
-No, no necesito dinero -replicó secamente, mientras se sentaba en la silla de delante del escritorio-. Tal como me sugeriste, fui al banco y volví a firmar todos los papeles. Les expliqué lo del cambio en mi firma -añadió, flexionando la mano derecha-. De modo que siempre puedo extender un cheque cuando necesite dinero.
-Entonces, ¿por qué has venido?
-Necesito otra cosa.
-¿Qué?
-Algo que hacer.
La inesperada afirmación causó el efecto deseado. Consiguió toda la atención. Manteniéndole la mirada con total escepticismo, él se reclinó en el sillón y colocó los pies en la esquina de la mesa.
-¿Algo que hacer?
-Exactamente.
Edward juntó las manos sobre la hebilla del cinturón.
-Te escucho.
-Me aburro, Edward. -Se destapó toda su frustración. Inquieta, se levantó de la silla-. Todo el día metida en el rancho, sin nada productivo en que ocuparme. Estoy harta de no hacer nada. Mi mente empieza a pudrirse. Casi estoy a punto de ponerme a comentar las novelas de la tele con Mona.
Mientras se paseaba sin rumbo por el despacho, tomó nota de varios detalles, principalmente de que había fotografías enmarcadas de Nessie por todas partes, pero ninguna de Jessica.
Los diplomas y las fotografías elegantemente enmarcadas colgaban de una pared detrás del escritorio. Buscando pistas de su pasado, se detuvo ante una ampliación de una foto tomada en Vietnam.
Edward y Jasper estaban de pie delante de un bombardero, rodeándose los hombros con los brazos en una pose de camaradería. Ambas sonrisas eran igual de engreídas. Bella se había enterado accidentalmente de que fueron compañeros de habitación hasta que Edward pospuso sus estudios para alistarse en las fuerzas aéreas. Hasta ese momento no se había dado cuenta de que estuvieron juntos en la guerra.
-¿Desde cuándo te preocupa la mente? -le preguntó, lo que hizo que ella se diera la vuelta.
-Necesito actividad. -Apúntate a un gimnasio.
-Ya lo hice, el mismo día que el médico me examinó la tibia y me dio permiso para hacerlo. Pero la clase sólo dura una hora tres veces por semana.
-Apúntate a otro.
-¡Edward!
-¿Qué? ¿De qué demonios va todo esto?
-Estoy intentando explicártelo. Y tú te obstinas en negarte a escucharme.
Él miró de reojo a la puerta, consciente de la secretaria sentada al otro lado. Bajando la voz, dijo:
-Te gusta montar a caballo, pero no lo has hecho ni una sola vez desde que has regresado a casa.
No, no lo había hecho. A Bella también le gustaba montar a caballo, sólo que no conocía las aptitudes de Jessica como jinete y no quería arriesgar su suerte siendo demasiado buena o demasiado inexperta.
-He perdido interés -contestó con poca convicción.
-Ya me imaginé que ocurriría -apuntó él sardónicamente- en cuanto quitaras las etiquetas de los precios de todo ese equipo tan caro.
Bella había visto toda la ropa de montar en el armario de Jessica y se preguntó si alguna vez se habría puesto aquellos pantalones de montar y la chaquetilla corta.
-Ya volveré a usarlo dentro de un tiempo.
Dándose tiempo para pensar, observó la fotografía de Carlisle con Lyndon B. Johnson, cuando éste era aún miembro del Congreso. Impresionante.
Había varias fotografías de Carlisle en uniforme que le proporcionaron una crónica de su carrera militar. Una foto en particular le llamó la atención, porque recordaba la instantánea de Edward y Jasper.
En la fotografía, el brazo de Carlisle se posaba cariñosamente sobre el hombro de un cadete de las fuerzas aéreas; un joven sorprendentemente atractivo y caballeresco como Carlisle. Perfilándose al fondo, como un gigante, se veía un monstruoso bombardero. Escrito a máquina en la parte inferior de la foto podía leerse: «Comandantes Carlisle Cullen y Bryan Edward, Corea del Sur, 1951.»
Bryan Edward. ¿Un pariente de Carlisle? ¿Un amigo? Seguramente, porque Carlisle le había puesto a su hijo el mismo nombre. Bella se volvió de nuevo, intentando no mostrar mayor interés en la fotografía de la que pudiera demostrar alguien que ya la conocía.
-Dame trabajo en la sede de la campaña.
-No.
-¿Por qué? Alice trabaja allí.
-Lo cual es razón suficiente para que tú no te metas. Pueden rodar cabezas.
-La ignoraré.
Él negó con la cabeza.
-Tenemos un montón de nuevos voluntarios. Ya se están pisando unos a otros. Jasper se tiene que inventar tareas para darles trabajo a todos.
-Tengo que ocuparme en algo, Edward.
-¡Dime por qué, por el amor de Dios!
Como Isabella Swan funcionaba mejor bajo presión, estaba acostumbrada a moverse a gran velocidad y no toleraba la inactividad. La vida sedentaria que llevaba Jessica Cullen la estaba volviendo loca.
No podría ni protegerlo del asesinato ni escribir una historia sobre el atentado si él continuaba manteniéndola alejada. Tanto su propio futuro como el de él dependían de que ella participara activamente en la campaña al igual que el resto de los sospechosos.
-Tengo la sensación de que debería ayudarte de alguna manera.
Soltó una brutal carcajada breve y sarcástica. -¿A quién crees que estás engañando?
-¡Soy tu esposa!
-¡Sólo momentáneamente!
La feroz réplica la silenció. Edward, viendo la expresión herida de su rostro, susurró un taco y dijo:
-De acuerdo, si quieres hacer algo por mí, continúa comportándote decentemente con Nessie. Se está abriendo un poco, me parece.
-Se está abriendo mucho. Y tengo intención de que vaya mejorando día a día. -Apoyó las manos sobre el escritorio y se inclinó sobre él, al igual que hacía cuando le pedía permiso a Harry para cubrir una historia que él desaprobaba-. Ni siquiera Nessie y sus problemas me ocupan el tiempo suficiente. No puedo estar con ella a todas horas. Va a la guardería tres mañanas a la semana.
-Estuviste de acuerdo con la psicóloga cuando lo propuso.
-Y sigo estando de acuerdo. El relacionarse con otros niños resulta extremadamente beneficioso. Necesita desarrollar ciertas habilidades sociales. Pero, mientras ella está en el colegio, me paseo por la casa, matando el tiempo hasta que llega la hora de ir a recogerla. Cada tarde duerme una larga siesta. -Se inclinó más adelante-. Por favor, Edward. Me estoy pudriendo.
Edward le aguantó la mirada durante largo rato. Finalmente, bajó la vista hacia el abierto escote de su blusa de seda y enseguida la levantó y pareció enfadarse consigo mismo por el mero hecho de haber perdido ligeramente el control. Se aclaró la garganta y preguntó enfadado: -De acuerdo, ¿qué sugieres?
La tensión de Bella se mitigó un poco. Por lo menos estaba dispuesto a discutirlo. Se enderezó. - Déjame trabajar en la sede de la campaña.
-No.
-Entonces déjame que te acompañe en tu viaje la semana que viene.
-No -repitió, con forzada decisión.
-Por favor.
-He dicho que no.
Enfadado, puso los pies en el suelo, se levantó y dio la vuelta al escritorio.
-¿Por qué no?
-Porque tú no eres viajera, Jessica, y yo no soporto la discordia que creas.
-¿Como, por ejemplo, qué?
-¿Cómo qué? -Se escandalizó, incrédulo de que la memoria le fallara de tal manera-. La última vez que me acompañaste, te quejaste de las habitaciones, de la comida, de todo. Llegaste continuamente tarde, cuando sabías lo mucho que Jasper quería cumplir el horario. Hiciste comentarios ocurrentes con la prensa, que a ti te parecieron graciosos y que el resto de la humanidad consideró de mal gusto y ofensivos. Y aquello sólo fue un viaje de tres días para estudiar el terreno antes de tomar mi decisión final.
-No será así esta vez.
-No tendré tiempo para estar contigo. Cuando no esté dando un discurso, lo estaré escribiendo. Al cabo de unas horas te empezarás a quejar de que no te hago caso y de que no tienes nada que hacer.
-Encontraré cosas que hacer. Puedo preparar café, pedir bocadillos, sacarles punta a los lápices, contestar al teléfono, devolver llamadas, hacer recados.
-¿Trabajos domésticos? Tenemos todo tipo de gente que hace esas cosas.
-Pero algo podré hacer.
Lo estaba siguiendo muy de cerca mientras daba vueltas por el despacho. Cuando se detuvo, chocó con él por detrás. Edward se dio la vuelta.
-Después del primer día ya no te resultaría novedoso y estarías cansada de todo, quejándote y con ganas de volver a casa.
-No es verdad.
-¿Por qué tienes de repente tantas ganas de meterte en esto?
-Porque -argumentó, cada vez más irritada- te estás presentando al Senado, y es responsabilidad mía, como esposa tuya, ayudarte a ganar.
-¡Una mierda!
Se oyeron tres golpes secos en la puerta. Segundos después, se abrió y entraron Jasper y Emmett.
-Perdón -dijo el primero- pero oímos todos los gritos cuando llegamos y pensamos que quizá pudiéramos actuar de árbitros.
-¿Qué está ocurriendo? -Emmett cerró la puerta detrás de sí-. ¿Qué haces aquí?
-He venido a ver a mi marido -replicó Bella-. Si te parece bien a ti, Emmett.
Se apartó un mechón de la frente, un gesto beligerante que le retaba a remediar la situación.
-¡Tranquilízate, por el amor de Dios! Sólo preguntaba.
Emmett se sentó en el pequeño sofá apoyado contra la pared. Jasper se metió las manos en los bolsillos de los pantalones y se quedó mirando la alfombra persa entre sus resplandecientes zapatos. Edward regresó a su escritorio y se sentó. Bella estaba demasiado excitada para sentarse, de modo que se dirigió a la mesa y se apoyó en ella.
-Jessica quiere acompañarnos en el viaje de la semana que viene -informó Edward.
Emmett dijo: -¡Dios, otra vez no!
-¿Por qué no? -replicó Bella.
-Vamos a discutirlo -terció Jasper.
Le tocó el turno a Edward: -¿No te gusta la idea, Emmett?
Su hermano le echó una mirada de disgusto a Bella, se encogió de hombros y susurró:
-Es tu mujer.
La atención de Edward se trasladó a Bella. -Ya conoces las razones por las que me opongo yo.
-Algunas de ellas están justificadas - dijo ella en tono conciliador, admirándolo por no criticar a su esposa delante de los otros hombres-. Lo haré mejor esta vez, ahora que sé lo que me espera y lo que se espera de mí.
-¿Jasper?
El examen al que Jasper estaba sometiendo a la alfombra finalizó cuando Edward pronunció su nombre. Levantó la cabeza. -No hay duda alguna de que una pareja guapa es un producto más fácil de vender que el de un hombre guapo solo.
-¿Por qué?
-Imagen, principalmente. Una pareja representa todos los valores que defienden los norteamericanos, un hogar, el sueño americano. El matrimonio significa que, una vez que llegues a Washington, no vas a malgastar el dinero de los contribuyentes contratando secretarias guapas que no saben escribir a máquina.
-Por lo menos, en teoría -comentó Emmett, y lanzó una risotada.
Jasper sonrió sutilmente y reconoció: -Al menos en teoría. Las mujeres votantes te respetarán por ser un marido fiel y un padre responsable. A los hombres les gustará que no seas homosexual ni estés camino a serlo. A pesar de todos los refinamientos modernos, a los votantes podría intranquilizarles confiar en un homosexual. Un candidato bien parecido produce un intrínseco resentimiento entre los votantes masculinos. Tener una mujer a tu lado te convierte en uno de ellos.
-En otras palabras, la miseria busca compañía -sentenció Bella sarcásticamente.
A modo de excusa, Jasper se encogió de hombros: -Yo no me he inventado las normas, Jessica. Ella repartió su mirada de asco entre los tres. -Entonces, ¿cuál es el veredicto?
-Tengo una idea.
-Adelante, Jasper.
Al igual que antes, Edward descansaba los pies sobre la esquina del escritorio y estaba recostado en el sillón de cuero. Bella tuvo la tentación de quitarle las botas de la mesa, sólo para que perdiera el equilibrio y un poco de su sangre fría.
Jasper dijo: -En nombre de Jessica, rechacé la invitación que le hicieron para la cena que se celebra este próximo viernes.
-¿La de los gobernadores sureños en Austin?
-Exactamente. La disculpé de la cena alegando que, a pesar de todos los progresos realizados, no se encontraba todavía en condiciones de asistir a una cena de gala. -Se volvió hacia ella-. Podría volver a llamar y aceptar. Es un grupo de gente de los dos partidos, de modo que no se hará campaña activa; se trata sólo de una oportunidad para estrechar manos, ver a gente y que lo vean a uno. Comprobaremos qué tal se desarrollan las cosas esa noche y, sobre esa base, decidiremos lo del viaje.
-Una prueba, en otras palabras -dijo Bella.
-Si así quieres considerarlo -repuso Jasper en tono tranquilo. Se dirigió a Emmett y a Edward - Lo hizo bastante bien en la rueda de prensa al salir del hospital.
La opinión de Jasper tenía una gran importancia para Edward, pero las decisiones finales eran siempre suyas. Miró a su hermano mayor, que permanecía irasciblemente silencioso.
-¿A ti qué te parece, Emmett?
-Supongo que estoy de acuerdo -contestó, mirándola con resentimiento-. Sé que a papá y a mamá les gustaría que los dos presentaran un frente unido.
-Gracias a los dos por sus consejos.
Recogieron la sutil indirecta. Emmett salió del despacho sin decir ni una palabra. Con un movimiento de cabeza, Jasper se despidió de Bella y cerró la puerta después de salir.
Edward le sostuvo la mirada a Bella durante unos momentos. -De acuerdo -aceptó a regañadientes-. Te has ganado la oportunidad de convencerme de que puedes ser una ayuda más que un estorbo cuando empecemos la campaña en serio.
-No te defraudaré, Edward. Lo prometo.
Él frunció el ceño, con gesto de duda. - Viernes por la noche. Saldremos de casa a las siete en punto. Estate preparada.
Woaa… esta Bella se puso firme, mostró carácter, y me gusta, veremos qué tal le va en la cena del viernes!
Gracias por sus Reviews en el capitulo anterior y gracias a quienes me leen.
凸(^_^)凸
Dejen su Review, es una gran motivación para mi leerlas!
Actualizo cuando consiga recuperar mi modem ya que me robaron y no puedo conectarme,
pero ni bien consiga conectarme actualizo. Sepan disculparme!
Las aprecio, y aprecio mucho mas su apoyo!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
