Lexa estaba parada sin bajarse de su bici, en la puerta de un nuevo Instituto, ya ni recordaba que número hacía ese. Bueno esta vez había tenido suerte y no llegaba a mitad de curso. Esa vez estaría desde el principio y además a su lado estaría Lincoln. Claro que de todas formas seguiría siendo la nuevo, los grupos ya estarán hechos, estaría el típico graciosillo, el matón de turno, y los que pedirían su expulsión por su pasado en el reformatorio. Pero esta vez, saldría bien, se había prometido que éste será mi último instituto.

-¿Te acompaño al despacho del director? – La voz de Lincoln la sacó de sus pensamientos. La joven negó y tras escuchar la explicación de Lin de cómo llegar al despacho ambos se separaron. No sabían si coincidirían en alguna clase, así que quedaron para la comida.

Tras la charla con el director, éste acompañó a Lexa hasta el aula dónde recibiría su primera clase -Buenos días, Señor Lawson siento interrumpir su clase, le traigo un nuevo alumno. Su nombre es Alexandría Woods. Bueno aquí la dejo, espero que todo vaya bien-

-Bueno señorita Woods será mejor que tome asiento y así podremos todos continuar con la clase – Fue lo único que dijo el profesor.

-Sí señor. Puedo tomar asiento en ¿cualquier sitio? – Lexa miraba los asientos libres, intentando decidir dónde debería sentarse.

-Claro- Le animó el profesor a que tomase asiento ya. Al fondo una joven morena le hacía señales para que se sentase a su lado.

-Gracias, perdona ¿está libre?

-Claro, anda siéntate. Mi nombre es Octavia.

-Hola Octavia, soy Lexa.

Al finalizar las clases, Lexa y Lincoln se encontraron y regresaron juntos a casa. La joven le iba contando que su primer día no había estado del todo mal. Y que tenía ganas de que llegase el día siguiente.

-Mamá ya hemos llegado- Lexa se sorprendía aun de la costumbre que tenía Lin de gritar cada vez que entraba en casa.

-Hola chicos, bien habéis llegado rápido. Así podréis hacer la tarea antes de la cena sin prisas- Lin bufó ganándose por ello una dura mirada por parte de su madre- Lincoln quedamos en que este año intentarías subir tu media o va a ser casi imposible que entres en Stamford.

-Sí madre, recuerdo lo que he dicho, pero vamos que ha sido el primer día, poca tarea puedo tener, ¿verdad Lexa? – La joven tan solo asintió.

-Bien, me alegro que recuerdes las promesas hechas. Pero no lo dejéis mucho, siempre es mejor estudiar poco a poco que darse atracones. Y bueno ¿cómo fue el día?

-Normal, clases, almuerzo, más clases. La gente de siempre. El tuyo Lexa – Lin salió disparado hacia su cuarto dejando a su madre y Lexa en la entrada.

- Ha estado bien, la gente parece maja. Hay un par de grupos de gente interesante, uno de debates y otro de ciencia.

-Y ¿ningún mal entendido?

-Indra, tranquila. Era el primer día, me he comportado, te lo he dicho- Contestó con bastante dureza la joven. Indra supo que la pregunta no había sentado bien a Lexa.

-Ya, ya sé que era el primer día. Pero la gente suele prejuzgar. Hay muchos que antes de darte la oportunidad de demostrar lo increíble que eres te juzgan por el lugar del que procedes. Quiero que me cuentes si eso sucede- Lexa se relajó, había mal interpretado la pregunta que Indra le había hecho.

-Descuida, si sucede algo serás la primera a la que se lo contaré.

Lexa entendía perfectamente cuál era el miedo de Indra. No sería la primera vez que la joven vivía un ataque por el simple hecho de ser una niña del sistema. La primera semana terminó y pese a los miedos que la familia había tenido la integración de Lexa estaba siendo fantástica. La joven era consciente de que el formar parte del grupo de Lincoln le estaba haciendo la vida mucho más fácil en el instituto.

-Lexa, espera- decía un chico que llegaba hasta ella casi a la carrera. Lexa se paraba esperando que se recuperase un poco -Tienes clase con Lawson ahora ¿no? Nos sentamos juntos y te cuento ¿vale? –Contestaba Finn intentando recobrar el aliento.

Lexa podía tener muchas virtudes pero la paciencia no era una de ellas -Venga va. Cuéntame, cual es el secreto-Pese a todos los intentos que hizo Finn se mantuvo en sus trece y no abrió la boca hasta que ambos estuvieron sentados en clase.

-Verás, la capitana del grupo de debate piensa que serias muy útil para el equipo, y yo también lo creo- Lexa le miró alzando una ceja. Aquello nunca lo hubiese imaginado.

-¿Yo? ¿En un equipo de debate? - En la voz de la joven se notaba que aquella información le hacía gracia.

-Sí, tú. Te hemos visto en clase como rebates a los profesores y a los otros chicos, siempre intentas dar opciones basadas en datos, no te exaltas, estás relajada…

-Vale, vale, me queda claro. Deja que me lo piense ¿vale?- Había algo de la propuesta que le gustaba, por primera vez podría formar parte de algo y eso le motivaba.

-Claro, oye ¿por qué no vienes esta tarde al entrenamiento? Así nos ves y te puedes hacer una idea. Somos buenos, el año pasado llegamos a las finales- Finn había casi prometido a su equipo que lograría el sí de Lexa, y por eso insistía tanto.

-Y ¿ganasteis?-preguntaba ya con cierta curiosidad.

-No.

-Entonces, sois mejorables, de todas formas iré, os veré y luego tomare mi decisión. ¿Te vale?- Segundos, habiendo perdido no entendía el orgullo con el que Finn hablaba del equipo. Finn aceptó el terminar la conversación sin tener el sí, al menos había logrado un "tal vez".

Lexa salía casi a la carrera. Había quedado con Finn en el aula 213 a las 16 horas, pero ahora llegaba tarde a clase de biología. Se despidió de Finn ya casi en mitad del pasillo. Sonrió cuando al llegar al aula de biología vio que la profesora aun no había llegado.

-Te has salvado – Octavia retiraba su mochila de la silla de Lexa- Abby aun no ha llegado, pero ya sabes que si llegas tarde no te deja entrar- Justo en ese instante la puerta se cerraba tras la entrada de la profesora Griffin.

Abigail Griffin, médico de profesión hacia dos años que se había convertido en profesora de biología. Desde casi el mismo momento de su incorporación fue una de las profesoras más admiradas. Muchos se preguntaban qué hacía que una de las mejores neurocirujanas del país dejase todo y terminase siendo profesora. La respuesta, su marido había fallecido y ella no pudo hacer nada por salvarle así que decidió dejar todo.

-Buenos días chicos, hoy toca diseccionar una rana- Les informaba Abby nada más entrar en la clase- Ya sabéis que debéis hacer, así que adelante.

-Oye Lex, ¿qué hablabas antes con Finn?-preguntaba con curiosidad Octavia mientras Lexa comenzaba la diseccion.

-Me proponía que me uniera al grupo de debate. ¿Son buenos?- Octavia la miró totalmente sorprendida.

-El año pasado llegaron a las finales, pero perdieron- Contestó encogiéndose de hombros.

-Ya, eso me ha dicho. ¿Qué te parece ese grupo? –preguntaba como buscando consejo.

-No está mal. La gente es maja, creo que encajarías con ellos –contestaba ella con una cierta nostalgia. Hasta hacía poco más de un año, ella había formado parte del equipo.

-¿Estás segura? ¿Quiénes son?

-Lo componen 7 chicos, los más importantes son Finn que ya le conoces y la capitana. Ella es espectacular, verla debatir es una pasada.

-Interesante, y la capitana ¿tiene nombre?

-Griffin, Clarke Griffin.

-Ni idea, no la conozco-decía Lexa después de hacer memoria- pero se apellida igual que Abby.

-Pues coincidís en filosofía y literatura. ¿No te has fijado en ella? Los chicos dicen que esta buenísima. Y sí, es la hija de Abby.

-Pues no lo estará tanto si no me he fijado en ella-Decía Lexa guiñando un ojo. Desde muy pequeña había descubierto que lo que le gustaban eran las mujeres y pese a ser tan joven nunca lo había ocultado - Bueno he quedado que iría a ver el entrenamiento de hoy y luego decidiré, ¿quieres acompañarme?

-¿Hoy? Que va, no puedo. Tengo clase en el conservatorio – Octavia rodó los ojos. Su madre se empeñaba en que debía tocar el piano, pero era algo que la joven Blake aborrecía.

A las cuatro en punto de la tarde Lexa estaba en la puerta trasera de la clase donde el grupo entrenaba. Tras veinte minutos más o menos, decidía que ya había visto suficiente.

-Finn ¿no decías que la chica nueva te había dicho que vendría? –preguntaba una joven bastante molesta.

-Joder, eso fue lo que me dijo. Además de la veía interesada o por lo menos intrigada. Igual debería llamarle por si le ha surgido algo, ¿no?- contestaba el aludido.

-No creo, si le hubiera surgido algo debería haber sido ella quien te comunicase que no iba a poder asistir al entreno, ¿no? Vamos esa es mi humilde opinión- contestaba la joven mientras recogía su cazadora para abandonar la sala. Lexa escuchaba con atención toda la discusión. La rubia enfadada debía de ser Clarke Griffin.

-Clarke, no seas tan dura con la chica. Mañana hablare con ella e intentare que venga la próxima vez.

-Déjalo, tan poco estamos tan desesperados para ir detrás de alguien que no tiene el más mínimo interés en nosotros- Clarke abandonaba la sala. La falta de puntualidad o la no asistencia sin una causa para ella no tenían perdón. Era bastante inflexible.

Lexa pedaleaba hasta su casa. Durante el trayecto sólo podía pensar en el carácter que tenía la capitana. Seguro que cuando se presentase ante ellos le iba a montar una buena bronca. Por fin llegaba a casa, la verdad es que había tardado más de la cuenta, pero es que de camino a casa había recibido una llamada de Roan, un viejo conocido de alguna casa de acogida.

-Indra, ya he llegado-Decía nada más entrar en la casa imitando la manera de saludar de Lincoln.

-Que pronto se te han pegado las malas costumbres de Lin – Indra intentaba sonar seria pero la sonrisa que tenía en la cara la delataba- ¿Cómo ha ido el día?

-Bien, normal. Sabes una cosa, me han propuesto unirme al grupo de debate- Su voz la verdad es que denotaba ilusión-

-Bien, eso está bien. Que te integres en un grupo, que hagas nuevos amigos…

-Aun no he dicho que sí. Solo he dicho que lo iba a pensar.

-Por algo se empieza y ¿cuándo vas a contestar? – Indra y Lexa se perdían en el interior del despacho de la primera. Y mientras Indra retomaba su trabajo Lexa se sentaba frente a ella y continuaba contándole.

- Esta tarde he ido a ver uno de sus entrenamientos, sin que ellos me vieran.

-Y, ¿qué tal son?-Preguntaba la madre de Lin con curiosidad.

-Son buenos, pero son técnicos, fríos, asépticos. Ya sé porque no ganaron el año pasado. Les falta alma, transmisión – Indra la escuchaba con sumo interés.

-Bueno eso se aprende si alguien se lo enseña- decía- y tú eres todo menos fría, y trasmites todo lo que te pasa, igual eres la pata que les falta. A demás puedes usarnos a Gustus y a mí, podríais aprovechar que somos abogados. Os podríamos dar algún que otro consejo.

-Ya, mañana hablare con Finn- En su cara apareció una sombra de duda.

-Lexa, ¿seguro que no me tienes que contar nada más?

-No, nada más-decía tomando el camino de su cuarto- Ah sí, que cabeza la mía. Cuando venia para casa me llamo Roan.

Indra se puso seria al escuchar ese nombre -¿Cómo has dicho? –Lexa comenzó a pensar que tal vez debería haber guardado silencio- Alexandría, sabes que no puedes tener contacto con él. Tendré que hablar con Anya.

-Joder, que sólo me ha llamado, que no le he visto. Y no tengo ninguna intención de quedar con él, ¿contenta? – Estaba perdiendo los nervios. No quería explotar, no quería tener problemas. Sabía las reglas, nada de contacto con Roan ni Ontari. Ningún tipo de contacto.