Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.

La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.


Capítulo 29

Dio la casualidad de que Bella estaba mirándolo cuando, de pronto, vio que echaba la cabeza hacia atrás. En un acto reflejo, Edward levantó el brazo hasta la frente y, seguidamente, se desplomó.

-¡No!

Los separaban tan sólo un par de metros, pero la multitud era densa. Le pareció tardar horas en abrirse paso entre la gente. Se estropeó las medias y se arañó las rodillas cuando se dejó caer junto a él sobre el pavimento caliente.

-¡Edward! ¡Edward! -La sangre le salía de una herida que tenía a un lado de la cabeza-. ¡Llamen a un médico! ¡Jasper! ¡Emmett! ¡Que alguien haga algo! ¡Está herido!

-Me encuentro bien.

Hizo un esfuerzo por incorporarse. Se tambaleó mareado, buscó un punto de apoyo, encontró el brazo de Bella y lo agarró con fuerza.

Como Edward podía hablar e intentaba incorporarse, ella estaba segura de que la bala sólo le había rozado, sin penetrar en el cerebro. Le acomodó la cabeza sobre su pecho. La sangre corrió caliente y húmeda por la parte delantera de su ropa, pero ni siquiera se dio cuenta.

-¡Dios! ¿Qué ha ocurrido? -Jasper finalmente había conseguido abrirse paso a codazos entre la gente hasta llegar a ellos-. ¿Edward?

-Estoy bien -farfulló. Poco a poco, Bella dejó de apretarle la cabeza-. Dame un pañuelo.

-Han llamado a una ambulancia.

-No hace falta. Algo me golpeó. -Miró a su alrededor, buscando entre un bosque de pies y piernas-. Eso -señaló una botella de cerveza rota que había allí cerca en el pavimento.

-¿Quién demonios la tiró?

-¿Lo has visto?

Bella estaba dispuesta a enzarzarse en una pelea con el agresor.

-No, no vi nada. Dame un pañuelo -repitió. Jasper se sacó uno del bolsillo. Bella se lo quitó de las manos y lo colocó sobre la sangrante herida, cerca del nacimiento del cabello-. Gracias. Ahora ayúdame a ponerme en pie.

-No estoy segura de que debas intentarlo -le aconsejó.

-Estoy bien. -Sonrió débilmente-. Simplemente ayúdame a levantar el culo, ¿vale?

-Te podría dar una paliza por hacer bromas en un momento como éste.

-Lo siento. Alguien se te ha adelantado.

Mientras ella y Jasper lo ayudaban a ponerse en pie, Emmett se acercó corriendo, jadeante.

-A algunos de los trabajadores no les gusta tu política. La policía los ha detenido.

Se produjo un revuelo en el extremo más alejado del aparcamiento. Pancartas anti Cullen subían y bajaban como si tuvieran zancos: «Cullen es un rojillo maricón», «¿Votar a un maldito liberal? ¡Habría que ser un maldito loco!» y «Cullen es un puñetero comunista».

-Vámonos -decidió Jasper.

-No. -Edward tenía los labios tensos y blancos, como resultado de la ira y el dolor combinados-. He venido a estrechar manos y a pedir votos, y eso es lo que voy a hacer. No van a impedirlo unos cuantos porque tiren un par de botellas.

-Edward, Jasper tiene razón. -Bella se aferró con fuerza a su brazo-. Éste es ya un asunto para la policía.

Había pasado por mil calvarios mientras se apresuraba desesperadamente por llegar a él. Pensaba, ya está, esto es lo que quería evitar, y he fracasado. El incidente le recordó de inmediato lo vulnerable que era Edward. ¿Qué clase de protección podía ofrecerle ella? Si alguien tenía verdaderas intenciones de matarlo, podía conseguirlo. No había ni una sola maldita cosa que ella ni nadie pudieran hacer para evitarlo.

-Hola, soy Edward Cullen, me presento al Senado de Estados Unidos. -Tercamente, Edward se había vuelto hacia el hombre que estaba más cerca de él. El miembro del sindicato contempló la mano extendida de Edward y, a continuación, miró con inseguridad a los compañeros que lo rodeaban. Finalmente, aceptó la mano-. Me alegraría poder contar con su voto en noviembre -añadió Edward, antes de continuar hacia el siguiente-. Hola, soy Edward Cullen.

A pesar de sus consejeros, Edward se abrió paso entre la multitud, saludando con la mano derecha y sujetando el pañuelo ensangrentado sobre la sien izquierda. Bella nunca lo había amado tanto. Y tampoco había pasado nunca tanto miedo por él.

-¿Qué aspecto tengo?

Edward le pidió su opinión sólo después de consultar con incertidumbre su semblante en el espejo. Había permanecido en el aparcamiento de la cadena de montaje hasta que quienes terminaban su turno se fueron a su casa y aquellos que lo empezaban entraron a la fábrica.

Sólo entonces permitió que lo metieran en el asiento trasero del coche y lo llevaran a la sala de urgencias más cercana. Emmett, que los seguía en el segundo coche, se unió a ellos allí, donde un interno le puso tres puntos y le cubrió la herida con un pequeño apósito blanco y cuadrado.

Bella telefoneó a Carlisle y Esme desde la sala de urgencias, sabiendo que, si se enteraban del incidente por las noticias, se quedarían preocupados. Insistieron en hablar con Edward, que hizo bromas acerca de la herida, aunque Bella vio que aceptaba agradecido el analgésico que le dio la enfermera.

Una manada de periodistas los esperaba en el vestíbulo del Adolphus cuando regresaron. Se lanzaron sobre ellos en masa. -Asegúrate de que consigan fotos del vestido ensangrentado -le dijo Jasper en un susurro.

Por aquel comentario tan insensible, ella bien hubiera sido capaz de arrancarle los ojos.

-¡Hijo de puta!

-Sólo estoy haciendo mi trabajo, Jessica -agregó sin inmutarse-. Aprovecho lo mejor de cada situación, incluso de las malas.- Estaba demasiado enfadada para replicarle. Además, tenían múltiples dificultades para abrirse paso entre los micrófonos y las cámaras hasta llegar a los ascensores. Ya en la puerta de la habitación, se enfrentó a Emmett y a Jasper, que estaban a punto de entrar con ellos.

-Edward va a echarse un rato para dejar que le haga efecto la pastilla -les dijo, impidiendo cualquier discusión-. Voy a informar a recepción de que no pasen ninguna llamada.

-Tiene que hacer algún tipo de declaración.

Escríbelo tú. Reescribirías cualquier cosa que dijera de todas formas. Ahora bien, recuerda lo que ha dicho cuando veníamos. No tiene intención de hacer acusación alguna contra el hombre que tiró la botella, aunque detesta la violencia y la considera una forma ruin de expresarse. Y tampoco culpa al sindicato como grupo por los actos de algunos de sus miembros. Estoy segura de que sabrás desarrollar su punto de vista.

-Los recogeré aquí a las siete y media -indicó Jasper al marcharse. Por encima del hombro, añadió perentoriamente- En punto.

Edward durmió un poco y, después, vio las noticias antes de levantarse para ducharse y vestirse.

Se puso de espaldas al espejo del tocador, de cara a ella, separó las manos del cuerpo y preguntó: -¿Qué tal?

Bella ladeó la cabeza y lo estudió detenidamente.

-Muy donjuanesco. -El cabello le caía atractivamente por encima de la herida-. La venda le da un toque de arrogancia a la seriedad del esmoquin.

-Bueno, eso está bien -murmuró, tocando levemente la venda-, porque duele un montón.

Bella se acercó a él y lo miró preocupada. -No tenemos por qué ir.

-A Jasper le daría algo.

-¿Y qué? Todos los demás lo entenderían. Si Michael Emmettson puede anular un concierto por una infección de estómago, desilusionando a miles de seguidores, tú puedes anular una cena y desilusionar a un par de centenares.

-¿Pero han pagado los seguidores de Michael Emmettson doscientos dólares por cubierto? Él puede permitirse ese lujo, yo no.

-Al menos tómate otra pastilla.

Negó con la cabeza.

-Si voy, tengo que estar en pleno uso de mis facultades.

-¡Dios, mira que eres terco! Igual que cuando te empeñaste en quedarte allí esta tarde.

-Fue un vídeo estupendo en las noticias de la noche.

Lo miró con el ceño fruncido.

-Ahora hablas como Jasper. Te estás presentando a un cargo público, no al mejor blanco del año para todo loco que tenga algo contra el sistema. No deberías arriesgar tu vida sólo porque proporciona una buena grabación para las noticias de las seis y de las diez.

-Escucha, la única razón que me impidió perseguir a ese hijo de puta que me tiró la botella y darle una buena paliza fue la de que me presento a las elecciones.

-Ah, eso es lo que me gusta. Un candidato que habla claro.

Se echaron a reír juntos, pero al cabo de unos momentos sus risas se acallaron. Edward la envolvió con una cálida mirada.

-Ése sigue siendo mi vestido preferido. Estás guapísima.

-Gracias.

Llevaba el vestido negro que ya le había alabado con anterioridad.

-Yo..., bueno, me comporté como un imbécil esta tarde.

-Dijiste algunas cosas bastante hirientes.

-Ya lo sé -admitió, expulsando el aire de los pulmones- Quería hacerlo. En parte porque...

Se oyeron unos golpes en la puerta.

-Las siete y media -dijo Jasper desde el otro lado.

Edward pareció enfadarse. Bella, absolutamente frustrada, tomó su bolso con un gesto irritado y se dirigió a la puerta. Tenía los nervios a flor de piel y estaba a punto de darle un ataque. Le hubiera gustado ponerse a gritar.

Y casi lo hizo cuando una de las primeras personas que vio entre la multitud en Southfork fue aquel hombre en el que se había fijado anteriormente en el aeropuerto de Midland/Odessa.

El rancho, famoso por la serie de televisión Alaska, se hallaba completamente iluminado. Dado que aquella noche era especial, la casa estaba abierta y los invitados podían pasearse por ella a sus anchas. La cena en sí iba a tener lugar en un edificio adyacente, una especie de granero, que a menudo se alquilaba para grandes fiestas.

La concurrencia resultó mayor de la esperada. En cuanto llegaron se les informó de que la capacidad estaba al máximo. Muchos habían ofrecido más de doscientos dólares para tener la oportunidad de oír hablar a Edward.

-Sin duda alguna se debe al estupendo vídeo de las noticias de hoy -se alegró Jasper-. Todas las cadenas de televisión y las emisoras locales han empezado las noticias con este acontecimiento.

Le dedicó a Bella una sonrisa complaciente. Ella deslizó el brazo bajo el codo de Edward, como indicativo de que, en su opinión, él era más importante que cualquier noticia, e incluso que las elecciones. Jasper se limitó a sonreír aún más.

A Bella le caía peor cada día. Su inapropiado flirteo con Alice era razón suficiente para desconfiar de su honestidad de niño bueno. En cambio, Edward confiaba plenamente en él. Por eso no le había contado que vio a Alice salir de la habitación de Jasper, ni siquiera cuando le proporcionó la oportunidad de hacerlo. Intuía una actitud más cariñosa por parte de Edward hacia ella, y no quería echarlo todo a perder hablando mal de su mejor amigo.

Intentó dejar a un lado el comentario de Jasper y todas las demás preocupaciones cuando entró con Edward en aquel edificio cavernoso. Él la necesitaría esa noche para darle ánimos. La herida seguramente le estaba molestando más de lo que mostraba. Un entusiasta seguidor local se les acercó, la besó en la mejilla y le dio un fuerte apretón de manos a Edward. Fue cuando echó para atrás la cabeza, al reírse de un comentario, cuando Bella vio al hombre alto entre la multitud.

Volvió a mirar, pero casi al instante lo había perdido de vista. Debía de estar equivocada, el hombre del aeropuerto llevaba un traje vaquero y un sombrero, mientras que éste iba vestido con un traje convencional. Seguramente se trataba de una pura coincidencia.

Mientras intentaba mostrarse atenta con la gente que se acercaba a conocerlos, continuó mirando entre la multitud, pero no volvió a verlo antes de la cena. Desde la mesa central resultaba difícil escudriñar los rincones más oscuros de la enorme sala. A pesar de ser una cena oficial, había gente por todas partes y, a menudo, los focos de la televisión la cegaban.

Edward se inclinó hacia ella y señaló el plato, casi intocado. -¿No tienes hambre?

-Demasiada excitación.

En realidad, estaba enferma de preocupación y había considerado avisar a Edward del peligro que corría. La venda que llevaba en la frente era una deshonestidad, y lo siguiente quizá no fuera una botella de cerveza vacía, sino una bala. Y podía ser mortal.

-Edward -preguntó dubitativamente-, ¿has visto a un hombre alto?

Él se echó a reír. -Unos cincuenta.

-Uno en particular. Su aspecto me resultó familiar.

-Quizá pertenezca a uno de esos huecos de la memoria que no se han abierto para ti todavía.

-Sí, quizá.

-Oye, ¿te encuentras bien?

Forzando una sonrisa, acercó los labios a su oreja y susurró -La esposa del candidato tiene que ir al lavabo. ¿Te parece correcto?

-Más correcto que las posibles consecuencias si no va.

Edward se puso en pie para ayudarla a levantarse. Ella se excusó. Al final del estrado, un camarero le ofreció el brazo y le ayudó a bajar los pequeños escalones. De la forma más sutil posible, buscó al hombre entre la multitud mientras se abría paso hasta la salida.

Cuando cruzó el umbral se sintió frustrada y aliviada. Estaba casi segura de que era el mismo hombre que había visto en el oeste de Texas. Por otra parte, habría decenas de miles de tejanos altos. Sintiéndose un poco tonta a causa de su paranoia, sonrió con pesar.

Se le congeló la sonrisa cuando alguien se acercó a ella por detrás y susurró amenazadoramente:

-Hola, Bella...


Woaa... quien susurró al oído de Bella?

Esperemos a la próxima actualización (Lunes 04 de Febrero) para enterarnos!

Como siempre debo decir que adoro leer sus reviews, cada día son mas y eso me hace feliz, en breve les estaré adelantando algo de mi nueva historia, siii, PROOOONTOOOO!

GRACIAS POR SEGUIR AL PIE DE LA HISTORIA, SON LAS MEJORES!

Les dejo una invitación para que se sumen y lean algo que creo que será increíble!

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