La mañana amaneció con un sol radiante, Clarke se intentaba despertar, pero estaba tan agusto en la cama que le costaba un mundo levantarse. Pero debía hacerlo, había quedado en media hora, tiempo suficiente para una ducha, vestirse y salir disparada hacia la recepción.

Aun no se podía creer el giro que había dado aquel verano, estaba en España desde hacía cuatro días, la tarde anterior habían llegado a Madrid. Un poco cansadas tan solo salieron a pasear por la zona centro de la capital. Dejaron las visitas para otro día. Estaba con su chica, eso hacía que la sonrisa que se dibujó en su cara en el momento en que su madre y Kane le dijeron que se iba de viaje aun se viera en su rostro.

Sus pasos se dirigieron hacia la recepción, allí fue recibida por Lexa y Nyko. Éste último le recibió como cada día con un super abrazo como él mismo le llamaba, Lexa se acercaba a ella sonriente y dejaba un beso en sus labios.

-Buenos días preciosa –Decía un cantarín Nyko- ¿estás preparada para el día de hoy?

-Claro, y ¿cuál es el plan para hoy? –No soltaba la cintura de su chica.

-Eso, ¿qué plan tenemos para hoy?-preguntaba Lexa.

-Veréis chicas, me ha surgido algo. Tengo una reunión de trabajo, así que el día de hoy lo tendréis que pasar sin mí. Ya sé que eso os hará que el día sea insoportable, pero es lo que hay- y diciendo esto salió disparado hacia la puerta del hotel- no hagáis nada que yo no hiciera -gritaba ya desde la calle.

Allí estaban las das solas, recorriendo las calles de Madrid. No tenían muy claro qué querían ver primero, pero con el día que hacía sabían que esa mañana no irían a visitar el Museo del Prado. No sé cómo se les ocurrió pero terminaron en la Estación de Atocha tomando un tren hacia El Escorial.

Cerca de una hora después de montarse llegaron a su destino, les dijeron que el famoso Monasterio pese a que todo el mundo lo conozca como el Monasterio del Escorial realmente estaba en San Lorenzo de El Escorial. Se miraron como preguntándose a qué distancia estaría ese otro pueblo, menos mal que están al lado. Se pusieron a caminar hacia como uno de los lugareños les había dicho: "mirad, sino tiene perdida, toda esta calle "pa´rriba" y llegáis al pueblo de arriba y nada más entrar se ve ya el monasterio".

Y tenía razón nada más terminar de subir la cuesta, aparece deslumbrante el Monasterio.

Dicen que por España se usa una frase "esto dura más que la obra del escorial" y es que la edificación se tardó en construir 21 años.

La verdad que es un lugar mágico. Lo mandó construir Felipe II, que fue un rey español. El monasterio fue la residencia de ese monarca. Una de las salas que más espectaculares es el Panteón de los Reyes, que está situado justo bajo el altar mayor.

La verdad es que después de hacer todo el recorrido por el monasterio (casi 2 horas) ambas jóvenes reconocían la belleza del lugar.

Ya en la llamada "lonja", que no es otra cosa que la explanada que rodea el edificio, decidieron sentarse y tomar un granizado.

-Sabes Clarke, dicen que el rey Felipe II mandó construir este edifico justo aquí, porque según la leyenda con el monasterio se tapa una de las puertas del infierno –decía Lexa mientras saboreaba su granizado de limón.

-Venga ya, te lo terminas de inventar.

-No, es lo que se dice. Al igual que la catedral de Paris y otras tantas-afirmaba.

-Tendré que mirar eso que estás diciendo cuando volvamos a casa –concluía la joven.

-Bueno y ¿qué quieres hacer ahora? ¿Tienes hambre? Porque podíamos comer algo aquí y luego ya si eso nos vamos a Madrid.

- La verdad es que mi estomago empieza a estar vacio, así que me parece genial lo de comer algo y luego irnos. Sabes he oído que hay un parque en Madrid que es una pasada, podíamos ir esta tarde, ¿qué te parece?

-El retiro, vale. Si tú quieres ir iremos preciosa-dejaba un beso en sus labios.

-Bien, me parece bien que sepas quien manda aquí. Pero te has equivocado, el parque de El retiro es el que conoce todo el mundo, pero hay otro que se llama El Capricho que por lo visto es mucho más bello. Es a ese al que quiero ir.

Ya de regreso en Madrid se fueron al Capricho. Realmente la plaza del Capricho, el Palacio, el estanque, la plaza de los Emperadores, o la fuente de los Delfines y de las Ranas son impresionantes.

Al salir del parque estaban cansadas, decidieron volver en taxi al centro, pasar un rato por el hotel y allí decidir qué harían esa tarde-noche. Y ver si Nyko había vuelto.

-Estoy agotada –decía Lexa tirándose sobre la cama- ¿en serio tenemos que volver a salir?

- Pues sí que tienes poco aguante-contestaba la rubia tratando de picarle- como tengas el mismo para todo…

-Si quieres te lo demuestro preciosa. Hay cosas para las que mi aguante es total- decía tomando a la joven por la cintura y arrastrándola hasta ella.

-Ehh, mira ahí hay una nota, ¿será de Nyko?

-Bueno pues nada, parece que ha quedado con una mujer a cenar, así que tenemos la noche también para nosotras solas. ¿Qué te apetecería hacer preciosa?-decía acercándose hasta su chica- podíamos pedir lago para cenar y quedarnos en tu habitación, ¿qué te parece?

-Pues, la verdad… yo casi preferiría que saliéramos a cenar por ahí y a tomar algo – Se soltaba del abrazo de su chica y se ponía de pie.

-En serio ¿eso es lo que quieres? ¿No prefieres que nos quedemos en el hotel las dos solas? Seguro que lo pasaríamos bien-decía alzando las cejas.

-Joder Lexa, no seas pesada. Ya te he dicho que prefiero salir. ¿Qué parte no has entendido? – la joven estaba empezando a enfadarse.

-Eh, ¿qué narices pasa? ¿No puedo gastar una broma o qué?

-¿Una broma? Pues no le encuentro la gracia, la verdad.

-Perdone, usted señorita perfecta. Es cierto que usted nunca gasta bromas ¿no? –Lexa ni siquiera entendía el porqué estaban discutiendo.

-Claro que gasto bromas, no seas idiota. Pero si veo que no tienen gracia no continuo con ellas indefinidamente.

-Pues no se cual es el problema de mi broma.

-Déjalo, sino lo entiendes no voy a perder el tiempo tratando de explicarlo.

-Claro, doña perfecta no puede rebajarse hasta el nivel de los mortales para explicar lo que le ha parecido mal. Manda huevos, la verdad.

-Sabes qué, vete a la mierda Alexandría. -decía esto saliendo de la habitación de su novia y dando un portazo.

Unas horas después cada una paseaba por su habitación intentando saber que debían hacer. Ambas se preguntaban cómo podían haber tenido aquella bronca cuando solo iban a decidir donde saldrían a cenar.

Los golpes en la puerta de su habitación sacaron a la rubia de sus pensamientos. Lentamente, casi arrastrando sus pies se dirigió hacia aquella puerta para ver quien se encontraba tras de ella.

Cuando abrió sintió como su corazón se aceleraba -Lo siento, lo siento mucho. ¿Podrás perdonarme?

-No tengo nada que perdonar Lexa, la culpa también ha sido mía.

-No cariño, claro que debes perdonarme, a veces soy una idiota. Debí darme cuenta de que la broma no te estaba gustando, no debí seguir con ella. Además esas bromas denotan poco carácter de líder, el humor hay que saber dosificarlo.

-No, yo nunca debí ponerme como me puse solo por ello.

-Creo que ambas sabemos porque no te gustó la broma. Deberíamos sentarnos y hablar, ¿no crees? – Decía Lexa tomando entre sus manos las manos de su novia.

-Tienes razón. Quizás deberíamos hablarlo.

-Ven, sentémonos en el sillón. ¿Has cenado algo? –Clarke negaba- pedimos una ensalada, un poco de queso y ¿charlamos? Eso es un ¿sí? Vale, entonces voy a llamar al servicio de habitaciones.

Unos 20 minutos después ambas jóvenes estaban preparadas para tener aquella conversación, al mismo tiempo que intentaban calmar a sus estómagos.

-Mira, yo nunca pretendí incomodarte con mi estúpida broma. No pensé que te lo tomarías como lo hiciste, si por un solo segundo mi mente hubiera sido capaz de imaginarse que no lo entenderías nunca lo hubiera hecho.

-Cariño lo de menos era la broma. Ha sido el cómo me he sentido. Las cosas que han comenzado a pasar por mi cerebro. Yo no había hecho esto antes, ¿sabes? –La cara del chica era de estar perdida- me refiero a que nunca antes había salido con nadie. Nunca había tenido novio y menos aún se me había pasado por la cabeza que me pudiese sentir atraída por una chica. Como mucho me había dado algún que otro beso con algún chico pero nada más. Siempre dije que no quería novios tan pronto, que no quería que los chicos interfirieran en mi educación. Entonces llegaste tú y desde el primer día me sentí atraída por ti, y eras una chica. Sentía cosas, que ni yo misma entendía, por eso mi comportamiento del principio. Luego la noche aquella, me di cuenta que todo puede cambiar en un momento, que igual no debía frenar mis sentimientos. Luego descubrí que tú sentías lo mismo por mí y me sentí inmensamente feliz. Comenzamos a salir pese a todo lo que durante años me había prometido a mí misma. Y descubrí a una Lexa divertida, cariñosa, graciosa, un poco egocéntrica, un poco niñata a veces. Descubrí que siempre estabas junto a mí, que nunca pedias nada que yo no estuviera dispuesta a dar. Que si te decía que no podíamos vernos porque tenía que estudiar, tú solo sonreías y decías no pasa nada amor, estudia ya saldremos otro día. Cada día me fui enamorando más de ti. Pero al mismo tiempo, ha ido apareciendo un miedo que antes no estaba. ¿Y si lo que te doy no es suficiente? ¿Y si tú quieres algo más? – Decía Clarke mirando directamente a los ojos de su novia.

-Cariño, veras. Creo que me enamore de ti la primera vez que vi tu sonrisa. Eres lo mejor que nunca me ha pasado en la vida. Me das todo lo que necesito para ser feliz, porque el mero hecho de que estés junto a mí ya me hace feliz. El resto, sucederá cuando ambas estemos preparadas, cuando ambas lo deseemos. Cuando eso pase, será maravilloso, pero no creas que por el hecho de que aun no haya sucedido no soy feliz, porque lo soy.

- Ya, pero tú ya has estado antes con chicas. Y yo no sé cuando estaré preparada …

-Cariño, no voy a negar que he estado con otras chicas, pero te voy a decir algo. Ninguna eras tú. No me importa esperar por ti, te quiero. Y eso sí que es nuevo.