Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.

La historia es una adaptación y pertenece a S. Brown.


Capítulo 48

Alice se sentó en el taburete y colocó el pequeño paquete rectangular que había sacado del apartado postal en la superficie de madera pulida del bar. El camarero, un joven musculoso y con bigote, se acercó a ella.

La sonrisa que ella le dedicó había sido diseñada en el cielo para que la lucieran los ángeles.

-Tónica con ginebra, por favor.

Los amistosos ojos azules del camarero la miraron con escepticismo.

-¿Qué edad tienes?

-La suficiente.

-Que sean dos. -Un hombre se sentó junto a Alice-. Yo invito a la señorita.

El camarero se encogió de hombros. -Como usted diga.

Alice echó un vistazo a su salvador. Podía ser un joven ejecutivo, del área de los seguros o del de la informática. Tendría probablemente algo menos de treinta años. Casado. En busca de diversión, para alejarse de las responsabilidades asumidas con el fin de poder pagarse su ropa de diseño y el reloj que llevaba puesto en la muñeca.

Ése era el tipo de local de última moda que atraía solteros o casados en busca de diversión. Se hallaba lleno de antigüedades inútiles y de plantas gigantes y vistosas. El bar formaba durante las horas de ocio un remolino que absorbía de sus BMW y de sus Porsche a ejecutivos modernos.

Se estudiaron mutuamente. El brillo de los ojos del hombre, al recorrerle el cuerpo con la vista, indicaba que estaba pensando que se había marcado un buen tanto.

-Gracias por la copa.

-De nada. Tienes edad suficiente para beber, ¿verdad?

-Claro. Tengo edad suficiente para beber, pero no para pagar. Se rieron, y brindaron con las bebidas que acababan de ponerles.

-Me llamo Alex.

-Marie.

-¿Alice?

-Alice Marie, si lo prefieres.

-Alice.

Había empezado el ritual del ligue. Alice lo reconoció. Se sabía las reglas. ¡Demonio, si se había inventado ella casi todas! En dos horas, o quizá menos, si se ponían cachondos antes, estarían en una cama en algún lado.

Tras su desilusión con Jasper, había renunciado a los hombres. "Eran todos unos bastardos. Querían una sola cosa de ella, y era la misma que podían comprarle a la puta más barata.

Su madre le había dicho que un día conocería a un hombre que realmente se preocuparía por ella y la trataría con cariño y respeto. Pero Alice no lo creía. ¿Debía quedarse sentada, aburrida y dejando que el coño se le atrofiara, mientras esperaba a que su Príncipe Azul apareciera y le devolviera la vida?

Pues no. Llevaba tres días haciendo de buena. Necesitaba un poco de diversión. Ese Alexander, o Aleus, o Alex, o comoquiera que se llamase, podía proporcionársela.

Le había hecho el recado a Jessica como una niña obediente, pero no estaba dispuesta a volver a la suite del hotel y quedarse pegada a la televisión como todos los demás, viendo los resultados electorales. Iría más tarde. Pero, primero, se divertiría un poco.

Encontrar un espacio vacío para aparcar cerca del hotel era imposible. Harry finalmente encontró uno a varias calles de distancia. Para cuando entró en el vestíbulo, sudaba profusamente. Si era preciso sobornar para llegar hasta la suite de los Cullen, lo haría. Tenía que ver a Bella. Juntos podrían descubrir qué le había ocurrido a Marco.

Quizá todas sus preocupaciones fueran absurdas. Quizás estuviesen juntos en ese mismo instante. Dios Santo, eso esperaba.

Avanzó con dificultad por entre los miembros de un grupo turístico asiático que hacían cola para firmar el registro. La paciencia no había sido nunca una de sus virtudes. Sintió cómo le subía la presión mientras se abría paso a codazos entre los turistas, que charlaban y se abanicaban con panfletos.

En medio del caos, alguien le dio en el codo.

-Hola.

-Oh, hola -dijo Harry, reconociendo la cara.

-Es usted Harry Clearwater, ¿no es así? El amigo de Bella.

-Así es.

-Lo ha estado buscando. Sígame.

Cruzaron el congestionado vestíbulo. Harry fue conducido por un par de puertas hacia un ascensor de servicio. Entraron, y las puertas grises se cerraron.

-Gracias -dijo Harry, secándose con la manga la frente sudada-. ¿Bella ha...? -En medio de la pregunta, advirtió que se había utilizado el nombre real. Miró al hombre-. ¿Lo sabe?

Una sonrisa. -Sí. Lo sé.

Harry vio la pistola, pero no tuvo tiempo para registrar el hecho de que estaba apuntada hacia él. Un segundo después, se llevó la mano al pecho y cayó al suelo como un árbol talado.

El ascensor se detuvo en la planta inferior del hotel. El único pasajero alzó la pistola y apuntó hacia la puerta que se abría, pero no tuvo que usarla. Nadie esperaba.

Arrastró el cuerpo de Harry por un pasillo corto, a través de una serie de puertas oscilantes, y lo depositó en un estrecho desván que albergaba máquinas automáticas para uso del personal del hotel. El lugar se hallaba iluminado desde el techo por cuatro lámparas fluorescentes, que fueron fácilmente destruidas con el silenciador acoplado al cañón de la pistola.

Cubierto con fragmentos de vidrio opaco y en una tenebrosa oscuridad, el cuerpo de Harry Clearwater quedó abandonado allí, en el suelo. El asesino sabía que, cuando lo descubrieran, otra muerte habría oscurecido esa muerte.

Las horas de mayor audiencia estuvieron dedicadas casi íntegramente al recuento electoral. Cada uno de los tres televisores del recibidor transmitía un canal distinto. Resultó ser una carrera presidencial ajustada, demasiado ajustada aún como para sacar conclusiones. Varias veces, los presentadores citaron la carrera senatorial entre el aspirante al cargo, Edward Cullen, y el senador en funciones, Rory Dekker, como una de las más reñidas y emocionantes de la nación.

Cuando se informó de que Cullen llevaba una pequeñísima ventaja, los presentes en el salón empezaron a lanzar vítores. Bella saltó asustada por el súbito griterío. Estaba frenética, caminando por el filo de una navaja, al borde del colapso nervioso.

Todo aquel entusiasmo volvió hiperactiva a Nessie. Se puso tan molesta que acabaron contratando a una niñera del hotel para que la entretuviera en otra habitación, de modo que la familia estuviese libre para concentrarse en los escrutinios.

Con la mente liberada temporalmente de Nessie, Bella podía preocuparse por Edward y preguntarse dónde estaban Harry y Marco. Sus desapariciones no tenían sentido. Había llamado tres veces a la redacción. No los encontró ni pudieron decirle dónde estaban.

-¿Lo ha notificado alguien a la policía? -preguntó en la última llamada-. Podría haberles ocurrido algo.

-Escuche, si quiere notificarlo a la policía, magnífico, hágalo. Pero deje de llamar aquí para molestarnos. Perdone, ahora tengo cosas más importantes que hacer.

Y colgaron. Quería ir a la redacción lo antes posible, pero no quería dejar solo a Edward. A medida que pasaban las horas, dos certezas tomaban cuerpo en su mente: una, que Edward iba a ganar las elecciones; la otra, que algo horrible les había ocurrido a sus amigos.

¿Y si el que la había estado siguiendo a ella era Pelo Canoso, y no a Edward, como sugirió Marco? ¿Y si había notado su interés en él? ¿Y si interceptó a Marco por la mañana cuando se dirigía al trabajo? ¿Y si había sacado a Harry de la emisora con alguna treta?

La idea de que hubiese un asesino en el hotel, bajo el mismo techo que Edward y Nessie, le producía escalofríos.

¿Y dónde estaba Alice? Había salido hacía horas. ¿Le había ocurrido algo también? Si no, ¿por qué no había llamado al menos para explicar su retraso? Incluso en día de elecciones, el viaje de ida y vuelta a la oficina de correos no debía de llevar más de una hora.

-¡Edward, una de las cadenas acaba de darte la victoria! -anunció Jasper, entrando por la puerta-. ¿Listo para bajar?

Bella se giró rápidamente hacia Edward, conteniendo la respiración en anticipo a su respuesta.

-No -contestó él-. No hasta que no quede ni la más mínima sombra de duda. No hasta que Dekker llame y se declare perdedor.

-Al menos ve a cambiarte.

-¿Qué tiene de malo esta ropa?

-Vas a discutirme todo hasta el último instante, ¿no?

-Hasta el último instante -respondió Edward, riendo. Carlisle se acercó a su hijo y le estrechó la mano.

-Lo conseguiste. Lograste todo lo que esperaba de ti.

-Gracias, papá -dijo Edward, con un ligero temblor en la voz-. Pero no cantemos victoria aún.

Esme lo estrechó contra su cuerpecito.

-Bravo, hermanito -lo felicitó Emmett, dándole unas palmaditas en la mejilla-. ¿Lo próximo será la Casa Blanca?

-No habría podido hacer nada sin ti, Emmett.

Rosalie se colgó de Edward y lo besó en la mejilla. -Te agradezco que digas eso, Edward.

-Al César lo que es del César.

Miró a Bella por encima de sus cabezas. Su expresión declaraba silenciosamente lo errada que había estado ella, se encontraba rodeado de gente que lo amaba; ella era la única traidora.

La puerta se volvió a abrir. Bella se volvió, esperando ver a Alice. Era uno de los voluntarios.

-Ya está todo preparado en el salón de actos. La muchedumbre pide la presencia de Edward y la banda está tocando. ¡Es fantástico!

-Yo diría que es hora de descorchar el champaña -proclamó Carlisle.

Cuando saltó el primer corcho, a Bella casi se le salió el corazón por la boca.

El brazo de Alex rozó un pecho de Alice. Ella se apartó. Su muslo se restregó contra el de ella. Ella cruzó las piernas en el otro sentido. Esos gestos predecibles estaban empezando a aburrirla. No se encontraba de buen humor. La bebida ya no sabía bien, no era tan divertido como en otros tiempos.

«Creí que éramos amigas.»

La voz de Jessica parecía hablarle por encima de la sensualidad hiperamplificada de Rod Stewart y del estrépito que creaba la clientela.

Durante los últimos meses, Jessica la había tratado decentemente; en realidad, desde que volvió del hospital. Algunas de las cosas que decía sobre la autoestima empezaban a tener sentido.

¿Cómo podía respetarse a sí misma si dejaba que los tipos la abordaran de esa manera -y eso no era nada comparado con algunas de las situaciones por las que había pasado- e hiciesen lo que quisieran y dispusieran luego de ella con la misma facilidad con que tiraban un condón usado?

Jessica no la consideraba una imbécil. Le había confiado un encargo importante. ¿Y qué hacía ella a cambio? La defraudaba.

-Me tengo que ir -dijo de pronto. Alex se había inclinado para lamerle la oreja. Casi lo hizo caer del taburete cuando se levantó para recoger el bolso y el paquete que seguía sobre la barra-. Gracias por las copas.

-Eh, ¿adónde vas? Creí que..., bueno, ya sabes...

-Sí, ya lo sé. Lo siento.

El tipo se levantó, se llevó las manos a las caderas y protestó enfadado:

-¿Qué diablos se supone que debo hacer ahora?

-Una paja, supongo.

Condujo hacia el hotel a toda velocidad, atenta a los radares y a los coches patrulla. No estaba borracha, pero una prueba de alcoholismo detectaría alcohol en su sangre. El tráfico del centro la retuvo más tiempo del que esperaba, pero finalmente consiguió llegar al aparcamiento del hotel.

El vestíbulo estaba de bote en bote. Por encima de las cabezas se agitaban carteles con la foto de Edward Cullen. Parecía como si todos los del condado habían votado por Edward Cullen hubiesen acudido a celebrar su victoria.

-Discúlpeme, discúlpeme. -Alice se abrió paso entre la multitud-. ¡Oh, maldición, mi pie! - gritó cuando alguien la pisó-. Déjenme pasar.

-Eh, niña, ponte a la cola de los ascensores como todo el mundo.

La que se quejaba era una mujer que llevaba una auténtica armadura de insignias de la campaña de Cullen en el pecho.

-Ni lo sueñe -replicó Alice-. Perdone.

Después de lo que pareció media hora de lucha contra la muchedumbre, se puso de puntillas y casi se desmayó al descubrir que ni siquiera estaba cerca de los ascensores.

-Al diablo -murmuró. Se agarró del brazo del hombre que estaba a su lado-. Si consigue meterme en un ascensor, le haré la mejor mamada que le hayan hecho nunca.

Se hizo un silencio súbito cuando sonó el teléfono en la habitación. Todos los ojos se volvieron hacia el aparato. El ambiente era de expectación colectiva.

-Bien -dijo Jasper en voz baja-. Es él.

Edward tomó el auricular. -¿Sí? Sí, habla Edward Cullen. Le agradezco por llamar, senador Dekker.

Jasper levantó los puños por encima de la cabeza y los agitó como un boxeador tras ganar por fuera de combate. Esme se llevó las manos a la boca. Carlisle asintió como un juez que acaba de recibir una decisión justa del jurado. Emmett y Rosalie se sonrieron.

-Sí, señor. Gracias, señor. Lo mismo digo. Gracias. Gracias por llamar. –

Edward devolvió el auricular al aparato. Durante unos instantes, permaneció con las manos apretadas entre las rodillas, luego alzó la mirada y, con una sonrisa traviesa, dijo- Supongo que eso quiere decir que soy el nuevo senador.

La suite se convirtió inmediatamente en un jolgorio. Algunos de los hombres de confianza saltaron encima de las sillas y empezaron a dar alaridos como indios en pie de guerra. Jasper tomó a Edward del brazo y lo condujo al dormitorio.

-Ya puedes ir a cambiarte. Que alguien llame al ascensor y lo retenga. Llamaré abajo para que nos den cinco minutos. - Descolgó el teléfono.

Bella permanecía retorciéndose las manos. Quería gritar y festejar el triunfo de Edward. Quería abrazarlo y darle un beso que estuviera a la altura de tan importante acontecimiento. Quería compartir aquel momento de júbilo con él. En lugar de ello, temblaba como un flan, asustada.

Cuando se reunió con él en el dormitorio, ya estaba en calzoncillos, poniéndose unos pantalones de vestir.

-Edward, no vayas.

Alzó la cabeza de golpe. -¿Qué?

-No bajes.

-No puedo...

Lo tomó del brazo. -El hombre del que te hablé, el de pelo gris, está aquí. Lo vi esta mañana. Edward, por lo que más quieras, no vayas.

-Tengo que ir.

-Por favor. -Las primeras lágrimas asomaron a sus ojos-. Por favor, créeme.

Él se estaba abotonando una camisa azul claro. Sus manos se detuvieron.

-¿Por qué habría de hacerlo?

-Porque te amo. Por eso quise asumir el papel de tu esposa. Me enamoré de ti cuando todavía estaba en el hospital. Antes de que pudiera moverme o hablar, ya te amaba. Todo lo que te he dicho es verdad. Tu vida está en peligro. Y, sí se me presentó la oportunidad de una gran historia y la aproveché, pero... -Lo sujetó por los hombros y le suplicó con la mirada-. Pero hice lo que hice porque quería protegerte. Te amo desde el principio.

-Edward, están... -Jasper entró sin pedir permiso-. ¿Qué diablos ocurre aquí? Pensé que ya estarías vestido. Abajo están a punto de tirar abajo el edificio, esperando a que aparezcas. Todos se han vuelto locos. Venga, vamos.

Edward miró a su amigo y luego a Bella.

-Incluso si te creyera -dijo impotente-, no tengo opción.

-Edward, por favor -le rogó, la voz rasgándose como el papel.

-No tengo opción.

Se quitó las manos de encima y terminó de vestirse rápidamente. Jasper le instruyó sobre a quién debía dar las gracias públicamente.

-Jessica, tienes un aspecto fatal. Antes de bajar, haz algo con tu cara -le ordenó mientras se llevaba a Edward.

Desobedeciendo la orden, los siguió. Había aún más gente en la suite. Los trabajadores de la campaña llenaban de bote en bote el pasillo y se abrían paso a través de las puertas dobles para vislumbrar a su héroe. El ruido era ensordecedor. De algún modo, Bella escuchó el nombre de Jessica por encima del barullo y se volvió.

Alice se abrió paso entre la multitud. La inercia la lanzó directamente a los brazos de Bella.

-¡Alice! ¿Dónde has estado?

-No mé sermonees. He pasado por un infierno para llegar hasta aquí. Hay un hombre en el pasillo que está encolerizado porque le hice una promesa y otro que se llama Alex que...

-¿Había algo en el apartado?

-Aquí está. -La joven le entregó el paquete a Bella-. Ojalá haya valido la pena el infierno que he tenido que pasar para traerlo hasta aquí.

-¡Jessica! ¡Tú también, Alice, vamos! -les gritó Jasper, haciéndoles señas para que avanzaran hacia la puerta por encima de las cabezas de los festejantes.

Bella desgarró el paquete y vio que contenía una cinta de vídeo.

-Intenta detenerlos.

-¿Eh? -Estupefacta, Alice la vio entrar en el dormitorio y cerrar la puerta-. Dios, ¿soy yo, o todo el mundo se ha vuelto completamente chalado?

Un desconocido pasó por su lado y dejó una botella de champaña en su mano. Le dio un buen sorbo.

En el dormitorio Bella introdujo la cinta en el reproductor. Retrocedió hasta chocar con la cama y se sentó en el borde. Con el mando a distancia adelantó la cinta, pasando las barras de colores hasta la carátula. Reconoció el indicativo del canal. Washington. El nombre del periodista no le sonaba, pero el camarógrafo era Marco Volturi.

Se sintió invadida por la excitación. Marco había enviado la cinta al apartado de Harry, de modo que debía de contener algo de vital importancia. Sin embargo, pasados varios minutos aún no imaginaba qué podía ser. ¿Una broma de Marco?

El tema del reportaje era un grupo, paramilitar y defensor de la supremacía de la raza blanca, que tenía un campamento permanente, ubicado en un lugar no revelado en el corazón de un bosque. Los fines de semana, sus miembros se reunían para planificar el aniquilamiento de todos los que no eran como ellos. Su objetivo consistía en hacerse un día con el poder en Estados Unidos para hacer una nación racialmente pura, como le correspondía ser.

Marco, que por lo que sabía Bella no tenía ninguna predilección política, debió de alarmarse con la ferocidad del odio que la organización transmitía, pues dejó consignadas en la cinta las maniobras bélicas simuladas a las que se dedicaban. Los grabó intercambiando armas y municiones, entrenando a los recién llegados en las tácticas de la guerrilla y adoctrinando a sus hijos para que creyeran que eran superiores a los demás. Lo hacían todo en nombre del cristianismo.

Era un vídeo asombroso y le dio lástima tener que pasarlo a velocidad rápida. A veces lo ponía a velocidad normal para asegurarse de no perder lo que buscaba, pero no veía la más mínima pista de por qué Marco lo había considerado lo bastante importante como para enviarlo.

La cámara empezó a registrar un grupo de hombres ataviados con uniforme militar. Iban armados hasta los dientes. Bella retrocedió la cinta y, luego, la ralentizó para estudiar cada rostro.

El comandante les gritaba barbaridades a los receptivos oídos de sus soldados.

Marco hacía un primer plano de uno de ellos. Bella tragó en seco. La cabeza le empezó a dar vueltas.

Tenía otro aspecto. El cuero cabelludo le brillaba por el corte de pelo al uno. Llevaba maquillaje de camuflaje en la cara, pero era fácil reconocerlo porque había vivido con él durante meses.

-"Que todos los hombres son creados iguales es un montón de mierda" -vociferaba el instructor en el micrófono que sostenía en la mano-. "Un rumor iniciado por las razas inferiores con la esperanza de que alguien los creyera".

El hombre que Bella había reconocido aplaudía. Silbaba. Se veía latente el odio en sus ojos.

-"No queremos vivir con negros ni con judíos ni con maricas, ¿verdad?"

-"¡Verdad!"

-"No queremos que corrompan a nuestros hijos con su propaganda comunista, ¿verdad?"

-"¡Verdad!"

-"Así que ¿qué haremos con quien nos diga que lo tenemos que hacer?"

El grupo, como un solo cuerpo, se alzó. La cámara de Marco se quedó fija en el participante que parecía más fanático e intolerante. –"¡Matar a los cabrones!" -gritó a través de su máscara de camuflaje-. "¡Matar a los cabrones!"

La puerta se abrió de golpe. Bella paró precipitadamente la cinta y se giró. '

-¡Emmett!

Se cubrió los labios con los dedos. Sus rodillas prácticamente se negaban a sostenerla.

-Me enviaron a buscarte. Deberíamos estar abajo, pero me alegra que tengamos un minuto a solas.

Bella se levantó con mucho esfuerzo, apoyándose en el aparato de televisión. Por detrás de los hombros de Emmett notó que el recibidor estaba vacío. Todos habían bajado ya.

Él se acercó.

-Quiero saber por qué lo hiciste.

-¿Por qué hice qué?

-Por qué viniste a mí de aquella manera.

Bella sintió que le costaba respirar. -Emmett...

-No, quiero saberlo. Rosalie dice que nunca me quisiste, que sencillamente tonteaste conmigo para enemistarme con Edward. ¿Por qué, maldita sea? Casi destruí mi relación con mi hermano. Casi acabé con mi matrimonio por tu culpa.

-Emmett, lo siento -dijo sinceramente-. Lo siento de verdad, pero...

-Sólo querías hacerme quedar como un imbécil, ¿no es así? ¿Le hizo bien a tu ego humillar a Rosalie?

-Emmett, escucha, por favor.

-No, escucha tú. Es dos veces más mujer que tú. ¿Has notado cómo dejó la bebida por sí misma? Hace falta carácter, algo que tú nunca tendrás. Aún me ama, a pesar de...

-Emmett, ¿cuándo entró Jasper a trabajar para Edward?

Emmett se quedó desconcertado y cambió de pie el peso, impaciente. -Te estoy hablando de mi vida y...

-¡Es importante! -gritó-. ¿Cómo consiguió Jasper el puesto de director de campaña? ¿Cuándo apareció en escena? ¿A nadie se le ocurrió comprobar sus credenciales?

-¿De qué diablos estás hablando? Sabes tan bien como yo que no convenció a nadie. Fue contratado para el puesto.

-¿Contratado? -repitió con voz débil-. ¿Por quién, Emmett? ¿De quién fue la idea? ¿Quién contrató a Jasper Whitlock?

Emmett puso los ojos en blanco y luego se encogió de hombros. -Papá.


OMG! NO TENGO PALABRAS PARA COMENTAR ESTO!

¿(-o-)?

๑۩۞۩๑

#Andre!#