Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
Capítulo 22
Durante días, Bella se rompió la cabeza intentando encontrar una forma de ponerse en contacto con Harry.
Una vez que, tras un examen de conciencia, llegó a la conclusión de que necesitaba consejo, se enfrentó al problema de cómo informarle de que no había perecido en las llamas del accidente del vuelo 398.
Hiciera lo que hiciera, resultaría cruel. Si simplemente aparecía en la puerta de su casa, podría no sobreponerse a la impresión. Si llamaba por teléfono, pensaría que era una broma, porque su tono de voz ya no era el mismo. De modo que decidió mandar una nota al apartado de correos que utilizó para remitir sus joyas unas semanas antes. Seguramente le extrañó recibir aquello por correo sin explicación alguna. ¿No sospecharía ya que alguna circunstancia misteriosa rodeaba su muerte?
Se pasó horas pensando en cómo redactar una nota tan peculiar. No conocía ninguna fórmula para informar a un ser querido, que te cree muerta, de que estás, en realidad vivita y coleando. Finalmente, decidió que la única manera de hacerlo era siendo directa y sincera.
Querido Harry:
No fallecí en el accidente de avión. Te explicaré la extraña secuencia de los acontecimientos el miércoles próximo en tu apartamento, a las seis en punto.
Un abrazo, Bella.
Lo escribió con la mano izquierda -un lujo en aquellos días-, para que reconociera inmediatamente su letra, y lo envió sin poner remite en el sobre.
Edward se había mostrado bastante mal educado con ella desde la discusión del desayuno del sábado anterior. Casi se alegraba de la circunstancia. A pesar de que la antipatía no iba dirigida a ella, soportaba las consecuencias de su otro yo. El distanciamiento lo hacía todo más soportable.
No se atrevía a pensar en cómo reaccionaría cuando descubriera la verdad. Su odio por Jessica no sería nada al lado de lo que sentiría por BellaSwan. Lo más que podía esperar era que le diera la oportunidad de explicarse. Hasta entonces, no tenía otra posibilidad que demostrar que no se movía por motivos egoístas. A primera hora de la mañana del lunes concertó una cita con el doctor Gerald Webster, el conocido psicólogo infantil de Houston. Tenía todas las horas ocupadas, pero ella no aceptó un no por respuesta. Utilizó la fama de Edward para asegurarse una hora del solicitado tiempo del médico. Por el bien de Nessie, no se sintió culpable al hacerse la importante.
Cuando le informó a Edward de la cita, él asintió bruscamente con la cabeza.
-Lo apuntaré en la agenda.
Bella había hecho coincidir la cita con uno de los días en que, de todos modos, estarían en Houston por la campaña.
A parte de ese breve intercambio de palabras, tenían poco que decirse. Eso le daba a ella más tiempo para ensayar lo que diría cuando se encontrara cara a cara con Harry.
No obstante, el miércoles por la tarde, cuando detuvo el coche delante de la pequeña y modesta casa, seguía sin tener ni idea de lo que iba a decir, y ni siquiera de cómo empezar.
Tenía el corazón en un puño mientras recorría el sendero y especialmente cuando vio el movimiento detrás de las cortinas de la ventana. Antes de llegar al porche, la puerta se abrió de par en par. Harry, con aspecto de querer arrancarle los miembros uno a uno con sus manos, salió a grandes zancadas y exigió saber:
-¿Quién cojones eres y a qué demonios juegas?
Bella no dejó que su ferocidad la intimidara. Continuó adelante hasta llegar a él. Harry era sólo un poco más alto, así que, como ella llevaba tacones, se miraron directamente a los ojos.
-Soy yo, Harry. -Sonrió cálidamente-. Vamos dentro.
Sólo con el contacto de aquella mano sobre su brazo, toda la agresividad de Harry se evaporó. El furioso quileute se marchitó como los pétalos de las flores más frágiles. Fue una escena patética. En unos segundos había pasado de ser un púgil beligerante a convertirse en un anciano confuso. La gélida expresión de rechazo de sus ojos chocolatozos quedó repentinamente enturbiada por lágrimas de duda, sorpresa y alegría.
-¿Bella? ¿Eres...? ¿Cómo...? ¿Bella?
-Te lo contaré todo dentro.
Lo tomó del brazo y lo obligó a darse la vuelta, porque parecía no saber ya utilizar los pies y las piernas. Con un pequeño empujoncito le hizo cruzar el umbral. Cerró la puerta tras él.
La casa, pensó con tristeza, estaba en las mismas malas condiciones que Harry, cuyo aspecto la había dejado atónita. Estaba más gordo y, sin embargo, el rostro aparecía demacrado. Las mejillas y la barbilla colgaban flácidamente. Los capilares rojos le cubrían la nariz y los pómulos. Había estado bebiendo mucho.
Nunca fue un modelo de elegancia, pues se vestía sólo con la idea de ir decente, pero ahora estaba realmente mal. Su desaliño iba más allá de un cariñoso rasgo de personalidad; era prueba de una degeneración del carácter. La última vez que lo vio su pelo era canoso; ahora estaba casi completamente blanco.
Ella era la culpable de todo eso. -Oh, Harry, Harry, perdóname.
Con un sollozo, se derrumbó sobre él y rodeó aquel enorme cuerpo con sus brazos y apretó con fuerza.
-Tienes otra cara.
-Sí.
-Y la voz ronca.
-Ya lo sé.
-Te he reconocido por los ojos.
-Me alegro. No he cambiado por dentro.
-Tienes buen aspecto. ¿Cómo estás?
La apartó un poco y, con torpeza, le acarició los brazos con sus grandes y ásperas manazas.
-Estoy bien. Curada.
-¿Dónde has estado? ¡Por la Virgen María, no me lo puedo creer!
-Ni yo tampoco. ¡Dios, me alegro tanto de verte!
Se aferraron el uno al otro y lloraron. Por lo menos mil veces en su vida había recurrido al consuelo de Harry. En ausencia de su padre, Harry le besó los codos arañados, le arregló los juguetes rotos, examinó sus notas del colegio, asistió con ella a espectáculos de danza, le echó sermones, la felicitó y la compadeció.
Pero esta vez Bella se sentía la mayor de los dos. Se habían invertido los papeles. Él era quien se aferraba con fuerza a ella y quien necesitaba cariños.
De alguna forma, a trompicones llegaron hasta el sofá, aunque más tarde ninguno de los dos recordó cómo llegaron allí. Cuando hubieron cesado las lágrimas, Harry se frotó la cara con las manos, bruscamente y con impaciencia. Estaba avergonzado.
-Pensé que estarías enfadado -dijo Bella, después de sonarse poco delicadamente con un pañuelo de papel.
-Lo estoy, muy enfadado. Si no estuviera tan contento de verte, te daría una buena zurra.
-Sólo me has zurrado una vez, aquel día que insulté a mi madre, y después lloraste con más fuerza y durante más tiempo que yo. -Le rozó la mejilla-. Eres un blando, Harry Clearwater.
Pareció contrariado e irascible.
-¿Qué ha pasado? ¿Has tenido amnesia?
-No.
-Entonces, ¿qué? -preguntó, estudiándole detenidamente el rostro-. No estoy acostumbrado a que tengas este aspecto. Pareces...
-Jessica Cullen.
-Exactamente. La esposa de Edward Cullen, su difunta esposa. -Una lucecita se encendió en sus ojos-. ¿Ella también viajaba en ese avión?
-¿Identificaste mi cadáver, Harry?
-Sí. Por el colgante.
Bella negó con la cabeza.
-Identificaste el cuerpo de ella. Ella llevaba mi colgante. Las lágrimas se volvieron a acumular en los ojos de Harry.
-Estabas quemada, pero tu cabello, tu...
-Nos parecíamos lo suficiente como para que nos tomaran por hermanas sólo unos minutos antes del intento de despegue.
-Cómo...
-Escucha y te lo contaré. -Bella colocó sus manos sobre las de él, una silenciosa petición de que dejara de interrumpir-. Cuando recuperé el conocimiento en el hospital, varios días después del accidente, estaba vendada de pies a cabeza, no podía moverme, sólo veía con un ojo y no podía hablar. Todo el mundo me llamaba señora Cullen. Al principio pensé que quizá sí que tenía amnesia, porque no recordaba haber sido la señora Cullen o la señora nadie. Estaba confusa, dolorida, desorientada. Entonces, cuando recordé quién era yo, me di cuenta de lo ocurrido. Nos habíamos intercambiado los asientos, ¿entiendes?
Le explicó con detalle las angustiosas horas que había pasado intentando explicar lo que sólo ella sabía.
-Los Cullen contrataron los servicios del doctor Sawyer para que me reconstruyera la cara, el rostro, el rostro de la supuesta Jessica, utilizando fotografías de ella. No había forma humana de que pudiera alertarles de que estaban cometiendo un error.
Harry extrajo las manos de debajo de las de Bella y se las pasó por la relajada mandíbula.
-Necesito una copa. ¿Quieres una?
Regresó al sofá momentos después con un vaso lleno en sus tres cuartas partes de whisky. Bella no dijo nada, aunque miró el vaso con reprobación. Desafiante, Harry se tomó un buen sorbo.
-De acuerdo, hasta ahora te sigo. Se cometió un terrible error mientras eras incapaz de comunicarte. Una vez fuiste capaz de comunicarte, ¿por qué no lo hiciste? En otras palabras, ¿por qué sigues haciendo el papel de Jessica Cullen?
Bella se puso de pie y empezó a pasearse por la desordenada habitación, haciendo un ineficaz intento de poner orden mientras meditaba una respuesta. Convencer a Harry de que su idea era viable y justificada iba a resultar difícil. Su opinión siempre había sido que los periodistas daban las noticias, no las creaban. Su papel era observar, no participar. Ese punto fue una discusión continua entre él y CharlieSwan.
-Alguien tiene intención de asesinar a Edward Cullen antes de que se convierta en senador.
Harry no esperaba en absoluto oír nada semejante. Su brazo quedó paralizado entre la mesita y la boca cuando estaba a punto de beber un sorbo de whisky. El licor se vertió por el borde del vaso y cayó sobre su mano. Distraídamente, se secó en el pantalón. -¿Qué?
-Alguien tiene intención...
-¿Quién?
-No lo sé.
-¿Por qué?
-No lo sé.
-¿Cómo?
-No lo sé, Harry -dijo, levantando la voz a la defensiva-. Y tampoco sé ni dónde ni cuándo, o sea que ahórrate las preguntas y escúchame.
Él agitó el dedo, apuntándola.
-Puede que aún te dé la zurra por contestarme mal. No agotes mi paciencia. Ya me has hecho pasar por el infierno, un verdadero infierno.
-Tampoco para mí ha sido exactamente una fiesta -replicó irritada.
-Razón por la que me he controlado hasta ahora -chilló él-. Pero deja de contarme tonterías.
-No estoy contando tonterías.
-Entonces, ¿qué es eso de que alguien quiere asesinar a Cullen? ¿Cómo demonios lo sabes?
El creciente mal humor del hombre la tranquilizaba. A un Harry así podía manejarlo mucho mejor que a la triste figura de hacía unos minutos. Tenía años de práctica en lo que se refería a discutir con él.
-Alguien me dijo que iban a asesinar a Edward antes de que pudiera tomar posesión de su cargo.
-¿Quién?
-No lo sé.
-¡Mierda! No empieces otra vez.
-Si me das una oportunidad, te lo explicaré.
Él tomó otro sorbo, hundió un puño en la palma de la otra mano y, finalmente, se relajó y se arrellanó en el sofá, dando a entender que estaba dispuesto a estarse quieto y a escuchar.
-Creyendo que yo era Jessica, alguien me visitó cuando estaba en la unidad de cuidados intensivos. No sé quién era. No pude verlo porque tenía el ojo vendado y se había situado más allá de mi hombro. -Narró el incidente, repitiendo la amenaza palabra por palabra-. Estaba aterrorizada. Cuando ya pude comunicarles quién era, tuve miedo de hacerlo. No podía desvelar los hechos sin poner en peligro mi vida y la de Edward.
Harry guardó silencio hasta que hubo terminado. Ella regresó al sofá y se sentó a su lado. Cuando él empezó a hablar, su tono de voz era escéptico.
-¿Lo que me estás diciendo, entonces, es que has asumido el papel de la señora Cullen para impedir que asesinen a Edward Cullen?
-Exactamente.
-Pero no sabes quién tiene intención de matarlo.
-Todavía no, pero Jessica sí que lo sabía. Ella formaba parte de todo esto, aunque desconozco la relación que tiene con la otra persona. .
-Ya. -Se frotó pensativamente la piel fláccida bajo la barbilla-. Ese visitante que...
-Tiene que ser un miembro de la familia. No hubieran dejado entrar a nadie más en la unidad de cuidados intensivos.
-Alguien podría haberse colado.
-Posiblemente, pero no lo creo. Si Jessica hubiese contratado un asesino, éste se habría limitado a desaparecer cuando ella quedó incapacitada. No hubiera ido a amenazarla con que se mantuviera callada, ¿no te parece?
-Es tu asesino. Dímelo tú.
Bella volvió a ponerse de pie de golpe. -¿No me crees?
-Lo que creo es que tú te lo crees.
-Pero piensas que me lo he imaginado.
-Estabas drogada y desorientada, Bella -argumentó en un tono razonable-. Lo has dicho tú misma. Estabas medio ciega de un ojo y, perdona el chiste, no veías nada con el otro. Crees que la persona era un hombre, pero bien pudiera haber sido una mujer. Piensas que era un miembro de la familia Cullen, pero también podría haber sido cualquiera.
-¿Adónde quieres ir a parar, Harry?
-Seguramente se trata de una pesadilla.
-Yo también empecé a pensar lo mismo, hasta hace unos días.
Extrajo del bolso la hoja de papel que había encontrado bajo la funda de su almohada y se lo dio. Harry leyó el mensaje escrito a máquina. Cuando su mirada preocupada volvió a coincidir con la de ella, Bella dijo:
-Lo encontré en la funda de mi almohada. Es de carne y hueso, como ves. Sigue creyendo que soy Jessica, su compinche. Y continúa teniendo la intención de llevar a cabo lo que estaba planeado en un principio. .
La nota había alterado drásticamente la opinión de Harry. Se aclaró la garganta, intranquilo.
-¿Es el primer contacto que ha tenido contigo desde la noche del hospital?
-Sí.
Volvió a leer el mensaje y comentó:
-No dice que vaya a asesinar a Edward Cullen. Bella lo miró con retraimiento.
-Este es un intento de asesinato bien pensado. Los planes eran a largo plazo. Sería extraño que se arriesgara a ponerlo por escrito. Evidentemente, escribió una nota abstracta, por si acaso se la interceptaban. Las palabras supuestamente inocentes significarían algo diferente por completo para Jessica.
-¿Quién tiene acceso a la máquina de escribir?
-Todo el mundo. Hay una en el escritorio de la sala familiar. Ésa es la que se utilizó. Lo he comprobado.
-¿Qué quiere decir él o ella con «sea lo que sea lo que estás haciendo»?
Bella apartó la mirada con culpabilidad. -No estoy segura.
-Bella.
Volvió bruscamente la cabeza. Nunca había podido ocultarle la verdad a Harry. Se daba cuenta siempre.
-He estado intentando llevarme mejor con Edward que su mujer.
-¿Por alguna razón en particular?
-Resultó obvio desde el principio que tenían problemas.
-¿Cómo te diste cuenta?
-Por la forma en que la trata. Es decir, a mí. Se muestra educado, pero eso es todo.
-Ya. ¿Sabes por qué?
-Jessica tuvo, o tenía intención de tener un aborto. Me enteré de ello la semana pasada. Ya había descubierto que era una mujer egoísta y que se creía el centro del mundo. Le era infiel a Edward y era un desastre de madre con su hija. Sin levantar demasiadas sospechas, he estado intentando llenar el vacío que se había producido entre ellos dos.
De nuevo Harry preguntó: - ¿Por qué?
-Para enterarme un poco mejor de lo que estaba ocurriendo. Tenía que llegar al fondo del problema antes de poder empezar a descubrir el motivo del asesinato. Evidentemente, se han notado mis intentos de arreglar el matrimonio. El asesino supone que es la nueva táctica de Jessica para hacer confiara Edward. -Se frotó los brazos como si de pronto sintiera frío-. Existe, Harry. Lo sé. Ésta es la prueba -añadió, señalando la nota con la cabeza.
Sin decidirse, Harry tiró la hoja de papel sobre la mesita del café.
-Supongamos que hay un asesino. ¿Quién lo va a descubrir?
-No tengo ni idea -contestó, con un suspiro de derrota-. Son una gran familia feliz.
-Según tú, hay alguien en Esperanza C que no está tan contento.
Ella le proporcionó una lista oral de los nombres de todas las personas y la relación que tenían con Edward.
-Cada uno de ellos tiene intereses personales, pero ninguno de estos intereses tienen nada que ver con Edward. Sus padres lo adoran. Carlisle es el indiscutible cabeza de familia. Él manda, y es severo y cariñoso alternativamente. Esme resulta más difícil de clasificar. Es una buena esposa y una buena madre. Conmigo se mantiene distante. Creo que siente cierto resentimiento hacia Jessica por no hacer más feliz a Edward.
-¿Y los demás?
-Es posible que Jessica haya tenido una aventura amorosa con Jasper.
-¿JasperWithlock, el director de campaña de Cullen?
-Y su mejor amigo desde la universidad. No estoy del todo segura. Sólo me baso en lo que me ha contado Alice.
-Menudo tópico. ¿Y cómo te trata a ti ese Withlock?
-Es educado, nada más. Claro está, no me he insinuado como Jessica. Si había algo entre ellos, quizá simplemente asuma que se acabó con el accidente. En cualquier caso, está trabajando en cuerpo y alma para que Edward gane las elecciones.
-¿La chica?
Bella negó con la cabeza.
-Alice es una niña mimada tan inmoral como una gata callejera en celo. Pero es demasiado irresponsable para ser una asesina. No es que esté por encima de ello; simplemente no se tomaría la molestia.
-¿El hermano? ¿Emmett, se llama?
-Es terriblemente infeliz en su matrimonio. -Meditó, frunciendo el ceño pensativa-. Pero Edward no tiene nada que ver con eso. Aunque...
-¿Aunque?
-Emmett da un poco de pena, en realidad. Piensas que es competente, guapo y encantador hasta que lo ves al lado de su hermano pequeño. Edward es el sol, Emmett es la luna; refleja la luz de Edward, pero no tiene ninguna propia. Trabaja tanto como Jasper en la campaña, sólo que, si algo va mal, siempre se lo culpa a él. A mí me da lástima.
-¿Se da lástima a sí mismo? ¿Lo suficiente como para cometer un asesinato?
-No estoy segura. Se mantiene distante. Lo he pillado varias veces observándome e intuyo que hay una cierta hostilidad. De todos modos, por fuera parece mantenerse indiferente.
-¿Y su mujer?
-Rosalie puede sentirse lo suficientemente celosa como para matar, pero iría por Jessica antes que a por Edward.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Estuve mirando el álbum de fotos de la familia, intentando conseguir algo de información. Rosalie entró en el salón a por una botella de vodka del armario de las bebidas. Ya estaba borracha. Casi nunca la veo, excepto a la hora de cenar, y entonces no dice ni palabra. Por eso me sorprendió tanto cuando, sin venir a cuento, empezó a acusarme de robarle a Emmett. Me dijo que yo quería reiniciar el asunto donde lo dejé antes del accidente.
-¿Jessica también se acostaba con su cuñado? -preguntó Harry con incredulidad.
-Parece que sí. O por lo menos lo intentaba. -La idea la había angustiado mucho a Bella. Tenía la esperanza de que fuera un delirio alcohólico que Rosalie se había llegado a imaginar mientras estaba encerrada en su cuarto con las botellas de vodka-. Es absurdo -dijo pensando en voz alta-. Jessica tenía a Edward, ¿qué podría querer de Emmett?
-Sobre gustos no hay nada escrito.
-Supongo que tienes razón. -Estaba tan concentrada en sus propios pensamientos que se perdió el tono irónico de Harry-. En cualquier caso, negué tener ningún interés en su marido. Me llamó zorra, puta, destrozadora de hogares; cosas de ésas.
Harry se pasó una mano por la cabeza.
-Esa Jessica debía de ser un buen elemento.
-No sabemos seguro que anduviera detrás de Emmett o de Jasper.
-Pero debía de dejar unas pistas lo suficientemente claras para que muchos lo pensaran.
-¡Pobre Edward!
-¿Y qué es lo que piensa ese pobre Edward de su esposa?-Bella volvió a mostrarse retraída.
-Piensa que perdió el niño con mala intención. Sabe que tenía otros amantes. Conoce perfectamente sus negligencias como madre y que éstas dejaron cicatrices en su hija. Afortunadamente, todavía puede invertirse el proceso.
-Y es una responsabilidad de la que tú te has hecho cargo también, ¿no es cierto?
El tono crítico de su voz hizo que Bella levantara la cabeza. -¿Qué quieres decir?
Harry dejó que se lo pensara ella misma un rato, se marchó a la cocina y volvió con el vaso lleno de nuevo. Se plantó delante del sofá con las piernas abiertas y bien firmes.
-¿Me estás contando la verdad acerca del visitante nocturno del hospital?
-¿Cómo puedes dudarlo?
-Te explicaré cómo puedo dudarlo. Viniste a mí..., ¿cuándo fue eso?, hace casi dos años, con el rabo entre las piernas y necesitando un trabajo, cualquier trabajo. Te acababan de despedir de la cadena de televisión por cometer uno de los mayores fallos en la historia del periodismo.
-No he venido aquí esta noche para que me lo recuerdes.
-¡Pues bien, quizás haya que recordártelo! Porque creo que eso es lo que hay detrás de todo este maldito plan tuyo. Aquella vez también te metiste en aguas demasiado profundas. Sin haber comprobado los hechos, informaste de que un joven diputado de Virginia había asesinado a su esposa antes de pegarse un tiro él mismo.
Bella se presionó las sienes con las muñecas al recordar aquellos terribles acontecimientos.
-La primera periodista en llegar a la escena del crimen, BellaSwan -proclamó Harry teatralmente, sin ninguna compasión por ella-. Siempre detrás de una buena historia, oliste sangre fresca.
-¡Exacto, eso es lo que pasó! ¡Literalmente! -Cruzó los brazos cubriéndose el estómago-. Vi los cuerpos, oí gritar a aquellos niños aterrorizados por lo que acababan de descubrir al llegar a casa del colegio. Los vi llorar por lo que su padre había hecho.
-¡Supuestamente hecho, maldita sea! Nunca aprendes, Bella. Supuestamente asesinó a su esposa antes de esparcir sus propios sesos por la pared. -Harry tomó un sorbo de whisky-. Pero tú informaste en directo, omitiendo aquella pequeña palabra legal y dejando a la cadena de televisión al riesgo de un juicio por difamación, que lo perdiste ante las cámaras, Bella. La objetividad desapareció por completo. Las lágrimas te caían por las mejillas y entonces, entonces, como si no hubieras dicho ya suficiente, le preguntaste al público en general cómo cualquier hombre, especialmente un cargo público elegido, podía hacer algo tan brutal.
Bella levantó la cabeza y lo miró con desafío.
-Ya sé lo que hice, Harry. No necesito que tú me recuerdes el error que cometí, hace dos años que intento olvidarlo. Me equivoqué, pero he aprendido.
-¡Mierda! -chilló-. ¡Vuelves a hacer exactamente lo mismo otra vez! ¡Te metes en un sitio en el que nadie te ha autorizado a entrar! ¡Creas lasnoticias, no informas de ellas! ¿No es ésta la gran oportunidad que esperabas? ¿No es ésta la historia que va a volver a ponerte en primera fila?
-¡De acuerdo, sí! -exclamó histérica-. Ésa es una de las razones por las que me metí.
-Esa es la razón por lo que has hecho todo en tu vida.
-¿Qué estás diciendo?
-Sigues intentando ser como tu padre. Quieres meterte en sus zapatos, estar a su altura, cosa en la que sientes que has fracasado. -Se acercó a ella-. Déjame que te diga algo, una cosa que no quieres oír. -Agitó la cabeza y pronunció cada una de las palabras claramente-. É1 no vale la pena.
-¡Basta ya, Harry!
-Era tu padre, Bella, pero también mi mejor amigo. Yo lo conocí durante mucho más tiempo y mucho mejor que tú. Lo quería, pero podía juzgarlo con mucha más objetividad que tú o tu madre.
-Con un brazo se apoyó en el sofá y se inclinó sobre ella-. CharlieSwan era un fotógrafo brillante. En mi opinión, el mejor de todos. No estoy negando en absoluto el talento que tenía con una cámara fotográfica. Pero era incapaz de hacer feliz a la gente que lo quería.
-Yo era feliz. Cuando él estaba en casa...
-Lo cual fue una pequeña fracción de tu infancia, una fracción muy pequeña. Y te quedabas desconsolada cada vez que se despedía. Yo vi a tu madre aguantar sus largas ausencias. Incluso cuando él estaba en casa, ella seguía triste, porque sabía que duraría poco. Se pasaba todo el tiempo temiendo el día en que volviera a marcharse. Charlie se alimentaba del peligro. Era su elixir, su fuerza vital. Para tu madre fue una enfermedad que devoró su juventud y su vitalidad. Él perdió la vida rápidamente y con clemencia. La muerte de ella fue lenta y angustiosa. Tardó años en llegar. Mucho antes de aquella tarde en que se tragó el frasco de pastillas, había ya empezado a morir. Así que ¿por qué se merece tu ciega admiración y la obstinada determinación que tienes de ponerte a su altura, Bella? El premio más valioso que: ganó en esta vida no fue aquel maldito Pulitzer, sino tu madre, sólo que él era demasiado estúpido como para darse cuenta de ello.
-Lo que pasa es que tienes envidia de él.
Con firmeza, Harry la miró directamente a los ojos.
-Sí, tenía celos de la manera en que tu madre lo quería.
En aquel momento, ella perdió todo su aplomo. A tientas, le tomó la mano y se la llevó a su mejilla. Las lágrimas le caían en abundancia.
-No quiero que nos peleemos, Harry.
-Pues lo siento, porque ya tienes la pelea montada. No puedo permitir que continúes con esto.
-Lo tengo que hacer. Estoy comprometida.
-¿Hasta cuándo?
-Hasta que sepa quién amenaza a Edward y pueda descubrirlo.
-¿Y después qué?
-No lo sé -sollozó deprimida.
-¿Y qué pasa si ese supuesto asesino no hace el trabajo? Supongamos que es todo una cortina de humo, ¿seguirás indefinidamente siendo la señora Cullen, o simplemente un día te enfrentarás con Edward y le dirás: ah, por cierto?
Admitiéndole a él lo que sólo había aceptado ella misma unos días antes, declaró:
-Todavía no lo sé. No me he dejado ninguna buena vía de escape. -Cullen tiene que saberlo, Bella.
-¡No! -Se puso de pie de un salto-. ¡Todavía no! ¡No puedo rendirme tan pronto! ¡Tienes que jurarme que no se lo dirás!
Harry retrocedió unos pasos, sorprendido por su violenta reacción.
-¡Dios! -susurró de pronto, al darse cuenta de la verdad-. De modo que se trata de eso. Quieres al marido de otra mujer. ¿Por eso quieres seguir siendo la señora Cullen, porque Edward Cullen es bueno en la cama?
Uu… Que fuerte encuentro entre Harry y Bella, ¿Se lo esperaban?
Gracias por todos sus reviews, son adorables lectoras, hoy no pude responder cada uno como siempre pero les subo capitulo nuevo, eso compensa, no?
Alguien me pregunto si adaptaré alguna historia nueva, la respuesta es SI, tengo algunas historias rondando en la cabeza, aun no decido cual adaptaré.
凸(^_^)凸
Dejen su Review, es una gran motivación para mi leerlas!
Puedo decirles que con sus preguntas e ideas de lo que creen que pasará hacen volar mi imaginación a la par!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
