Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.

La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.


Capítulo 19

Jasper Withlock salió de la ducha. Rápidamente se pasó la toalla por los brazos, el pecho y las piernas. Se la echó sobre el hombro, alcanzó el otro extremo y se frotó la espalda mientras se dirigía del cuarto de baño al dormitorio. En cuanto hubo cruzado el umbral de la puerta se detuvo en seco.

-¿Qué...?

-¡Hola! No sabía que te gustaban las revistas porno.

Alice estaba estirada en diagonal sobre su cama. Apoyada sobre un codo, se sostenía la cabeza con la mano y hojeaba un ejemplar de Playboy que había encontrado en la mesilla de noche. Después de una desapasionada mirada a una chica en pose provocativa, levantó los ojos y le dedicó una sonrisa traviesa. -Qué chico tan malo.

-¿Qué demonios haces aquí?

Se cubrió rápidamente con la toalla. Alice se estiró con pereza felina.

-Estaba tomando el sol en la piscina y entré aquí a refrescarme un poco.

Jasper vivía en un apartamento encima del garage del rancho. Poco después de que lo contrataran para llevar la campaña de Edward, preguntó que si podía alquilar el lugar. Los Cullen protestaron con vehemencia, y Esme fue la más enérgica: -¿En las dependencias del servicio? ¡Ni hablar!

Edward agregó, además, sus propias protestas, dejando claro que, si Jasper iba a vivir en el rancho, lo haría en la casa con el resto de la familia.

Jasper explicó que le resultaba conveniente vivir cerca de ellos y mantener a la vez su propia intimidad. El apartamento del garaje cumplía ambos requisitos. Finalmente, accedieron y él se trasladó allí.

Su intimidad acababa de ser transgredida.

-¿Por qué refrescarte aquí? -preguntó enfadado-. ¿No funciona el aire acondicionado de la casa?

-No seas vulgar. -Apartó a un lado la revista y se incorporó hasta quedar sentada-. ¿No te alegras de verme?

-Ciertamente hay bastante que ver -murmuró, secándose el cabello húmedo. Era fino, liso y claro-. He visto tiritas más anchas que ese biquini. ¿Le parece bien a Carlisle que vayas por ahí vestida así?

La carne se desbordaba abundante del exiguo traje de baño.

-Al abuelo no le parece bien nada que sea erótico -contestó despectivamente-. Juro que no entiendo cómo concibieron a mi padre y al tío Edward. Apuesto a que el abuelo canta El himno de batalla de la república mientras se la mete a la abuela. O quizás aquello de Allá vamos, a la selva. -Su rostro quedó cubierto por una expresión pensativa-. Simplemente, no me la puedo imaginar a ella corriéndose, ¿y tú?

-Eres imposible, Alice. -A su pesar se río de las imágenes que le acababa de sugerir. Luego, se puso las manos en las caderas y la miró con reprobación-. ¿Serías tan amable de desaparecer mientras me visto? Le dije a Edward que me reuniría con él y con Jessica en el Waller Creek, y ya voy tarde.

-¿Puedo ir contigo?

-No.

-¿Por qué?

-No hay más pases.

-Tú podrías solucionarlo. -Él volvió a negar con la cabeza-. ¿Por qué no? Me arreglaría en un periquete.

-Se trata de un asunto de gente mayor y aburrida, Alice. Te quedarías tiesa de aburrimiento.

-Tú sí que estarías tieso si yo fuera. Pero te aseguro que de ningún modo te aburrirías.

Le dedicó un guiño libertino.

-¿Te marchas o qué?

-Haré lo que me apetezca -contestó entre dientes. Se desabrochó el sujetador del biquini, lo dejó caer y se echó hacia atrás apoyándose en los codos-. ¿Qué te parece mi bronceado?

Sus senos aparecían suaves y redondos, surgiendo de una franja de piel rosácea entre el pecho y el estómago morenos. Las aureolas eran de gran tamaño y sus pezones rosados estaban erectos.

Jasper levantó la cabeza hacia el techo y cerró los ojos con fuerza.

-¿Por qué haces esto ahora? Vamos, levántate. Ponte el bañador y sal inmediatamente de aquí.

Se acercó a la cama y extendió el brazo para ayudarla a levantarse. Alice aceptó su mano, pero no la utilizó para incorporarse, sino que la condujo hasta su pecho y presionó la palma sobre el centro. Sus ojos resplandecían de excitación y maldad. Mientras con una mano le obligaba a rotar la suya sobre el pezón, utilizó la otra para quitarle la toalla, y emitió un jadeo de sorprendido placer.

-¡Guau, Jasper, tienes una polla preciosa!

La miró con avidez y, mientras, se fue acercando al borde de la cama. Rodeó el pene con los dedos, lo apretó con el puño, estirándolo y alargándolo.

-Es grande. ¿Para quién la guardas? ¿Para esa fea pelirroja de la sede? ¿Para mi tía Jessica?

Levantó la cabeza y le examinó el torso entero. La fría mirada de sus ojos la alarmó durante unos instantes, pero decidió que le gustaba más cuando estaba enfadado. Así el reto era mayor.

-Yo puedo hacer y haré más por ti que cualquiera de ellas.- Tras esa promesa susurrada, se inclinó sobre él para demostrárselo.

Con las primeras y hábiles caricias de su húmeda lengua, las rodillas de Jasper se combaron. Segundos después, Alice estaba de espaldas en el centro de la cama y él tumbado sobre ella y con la lengua dentro de su boca, clavándosela en la garganta.

-¡Oh, Dios! ¡Oh, Jesús! ¡Sí, sí! -jadeó Alice mientras sus manos la acariciaban con rudeza.

Él le sujetó los brazos por encima de la cabeza y empezó a atacarle los pechos con la boca, los chupeteó con ardor, los mordisqueó, los lamió furiosamente mientras la chica se retorcía debajo, tan pérdida en el juego amoroso que tardó varios segundos en darse cuenta de que ya no la estaba tocando.

Abrió los ojos y lo vio de pie al lado de la cama una vez más, sonriendo divertido.

-¿Qué..,?

Sólo cuando intentó sentarse descubrió que tenía los brazos sujetos detrás de la cabeza. Se los puso delante y vio que las muñecas estaban atadas con la parte superior del biquini.

-¡Hijo de puta! -chilló-. ¡Desátame las manos!- Tranquilamente, Jasper se dirigió a la cómoda y sacó unos calzoncillos del primer cajón.

Mientras se los ponía, dijo: -Qué palabrotas.

-¡Desátame, hijo de puta!

-Estoy seguro de que a una dama -subrayó la palabra dama arqueando una ceja escépticamente- con tantos recursos se le ocurrirá alguna manera de liberarse.

Sacó su esmoquin de alquiler de la bolsa de plástico y empezó a vestirse. Durante el rato que duró la operación, Alice no dejó de insultarlo con todos los epítetos que su fértil mente y su ilimitado vocabulario fue capaz de producir.

-Ahórrate los comentarios -dijo Jasper fríamente cuando la diatriba dejó de ser divertida-. Sólo quiero saber una cosa.

-¡Jódete!

-¿Qué querías decir con aquel comentario acerca de Jessica y yo?

-¿Y tú qué crees?

Llegó hasta la cama en tres grandes zancadas, agarró a Alice por el cabello y se envolvió la mano con él hasta que empezó a estirárselo.

-No sé qué pensar. Por eso lo pregunto.

Ella se asustó y perdió un poco de su sangre fría.

-En algún sitio estarás jodiendo. ¿Y por qué no con la tía Jessica?

-En primer lugar, porque no me excita.

-Eso es mentira podrida.

-¿Por qué mentira?

-Porque la vigilas como un halcón, especialmente desde que ha vuelto a casa.

Jasper continuó mirándola fríamente.

-Es la esposa de mi mejor amigo, han tenido sus problemas y me preocupa que su matrimonio pueda llegar a afectar los resultados de la campaña electoral.

-¡Vaya matrimonio! -replicó Alice con sarcasmo-. Él no puede ni verla porque ella no ha parado de follar con otros. El muy leal de mi tío Edward no aguantará toda esa mierda de su esposa, sólo se quedará con ella hasta que hayan pasado las elecciones. -A continuación, Alice sonrió y casi ronroneó-: Pero ¿sabes qué? Si quieres follarte a Jessica, creo que se te ha acabado la suerte. Tengo la impresión de que están haciendo las paces. Me parece que le está dando, si él quiere tomarlo, lo que antes del accidente te estaba dando a ti.

Poco a poco, la mano de Jasper se fue relajando y le soltó el pelo.

-Una gran teoría, Alice. -Su tono de voz era frío y tranquilo. Se dirigió al tocador, se metió un pañuelo en el bolsillo del pantalón y se colocó el reloj de pulsera-. Lo único que ocurre es que te equivocas. Nunca ha habido y nunca habrá nada entre Jessica y yo.

-Quizá se lo pregunte, a ver qué me contesta.

-Yo que ti -dijo en voz baja, dirigiéndose a ella por encima del hombro- me callaría mis celosas especulaciones.

Sin poderse servir de las manos, Alice se contoneó hasta el borde de la cama y se puso de pie.

-Ya te estás pasando con esto, Jasper. Desátame las manos.- Él inclinó la cabeza a un lado, como si considerara cuidadosamente su exigencia.

-No, creo que no. Creo que más vale que ponga cierta distancia entre tú y yo antes de que te desates.

-No puedo salir de aquí hasta que no tenga las manos libres.

-Exactamente.

Lo siguió hasta la puerta.

-Por favor, Jasper -gimió. Sus grandes ojos azules se llenaron de lágrimas-. Estás siendo muy cruel. Esto no es un juego para mí. Ya sé que me consideras una cualquiera por lanzarme sobre ti, pero pensé que era yo quien tenía que dar el primer paso porque si no tú no lo harías nunca. Te quiero. Por favor, quiéreme tú también. Por favor.

Jasper puso la mano en la curva de su cintura y le dio un cariñoso apretón.

-Estoy seguro de que encontrarás cualquier otro joven que agradecerá que te haya dejado tan excitada.

-¡Hijo de puta! -Sus mejillas se pusieron de color escarlata. La humildad desapareció de inmediato-. ¡Tienes toda la razón! ¡Claro que encontraré un hombre! ¡Me lo follaré hasta la saciedad! ¡Lo dejaré seco! ¡Le...

-Qué pases una buena noche, Alice.

Sin ceremonia alguna, la apartó de su camino y bajó corriendo las escaleras hasta llegar a su coche aparcado.

Alice cerró de golpe la puerta con el pie.

Cuando Bella salió del tocador de señoras, ni siquiera se dio cuenta del hombre que hablaba por el teléfono público. Estaba ansiosa por volver a la fiesta. El banquete había sido interminable y el último orador resultó aburridísimo.

Sin embargo, una vez pudieron levantarse y mezclarse entre la gente, Edward se convirtió en el centro de atención. Parecía como si todos los asistentes quisieran conocerlo y darle la mano, tanto si eran miembros del partido como si no. Incluso sus rivales políticos se mostraban simpáticos. Nadie había sido hostil, por lo menos no lo suficiente como parar querer verlo muerto.

Lo respetaban aun cuando sus ideas no resultaban unánimemente populares. Era una agradable sensación estar a su lado como esposa. Cada vez que la presentaba a alguien, lo hacía con un cierto grado de orgullo que la electrizaba. Ella no había cometido ningún error. Con disimulo recogía de él las pistas cuando se les acercaba alguien que conocía a Jessica. La noche se estaba desarrollando espléndidamente.

Y Edward le había rozado el brazo cuando ella se disculpó para ir al tocador, como si lo horrorizara aquella breve separación. Cuando pasaba por la fila de teléfonos públicos, una mano apareció de improviso y la sujetó por la muñeca. Emitió un grito de sorpresa y se dio la vuelta para enfrentarse al hombre que la había agredido. Iba vestido con esmoquin, cosa que hacía presuponer que formaba parte del banquete.

-¿Cómo van las cosas, cariño?

-Suélteme.

Suponiendo que era alguien que había bebido demasiado, intentó inútilmente liberar su brazo.

-No tan rápido, señora Cullen. -Susurró el nombre de forma insultante-. Quiero ver de cerca el nuevo rostro del que tanto se habla. -La acercó a él de un estirón-. A excepción del pelo, estás igual. Pero dime lo que realmente quiero saber, ¿todavía estás caliente?

-Suélteme he dicho.

-¿Qué ocurre? ¿Tienes miedo que te vea tu marido? No te preocupes. Está demasiado ocupado haciendo campaña electoral.

-Me pondré a gritar como una loca si no me suelta el brazo en este instante.

El hombre se rió.

-¿Estás enfadada porque no fui a verte al hospital? No hubiera sido muy elegante que uno de tus amantes apartara a tu marido del lecho del dolor.

Ella lo miró fijamente, con mucha ira. -Las cosas han cambiado.

-¿Ah, sí? -Acercó su rostro al de ella-. ¿Ya no te pica el coño como antes?

Enfadada y asustada, intentó de nuevo liberar su brazo, cosa que sólo parecía aumentar la excitación del hombre, que le dobló el brazo por detrás de la espalda y la acercó más a su cuerpo. El aliento que le invadió el rostro era húmedo y estaba impregnado de alcohol. Intentó apartar la cabeza, pero él le aferró la mandíbula con la mano que tenía libre.

-¿Qué te pasa, Jessica? ¿Crees que eres una diosa ahora que Edward ya ha accedido a la carrera política? ¡Vaya broma! Rory Dekker le dará una patada en el culo, y lo sabes.-Apretó con mayor fuerza los dedos, haciéndole daño en la mandíbula. El dolor y el ultraje la hicieron gemir- Ahora que crees que puede llegar a Washington, se la estás mamando bien, ¿no? Esta noche me miraste como si fuera transparente. ¿Quién demonios te crees que eres, ramera para ignorarme de esa manera?

Le plasmó con dureza un beso en los labios, estropeándole la pintura de labios que se acababa de poner y produciéndole náuseas cuando intentó meterle la lengua entre los dientes. Ella cerró con fuerza los puños y lo empujó los hombros cuanto pudo. Intentó darle un rodillazo en la entrepierna, pero el estrecho vestido se lo impidió. Él era fuerte, no podía moverlo. La dejó sin aire. Sintió que la invadía una terrible debilidad y que iba a desmayarse.

Lejanamente primero y más fuerte después, oyó unas voces que se acercaban. Él también las oyó. La apartó de un empujón y sonrió irónicamente.

-Harías bien en recordar quiénes son tus amigos.

Dio la vuelta a la esquina segundos antes de que aparecieran dos mujeres camino del lavabo.

Dejaron de hablar cuando vieron a Bella. Ella se dio la vuelta rápidamente y descolgó el auricular del teléfono como si estuviera a punto de hacer una llamada. En cuanto se hubo cerrado la puerta tras ellas, se desplomó sobre la repisa de debajo del teléfono.

Se rompió una uña con las prisas por abrir el bolso con lentejuelas de Jessica en busca de un pañuelo de papel. Encontró uno y se limpió la boca, frotándose con fuerza para hacer desaparecer cualquier trazo de aquel odioso beso que le había sido impuesto por un ex amante de Jessica. Desenvolvió un caramelo de menta, se lo metió en la boca y se limpió los ojos llorosos con el pañuelo. Durante la pelea se le había desenganchado un pendiente, se lo volvió a poner.

Las dos mujeres salieron, hablando en susurros al pasar a su lado. Bella murmuró algo como si hablara por teléfono y se sintió como una idiota interpretando un estúpido papel.

Pero, después de todo, se había convertido en una gran actriz, ¿no?, puesto que conseguía engañar a un amante de Jessica. Cuando finalmente se sintió con fuerzas suficientes para enfrentarse a la multitud, colgó el auricular y se dio la vuelta para regresar. Al hacerlo, un hombre apareció de improviso en la esquina y corrió hacia ella. Viendo tan solo un esmoquin delante suyo chilló atemorizada.

-¡Jessica! Por el amor de Dios, ¿qué ocurre?

-¡Edward!

Bella se lanzó sobre él y le rodeó fuertemente la cintura con los brazos. Descansó la mejilla sobre la solapa de su chaqueta y cerró los ojos para borrar la imagen del otro hombre. Indeciso, Edward la abrazó. Sus manos le removieron la seda contra el cuerpo a medida que le acariciaba la espalda.

-¿Qué ocurre? ¿Qué te ha pasado? Una señora me apartó del grupo y me dijo que parecías estar mal. ¿Te encuentras bien?- Inmediatamente había abandonado la fiesta y acudió en su ayuda, a pesar de que se suponía que ella era una esposa infiel. Cualquier escrúpulo que le quedara en contra de querer acostarse con el marido de otra mujer desapareció en aquel mismo instante, pues Jessica no se había merecido un hombre así.

-Oh, Edward, lo siento. -Levantó el rostro y lo miró-. Lo siento mucho.

-¿Qué sientes? -La sujetó con firmeza por los hombros y la agitó suavemente-. ¿Te importaría decirme qué demonios está ocurriendo?

Como no podía decirle la verdad, intentó encontrar una explicación lógica. Cuando encontró una, se dio cuenta de que no era del todo una mentira.

-Supongo que no estoy preparada para estar rodeada de tanta gente. La multitud es enorme y me sentí asfixiada.

-Pero si parecías encontrarte muy bien.

-Y lo estaba. Me divertía. Pero de pronto me sentí agobiada. Era como volver a estar vendada. No podía respirar, no podía...

-De acuerdo. Lo entiendo. Tendrías que haberme dicho algo. Vamos.

La tomó del brazo. Ella protestó: -No tenemos que marcharnos.

-La fiesta se está acabando de todas formas. Llegaremos antes que nadie a que nos traigan el coche.

-¿Estás seguro?

Ella quería marcharse. Regresar a la sala del banquete y quizá tener que volver a enfrentarse a aquel desagradable rostro no hubiera podido soportarlo. Sin embargo, ésta era su prueba. No quería echarlo todo a perder y tener que quedarse en el rancho cuando él se marchara de viaje.

-Estoy seguro. Vámonos.

No se dijeron gran cosa en el camino de regreso a casa. Bella se sentó sobre los pies y se puso de lado para mirarlo. Deseaba tocarlo, reconfortarlo y que la reconfortara, pero se limitó a mirarlo sin más.

Todo el mundo estaba acostado cuando llegaron a casa. En silencio, se dirigieron a la habitación de Nessie, tal como le habían prometido, y le dieron un beso de buenas noches. Ella respondió medio dormida, pero no se despertó.

Cuando recorrían el pasillo hacia sus respectivos dormitorios, Edward dijo de pasada:

-Asistiremos a varias funciones formales. Probablemente será mejor que lleves ese vestido en el viaje.

Bella se volvió rápidamente y lo miró de frente. -¿Quieres decir que puedo ir?

Él se quedó mirando una mancha por encima de su cabeza y respondió: -A todo el mundo le parece una buena idea.

No queriendo que se librara con tanta facilidad, le dio un pequeño tirón a la solapa de la chaqueta. Se miraron directamente a los ojos. -Sólo me interesa tu opinión, Edward.

Se mantuvo callado durante unos tensos momentos antes de dar su respuesta: -Sí, me parece una buena idea. Jasper te dará un itinerario del viaje para que sepas qué ropa debes llevar. Buenas noches.

Terriblemente desilusionada por el escaso entusiasmo, lo observó seguir por el pasillo hasta entrar en su habitación. Desanimada, entró sola en su dormitorio y se preparó para dormir. Examinó el vestido para ver si el ex amante de Jessica, fuera quien fuese, le había causado algún daño, pero afortunadamente se encontraba en perfecto estado.

Cuando apagó la luz se sintió agotada, pero, tras una hora de intentar conciliar el sueño sin conseguirlo, se levantó y salió de la habitación.

Alice decidió entrar por la cocina por si acaso su abuelo le había tendido una emboscada en el salón. Abrió la puerta, quitó el sistema de alarma y, silenciosamente, volvió a conectarlo. -¿Quién es? ¿Alice?

Alice dio un salto de terror.

-¡Dios mío, tía Jessica! ¡Me has dado un susto de muerte! Alargó la mano hasta el interruptor de la luz.

-¡Santo Cielo! -Bella pegó un salto de la silla junto a la mesa de la cocina y volvió la cara de Alice hacia la luz-. ¿Qué te ha pasado? Hizo una mueca cuando examinó el ojo hinchado y el labio sangrante de la chica.

-Quizá me puedas prestar tu cirujano -contestó Alice antes de descubrir que sonreír le hacía daño. Tocándose con la punta de la lengua el corte que le sangraba, se apartó de su tía-. Estoy bien.

Se dirigió al frigorífico, sacó un cartón de leche y se sirvió un vaso.

-¿No sería mejor que te viera un médico? ¿Quieres que te acompañe a urgencias?

-Demonios, no. ¿Y quieres hacer el favor de bajar la voz? No quiero que los abuelos vean esto. No me dejarían en paz ni un minuto.

-¿Qué te ha ocurrido?

-Pues fue así. -Con los dientes inferiores se comió el relleno de crema de una galleta-. Fui a esa discoteca de mala muerte. Estaba hasta los topes. Viernes por la noche, ya sabes, día de cobro. Todo el mundo andaba de un humor festivo. Y vi a uno de esos tíos con un culito verdaderamente atractivo. -Se comió los dos trozos de galleta y metió la mano en el tarro para sacar otra-. Me llevó a un motel. Bebimos cerveza y nos fumamos unos porros. Supongo que se pasó un poco, porque, cuando nos pusimos a hacerlo, no se le levantaba. Naturalmente, me culpó a mí de su fracaso.

Mientras narraba la historia, se limpió de migas las manos y bebió leche del vaso.

-¿Te pegó?

Alice la miró con la boca abierta e intentó echarse a reír. ¿Te pegó? -repitió imitándola-. ¿Qué puñetas te parece? Claro que me pegó.

-Te podría haber hecho mucho daño, Alice.

-¡No me lo puedo creer! -exclamó, abriendo los ojos incrédula-. Siempre te ha gustado enterarte de mis aventuras amorosas, decías que te producían un placer indirecto, quiera lo que quiera decir eso.

-Yo no consideraría un bofetón en la cara una cosa muy romántica. ¿También te ató?

Alice siguió la mirada de su tía, que observaba los círculos ojos alrededor de las muñecas.

-Sí -contestó amargamente-, el hijo de puta me ató las manos.

Jessica no tenía por qué saber que el hijo de puta al que se refería no era el vaquero borracho e impotente.

-Estás loca si te vas a un motel con el primer desconocido que se presenta, Alice.

-¿Estoy loca? Tú eres la que estás llenando una bolsita con cubitos de hielo.

-Para tu ojo.

Alice apartó de un manotazo la bolsa de hielo. -No me hagas ningún favor, ¿vale?

-El ojo se te está poniendo morado. Está a punto de hincharse tanto que no podrás abrirlo. ¿Quieres que tus padres te lo vean así y que tengas que contarles la historia que me acabas de contar a mí?

Irritada, Alice agarró la bolsa de hielo y se la colocó sobre el ojo. Sabía que su tía tenía razón.

-¿Quieres agua oxigenada para el labio? ¿Una aspirina? ¿Algo para el dolor?

-He bebido la suficiente cerveza y fumado los suficientes porros como para no notar el dolor.

Alice se sentía confusa. ¿Por qué se mostraba tan simpática su tía Jessica? Desde que regresó de aquella lujosa clínica se comportaba de un modo realmente extraño. Se buscaba cosas que hacer, en vez de pasarse todo el día sentada sin mover el culo. Y realmente parecía que le volvía a gustar el tío Edward.

Siempre había considerado tonta a Jessica por jugar a la ruleta rusa con su matrimonio. El tío Edward era guapo. Todas las chicas que conocía estaban locamente enamoradas de él. Si su instinto en ese campo era correcto, y ella lo consideraba excelente, debía de ser estupendo en la cama.

Le hubiera gustado tener a alguien que la quisiera tanto como Edward quería a Jessica cuando se casaron. La trataba como a una reina. Fue una imbécil echándolo todo a perder. Quizás ella había llegado a la misma conclusión y estaba intentando recuperarlo. Imposible, pensó Alice burlonamente. Una vez que traicionabas al tío Edward, estabas en la lista negra para siempre.

-¿Qué haces despierta tan tarde -preguntó- y sentada aquí sola en la oscuridad?

-No podía dormir. Pensé que un poco de chocolate caliente me iría bien.

Había una taza medio vacía de chocolate sobre la mesa. -¿Chocolate caliente? Qué risa.

-Un remedio contra el insomnio, adecuado para la mujer de un senador -contestó con una triste sonrisa.

Alice, que no se mordía nunca la lengua a la hora de hacer preguntas, inquirió: -¿Estás intentando cambiar?

-¿Qué quieres decir?

-Sabes perfectamente lo que quiero decir. Estás cambiando de imagen con la esperanza de que el tío Edward salga elegido y se quede contigo y te lleve a Washington. -Adoptó un tono confidencial, una pose de cosas-de-mujeres-. Dime, ¿has dejado de follar con todos, o sólo con Jasper?

Su tía levantó la cabeza de golpe. Se puso pálida. Se mordió el labio inferior y susurró:

-¿Qué has dicho?

-No te hagas la inocente. Lo he sospechado siempre -replicó Alice en tono desenvuelto-. Se lo he preguntado a Jasper.

-¿Y qué te ha dicho?

-Nada. No lo negó. No lo admitió. Respondió como un caballero. -Resoplando groseramente, se dirigió a la puerta que daba a las otras habitaciones de la casa-. No te preocupes. Ya hay bastante mierda dando vueltas por aquí. No se lo diré al tío Edward. A no ser que... -Se volvió de nuevo con actitud combativa-. A no ser que vuelvas a follar con Jasper. A partir de ahora me follará a mí y no a ti. Buenas noches.

Sintiéndose satisfecha por haber conseguido ser tan inequívocamente clara, Alice salió de la cocina pavoneándose. Una ojeada al espejo le confirmó que tenía la cara hecha un asco.

No se le ocurrió hasta días después que Jessica fue la única de la familia que se fijó en su ojo morado y en el labio partido, y que no le había dicho nada a nadie.


Woaa… pobre Bella en su primera experiencia acompañando a Edward.

¿Se esperaban esta Alice tan suelta?

Linda charla la de Bella y Alice, ¿servirá de algo para Bella?

Gracias por sus Reviews en el capitulo anterior y gracias a quienes me leen aun a pesar de que sigo con problemas por no recibir mi nuevo modem.

Se que no es suficiente 1 capitulo porque las ansias por saber mas son muchas, lo sé ya que esta semana empecé a ver "LA REINA DEL SUR" (novela mexicana!) que me tiene mas que atrapada, por ende les dejo otro capitulo extra, es decir subo 2 capis. Espero esto ayude a calmar sus ansias y me esperen al lunes o martes!

(^_^)凸

Dejen su Review, es una gran motivación para mi leerlas!

Las aprecio, y aprecio mucho mas su apoyo!

๑۩۞۩๑

#Andre!#