Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
Capítulo 18
-Ya voy yo.
El timbre de la puerta sonó dos veces. Bella fue la primera en llegar. Empuñó el pomo y abrió. Allí estaba Marco Volturi, entre las macetas de geranios.
Bella se quedó helada. Su expectante sonrisa de bienvenida se volvió de piedra y sus rodillas empezaron a temblar. Se le encogió el estómago.
Marco reaccionó con similar intranquilidad. Su espalda encorvada se enderezó de inmediato. Un cigarrillo colgaba de entre sus dedos. Parpadeó repetidamente.
Bella, con la esperanza de que sus pupilas estuvieran dilatadas a causa de la marihuana y no por la sorpresa, reunió toda la compostura posible.
-Hola.
-Sí, esto... -Cerró los ojos un momento y movió su cabeza
-¿Señora Cullen?
-¿Sí?
Él se cubrió el corazón con su mano huesuda.
-Dios mío, durante una fracción de segundo se parecía usted exactamente a...
-Entre, por favor.
No quería oírle pronunciar el nombre. Con gran dificultad había conseguido evitar el impulso de pronunciar el suyo con alegría. Le resultaba casi imposible no abrazarlo ferozmente y decirle que estaba detrás de la mejor historia de su carrera.
Pero desde un principio se había metido en aquello sola. Contárselo a Marco pondría también en peligro su vida. Por muy reconfortante que resultara tener un aliado, no podía permitirse aquel lujo. Además, no quería arriesgarse a que todo se fuera al traste simplemente por confiar en él. Marco no era del todo de fiar.
Se puso a un lado y él se unió a ella en la entrada. Lo más natural hubiera sido que mirara a su alrededor, contemplando la impresionante casa, pero, en vez de eso, la observaba fijamente a ella. Bella se compadeció de su confusión.
-¿Usted es...?
-Oh, perdón. -Se limpió tímidamente las palmas de las manos en los vaqueros y extendió el brazo derecho. Ella le dio la mano- Marco Volturi.
-Yo soy Jessica Cullen.
-Ya lo sé. Estaba allí el día en que salió de la clínica. Trabajo para KTEX.
-Entiendo.
A pesar de que el pobre intentaba llevar una conversación normal, sus ojos no se apartaban de ella. Para Bella era una agonía estar tan cerca de un amigo y no poder comportarse con normalidad. Tenía un millón y medio de preguntas que hacerle, pero decidió plantear lo que lógicamente le hubiera formulado Jessica. -Si está aquí en nombre de la cadena de televisión, ¿no tendría que haber hablado primero con el señor Withlock, el director de campaña de mi marido?
-Él ya sabe que iba a venir. Me envió la productora.
-¿La productora?
-Voy a grabar un anuncio para televisión aquí el miércoles próximo. Vine hoy para estudiar el terreno. ¿No le dijo nadie que iba a pasar?
-Yo...
-¿Jessica?
Carlisle entró en el recibidor, sometiendo a Marco a una mirada de severa desaprobación. Carlisle siempre iba limpio y bien vestido como un militar. Sus ropas no tenían ni una sola arruga y su pelo estaba siempre bien peinado.
Marco era la antítesis. Su sucia camiseta procedía de un restaurante chino que se especializaba en ostras. El obsceno lema escrito en la camiseta decía: «Sácame, chúpame, cómeme crudo.» Sus tejanos ya pasados de moda estaban verdaderamente andrajosos. Los zapatos deportivos no llevaban cordones. Bella dudó de que poseyera un par de calcetines, porque nunca llevaba.
Tenía un aspecto enfermizo y anémico, hasta el punto de estar demacrado. Los hombros puntiagudos le sobresalían por debajo de la camiseta. Si no anduviera siempre encorvado, todas sus costillas quedarían perfectamente dibujadas, por así decirlo, la espalda se doblaba sobre el torso cóncavo.
Bella sabía que aquellos dedos manchados de nicotina y con las uñas sucias resultaban superdotados a la hora de manejar un vídeo. Esos ojos vacíos eran capaces de una increíble intuición artística. Por el contrario, Carlisle sólo veía a un hippie eterno, una vida echada a perder. El talento de Marco quedaba tan bien oculto como la verdadera identidad de Bella.
-Carlisle, te presento al señor Volturi. Señor Volturi, el coronel Cullen. -Carlisle parecía reacio a darle la mano a Marco y lo hizo muy rápidamente-. Ha venido a estudiar la casa para preparar el espacio publicitario que van a grabar la semana que viene.
-¿Trabaja usted para Producciones MB? -preguntó Carlisle fríamente.
-Algunas veces trabajo para ellos. Cuando buscan lo mejor.
-Ya. Dijeron que alguien vendría hoy. -Aparentemente, Marco no era lo que esperaba Carlisle-. Le enseñaré la casa. ¿Qué quiere ver, el interior o el exterior?
-Las dos cosas. Cualquier lugar en el que Cullen, su esposa y su hija acostumbren a pasar el tiempo. Situaciones normales es lo que dijeron que querían. Basura sentimental.
-Puede ver todas las partes de la casa que quiera, pero no tendrá acceso a mi familia, señor Volturi. Mi esposa se sentiría ofendida por esas palabras groseras de su camiseta.
-No es ella quien la lleva puesta, ¿por qué puñetas le va a importar?
Los ojos azules de Carlisle se volvieron glaciales. Estaba acostumbrado a que la gente a la que él consideraba inferior lo trataran con mayor deferencia. A Bella no le habría sorprendido nada si lo hubiera agarrado por el pantalón y por el cuello de la camisa para ponerlo inmediatamente de patitas en la calle. Si el asunto de Marco no estuviera directamente relacionado con la campaña de Edward, seguramente lo habría hecho.
Todo lo que dijo fue: -Jessica, te ruego que disculpes lo que acabas de oír. Con permiso.
Marco se volvió hacia ella.-Ya nos veremos, señora Cullen. Perdone que me haya quedado mirándola, pero se parece tanto a...
-Estoy acostumbrada ahora a que la gente me mire -interrumpió rápidamente-. Es normal que a todo el mundo le produzca una cierta curiosidad.
Carlisle inclinó impaciente la cabeza. -Por aquí, Volturi.
Marco le dirigió una nueva mirada de asombro antes de seguir a Carlisle por el pasillo. Bella se retiró a su habitación y se apoyó en la puerta tras cerrarla a su espalda. Respiró profundamente y retuvo con gran esfuerzo unas lágrimas de nerviosismo y remordimiento.
Le hubiera gustado asirse al delgado brazo de Marco y, después de una jubilosa reunificación, pedirle información. ¿Cómo estaba Harry? ¿Seguía triste por su muerte? ¿Se estaba cuidando? ¿Qué había pasado con el nuevo hombre del tiempo? ¿Lo echaron, o se fue por voluntad propia? ¿Qué había tenido la secretaria embarazada, un niño o una niña? ¿Cuáles eran los últimos chismes del departamento de ventas? ¿Seguía el gerente siéndole infiel a su mujer?
No obstante, era consciente de que quizá Marco no se mostrara tan contento de verla como ella a él. Bueno, estaría encantado de que siguiera viva, pero, una vez se recuperase del susto, casi podía oírle decir: "¿Qué demonios crees que estás haciendo?"
A menudo, también Bella se hacía la misma pregunta. Quería la historia, sí, pero lo que a ella la motivó podía no llegar a cumplirse en absoluto.
Salvarle la vida a Edward fue la razón básica por la cual decidió ocupar el lugar de la recién fallecida esposa de Edward. Pero ¿seguía siendo cierto eso? ¿Dónde estaba la amenaza que se suponía que existía?
Desde que llegó a la casa, se había convertido en una observadora curiosa. Existía una cierta discordia entre Emmett y Rosalie; Alice parecía capaz de provocar a un santo; Carlisle era despótico; Esme, arrogante; Jasper, totalmente eficaz. Pero ninguno de ellos había demostrado más que adoración y cariño hacia Edward. Quería descubrir al asesino en potencia y conseguir la historia que le haría recuperar el respeto y la credibilidad que tan estúpidamente sacrificó por un acto de poca sensatez. La presencia de Marco le había recordado aquello.
Con su llegada se había dado cuenta también de que no se estaba concentrando tanto en lo increíble de la historia, sino en la gente que formaba parte de ella. Eso no resultaba sorprendente. La objetividad siempre fue uno de los aspectos más difíciles de su carrera, el único elemento esencial del periodismo que se le había escapado.
De su padre heredó el interés y la habilidad por el periodismo; sin embargo, la capacidad de su progenitor para descartar el factor humano no formó parte de la herencia. Había hecho grandes esfuerzos por desarrollar el don de la objetividad, pero de momento había fracasado. Temía no aprenderlo nunca mezclándose con los Cullen.
Sólo que no podía marcharse ya. El mayor fallo de su cuidadoso plan era que no había dejado abierta una vía de escape. A menos que pusiera todas las cartas sobre la mesa, no tenía más elección que seguir y tomarse las cosas tal como se presentaran, incluidas las visitas por sorpresa de viejos amigos.
Llegó el viernes. Bella pasó las largas horas de la tarde jugando con Nessie en su habitación, después de que la niña se despertara de la siesta. Sentadas a una pequeña mesa, hicieron dinosaurios con arcilla hasta que Nessie dijo que tenía hambre y se fue con Mona.
A las cinco, Bella se bañó. Mientras se maquillaba, tomó un pequeño aperitivo que le sirvió Mona.
Se arregló el pelo con crema moldeadora. Seguía teniéndolo corto y elegante, pero ya no tan severo. La parte superior había crecido lo suficiente como para darle una bonita forma. Acentuó los distinguidos y atractivos resultados finales con unos caros pendientes de diamantes.
A las siete menos cuarto, quince minutos antes de la hora, ya estaba lista. Se encontraba en el baño, perfumándose, cuando Edward entró de repente a grandes zancadas.
Su no anunciada y desacostumbrada visita la sorprendió. Él dormía en el sofá cama de la salita despacho junto al dormitorio. Una puerta comunicaba las dos estancias, pero permanecía siempre cerrada con llave por el lado de la sala.
El estudio estaba decorado en tonos sutiles y masculinos, asemejándose a un club de caballeros. Tenía un pequeño baño contiguo. El lavabo no era mucho mayor que el de un dentista y la ducha con grandes dificultades servía para un adulto. Sin embargo, Edward prefería aquellas exiguas habitaciones a compartir el espacioso baño y el dormitorio de su esposa, con dos grandes vestidores unidos por una pared de espejos, una bañera de mármol, una claraboya en el techo y metros de alfombrado de felpa.
Lo primero que se le pasó por la cabeza a Bella cuando le vio entrar fue que había cambiado de idea y que no podría acompañarlo. Sin embargo, no parecía estar enfadado, simplemente molesto. Se detuvo en seco al divisar su imagen en el espejo.
Satisfecha de que sus esfuerzos hubieran valido la pena, se volvió hacia él con los brazos a los lados.
-¿Te gusta?
-¿El vestido? Él vestido es estupendo.
-La cuenta de Frost Brothers nos dará una idea de lo bonito que es.
Ella sabía que era un vestido maravilloso. Negro e irregularmente cubierto de lentejuelas, le cubría el pecho, los hombros, la espalda y los brazos hasta las muñecas. Desde el escote hasta las rodillas estaba forrado de seda negra. La belleza del vestido quedaba aún más resaltada por unas franjas de lentejuelas iridiscentes alrededor del cuello y de las muñecas.
Era un vestido insinuante, pero decente y que recordaba algo a Audrey Hepburn. No se había gastado el dinero por razones egoístas. Aquella noche no quería llevar nada que hubiera pertenecido a Jessica; deseaba llevar algo nuevo para Edward, distinto, diferente a lo que fuera Jessica.
Además, todos los trajes de noche de Jessica eran muy escotados y llamativos, no del gusto de Bella. Necesitaba algo ligero, pero con mangas largas. Era consciente de la importancia de no dejar demasiado cuerpo al descubierto para que no pudiera conocerse su verdadera identidad. Ese vestido tenía todas las ventajas.
-Dinero bien gastado -murmuró Edward de mala gana.
-¿Querías algo en particular? ¿O has venido a ver si me retrasaba?
-Yo soy el que me he retrasado, me temo. No encuentro los botones para el cuello de la camisa. ¿Los has visto?
A ella no le había pasado inadvertido que sólo estaba parcialmente vestido. Tenía una gota de sangre en la barbilla, como prueba de un afeitado rápido y apurado. Estaba todavía descalzo, llevaba el cabello húmedo y despeinado, secado tan sólo con la toalla, y la almidonada camisa plisada seguía desabotonada. El largo faldón de la camisa le colgaba por encima de los pantalones del esmoquin.
La vista del vello de su pecho desnudo le hizo a Bella la boca agua. El estómago era duro y liso como un tambor. Dado que él no se había subido aún la bragueta, tuvo una no restringida vista de aquel cuerpo, hasta el ombligo y el elástico blanco de los calzoncillos.
En un acto reflejo se humedeció los labios. Su corazón latía con tal fuerza que de hecho sentía que la tela del vestido le rozaba la piel.
-¿Los botones? -preguntó débilmente.
-Pensé que quizá me los había dejado aquí.
-Puedes mirar donde quieras.
Hizo un gesto hacia la zona de vestidores, donde, durante una de sus exploraciones, había descubierto una serie de artículos de tocador masculinos.
Registró dos cajones antes de encontrar el pequeño joyero negro. Dentro había unos botones de cuello de ónice y gemelos haciendo juego.
-¿Necesitas ayuda?
-No.
-Sí.
Se acercó bloqueándole la salida.
-Ya me las arreglo.
-Y te arrugarás la camisa mientras lo haces. Déjame a mí. - Rechazó sus protestas con un gesto de la mano e insertó el primer botón. Con los nudillos de la mano le rozó el espeso pelo del pecho. Era suave y estaba húmedo. Deseaba hundir la cabeza en aquel cuerpo.
-¿Qué es todo eso?
Ella levantó la vista y le siguió la mirada.
-Ah, los dibujos de Nessie. -Varias ilustraciones garabateadas estaban pegadas con cinta adhesiva en el espejo-. ¿No te ha dado ninguno?
-Claro que sí. Sólo que no esperaba que los tuyos estuvieran tan a la vista. Solías decir que no podías soportar el desorden. ¿Has terminado?
Inclinó la cabeza para comprobar el lento progreso. Sus frentes casi chocaron.
-Uno más. Estate quieto. ¿Es tu estómago el que está haciendo esos ruidos? Come algo antes.
Él dudó un instante y, a continuación, tomó del plato un trozo de manzana y una rodaja de queso. Hincó los dientes en la manzana y el sonido de los mordiscos resultó terriblemente erótico.
-¿Los gemelos?
Edward se los pasó y extendió el brazo izquierdo. Bella metió el gemelo por los ojales y lo abrió para que permaneciera en su sitio.
-El otro.
Se lo pasó, junto con el brazo derecho. Bella se negaba a separarse de él, así que, cuando hubo acabado, echó la cabeza un poco para atrás y lo miró de cerca.
-¿Y la pajarita?
Tragó el bocado y contestó: -En mi habitación
-¿Lo puedes hacer tú sólo?
-Perfectamente. Gracias.
-No hay de qué.
Entonces, aunque ya podía marcharse, no lo hizo. Se quedó unos minutos más, observándola, con el aroma de su baño y el perfume impregnando la habitación. Finalmente, retrocedió y se dirigió a la puerta.
-Estaré listo dentro de cinco minutos.
Cuando Edward regresó a la habitación en la que dormía, tuvo la sensación de haberse escapado por los pelos. La ducha debía de estar demasiado caliente; ¿por qué, si no, no conseguía tranquilizarse? Culpó de su torpeza a las necesarias prisas y a la noche importante que le venía encima.
Tuvo que hacer y deshacer el nudo de la pajarita hasta conseguir que quedara bien, no encontró calcetines que hicieran juego y tardó diez minutos en acabar de vestirse. Sin embargo, cuando ella salió de la habitación, respondiendo a la llamada en la puerta, no hizo ningún comentario sobre el retraso.
Juntos entraron en el salón, donde Esme le estaba leyendo un cuento a Nessie. Carlisle veía en la televisión a su favorito detective persiguiendo a los malos y llevándolos finalmente ante la justicia. Levantó la vista cuando entraron y emitió un largo silbido.
-Los dos parecen el novio y la novia que salen en las tartas nupciales.
-Gracias, papá -contestó Edward en nombre de los dos.
-No se puede decir que parezca una novia con ese vestido negro, Carlisle.
Edward estaba seguro de que su madre no tenía intención de que el comentario fuera insultante, pero así lo pareció. Se produjo un silencio embarazoso, roto finalmente por Esme, que añadió:
-Pero estás muy guapa, Jessica.
-Gracias -respondió quedamente.
Desde el día en que se conocieron, Esme se había mostrado muy reservada en su relación con Jessica. Habría preferido que la relación hubiese terminado antes de llegar al matrimonio, aunque nunca dijo nada.
Fue más cariñosa con Jessica cuando estaba embarazada de Nessie, pero el afecto maternal pronto desapareció. Durante los meses anteriores al accidente de avión, Esme criticó más abiertamente a Jessica. Edward sabía por qué, claro. Ni su padre ni su madre eran tontos o ciegos, y siempre estaban en contra de cualquier cosa que pudiera herir los sentimientos de Emmett o de él.
Esa noche, sin embargo, había abrigado la esperanza de que todo fuera sobre ruedas. Ya de por sí prometía ser una noche tensa. Y, aunque el comentario irreflexivo de su madre no la estropeaba del todo, tampoco ayudaba nada a aliviar la tensión existente.
Gracias a Nessie se recuperó algo el buen humor. Se deslizó del regazo de su abuela y se acercó tímidamente a ellos. Edward se arrodilló. -Ven a darme un gran abrazo.
Nessie lo rodeó con los brazos y hundió la cara en su cuello. Sorprendiéndolo, Jessica también se arrodilló a su lado.
-Iré a darte un beso cuando volvamos. ¿De acuerdo?
Nessie levantó la cabeza y asintió con solemnidad. -De acuerdo, mamá.
-Pórtate bien con la abuela y con el abuelo.
Nessie asintió de nuevo, apartó los brazos de Edward y abrazó a Jessica.
-Adiós.
-Adiós. Dame los azucarillos de buenas noches.
-¿Tengo que irme a la cama ahora?
-No, pero yo quiero mis azucarillos por adelantado.
Nessie besó a Jessica ruidosamente en la boca y, a continuación, volvió con su abuela. Normalmente, Jessica se quejaba cuando Nessie le estropeaba el maquillaje o le arrugaba la ropa. Todo lo que hizo en esa ocasión fue limpiarse suavemente con un pañuelo de papel.
Edward no conseguía entenderlo, a no ser que estuviera interpretando el papel de buena madre a la perfección. Sólo Dios sabía con qué motivo. Ese nuevo afecto por Nessie era probablemente mentira. Sin duda lo había aprendido leyendo revistas y viendo programas de televisión durante la convalecencia.
La tomó del brazo por debajo del codo y la condujo hacia la puerta principal.
-Puede que lleguemos tarde.
-Conduce con cuidado -dijo Esme.
Carlisle abandonó a su detective con pistola y los siguió hasta la puerta.
-Si se tratara de un concurso de belleza y se votara esta noche, ambos ganarían. No se imaginan lo orgulloso y contento que estoy de verlos salir a los dos juntos y tan guapos.
¿Estaba sugiriendo su padre que se olvidaran y perdonaran los sucesos anteriores? Edward apreciaba su preocupación; simplemente, pensaba que no podría darle el gusto. ¿Perdonar? Siempre le había resultado algo difícil. No era de ese tipo de personas.
Pero, al sentar a Jessica en el plateado interior de piel de su coche, deseó poder hacerlo. Si pudiera borrar toda la ira, el dolor y el odio, y empezar de nuevo con su esposa aquella noche, ¿querría hacerlo?
Edward había sido siempre tan escrupulosamente honesto consigo mismo como con todos los demás. Si Jessica estuviese y se comportase como esa noche, sí, querría empezar de nuevo, se dijo a sí mismo.
Sencillamente, la deseaba. Le gustaba cuando estaba así, hablando tranquilamente, de buen humor y atractiva. No esperaba que se mostrara rígida. Tenía demasiada vitalidad e inteligencia para ser una compañera silenciosa y obediente. No quería que fuera así. A él le gustaban las chispas de ira, o de humor; sin ellas, una relación era tan sosa como una comida sin sal.
Ella le sonrió mientras se deslizaba detrás del volante. -Carlisle tiene razón. Estás muy guapo esta noche, Edward.
-Gracias. -Y sólo porque estaba ya harto de mostrarse desdeñoso, todo el tiempo, añadió: - Tú también.
Bella resplandeció con una sonrisa. En los viejos tiempos, él se hubiera dicho: "A la mierda con llegar tarde, voy a hacerle el amor a mi mujer", y la hubiera tomado allí mismo, en el coche.
Esa fantasía le pasó por la cabeza, hundir la cabeza en sus pechos, deslizarse en su profundo y húmedo interior, oír sus jadeos de placer en el orgasmo.
Gimió, e intentó disimularlo rápidamente con una tos. Echaba de menos la espontaneidad, la diversión de follar con alguien a quien amaba.
Para disimular la feroz iluminación de sus ojos, que ella reconocería inmediatamente como excitación, se puso unas gafas oscuras, a pesar de que ya había caído el sol.
Mientras conducía, admitió que echaba de menos los tiempos pasados, pero que no la echaba de menos a ella. Porque, si bien las relaciones sexuales fueron apasionadas y frecuentes, no existió una verdadera intimidad. Aquel intercambio cerebral y espiritual había estado ausente en su matrimonio desde el principio, aunque él no le puso nombre a esa carencia hasta mucho más tarde.
No podía echar de menos lo que nunca había tenido, pero seguía deseándolo. Ganar las elecciones al Senado sería grato, y el principio de lo que esperaba que fuera una vida pública; pero la victoria quedaría manchada por su infelicidad matrimonial.
¡Sería más grato, y su futuro político sería más brillante si pudiera compartirlo con una esposa que lo amara!
Resultaría más sencillo desear la luna, pensó. Aun cuando Jessica tuviera ese amor que ofrecer, y no era el caso, él no lo aceptaría. Había destruido cualquier posibilidad de ello hacía ya mucho tiempo.
La atracción física seguía allí, inexplicablemente más fuerte que nunca, pero las ataduras emocionales habían muerto. Y de ninguna manera aceptaría lo uno mientras se le negaba lo otro.
Supuso que tales resoluciones no le habían llegado todavía al pene.
Miró a Jessica de reojo. Estaba guapísima. Su madre lo había expresado bien, demasiado aplomo, demasiado refinamiento y demasiada sensualidad para ser una novia.
Tenía el aspecto de una esposa bien amada y bien servida; no como Jessica.
EriM, NaTaLuCuLlenPttzn19, Melania, , Denisse-Pattinson-Cullen, Guest, yoahamauzcategui, Elizabeth Lecter, SharitoSD, analia swan, csuhayl, .gi, karenkavam, Karla Cullen Hale :- GRACIAS POR TODOS SUS REVIEWS Y POR SEGUIR ESTA HISTORIA, APRECIO MUCHO SU APOYO!
Max kaDaR, Cata, Little Whitiee, Katyms13 :- GRACIAS POR EMPEZAR A SEGUIR ESTA HISTORIA, ESPERO LOS ATRAPE TANTO COMO A MI!
Uff… que fuerte encuentro el de Marco con Bella. También conocimos un poco los pensamientos de Edward, creo que lo vamos entendiendo un poco más, ¿No?
Gracias por sus Reviews en el capitulo anterior, leo cada uno de ellos, no puedo responder como antes ya que esta Pc es de una amiga que me presta la suya hasta que consiga recuperar el módem cosa que estoy en tratativas con la empresa a la cual tenía antes.
凸(^_^)凸
Dejen su Review, es una gran motivación para mi leerlas!
Prometo actualizar el miércoles sin falta!
Las aprecio, y aprecio mucho mas su apoyo!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
