Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
Woaa, no me maten, pero se me hizo imposible subir antes, pero tratare de subir mañana o sino el sábado subo dos capítulos, si?
Capítulo 27
Desde Houston, la campaña continuó en Waco y, de Waco, a El Paso, donde Edward resultó ser el indiscutible campeón entre los votantes hispanos. Los Cullen fueron agasajados como miembros de la realeza. En el aeropuerto, a Bella le entregaron un enorme ramo de flores frescas.
-Señora Cullen, ¿cómo está? -preguntó en español una de las personas que acudieron a recibirlos, y ella contestó, también en español:
-Muy bien, gracias. ¿Y usted? ¿Cómo se llama?
Su sonrisa de cordial bienvenida desapareció cuando el hombre se alejó y ella cruzó accidentalmente una mirada con Edward. -¿Cuándo has aprendido a hablar español?
Durante unos segundos, a Bella no se le ocurrió ninguna mentira creíble en ningún idioma. Había estudiado español en la universidad y seguía teniendo buenos conocimientos de él. Edward lo hablaba perfectamente, así que a ella no se le había ocurrido pensar si Jessica lo conocía también o no.
-Quería... Quería darte una sorpresa.
-Pues estoy sorprendido.
-El voto hispano es tan importante... -continuó, tartamudeando al intentar dar una explicación-. Pensé que podría ser de ayuda si yo era capaz de intercambiar algunas frases, de modo que lo he estado estudiando a escondidas.
Por una vez, Bella se alegró de estar rodeada de gente. De no haber sido así, Edward quizá le hubiera pedido detalles sobre dónde y cuándo había adquirido sus conocimientos de español. Por suerte, nadie más oyó la conversación. Edward era la única persona en la que podía confiar plenamente. Convivir con Emmett, Jasper y los demás voluntarios, mientras viajaban de ciudad en ciudad, no le había proporcionado ninguna pista sobre quién pudiera ser el cómplice de Jessica.
Formulaba con todo cuidado cuestiones que no le desvelaban nada. En un tono cándido le preguntó a Emmett cómo había conseguido entrar en la unidad de cuidados intensivos el día que ella recuperó el conocimiento. Él la había mirado sorprendido.
-¿A qué demonios te refieres?
-No importa. A veces la secuencia de los acontecimientos sigue estando confusa.
O era inocente, o un mentiroso experto.
Utilizó la misma táctica con Jasper. Y él contestó: -Yo no soy miembro de la familia. ¿Qué podía estar haciendo yo en la unidad de cuidados intensivos?
Amenazar la vida de Edward, hubiera querido responder ella. No podía decir eso, de modo que farfulló algo acerca de la confusión y no prosiguió con el tema, sin haber sacado nada en claro de ninguno de los dos.
No tuvo más suerte a la hora de descubrir un motivo. Incluso cuando Edward no estaba de acuerdo con sus consejeros y confidentes, como ocurría a menudo, todos ellos parecían estar dedicados a él y a su éxito en la campaña.
En vez de contribuir con dinero a la campaña electoral, un hombre de negocios les había prestado su avión privado. Mientras volaban de El Paso a Odessa, donde Edward debía dirigirse a un grupo de petroleros independientes, el personal clave discutía algunas de sus diferencias.
-Al menos habla con ellos, Edward -decía Jasper, intentando ser persuasivo-. No te hará ningún daño saber lo que piensan.
-No me caerán bien.
Empezaba a ser frecuente la discusión acerca de si contratar o no estrategas profesionales. Semanas antes, Jasper había sugerido contratar a una empresa de relaciones públicas especializada en campañas electorales. Edward se opuso con vehemencia a la idea y continuaba igual.
-¿Cómo sabes que no te gustarán sus ideas mientras no hables con ellos y sepas de qué se trata? -preguntó Emmett.
-Si los votantes no son capaces de elegirme por lo que soy...
-Los votantes, los votantes -repitió-Jasper, mofándose-. Los votantes no saben ver la diferencia entre un diamante y un ás, no quieren saberlo. Son perezosos y apáticos. Quieren que alguien les diga a quién tienen que votar. Quieren que se lo metan en sus cabezas, para no tener así que tomar una decisión.
-Veo que tienes una gran confianza en el público norteamericano, Jasper.
-Yo no soy el idealista, Edward. Lo eres tú.
-Gracias a Dios que lo soy. Prefiero ser eso que un cínico. Yo creo que la gente sí se preocupa -dijo chillando-. Sí escuchan los temas a debatir. Responden cuando se les habla directamente. Quiero que los votantes entiendan los temas sin tener que filtrar el lenguaje y sin utilizar la fraseología de mierda de un relacionista público.
-De acuerdo, de acuerdo -contemporizó Jasper, moviendo la mano en el aire-. Ya que el tema es un punto difícil, dejémoslo por ahora y hablemos de los hispanos.
-¿Qué pasa con ellos?
-La próxima vez que te dirijas a ellos, no insistas tanto en lo de su integración en nuestra sociedad.
-¿Nuestra? ¿Nuestra sociedad?
-Ahora estoy hablando como un votante anglosajón.
-Es importante que se integren en la sociedad norteamericana -replicó Edward, y no por primera vez-. Es la única forma de impedir que la sociedad se distinga entre tuya, nuestra o suya. ¿No has escuchado mis discursos?
-Tienes que subrayar que mantengan sus propias costumbres.
-Lo he hecho. Lo he dicho. ¿O no lo dije? -inquirió a su alrededor.
-Lo dijo.
Fue Bella quien intervino. Jasper la ignoró.
-Simplemente, creo que es importante que el mensaje no sea que abandonen su cultura en favor de la angloamericana.
-Si viven aquí, Jasper, si se convierten en ciudadanos de este país, tienen que asumir algunas de nuestras costumbres; principalmente, el idioma inglés.
Jasper no se inmutó.
-Verás, a los angloamericanos no les gusta oír que su sociedad va a ser invadida por los hispanos, de la misma forma que a los hispanos no les gusta pensar que se les va a obligar a aceptar las costumbres de este país, incluido un idioma nuevo. Consigue primero que te elijan y dedícate después al asunto de la integración, ¿de acuerdo? E intenta no referirte al problema del tráfico de drogas que existe entre Texas y México.
-Estoy de acuerdo -apoyó Emmett-. Cuando seas senador podrás hacer algo para remediarlo. ¿Qué sentido tiene hablar ahora del problema de la droga? Eso da pie a que la gente diga que eres o demasiado duro o demasiado blando.
Edward se echó a reír, divertido e incrédulo, y abrió exageradamente los brazos.
-Me estoy presentando al Senado de Estados Unidos, y se supone que no debo opinar sobre cómo resolver el problema del tráfico ilegal de drogas en mi propio Estado.
-Claro que debes tener una opinión -replicó Emmett, como si estuviera hablando con un chiquillo pequeño.
-Simplemente no menciones los planes que tienes para poner fin al problema, a no ser que te lo pregunten -secundó Jasper-. Vamos ahora con el asunto de esta gente de Odessa.
Consultó sus notas.
A Jasper nunca le faltaban las notas. Observándolo organizar los papeles, Bella le estudió las manos. ¿Habían sido aquellas manos las que arañaron y magullaron a Alice, o fue ella a refugiarse en él después de que otro vaquero le hubiera dado un buen repaso?
-Por el amor de Dios, intenta llegar puntualmente a todas las citas.
-Ya te he explicado por qué llegamos tarde al discurso de esta mañana. Jessica estuvo intentando llamar a papá y a mamá y, finalmente, los encontró en casa. Querían saber todo lo que estaba ocurriendo, y después los dos tuvimos que hablar con Nessie.
Jasper y Emmett la miraron. Como siempre, sintió su crítica silenciosa, y eso que había hecho todo lo posible para no causarles ningún inconveniente durante el viaje. A modo de venganza le dijo a Emmett:-Rosalie y Alice te mandan recuerdos.
-Muy bien, gracias.
Le dirigió una mirada a Jasper al mencionar el nombre de Alice. Él la miró a su vez con dureza, pero volvió a prestar atención a Edward.
-Antes de que aterricemos, deshazte de esa corbata.
-¿Qué le pasa a la corbata?
-Es una mierda, eso es lo que pasa.
Por una vez, Bella estaba de acuerdo con Jasper. La corbata de Edward no era precisamente la más atractiva que había visto en su vida, de todos modos, le fastidiaba que Jasper dijera las cosas con tan poco tacto.
-Ten, te presto la mía -sugirió Emmett; deshaciendo el nudo de la suya.
-No, la tuya es peor -rechazó Jasper, con su franqueza habitual-. Ponte la mía.
-¡A la mierda los dos y a la mierda con la corbata! -se enfadó Edward. Se volvió a acomodar en el elegante asiento del avión-. Dejenme en paz.
Descansó la cabeza sobre el cojín y cerró los ojos.
Bella aprobó la decisión, aun cuando a ella también la dejara fuera. Desde la noche de Houston, cuando estuvieron tan cerca de hacer el amor, Edward se había esforzado aún más por mantenerse distante.
Aquello no resultaba siempre fácil, pues tenían que compartir el cuarto de baño, ya que no la cama. Hacían unos esfuerzos ridículos para no mostrarse desnudos el uno ante el otro. Nunca se tocaban y, cuando se dirigían la palabra, lo hacían airadamente por lo general, como dos animales que llevaran compartiendo la jaula durante demasiado tiempo.
Pronto la tranquila respiración de Edward pudo oírse por encima de los motores del avión.
Era capaz de conciliar el sueño casi inmediatamente, dormir sólo unos minutos y despertarse fresco y nuevo; una habilidad que desarrolló en Vietnam, según le había contado. A Bella le gustaba observarlo mientras dormía y lo hacía a menudo durante la noche, cuando su mente estaba demasiado preocupada para caer en la inconsciencia.
-Haz algo.
Jasper, inclinado sobre el estrecho pasillo del avión, la sacó de sus ensueños. Él y Emmett la miraban como inquisidores.
-¿Sobre qué?
-Sobre Edward.
-¿Qué quieren que haga? ¿Que empiece a escogerle las corbatas?
-Convéncelo de que me deje contratar a la agencia de relaciones públicas.
-¿No te parece que estás haciendo un trabajo adecuado, Jasper? -le preguntó en un tono frío.
Con expresión hostil, Jasper acercó su rostro.
-¿Tú crees que yo soy despiadado? Esos tipos no tolerarían ninguna de tus tonterías.
-¿Qué tonterías?
-Pues, por ejemplo, filtrar las llamadas de Edward.
-Si te refieres a anoche, él ya se encontraba durmiendo cuando llamaste. Necesitaba descansar. Estaba agotado.
Cuando yo quiero hablar con él, quiero hablar con él en ese mismo momento -dejó sentado Jasper, agitando su mano en el aire-. ¿Lo has entendido, Jessica? Y, en cuanto a esos profesionales...
-No quiere contratarlos. Piensa que crean una imagen falsa y artificial, y yo también lo pienso.
-Nadie te ha pedido tu opinión -intervino Emmett.
-Cuando yo tenga una opinión acerca de la campaña de mi marido, la expondré claramente; y pueden irse al infierno si no les gusta.
-¿Quieres ser la esposa de un senador o no?
Transcurrieron unos momentos en silencio mientras se tranquilizaban. Jasper continuó, en tono conciliatorio:
-Haz lo que haga falta para que a Edward se le pase ese terrible mal humor, Jessica. Es autodestructivo.
-Las multitudes no saben que está de un pésimo humor.
-Pero los voluntarios sí.
-Emmett tiene razón -lo apoyó Jasper-. Varios de ellos se han dado cuenta y han hecho comentarios. Resulta desmoralizante. Quieren a su héroe controlando el mundo e irradiando ganas de vivir, no mal humor. Ponlo a buenas con el mundo, Jessica.
Al concluir la pequeña charla, Jasper volvió a acomodarse en su asiento y a repasar sus notas. Emmett la miró con el ceño fruncido.
-Tú eres la culpable de que esté así, y eres la única que puedes sacarlo de esta depresión. No intentes hacernos creer que no sabes cómo, porque todos te conocemos ya.
El acalorado intercambio dejó a Bella frustrada e incapaz de hacer nada respecto a una mala situación de la que ellos claramente la creían culpable.
Fue un alivio aterrizar y salir del reducido avión. Consiguió dedicarle una buena sonrisa a la multitud que se había reunido para darles la bienvenida. Pero la sonrisa desapareció cuando vio a Marco Volturi entre los miembros de la prensa. Esos días aparecía en los mismos lugares que Edward, y su presencia nunca dejaba de poner nerviosa a Bella.
En cuanto le fue posible retrocedió unos pasos, donde sería más difícil que la tomaran las cámaras. Desde aquel punto de mira, escudriñó la multitud, constantemente al tanto por si veía algún sospechoso. El grupo estaba principalmente compuesto por los medios de comunicación, por seguidores de Cullen y por algunos curiosos.
Un hombre alto y algo apartado del grupo atrajo su atención, sólo porque le resultaba familiar. Vestía un traje vaquero hecho a medida y un sombrero, y al principio Bella pensó que era uno de los petroleros a los que Edward iba a dirigir su discurso.
No podía precisar dónde o cuándo lo había visto, pero supuso que no debía de ir vestido del mismo modo, pues hubiera recordado el sombrero vaquero. De todos modos, lo había visto recientemente, de eso estaba segura.
¿En la fiesta de la barbacoa en Houston, quizá? Antes de que consiguiera localizar el lugar y el momento, el hombre desapareció entre el gentío.
Arrastraron a Bella hasta la limusina. A su lado, la esposa del alcalde se mostraba extraordinariamente efusiva. Intentó prestar atención a lo que le decía la mujer, pero su mente estaba distraída por el hombre que tan hábilmente había desaparecido en el momento en que se cruzaron sus miradas.
En cuanto la zona quedó despejada y se hubieron marchado el candidato al Senado, su séquito y los chacales de los medios de comunicación, el elegante vaquero salió de una cabina telefónica.
Edward Cullen constituía un blanco fácil de seguir por el aeropuerto. Ambos eran altos, pero, mientras que Edward quería que lo vieran, el vaquero se enorgullecía de su habilidad para pasar desapercibido entre la gente, permaneciendo casi invisible.
A pesar de ser un hombre grande, se movía con elegancia y desenvoltura. Su porte infundía respeto a cualquiera que se cruzaba en su camino. En la oficina de alquiler de coches, la empleada se comportó con excepcional buena educación. Él le entregó la tarjeta de crédito. Utilizaba un nombre falso, pero la máquina aceptó la tarjeta. Le dio las gracias a la empleada mientras recogía la llave del vehículo.
-¿Necesita un mapa de la zona, señor?
-No, gracias. Ya sé dónde voy.
Llevaba su ropa en una bolsa, eficaz y ordenadamente dispuesta. El contenido no proporcionaba ninguna pista y todo era desechable; al igual que el coche alquilado, si resultaba necesario.
El aeropuerto se encontraba a medio camino entre Midland y Odessa.
Se dirigió hacia la ciudad más al oeste, siguiendo la limusina que ocupaba Cullen a una distancia discreta y segura.
No debía acercarse demasiado. Estaba casi seguro de que Jessica Cullen lo había visto entre la multitud mientras su marido estrechaba las manos de los seguidores locales. Era improbable que lo hubiera reconocido desde aquella distancia, pero, en su negocio, no se podía dar nada por sentado.
Que pedido le hicieron a Bella, ¿Creen que lo hará?
¿Quién es el hombre misterioso?
凸(^_^)凸
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Nos leemos pronto!
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#Andre!#
