Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a S. Brown.
***LEER BAJO RESPONSABILIDAD DE ATAQUE AL CORAZÓN O CRISIS POR LA ESCENA A LEER***
Capítulo 45
Como estaba previsto que salieran temprano por la mañana, Bella tomó la delantera despertándose antes que Edward. Separó sus piernas de las de él. Desenredar su cabello de los dedos de él no fue fácil, pero finalmente lo consiguió.
Al levantarse, lo miró por encima del hombro. Estaba hermoso dormido, una pierna sobresaliendo por fuera de la colcha, la mandíbula barbada hundida en la almohada. Suspirando por el enorme placer que le producía el mirarlo, y con los emocionantes recuerdos de la pasada noche aún frescos en la memoria, se encaminó al baño.
Los grifos chirriaron al abrirlos. Bella hizo una mueca de disgusto ante el ruido. Edward necesitaba dormir lo máximo posible, pues tenía un programa muy apretado. Pasaría muchas horas volando y, mientras tanto, pronunciaría discursos, estrecharía manos, solicitaría votos.
La víspera del día de las elecciones era probablemente el día más importante de la campaña, el día en que los indecisos tomarían una decisión.
Bella se colocó bajo el contundente chorro. Después de lavarse el cabello, se enjabonó el cuerpo. Aún presentaba huellas de los ardores de Edward. Su boca le había dejado un ligero cardenal en la parte interior del muslo. El agua caliente hacía que le escocieran los pechos raspados. Sonreía ante la idea cuando la cortina se abrió de pronto.
-¡Edward!
-Buenos días.
-¿Qué...?
-Pensé en ducharme contigo -dijo, arrastrando las palabras y sonriendo lascivamente-. Para ganar tiempo, y para ahorrarle un poco de agua caliente al hotel.
Bella temblaba, tan avergonzada en su desnudez como debió de sentirse Eva en el Paraíso cuando Dios señaló su iniquidad. Las ráfagas de agua caliente parecieron volverse heladas y lacerantes; se le hincaban en la piel como agujas glaciales. Perdió el color del rostro y tuvo la sensación de que sus ojos retrocedían hacia el cráneo, haciendo que las órbitas parecieran enormes y cavernosas. Se estremeció.
Perplejo, Edward ladeó su despeinada cabeza.
-Parece como si hubieses visto un fantasma. ¿Te he asustado? - Ella tragó en seco, abrió y cerró la boca, pero no pudo producir ningún sonido.
-Jessica, ¿qué te ocurre?
Buscó algo que estuviera fuera de lugar. Su vista recorrió aquel pálido y tembloroso cuerpo y volvió a subir.
A Bella el corazón le dio un vuelco cuando vio que volvía a recorrerle el cuerpo con la mirada. Se detuvo en los pechos, en el vientre, en el pubis, en los muslos; partes que únicamente verían los ojos de un amante, los ojos de un marido.
Edward se fijó en la cicatriz de la apendicectomía, vieja y borrosa, apenas perceptible salvo bajo una luz fluorescente. Bella se lo había estado preguntando, pero ahora lo sabía: a Jessica nunca le habían extraído el apéndice.
-¿Jessica?
Su voz expresaba la perplejidad de sus ojos.
Aunque el gesto de protección era un acto reflejo inútil, Bella se cubrió la parte inferior del cuerpo con una mano y extendió la otra hacia él en señal de súplica.
-Edward, yo...
Afilados y devastadores cual espadas, sus ojos se elevaron, rasgándole el cuerpo, hasta encontrarse con los de ella.
-Tú no eres Jessica -afirmó suavemente, la mente aún confusa. Luego, cuando el impacto lo sacudió con toda su fuerza, repitió con énfasis- ¡Tú no eres Jessica!
Metió el brazo bajo el chorro de la ducha la agarró por la muñeca y la sacó de la bañera. Bella se golpeó las espinillas con la porcelana y resbaló en las baldosas por culpa de sus pies mojados. Emitió un quejido de dolor, más del espíritu que del cuerpo.
-Edward, para. Yo...
Él le golpeó el cuerpo mojado y desnudo contra la pared, lo sujetó allí con el suyo y cerró con fuerza las manos sobre su cuello, justo debajo del mentón.
-¿Quién diablos eres? ¿Dónde está mi mujer? ¿Quién eres tú?
-No grites -gimió-. Te oirá Nessie.
-Habla, maldita sea. -Bajó la voz, pero la mirada seguía transmitiendo furia y la mano ejercía cada vez más presión sobre su nuez-. ¿Quién eres tú?
Le castañeteaban tanto los dientes que apenas podía hablar.
-Bella Swan.
-¿Quién?
-Isabella Swan.
-¿Isabella Swan? ¿La reportera de...? - Asintió con la cabeza.
-¿Dónde está Jessica? ¿Qué...?
-Jessica murió en el accidente aéreo, Edward. Yo sobreviví. Nos confundieron porque cambiamos de asientos en el avión. Yo llevaba a Nessie en brazos cuando escapé. Supusieron que...
Cogió su cabeza mojada entre las manos. -¿Jessica está muerta?
-Sí -tragó en seco-. Sí. Lo siento.
-¿Desde el accidente? ¿Murió en el accidente? ¿Quieres decir que has estado viviendo... todo este tiempo...?
Asintió nuevamente.
El corazón le dio un vuelco mientras lo veía intentar comprender lo incomprensible. Sintió que poco a poco aflojaba la presión sobre su cráneo y, finalmente, se apartó de ella.
Desprendió de un tirón el albornoz que colgaba en la percha de la puerta del baño, se lo puso y se ató deprisa el cinturón. Metió la mano en la bañera y cerró los grifos, de lo que inmediatamente se arrepintió: el silencio resultante era ensordecedor y, sin embargo, rielaba con la metálica reverberación de la incredulidad y la sospecha.
En ese silencio, él lanzó una sencilla pregunta.
-¿Por qué?
Había llegado la hora de la verdad. Ella sabía que llegaría en cualquier momento. Sencillamente, la había pillado desprevenida y no estaba preparada.
-Es complicado.
-Me importa un rábano lo complicado que sea -dijo en un tono que vibraba de cólera-. Empieza a hablar antes de que llame a la policía.
-No sé cuándo ni cómo ocurrió la confusión inicial -respondió desesperada-. Desperté en el hospital vendada de pies a cabeza, incapaz de moverme y de hablar. Todos me llamaban Jessica. Al principio no lo entendí. Me dolía todo el cuerpo. Estaba asustada, confundida, desorientada. Me llevó varios días atar los cabos.
-Y, cuando lo comprendiste, ¿no dijiste nada? ¿Por qué?
-¡No podía! Recuerda, no podía hablar. -Le tomó el brazo en señal de súplica. Él se soltó-. Edward, Edward, intenté hacértelo saber antes de que me cambiaran la cara para que me pareciera a Jessica, pero fue imposible. Cada vez que lloraba, creías que era por temor a la inminente operación. Y era por eso, pero también porque me estaban robando mi propia identidad para imponerme otra. No me podía expresar y me sentía impotente.
-¡Dios Santo, esto parece ciencia-ficción! -Se pasó los dedos por el pelo. Se dio cuenta de que aún estaba desnudo, tomó una toalla del perchero y se cubrió de la cintura para abajo-. Eso fue hace meses.
-Tenía que seguir siendo Jessica por un tiempo.
-¿Por qué?
Bella echó atrás la cabeza y contempló el techo. La primera explicación había sido un paseo, comparada con lo que estaba por venir.
-Te va a parecer...
-Me importa un comino lo que me parezca -dijo con tono amenazador- Quiero saber por qué has estado haciéndote pasar por mi esposa.
-¡Porque te quieren matar!
Su apremiante respuesta lo tomó por sorpresa. Aún estaba dispuesto a dar batalla, pero echó la cabeza hacia atrás como si hubiese recibido un gancho en el mentón.
-¿Qué?
-Mientras estaba en el hospital -empezó, estrujándose las manos a la altura de la cintura- alguien entró en mi habitación...
-¿Quién?
-No sé quién. Escúchame bien antes de hacerme un montón de preguntas. -Aspiró profundamente, pero las palabras siguieron saliéndole a trompicones por los labios - Estaba vendada. No podía ver bien. Alguien, que me llamaba Jessica, me advirtió que no me arrepintiese a última hora. Dijo que los planes seguían siendo los mismos y que no vivirías para ocupar el puesto.
Él se mantuvo inmóvil durante unos instantes; luego, se le dibujó una sonrisa en la comisura de la boca; finalmente, soltó una risa despectiva.
-¿Pensabas que me lo iba a creer?
-¡Es la verdad!
-La única verdad es que te van a encerrar en la cárcel. Ahora mismo.
Se volvió y se encaminó hacia el teléfono.
-¡Edward, no! -Lo agarró del brazo y le obligó a volverse- No te culpo por lo que estás pensando de mí.
-No te lo puedes ni imaginar.
La inyectiva dolió, pero, por el momento, tenía que ignorarla. -No te estoy mintiendo. Te lo juro. Alguien piensa asesinarte antes de que ocupes el cargo.
-Ni siquiera he sido elegido.
-Eso les da igual.
-¿No puedes identificar a esa misteriosa persona?
-Aún no. Lo estoy intentando.
Él estudió su rostro durante un momento y luego sonrió con sarcasmo.
-No puedo creer que esté aquí, escuchando esta mierda. He estado viviendo en una mentira todos estos meses. ¿Ahora pretendes hacerme creer que un extraño se metió en tu habitación del hospital y te dijo que pretendía asesinarme?
Sacudió la cabeza, como maravillado por la audacia de ella y por su propia culpabilidad.
-No un extraño, Edward. Alguien cercano, alguien de la familia. - Se quedó boquiabierto. La miró con evidente incredulidad.
-¿Estás...?
-¡Piensa un instante! Sólo se permite la entrada a miembros de la familia en la unidad de cuidados intensivos.
-¿Quieres decir que un miembro de mi familia está tramando mi asesinato?
-Suena absurdo, lo sé, pero es la verdad. No me lo inventé. Tampoco lo imaginé. Ha habido notas.
-¿Notas?
-Notas dejadas a Jessica en lugares a los que sólo ella tenía acceso, haciéndole saber que todo seguía como había sido planificado. -Corrió hacia el armario y abrió el compartimento de una de las maletas. Le extendió las notas, incluido el cartel de la campaña - Fueron escritas en la máquina de la hacienda.
Estudió cada una en detalle.
-Podrías haberlas hecho tú misma por si te descubría y necesitabas un chivo expiatorio.
-No las hice yo. Ésta era la manera del cómplice de Jessica de...
-Espera un minuto, espera. -Dejó las notas a un lado y alzó las manos-. Esto se pone cada vez mejor. Jessica y ese supuesto asesino estaban de acuerdo, ¿verdad?
-Totalmente. Desde que ella te conoció. Quizá desde antes.
-¿Por qué habría de querer matarme Jessica? No tenía inclinaciones políticas ni nada.
-No es un asunto político, Edward. Es personal. Jessica se propuso convertirse en tu esposa. Se convirtió exactamente en lo que tú podías desear y, tan pronto se asociaron, se le enseñó cómo comportarse para que te enamorases de ella. ¿Quién los presentó?
-Emmett -contestó con un leve encogimiento de hombros- Cuando ella vino a solicitar trabajo al bufete.
-Puede que no fuera casual que acudiera a buscar empleo a su bufete de abogados.
-Tenía un currículo impecable.
-No me extraña. Ya se habría encargado de eso.
-Sabía mecanografiar… -añadió con tono irónico- lo que echa abajo tu teoría.
-Sé que estoy en lo cierto.
-Supongo que puedes probarlo -dijo él, presuponiendo lo contrario. Incluso se cruzó de brazos, complacido.
-Yo no, pero Esme sí puede.
Reaccionó con visible sorpresa. Dejó caer los brazos -¿Mi madre?
-Tiene un expediente entero sobre Jessica Stanley. Lo he visto. Como creía que yo era Jessica, me amenazó con hacerlo público si te hacía infeliz.
-¿Por qué iba a hacer una cosa así?
-Parecía creer que te estabas volviendo a enamorar de tu mujer. -Lo miró significativamente-. Después de anoche, yo también tengo buenas razones para creerlo.
-Olvídate de anoche. Como bien sabes, todo fue una trampa. Se volvió airadamente.
En silencio, Bella prestó los primeros auxilios a la punzada recibida en el corazón. Más tarde tendría que atenderla a conciencia; de momento, tenía que ocuparse de asuntos más urgentes.
-Aunque tú al principio no tomaste a Jessica por lo que era, Esme sí lo hizo. Contrató a un detective privado para que investigara su pasado.
-¿Y qué fue lo que descubrió?
-Prefiero no hablar de...
-¿Qué descubrió? -insistió en un tono firme y girándose para volver a enfrentarse a ella-. Por el amor de Dios, ahora no te hagas la remilgada.
-Bailaba con los pechos al aire en clubes. La arrestaron por prostitución, entre otras cosas. -Al ver su expresión, intentó agarrarle la mano. Él la puso fuera de su alcance-. No tienes por qué creerme acerca de esto -agregó, alzando la voz de cólera por ese estúpido y terco orgullo masculino-. Pídele a tu madre que te muestre los informes que guardaba para usarlos contra Jessica cuando lo creyese conveniente. Y no te puede sorprender tanto, Edward, porque me has despreciado, creyendo que era Jessica, por tener líos, por abortar y por consumir drogas. Durante meses he cargado con el peso de tu antipatía por esa mujer.
Él consideró lo que le decía durante unos instantes, y replicó: -Bueno, pongamos por caso que no mientes respecto de ese cuento de la conspiración para asesinarme. ¿Pretendes que me crea que pusiste tu vida en peligro por pura bondad? ¿Por qué no me lo advertiste hace meses, cuando tuviste la oportunidad?
-¿Me hubieras creído entonces más de lo que me crees ahora? -Él no tenía respuesta, de modo que ella respondió por él- No, no lo habrías hecho, Edward. Yo estaba indefensa. No tenía fuerzas para protegerme a mí misma, y mucho menos a ti. Además, no podía correr el riesgo. Cuando la persona, quienquiera que sea, hubiese descubierto que le había susurrado sus planes a Isabella Swan, reportera de televisión, ¿cuánto tiempo crees que hubiese vivido?
Él frunció el ceño. Lentamente, empezó a asentir con la cabeza. -Creo que ya entiendo porqué Isabella Swan, reportera de televisión, montó esta charada. Lo hiciste por la historia, ¿verdad? - Ella se humedeció los labios, una señal de culpa y nerviosismo, así como una confesión firmada.
-No del todo. Admitiré que mi carrera tuvo mucho que ver al principio. -Volvió a buscar su brazo, sin dejarlo escapar esta vez-. Pero ya no, Edward. No desde que empecé a amar... a Nessie. Una vez dentro, ya no podía salir. No podía irme como si nada y dejar las cosas sin resolver.
-Así que ¿cuánto tiempo pensabas fingir que eras mi esposa? ¿Íbamos a follar sin luz el resto de nuestros días? ¿Nunca te vería desnuda? ¿Cuánto tiempo tenías intención de vivir en la mentira? ¿Toda la vida?
-No. -Le soltó el brazo y se hundió en la desesperación-. No lo sé. Te lo iba a decir, sólo que...
-¿Cuándo?
-Cuando supiera que Nessie estaba bien y que tú estabas seguro.
-De modo que volvemos a la conspiración para asesinarme.
-Deja de decir eso tan alegremente -exclamó ella-. La amenaza es real. – Echó un vistazo al cartel-. Y apremiante.
-Entonces, dime de quién sospechas. Has estado viviendo con la misma gente que yo desde que saliste del hospital. -Volvió a sacudir la cabeza y se rió con amargura de su propia estupidez-. Dios mío, esto explica muchas cosas. Tus fallos de memoria, lo de Shep, lo del caballo. -Le recorrió el cuerpo con la vista-. Explica muchas cosas -dijo bruscamente. Tras aclararse la garganta, añadió- ¿Cómo no me di cuenta?
-No lo sabías. Tú y Jessica no tenían intimidad desde hacía mucho.
No parecía inclinado a discutir el tema. Volvió a sus pensamientos previos:
-¿Quién sospechas que me quiere matar? ¿Mis padres? ¿Mi hermano? ¿Mi mejor amigo? ¿Rosalie? No, espera..., ¡Alice! Eso es. -Chasqueó los dedos-. Se enfadó conmigo hace un par de años cuando no le quise prestar el coche, y ahora desea verme muerto.
-No bromees.
-Todo esto es una broma -replicó, agachando la cabeza junto a la de ella- Una asquerosa broma gastada a todos nosotros por grandes ambiciones. De acuerdo, he estado ciego, sordo como tín idiota, pero ahora lo veo todo con suma claridad. ¿No cometiste una metedura de pata periodística hace un año más o menos, unas acusaciones antes de comprobar todos los hechos? Sí. Creo que eras tú. Planificaste todo esto para rectificar el error y rehabilitarte en el medió. Eres una periodista que necesitaba una historia explosiva, así que, cuando se presentó la oportunidad, no la dejaste escapar.
Ella sacudió la cabeza y susurró con tristeza, pero sin convicción. -No.
-Te creo, Isabella Swan. Harías cualquier cosa por conseguir un buen reportaje, ¿no? Esta vez incluso estabas dispuesta a acostarte conmigo para conseguirlo. Quizá no sea la primera vez. ¿Te acuestas con todos a los que entrevistas? ¿Es ésa su recompensa por proporcionarte sus secretos?
Bella se apretó aún más el albornoz, pero apenas sirvió para protegerla del escalofriante ataque.
-No digas eso, Edward. Todo lo que ocurrió entre nosotros fue honesto.
-¡Claro!
-¡Lo fue!
-He estado follando con una impostora.
-¡Y te ha gustado!
-Obviamente, ¡porque eres tan buena en ello como en fingir! - A Bella la rabia se le agotó en esa batalla verbal. Se le llenaron de lágrimas los ojos.
-Te equivocas. Por favor, créeme, Edward. Debes tener cuidado. -Señaló el cartel-. Lo hará el día de las elecciones. Mañana.
Él sacudió la cabeza inflexiblemente. -Nunca me convencerás de que alguien en mi familia pretende dispararme una bala a la cabeza.
-¡Espera! -gritó, recordando súbitamente algo que había olvidado mencionar-. Hay un hombre alto, de pelo gris, que te ha estado siguiendo de ciudad en ciudad. -Enumeró rápidamente las veces y los lugares en los que había visto a Pelo Canoso entre la muchedumbre-. Marco tiene las cintas para probarlo.
-Ah, el camarógrafo de KTEX -comentó él, sonriendo con tristeza-. Ahora lo entiendo. ¿Quién más está en tu pequeño juego?
-Harry Clearwater.
-¿Quién es él?
Le explicó su relación y cómo Harry llegó a identificar por error el cuerpo de Jessica.
-Él tiene sus joyas, si quieres que te las devuelva.
-¿Y el medallón?
-Fue un regalo de mi padre.
-Muy astuta -reconoció, admirándola a pesar de sí-. Cubres muy bien tus pistas.
-Escúchame, Edward. Si le pido las cintas a Marco, ¿las mirarás para ver si reconoces a ese hombre?
Le contó cómo llegaron a deducir que se había contratado a un asesino profesional.
-Formán un bonito trío, todos dispuestos a ganar la pasta gansa a costa de la familia Cullen.
-No es verdad.
-¿No?
-No.
El súbito golpeteo en la puerta hizo que ambos se giraran a la vez.
-¿Quién es? -preguntó Edward. Era Jasper.
-Nos encontraremos abajo en veinte minutos para una reunión de última hora durante el desayuno, antes de salir hacia el aeropuerto. -Edward miró a Bella y sostuvo su angustiada mirada durante varios segundos-. ¿Algún problema? -preguntó Jasper.
Ella se llevó las manos a la cara, le suplicó en silencio y susurró:
-Por favor, Edward. No hay ninguna razón para que lo hagas, pero tienes que confiar en mí.
-No, ninguno -respondió él de mala gana hacia la puerta-. Nos vemos en el comedor. Veinte minutos.
Bella se desplomó aliviada en el primer sofá a su alcance. -No debes decir nada, Edward. Júrame que no dirás ni una sola palabra de esto a nadie. A nadie.
-¿Por qué he de creerte a ti más que a mi propia familia y a mi gente de confianza?
Ella le contestó, angustiada: -Si lo que te he dicho es verdad, tu silencio te podría salvar del asesinato. Si no es más que una intriga, entonces tu silencio te salvaría del ridículo público. En cualquier caso, ahora mismo no tienes nada que ganar denunciándome por impostora. Así que te ruego que no se lo digas a nadie.
La rniró larga, fríamente. -Eres tan taimada como lo era Jessica.
-Siento que lo veas así.
-Debí darme cuenta. Debí entender que los cambios producidos en ti, en ella, eran demasiado buenos para ser verdad. Como la manera en que le tomaste cariño a Nessie cuando volviste a casa.
-Ha mejorado mucho, Edward. ¿No se me reconoce el mérito por quererla?
-Se te reconocerá el mérito por romperle el corazón cuando te vayas.
-A mí también se me romperá el corazón. - Él hizo caso omiso de ese comentario.
-Ahora entiendo porqué te interesaste súbitamente en las elecciones, porqué expresabas con más elocuencia tus opiniones y porqué... -La miró a la boca-. Por qué tantas cosas eran distintas.
Durante unos instantes, pareció luchar contra el campo magnético de un poderoso imán que lo atraía hacia ella. Luego, soltó un insulto cruel y se dio la vuelta.
Bella corrió tras él y lo alcanzó antes de que pudiera encerrarse en el baño.
-¿Qué vas a hacer?
-Por ahora, nada. He llegado hasta aquí. Tú y tu maldito plan no van a impedir que gane las elecciones por mí mismo, por mi familia y por todos los que han confiado en mí.
- ¿Y yo?
-No lo sé -respondió con sinceridad-. Si te delato, me delataría a mí mismo y a mi familia como una panda de imbéciles. -La agarró del pelo y tiró de su cabeza hacia atrás-. Y, si nos delatas, te mataré.
Ella lo creyó.
-No estoy mintiendo, Edward. Todo lo que te he dicho es verdad. La soltó abruptamente.
-Probablemente me divorciaré de ti, tal como pensaba divorciarme de Jessica. Tu castigo será tener que ser la ex esposa de Edward Cullen el resto de tu vida.
-Tienes que cuidarte. Alguien intentará asesinarte.
-Isabella Swan lleva meses muerta y enterrada. Seguirá estando muerta y enterrada.
-Estate atento por si ves a un hombre alto, de pelo gris, entre la gente. Manténte alejado de él.
-No habrá ninguna carrera en televisión, ninguna historia explosiva que te pueda convertir en una sensación de la noche a la mañana. -La miró con desprecio-. Lo hizo usted todo por nada, señorita Swan.
-Lo hice porque te quiero.
Él le cerró la puerta en la cara.
Bueno, creo que no queda mucho por decir de esta confesión.
Dejen sus opiniones de cómo creen que será a partir de ahora.
凸(^_^)凸
Gracias por sus reviews!
ACTUALIZO MAÑANA JUEVES 28, CON 2 CAPÍTULOS!
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#Andre!#
