Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
Capítulo 42
-Fue espantoso, muy desagradable.
Bella estaba sentada, con la cabeza inclinada sobre una copa de coñac que Harry había insistido en que la ayudaría a calmarse. El primer trago indeseado le había producido un cráter en el estómago vacío, pero no soltó el vaso porque necesitaba sostener algo entre las manos.
-Todo este maldito asunto es desagradable -gruñó el irascible anfitrión-. Me lo ha parecido desde el principio. ¿No te avisé, ¿No lo hice?
-O sea que le avisaste. Pero deja de insistir en ello.
Marco estaba fumando algo que Harry, demasiado nervioso, no había notado que no era un cigarrillo normal.
-¿Quién ha preguntado tu opinión?
-¿Quieren parar los dos? -exclamó Bella cansinamente-. Y Marco, por favor, ¿quieres apagar eso? El olor me está poniendo enferma. -Con los dedos se frotó los labios, como si estuviera considerando si volver o no a vomitar-. El cartel me aterrorizó. Realmente tiene intención de hacerlo. Lo he sabido todo el tiempo, pero esto...
Dejó el vaso sobre la mesita de café y se puso en pie, frotándose los brazos. Llevaba jersey, pero no conseguía entrar en calor. -¿Quién es, Bella?
Negó fuertemente con la cabeza.
-No lo sé. Cualquiera de ellos. No lo sé.
-¿Quién pudo entrar en tu habitación?
-A primera hora de la mañana y antes de que regresara al mediodía, cualquiera. Mona dice que tendrían que instalar una puerta giratoria. Todo el mundo entra y sale constantemente. A medida que se acercan las elecciones, van y vienen a todas horas.
-¿Cómo sabes que no te han seguido hasta aquí?
-Estuve vigilando por el retrovisor y cambié de ruta varias veces. Además, no había nadie en casa cuando me marché.
-¿Ninguna pista en el informe que encontraste en la habitación de la vieja?
Bella respondió a la irreverente pregunta de Marco con un sombrío movimiento de la cabeza.
-Ella sí que es extraña.
-¿Por qué lo dices?
-La he grabado muchas veces. Siempre está sonriendo y saludando a la gente, pero me apuesto cualquier cosa a que no es muy feliz.
-Ya sé lo que quieres decir. Es una persona muy reservada y habla poco. Por lo menos hasta hoy.
-Háblanos de Jessica Stanley -dijo Harry-. Nos interesa más que Esme Cullen.
-Jessica, o como se llamara originalmente, era una fulana. Bailaba en los clubes más sórdidos...
-Bares de tetas -precisó Marco.
- …Y utilizaba una serie de nombres picantes y sugerentes. La detuvieron en una ocasión por obscenidad y en otra por prostitución, pero ambos cargos se abandonaron.-
-¿Estás segura de todo esto?
-El detective privado quizá fuera un tipo asqueroso, pero era eficaz. Con la información que le suministró a Esme, me resultó fácil encontrar algunos de-los lugares en los que Jessica había trabajado.
-¿Cuándo lo has hecho? -quiso saber Harry.
-Antes de venir aquí. Incluso he hablado con algunas personas que la conocieron, otras bailarinas, jefes y gente así.
-¿Alguno te confundió con ella? -preguntó Marco.
-Todos. Me hice pasar por una prima desaparecida hace tiempo, para explicar la similitud.
-¿Qué te contaron?
-Había roto todos los lazos. Nadie sabía qué se había hecho de ella. Un travesti con el que hablé, a cambio de un billete de veinte dólares, me dijo que le había comentado que iba a abandonar la vida nocturna, a ir a clase y a mejorarse. Eso es todo lo que recordaba. Nunca volvió a verla después de que dejara de trabajar en el club donde compartían el escenario. Esto es una conjetura absoluta, pero creo que Jessica experimentó una transformación total, se refinó hasta entrar en el despacho de abogados de los Cullen y, una vez dentro, vio la manera de llevar su campaña de autosuperación un paso más adelante casándose con Edward. ¿Te acuerdas de mi programa de hace varios años sobre las prostitutas, Harry? -preguntó de pronto.
-¿Cuando estabas trabajando en Detroit? Claro que lo recuerdo. Me enviaste la cinta. ¿Qué tiene que ver con todo esto?
-El perfil de la personalidad de aquellas mujeres es idéntico al de Jessica. La mayoría de ellas dicen odiar a los hombres. Ella seguramente no era distinta.
-Eso no lo sabes.
-¿No? Mira cómo trataba a Emmett. Coqueteaba con él hasta el punto de romper su matrimonio, pero tengo la impresión de que nunca fue hasta el final; si eso no es malicia, ya me dirás qué es. Simplemente como hipótesis, digamos que no tenía un gran concepto de los hombres y decidió poner fin al futuro de uno que lo tenía todo a favor, mientras aprovechaba para mejorar su propia imagen.
-¿No temía que alguien la reconociera, que su oscuro pasado saliera a la luz?
Bella también había pensado en ello.
-¿No ves que eso hubiera sido la guinda del pastel? Edward quedaría totalmente humillado si se desvelaba lo que había sido su esposa antes de casarse con él.
-Debe de ser un verdadero imbécil -murmuró Marco- para haber caído en esa trampa.
-No entiendes lo calculadora que era -señaló Bella, saliendo en defensa de Edward- Ella se convirtió en todo lo que él podía desear. Le tendió una trampa, utilizándose a sí misma como un cebo perfecto. Era guapa, animada y seductora. Pero, más que eso, alguien que conocía bien a Edward le enseñó qué botones tocar para convertir el deseo en amor.
-La persona que quiere matarlo.
-Exacto -asintió Bella, moviendo afirmativamente la cabeza en dirección de Marco, que había expresado en voz alta su hipótesis-. Debió de intuir, al igual que Esme, que Jessica era una oportunista.
-Cuando entró en contacto con Jessica, ¿por qué no se lo contó ella rápidamente a Edward?
-No estoy segura -admitió-. Mi teoría no está exenta de vacíos. Quizá ser la desconsolada viuda de un hombre público la atraía más que ser la esposa de un senador.
-La misma posición social, pero sin la inconveniencia del marido -observó Harry en tono especulativo.
-Sí. Además, tampoco estaba segura de que Edward llegara al Senado. O quizá su cómplice hizo que le resultara económicamente rentable. En cualquier caso, una vez casados, era responsabilidad de ella hacerle la vida imposible a Edward, un trabajo que hizo a la perfección.
-Pero ¿por qué hay alguien que quiere hacerle la vida imposible? -preguntó Harry-. Siempre volvemos a la misma pregunta.
-No lo sé. -La voz de Bella sonaba tensa por la desesperación-. Haría lo que fuera por saberlo.
-¿Qué interpretas con este último mensaje? Ella se pasó una mano por el cabello.
-Evidentemente van a actuar el día de las elecciones. Una pistola de algún tipo será el arma elegida.
-Voto por eso. Sin ninguna mala intención -añadió Marco, divertido.
Harry lo miró irritado y a continuación se dirigió a Bella -No lo sé. En esta ocasión el simbolismo parece un poco demasiado obvio.
-¿Qué quieres decir?
-No estoy seguro -admitió, mordiéndose el labio. Despistadamente, tomó la copa de coñac de Bella y se bebió un buen trago-. ¿Qué ha pasado con la sutileza de los mensajes anteriores? O te está poniendo a prueba, o es el hijo de puta más descarado qué he conocido.
-Quizás actúe con descaro porque ya no haya quien pueda detener el plan -apuntó Marco, de mal humor-. Ocurrirá pase lo que pase. Todo está en su lugar.
-¿Como Pelo Canoso? -preguntó Bella. Marco se encogió de hombros.
-¿Qué hay de lo que has grabado hoy en Houston? ¿Ha vuelto a aparecer? -le preguntó Harry a Marco.
-No. No se le ha visto el pelo desde Fort Worth. Desde que Bella se quedó en casa.
Su mirada se había suavizado a causa de la marihuana, pero la forma en que miró a Bella fue lo suficientemente significativa como para que se diera cuenta Harry.
-De acuerdo, ¿qué es lo que no sé?- Bella se humedeció los labios.
-Marco cree que es posible que Pelo Canoso me esté vigilando a mí y no a Edward.
La cabeza de Harry giró sobre su grueso cuello en dirección al camarógrafo.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Es sólo una idea. Un poco absurda, pero...
-En cada una de las cintas está mirando a Edward -señaló ella, con buen criterio.
-Difícil de saber. Siempre estás junto a él.
-Bella. -Harry la tomó de la mano, la obligó a sentarse en el sofá y se puso en cuclillas frente a ella. Le cubrió las manos con las suyas-. Escúchame bien. Tienes que avisar a las autoridades.
-Yo...
-He dicho que me escucharas. Ahora calla y oye lo que te digo. -Intentó ordenar sus ideas-. Estás muy confundida. Sé por qué lo querías hacer. Era una magnífica idea, una oportunidad que sólo se presenta una vez en la vida para hacerte un nombre y, al mismo tiempo, salvar vidas. Pero se te ha escapado de las manos. Tu vida está en peligro. Y mientras permitas que esto continúe, también lo estará la de Cullen. Y la de la niña. -Puesto que parecía receptiva al razonamiento, se sentó junto a ella en el sofá, pero sin soltarle las manos-. Avisemos al FBI.
-¿A los federales? -exclamó Marco.
-Tengo un amigo en la oficina local -continuó Harry, ignorando a Marco-. Generalmente trabaja de paisano, buscando droga procedente de México. Éste no es su campo, pero podría decirnos a quién acudir, aconsejarnos qué hacer.
Antes de que acabara, Bella ya estaba meneando la cabeza - Harry, no podemos. ¿No te das cuenta? Si el FBI se entera, todos lo sabrán. ¿No te parece que levantaría sospechas ver a Edward rodeado de pronto de guardias armados o de agentes del servicio secreto con gafas oscuras? Tendría que salir todo a la luz.
-Es eso, ¿verdad? -gritó él enfadado-. ¡No quieres que lo sepa Cullen! Y no quieres que lo sepa porque tendrías que renunciar a tu cálido lugar a su lado en la cama.
-¡No! ¡No es por eso! -le gritó ella a su vez-. Las autoridades podrían protegerlo de gente que esté fuera del círculo familiar, pero no de la gente de dentro. Y, como sabemos, la persona que lo quiere ver muerto es alguien allegado a él, alguien que supuestamente lo quiere. Es imposible avisar del peligro a Edward sin alertar al enemigo también de que estamos sobre él. -Aspiró profundamente, pero aún no había acabado- Además, si le contaras esta historia a los agentes gubernamentales, pensarían que o bien mientes, o bien estás loco. En el supuesto de que te creyesen, imagínate lo que me harían.
-¿Qué te harían? -quiso saber Marco.
-No estoy segura, pero mientras se lo pensaran, Edward estaría al descubierto y sería vulnerable.
-Entonces, ¿qué piensas hacer? -preguntó Harry.
Ella se cubrió la cara con las manos y se echó a llorar. -No lo sé.
Marco se puso de pie y recogió su andrajosa cazadora de cuero. -Me espera un trabajillo.
-¿Un trabajillo?
Marco respondió a la pregunta de Harry con un apático encogimiento de hombros -He estado revisando unas cintas de mi videoteca.
-¿Para qué?
-Tengo un presentimiento.
Bella le tomó la mano. -Gracias por todo, Marco. Si ves u oyes...
-Te pondré al corriente.
-¿Aún tienes la llave del apartado de correos que te di? -le preguntó Harry.
-Sí, pero ¿para qué habría de necesitarla? Te veo todos los días en el trabajo cuando estoy en la ciudad.
-Pero podrías también necesitar enviarme algo cuando estás fuera con Cullen, algo que fuera mejor no enviar por correo a la .emisora.
-Ya entiendo. Adiós.
Tan pronto se cerró la puerta detrás de Marco, Harry comentó por la comisura de la boca -¡Ese cabeza de chorlito! Ojalá tuviésemos un aliado más fiable.
-No seas duro con él. A veces yo también pierdo la paciencia, pero vale mucho. Ha sido un buen amigo, y sabe Dios que necesito a todos los que pueda. -Consultó el reloj de muñeca, el que Edward le compró; desde que se lo devolviera Alice, no se lo había vuelto a quitar-. Tengo que irme. Se hace tarde. Edward hace preguntas cuando me retraso, y ya me estoy quedando sin excusas convincentes. Incluso las compras que puede hacer una mujer tienen un límite.
Ese intento poco convincente de apelar al humor no obtuvo mayores resultados. Harry la abrazó. Pasó torpemente la enorme mano por el cabello cuando ella descansó el peso de la cabeza sobre su hombro.
-Lo amas. -Ni siquiera lo planteó como una pregunta. Ella asintió en silencio-. Dios Santo -le susurró en el pelo-, ¿por qué siempre tiene que ser todo tan puñeteramente complicado?
Ella cerró los ojos con fuerza, y le humedeció de lágrimas la camisa.
-Lo amo mucho, Harry. No sabes cómo duele.
-Sé lo que se siente.
Bella estaba demasiado absorta en su propia miseria como para pensar en el amor no correspondido de Harry por su madre.
-¿Qué voy a hacer? No se lo puedo decir, pero tampoco lo puedo proteger.
Se aferró a Harry en busca de fuerzas. Él la abrazó y la besó torpemente en la sien.
-Renee y sus cuarenta y cinco kilos cargarían contra mí si supiera que te dejo vivir en una situación tan peligrosa.
Bella sonrió contra la camisa mojada. -No me extrañaría. Me dejó a tu cuidado.
-Esta vez la estoy defraudando. -La estrechó con más fuerza-. Temo por ti, Bella.
-Hoy, después de ver ese cartel espeluznante, estoy un poco atemorizada por mí misma. Aún se me considera una conspiradora. Que Dios me ayude si algún día se descubre lo contrario.
-¿No lo reconsiderarás y me dejarás llamar a las autoridades?
-Aún no. No hasta que pueda señalar a alguien con el dedo y decir: "es ése".
Harry la separó un poco y le levantó la barbilla.- Para entonces podría ser demasiado tarde.
No necesitaba que se lo dijeran, ya lo sabía. Podía ser ya demasiado tarde tanto para salvar su carrera de periodista como para establecer un futuro con Edward y con Nessie, pero tenía que intentarlo.
Volvió a abrazar a Harry en el umbral de la puerta antes de darle las buenas noches, le besó la rojiza mejilla y salió a la noche. Estaba tan oscuro que ninguno de los dos se percató del coche aparcado calle abajo.
Por Dios, solo resta decir ¿Quién esta en el auto aparcado?
凸(^_^)凸
Si, les eh dejado 3 capítulos, y no estoy loca! O si?
GRACIAS POR CADA UNO DE SUS REVIEWS, SE ME HACE IRREAL ESTO, APRECIO ENORMEMENTE SU APOYO, YA NOS QUEDA POCO, SOLO UNOS CUANTOS CAPÍTULOS. SI TODO SIGUE BIEN EL PRÓXIMO FINDE YA TENDREMOS EL FINAL!
LAMENTO DECIRLES QUE NO PUEDO ACTUALIZAR HASTA EL LUNES YA QUE TENGO VARIOS COMPROMISOS QUE ME HACEN TENER QUE SALIR DE CASA MAÑANA Y VOLVER RECIÉN EL DOMINGO MUY TARDE, ASÍ QUE EL LUNES SI LES ACTUALIZO CO CAPÍTULOS DE ACUERDO?
Las quieroooo!
๑۩۞۩๑
#Andre!#
DE NUEVO GRACIAS!
