Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.

La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.


Capítulo 30

A medianoche, el McDonald's de la esquina de Commerce con Griffin, en el centro de Alaska, parecía una pecera. Se hallaba profusamente iluminado. A través de los grandes ventanales, todos quienes se encontraban en el interior eran tan claramente visibles como actores en el centro de la escena.

El cajero anotaba el pedido de un sombrío solitario. Un borrachín dormía su borrachera en uno de los reservados. Dos adolescentes excitados se rociaban con salsa de tomate.

Sin aliento, a causa del paseo desde el hotel, Bella se acercó al restaurante cautelosamente. Su vestido de fiesta la distinguía de todas las personas que merodeaban por allí. Era bastante temerario que una mujer se paseara por aquella zona a esa hora de la noche.

Desde la acera de enfrente escudriñó el interior del iluminado comedor. Allí lo vio, sentado solo en uno de los reservados. Afortunadamente, el reservado estaba al lado de la ventana. En cuanto cambió el semáforo, cruzó rápidamente la amplia avenida, y sus tacones hicieron un ruido metálico sobre el pavimento.

-¡Vaya, vaya, mamasíta estás muy guapa!

Un joven negro le sacó obscenamente la lengua. Con risas y golpes, sus dos amigos lo felicitaron. En la esquina, dos mujeres, una con el pelo de color naranja y la otra con el cabello del color del vino tinto, se hacían la competencia para atraer las atenciones de un hombre vestido con pantalones de cuero. El joven estaba apoyado en un semáforo, con aspecto de aburrido, hasta que Bella pasó por su lado. Le echó una mirada hambrienta. La mujer de pelo naranja se dio la vuelta de inmediato y, con las manos muy bien plantadas en las caderas, le advirtió a Bella -¡Oye, puta, mantén tu culo lejos de su cara o te mato! - Bella los ignoró a todos, siguió caminando, recorrió la acera hasta llegar a la altura del reservado y golpeó en el cristal. Marco Volturi levantó la vista de su batido de chocolate, la vio, sonrió y le indicó el otro asiento vacío del reservado. Bella, enfadada, negó vehementemente, con la cabeza y, con gesto firme, señaló la sucia acera bajo sus zapatos de satén negro.

Él se lo tomó con calma. Ella aguardó impaciente a que Marco atravesara con parsimonia el restaurante, saliera por la puerta y diera la vuelta a la esquina; de modo que, cuando llegó hasta ella, su ira era incontenible.

-¿Qué demonios estás haciendo, Marco? -exigió saber. Fingiendo inocencia, colocó sus largas manos sobre el pecho.

-¿Moi?

-¿Era imprescindible que nos encontráramos aquí, y a estas horas de la noche?

-¿Hubieras preferido que me presentara en tu habitación, en esa habitación que compartes con el marido de otra mujer? - Durante el silencio que siguió, Marco encendió con naturalidad un porro. Después de dos chupadas, se lo ofreció a Bella. Ella lo apartó de un manotazo.

-No puedes imaginarte el peligro que me has creado por hablar conmigo esta noche.

Él se apoyó en el ventanal. -Soy todo oído.

-Marco. -Desesperada, se llevó una mano a la cabeza y se masajeó las sienes-. Es demasiado difícil de explicar, especialmente aquí. -Las mujeres de la esquina se intercambiaban obscenidades en voz alta, mientras el hombre de cuero se limpiaba las uñas con una navaja-. He salido a escondidas del hotel. Si Edward descubre que me he ido...

-¿Sabe que no eres su mujer?

-¡No! Y no debe enterarse.

-¿Porqué no?

-Necesitaré un rato para explicártelo.

-Yo no tengo prisa.

-Pero yo sí -gimió, aferrándose a su delgado brazo- Marco, no puedes decírselo a nadie. Pondrías en peligro muchas vidas.

-Sí, pudiera ocurrir que Cullen se enfadara lo suficiente como para matarte.

-Me estoy refiriendo a la vida de Edward. Esto no es un juego, confía en mí. Arriesgamos mucho. Estarás de acuerdo conmigo cuando tenga la oportunidad de explicártelo. Pero ahora no puedo. Tengo que volver.

-Es toda una actuación, Bella. ¿Cuándo decidiste hacerlo?

-En el hospital. Me confundieron con Jessica Cullen. Me hicieron la operación de la cara antes de que pudiera decirles quién era.

-Y ¿cuándo pudiste?

Intentó desesperadamente encontrar una forma expeditiva de explicárselo.

-Pregúntaselo a Harry -contestó finalmente.

-¡Harry! -gruñó, y se atragantó con el humo de la marihuana-. Ese astuto hijo de puta. ¿Él lo sabe?

-No hasta hace muy poco. Tenía que contárselo a alguien.

-O sea que por eso me embarcó en este viaje. Me preguntaba por qué andábamos siguiendo a Cullen como si fuera un miembro de la familia real o algo parecido. Harry quería que te vigilara a ti.

-Supongo que sí. No sabía qué te iba a asignar a ti esta tarea. Me quedé helada cuando te vi en Houston. Bastante mal lo pasé el día que abrí la puerta del rancho y te encontré allí. ¿Me reconociste entonces?

-El día que saliste de la clínica, me fijé en que las poses de la señora Cullen delante de la cámara se parecían mucho a las tuyas. Resultaba increíble la forma en que se mojaba los labios y cómo hacía ese gesto con la cabeza igual que tú. Después del día de la grabación en el rancho me quedé casi convencido y, esta noche, estaba completamente seguro, así que decidí hacerte saber que conocía tu pequeño secreto.

-¡Oh, no!

-¿Qué?

Por encima del hombro de Marco, Bella acababa de ver a un policía caminando en su dirección.

-Bien, ¿qué ocurre? -le preguntó con enfado Edward a su hermano.

Emmett cerró la puerta de la habitación del hotel y se quitó la chaqueta.

-¿Una copa?

-No, gracias. ¿Qué ocurre?

En cuanto entraron en el vestíbulo del Adolphus, Emmett había cogido a Edward por el codo y le susurró que necesitaba hablar con él a solas.

-¿Cómo, ahora?

-Sí, ahora.

A Edward no le apetecía mantener una conversación íntima con su hermano aquella noche. La única persona con la que quería hablar en privado era con su esposa, que había estado comportándose de forma extraña desde que llegaron a Southfork. Hasta entonces se había comportado estupendamente bien.

Durante la cena le había hecho mención de un hombre, alguien de su pasado, sin duda, que se habría presentado inoportunamente en el banquete. Fuera quien fuese, debía de haberse encontrado con ella cuando fue al lavabo porque regresó pálida y con aspecto de encontrarse muy nerviosa.

El resto de la noche estuvo más asustadiza que un gato. Varias veces vio que se mordía nerviosamente el labio inferior. Su sonrisa era totalmente fingida. No habían tenido ocasión de llegar al fondo del asunto y quería hacerlo cuanto antes.

Pero, con el fin de mantener la armonía en su equipo, decidió ceder primero ante Emmett. Mientras esperaban al ascensor, se volvió hacia ella y le dijo:

-Emmett quiere verme cinco minutos. -Miró seriamente a su hermano y continuó- No más de cinco minutos.

-¿Ahora? -había preguntado ella- En ese caso, volveré al vestíbulo y pediré unos folletos y, bueno, papel de cartas del hotel para Nessie. No tardaré. Nos veremos en la habitación.

Llegó el ascensor y ella salió pitando. Edward subió con Emmett y con Jasper, que se despidió de ellos y se fue a su habitación, dejando solos a los dos hermanos.

Edward se quedó a la expectativa, y Emmett sacó un sobre blanco del bolsillo del esmoquin y se lo entregó. Llevaba su nombre escrito a mano. Deslizó el dedo índice bajo la solapa y lo abrió. Después de leer el mensaje dos veces, levantó la vista y miró a su hermano.

-¿Quién te ha dado esto?

Emmett se estaba sirviendo una última copa de una botella de coñac.

-¿Recuerdas a la dama vestida de azul en el almuerzo de esta tarde? En la primera fila.

Edward señaló la botella de coñac con la barbilla.

-He cambiado de opinión. -Emmett le sirvió una copa. Edward sostuvo la nota a una cierta distancia y volvió a releerla mientras se bebía de un trago el contenido de la copa-. ¿Por qué te ha pedido a ti que me lo entregues?

-Supongo que pensó que no sería correcto dártelo ella misma.

-¿Correcto? -se burló Edward, y volvió a mirar las atrevidas palabras de la nota.

Sin tan siquiera disimular su diversión, Emmett comentó: -¿Aventuro una opinión sobre el contenido?

-Has acertado.

-¿Puedo ofrecerte una sugerencia?

-No.

-No te haría ningún daño aceptar la invitación. De hecho, podría resultar provechoso.

-¿Has olvidado que soy un hombre casado?

-No. Tampoco he olvidado que tu matrimonio no vale un pimiento ya, pero no me agradecerías los comentarios acerca de tu esposa y tu matrimonio.

-Exactamente. No los agradecería.

-No te pongas a la defensiva, Edward. En el fondo defiendo tus intereses, ya lo sabes. Aprovecha esta invitación. No sé lo que está ocurriendo entre Jessica y tú. -Bajó un párpado astutamente-. Pero sí sé lo que no está ocurriendo. No mantienen relaciones sexuales desde mucho antes del accidente. No hay hombre en este mundo, ni siquiera tú, que pueda funcionar bien si tiene la polla triste.

-¿Hablas por experiencia? -Emmett bajó la cabeza y se concentró en el contenido de su vaso. Edward se paso los dedos por el pelo, e hizo una mueca al tirar de la herida suturada de la sien-. Lo siento. Eso era innecesario. Perdóname, Emmett. Simplemente es que me molesta que todo el mundo se meta en mis asuntos.

-Va todo en el mismo lote, hermanito.

-Pero estoy harto.

-No ha hecho más que empezar. Y la situación no cambiará cuando salgas elegido.

Edward apoyó las caderas en la cómoda.

-No, supongo que no.

En silencio, estudió el dibujo de la alfombra. Al cabo de unos momentos, una leve risa se formó en su pecho y poco a poco empezó a crecer.

Emmett no veía el punto humorístico de la conversación.

-¿Qué pasa?

-No hace demasiado tiempo, Jasper se ofreció a buscarme una mujer para liberar mis frustraciones. ¿Dónde estaban los dos cuando yo era joven y soltero y hubiera podido utilizar a un par de buenos chulos?

Emmett sonrió irónico.

-Supongo que me lo merezco. Sólo que has estado tan nervioso últimamente que pensé que un inofensivo revolcón con una tía caliente y dispuesta te iría la mar de bien.

-Seguramente me iría bien, pero no, gracias. -Se dirigió hacia la puerta-. Y gracias por la copa también. -Con la mano en el pomo preguntó, como si fuera un pensamiento que se le acababa de ocurrir- ¿Has hablado con tu familia recientemente?

-Ya que hablamos de copas, ¿no?

-Simplemente me salió así -contestó Edward, con cara de avergonzado.

-No te preocupes. Sí, he hablado con Rose hoy. Dice que todo va bien. Intuye que Alice se lleva algo entre manos, pero todavía no sabe de qué se trata.

-Sólo Dios lo sabe.

-Quizá Dios lo sepa. Pero con toda seguridad nadie más.

-Buenas noches, Emmett.

-Ah, oye. -Su hermano se giró-. Ya que no estás interesado... -Edward le siguió la mirada hasta la nota que tenía aún en la mano.

Emmett se encogió de hombros-. Quizás esté dispuesta a conformarse con el segundo de la lista.

Hizo una bola con el papel y se lo tiró a su hermano, que lo atrapó al vuelo con una mano.

-Buena suerte.

Edward se había quitado ya la chaqueta, la corbata y la faja cuando abrió la puerta de su habitación.

-¿Jessica? Ya sé que he tardado más de cinco minutos, pero... ¿Jessica?

No estaba allí.

Cuando vio al policía, Bella apartó la cabeza. Las lentejuelas que bordeaban su vestido parecían resplandecer tanto como los arcos dorados del exterior del restaurante.

-Por el amor de Dios, apaga ese cigarrillo -le instó a Marco-. Pensará...

-Olvídalo -interrumpió su amigo, sonriendo aviesamente-. Si fueras una puta, yo no podría pagarte.

Quitó con los dedos la brasa del porro y se lo metió en el bolsillo de la camisa.

Mientras el policía sé ocupaba en acallar los gritos de la esquina, Bella indicó con la cabeza que deberían dar la vuelta a la esquina y dirigirse hacia el Adolphus. Con su paso desgarbado, Marco caminó a su lado.

-Marco, necesito que me prometas que no desvelarás mi verdadera identidad a nadie. Una noche de la semana que viene, cuando estemos de nuevo en casa, prepararé una cita con Harry y contigo. Él querrá saber cómo me ha ido el viaje. Te informaré de todos los detalles entonces.

-¿Cuánto crees que pagaría Dekker por esta información?-Bella se detuvo bruscamente. Agarró con fuerza el brazo de Marco.

-¡No puedes! ¡Marco, por favor! ¡Dios mío, no puedes hacer eso!

-Hasta que tú no me hagas una oferta mejor, sí que puedo. -Le apartó la mano y se dio la vuelta-. Nos veremos, Bella.

Se encontraban ya a la altura del hotel, sólo que en la acera de enfrente. Bella corrió detrás de él y lo agarró de nuevo por el brazo, obligándole a que se girara.

-No sabes todo lo que me arriesgo, Marco. Te lo estoy pidiendo de rodillas, como un amigo.

-Yo no tengo amigos.

-Por favor, no hagas nada hasta que yo no haya tenido la ocasión de explicarte las circunstancias.

Él volvió a liberar su brazo.

-Me lo pensaré. Pero será mejor que tus explicaciones sean buenas, o me pasaré al bando contrario.

Lo observó desaparecer por la acera. Parecía no tener ni una sola preocupación en el mundo. El mundo de ella, en contraste, se había derrumbado. Marco tenía todos los ases en la mano, y lo sabía.

Sintiéndose como si le acabaran de dar una paliza, cruzó la calle hacia el hotel. Justo antes de llegar al otro lado, levantó la cabeza. Edward estaba en la entrada, mirándola fijamente.


Awww... Edward la vio! Y ahora?

凸(^_^)凸

Se que no tengo perdón porque prometí actualizar el lunes, no les daré diez mil excusas porque sigo teniendo el mismo problema, es decir sigo sin módem en casa!

Como valoro mucho a cada una de ustedes subiré dos capítulos, ademas son cortos!

No voy a prometer nada, pero si puedo mañana subo otro capítulo mas!

LAS ADORO!

Dejen su comentario o Reviews amo sus mensajes en cada capítulo!

Espero leerlas pronto!

๑۩۞۩๑

#Andre!#