Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
***CAPITULO LEMMON***LEER BAJO SU RESPONSABILIDAD***
Capítulo 38
Nessie insistió en quitarse el camisón y ponerse la camiseta que le daba Edward, a pesar de que era más de medianoche y estaba más cerca la hora del desayuno que la de acostarse.
-Ahora ya eres una majorette de los Vaqueros de Alaska -le dijo mientras se la metía por la cabeza.
La niña admiró las chillonas letras plateadas que decoraban su nueva camiseta y le dedicó a Edward una seductora sonrisa. - Gracias, papá.
Dio un enorme bostezo, recuperó el osito y volvió a descansar la cabeza sobre la almohada.
-Ya está aprendiendo a ser una mujer.
-¿Qué quieres decir exactamente con ese comentario? - preguntó Bella mientras se dirigían a su dormitorio al otro lado del salón.
-Aceptó la mercancía, pero no me ofreció ni un abrazo ni un beso a cambio.
Bella se apoyó las manos en las caderas. -¿Crees que debería contarles a las votantes femeninas que, detrás de tu defensa pública del feminismo, no eres más que un podrido machista?
-Por favor no. Necesito todos y cada uno de los votos.
-Me pareció que fue todo muy bien esta noche.
-Cuando por fin aparecí, querrás decir.
-Y antes también. -El tono confidencial hizo que Edward levantara la cabeza
- Gracias por defender mi honor, Edward.
-No tienes por qué agradecérmelo.
Intercambiaron una mirada larga y luego Bella empezó a desvestirse. Entró en el cuarto de baño, se dio una ducha rápida, se puso un salto de cama y le cedió el cuarto de baño a Edward. Estirada en la cama, oyó correr el agua mientras Edward se lavaba los dientes. Tras haber compartido otras suites de hotel, sabía que nunca volvía a colgar la toalla después de usarla, sino que siempre la dejaba húmeda y tirada al lado del lavabo.
Cuando salió del cuarto de baño, giró la cabeza, con la intención de gastarle una broma acerca de aquella mala costumbre. Nunca llegó a pronunciar las palabras.
Estaba desnudo. Tenía la mano sobre el interruptor de la luz, pero miraba a Bella, que se incorporó, con una expresión interrogativa en sus ojos.
-En el pasado - habló él, en un ronco susurro - podía hacerte desaparecer de mis pensamientos. Ya no puedo. No sé por qué. No sé qué estás haciendo ahora que no hicieras antes, o que no estás haciendo que antes sí hacías, pero me resulta imposible ignorarte y fingir que no existes. Nunca te perdonaré lo del aborto, ni las mentiras que me has contado; pero cosas como lo que ha pasado esta noche en el coche hacen más fácil olvidar. Desde aquella noche en Alaska, soy como un adicto que ha descubierto una droga nueva. Te deseo muchísimo, y te necesito constantemente. Luchar contra estos sentimientos me está volviendo loco e insoportable. Las últimas semanas no han sido divertidas para mí ni para los que me rodean. Así que, mientras seas mi esposa, voy a ejercer mis derechos conyugales. -Hizo una pausa-. ¿Tienes algo que decir?
-Sí.
-Adelante.
-Apaga la luz.
La tensión desapareció de aquel cuerpo espléndido y una sonrisa apareció en la comisura de sus labios. Apagó la luz, se metió en la cama y la abrazó.
Fue como si el camisón se volatilizara bajo las caricias de sus manos. Antes de que Bella tuviera tiempo de pensárselo se encontraba ya desnuda debajo de él, sintiendo en la piel el recorrido de las yemas de sus dedos. De vez en cuando, él apartaba sus labios y tomaba una muestra del sabor de la garganta, del pecho, de los hombros, del estómago.
El deseo la invadió, un continuo aumento y descenso de sensaciones hasta que incluso las extremidades le vibraban por la excitación. Su cuerpo estaba sensibilizado a cada uno de los matices de él, desde los cabellos que le caían sobre la frente, rozándole a ella la piel cada vez que él bajaba la cabeza para besarla de nuevo, hasta la potencia de los delgados muslos, entrelazándose con los suyos para separarlos poco a poco después.
Edward hizo palanca con los brazos preparado para penetrarla, y ella prolongó el momento reteniendo su caja torácica entre las manos y restregando el rostro contra el vello de su pecho. Le rozó varias veces los pezones con los besos de sus labios, y los roncos gemidos de Edward fueron su recompensa.
Ansiosamente, se buscaron con la boca. Los besos de Edward eran ardientes, dulces, profundos, y eso fue lo que él dijo del cuerpo de Bella cuando lo reclamó.
Nessie, cabalgando sobre los hombros de Edward, chillaba mientras éste se inclinaba y se tambaleaba como si estuviera a punto de caerse con ella encima. La niña se aferraba a su pelo, cosa que provocaba pequeños gritos de su padre.
-¡Callense los dos! -los reprendió Bella-. Conseguiran que nos echen del hotel.
Estaban recorriendo el largo pasillo que iba desde el ascensor hasta la suite, después de haber desayunado en el restaurante de abajo. Habían dejado a Carlisle y a Esme tomando café, porque Nessie estaba poniéndose nerviosa. El ambiente formal del comedor no era sitio para una nena llena de energía y vitalidad.
Edward le pasó a Bella la llave de la suite. Entraron. El salón estaba lleno de gente ocupada en algo.
-¿Qué está ocurriendo aquí? -se extrañó Edward mientras bajaba a Nessie al suelo.
Jasper levantó la vista de los periódicos matinales y retiró una pastita que sostenía entre los dientes.
-Necesitamos reunirnos, y tú eres el único que tiene un salón.
-Ponganse cómodos -dijo Edward con sarcasmo.
Ya lo habían hecho. Se veían bandejas de zumo, café y pastas por todas partes. Alice daba cuenta de un panecillo en forma de rosca, mientras leía una revista de modas, sentada con las piernas cruzadas sobre la cama. Rosalie sorbía algo, que parecía un bloody mary y miraba ausentemente por la ventana. Emmett estaba al teléfono, taponándose el otro oído con un dedo. Ralph miraba el Today Show. Dirk repasaba el armario de Edward con el ojo evaluador de un comprador experto en unas rebajas.
-Tu actuación de anoche ha merecido una buena crítica -comentó Jasper, mordisqueando la pasta.
-Estupendo.
-Me llevaré a Nessie a la otra habitación -dijo Bella.
Puso las manos sobre los hombros de la niña y la dirigió hacia la puerta corredera.
-No, quédate - la detuvo Dirk, apartándose del armario-. Sin rencores por lo de anoche, ¿de acuerdo? Todos hemos estado soportando una gran presión. Ahora todo ha quedado claro.
Aquel hombre era insufrible. Bella tenía ganas de golpearlo, a ver si así le desaparecía esa sonrisa hipócrita de la cara. Miró a Edward, que ignorando al experto, le indicó: -Supongo que será mejor que te quedes.
Emmett colgó el teléfono. -Todo listo. Edward tiene una entrevista en directo por el quinto canal a las cinco en punto. Tenemos que estar allí antes de las cuatro y media.
-Estupendo. -Ralph se frotó las manos-. ¿Sabes algo de las emisoras de Alaska?
-Ya tengo llamadas.
Sonaron unos golpes en la puerta. Eran Carlisle y Esme. Un hombre, desconocido para Bella, los acompañaba. Alice bajó de la cama de un salto y abrazó a sus abuelos; desde su llegada a Fort Worth, estaba de excelente humor.
-Buenos días, Alice. - Esme echó una mirada desaprobadora a la minifalda y a las rojas botas vaqueras de su nieta, pero no dijo nada.
-¿Quién es? -preguntó Edward, señalando al hombre que esperaba en el umbral de la puerta.
-Hemos avisado al barbero. - Dirk dio un paso adelante e hizo entrar al aturdido hombre-. Siéntate Edward, y deja que empiece. Puede ir cortándote el pelo mientras hablamos. Algo conservador - le indicó al barbero, que cubrió los hombros de Edward con un peinador a rayas blancas y azules y le pasó un peine por el cabello. - Aquí tienes - dijo Ralph, colocando un montón de papeles bajo la nariz de Edward -. Míratelos.
-¿Qué son?
-Tus discursos de hoy.
-Ya he escrito mis discursos.
Nadie le hizo caso ni se dio por enterado. Sonó el teléfono. Emmett contestó.
-El canal cuatro -les informó excitado, con la mano cubriendo el aparato.
Encontrándose en su salsa, Dirk tomó la palabra: -Esme, Carlisle, busquen asientos, por favor, y vayamos al grano. Se nos está pasando la mañana. Como ha dicho Jasper, tuvimos un gran éxito anoche en Billy Bob's y conseguimos muchos dólares para la campaña. Dios sabe que los necesitamos. Una vez se pierde el ímpetu, los seguidores dejan de contribuir.
-Aunque ahora estemos perdiendo por un buen margen, no queremos que parezca que nos estamos rindiendo -añadió Ralph, haciendo tintinear las monedas de su bolsillo.
-Los del canal cuatro han dicho que estarán en General Dynamics para grabar un buen trozo del discurso de Edward, pero eso es todo lo que han prometido -informó Emmett tras colgar el teléfono.
Dirk asintió con la cabeza.
-No es una maravilla, pero es mejor que nada.
-Verás, Edward -continuó Ralph, como si la segunda conversación no existiera-. Incluso si pierdes, no te interesa que parezca que te has rendido.
-No voy a perder -afirmó, miró a Bella y le guiñó un ojo.
-Bueno, no, claro que no -tartamudeó Ralph, sonriendo incómodo-. Sólo quería decir...
-No le está cortando bastante -le dijo agriamente Dirk al barbero- Le he dicho con-ser-va-dor.
Edward apartó las manos del barbero. -¿Qué es esto?
Señaló un párrafo de los discursos que le habían escrito. De nuevo lo ignoraron.
-Oye, escucha esto. -Jasper leyó un párrafo de uno de los periódicos- Dekker se atreve a acusarte de demagogo.
-Creo que empieza a tener miedo -opinó Carlisle, llamando la atención de Dirk.
-Carlisle, quiero que te sitúes en un lugar preferente cuando Edward hable en General Dynamics esta tarde. Esos contratos militares los mantienen vivos. Ya que tú eres un ex piloto, quedarás bien.
-¿Tengo que ir yo? ¿Y Nessie también? - preguntó Esme.
-A mí no me importa quedarme con Nessie - se ofreció Rosalie.
-Vamos todos. - Dirk frunció el ceño al mirar el vaso vacío en la mano de Rosalie-. Y todos estaremos de punta en blanco. La limpia imagen de Norteamérica. Y eso también va por ti, señorita -le indicó a Alice-. Nada de minifaldas.
-¡Vete a tomar por culo!
-¡Alice Cullen! - Bramó Carlisle-. Te mandaré de inmediato a casa si vuelves a utilizar ese lenguaje.
-Lo siento -murmuró entre dientes-. ¿Pero quién es este imbécil para decirme cómo tengo que ir vestida?
Dirk, impertérrito, se volvió hacia Bella:
-Tú generalmente vas bien en lo que se refiere a ropa. No te pongas nada demasiado llamativo hoy. Son gente trabajadora. Edward, te he elegido el traje gris.
-No olvides recordarle lo de la camisa -intervino Ralph. -Ah, sí, ponte una camisa azul, no blanca. El blanco no sale tan bien por televisión.
-Todas mis camisas azules están sucias.
-Te dije que las mandaras a lavar cada día.
-Pues se me ha olvidado, ¿vale? -De pronto se dio la vuelta y le arrebató las tijeras al barbero-. No quiero que me corte más el pelo. Me gusta tal como está.
En un tono de voz que podría haber utilizado con Nessie, Dirk dijo: -Está demasiado largo, Edward.
En medio segundo se levantó de la silla.
-¿Quién lo dice? ¿Los votantes? ¿Los trabajadores de General Dynamics? ¿Los espectadores del quinto canal? ¿O sólo tú?
Bella tenía ganas de aplaudir. A diferencia de todos los demás, no se había involucrado en el caos a su alrededor, sino que se mantuve observando a Edward, que, cuanto más leía de los papeles que Ralph le había dado, más fruncía el ceño. Intuyó que estaba a punto de perder la calma, y acertó.
De un estirón, se quitó el peinador, dejando que los recortes de pelo se esparcieran por la habitación. Hundió la mano en el bolsillo, sacó un billete de cincuenta dólares, se lo dio al barbero y acompañó al hombre hasta la puerta.
-Muchas gracias.
Cerró la puerta tras él. Cuando se volvió hacia los presentes en la habitación, la expresión de su rostro era tan siniestra como las nubes bajas que todavía cruzaban el cielo.
-La próxima vez Dirk, te avisaré yo personalmente cuando necesite un corte de pelo, si es que llego a considerarlo asunto tuyo, lo cual, francamente, no me lo parece. Y agradecería también que no te metieras en mi armario y que me consultaras antes de instalarte en las habitaciones de mi familia.
-No había ningún otro lugar para reunirnos - lo disculpó Jasper.
-¡Y un carajo, Jasper! -chilló, volviéndose hacia su amigo, que se había atrevido a intervenir-. Este hotel tiene varios cientos de habitaciones. Pero, ya que están aquí -agregó, recogiendo las hojas de papel que había tirado sobre la cómoda-, me gustaría saber qué demonios significa esto.
Ralph se inclinó sobre los papeles, leyó unas líneas y explicó: -Es lo que opinas de la nueva ley de educación.
-¡Para nada! Esto es una basura, eso es lo que es. -Golpeó la hoja de papel con el revés de la mano-. Una basura insulsa, blanqueada, aguada.
Esme se levantó de la silla.
-Me llevaré a Nessie a la otra habitación para que pueda ver la televisión.
Tomó a la niña de la mano. -Tengo que hacer pipí, abuela.
-De acuerdo, cariño. Alice, quizá quieras acompañarnos.
-Demonios, no. No me movería de aquí ni por diez millones de dólares -dijo desde donde estaba sentada en medio de la cama. Desenvolvió otro trozo de chicle y lo agregó al que ya tenía en la boca. Cuando se hubo cerrado la puerta tras Esme y Nessie, Ralph se aventuró a ofrecer una explicación conciliatoria.
-Simplemente pensamos, Edward, que tu postura acerca de algunos de los temas debería suavizarse.
-¿Sin consultarme? -Se acercó peligrosamente a aquel hombre mucho más bajo que él-. Da la casualidad de que es mi opinión -añadió, golpeándose el pecho-, precisamente la mía.
-Estás perdiendo puntos en los sondeos -señaló el hombre, en un tono de voz moderado.
-Eso estaba ocurriendo ya antes de que los contratáramos. He perdido muchos más puntos desde que están ustedes.
-Porque no has seguido nuestros consejos.
-¡Nanay! -negó Edward, sacudiendo tenazmente la cabeza-. Creo que es porque los estoy siguiendo demasiado.
Jasper se puso de pie. -¿Qué insinúas, Edward?
-Nada en absoluto. Estoy afirmando claramente que no necesito a nadie para que me escoja las camisas y los trajes y llame al barbero. Estoy diciendo que no quiero a nadie que ponga palabras en mi boca, que no quiero a nadie que suavice mi postura hasta que esté tan aguada que ni siquiera yo la reconozco. La gente que ha puesto su confianza en mí, basándose en esas opiniones creería que me he vuelto loco. O, peor todavía, que los he traicionado.
-Estás exagerando muchísimo.
Edward se enfrentó a su hermano. - No es tu pelo el que están intentando cortar, Emmett -replicó acaloradamente.
-Pero podría serlo. Estoy tan metido en esto como tú.
-Entonces, tendrías que saber lo importante que es para mí ser yo mismo.
-Lo eres -intervino Jasper.
-¡Una mierda! ¿Qué pasa con mi forma de vestir? -Señaló la ropa que se había puesto para desayunar-. ¿De verdad les parece que a los trabajadores de General Dynamics les importa el color de mi camisa? ¡Claro que no! Ellos lo que quieren saber es si soy partidario de un fuerte programa de defensa o si voy a votar a favor de un recorte en el presupuesto, porque puede que mi voto en el Senado llegue a determinar si seguirán o no teniendo trabajo durante los próximos años. -Se detuvo unos instantes para respirar y se pasó la mano por el cabello que, para satisfacción de Bella, no había sufrido demasiado a manos del barbero-. Miren chicos, éste soy yo. - Levantó los brazos hasta que quedaron perpendiculares a su cuerpo - Esto es lo que hay. Así es como me presenté en su momento a los votantes. Cambienme, y no me reconocerán.
-No queremos cambiarte, Edward - dijo Dirk, en un tono cordial. Sólo mejorarte.
Golpeó amistosamente a Edward en el hombro, pero Edward le apartó la mano.
-Caballeros, quisiera hablar con mi familia en privado, por favor.
-Si hay algo que discutir...
Edward levantó el brazo para evitar sus objeciones. - Por favor.
Se dirigieron hacia la puerta a regañadientes. Dirk miró a Jasper con complicidad al salir.
-Jessica, ¿me servirías una taza de café, por favor?
-Por supuesto.
Cuando ella se levantaba para cumplir la petición, Edward se dejó caer en un sillón. Le trajo el café y se sentó en el brazo tapizado del sillón. Edward tomó la taza con una mano y, en un gesto natural, colocó la otra sobre la rodilla de Bella.
-Menudo discurso - comentó Jasper.
-Lo he intentado a tu manera, Jasper. En contra de mi sano juicio, dejé que los contrataras. -Su mirada era tan directa como sus palabras-. No me gustan.
-Hablaré con ellos y les diré que se controlen un poco.
-Espera -lo detuvo Edward, cuando Jasper se dirigía hacia la puerta-. Eso no será suficiente. No escuchan.
-De acuerdo, les diré que, a finales de este viaje, queremos una mejora drástica en los sondeos o, si no...
-Sigue sin ser suficiente.
-Entonces, ¿qué sugieres?
Edward miró a todos los presentes en la habitación, y se mostró firme: -Despídelos.
-¿Despedirlos? -se revolvió Emmett-. No podemos hacer eso.
-¿Por qué no? Pudimos contratarlos, ¿no?
-No se puede despedir a una empresa como Wakely and Foster así por las buenas. Nunca más podrías utilizar sus servicios.
-No lo considero una gran pérdida.
-No puedes hacerlo -se obstinó Emmett, tercamente.
-Edward, te ruego que medites todo esto con cuidado -le suplicó Jasper.
-Ya lo he hecho. No me gustan. No me gusta lo que intentan hacer.
-¿Qué es?
El tono de voz de Emmett fue sarcástico y su postura, agresiva. -Intentar convertirme en lo que ellos creen que debería ser. De acuerdo, quizá necesite que me acicalen un poco, o ser un poco más fino, pero no me gusta que me ordenen las cosas. Y, por supuesto, no me gusta que me pongan palabras en la boca cuando ni siquiera estoy de acuerdo con ellas.
-Lo único que estás haciendo es ponerte terco -le reprochó Emmett-. Igual que cuando eras niño. Si te decía que no podías hacer una cosa, eso era exactamente lo que decidías hacer, sólo para dejarme en ridículo.
Edward exhaló un largo suspiro. -Emmett, siempre he tomado en serio tus consejos, y siempre han sido buenos. No quiero diferir contigo en esta decisión...
-Pero eso es lo que estás haciendo, ¿no te parece?
-Fue decisión mía también -replicó Edward, levantando la voz-. Ahora he cambiado de opinión.
-¿Así como así? -saltó Jasper, chasqueando los dedos-. ¡Cuando sólo faltan unas pocas semanas para las elecciones, quieres cambiar de caballo a media carrera!
-¡No, demonios, eso es lo que ellos están intentando hacer! -De un brinco se levantó del sillón y señaló la puerta por la que habían salido los dos personajes que estaban en discusión-. Querían moldearme y cambiarme hasta que ni siquiera me reconocieran los votantes que me han apoyado desde el principio. Eso sería venderme. No parecería mucho mejor que Dekker; más resbaladizo que una mierda de búho, un hipócrita, un mentiroso. -Se enfrentó a un muro de oposición silenciosa por parte de Jasper y de su hermano. Se volvió hacia Carlisle-. Papá, échame una mano.
-¿Por qué me pides ayuda ahora? Ya has dejado que la ira se apodere de ti. Nunca te enfadas, Edward. Sobreponte por encima de todo.
-¿Cómo?
-Ganando.
-¿Callándome la boca y aceptando sus consejos?
-A no ser que te parezca que te están comprometiendo.
-Pues eso es exactamente lo que pienso. Preferiría perder las elecciones, siendo yo mismo, que ganarlas sabiendo que he tenido que hacer concesiones en todos los puntos que defiendo. Lo siento mucho si no están de acuerdo conmigo.
-Yo estoy a favor de Jasper -se pronunció Alice- si a alguien le interesa mi opinión.
A nadie le interesa -le contestó Emmett. -¿Jessica?
Se había abstenido de entrar en la discusión verbal. Tenía intención de callar hasta que Edward no le preguntara su opinión. Ya que lo hacía, levantó la cabeza y lo miró con una intimidad recién establecida y toda la comunicación sin palabras de los amantes.
-Estoy de acuerdo con cualquier cosa que decidas, Edward. Seguiré contigo hasta el final.
Emmett se volvió a Edward. -¿Ah, sí? ¿Desde cuándo? Hablas de hacer concesiones. Volver a acostarte con ella es tu mayor concesión, hermanito.
-¡Ya basta, Emmett! -rugió Carlisle.
-Papá, sabes tan bien como yo que...
-¡Basta! Cuando tú seas capaz de controlar a tu mujer, entonces puedes empezar a criticar a Edward.
Emmett miró a su padre, después a su hermano y, finalmente, se encogió de hombros y salió de la habitación como un torbellino. Rosalie se levantó tambaleante del sillón y lo siguió.
-Supongo que tú serás el próximo en salir - dijo Edward, dirigiéndose a Jasper en los tensos momentos que siguieron a la salida de su hermano.
Jasper torció los labios en una mueca a modo de sonrisa. - Me conoces mejor que eso. A diferencia de Emmett, yo no me tomo las cosas personalmente. Creo que te equivocas, pero... -Se encogió de hombros elocuentemente-. Lo sabremos el día de las elecciones. -Le dio a su amigo una palmada en la espalda-. Supongo que será mejor que vaya y les dé las malas noticias a nuestros ex asesores. -Salió de la habitación y Alice le siguió a toda prisa. .
Esme entró con Nessie. La animosidad se seguía respirando en el ambiente. Intranquila, comentó:
-He oído muchos gritos.
-Hemos aclarado algunas cosas -apuntó Carlisle.
-Espero que estés de acuerdo con mi decisión, papá.
-Como tú mismo has dicho, ha sido decisión tuya. Espero que estés preparado para vivir con ella.
-Para recuperar la tranquilidad, así tenía que ser.
-Entonces, deja de disculparte por algo que ya está hecho.
-Le he dicho a Nessie que iríamos paseando hasta Sundance Square -dijo Esme, interrumpiendo la incómoda conversación-. No creo que vaya a llover más.
-Las acompañaré -se ofreció Carlisle, aparentemente recuperado ya su buen humor, y tomó a la niña en brazos-. El ejercicio me irá bien. Y no nos importa si llueve, ¿verdad, Nessie?
Cuando se quedaron finalmente solos, Edward se dirigió a Bella: -Gracias por apoyarme. No siempre fue así.
-Ya me lo ha recordado desagradablemente Emmett.
-Estaba de mal humor.
-Algo más que eso, Edward. Emmett me odia.
Pareció no tener ganas de contestar a eso. Quizá sabía, al igual que Bella, que a Emmett no le gustaba Jessica, pero que la deseaba. Tal vez Edward ignoraba ese terrible dato, con la esperanza de que llegaría a desaparecer.
-¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué te pusiste a mi favor? ¿Has pensado que era tu deber de esposa?
-No -contestó, ofendiéndose-. Me puse a tu favor porque pensé que tenías razón. Esos tipos no me caen bien, y no me gustaba la forma en que se metían en nuestras vidas y los consejos que daban me resultaban tan desagradables como a ti...- Se le había ocurrido que los hombres de Wakely and Foster podían de alguna manera estar ligados al complot para asesinar a Edward. Ésa era otra de las razones por las que se alegraba de que estuvieran despedidos.
Tras la reciente discusión, la suite quedó sumida en un terrible silencio. Paradójicamente, sin todos los demás, la sala parecía más pequeña, no mayor. La soledad silenciosa cayó sobre ellos.
Bella se puso las manos en la cintura. -Bueno, yo...
-Fue una buena idea que mamá y papá se llevaran a Nessie a dar un paseo.
-Sí, lo fue.
-Se lo pasará bien.
-Y te dará la oportunidad de estudiar tus discursos sin que te interrumpan. Aunque no creo que necesites estudiarlos mucho.
-No, me siento cómodo con los compromisos de hoy.
-Me alegro.
Durante unos minutos, Edward se contempló las puntas de las botas. Cuando levantó la vista, preguntó:
-¿Crees que va a llover?
-Yo, pues... -Miró por la ventana y examinó el cielo-. Creo que no.
Él extendió el brazo y la acercó. Luego, le besó el cuello.
-Edward.
-¿Sí?
La condujo hacia el sofá.
-Pensé, después de anoche, que no querrías...
-Pensaste mal.
Siiiiiiii, nuestro Edward vuelve a amar denuevo, Bells esta siendo mimada realmente, aunque déjenme decirles que por fin aplaudo la patada el trasero que le dieron a Ralph y Dirk!
凸(^_^)凸
Gracias por sus hermosos reviews, las adoro, son las mejores lectoras, lo digo siempre pero en verdad son las mejores!
Nos leemos pronto!
Actualizo el martes 19!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
