Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
Capítulo 35
Una de las cualidades necesarias que deben poseer los pilotos de los bombarderos es la capacidad de no resquebrajarse en situaciones de gran tensión. Y Carlisle la tenía. Bella consideró su aplomo más tarde, cuando examinó aquellos minutos de infarto después del terrible anuncio de Jasper.
Esa falta de respuesta le resultó sorprendente, porque tuvo la sensación de que ella misma iba a derrumbarse. Se quedó muda, inmóvil, incapaz de pensar. Se le colapsó el cerebro. Le pareció como si el planeta hubiera desaparecido bajo sus pies y ella flotara, sin la seguridad de la gravedad, en un vacío negro y sofocante.
Carlisle, con una capacidad de reflejos admirable, separó su silla de la mesa del comedor y se puso en pie.
-Creo que deberíamos trasladar esta discusión al salón.-Jasper asintió una sola vez con la cabeza, miró a Edward con una mezcla de pena y exasperación y salió de la habitación.
Esme, drásticamente pálida, pero casi tan compuesta como su marido, también se puso en pie.
-Mona, esta noche nos saltaremos el postre. Por favor, ocúpate de Nessie. Puede que estemos ocupados algún tiempo.
Rosalie tomó su copa de vino. Emmett se la quitó y la volvió a colocar sobre la mesa. La sujetó por debajo del brazo, la levantó de la silla y la empujó hacia el pasillo. Alice los siguió; parecía estar realmente contenta.
Cuando llegaron a la altura del arco, Emmett le dijo a su hija: -Tú no te metas en esto.
-Imposible. Es lo más divertido que ha pasado nunca -contestó, y se echó a reír.
-No es asunto tuyo, Alice.
-Yo también soy parte de esta familia, el abuelo lo acaba de decir. Además, trabajo en la campaña electoral. Tengo todo el derecho a estar presente en la reunión. Incluso más derecho que ella -añadió señalando a su madre.
Emmett extrajo un billete de cincuenta dólares del bolsillo de su pantalón y lo metió en la mano de Alice.
-Búscate alguna otra cosa que hacer.
-Hijo de puta -murmuró antes de marcharse.
El rostro de Edward estaba pálido a causa de la ira. Con movimientos cuidadosamente controlados dobló la servilleta y la colocó al lado de su plato.
-¿Jessica?
Bella levantó la cabeza. Tenía preparada una negativa y estaba a punto de soltarla, pero la furia que resplandecía en la mirada de Edward la obligó a quedarse en silencio. Conducida por su firme mano, salió del comedor, cruzó el pasillo y se dirigió al amplio salón.
No había oscurecido todavía. El salón ofrecía una vista espectacular del cielo, veteado por los resplandecientes colores de la puesta de sol. Esa noche, sin embargo, el horizonte infinito le hacía sentirse expuesta y, sola.
Ni un solo rostro amable le dio la bienvenida cuando entró en la estancia. Los hombres que representaban a la empresa de relaciones públicas le parecieron particularmente hostiles.
Dirk era alto, delgado, taciturno y tenía una perpetua sombra de barba mal afeitada. Era el estereotipo de matón que salía en las películas de gánster's. Parecía como si su cara fuera a resquebrajarse si se decidía a sonreír.
Ralph resultaba la antítesis de Dirk. Rechoncho, fuerte y alegre, andaba siempre gastando bromas, más por molestar que para divertir. Cuando se encontraba nervioso, jugueteaba con las monedas de su bolsillo y, en ese momento, estaban muy atareadas: resonaban más que las campanas de un trineo.
Por lo que Bella sabía, ninguno de los dos había declarado tener un apellido. Ella suponía que la finalidad de esa omisión era promover una relación de trabajo más amistosa entre ellos y sus clientes. Pero, en lo referente a Bella, el truco no funcionaba. Carlisle se hizo cargo de la situación.
-Jasper, por favor, clarifica lo que acabas de decirnos en el comedor.
Jasper se ahorró todos los rodeos y le preguntó directamente a Bella:-¿Has abortado?
Sus labios se abrieron, pero fue incapaz de emitir sonido alguno. Edward contestó por ella:
-Sí, ha abortado.
Esme dio un respingo como si una flecha acabara de traspasar su delgado cuerpo. Profundos surcos cubrieron la frente de Carlisle. Emmett y Rosalie se quedaron mirando a Bella incrédulos.
-¿Tú lo sabías? -quiso saber Jasper.
-Sí.
-¿Y no se lo dijiste a nadie?
-No era asunto de nadie -contestó Edward furioso.
-¿Cuándo ocurrió? -quiso saber Carlisle-. ¿Ha sido recientemente?
-No. Antes del accidente de avión. Justo antes.
-Estupendo -murmuró Jasper-. Cojonudo.
-¡Cuidado con tus expresiones delante de mi esposa, señor Withlock! -rugió Carlisle.
-¡Lo siento, Carlisle! -replicó a gritos-. Pero ¿tienes idea de cómo puede esto afectar a la campaña si se hace público?
-Claro que lo sé. Pero debemos tener el cuidado de no responder de forma barriobajera. ¿De qué nos servirá ahora chillar? -Cuando se hubieron aplacado los ánimos, preguntó-: ¿Cómo te has enterado de esta... abominación?
-La enfermera llamó esta tarde a la sede de la campaña y preguntó por Edward -les informó Jasper- Él ya se había marchado, de modo que atendí yo la llamada. Me contó que Jessica había ido a la consulta, embarazada de seis semanas, y que pidió la interrupción del embarazo.
Bella se recostó en el brazo tapizado del sofá y cruzó los brazos sobre el estómago.
-¿Tenemos que hablar de esto en presencia de esos dos? -Señaló al dúo de las relaciones públicas.
-Fuera -dijo Edward gesticulando hacia la puerta.
-Un momento -se opuso Jasper-. Tienen que saber todo lo que está ocurriendo.
-No en lo que se refiere a nuestras vidas personales.
-Todo, Edward -intervino Dirk-. Hasta el desodorante que utilizas. Ninguna sorpresa, ¿recuerdas? Especialmente las desagradables. Lo dejamos claro desde el principio.
Edward parecía a punto de explotar. -¿Qué amenazó con hacer la enfermera?
-Contárselo a todos los medios de comunicación. ¿O si no?
-Debíamos pagar para que mantuviera la boca cerrada.
-Chantaje -dijo Ralph, tocando una pequeña tonadilla con las monedas que llevaba en el bolsillo-. No es que sea muy original.
-Pero eficaz -concluyó Jasper secamente-. Consiguió que me interesara. Podrías haberlo echado todo a perder, lo sabes -le espetó a Bella.
Atrapada en su propia mentira, Bella no tenía más elección que soportar el desprecio de la familia. No le importaba lo que pensaran los demás de ella, pero se sentía morir al imaginar lo traicionado que debía de sentirse Edward.
Jasper se dirigió a grandes zancadas hacia el bar y se sirvió un whisky.
-Estoy abierto a cualquier sugerencia.
-¿Qué pasa con el doctor? -le preguntó Dirk.
-La enfermera ya no trabaja allí.
-¿Ah, no? -Ralph dejó de jugar con las monedas-. ¿Cómo es eso?
-No lo sé.
-Entérate.
Bella que había dado la orden secamente, se puso de pie. Se le ocurrió sólo una manera de redimirse ante los ojos de Edward, y era ayudarlo a salir de ese lío.
-Entérate de por qué ya no trabaja para ese doctor, Jasper. Quizá la despidió por incompetente.
-¿Ese doctor, Jessica? Es una doctora. Por Dios, ¿es que ni siquiera te acuerdas?
-¿Quieres mi ayuda en este asunto o no? -le replicó en un tono duro, haciendo caso omiso de su terrible error-. Si la enfermera fue despedida, no resultaría una extorsionista muy creíble, ¿verdad?
-Lo que dice Jessica tiene cierto sentido -comentó Ralph, y echó una mirada a aquellos rostros preocupados.
-Tú nos has metido en este lío -la inculpó Jasper, avanzando hacia ella-. ¿Tienes intención de enfrentarte al asunto?
-Sí -contestó desafiante.
Casi se pudieron oír los engranajes de los pensamientos mientras los ocupantes de la habitación consideraban el asunto seriamente.
El silencio lo rompió Esme:
-¿Qué pasa si ella tiene tu historial clínico?
-Las fichas pueden falsificarse, especialmente las copiadas. Seguiría siendo mi palabra contra la suya.
-No podemos mentir -objetó Edward.
-¿Y por qué demonios no? -quiso saber Dirk. Ralph se echó a reír.
-Mentir es parte del asunto, Edward. Si quieres ganar, tienes que mentir con mayor convicción que RoryDekker, eso es todo.
-Aunque llegue a senador, seguiré teniendo que mirarme al espejo cada mañana -arguyó Edward, con el ceño fruncido.
Bella se puso delante de Edward y colocó las manos sobre sus brazos.
-Yo no tendré que mentir. Y tú tampoco. Nadie se enterará nunca del aborto. Si la obligamos a poner las cartas boca arriba, se retirará. Casi puedo garantizarte que ninguna cadena de televisión local le hará caso alguno, especialmente si la han despedido del trabajo.
Si la enfermera iba con su historia a Harry Clearwater -y KTEX sería seguramente su primera elección, porque era la que tenía mayor audiencia-, él acabaría con el cuento. Si ofrecía la primicia a otros...
De pronto Bella se volvió hacia Jasper y preguntó: -¿Te ha comentado si tenía algún testigo?
-No.
-Entonces, ningún periodista serio lo publicará.
-¿Y cómo demonios lo sabes? -preguntó Emmett desde el otro extremo de la habitación.
-He visto Todos los hombres del presidente.
-Los periódicos sensacionalistas lo publicarían sin tener pruebas.
-Es posible, pero esos medios de comunicación no tienen credibilidad alguna. Si nosotros ignoramos noblemente una historia tan escandalosa, los lectores llegarán a considerarlo una sórdida mentira.
-¿Qué pasa si la noticia llega hasta Dekker y su equipo? Lo irán pregonando de punta a punta.
-¿Y qué si lo hace? -replicó Bella-. Es una historia muy fea. ¿Quién podría creerse que yo haría una cosa así?
-¿Y por qué lo hiciste?
Bella se volvió a mirar a Esme, que había formulado la sencilla pregunta. Parecía encontrarse desolada, sufriendo por su hijo. A Bella le hubiera gustado poder darle una respuesta satisfactoria, pero no era el caso.
-Lo siento Esme, pero eso es algo entre Edward y yo -contestó por fin-. En aquel momento parecía lo más correcto.
Esme se estremeció de repugnancia.
A Jasper no le importaban nada los aspectos sentimentales del problema. Estaba dando grandes zancadas de un lado al otro de la habitación.
-Dios, a Dekker le encantaría tener esta noticia. Ya se ha metido en el bolsillo a todos esos entusiastas partidarios de la vida. Son unos fanáticos. No quiero ni pensar lo que podría llegar a hacer si se enterara de todo esto. Haría pasar a Jessica por asesina.
-Parecería como si nos estuviera tirando barro -le contradijo Bella- a no ser que pudiera demostrarlo sin lugar a dudas, cosa que le resultará imposible. Los votantes se pondrían de nuestro lado.
Dirk y Ralph se miraron y se encogieron simultáneamente de hombros. Dirk dijo:
-Todo lo que ella dice tiene cierta validez, Jasper. Cuando la enfermera se vuelva a poner en contacto contigo, dile que adelante, que lo cuente todo. Seguramente no tiene gran cosa que decir y se asustará fácilmente.
Jasper se estaba mordiendo los labios. -No lo sé. Es un riesgo.
-Pero es lo mejor que podemos hacer. -Carlisle se levantó del sillón y extendió una mano hacia Esme-. Ustedes resolveran lo que queda de este asqueroso asunto. No quiero oír hablar de ello nunca más.
Ni él ni Esme se dignaron mirar a Bella al salir de la habitación.
Rosalie se dirigió al mueble bar. Emmett miraba con tanta malevolencia a la mujer de su hermano que no se dio cuenta ni intentó detenerla.
Aparentemente, ninguno de la familia sabía nada del embarazo ni del aborto de Jessica hasta esa noche. El acontecimiento resultaba una sorpresa para todos, incluso para Bella que tampoco estaba del todo segura y que había perdido al apostar a que nadie se enteraría.
-¿Tienes algún cadáver más metido en el armario?
Edward se dio la vuelta con celeridad y se enfrentó a su hermano con más ira de la que Bella le había visto jamás mostrar con alguien de la familia. Tenía las manos cerradas en un puño. -¡Cállate, Emmett!
-¡No le digas que se calle! -exclamó Rosalie, dejando de golpe la botella de vodka sobre el mueble-. No es culpa suya que tu mujer sea una puta.
-¡Rosalie!
-O ¿que no lo es? Se deshizo de un bebé a propósito, mientras que los míos..., los míos...
Los ojos se le llenaron de lágrimas. Se volvió de espaldas. Emmett aspiró una bocanada de aire, bajó la cabeza y murmuró -Lo siento, Edward.
Se dirigió a su llorosa mujer, le puso un brazo alrededor de su cintura y salió con ella de la habitación. A pesar de toda la aversión que sentía hacia Emmett, a Bella la conmovió el amable gesto. Lo mismo le ocurrió a Rosalie, lo miró con gratitud y amor.
Dirk y Ralph, insensibles al drama familiar, habían seguido hablando entre ellos.
-Este viaje te quedarás en casa -le dijo Dirk perentoriamente a Bella.
-Yo estoy de acuerdo -añadió Jasper.
-Eso depende de Edward -replicó ella.
El rostro de Edward aparecía frío e impasible. -Te quedas.
Bella estaba a punto de llorar, pero de ninguna manera quería hacerlo delante de Dirk, de su compañero y del indómito hombre de hielo, JasperWithlock.
-Perdoname.
Con altivez, pero rápidamente salió de la habitación. Edward la siguió. La alcanzó en el pasillo y la obligó a que lo mirara.
-Tus mentiras no tienen límite, ¿verdad, Jessica?
-Ya sé que esto tiene mal aspecto, Edward, pero...
-¿Mal aspecto? -Con amargura e incredulidad sacudió la cabeza-. Si ya lo habías hecho, ¿por qué no lo admitiste? ¿Por qué decirme que nunca hubo un hijo?
-Porque me daba cuenta del mucho daño que te estaba haciendo.
-¡Mierda! ¡Te dabas cuenta del daño que te estaba haciendo a ti!
-No -rechazó, sintiéndose miserable.
-Haces que ponga las cartas boca arriba, no hay testigos, fichas falsificadas -citó todas sus anteriores sugerencias- Si te pillaban, tenías la vía de escape bien preparada, ¿verdad? ¿Cuántas mentiras más me ocultas?
-He hecho esas sugerencias para protegerte a ti. A ti, Edward.
-Claro que sí. -Frunció los labios con cinismo-. Si hubieras querido hacer algo por mí, no habrías abortado. Aún mejor, no te habrías quedado embarazada. ¿O pensaste que un niño te conseguiría un billete a Washington? -La soltó de pronto, retirando las manos como si no soportara tocarla-. No te cruces en mi camino. No puedo soportar tu presencia.
Regresó al salón, donde lo esperaban sus consejeros. Bella se derrumbó contra la pared y se cubrió la boca con las manos para mitigar el sonido de sus sollozos.
En otro intento de expiar los pecados de Jessica, lo único que había conseguido era apartar todavía más a Edward.
A la mañana siguiente, Bella se despertó sintiéndose terriblemente débil. Tenía la cabeza abotargada y los ojos hinchados le escocían a causa de las lágrimas vertidas antes de dormirse. Se puso una bata ligera y llegó tambaleándose al cuarto de baño.
En cuanto hubo atravesado el dintel de la puerta, se apoyó contra la pared y, horrorizada, leyó el mensaje que aparecía escrito sobre el espejo con su propio pintalabios.
«Puta estúpida. Casi lo has echado todo a perder.»
El terror la paralizó durante unos instantes y, a continuación, tuvo una descarga de adrenalina. Corrió hacia el armario, se vistió a toda prisa, se detuvo el tiempo suficiente para borrar el mensaje del espejo y huyó de la habitación como si la persiguieran los demonios.
En el establo sólo necesitó un par de minutos para ensillar el caballo. Recorrió el campo abierto a galope, poniendo distancia entre ellay esa hermosa casa que encubría tanta traición. A pesar de que los primeros rayos de sol le calentaban el cuerpo, se le ponía la piel de gallina cuando recordaba que alguien había entrado a escondidas en su habitación mientras ella dormía.
Quizás Harry y Marco tuvieran razón. Estaba loca al intentar seguir con aquella suplantación, pues podía acabar perdiendo la vida por culpa de las manipulaciones de otra mujer; ¿acaso alguna historia valía tanto? Era una tontería no marcharse antes de que la descubrieran.
Podría desaparecer, ir a algún otro lugar, asumir una nueva identidad. Era lista e ingeniosa, le interesaban muchas cosas. El periodismo no era el único campo en el que valía la pena hacer un esfuerzo.
Pero esas alternativas estaban generadas por el pánico y el temor. Bella sabía que nunca las llevaría a cabo. No podría llegar a suportar otro fracaso profesional, especialmente algo de tal magnitud. ¿Y qué pasaría si, mientras tanto, Edward perdía la vida? Él y Nessie le importaban ahora más que cualquier otra cosa. Era imprescindible quedarse. Con las elecciones a sólo unas pocas semanas, se vislumbraba ya el final.
Tal como confirmaba el mensaje en el espejo, la imprevista actuación de Jessica había puesto nervioso al enemigo de Edward. La gente nerviosa cometía errores. Tendría que estar atenta y no perderse detalle, y, paralelamente, tener cuidado para no quedar ella misma al descubierto.
Las cuadras continuaban desiertas cuando regresó con el caballo. Lo desensilló, le dio un cubo de comida y empezó a cepillarlo. -Te he estado buscando.
Alarmada, dejó caer el cepillo y se dio la vuelta.
-¡Edward! -se puso una mano sobre el corazón-. No te he oído entrar. Me has asustado.
Estaba de pie a la entrada del establo. Shep se encontraba sentado obedientemente a sus pies, con la lengua fuera.
-Nessie está pidiendo tus torrijas para desayunar. Le he dicho que iría a buscarte.
-He salido a montar -dijo, afirmando lo obvio.
– ¿Qué ha pasado con tu ropa elegante?
-¿Perdona?
-Aquellos...
Hizo un gesto con las manos por el exterior de los muslos.
-¿Los pantalones de montar? -Los tejanos y las botas que llevaba no eran en absoluto elegantes. El faldón de la sencilla camisa de algodón le colgaba por encima de las caderas-. Me siento ridícula si me los pongo.
-¿Ah, sí?
Se volvió para marcharse.
-Edward. -Cuando él se dio de nuevo la vuelta, ella se humedeció nerviosamente los labios-Ya sé que todo el mundo está furioso conmigo, pero tu opinión es la única que me importa. ¿Me odias?
Shep se estiró sobre el fresco suelo de cemento del establo y apoyó la cabeza en las patas delanteras, mirándola con ojos tristones.
-Será mejor que vuelva con Nessie -dijo Edward-. ¿Vienes?
-Sí, iré enseguida.
Sin embargo, ninguno de los dos hizo movimiento alguno. Se quedaron allí, mirándose. Excepto por algún que otro pateo de una pezuña o el resollar de un caballo, todo estaba en silencio. Motas de polvo bailoteaban entre los rayos de sol que se introducían por las ventanas. El aire era tranquilo y se propagaban los placenteros aromas del heno, de los caballos y del cuero. Y del deseo.,
De pronto a Bella le pareció que la ropa la oprimía, que el cabello resultaba demasiado pesado para su cabeza y que la piel era demasiado pequeña para contener su abundante cuerpo. Deseaba ardientemente acercarse a Edward y rodearle la cintura con los brazos. Quería descansar la mejilla sobre su pecho y sentir el palpitar de su corazón tal como ocurrió el día que la poseyó. Ansiaba que la tomara de nuevo con deseo y pasión, aun cuando lo único que él deseara fuese una gratificación a corto plazo.
El deseo que se había apoderado de su cuerpo se mezclaba con la desesperación, y la mezcla resultaba insoportable. Apartó la mirada y se puso a acariciar el hocico aterciopelado del caballo. El animal se apartó de su avena y le golpeó con afecto el hombro.
-No lo entiendo.
Ella volvió a mirarlo con atención.
-¿Qué no entiendes?
-Antes echaba humo por las orejas si te acercabas a él. Querías que lo vendiéramos a la fábrica de pegamento. Ahora seacarician el uno al otro. ¿Qué ha ocurrido?
Bella lo miró fijamente a los ojos y, en tono dulce, contestó: -Ha aprendido a confiar en mí.
Edward entendió el mensaje. No había lugar a dudas. Le sostuvo la mirada durante mucho tiempo y, luego, le dio un golpe suave al perro con la punta de la bota.
-Vamos, Shep. -Por encima del hombro le recordó-Nessie está esperando.
Afirmo y reafirmo que Jessica era una perra, pobre Bells siempre pasando por situaciones que la separan mas y mas de Edward!
Llegara Edward a ver las diferencias con su vieja Jessica y la nueva Jessica?
凸(^_^)凸
Gracias por cada comentario y reviews que dejan, las adoro, son las mejores lectoras!
Subo otro capitulo mas!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
