Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.

La historia es una adaptación y pertenece a S. Brown.


Capítulo 47

El dolor de estómago que tuvo Harry al acostarse la noche anterior no fue nada comparado con el que tenía a las siete de la mañana del día de las elecciones.

Amaneció despejado y cálido. Se esperaba gran afluencia a las urnas, debido al buen tiempo.

El clima en la redacción de KTEX no era tan clemente. El jefe estaba en pie de guerra.

-Miserable inútil hijo de puta -farfulló tras colgar de golpe el teléfono. Al no aparecer Marco en la redacción a las seis y media según lo acordado, Harry empezó a hacer continuas llamadas a su casa. Aún no había respuesta-. ¿Dónde andará?

-Quizás esté en camino -sugirió otro camarógrafo, intentando servir de ayuda.

-Quizás -refunfuñó Harry, mientras se encendía un cigarrillo que no pensaba quitarse de los labios-. Entre tanto, te enviaré a ti. Si te das prisa, podrás alcanzar a los Cullen en la entrada del hotel. Si no están ya, echa a volar para darles alcance en Forks. E informa con frecuencia -le gritó al camarógrafo, que salió corriendo con el reportero. Ambos se sentían agradecidos por poder escapar con el cuero cabelludo intacto.

Harry descolgó el teléfono y marcó un número que ya tenía memorizado.

-Buenos días -atendió una voz amable-. Hotel del Río.

-Me urge hablar con la señora Cullen.

-Lo siento, señor. No puedo pasar su llamada...

-Sí, lo sé, lo sé, pero esto es importante.

-Si me deja su nombre y número de tel...

Colgó, interrumpiendo la empalagosa perorata, y telefoneó de inmediato a Marco. El timbre sonó incesantemente mientras Harry caminaba de un lado a otro, hasta donde se lo permitía el cable del teléfono.

-Cuando le ponga las manos encima, lo voy a hacer picadillo. -Llamó a un mensajero que tuvo la desgracia de pasar por allí- Eh, tú, ve allí y sácalo de su linda camita.

-¿A quién, señor?

-A Marco Volturi. ¿A quién diablos va a ser? -rugió Harry impaciente. ¿Por qué todos habían decidido ausentarse o volverse estúpidos? Garabateó la dirección de Marco en un pedazo de papel, se lo entregó al aterrado muchacho y ordenó en tono amenazador- No vuelvas sin él.

Bella salió del hotel, llevando a Nessie con una mano sudorosa y con la otra aferrada al codo de Edward. Sonrió para la infinidad de cámaras, deseando que sus músculos faciales dejasen de temblar.

Edward dedicó a las cámaras su sonrisa más simpática y un signo con el dedo pulgar levantado mientras avanzaban hacia la limusina aparcada en la entrada de vehículos enladrillada. Varios micrófonos se dirigieron hacia ellos. Desolada, Bella pensó que parecían cañones de pistola. La voz de Edward sonó confiada en medio del estrépito de la calle y de la confusión general: -Hermoso día para acudir a las urnas.

Lo bombardearon con preguntas sobre temas más importantes que el clima, pero Jasper los hizo entrar a la parte trasera de la limusina. A Bella le molestó saber que viajaría con ellos a Forks. No estaría sola con Edward, como esperaba. No habían estado a solas durante toda la mañana; él ya estaba de pie y vestido cuando ella se despertó, y fue a desayunar al comedor del hotel mientras se preparaba y vestía a Nessie.

En cuanto la limusina se puso en movimiento, echó un vistazo por la ventanilla trasera, intentando localizar a Marco. Vio a un equipo dé dos hombres de KTEX, pero Marco no era el cámara situado detrás de la Betacam. «¿Por qué no? ¿Dónde está?», se preguntó. Tampoco estaba entre los periodistas que los esperaban en el colegio electoral de Forks. Su ansiedad aumentó, hasta tal punto que hubo un momento en que Edward se inclinó hacia ella y le susurró: -Sonríe, por el amor de Dios. Das la impresión de que yo ya hubiese perdido.

-Tengo miedo, Edward.

-¿Miedo de que pierda antes de que se haya acabado el día?

-No. Miedo de que mueras.

Sostuvo su mirada durante unos segundos, hasta que Emmett se interpuso con una pregunta para Edward.

El viaje de regreso a Settle pareció interminable. El tráfico en la ruta y en la ciudad era mayor de lo habitual. Al bajar de la limusina a la entrada del hotel, los ojos de Bella volvieron a escudriñar el cordón de periodistas. Vio una cara familiar, pero no era la que buscaba. El hombre de pelo gris estaba frente al centro de convenciones, al otro lado de la calle. Marco no aparecía por ninguna parte.

Harry se lo había prometido. Algo andaba mal.

Apenas llegaron a la suite, se disculpó y entró al dormitorio a llamar por teléfono. La llamada directa a la redacción fue atendida después de diez timbrazos.

-Con Harry Clearwater, por favor -dijo sin aliento.

-¿Harry? Lo avisaré.

Como había trabajado en días de elecciones, sabía qué pesadillas, y qué retos, representaban para la prensa. No se podía perder ni un segundo.

-Vamos, vamos, Harry -susurró mientras esperaba.

No dejaba de pensar en lo quieto y atento que estaba Pelo Canoso, como si se le hubiese asignado un puesto.

-¿Sí?

-¡Harry! -exclamó, relajándose aliviada.

-No. ¿Es a él a quien espera? Un minuto.

-Soy Bel...

Cuando abruptamente se la volvió a dejar a la espera, casi rompió a llorar de angustia. Volvieron a levantar el auricular.

-¿Diga? -preguntó un hombre con tono vacilante-. ¿Diga?

-Sí, ¿quién es...? Jasper, ¿eres tú?

-Sí.

-Te habla Be... Jessica.

-¿Dónde diablos estás?

-Estoy en la habitación. Estoy usando esta línea. Evidentemente, él había levantado el supletorio en el recibidor.

-Bien, habla rápido, ¿vale? Tenemos que mantener libres estas líneas.

Colgó. Ella siguió a la espera. Su llamada a la redacción había sido ignorada por gente con cosas más importantes que hacer que buscar al jefe el día más movido del año. Turbada, colgó el auricular y fue a unirse a la familia y a un par de voluntarios importantes que se habían reunido en la otra habitación.

Aunque sonreía y conversaba como se esperaba que hiciera, intentó imaginar dónde podría estar Marco. Se consoló imaginándoselo abajo, en el salón de áctos, colocando su trípode y su cámara para cubrir lo que con suerte sería la celebración de la victoria de Edward, a última hora de la tarde.

Por el momento no podía hacer mucho más. Debía de haber una explicación lógica para el cambio de planes y, al no habérselo notificado, ella había echado a volar su imaginación. Harry y Marco sabían dónde encontrarla si necesitaban comunicarse con ella. Decidida a mantener el pánico a raya, se sentó en el sofá en el que estaba repantigado Edward.

Tal como lo prometió, había ido a votar vestido de un modo sencillo, con una chaqueta deportiva de cuero y pantalones vaqueros. Parecía sumamente relajado mientras le decía a Esme lo que quería para comer.

Bella se sentó en el brazo del sofá. Con aire distraído, él le cubrió un muslo con el brazo y le acarició la rodilla en una actitud de descuidada posesión. Cuando Esme se fue, Edward la miró, sonrió y dijo:

-Hola.

-Hola.

Y entonces recordó. Ella vio cómo los recuerdos asaltaban su mente, devorando el cálido brillo de sus iris verdes hasta hacerlos nuevamente fríos e implacables. Fue retirando el brazo lentamente.

-Háy algo que te quería preguntar.

-¿Sí?

-¿Alguna vez tomaste medidas anticonceptivas?

-No. Tampoco tú.

-Magnífico.

No podía dejar que su desprecio la intimidara. En lo que quedaba de día, no se separaría de él.

-Harry, la dos para ti.

-¿No ves que ya estoy en el maldito teléfono? -gritó por encima del alboroto de la redacción-. Que esperen. Bien -dijo, volviendo al auricular-, ¿llamaste a la puerta?

-Hasta que me sangraron los nudillos, señor Clearwater. No está en casa.

Harry se llevó la mano a la cara. El recadero llamaba con noticias que no tenían ningún sentido.

-¿Miraste por la ventana?

-Lo intenté. Las persianas están bajadas, pero escuché por la puerta. No oí ningún ruido. No creo que haya nadie dentro. Además, su furgoneta no está. Miré en el aparcamiento y su sitio está vacío.

Ésa iba a ser la siguiente sugerencia de Harry. -Dios Santo -murmuró.

Había supuesto que Marco se encontraría en casa, durmiendo tras una noche de excesos, pero obviamente no estaba. Si su furgoneta no estaba allí, no estaba en casa, punto.

Pensó que quizás hubiera habido un malentendido y que Marco se había ido directamente al Palacio de Río, pero los del equipo destinado en el hotel le habían dicho que tampoco andaba por allí.

-Vale, gracias. Vuélvete a la redacción. -Presionó el botón parpadeante del teléfono-. Clearwater -dijo bruscamente. Oyó el tono de marcar-. Eh, ¿no había alguien esperándome en la dos?

-Así es.

-Pues ya no está.

-Supongo que colgó.

-¿Era un tío?

-Una mujer.

-¿Dijo quién era?

-No. Pero parecía un poco angustiada. La presión de Harry se disparó.

-¿Por qué diablos no me lo dijiste?

-¡Lo hice!

-¡Dios mío!

Discutir con incompetentes no iba a servir de nada. Volvió corriendo a su despacho, cerró de golpe la puerta tras de sí y encendió un cigarrillo. No podía estar seguro de que hubiese sido Bella, pero algo en su interior le decía que sí. Quizás era eso lo que le afectaba tanto el estómago, sus malditas corazonadas.

Tomó un trago de antiácido directamente de la botella y volvió a descolgar el teléfono. Llamó al hotel y lo atendió la misma e impávida voz de antes. Cuando pidió que lo conectaran con la suite de los Cullen, la operadora empezó su misma e imperturbable letanía.

-Mire, imbécil, me importan un pepino sus malditas instrucciones o a quién coño se le deben pasar las malditas llamadas. Quiero que me ponga con la suite inmediatamente. In-me-dia-ta-mente, ¿me entendió? Y, si no lo hace, voy a ir allá y le voy a arrancar la cabeza personalmente.

La operadora colgó.

Harry se puso a dar vueltas por el despacho, exhalando humo y resoplando como una locomotora a vapor. Bella debía de estar fuera de sí, debía de pensar que la habían abandonado.

Marco, ese cabrón irresponsable, no había aparecido por el hotel, donde debía estar, donde ella lo estaría buscando, contando con su apoyo.

Volvió corriendo a la redacción y recogió su chaqueta por el camino.

-Voy a salir.

-¿A salir?

-¿Estás sordo? ¡A salir! Si alguien llama o viene a buscarme, le dices que me espere o que deje un mensaje. Volveré en cuanto pueda.

-¿Dónde vas a...?

El subordinado se quedó hablándole a las volutas de humo del cigarrillo.

-¿Seguro que no está? -Bella no se lo podía creer-. Llamé antes y...

-Lo único que sé es que alguien dijo que salió, y no lo encuentro, así que supongo que se marchó.

-¿Adónde?

-Nadié lo sabe.

-Harry no saldría el día de las elecciones.

-Mire, señora, esto es un manicomio, especialmente desde que Harry decidió largarse, así que ¿quiere dejar un mensaje, o qué?

-No -respondió con voz distante.- Ningún mensaje. -Sintiendo que la habían abandonado a su suerte, cortó y volvió a la habitación principal. Automáticamente, lo primero que buscaron sus ojos fue a Edward. Hablaba con Carlisle. Esme escuchaba ostensiblemente la conversación, pero miraba fijamente a Edward, con ese ensimismamiento lejano que a menudo la caracterizaba.

Emmett y Jasper estaban abajo, vigilando los arreglos en el salón de actos mientras seguían cuidadosamente la marcha de las elecciones.

Faltaban aún algunas horas para que se cerraran las urnas, pero las primeras indicaciones señalaban que Edward y Dekker iban bastante empatados. Aunque no llegara a ponerse por delante, le estaba dando un buen susto a su oponente.

Rosalie había usado como pretexto un dolor de cabeza y se había marchado a su habitación a acostarse un rato. Alice se hallaba sentada en el suelo con Nessie. Estaban pintando juntas. En una súbita inspiración, Bella la llamó. -¿Puedes venir un minuto, por favor?

-¿Para qué?

-Necesito que me lleves un recado.

-La abuela me dijo que me quedase con la niña.

-Lo haré yo. En cualquier caso, ya le va a tocar su siesta. Por favor, es importante.

De mala gana, se incorporó y siguió a Bella a su habitación. Desde el incidente de un par de noches atrás, estaba mucho más tratable. De vez en cuando surgían señales de su mal carácter, pero en general se mostraba mucho más agradable.

Apenas cerró la puerta, Bella colocó una pequeña llave en la mano de Alice.

-Necesito que hagas algo para mí.

-¿Con esta llave?

-Es la llave de un apartado postal. Necesito que vayas allí y te fijes si hay algo dentro. Si lo hay, tráelo contigo y dámelo a mí, a nadie más.

-¿Qué diablos ocurre?

-No te lo puedo explicar ahora.

-No quiero...

-Por favor, Alice. Es sumamente importante.

-Entonces, ¿por qué me lo pides a mí? A mí por lo general me dan las tonterías.

-Creí que éramos amigas -replicó Bella, y presionó un poco más- Edward y yo te ayudamos a salir de un embrollo la otra noche. Nos debes un favor.

Alice se lo pensó un momento; luego, echó al aire varias veces la llave en la palma de su mano.

-¿Dónde es? -Bella le dio la dirección de la oficina postal-. Joder eso está en el fin del mundo.

-¿No dijiste hace media hora que estabas harta de estar encerrada en esta maldita suite? Bien, ¿me harás este favor?

La conducta de Bella debió de transmitirle cierta medida de la urgencia y de la importancia del encargo, porque Alice se encogió de hombros.

-Vale.

-Gracias. -Bella la abrazó con fuerza. Se detuvo en la puerta del domitorio-. No llames la atención al salir. Si alguien pregunta por ti, te cubriré.

-¿A qué viene tantó misterio? ¿Cuál es el gran secreto? No te estarás follando a un cartero, ¿no?

-Confía en mí. Es algo muy importante para Edward, y para todos nosotros. Y, por favor, date prisa.

Alice recogió su bolso del aparador del recibidor y se dirigió a la puerta de la suite.

-Ahora vuelvo -dijo, por encima del hombro. Nadie reparó en que salía.


Woaaa… hay mucha revolución en esta historia, ¿no creen?

¿Afectará a Bella y a Edward el no haberse cuidado todas las veces que estuvieron juntos?

(^_^)凸

Como siempre gracias por cada uno de sus reviews!

Aprovecho para contarles como serán publicados los últimos capítulos:

Viernes 01/03: Capítulos 48 y 49

Sábado 02/03: Capítulo 50

Domingo 03/03: Epílogo

El viernes les presentaré mi nueva adaptación, así que espero me acompañen en ese fic tambien!

๑۩۞۩๑

#Andre!#