Esa mañana Lexa se despertó con la sensación de que esa era su oportunidad, debía aceptar esa propuesta para así poder dejar tras de sí los últimos años vividos, las decisiones equivocadas tomadas, la gente poco conveniente que le había rodeado. Salió totalmente decidida a ello, aquella mañana recobraría por fin su vida.

La mañana transcurrió tranquila clase tras clase, en todo el día no había coincidido con Finn, Octavia le había animado a que aceptase. Después del almuerzo se dirigió a la clase de ensayo pensaba que quizás allí le encontraría.

Tras abrir la puerta se encontró al grupo, sentado, con cara de pocos amigos, las miradas se dirigían hacia ella.

-Finn, llevo buscándote todo el día –decía Lexa acercándose al muchacho.

-Anda mira la desaparecida. ¿Y para qué narices me buscabas? Que yo recuerde habíamos quedado ayer y tú ni apareciste- decía Finn con cara de pocos amigos. Lexa no entendía el ataque gratuito que estaba sufriendo.

-¿Perdona? Claro que vine, y os vi. Me quede en la puerta trasera, solo quería veros en vuestro hábitat sin tener que fingir para intentar convencer a alguien de lo buenos que sois- decía tratando de explicarse.

-Ya, en la parte trasera, ¿como un ladrón o un mirón no?

-Creo que eso ha sobrado –Decía una Lexa alucinada por lo dicho por aquella chica- mira guapa, creía que esa era la mejor forma para saber si realmente sois buenos. ¿Sabes por qué? porque seriáis vosotros mismos, sin nada que desviara vuestra atención.

-Ya, ¿crees que tu presencia habría desviado nuestra atención del tema que tratábamos? No te creas tan importante -Decía la chica cada vez más cerca de Lexa-

-Sé que eso es lo que habría sucedido, os desviáis del tema siempre que surge algo nuevo, aunque ese desvío solo dure como mucho dos minutos- decía ella mirando fijamente los ojos de aquella joven. Lexa sentía como su mal genio crecía y no tenía muy claro que pudiese controlarlo.

-Ya, y eso lo sabes porque…

-Porque antes de venir a ver vuestro entreno, logre visionar la final de año pasado. Perdisteis porque os despistasteis con el nuevo chico del equipo rival, no supisteis reaccionar a su aparición y a la frescura que su exposición supuso. Pero eso no volverá a pasar, conmigo nunca os quedareis fríos, nunca más os faltara química con el jurado-decía poniendo una pose de confianza total. Con esa pose el enfado de Clarke creció un poco más.

-Te lo tienes un poco creído, ¿no?

-Mira, no sé cuál es tu problema chica. Te haré una pregunta, solo una. ¿Te gusta ser una segundona? Porque a día de hoy eso es lo que sois. ¿Te vale con eso? – la pregunta de Lexa descolocó a Clarke unos segundos. Azul contra verde. Lexa esperando una respuesta.

-Mi problema eres tú, no me gusta lo que he visto hasta ahora, estoy segura que sólo nos vas a traer problemas, que vas a ir de líder y somos un equipo. Somos un equipo serio, ¿entiendes? Pero tienes razón en una cosa, no sabemos atraer al jurado. Y no, no me gusta ser segunda en nada- Decía esto aceptando el reto propuesto por Lexa- y ahora chicos por hoy creo que ha sido suficiente, dejémoslo aquí y el lunes a las tres entreno, ¿vale? Pasad un buen fin de semana –decía esto recogiendo sus cosas y dirigiéndose a la puerta- Chica, espero que esta vez decidas entrar y se puntual –tras decir aquello cerraba la puerta tras de sí.

-Joder Lexa, da gracias a que Clarke no te ha descuartizado –decía Finn- no te imaginas lo enfadada que estaba contigo.

-Clarke, ella es ¿Clarke Griffin?

Las semanas fueron transcurriendo, llenas de clases, exámenes, entrenamientos, y discusiones sobre todo discusiones. Pese a todo, aquellos meses estaban siendo los mejores de Lexa desde hacía mucho tiempo.

Aquel día al llegar a casa estaba realmente enfadada.

-Indra, ya he llegado me voy a mi cuarto. No quiero cenar –decía nada más entrar. Lincoln miró a su amiga y cuando su madre le miró él simplemente se encogió de hombros.

-Lexa, ¿qué ha pasado? -decía acercándose hasta ella y tomandola del brazo.

-No la soporto, es tan engreída, egocéntrica, intransigente.

-Y hablamos ¿de?

-De Clarke –Contestaba mientras soltaba un suspiro y pasaba sus manos por el pelo, en un claro síntoma de nerviosismo.

-Ya, anda vamos a sentarnos y me cuentas que ha pasado hoy. ¿Quieres?

-No puedo con ella. Nada de lo que hago o digo le parece bien. Si propongo un orden alternativo a la hora de la exposición le parece mal, si propongo que hagamos técnicas de teatro para ganar química y que seamos capaces de improvisar le parece mal…

-Ya, nada le gusta. Y ¿no será que no sabes cómo exponerlo? Lexa en todos estos meses he comenzado a conocerte y sé que a veces, cuentas las cosas pero no explicas la razón de fondo para hacer algo.

Al día siguiente Lexa se hizo entender. Explicó con calma tal y como Indra le había aconsejado porque necesitaban aprender técnicas de teatro, y todos aceptaron, todos salvo Clarke. Pero como la rubia recordó, eran una democracia y si la mayoría lo aceptaban ella no podía negarse.

Desde que Lexa logró convencerles las cosas habían ido mucho mejor, las eliminatorias del campeonato habían comenzado y ellos las pasaban con una soltura pasmosa.

Entre ellas las cosas habían mejorado algo, por lo menos ahora no se tiraban a degüello a cada momento. No se podía decir que fueran amigos pero ahora por lo menos se toleraban. Eran las únicas que nunca quedaban, cuando el grupo salía junto si una venia la otra ponía cualquier excusa para no tener que coincidir. Como ellas decían ya era suficiente con coincidir en el grupo cómo para hacerlo también fuera y desperdiciar un fin de semana.

Aquel día era viernes y estaban los ocho intentando hacer planes, intentando decidir dónde ir, y sobre todo intentando que ellas dos decidieran ir con el resto.

-Oh vamos, ¿queréis dejarlo ya? -Decía Finn – joder, no es tan difícil, solo tenéis que venir, lo pasaremos bien. Es hora de que os deis una oportunidad, tenéis que conoceros de una vez. Clarke mira, Lexa es divertida, simpática – Lexa le miró alzando una ceja- aunque lo disimula bien, amiga de sus amigos. Y tú –Se dirigía esta vez a Lexa- Clarke es genial, es dulce, simpática, divertida. Ambas sois más parecidas de lo que pensáis. Vamos, daros una oportunidad, y sobre todo, no nos hagáis al resto participe de vuestro rollo.

Aquello dicho por Finn les hizo reaccionar, ambas se dieron cuenta que estaban poniendo a sus amigos en verdaderos aprietos, así que decidieron que aquella tarde saldrían todos. Al final decidieron ir patinar y luego tomarían una hamburguesa, porque la primera opción de ir al cine se descarto, no lograron ponerse de acuerdo con la película.

Durante la cena el ambiente ya estaba relajado, la verdad es que desde fuera nadie diría que aquellas dos jóvenes que estaban sentadas juntas, riendo y compartiendo un batido tan solo unas horas antes se trataban con indiferencia.

Era hora de regresar a casa.

-Oye Clarke, ¿cómo vas a regresar? –Preguntaba Lexa- lo digo porque es un poco tarde si quieres tomamos un taxi juntos.

-Lexa Woods, vaya, vaya, vaya. Mira Titus a quién tenemos aquí-decía una voz salida de la nada. Los chicos se paraban, Lexa se giraba quedándose pálida al descubrir a quien pertenecía aquella voz.

-Chica ¿qué haces a estas horas en la calle?, hace horas que deberías estar en casa –decía una mujer acercándose hasta ella.

-Detective, yo… verá… yo….

-Vaya, vaya, Lexa se ha quedado sin palabras. Contra la pared, vamos, comprobemos que llevas-decía el policía abriendo su chaqueta y enseñando su pistola- y vosotros –decía girándose hacia el grupo de amigos-será mejor que os larguéis a vuestras casas.

-Ni de coña, por mi parte no pienso irme de aquí dejando a mi amiga con usted- decía Clarke- ella no ha hecho nada y usted le está atosigando. No tiene ningún motivo para cachearle, esto es abuso de autoridad.

-Vaya, vaya, pero que tenemos aquí. ¿Quién te crees que eres para hablar así a un agente de la ley? - La tomaba del brazo no de muy buenas formas- vamos a tener que enseñarte modales.

-Jefe, suéltela, ya me tiene a mí. ¿Quiere detenerme? hágalo, ¿quiere cachearme, enseñarme una lección? hágalo. Pero suéltela - La voz de Lexa, ya no sonaba nerviosa, y en su cara se veía decisión- ¿qué quiere de mi?