Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
Capítulo 21
Bella fue la primera en despertarse. Era muy temprano y la habitación estaba a oscuras, aunque la lamparita de noche seguía encendida. Sonrió tristemente al darse cuenta de que la pequeña mano de Nessie descansaba sobre su mejilla. Tenía los músculos agarrotados de estar tanto tiempo en la misma posición, de no haber sido por eso, seguramente se hubiera vuelto a dormir. Sintiendo la necesidad de estirarse, apartó la mano de Nessie, la colocó sobre la almohada y, con muchísimo cuidado para no despertar a la niña, se levantó.
Edward dormía en la mecedora. La cabeza le colgaba tanto a un lado que casi le descansaba sobre el hombro. Parecía una postura muy incómoda, pero su abdomen subía y bajaba rítmicamente y ella distinguió la suave respiración en la tranquila habitación.
El batín abierto le dejaba al descubierto el torso y las caderas. Tenía doblada la rodilla de la pierna derecha y la izquierda, estirada por delante. Sus pantorrillas y los pies estaban bien formados. Las manos eran venosas. Una de ellas colgaba del brazo de la mecedora y la otra se apoyaba sobre su estómago.
El sueño le había borrado del entrecejo las arrugas de preocupación. Las pestañas dibujaban negros semicírculos sobre las mejillas. Relajado, su boca era sensual, capaz de proporcionarle grandes placeres a una mujer. Bella supuso que haría el amor con intensidad, apasionadamente y, bien, como hacía todo lo demás. La emoción le desbordó el corazón hasta doler. Sintió unas terribles ganas de llorar.
Lo amaba.
Tanto como para hacer méritos y compensar sus fracasos profesionales, se dio cuenta de que también había asumido el papel de esposa porque se había enamorado de él antes tan siquiera de poder pronunciar su nombre. Lo amaba cuando lo observaba a través de un velo de vendas y dependía del sonido de su voz para tener el ánimo suficiente de luchar por su vida.
Estaba interpretando el papel de su esposa porque deseaba ser su esposa. Quería protegerlo. Quería cicatrizar las heridas que le había infligido esa mujer egoísta y vengativa. Quería acostarse con él.
Si él reclamara sus derechos conyugales, lo complacería con mucho gusto. Aquella sería su mayor mentira, y él no podría perdonársela cuando al final se descubriera su verdadera identidad. La odiaría más que a Jessica porque pensaría que lo había engañado. Nunca se creería que su amor era verdadero. Pero lo era.
Edward se removió. Cuando levantó la cabeza, hizo una mueca de dolor. Le temblaron los párpados, abrió los ojos y la miró. Estaba a corta distancia de él.
-¿Qué hora es? -preguntó con voz ronca y somnolienta.
-No lo sé. Temprano. ¿Te duele el cuello?
Le pasó los dedos por el cabello despeinado y, a continuación, dobló las manos en torno a su cuello.
-Un poco.
Le dio un masaje en los músculos del cuello, intentando relajarlos.
Al cabo de un momento se cubrió con la bata, echando un lado sobre el otro. Encogió la pierna estirada y se sentó erguido. Bella se preguntó si su tierno masaje le había producido una erección matutina y no quería que ella lo viera.
-Nessie sigue durmiendo -comentó él por decir algo. ¿Quieres desayunar?
-Me basta un café.
-Prepararé el desayuno.
Estaba amaneciendo. Mona no se había levantado todavía y la cocina estaba a oscuras. Edward empezó a poner café en el filtro de la cafetera. Bella se dirigió al frigorífico.
-No te molestes -dijo Edward.
-¿No tienes hambre?
-Puedo esperar a que se despierte Mona.
-Me gustaría prepararte algo.
Él se volvió de espaldas y pidió, como sin darle importancia: -Bueno. Un par de huevos, supongo.
Conocía suficientemente bien la cocina como para encontrar todos los utensilios necesarios para preparar el desayuno. Todo fue bien hasta que empezó a batir los huevos.
-¿Qué haces?
-Huevos revueltos. Pa... para mí -mintió cuando la miró extrañado. No tenía ni idea de cómo le gustaban los huevos a él-. Toma. Acaba con esto y yo me dedicaré a las tostadas.
Se entretuvo en poner mantequilla a las rebanadas de pan cuando salieron de la tostadora, a la vez que de reojo veía que Edward se preparaba dos huevos fritos, los ponía en un plato y los llevaba a la mesa junto con sus huevos revueltos.
-Hace mucho tiempo que no desayunamos juntos.
Mordió un trozo de pan y empezó a comerse los huevos y bebió un sorbo de zumo de naranja. En aquel momento se dio cuenta de que era la única que comía. Edward estaba sentado enfrente con la cabeza entre las manos y los codos apoyados en la mesa.
-Nunca hemos desayunado juntos, Jessica. Tú odias desayunar.
Le resultó difícil tragar. Se aferró al vaso de zumo.
-Me hacían desayunar cuando estaba en la clínica. Ya sabes, después de que me implantaran la dentadura para que pudiera comer alimentos sólidos. Tenía que volver a ganar peso. -Él seguía mirándola fijamente; evidentemente, no le creía-. Me..., me acostumbré a comer y ahora lo echo de menos cuando no desayuno. -A la defensiva, añadió-: ¿Por qué armas un escándalo por nada?
Edward tomó su tenedor y empezó a comer. Sus movimientos eran demasiado controlados como para ser naturales. Estaba enfadado. -Ahórrate las molestias.
Ella supuso que se refería a las molestias que le esperaban en el futuro.
-¿Qué molestias?
-Hacerme el desayuno es sólo otra de tus maquinaciones para que vuelva a quererte.
Perdió todo el apetito. El olor de la comida le hizo sentir náuseas.
-¿Maquinaciones?
Aparentemente, él también había perdido el apetito. Apartó el plato.
-Desayuno. Vida doméstica. Esas muestras de cariño como acariciarme el pelo o darme un masaje.
-Parecía gustarte.
-Me importan un rábano.
-¡Sí que te importan!
-¡Un carajo! -Se reclinó en la silla, mirándola fijamente, la mandíbula rebosante de ira-. Los roces y los dulces besos de buenas noches puedo llegar a tragármelos si es necesario. Si quieres fingir que somos una pareja cariñosa y enamorada, adelante. Por mí puedes hacer el ridículo. Simplemente, no esperes que yo te trate de la misma forma. Ni siquiera por mi puesto en el Senado volvería a meterme en la cama contigo, y sólo con lo que acabo de decir puedes imaginarte lo mucho que te desprecio. -Hizo una pausa para recuperar la respiración-. Pero lo que más me cabrea es tu repentina preocupación por Nessie. Hiciste una buena actuación ayer por la noche.
-No era teatro.
Él ignoró la negativa.
-Será mejor que sigas adelante con tu actuación maternal hasta que ella esté completamente curada. No podría soportar otra recaída.
-Eres un puritano... -Bella estaba empezando a enfadarse-. Me interesa tanto la recuperación de Nessie como a ti.
-Sí. Seguro.
-¿No me crees?
-No.
-Eso no es justo.
-Buena eres tú para hablar de justicia.
-Me preocupa muchísimo Nessie.
-¿Por qué?
-¿Por qué? Porque es nuestra hija.
-¡También lo era el que abortaste! ¡Eso no te impidió matarlo!
Esas palabras la atravesaron como un cuchillo. De hecho, colocó un brazo sobre el estómago y se dobló como si se estuvieran fundiendo sus órganos vitales. Contuvo la respiración durante varios segundos mientras lo observaba muda de sorpresa.
Reacio a mirarla, él se levantó y se dio la vuelta. En el aparador de la cocina se sirvió otra taza de café.
-Al final me hubiera enterado, claro está. -Su tono de voz era frío como el hielo. Cuando se volvió para enfrentarse a ella cara a cara, su mirada era igual de penetrante y de gélida-. Pero que un extraño me informara de que mi mujer ya no estaba embarazada... -Echando chispas, apartó la mirada. De nuevo era como si no pudiera soportar verla-. ¿Puedes imaginarte cómo me sentí, Jessica?Ahí estabas, a las puertas de la muerte, y yo quería matarte con mis propias manos.
Volvió la cabeza y, mientras la observaba con mirada penetrante, cerró la mano en un puño.
De su memoria borrosa, Bella recordó voces. La de Edward: "El niño... ¿efectos sobre el feto?"
Y la de otra persona: "¿Niño? Su mujer no estaba embarazada." Aquellos retazos de conversación no habían significado nada para ella. No lo entendió. Todo se mezcló con las innumerables conversaciones que oyó antes de recuperar por completo el conocimiento. Lo había olvidado hasta ese momento.
-¿Crees que no me daría cuenta del hecho de que no estabas embarazada? Te mostraste muy ansiosa de echarme en cara el que estuvieras embarazada, ¿por qué no me contaste también lo del aborto?
Bella movió la cabeza compungida. No tenía palabras para contestarle. Ninguna explicación. Pero ahora sabía por qué Edward odiaba tanto a Jessica.
-¿Cuándo lo hiciste? Tiene que haber sido pocos días antes de tu viaje a Alaska. No querías las molestias de un bebé, ¿era eso? Hubiera sido un estorbo en tu vida. -La acosó con fuerza y, con gran estruendo, golpeó la superficie de la mesa-. ¡Contéstame, maldita sea! ¡Di algo! Ya es hora de que hablemos de esto, ¿no te parece?
Bella tartamudeó:
-Yo..., yo pensé que no tendría mucha importancia. -El rostro de Edward se transformó con tal ferocidad que ella pensó que iba a pegarle. Intentando con rapidez defenderse, exclamó-: ¡Ya conozco sus ideas sobre el aborto, señor Cullen! ¿Cuántas veces te he oído predicar que la mujer tiene derecho a elegir? ¿Se aplica eso a todas las mujeres del estado de Texas menos a tu esposa?
-¡Sí, maldita sea!
-¡Qué hipocresía!
La asió por el brazo y la puso de pie.
-Los principios que se aplican al público en general no necesariamente tienen que ver con mi vida personal. Este aborto no era un tema electoral. Era mi hijo. -Sus ojos volvieron a entrecerrarse-. ¿O no lo era? ¿Fue otra mentira para evitar que te echara de casa, además de toda la demás mierda?
Intentó imaginarse cómo hubiera reaccionado Jessica. -Se necesitan dos para hacer un niño, Edward.
Tal como esperaba, había llegado al fondo de la cuestión. Inmediatamente, le soltó el brazo y se apartó de ella. -Verdaderamente lamento lo de aquella noche. Lo dejé bien claro en cuanto ocurrió. Había jurado no volver a tocar tu cuerpo de puta. Pero tú siempre has sabido qué botones tocar, Jessica. Durante días estuviste acercándote a mí como una gata en celo, maullando tus excusas y prometiendo ser una fiel y cariñosa esposa. Si yo no hubiera bebido tanto aquella noche hubiera sido capaz de reconocer la trampa que me tenías preparada. -La miró de arriba a abajo con total desprecio-. ¿Es eso lo que estás haciendo ahora, preparando otra trampa? ¿Por eso te has estado comportando como una esposa modelo desde que saliste de la clínica? Dime -añadió, apoyando las manos sobre las caderas- ¿te equivocaste aquella noche y te quedaste embarazada por error? ¿O quedarse embarazada y abortar era parte de tu juego para atormentarme? ¿Es eso lo que intentas hacer de nuevo, lograr que te desee? ¿Demostrar que puedes meterme en tu cama otra vez, incluso si eso significa sacrificar el bienestar de tu hija?
-No -rechazó Bella con voz ronca. No podía soportar ese odio, a pesar de saber que no iba dirigido contra ella.
-Ya no tienes ningún poder sobre mí, Jessica. Ni siquiera te odio ya. No vales la energía que se requiere para odiarte. Puedes tener todos los amantes que te dé la gana. Ya verás cómo no me importa un carajo. La única forma en la que podrías hacerme daño ahora sería a través de Nessie, y te veré en el infierno antes de que hagas eso.
Aquella tarde salió a montar a caballo. Necesitaba el espacio y el aire libre para pensar. Sintiéndose ridícula con aquella ropa de montar tan formal, le pidió al chico del establo que le ensillara un caballo.
La yegua intentó huir de ella. Mientras el viejo vaquero la ayudaba a montar, dijo:
-Supongo que no ha olvidado aún los latigazos que le dio la última vez.
La yegua estaba asustada porque no reconocía el olor del jinete, pero Bella dejó que el hombre pensara lo que quisiera.
Jessica Cullen había sido un monstruo, abusó de su marido, de su hija y de todo lo que entraba encontacto con ella. La escena del desayuno había dejado a Bella con los nervios de punta, pero al menos ya sabía a qué debía enfrentarse. El odio de Edward por su esposa le resultaba comprensible. Jessica tenía intención de perder el hijo, fuera realmente suyo o no; aunque, si lo hizo antes del accidente, sería siempre un misterio.
Reconstruyó el escenario. Jessica era infiel y no mantenía en secreto sus andanzas. La infidelidad debía de resultarle intolerable a Edward, pero, con su carrera política en juego, decidió permanecer casado hasta después de las elecciones.
Durante un tiempo indeterminado, no se había acostado con su mujer. Incluso se mudó a otra habitación. Pero Jessica consiguió seducirlo para que hiciera el amor con ella una vez más.
Tanto si el hijo era de Edward como si no, el aborto de Jessica fue una cuestión política, y Bella estaba convencida de que así lo había planeado. La ponía enferma pensar en la publicidad negativa y en las graves repercusiones si alguien llegaba a enterarse. Las consecuencias políticas para Edward serían tan profundas como las personales.
Cuando regresó del paseo a caballo, encontró a Nessie ayudando a Mona a preparar unos bizcochos. La mujer se llevaba muy bien con Nessie, de modo que Bella alabó los bizcochos de Nessie y la dejó al cuidado de Mona.
La casa estaba tranquila. Había visto a Alice desaparecer en su Mustang anteriormente. Emmett, Jasper y Edward estaban siempre en la ciudad a esa hora del día, trabajando en la sede de la campaña o en su despacho de abogados. Rosalie se encontraba recluida en su ala de la casa, como de costumbre. Mona le dijo que Carlisle y Esme habían ido a Kerrville a pasar la tarde. Al llegar a su dormitorio, Bella tiró la fusta sobre la cama y utilizó el tirabotas para descalzarse. Entró en el cuarto de baño y abrió los grifos de la ducha.
No por primera vez, la invadió una sensación extraña. Tuvo la impresión de que alguien había estado en el dormitorio durante su ausencia. Se le puso la piel de gallina mientras examinaba detenidamente el tocador.
No recordaba si había dejado el cepillo allí encima. ¿Habían movido el bote de crema para las manos? Estaba segura de que no había dejado el joyero abierto y con un collar de perlas medio salido. Se fijó también en que algunas cosas del dormitorio estaban cambiadas de sitio. Hizo algo que no había hecho desde que llegó a la habitación de Jessica: cerró la puerta con llave.
Se duchó y se puso un grueso albornoz. Intranquila y preocupada, decidió estirarse un rato antes de vestirse. Al descansar la cabeza sobre la almohada oyó un pequeño crujido.
Encontró una hoja de papel entre la almohada y la funda. Lo examinó con recelo. El papel había sido doblado en dos, pero no se veía nada escrito en la parte de afuera. Le horrorizaba la idea de desdoblarlo. ¿Qué esperaría encontrar el intruso? ¿Qué andaría buscando?
Una cosa era segura: la nota no era una casualidad. La habían colocado de forma deliberada e inteligente en un lugar donde ella, y sólo ella, pudiera encontrarla.
Abrió el papel. Una sola línea aparecía en el centro, escrita a máquina:
"Sea lo que sea lo que le estás haciendo, funciona. Adelante."
-Carlisle.
-¿Hum?
Su despistada respuesta hizo fruncir el ceño a Esme. Dejó su cepillo del pelo a un lado y se dio la vuelta sobre el taburete del tocador. -Esto es importante.
Carlisle apartó una esquina del periódico. Al ver que estaba preocupada, dobló el periódico y presionó sobre el reposapiés hasta quedar bien sentado.
-Lo siento, cariño. ¿Qué has dicho?
-Nada todavía.
-¿Ocurre algo?
Se encontraban en su dormitorio. Las noticias de las diez, que veían diariamente, habían terminado. Se estaban preparando para irse a la cama.
El oscuro cabello de Esme resplandecía gracias al reciente cepillado, su cutis, bien cuidado, a causa del duro sol de Texas, era suave. No tenía excesivas arrugas de preocupación. Y tampoco excesivas arrugas de alegría.
-Algo está ocurriendo entre Edward y Jessica.
-Creo que hoy se han peleado. -Él se levantó de la butaca y empezó a desvestirse-. Los dos estaban terriblemente silenciosos a la hora de cenar.
Esme también se había fijado en la hostilidad que se respiraba en el ambiente aquella noche. En lo referente al humor de su hijo menor era especialmente sensible.
-Edward no estaba simplemente de mal humor, sino enfadado. Seguramente Jessica ha hecho algo que no le ha sentado bien.
-Y, cuando Edward está enfadado -continuó Esme, como si él no hubiera hablado-, es cuando Jessica está más oportuna. Siempre que él está irritado, ella lo provoca aún más comportándose de forma ridícula y frívola.
Carlisle colgó cuidadosamente los pantalones en el armario. El desorden era reprobación.
-Pues esta noche no estaba nada frívola. Apenas ha pronunciado una palabra.
Esme se apoyó en el taburete del tocador.
-Eso es lo que quiero decir, Carlisle. Estaba tan de mal humor y tan preocupada como él. Sus peleas nunca eran así.
Cubierto sólo con los calzoncillos, Carlisle apartó el cubrecama y se metió en el lecho. Colocó las manos bajo la cabeza y se quedó mirando fijamente al techo.
-Últimamente he notado varias cosas que no tienen nada que ver con la vieja Jessica.
-Gracias a Dios -dijo Esme-. Empezaba a pensar que me estaba volviendo loca. Me alivia saber que alguien más se ha dado cuenta. -Apagó las lámparas y se metió en la cama al lado de su marido-. No es tan superficial como antes, ¿verdad?
-El roce con la muerte la ha serenado.
-Quizá.
-¿No lo crees?
-Si eso fuera todo, podría creérmelo.
-¿Qué más hay? -se interesó Carlisle.
-Nessie por una parte. Jessica es una persona distinta cuando está con ella. ¿Alguna vez has visto a Jessica tan preocupada por Nessie como lo estaba anoche después de la pesadilla? Recuerdo una vez, cuando Nessie tenía cuarenta de fiebre. Yo estaba desesperada y pensé que habría que llevarla a urgencias. Jessica se mostró totalmente desinteresada, dijo que todos los niños tenían fiebres. Pero, ayer por la noche, Jessica estaba tan afectada como Nessie.
Carlisle se dio vuelta incómodo. Esme sabía por qué. Un razonamiento deductivo lo irritaba. Las cosas eran o blancas o negras. Creía sólo en los absolutos, con la excepción de Dios, que, para él, era un absoluto tan seguro como el cielo y el infierno. A parte de eso, no creía en nada intangible. Era escéptico en lo que se refería al psicoanálisis y a la psiquiatría. En su opinión, cualquier persona valiosa podía resolver sus problemas sin la ayuda de los demás.
-Jessica se está haciendo mayor, eso es todo -sentenció-. El trauma que ha tenido que soportar la ha madurado. Ve las cosas bajo un prisma distinto. Finalmente ha empezado a apreciar lo que tiene, Edward, Nessie, esta familia. Ya, era hora de que empezara a serenarse.
Esme deseaba poderse creer aquellas palabras. -Sólo espero que dure.
Carlisle se dio la vuelta, poniéndose de cara a ella, y colocó el brazo en el hueco de su cintura. Le besó la frente.
-¿Qué es lo que esperas que dure?
-Su actitud cariñosa hacia Edward y hacia Nessie. Desde fuera parece quererlos.
-Eso es bueno, ¿verdad?
-Siempre que esté siendo sincera. Nessie es tan frágil que temo que no pudiera enfrentarse a otro rechazo si Jessica volviera a ser una persona impaciente y malhumorada. Y Edward -suspiró- quiero que sea feliz, especialmente en este momento de su vida, tanto si gana las elecciones como si no. Merece ser feliz. Merece que lo quieran.
-Siempre te has preocupado por la felicidad de tus hijos, Esme.
-Pero ninguno de los dos ha tenido un matrimonio feliz, Carlisle -lamentó con tristeza-. Hubiera deseado que las cosas fuesen distintas.
El dedo de Carlisle le tocó los labios, intentando trazar una sonrisa que no aparecía.
-No has cambiado en absoluto. Sigues tan romántica como siempre.
Atrajo hacia sí su delicado cuerpo y la besó. Con sus grandes manos le quitó el camisón y de un modo posesivo acarició la carne desnuda. Hicieron el amor a oscuras.
Uff… ha sido una fuerte discusión entre Bella y Edward, ¿Quién se suma a la golpiza de Jessica? Ha sido muy perra, ¿No?
Esme siempre tan cariñosa y preocupada por sus hijos!
凸(^_^)凸
GRACIAS POR TODOS SUS SALUDOS, EN SERIO LAS ADORO!
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#Andre!#
