Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
Capítulo 20
El apartamento de Marco Volturi era como una pesadilla de decoración y hogar. Dormía sobre un estrecho colchón sostenido por unos ladrillos de cemento. El resto de los muebles estaban igualmente desvencijados, recogidos en los mercados de segunda mano y en las tiendas de trastos viejos.
Había una triste y polvorienta piñata, una figura sacrílega de Elvis Presley colgando del aplique de la luz. Se trataba de un recuerdo que se trajo de una visita. El tesoro de dentro -varios kilos de marihuana- era ya únicamente historia. A excepción de la piñata, el apartamento carecía de adornos.
Las demás estancias vacías se hallaban llenas de vídeos. Estos y el equipo que utilizaba para duplicar, editar y visionar sus cintas constituían las únicas pertenencias de algún valor en el apartamento, y su valor era inestimable. Marco estaba mejor equipado que muchas productoras videográficas pequeñas.
Por todas partes se veían pilas de catálogos de vídeo. Estaba suscrito a todos ellos y cada mes los leía cuidadosamente en busca de alguno que no tuviera o que no hubiera visto. Se gastaba casi todo el sueldo en mantener la videoteca bien abastecida y al día.
Su colección de películas rivalizaba con cualquier tienda de alquiler de vídeos. Estudiaba técnicas cinematográficas y de producción. Sus gustos eran eclécticos, desde Orson Welles hasta Frank Capra, desde Sam Peckinpah hasta Steven Spielberg. Tanto en blanco y negro como en tecnicolor, los movimientos de las cámaras lo fascinaban.
Además de películas; su colección incluía series y documentales, junto con cada centímetro de cinta que él había grabado a lo largo de toda su carrera. Era bien conocido en todo el Estado que, si se necesitaba un metraje de cualquier acontecimiento y no se encontraba en ningún sitio, Marco Volturi de KTEX, en Seattle, lo tendría.
Dedicaba todo su tiempo de ocio a ver cintas. Esa noche, su atención estaba puesta en el material grabado en el rancho Esperanza C unos días antes. Había entregado las cintas en la Productora MB, pero no sin antes hacer copia para sí mismo. Nunca se sabía cuándo algo que habías filmado años antes te podía resultar útil y valioso, de modo que guardaba copia de todo.
En la post-producción, la productora escribiría el guion, editaría, grabaría las voces, mezclaría la música y el resultado final sería un espacio publicitario de distintas duraciones. El trabajo de Marco aparecería esterilizado y pulido cuando el anuncio apareciera por televisión. A él no le importaba. Ya le habían pagado. Lo que le interesaba eran las tomas espontáneas.
Edward Cullen resultaba un hombre carismático en televisión y al natural. Guapo y rico, era todo un éxito, el tipo de hombre que Marco normalmente odiaba por principio. Pero, si él fuera un votante, votaría a ese tipo sólo porque parecía disparar directamente desde la cadera. No decía tonterías, ni siquiera cuando lo que decía no era particularmente lo que la gente quería oír. Pudiera ser que perdiera las elecciones, pero no sería por falta de integridad.
Seguía pensando que algo le ocurría a la niña. Era bella, aunque, en opinión de Marco, todos los niños eran iguales. Casi nunca le pedían que hiciera vídeos de niños, pero, cuando eso ocurría, su experiencia era que o los amenazabas o los sobornabas para que se estuvieran quietos y se comportaran debidamente, en especial al repetir las tomas.
Y eso no ocurrió con la hija de Cullen. Se estuvo quieta y no le dio ninguna pataleta. No había hecho nada, punto, a no ser que se lo mandaran, y entonces se movía como una muñeca a la que le hubieran dado cuerda. Quien mejor la hacía reaccionar era Jessica Cullen.
Era ella la que realmente había cautivado a Marco.
Una y otra vez había pasado las cintas, las grabadas en el rancho y las del día en que abandonó la clínica. La mujer sabía qué debía hacer ante una cámara.
Él tuvo que dirigir a Cullen y a la niña, pero no a la mujer. Ella era natural, siempre se situaba en los lugares bien iluminados y sabía instintivamente lo que debía hacer. Parecía intuir lo que él iba a hacer antes de que lo hiciera. Su rostro reclamaba primeros planos. Su lenguaje corporal no era ni afectado ni automatizado, como en el caso de la mayoría de aficionados.
Era una profesional.
Su parecido con otra profesional, a la que conoció y con la que trabajó resultaba fantasmagórico.
Durante horas había permanecido delante de su escritorio visionando una y otra vez los vídeos de Jessica Cullen. Cuando se movía incorrectamente, estaba seguro de que lo hacía a propósito, como si se diera cuenta de lo bien que lo hacía y quisiese disimular.
Sacó una cinta y metió otra, una que había grabado para poder ver a cámara lenta. Conocía bien la escena. Mostraba a los tres miembros de la familia paseando por un prado verde; Cullen con su hija en brazos y su esposa al lado. Marco había planificado la escena para recoger el sol que se ponía detrás de la colina, convirtiendo a los personajes en una silueta. Era estupenda, pensó al volverla a ver por enésima vez.
¡Y en aquel momento se dio cuenta! La señora Cullen volvió la cabeza y le sonrió a su marido. Le tocó el brazo. La sonrisa de él se heló. Movió el brazo; ligeramente, pero lo suficiente como para evitar la caricia de su esposa. Si no hubiera estado visionando la cinta a cámara lenta seguramente Marco ni siquiera se hubiese dado cuenta del sutil rechazo.
Estaba seguro de que, una vez editada la cinta, esa escena quedaría fuera. Los Cullen acabarían pareciendo una pareja feliz. Pero algo no iba bien en el matrimonio, al igual que algo raro le pasaba a la niña. Algo apestaba en Camelot.
Marco era un cínico por naturaleza. No le sorprendía nada que el matrimonio no funcionara. Supuso que ocurría con todos, y le importaba un pepino.
Sin embargo, la mujer lo seguía fascinando. Hubiera jurado que ella lo reconoció aquel día antes de que se presentara. Él estaba siempre pendiente de las expresiones y las reacciones, y no pudo equivocarse al percibir la momentánea sorpresa en sus ojos y la leve respiración entrecortada. A pesar de que los rasgos no eran idénticos y de que el peinado no era el mismo, el parecido entre Jessica Cullen e Isabella Swan resultaba increíble. Los movimientos de Jessica eran exactamente iguales a los de Bella, y la afectación inconsciente extrañamente evocadora.
Dejó que se acabara la cinta. Cerró los ojos, se pellizcó y se frotó la nariz con el índice y el pulgar hasta hacerse daño, como si quisiera quitarse la idea de la cabeza, porque lo que estaba pensando era simplemente una locura, algo del más allá. Pero la idea se ensañaba en su mente y no podía quitársela de la cabeza por loca que fuera.
Unos días atrás, entró en el despacho de Harry, se dejó caer en uno de los sillones y preguntó: -¿Has tenido oportunidad de ver la cinta que te dejé?
Como de costumbre, Harry estaba haciendo seis cosas distintas a la vez. Se mesó el cabello canoso. -¿Cinta? ¿La de los Cullen? ¿Qué tenemos sobre aquel montón de huesos humanos que encontraron en el condado de Comal? -le preguntó a gritos a un reportero que pasaba por delante de su despacho.
-¿Qué te parece? -preguntó Marco, una vez hubo atraído de nuevo su atención.
Harry había vuelto a fumar desde que Bella ya no estaba allí para darle lata. Parecía querer recuperar el tiempo perdido. Encendió otro cigarrillo con la colilla del anterior y empezó a hablar a través de una nube de humo.
-¿El qué?
-La cinta -contestó Marco, irritado.
-¿Por qué? ¿Estás pluriempleado como encuestador?
-Jesús -murmuró Marco, y empezó a levantarse del sillón. De real humor, Harry le hizo una señal para que volviera a sentarse-. ¿Qué quieres que vea? Concretamente, quiero decir.
-La mujer.
Harry se echó a reír. -¿Te has enamorado de ella?
Marco recordaba su irritación cuando Harry no se fijó en el parecido entre Jessica Cullen e Isabella Swan. Eso debería de ser una indicación de lo ridículo de sus pensamientos, porque nadie conocía a Bella mejor que Harry. Hacía ya más de dos décadas que la conocía cuando se la presentó a Marco. No obstante, la terquedad y la impertinencia de Harry lo obligaron a demostrar que tenía razón. -Creo que se parece mucho a Bella.
Harry se estaba sirviendo una taza de café bien espeso de la cafetera colocada sobre la desordenada repisa. Miró a Marco fijamente. -¿Y qué hay de nuevo en eso? Alguien ya comentó lo mismo en cuanto Cullen se metió en política y empezamos a verlos a él y a su mujer por la televisión.
-Supongo que yo no estaba aquí aquel día.
-O estabas demasiado pasado de marihuana para recordarlo.
-Quizá.
Harry volvió al escritorio y se sentó con esfuerzo. Trabajaba más que nunca, dedicando largas e innecesarias horas al trabajo. Todos los de la redacción hablaban de ello. El trabajo actuaba como remedio para su pérdida. Católico como era, no se suicidaría directamente, pero acabaría matándose por exceso de trabajo, alcohol, tabaco y estrés; todas las cosas que Bella cariñosamente intentaba prohibirle.
-¿Has conseguido averiguar quién te envió sus joyas? -preguntó Marco.
Harry le había contado el extraño incidente, y le pareció raro en aquel momento, pero lo olvidó hasta que se encontró cara a cara con Jessica Cullen. Pensativo, Harry negó con la cabeza.
-No.
-¿Lo has intentado?
-Hice algunas llamadas. Evidentemente, no quería hablar de ello. Marco insistió: -¿Y?
-Conseguí ponerme en contacto con algún tonto del culo que no quería molestarse. Dijo que, después del accidente, el caos fue tan total que cualquier cosa es posible.
"¿Cómo confundir dos cadáveres?", se preguntó Marco.
Le hubiera gustado plantear esa pregunta, pero no lo hizo. Harry estaba sobrellevando la muerte de Bella lo mejor que podía, sólo que no le estaba resultando muy fácil. No tenía necesidad alguna de oír la disparatada hipótesis de Marco. Además, aun cuando fuera posible, no tenía sentido. Si Bella estuviera viva, estaría viviendo su propia vida, no la de otra persona.
De modo que decidió no plantearle la posibilidad a Harry. Se había desbordado su imaginación, eso era todo. A causa de un montón de extrañas coincidencias había elaborado una absurda e ilógica teoría.
Harry seguramente le hubiera dicho que tenía el cerebro achicharrado a causa de la marihuana, lo cual con mucha probabilidad era cierto. No era más que un inútil, un don nadie. Un maldito. ¿Qué cojones sabía él?
Pero, de todas formas, metió otra de las cintas de los Cullen en el magnetoscopio.
El primer grito la despertó. El segundo lo registró. Y el tercero hizo que se destapara y saltara de la cama.
Bella agarró una bata, abrió de par en par la puerta de su dormitorio y corrió por el pasillo hasta la habitación de Nessie. Segundos después de salir de su cama, se encontraba al lado de la niña. Nessie estaba retorciéndose y gritando.
-Nessie, cariño, despierta ya. -Esquivó un puño agitado-. ¡Nessie!
Edward apareció al otro lado de la cama. Se arrodilló sobre la alfombra e intentó dominar a su hija. Una vez le hubo sujetado las manitas, el cuerpo se retorció de un lado a otro, mientras que agitaba la cabeza sobre la almohada y los talones se hundían en el colchón. Continuaba gritando.
Bella colocó las manos sobre la mejilla de la niña y presionó con fuerza.
-Nessie, despierta. Despierta, cariño. Edward, ¿qué hacemos?
-Sigue intentando despertarla.
-¿Tiene otra pesadilla? -preguntó Esme, al entrar corriendo con Carlisle.
Esme se colocó detrás de Edward. Carlisle permaneció al pie de la cama de su nieta.
-Se oían los gritos incluso en nuestra ala -comentó-. Pobrecita. Bella golpeó ligeramente las mejillas de Nessie.
-Soy mamá. Mamá y papá están aquí. No pasa nada. No te va a pasar nada.
Gradualmente, los gritos fueron apaciguándose. En cuanto abrió los ojos, se lanzó a los brazos abiertos de Bella, que la abrazó con fuerza, le puso una mano sobre la cabeza y presionó contra su cuello la carita inundada de lágrimas. Los hombros de Nessie se agitaban, su cuerpo entero se retorcía a causa de los sollozos.
-Dios mío, no tenía ni idea de que sus pesadillas eran tan fuertes.
-Las tenía casi cada noche cuando tú todavía estabas en el hospital -le dijo Edward-. Después fueron disminuyendo poco a poco. Llevaba varias semanas sin tener ninguna. Yo esperaba que desaparecieran por completo cuando tú regresaras a casa.
Su rostro mostraba una gran preocupación. -¿Hay algo que podamos hacer?
Edward miró a Carlisle.
-No. Creo que se calmará ahora y se volverá a dormir, papá, pero gracias.
-ustedes dos tienen que poner fin a esto. Inmediatamente.
Tomó a Esme por el brazo y la condujo hacia la puerta. Ella parecía reacia a marcharse y miró angustiada a Bella.
-Se pondrá bien -dijo Bella, frotándole la espalda a Nessie, que seguía sollozando, aunque lo peor ya había pasado.
-A veces vuelven a empezar -apuntó Esme con intranquilidad.
-Me quedaré con ella el resto de la noche.
Cuando ella y Edward se quedaron solos con la niña, Bella preguntó:
-¿Por qué no me contaste que las pesadillas eran tan terribles?
Él se sentó en la mecedora junto a la cama.
-Tenías tus propios problemas que resolver. Los sueños dejaron de aparecer con tanta regularidad, tal como predijo la psicóloga. Pensé que se le estaban pasando.
-Igualmente tendrías que habérmelo contado.
Bella continuaba sosteniendo con fuerza a Nessie, meciéndola y murmurando frases tranquilizadoras. No la soltaría hasta que viera que Nessie estaba preparada. Por fin, la niña levantó la cabeza.
-¿Estás mejor ahora? -le preguntó Edward. Nessie asintió.
-Siento que hayas tenido un sueño tan malo -le susurró Bella, limpiándole las mejillas húmedas con los pulgares-. ¿Quieres contárselo a mamá?
-Me va a agarrar -tartamudeó entrecortadamente.
-¿Qué es lo que te va a agarrar?
-El fuego.
Bella se estremeció con sus propios recuerdos. Se apoderaban de ella a veces inesperadamente y a menudo tardaba varios minutos en reponerse. Como persona adulta, le resultada difícil enfrentarse a sus recuerdos del accidente; ¿cómo sería para una niña pequeña?
-Yo te saqué del fuego, ¿no te acuerdas? -dijo Bella dulcemente-. Ya no hay más fuego. Pero sigue dando miedo cuando lo piensas, ¿verdad?
Nessie asintió.
En cierta ocasión, Bella le hizo una entrevista a un conocido psicólogo infantil y recordaba que el hombre dijo que, negar la autenticidad de los temores de un niño era lo peor que podía hacer un padre. Primero había que reconocer los miedos antes de que se pudieran resolver y, con suerte, superar.
-Quizás un paño fresco y húmedo le resulte agradable -1e sugirió Bella a Edward, que se levantó de la mecedora y regresó a los pocos minutos con una toallita-. Gracias.
Él se sentó a su lado mientras frotaba la cara de Nessie. En un gesto que le produjo ternura a Bella, tomó el oso y lo colocó en los brazos de la niña, que se aferró al animal de peluche.
-¿Estás preparada para volver a la cama? -le preguntó Bella con cariño.
-No.
Con aprensión, sus ojos saltaron de un rincón al otro de la habitación.
-Mamá no te va a dejar. Yo me acostaré aquí contigo.- Acomodó a Nessie y, a continuación, se tumbó a su lado, las dos cara a cara y con las cabezas compartiendo la almohada. Edward las tapó, apoyó las manos en la almohada y se inclinó para besar a Nessie.
No llevaba encima nada más que unos calzoncillos. Su cuerpo tenía un aspecto excepcionalmente fuerte y bello a la suave luz de la noche. Cuando estaba a punto de ponerse de pie, su mirada se cruzó con la de Bella. Actuando impulsivamente, ella colocó una mano sobre su torso velludo y levantó ligeramente la cara para besarlo en los labios.
-Buenas noches, Edward.
Él se incorporó lentamente. Mientras lo hacía, la mano de Bella se deslizó por su pecho, por los duros y bien formados músculos, por los pezones, por el denso y fuerte vello, por el estómago; hasta que las yemas de sus dedos rozaron la goma elástica de los calzoncillos y cayeron a un lado.
Vuelvo enseguida -murmuró Edward.
Estuvo fuera sólo unos minutos, pero cuando regresó Nessie ya dormía tranquilamente. Llevaba puesta una bata ligera, aunque la había dejado abierta. Cuando se acomodó en la mecedora vio que los ojos de Bella seguían abiertos.
-Esa cama no es para dos. ¿Estás cómoda?
-Estoy muy bien.
-No creo que Nessie se entere de nada si te levantas ahora y te vas a tu cuarto.
-Yo me enteraría. Y le dije que me quedaría con ella el resto de la noche. -Acarició la ruborizada mejilla de la niña con los dedos-. ¿Qué vamos a hacer, Edward?
Él descansó los codos sobre las rodillas, se inclinó hacia delante y hundió los pulgares en los ojos. Un despeinado mechón de cabello le caía sobre la frente. Con la incipiente barba, la hendidura vertical de la barbilla parecía más pronunciada. Suspiró, con lo que se ensanchó su torso bajo el batín.
-No lo sé.
-¿Crees que la psicóloga le está haciendo algún bien? Levantó la cabeza.
-¿Tú crees que no?
-No debería poner en duda la elección que hicieron tus padres y tú mientras yo estaba hospitalizada.
Sabía perfectamente que no debía meterse en ese asunto. Era un problema personal e Isabella Swan no tenía ningún derecho a meter las narices. Pero no podía quedarse al margen viendo cómo se iba deteriorando la estabilidad emocional de una niña.
-Si tienes alguna idea te invito a que me la cuentes -la animó Edward-. Estamos hablando de nuestra hija. No me pondré a discutir quién ha tenido la mejor idea.
-Conozco un médico de Houston -empezó a decir. Edward arqueó una ceja, con curiosidad-Él... lo vi por televisión un día y me quedé muy impresionada por lo que dijo y por las ideas que expuso. No parecía arrogante. Era muy directo y práctico. Dado que el médico de ahora no está consiguiendo progresar mucho, quizá deberíamos llevar a Nessie a verlo.
-No tenemos nada que perder. Pide hora.
-Llamaré mañana. -Su cabeza se hundió más en la almohada, pero no apartó la mirada de Edward. Él estaba sentado en la mecedora con la cabeza descansando sobre el cojín rosa-. No tienes que quedarte toda la noche aquí sentado, Edward -dijo con cariño.
Sus ojos se encontraron y se sostuvieron la mirada. -Sí que tengo que hacerlo.
Bella se quedó dormida mirando cómo la miraba él.
Las sospechas comenzaron, ¿Podrá Bella seguir ocultando su identidad?
Y la pequeña Nessie con sus pesadillas, ¿la reacción de Bella que les pareció?
Como prometi este es el segundo capitulo que les dejo este dia, gracias a quienes me leen.
凸(^_^)凸
Dejen su Review, es una gran motivación para mi leerlas!
El lunes 14 es mi cumple, regalenme sus review porfis! XD
Las aprecio, y aprecio mucho mas su apoyo en este momento!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
