Los personajes perteneces a mi querida y admirada Stephenie Meyer.
La historia pertenece pura y exclusivamente a Sandra Brown.
Capítulo 40
-Hola, señor Volturi.
Marco estaba inclinado, trabajando con su cámara. Levantó la cabeza y se apartó los largos cabellos de la cara. -Oh, hola, Bell..., señora Cullen. Que alegría verla de nuevo.
-Igualmente. –
Introdujo una cinta virgen en la cámara y se la colocó sobre el hombro-. La eché de menos durante la primera semana del viaje, pero veo que la familia se ha vuelto a reunir.
-Sí, el señor Cullen quería que lo acompañaramos.
-¿Sí? - La miró de reojo, con malicia-. Qué bonito.
Bella lo miró a su vez con reprobación. Aunque había visto a Marco varias veces durante el día y se saludaron con la cabeza, no había tenido oportunidad de hablar con él. La tarde pasó como una niebla, especialmente después de su esclarecedora conversación con Rosalie.
-¿Cómo va todo? -le preguntó Marco.
-¿La campaña? Es un trabajo agotador. He estrechado miles de manos hoy, y eso es sólo una fracción de lo que ha hecho Edward.
No la sorprendía haberlo encontrado tan cansado cuando llegó a Fort Worth la noche anterior. Sin embargo, ante las multitudes de seguidores debía mostrarse fresco y entusiasta. Esa era la última comparecencia del día. A pesar de que el banquete había terminado oficialmente, el estrado se hallaba abarrotado de personas que habían aplaudido su discurso y querían conocerlo personalmente. Se compadeció de las exigencias a las que estaba sometido después de un día tan largo, pero se alegraba de tener la oportunidad de desaparecer y encontrarse con Marco.
-Me han dicho que despidió a aquellos buitres de Wakely and Foster.
-Las noticias viajan deprisa.
-Withlock dio un comunicado a ese efecto. Si quiere usted saber mi opinión, Cullen no se ha adelantado ni un minuto. Conseguían que resultara casi imposible acercarse a él. Era como follar con un neumático de acero en la polla en vez de con una goma normal.
Bella esperó que nadie a su alrededor hubiera oído el símil. Era una frase que hubiera utilizado con un compañero de trabajo, pero no algo apropiado para decir delante de la esposa de un candidato al Congreso. Rápidamente cambió de tema: -Los anuncios publicitarios que grabó usted en el rancho salen ahora por televisión.
-¿Los ha visto?
-Excelente fotografía, señor Volturi.
Se le vieron los dientes cuando sonrió. -Gracias, señora Cullen.
-¿Reconoce a alguien aquí? -preguntó, examinando distraídamente la multitud.
-Esta noche no. -La forma en que subrayó la primera palabra hizo que Bella volviera rápidamente la mirada hacia él-. Había algunas caras conocidas entre la multitud esta tarde.
-¿Sí? -Ella había estudiado cuidadosamente a los reunidos y, con gran alivio por su parte, no había visto a Pelo Canoso. Evidentemente, Marco sí que lo había visto - ¿Dónde? ¿Aquí en el hotel?
-En General Dynamics, y de nuevo en la base aérea de Carswell.
-Entiendo -dijo intranquila-. ¿Es la primera vez durante este viaje?
-Sí -asintió, moviendo la cabeza-. Tendrá que perdonarme, señora Cullen. El deber me reclama. El redactor me está haciendo señas, tengo que irme.
-Oh, siento haberle entretenido, señor Volturi.
-Ninguna molestia. Estoy a su disposición. -Se apartó de ella varios pasos y, a continuación, dio media vuelta-. Señora Cullen, ¿se ha parado a pensar que alguien haya venido aquí a verla a usted y no, digamos, a su marido?
-¿A mí?
-Es sólo una idea, pero vale la pena tenerla en cuenta.
Los ojos de Marco le telegrafiaron un aviso. Minutos después, fue absorbido por el constante movimiento de la gente.
Bella se quedó muy quieta y le dio vueltas y vueltas en la cabeza a la teoría de Marco. Permaneció impenetrable a la agitación de la multitud, al ruido y al alboroto, e inconsciente del hecho de que alguien, al otro lado del salón, la observaba preguntándose de qué habrían hablado durante tanto tiempo el desastrado cámara de televisión y Jessica.
-Emmett.
-¿Sí?
-¿Te has fijado en mi peinado?
Rosalie estaba admirando su rostro por primera vez en tanto tiempo que ni siquiera lo recordaba. En su juventud, cuando era la chica más popular del instituto, mirarse en el espejo constituía su principal pasatiempo. Pero durante años había tenido poco que admirar.
Emmett, tumbado en la cama del hotel leyendo el periódico, contestó de un modo mecánico:
-Es bonito.
-Hoy Alice y yo pasamos por delante de una elegante peluquería en las galerías comerciales. Ya sabes, uno de esos sitios donde todas las peluqueras van vestidas de negro y llevan varios pendientes en cada oreja. -Emmett gruñó-. De pronto, dije: Alice, me voy a poner guapa. De modo que entramos y una de las chicas me arregló el pelo, me maquilló y me hizo las uñas.
-Ya.
Se observó en el espejo, moviendo la cabeza de un lado a otro.
-Alice dice que debería cortarme el pelo un poco, justo aquí, alrededor de la cara. Dice que me rejuvenecería unos cuantos años. ¿Qué te parece?
-Creo que no me tomaría muy en serio ningún consejo de Alice.
La naciente autoconfianza de Rosalie se marchitó un poco, pero resistió la tentación de ir al mueble bar y servirse una revitalizante copa.
-He..., he dejado de beber, Emmett -soltó de buenas a primeras.
Emmett bajó el periódico y la miró de pies a cabeza por primera vez aquella noche. Llevaba el pelo más corto y más ahuecado, cosa que resultaba atractiva. El maquillaje, sutilmente aplicado, había humedecido los secos surcos de su rostro erosionado por ríos de vodka, añadiendo color a la aridez anterior.
-¿Desde cuándo?
La recién encontrada confianza quedó aún más marchita a causa de su escepticismo, pero con valentía mantuvo la cabeza erguida.
-Desde esta máñana.
Emmett dobló los periódicos y los tiró al suelo. Extendió el brazo al interruptor de la lámpara de la mesilla y dijo:
-Buenas noches, Rosalie.
Ella se acercó a la cama y volvió a encender la luz. Emmett la miró sorprendido.
-Lo digo en serio, Emmett.
-Siempre que lo has dejado lo decías en serio.
-Esta vez es diferente. Voy a ingresar en uno de esos hospitales a los que tú siempre querías que fuera. Después de las elecciones, por supuesto. Sé que ahora no sería buen momento para que un miembro de la familia de Edward ingresara en un hospital para borrachos.
-No eres una borracha. - Ella sonrió con tristeza.
-Sí, lo soy, Emmett. Claro que lo soy. Deberías haberme obligado a admitirlo hace tiempo. -Extendió la mano y tímidamente le tocó el hombro-. No te estoy echando la culpa a ti. Yo soy la única responsable de haberme convertido en lo que soy.
A continuación, su hermosa barbilla, que de alguna forma había resistido los estragos del alcohol y de la tristeza, se elevó un grado más. Manteniéndose en aquel ángulo orgulloso, en su rostro aparecieron los trazos de la reina de belleza que fue y de la vivaz estudiante, de la que él se enamoró.
-Voy a dejar de ser una borracha inútil.
-Ya veremos.
No parecía muy optimista, pero al menos estaba prestándole atención, que ya era algo. La mitad de las veces no la escuchaba, porque casi nunca decía nada que le interesara.
Lo obligó a apartarse un poco para que ella pudiera sentarse al borde de la cama a su lado, con las manos modestamente sobre el regazo.
-Tenemos que vigilar más a Alice.
-Buena suerte -gruñó.
-Soy consciente de que no podemos atarla. Es demasiado mayor.
-Y ya ha ido demasiado lejos.
-Quizá. Espero que no. Quiero que sepa que a mí me importa su vida. -Sus labios se separaron en una pequeña sonrisa-. De hecho, esta tarde nos hemos entendido. Me ayudó a escoger un vestido nuevo. ¿Te has fijado en el que ella llevaba esta noche? Sigue siendo moderno, pero conservador para sus costumbres habituales. Incluso Esme se fijó en ella. Alice necesita una mano dura, es la única forma de que se dé cuenta de que la queremos. -Hizo una pausa, mirándolo dubitativamente-. Y quiero ayudarte a ti.
-¿Ayudarme a qué?
-A recuperarte de tus desilusiones.
-¿Desilusiones?
-Principalmente Jessica. No tienes que admitir o negar nada -añadió rápidamente-. Estoy completamente serena ahora, pero sé que tu interés por ella no era simplemente una imaginación mía. Si la relación se consumó o no, no me importa en absoluto. No puedo culparte por serme infiel. En algunas ocasiones amaba la copa siguiente tanto como te amaba a ti, y quizá más. Sé que estás enamorado de Jessica, o encaprichado al menos. Ella te utilizó y te hizo daño. Quiero ayudarte a olvidarla. Y quiero ayudarte a que olvides las otras desilusiones, como la que tuviste esta mañana cuando Edward se enfrentó a tu decisión de mantener a los consejeros.
Recobrando valor, le tocó la cara esta vez. La mano le temblaba sólo un poco.
-Tanto si los demás reconocen o no el gran hombre que eres, yo sí lo reconozco. Tú siempre has sido mi héroe, Emmett.
-Vaya héroe -se burló él.
-Para mí lo eres.
-¿De qué va todo esto, Rosalie?
-Quiero que volvamos a amarnos.
La miró durante un largo rato, con más atención de la que le había prestado durante años.
-Dudo que eso sea posible.
El tono de derrota la asustó. De todos modos, le dedicó una tímida sonrisa.
-Lo intentaremos juntos. Buenas noches, Emmett.
Apagó la luz y se acostó a su lado. Él no respondió cuando pasó los brazos a su alrededor; pero tampoco se apartó, como solía hacer.
El insomnio era la norma desde que Jessica había regresado del hospital. De hecho, esas noches de vigilancia resultaban preciosas, porque la noche se había convertido en el mejor momento para pensar. Sin nadie alrededor, sin movimiento ni ruido para entorpecerle el cerebro. El silencio engendraba la perspicacia.
Lo que obviamente no le traía era lógica, pues, por mucho que analizaba los datos, la hipótesis «lógica» resultaba absurda. Jessica no era Jessica.
El porqué y el cómo importaban, pero no tanto como el indudable hecho de que Jessica Cullen había sido sustituida por otra persona. La amnesia parecía la única otra posibilidad para explicar el cambio completo de personalidad. Eso explicaría la razón por la cual se había vuelto a enamorar de su marido, pero no sería una razón para los cambios en su personalidad. Su actual personalidad sólo tenía sentido si resultaba ser una mujer completamente distinta.
Jessica no era Jessica. Entonces, ¿quién era?
La pregunta lo atormentaba, porque había mucho en juego. El plan que había llevado tantos años organizar estaba a punto de hacerse realidad, a no ser que resultara frustrado por una impostora. Todos los elementos estaban activados. Demasiado tarde para echarse atrás, incluso si se desease, y no era el caso. La dulce venganza requería a veces sacrificios amargos. No iba a privarse de la venganza.
De todos modos, hasta el momento en que se llevara a cabo, esa Jessica, esa impostora debía ser vigilada. Parecía bastante inocente, aunque la precaución nunca era suficiente.
Pero quién era y porqué quería asumir la identidad de otra mujer, si era eso lo que en realidad había ocurrido. Resultaba desconcertante.
En cuanto regresaran a casa, debían encontrarse respuestas a esas preguntas. Quizás habría que colocarle una zanahoria más delante del hocico, sólo para ver cómo reaccionaba, a quién pedía ayuda. Sí, era imprescindible dejar un mensaje más, que no sospechara que había sido descubierta. Su socio estaría completamente de acuerdo. Todos los movimientos de Jessica a partir de ahora debían estudiarse cuidadosamente. Tenían que descubrir su identidad.
Un punto de partida sería ver quién falleció en el accidente del vuelo 398 y quién sobrevivió.
-Buenos días.
-Hola, Emmett. Siéntate.
Edward hizo un gesto para que su hermano se sentara en la silla frente a él y llamó al camarero para que le sirviera un poco de café.
-¿No estás esperando a nadie?
-No. Jessica y Nessie se han quedado durmiendo esta mañana. Yo me levanté, salí a correr y ya estaba vestido cuando se despertaron. Jessica me dijo que no las esperara y que fuera a desayunar. No me gusta comer solo, de modo que me alegro de que estés aquí.
-¿Ah, sí? -Se dirigió al camarero- El desayuno número tres. Que el tocino esté crujiente, y sustituya las patatas por el maíz, por favor.
-Enseguida, señor Cullen.
-Sale a cuenta, el tener un hermano famoso -comentó Emmett, mientras se alejaba el camarero con el pedido- asegura que tienes garantizado el mejor servicio.
Edward estaba recostado en la silla, las manos formando un puño a cada lado de su plato.
-¿Te importa decirme qué quieres decir con eso?
-¿Con qué?
Emmett echó dos sobres de azúcar en el café.
-Eso de si me alegra desayunar contigo.
-Pensé que después de lo de ayer...
-Ayer fue un día estupendo.
-Me refiero a la reunión con Dirk y Ralph.
-¿De modo que sigues enfadado porque los despedí?
-Es tu campaña -se evadió Emmett, con un insolente encogimiento de hombros.
-Es nuestra campaña.
-¡Un carajo!
Edward estaba a punto de rebatirle cuando apareció el camarero con el desayuno de Emmett. Esperó a que estuvieran de nuevo solos, se inclinó sobre la mesa y dijo en un tono de voz suave y apaciguador: -No estaba despreciando tu decisión, Emmett.
-Eso es lo que me pareció a mí. A los demás, también.
Edward se quedó mirando fijamente los restos fríos de sus panecillos y de la salchicha, pero no volvió a empuñar el tenedor. -Siento que te lo tomaras tan a pecho, pero la táctica de esa gente no estaba funcionando conmigo. Te hice caso a ti, a Jasper, a papá, pero...
-Pero te dejaste convencer por Jessica.
Edward se quedó sorprendido por las palabras de Emmett. -¿Qué tiene ella que ver con todo esto?
-Dímelo tú.
-Es mi esposa.
-Ése es problema tuyo.
Edward no tenía ganas de hablar de su matrimonio con su hermano. Se enfrentó al verdadero problema.
-Emmett, mi nombre es el que aparece en el voto. Al final, yo soy el único responsable de cómo se lleva mi campaña. Si me eligen, tendré que responder por mi actuación en el Congreso. Edward Cullen -subrayó-, nadie más.
-Lo entiendo.
-Entonces, trabaja conmigo y no contra mí. -Calentándose con el tema, apartó el plato y descansó el antebrazo en el borde de la mesa-. No hubiera sido capaz de hacer todo esto solo. Demonios, ¿no crees que sé lo mucho que te has dedicado a la campaña?
-Más que nada en este mundo, quiero verte elegido.
-Ya lo sé, Emmett. Eres mi hermano. Yo te quiero. Aprecio tu cabezonería, tu espíritu de sacrificio y todos los detalles de los que te ocupas, y no hace falta que los enumere todos. Me doy cuenta, seguramente más de lo que te imaginas, de que yo estoy sentado sobre el caballo blanco mientras tú estás allá abajo limpiando la mierda.
-Yo nunca he querido montar el caballo blanco, Edward. Sólo quiero que se me reconozca que limpio la mierda bastante bien.
-Más que bien. Lamento que no estuviéramos de acuerdo en ese punto ayer, pero a veces tengo que guiarme por mi instinto, a pesar de lo que aconsejes tú y los demás. ¿Te gustaría que fuera diferente? ¿Sería un buen candidato al Congreso si resultara tan fácil convencerme de algo porque es popular, rápido y conveniente, aunque yo estuviera en contra de ello?
-Supongo que no.
Edward sonrió tímidamente. -En un análisis final, yo soy el que expone el culo al mundo, Emmett.
-Sólo que no esperes que me incline y te lo bese cuando no estoy de acuerdo con algo.
Los dos hermanos se echaron a reír. Emmett fue el primero en ponerse serio de nuevo. Llamó al camarero para que retirara los platos y les sirviera más café.
-Edward, ya que estamos dejando las cosas claras...
-Dime.
-Tengo la impresión de que las cosas van mejor entre Jessica tú.
Edward miró con firmeza a su hermano y, después, apartó la vista. -Un poco.
-Bueno, eso... eso es bueno, supongo. Mientras tú seas feliz. - Jugueteó con una bolsita de azúcar.
-¿Por qué tengo la impresión de que te callas algo?
Emmett se aclaró la garganta y se movió inquieto en la silla. -No lo sé, hay algo... –
Se pasó la mano por el cabello - Vas a pensar que estoy loco.
-Inténtalo.
-Hay algo raro en ella.
-¿Qué quieres decir?
-No lo sé. Demonios, tú duermes con ella. Si no te has dado cuenta, es que me lo estoy imaginando. - Se detuvo, esperando ansiosamente una confirmación o una negación, ninguna de las cuales recibió-. ¿La viste hablando con aquel tío de la televisión ayer por la noche?
-¿Qué tío de la televisión?
-El cámara que estuvo grabando los anuncios publicitarios en el rancho.
-Se llama Marco Volturi. Está grabando mi campaña para KTEX.
-Sí, lo sé. - Emmett abrió ampliamente las manos y se sonrió secamente-. Simplemente, me pareció raro que Jessica tuviera tanto interés en hablar con él anoche, eso es todo. Se dirigió directamente a él después de bajar del estrado. No es exactamente su tipo. - Edward rápidamente apartó la mirada-. Lo que quiero decir es... -farfulló-, no es... Demonios, ya sabes lo que quiero decir.
La voz de Edward fue tranquila: -Sé lo que quieres decir.
-Bueno, será mejor que vuelva arriba y empiece a despertar a Rosalie y a Alice. Jasper nos quiere a todos reunidos en el vestíbulo, preparados para salir, a las diez y media. -Cariñosamente, golpeó el hombro de su hermano al salir-. Me lo he pasado bien en el desayuno.
-Yo también, Emmett.
Edward continuó mirando ausentemente por la ventana. Jessica había estado hablando con Marco Volturi otra vez la noche anterior. ¿Por qué?
No le había contado a su hermano que ya con anterioridad tuvo por lo menos una conversación privada con el fotógrafo. A pesar de todas sus explicaciones posteriores, la conversación que mantenían en la acera de enfrente del Adolphus daba la impresión de ser furtiva.
Aquella vez se excusó mintiendo. Estaba convencido de que mentía, pero después la besó, ella le devolvió el beso, y así se olvidó del tema de la discusión. Las cosas iban muy bien entre ellos; ¿por qué tenía que aparecer esa nube en el horizonte?
Sus relaciones sexuales nunca habían sido tan buenas ni tan satisfactorias. Era excitante, pero siempre lo fue. Era sucio, pero siempre lo fue; sólo que ahora era como tener relaciones sexuales sucias con una dama, lo cual lo convertía en algo mucho mejor. Ya no tenía prisa a la hora de las estimulaciones previas. Ya no susurraba palabras barriobajeras. No gritaba como antes cuando fingía correrse, sino que jadeaba ligeramente, cosa que le parecía infinitamente más excitante. Y juraría que sus orgasmos eran genuinos. Había algo novedoso en sus relaciones amorosas, algo de intriga, como si fuera ilícito. Lo avergonzaba pensar en el tópico, pero cada una de las veces era como la primera vez; siempre descubría algo en ella que le había pasado desapercibido hasta aquel momento.
Jessica nunca fue modesta, nunca le dio ninguna importancia al hecho de pasearse desnuda; sin embargo, últimamente utilizaba ingeniosamente la ropa interior, en vez de la desnudez, para seducirlo. El día anterior por la mañana, cuando hicieron el amor en el sofá del salón, ella insistió en que corriera antes las cortinas. Edward suponía que la timidez procedía de las casi invisibles cicatrices en los brazos y en las manos.
Esa virginal timidez lo excitaba. Seducía ocultando. Todavía no había visto a la luz lo que acariciaba en la oscuridad con las manos y los labios. ¡Y vaya si el misterio no hacía que la deseara más que nunca!
El día anterior se lo había pasado pensando en ella a todas horas. Pensamientos e imágenes lascivas de Jessica aparecían en su mente a la hora de las serias discusiones y de los discursos apasionados. Cada vez que se cruzaban la mirada parecían estar pensando lo mismo, y eso era que querían que el tiempo transcurriera con rapidez para poder volver a irse a la cama.
Edward había desarrollado la curiosa costumbre de saber inconscientemente dónde estaba ella en todo momento, de medir la distancia que los separaba y de inventar razones para tocarla cuando estaba lo suficientemente cerca. Pero ¿estaba jugando con él? ¿Era la modestia un juego sexual? ¿Por qué tenía un inexplicable interés en aquel cámara de televisión?
Por una parte, Edward deseaba respuestas inmediatas; pero, si las respuestas significaban acabar con la paz, con la armonía, y con el sexo, estaba dispuesto a esperar indefinidamente a que llegaran las explicaciones.
Auchis, quiero saber ya quien es el que descubrió que Jessica no es Jessica, ustedes que opinan? Quien será?
凸(^_^)凸
Gracias por sus hermosos reviews, las adoro, son las mejores lectoras, lo digo siempre pero en verdad son las mejores!
Nos leemos pronto!
Actualizo !
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#Andre!#
