Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
Capítulo 33
-Qué demonios -comentó Marco Volturi con resignación. Le dio la última calada a un cigarrillo que había apurado hasta llegar a sus dedos manchados de nicotina-. El chantaje no me saldría mejor que cualquier otra cosa que hago. Me hubiera salido mal.
-¿La amenazaste con hacerle chantaje? -Harry miró al cámara con desdén-. Te olvidaste de contarme este pequeño detalle cuando me hablaste de tu encuentro con Bella.
-Cálmate, Harry. Bella posó una mano tranquilizadora sobre el brazo del viejo. Con una ligera sonrisa, añadió-: Marco estaba enfadado con nosotros porque no le habíamos contado el secreto.
-No hagas bromas. Este secreto me está produciendo una indigestión crónica.
Harry se levantó del sofá en busca de otro trago de whisky, que se sirvió de una botella situada encima de la mesa de la cocina. -Tráeme uno de ésos -pidió Marco. A continuación, dirigiéndose a Bella, dijo-: Harry tiene razón. Estás metida en un aprieto acojonante y ni siquiera te das cuenta.
-Sí que me doy cuenta.
-¿Tienes apoyos? Negó con la cabeza.
-No.
-Dios, Bella, ¿estás loca? ¿Por qué has hecho una cosa tan estúpida?
-¿Quieres contárselo tú, o lo hago yo? -le preguntó ella a Harry cuando éste volvió a sentarse a su lado en el sofá.
-La fiesta la das tú.
Mientras Marco e Harry se bebían sus whiskys, Bella volvió a contar su increíble historia. Marco la escuchaba, incrédulo, mirando frecuentemente a Harry, que iba verificando todo lo que ella decía con un movimiento sombrío de su cabellera gris.
-¿Cullen no tiene ni idea? -preguntó Marco cuando ya estuvo totalmente informado.
-No. Por lo menos que yo sepa.
– ¿Quién es el traidor?
-No lo sé todavía.
-¿Has tenido más noticias suyas?
-Sí. Ayer recibí otro comunicado escrito a máquina. -¿Qué decía?
-Casi lo mismo que antes -contestó evasivamente, incapaz de mirar directamente a los astutos ojos azules de Harry.
La sucinta nota, colocada en el cajón de su ropa interior, decía: «Te has acostado con él. Buen trabajo. Está desarmado.»
Le repugnaba pensar en aquel desconocido jactándose de lo ocurrido en el Adolphus. ¿Habría comentado Edward sus relaciones sexuales con el confidente traidor? ¿O es que estaba tan cerca de Edward que intuía su cambio de humor, atreviéndose a adivinar la razón? Supuso que debería alegrarse de que pensara que era una trampa y no se hubiera dado cuenta de que se trataba de un acto de amor.
-Sea quien sea -les dijo a sus amigos- todavía tiene intención de seguir adelante con el plan. -Se le puso la carne de gallina-. Pero no creo que sea él personalmente quien vaya a llevar a cabo el asesinato. -Le resultaba casi imposible pronunciar la palabra en voz alta-. Creo que se ha contratado a alguien para que lo haga. ¿Has traído las cintas que te pedí?
Marco señaló con la cabeza el extremo de la mesa, donde había apilado varias cintas de vídeo unos minutos antes de la llegada de Bella.
-Harry me pasó la nota que le mandaste a su apartado de correos.
-Gracias, Marco. -Abandonó su lugar en el sofá, recogió las cintas y se dirigió a donde estaban el vídeo y el televisor de Harry. Introdujo una de las cintas y regresó con el mando a distancia al sofá-: ¿Esto es todo lo que grabaste durante nuestro viaje?
-Sí. Desde vuestra llegada a Houston hasta que regresaste a casa. Si es que vamos a ver películas caseras sin editar, necesito otra copa.
-La próxima vez, tráete tu propia botella -murmuró Harry mientras Marco se dirigía a la cocina.
-Que te jodan, Clearwater.
Sin ofenderse en absoluto, Harry se inclinó hacia delante apoyando los codos sobre las rodillas. En la pantalla del televisor se veía a Edward saliendo de un avión. Bella y Nessie estaban a su lado. El resto del séquito quedaba en un segundo plano.
-Estás con la niña, pero ¿dónde andan los padres de Edward? -preguntó Marco cuando volvía con otra copa.
-Fueron en coche. Esme se niega a volar.
-Tiene gracia, siendo la mujer de un piloto.
-No tanta. Carlisle pilotaba bombarderos en Corea mientras ella estaba en casa cuidando al bebé Emmett. Despúes Carlisle fue piloto de pruebas. Estoy segura de que ella temía quedarse viuda. Y el mejor amigo de su marido, que se llamaba precisamente Edward, se perdió en el océano cuando se estrelló su avión.
-¿Cómo te has enterado de todo eso?
-Fui al despacho de Edward, cuando sabía que no estaría, con la excusa de volver a enmarcar todas las fotos. Hablando con su secretaria le sonsaqué quiénes eran las personas de las fotos. ¡Espera! ¡Para!
Se dio cuenta de que el mando a distancia lo tenía ella, detuvo la cinta, retrocedió y volvió a pasarla. En voz muy baja y llena de temor comentó:
-También estaba en el aeropuerto cuando llegamos a Houston.
-¿Quién? -preguntaron Harry y Marco al unísono.
Bella volvió a rebobinar la cinta.
-Esto sigue siendo el aeropuerto de Hobby, ¿verdad, Marco?
-Así es.
-¡Ahí! ¿Veis aquel hombre alto y con el pelo gris?
-¿El del polo amarillo?
-Sí.
-¿Dónde? No lo veo -se quejó Harry.
-¿Qué pasa con él? -preguntó Marco. Bella rebobinó la cinta otra vez.
-¿Se puede congelar la imagen en este aparato?
-¡Joder, pues claro! -Harry le arrebató el mando de las manos-. Dime cuándo. Yo no he visto ni un maldito...
-¡Ya!
Apretó el botón y la imagen se congeló en la pantalla. Bella se arrodilló delante del televisor y le señaló el hombre a Harry. Se hallaba en un segundo plano, en la periferia de los allí congregados. De pronto Bella cayó en la cuenta:
-Estaba en nuestro hotel. Salíamos corriendo hacia un mitin y nos retuvo el ascensor.
Por eso se había fijado en él en Midland. Lo acababa de ver en Houston, aunque en aquel momento no relacionó a aquel hombre sudoroso, que salía del gimnasio del hotel, con el que vestía un traje tejano.
-¿Y?
-Estaba también en Midland, en el aeropuerto cuando aterrizamos. Y lo vi después, en Alaska, en la cena para recaudar fondos que se celebró en Southfork.
Marco e Harry intercambiaron miradas de preocupación. -¿Coincidencia?
-¿De verdad lo crees? -exclamó Bella, enfadada.
-De acuerdo, un leal seguidor de Cullen.
-Acababa de convencerme a mí misma de eso, pero he estado pasando por la sede de la campaña casi cada día desde que volvimos, y no lo he visto entre los voluntarios. Además, nunca se acercó a nosotros durante el viaje. Siempre se quedaba en un segundo plano.
-Estás corriendo mucho, Bella.
-No me digas. -Resultaba quizás el tono de voz más duro que jamás había utilizado con Harry. Los sorprendió a ambos, pero lo suavizó un poco cuando añadió-: Ya sé lo que estás pensando, y te equivocas.
-¿Qué estoy pensando?
-Que me estoy metiendo de cabeza y saco conclusiones antes de tener todos los datos, que reacciono emotivamente en vez de hacerlo de forma pragmática.
-Tú lo has dicho. -Marco recostó su columna curvada y apoyó el vaso de whisky sobre su cóncavo abdomen-. Eso sí que lo haces bien.
Bella se incorporó.
-Miremos todas las cintas y veamos lo mucho que me equivoco. Cuando la última cinta llegó a su fin y la pantalla quedó en blanco, se hizo un silencio roto sólo por el zumbido del magnetoscopio rebobinando.
Bella se puso en pie y se volvió hacia ellos. No perdió tiempo haciendo notar lo bien que lo había hecho. Las cintas hablaban por sí solas. Aquel hombre aparecía en casi todas.
-¿Resulta familiar para alguno de vosotros?
-No -dijo Marco.
-Estaba presente en todas y cada una de las ciudades que visitamos -reflexionó Bella en voz alta-. Siempre al acecho.
-No acechaba a nadie. Simplemente estaba allí -la corrigió Harry.
-Estaba allí mirando fijamente a Edward.
-Lo mismo hacías tú la mayor parte del tiempo -apuntó Marco con sarcasmo-. Y no tienes ninguna intención de asesinarle. Ella le miró con aspereza.
-¿No les parece un poco extraño que un hombre siga por todo el Estado a un candidato al senado sin ni siquiera formar parte del comité electoral?
Se miraron de hito en hito y se encogieron de hombros, cautamente.
-Es raro -admitió Harry-, pero no tenernos ninguna imagen de ese hombre con el dedo en el gatillo.
-¿Le viste en la factoría de GM? -quiso saber Marco.
-No.
-Ésa era una de las audiencias más nutridas y hostiles a las que se dirigió Edward -dijo Harry-. ¿No hubiera sido el lugar ideal para que nuestro hombre pasara a la acción?
-Quizá ver que alguien arrojaba una botella le hizo desistir. -Pero has dicho que no viste a Pelo Gris allí -señaló Marco.
Bella se mordió el labio consternada. Los sucesos de aquel día permanecían borrosos en su memoria, impresionada por imágenes aisladas, como la de Edward sentado en la enfermería, con la camisa salpicada de sangre. La herida había sanado en cuestión de días; la pequeña cicatriz era apenas perceptible y quedaba oculta por el cabello.
Se estremeció al pensar que podía haber sido mucho peor si Pelo Gris...
-¡Esperad! Acabo de acordarme -exclamó-. Leí la agenda de aquel día antes de salir del hotel -rememoró excitada-. La visita a la factoría de GM no figuraba en el programa porque se añadió más tarde. Sólo Jasper, Emmett y los jefes sindicales de la factoría sabían que íbamos a estar allí. Así que incluso en el caso de que Pelo Gris hubiera interceptado la agenda del día, no hubiera podido saber que Edward iba a estar en Arlington.
-Parece que estéis hablando de un maldito indio -dijo Harry malhumoradamente-. Mira, Bella, este asunto se está haciendo demasiado peligroso. Dile a Cullen quién eres, cuáles son tus sospechas, y déjalo en sus manos.
-No puedo. -Empezó a respirar agitadamente y repitió con énfasis-: No puedo.
Discutieron con ella durante otra media hora, pera no consiguieron convencerla. Ella enumeró las razones por las que no podía dejarlo ahora, y rebatió sus argumentos en el sentido de que lo hacía sólo por la notoriedad que le podía proporcionar.
-¿Es que no lo entendéis? Edward me necesita. Y también Nessie. No voy a abandonarles hasta estar segura de que se encuentran a salvo. Está decidido.
Mientras se preparaba para marcharse, pues se le había echado el tiempo encima, los abrazó a ambos.
-Será reconfortante saber que no estarás muy lejos -le dijo a Marco.
Harry le había asegurado que asignaría a Marco a la campaña de Cullen a tiempo completo hasta que pasaran las elecciones-. Permanece alerta a lo que yo no vea. Fíjate bien en las audiencias. Y si ves a Pelo Gris, házmelo saber inmediatamente.
-No empieces otra vez con los nombres de indio -gruñó Harry. La abrazó con fuerza-. Has conseguido hacerme sufrir el peor dolor de estómago de mi vida -dijo bruscamente-. Pero no quiero volver a perderte.
Ella le devolvió el abrazo y le besó en la mejilla. -No me perderás.
-Cúbrete las espaldas, Bella.
-Lo haré, te lo prometo.
Se marchó, dirigiéndose con presteza hacia su casa. Aunque no con la suficiente presteza.
Woaa… quien será ese ser que sigue los pasos de Edward?
凸(^_^)凸
Dejen su Review, es una gran motivación para mi leerlas!
Nos leemos pronto!
Próxima actualización: Ni bien pueda, conste que las mimo con 2 capítulos hoy!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
