Esta es la segunda parte del primer capítulo, básicamente por su longitud lo dividimos en dos.
Esperamos que disfruten la continuación de este encuentro a la mañana siguiente.
Déjenos saber si les gusta.
Caravana de día
A la mañana siguiente, Wufei Chang despertó enredado en la manta, boca abajo y con un brazo colgando por el costado del catre, rozando el suelo con los dedos. Abrir los ojos le fue difícil y aun más incorporarse en uno de los codos para observar alrededor.
La caravana aún se movía. Pero el golpeteo de un chorro de agua acompañaba a los ruidos de su avance. El tráiler que estaban usando no estaba completamente equipado como otros. Al haber usado un par para ocultar los gundams, Trowa obligó a algunos de sus compañeros del circo a ocupar la cabina que realmente le fue asignada para tener a cuidado sus máquinas. Había, sin embargo, un depósito de agua y drenaje simple para sustituir al baño.
Trowa notó el movimiento del catre y se dio la vuelta—. Todavía no amanece —fue todo lo que dijo para volver a la tarea de limpiarse el cuerpo. Mojaba un trapo en el chorro de agua que caía en una tarja y la pasaba por su espalda. Aun estaba desnudo, pero el aire era tibio, lo que denotaba que habían cambiado de clima.
La habitación no mostraba nada excepcional de la noche anterior; hacía aproximadamente una hora que había lavado sus ropas y, colocadas cerca de las ventilas del inmueble, estaban casi secas.
—Ya veo —musitó Wufei, mirando desde su posición el cuerpo tonificado de Trowa. Acomodó el peso de su torso sobre el codo, y el de la cabeza en su mano— Pareciera que dormí por dos días —declaró en voz baja, dándole a conocer que le agradecía a su muy especial manera. Gracias a Trowa había logrado olvidar tormentos del pasado y dormir cobijado por una noche.
Pensaba en todo aquello cuando las ganas de orinar fueron más fuertes que las ganas de quedarse en cama. Se incorporó e, inmediatamente, un punzante dolor en la parte baja de la espalda se hizo notar. Apretó los labios con fuerza y miró la espalda ancha del otro, esperando que no hubiera notado su lamentable estado.
No era la primera vez que sufría de dolores. El tiempo de entrenamiento y las batallas libradas, tanto en la Tierra como en el espacio, le habían dado la suficiente experiencia al respecto; sin embargo, este dolor era incómodo, extraño, y evocaba recuerdos de la noche anterior. Apretó los dientes cuando notó que un calor súbito le recorría la espalda.
—¿Sabes cuándo vamos a aparcar? —preguntó.
—Aproximadamente en tres horas —contestó Trowa terminando de bañarse, pasando agua donde sentía la piel arañada en la espalda. Esperando que en la penumbra no se vieran las marcas. Sacudió su cabello húmedo y se dio la vuelta—. Puedes volver a dormir… —fue entonces que notó la inusual tensión en el cuerpo de Wufei, que evidentemente quería obviar. Tomó un cubo que se hallaba cerca, lo llenó de agua y lo dejó en el cubículo el baño.
Después de remojar un trapo, caminó hasta el catre y lo extendió hasta él—. No te esfuerces demasiado, o la molestia tardará en irse —no le miró, pensando que aquello le incomodaría. Incluso a él le parecía extraño, pues no había compartido ese momento de intimidad después del acto con ninguna persona. Regresó para tomar su ropa interior de donde se secaba, y comenzó a colocársela—. Katherine traerá algo de comer cuando lleguemos —le comentó, intentando mostrar normalidad, aunque no era bueno hablando.
Wufei asintió en silencio, limpiándose el rostro con el paño ofrecido, sin aflojar la mandíbula cuando se puso de pie y pasó cerca de Trowa. Advirtió que olía a jabón y a frescura. Deseó entonces apresurarse al baño y asearse para refrescar su piel también.
Caminar no era tan molesto como era el estar sentado, pero sentía tensión en los músculos de las piernas con cada paso que daba y, contando con que el tráiler transitaba por la carretera a mayor velocidad, su perfecto equilibrio se veía afectado. Masculló una maldición de alivio cuando llegó al baño y orinó, sin siquiera preocuparse de cerrar la puerta.
—No es que me interese, pero ¿eres así de brusco con todos? —miró por sobre su hombro a Barton, tomando el trapo húmedo y comenzando a fregarse la piel del cuello y los hombros, justo ahí donde recordaba una mordida electrizante.
A Trowa se le escapó una risilla impropia de él. La verdad que una de las cosas que le había provocado descontrol con Wufei, era justamente esa faceta descarada suya—. No, no lo creo. Tú eres… provocador —se había quedado en silencio buscando la palabra cuando recorrió el cuerpo del susodicho. Al caminar del catre al cubículo, el desequilibro que mostró y vislumbrar sus glúteos en la semi penumbra lo calentaron. Intentó serenarse y no mirarlo demasiado aunque el traqueteo del tráiler le complicaba su intención al resaltar movimientos insinuantes.
Provocador.
Wufei se quedó pensando en esa palabra, dándole vueltas por la mente mientras el trapo descendía por el pecho y el abdomen. Se dio la vuelta para encararlo, apoyando la espalda en una de las paredes para no perder el equilibrio de nuevo—. No veo qué hay de provocador en mí —confesó, sintiendo que era muy cómodo compartir sus inquietudes con él—. ¿Qué es lo que tú ves? —inconscientemente quizás, comenzó a limpiar su entrepierna y entre sus muslos los vestigios de sexo anterior.
Trowa miró de reojo aquella acción e involuntariamente tuvo una reacción pélvica—. No, no… no sé… explicarlo —se trabó al decir, asombrado por su instintiva respuesta. La química sexual aún estaba encendida por las circunstancias: solos, encerrados y a oscuras, además de un recuerdo muy vívido.
Cruzó los brazos y llevó una mano para acomodarse el fleco en un pretexto para bloquear su vista—. Eres agresivo, pero cooperas… —logró dar con dos palabras, suficientemente descriptivas sin ser impertinente—. Es extraño encajar con alguien tan bien. Eres… estupendo —terminó de decir, dejando que sus ojos escaparan por la rendija de su mano mientras veía la tela pasar por el cuerpo que había tomado la noche anterior.
Wufei afirmó, sintiéndose tenso pero ahora por causas totalmente distintas. Percibió el brillo en los ojos de Trowa y, sin preverlo, un increíble ardor se expandió por su cuerpo, quemándole las venas. —. Acércate —tragó saliva con pesadez, ansiando tocarlo aunque sus manos no fueron capaces de soltar el trapo húmedo, que en ese momento le cubría el miembro.
Como Trowa no se movió de su lugar, pensó que tal vez había jodido todo el ambiente y se volteó al cubículo, estrujando y enjuagando el paño con mucha fuerza sobre la tarja.
La mano de Trowa lo detuvo, humedeciendo su mano también. Esperó a que sus ojos hicieran contacto subiendo por los brazos y pasando por los labios, insinuándole sus intenciones al acercarse aún más. Luego colocó lentamente su otra mano en la espalda y, ocupando completamente el espacio personal del otro, se acercó mucho a su rostro.
El chino entrecerró los ojos inmediatamente, casi bizqueando al tratar de seguir su mirada tan de cerca. No pudo evitar sentirse estremecido ante el tacto de sus manos, del calor emanado de su cuerpo semi desnudo. La respiración se le aceleró cuando desvió la mirada a los labios del otro y tuvo que tragar saliva una vez más, inquieto, con la piel reaccionando a su contacto.
—Esto es tan… nuevo —susurró, llevando una mano a la nuca de Trowa, enredando los dedos en los mechones de cabello.
Trowa solo contestó con los labios, juntando sus cuerpos. Sí, nuevo. Nueva la atracción, nueva la ansiedad, nuevo el calor que surgía por su interior y no solo en la piel, con el deseo.
Quizá, había algo más aquí.
Sus manos quemándose en contacto con la piel y el beso intensificándose mientras invadía su espacio.
Una flama interior volvió con fuerza y aferró el cuerpo del guerrero en un feroz abrazo, que sus bocas compartieron. Girando sobre él, lo juntó contra la pared, apresándolo y juntando sus pelvis despiertas una vez más.
—¿Puedo tenerte ahora? —preguntó Trowa, sabiendo que había abusado hacía unas horas. Si aquello tenía que detenerse, era ahora.
Wufei se mordió la lengua mientras analizaba sus ojos, aunque no había mucho qué pensar. Lo deseaba. No había duda en esa decisión. Le gustaba cómo se sentían sus pieles juntas, frotándose como si no hubiera mañana. Le volvía loco saborear su boca, gemir en su lengua, el sentir su pulso acelerado por aferrarse de su cabello humedecido.
—Puedes —dijo ronco, deslizando la mano que tenía libre entre sus cuerpos para acariciar su erección y la propia al mismo tiempo, apretándolos juntos, sonriendo ante la travesura.
—Ah— gimió Trowa ante el contacto. Se sacó los bóxers que recién se había puesto y que Wufei había invadido con facilidad. Aún apretándolo contra la pared se encargó de tornear las nalgas. El tráiler meciéndolos. Wufei, con la piel semi mojada y las caricias ardientes, lo encendía. Tomando su boca, la invadió explorando una vez más su profundidad, su sabor, sus rincones.
Separando las piernas ajenas por la parte trasera, tocando la línea de las nalgas subió una de ellas hasta su cadera y entremetió la propia en el espacio desocupado.
La entrepierna del oriental dio un tirón ansioso y separó las piernas aún más. Por su mente pasó, como un garabato, que estaba cediendo muy rápido, pero lo descartó con premura al estar más pendiente del beso.
Peleó furiosamente con la lengua de Trowa, hundiendo la propia en su cavidad, memorizando su sabor, la textura, la manera en que se complementaban. De algún modo que no podía explicar, era muy simple acoplarse a su ritmo, tan simple como respirar… aunque con el robándole el aliento, se volvía en una tarea más laboriosa.
La mano que se enredaba en los cabellos castaños se volvió un puño y tiró la cabeza del circense hacia atrás, haciéndose de un espacio para lamer su cálido cuello, por sobre la nuez de Adán, sintiendo el sabor y el aroma del sudor.
—Ghaa —exclamó Barton ante el tirón, haciéndolo fruncir el ceño y calmándose de inmediato al sentir la vigorosa lengua en su piel. Le gustaba que Wufei tomara iniciativa y acomodara las cosas a gusto. Le gustaba mostrar su fuerza, dejándole en claro que podía detener aquello si lo quisiera, y eso le incitaba a demostrar la propia. Pero él, más que fuerza tenía habilidad y experiencia.
La mano que sostenía la pierna en la cadera, pasó por debajo de la misma y sin demasiado preámbulo zambulló un dedo en la fruncida entrada, encontrándola estrecha aunque amoldada por la noche anterior. Sintió frío, pero evidente, aquel pegajoso contenido que no había alcanzado a limpiar. Al moverlo, con cuidado pero con rapidez le siguió otro dedo. Entre los dientes y la lengua de Wufei sobre su cuello, y su mano entre ambos cuerpos, complicaba los movimientos por la presión de sus pesos y aunque no lo veía con la cabeza echada hacia atrás, le sentía.
Wufei frunció el ceño y los labios sobre el cuello ajeno, incómodo e inquieto por la intrusión. Sentía irritación en la zona, pero reaccionaba en positivo con alarmante rapidez, bullendo como agua sobre un fogón. Su pene se alzaba orgulloso y alegre entre ambos cuerpos y, demonios, no había cómo desmentir el apetito sexual cuando en sus propias extremidades se revelaban sus pensamientos.
Lamió con mayor pereza hacia la mandíbula fuerte de Trowa, la mordió y exigió un nuevo beso, sin soltar el fiero agarre en su cabellera—. Ahh… y… ¿es todo lo que harás?, ¿así te llaman domador de leones? —gruñó, recordando haber escuchado a los del circo apodarlo de ese modo por la hazaña que había hecho apenas entrar—. No puedes domar ni a una zorra… —siseó, mordiéndole el labio inferior con saña.
Trowa se separó irritado. Una especie de bufido salió de su boca y sin delicadeza alguna azotó a Wufei, dándole vuelta contra la pared. De alguna manera la chispa de su fuego cambió de tonalidad a una más iracunda, pero excitada.
Aprehendió la masa medio mojada de cabello negro y lo dobló sobre su mano, oprimiendo su rostro contra la pared caliente. La otra mano doblando un brazo hábilmente al dejarlo en la posición que obligaba a que la espalda de Wufei se curvara. Sus piernas separando ampliamente las opuestas.
Aunque dejaba un brazo suelto, sabía que la presión que ponía en el resto del cuerpo obligaba al otro a presionar contra la pared para contrarrestarlo. Wufei se quejó a regañadientes, con la espalda arqueada y el pecho dolorosamente pegado a la muralla. Aunque intentaba hacer algo de espacio con su mano libre apoyada en la superficie, estaba inmovilizado y a su merced.
Entonces Trowa se le acercó susurrando—. La diferencia con las zorras, es que hay que cogerlas por detrás —sin preámbulos insertó su pene erecto hasta donde la presión fue demasiada, e incluso así, no se detuvo. Lo dejó estar, inmóvil, permitiendo que Wufei se quejara. Luego, lentamente se deslizó poco a poco hacia fuera y antes de que la punta lo abandonara, volvió a insertarla— Gime— ordenó.
Sinceramente, no podía comprender la razón por la que se dejaba dominar. Wufei odiaba ser vencido en cualquier tipo de pelea, pero en ésta había algo. Un placer escondido. Morbo pecaminoso y glorioso a la vez. Así iba descubriendo infinidad de características de su compañero y de sí mismo, aunque eso significara pasar vergüenzas.
El pene de Trowa era enorme, incluso le pareció más grande que en la noche anterior, pero no gimió cuando le abrasó el interior con el violento primer roce. Ni con el segundo ni con el cuarto, porque no quería darle el gusto aún… aunque al quinto movimiento le empujó bruscamente la pelvis a la pared, rozando su sexo y con ello arrancándole un gemido ronco.
—Te dije que gimieras —remarcó Trowa al notar la resistencia. A pesar del vaivén remarcado que daban sus caderas, el péndulo de su movimiento provocaba que el pene de Wufei tocara la pared en cada embate y que sus talones se levantaran un poco del piso cuando Trowa golpeaba.
Wufei comenzó a gemir con cada estocada, que parecía alzarlo cada vez, llenarlo y golpearlo repetidas veces en una zona muy sensible. Aquello le hacía estremecer de pies a cabeza, apretar los dedos de manos y pies y jadear en búsqueda de aire. Sin descanso.
Con aquello, Wufei mostraba gran resistencia a pesar de estar sometido y Trowa tenía la pequeña frustración de un domador con una presa difícil, a pesar de los forzados gemidos.
Entonces decidió cambiar un poco la táctica. Soltando sus agarres, tomó el brazo anteriormente doblado, lo colocó completamente extendido sobre la pared y su mano presionó la de él.
La mano que sostenía la cabeza cambió a una pierna que, sin dejar de recibir las penetraciones, levantó, abriendo el compás de las piernas en una posición vergonzosa y vulnerable, sosteniéndola por debajo de la rodilla de Wufei.
La posición dejaba a Wufei un brazo libre, pero confiaba en que la nueva profundidad de las estocadas le impidiera realizar nada—. Di que eres mi zorra —le susurró al oído—. Dilo.
Apoyado con ambas manos en la pared, Wufei inclinó la cabeza hacia adelante, ocultando su rostro tras los flecos húmedos de su cabello. La fiebre en sus mejillas no sabía si era producto de la vergüenza o por el calor. Estaba tremendamente excitado y la voz de Trowa en su oído no ayudaba a descender su libido, a pesar de que esas palabras no eran de su agrado.
Se preguntó entonces, entre la batahola de sensaciones, ¿cómo podía Trowa hacerle caer en ese estado? Entre sus brazos parecía volverse un estropajo de nervios y asfixiante calor. Además, le exigía que dijera que era su zorra. ¿Qué significaba eso para él?, ¿qué sentido tenía para ambos?
Quizá, sí había algo más aquí.
Alzó la cabeza con determinación y lo observó por el rabillo del ojo—. Si digo que sí… ¿qué pasará después?
La pregunta sacudió a Trowa un poco de la fantasía que estaba viviendo. Se detuvo un instante, con el gusto de seguir provocando. Sin embargo también reflexionó, algo que no creía posible momentos atrás. Agitado y deseoso, el interior de Wufei era ardiente y el resto de su cuerpo cálido.
¿Qué pasaría?
Miró la espalda sudorosa, hincharse y adelgazar con cada respiración apresurada, los músculos tensos de los brazos, soportando el embate, el temblor de la pierna colgante, el desequilibrio del cuerpo entero, su miembro entrando y estirando los glúteos para abrirse camino, y después, al subir la vista, la interrogante oculta tras los cabellos húmedos y despeinados del rostro a medio girar de Wufei, alterado por su abrupto parar.
Había algo.
Enredando la mano que sujetaba la opuesta le tomó de los cabellos para sostenerlo y, respirando sobre su boca, murmuró la respuesta: —Seré tu domador —y un beso profundo se acompañó con una penetración igual.
A Wufei le fue imposible responder. Aquello sonaba a promesa, pero no se detuvo a pensarlo cuando las estocadas se profundizaron en conjunto con ese beso arrebatador.
No solo por el tirón de cabello es que abrió su boca. Le estaba invitando conscientemente a invadirla mientras gemía por él, porque el deseo le hizo hervir la sangre una vez más y enviarla directamente a su erección, que sin estímulo alguno estaba a punto de reventar. Sin embargo, frunció las cejas y apretó fuertemente los párpados al sentir la frustración embargar su pecho, haciéndolo gemir ligeramente distinto.
Denotando resignación en la voz.
—Tuyo —se alejó para llenar sus pulmones de aire fresco—. No creo poder… —dos jadeos entrecortados le interrumpieron— hacerlo con… nadie más… —admitió, arqueando la espalda porque un latigazo de placer lo recorrió.
—No lo harás —contestó Trowa en sus oídos—. Ya estás domado —soltando su cabello, la mano viajó rápido al miembro desatendido de Wufei y lo aferró, lo masajeó un poco, pero evitó su liberación. Levantó aun más la pierna, obligándolo a perder un tanto el equilibro, deteniendo las embestidas.
Colocó su rostro entre el cuello y el hombro, haciéndose espacio con los labios entre los cabellos húmedos. Sentía un orgullo especial al escuchar su rendición.
Después de todo, si había algo ahí.
De pronto, Trowa tuvo un deseo infantil, algo olvidado. Quiso que alguien le perteneciera, quiso que siguiera ese juego retorcido y ardiente que ambos provocaban, pero al mismo tiempo, fue sutil y delicado en su manera de decirlo, casi como una súplica juguetona. —Humíllate a mí, di "soy tu zorra" y no tendrás que luchar más, te cogeré como quieras.
Wufei, con la cabeza echada hacia un lado para darle espacio y los labios apretados, soportó la frustración. Estuvo a escasos segundos de experimentar el cielo y él lo había cortado de esa manera tan desalmada.
Suspiró profundamente y miró al frente, donde sus manos temblorosas soportaban el peso de ambos ahora que sus pies no tenían equilibrio alguno sobre el suelo— Soy tu zorra —jadeó con pesadez, sintiendo que su rostro ardía en bochorno.
Trowa sintió su pene engrosar dentro de Wufei, que debió sentir lo mismo por su jadeo. Sonrió y besó el hombro a su alcance.
Entonces comenzó a moverse de nuevo, agitando ambos cuerpos. Su mano también buscó que Wufei se liberara mientras poco a poco el enfriamiento anterior subía de volumen entre el cuerpo que se retorcía una vez más bajo el suyo.
Él cerró los ojos y profundizó todo lo que pudo en Wufei, ayudándose con la mano que masajeaba el miembro y desgastando sus músculos con la que sostenía la pierna. Su frente tocó la espalda caliente que se curveaba con su dominio.
Una electricidad extrema enfebrecía desde su unión hasta la punta de sus cabellos y volvió a volar en la nada unos segundos, donde todo volvía a ser tranquilidad completa y reconfortante calor para volver a caer en la negrura agotada de la noche anterior.
Los jadeos que emitió Wufei parecieron una plegaria cuando sintió que todo su cuerpo temblaba, reaccionando a las caricias y las potentes descargas de Trowa. Se dobló hacia adelante para apoyar en su totalidad los antebrazos en la pared y la frente sobre éstos, ya que la intensidad de su deseo lo desvanecía.
Literalmente, murió y alcanzó la gloria al acabar en la mano ajena, derritiéndose, arqueándose, retorciéndose como un dragón alcanzando la libertad.
Para cuando el movimiento a su espalda se detuvo, él siguió gimiendo sin cesar, pensando en Trowa. En su intensidad. En lo que era capaz de hacer porque él lo pedía durante el acto. Recordó sus propias palabras roncas, admitiendo ser su zorra en ese pervertido juego.
Las piernas le temblaron agarrotadas, le dolían los músculos de la espalda y el vientre, y sus hombros parecían no soportar más peso. La esencia del circense deslizándose entre sus nalgas le hizo respingar y suspirar muy cansado, pero decidido.
—Eres mi domador. Solo mío —advirtió de pronto, cortando el silencio que se había propiciado entre ambos. Afuera, sin embargo, predominaba el sonido de las llantas contra el pavimento.
Trowa, respirando hondo, quedó en silencio esperando recuperarse y que Wufei también lo hiciera. La advertencia cansada y decidida que rompió el aire le caló los oídos. Levantó el rostro. Sus manos ahora colocadas a un lado y otro del cuerpo de Wufei. En algún momento después de su clímax había soltado su cuerpo y descansado sobre la pared, únicamente sintiendo el calor del otro.
—Sí —susurró a su espalda, en una especie de resignada verdad. Salió entonces de su interior lentamente, pero aun saboreando las sensaciones que le produjo.
Entendió que estaba prometiendo algo que ni siquiera comprendía del todo. Hacía tiempo que había dejado la esperanza de sentirse humano. Deseo y pasión podían compararse con instintos básicos, pero Wufei le desataba emociones.
Se arriesgaba a la vulnerabilidad, y se arriesgaba a lo desconocido. Le obligó a dar la vuelta para enfrentar su cara tremendamente atractiva, el rubor del acto y la vergüenza, pero con el feroz reclamo de lo certero en su mirada, además del cansancio luchador. Dios, era una joya, era único, era suyo—. Solo tuyo —respondió, sellando la promesa entre dicha y soñadora, frágil por la guerra en que vivían, pero cierta en cada sílaba, con un beso.
Muy conforme con su respuesta, Wufei lo atrajo por la cintura con ambos brazos, besándolo con parsimonia, disfrutando del momento de paz.
Podía sentirlo. Había una enorme e intensa química entre ellos. Uno era el complemento del otro, al menos físicamente. No podía asegurar nada más. El futuro era tan incierto que, por un segundo, fue capaz de analizar los pros y contras de seguir con eso, pero decidió no prestar más atención. ¿Para qué hacerlo?
El beso se volvió profundo y asfixiante, pero no lo rompieron hasta que el radio del tráiler sonó, avisando que solo faltaban setenta kilómetros para llegar a destino. Haciendo un cálculo mental, Wufei determinó que tenían más o menos una hora para arreglarse.
Dejó una lamida en los labios contrarios—. Necesito limpiarme —explicó al separarse, aunque aún se sentía temblar. El aroma que su piel despedía era intenso y, principalmente, de Trowa. Olía a él. Trató de evitarlo, pero esbozó una breve sonrisa de todas maneras. Él le gustaba.
Trowa se saboreó los labios: el sabor de los besos de Wufei era exótico y nada sutil, eso le gustaba. Al separarse había rozado con sus dedos la piel cálida y blanca, en una extraña combinación que apenas la noche anterior le era desconocida. Lo vio acercarse a los implementos de aseo con lentitud, sopesando las condiciones de su cuerpo.
Le dejó tranquilo, sin demasiada ceremonia. Él también estaba cansado y no era de expresarse ni con palabras ni con actos, aquel arranque nocturno fue de sus pocas excepciones. Se tumbó nuevamente sobre la cama sin vestirse, dándole completa prioridad al otro, pero mientras lo observaba, miraba los efectos de su ataque.
Trowa no se arrepentía, pero el recuerdo de su descontrol comenzaba ya a filtrar la inseguridad de su voluntad. Si Wufei quería… podía sacar lo peor de él. Supo que el guerrero oriental, tenía sobre él un poder impensable. Pero a pesar de eso, no era un temor, era más el asombro de que tenía algo, algo como un alma. Tal vez seguía siendo un ser humano muy en el fondo de su carne de soldado.
A Wufei no le tomó mucho tiempo asearse; el agua fresca y el jabón sobre su piel le hicieron suspirar en alivio. En general, no era una persona que soportara tener la piel sucia y pegajosa, pero después de su desliz con Trowa, no se le había hecho desagradable en absoluto.
Alzó a cabeza cuando terminó de lavarse el cabello, lo peinó hacia atrás con los dedos para dejar que el agua cayera por las líneas de su espalda, perdiéndose entre sus nalgas hacia las piernas. Con una de las toallas dispuestas en el pequeño baño, secó su cuerpo y luego ordenó los implementos utilizados. Para cuando se volteó hacia la cabina, le sorprendió saber que era objeto de interés del latino, aunque parecía meditar algo profundamente.
Desvió la mirada hacia las ventilas del tráiler—. Gracias por lavar mi ropa, no era necesario que lo hicieras —fue todo lo que dijo, tomando las prendas y colocándoselas sin demora. Cuando estuvo listo, no supo qué hacer ni qué decir, así que optó por recargar la espalda contra una de las paredes.
Trowa despertó de sus pensamientos idealizados al escuchar la voz de Wufei.
—De nada, no fue molestia —contestó él, levantándose del catre. Se dirigió al baño y se aseó nuevamente aunque con menos esmero que hacía un rato, evitando mirar a Wufei. Sin embargo, las heridas de uñas en su espalda volvieron a sentirse cuando pasó el trapo por su espalda—. No debes forzar demasiado tu cuerpo —comentó a modo de recordatorio un tanto por experiencia personal, aunque sabía que el tipo de malestar era más incomodo que doloroso.
Cruzado de brazos, Wufei agradeció escuetamente con un asentimiento de cabeza, pero siguió disimuladamente los movimientos de Trowa durante todo el operativo de limpieza.
Sintió que el tráiler se detenía al fin, y que una nueva algarabía comenzaba afuera.
Trowa tomó su ropa interior y pantalones, poniéndoselos mientras buscaba sus respectivos zapatos—. Katherine traerá seguramente algo para el desayuno —fue con esa frase que notó que no sabía exactamente cómo comportarse ahora, porque en sus experiencias previas no había tenido un tono tan cordial y agradable con sus parejas, incluso cuando fue voluntario.
A Wufei no le sorprendía que los integrantes del circo desearan estirar las piernas y respirar aire puro después de tan largo viaje. Se despegó de la pared y caminó en dirección a la puerta, no sin cierta tensión, pero manteniendo el rostro serio y las emociones bajo control.
Pero su corazón palpitó con fuerza cuando chocó con Trowa, hombro con hombro, frente a la puerta.
Éste se sorprendió al notar su distracción y su repentina cercanía con Wufei. Se quedó quieto, y tal vez fuera su error porque vislumbrar nuevamente los labios ajenos, sobre el rostro de ojos fieros y piel blanca, que se sintió atraído. Inclinó lentamente la cabeza, sin disimulo alguno ante su acción… hasta que la puerta fue golpeada.
—Trowa, salgan ya. Tú y tu amigo deben desayunar algo —la voz maternal de Katherine resonó del otro lado de la puerta, bien despierta y alegre.
Trowa se sintió fuera de lugar y recobró la seriedad que le era propia, dirigiéndose a abrir la puerta sin mayor explicación.
—Veo que ya están despiertos. ¿No pasaron mala noche? Este tráiler es muy práctico pero incómodo. Les tengo algo de desayuno pero sería mejor que salieran a disfrutarlo, la mañana promete mucho —Katherine buscaba cordial plática a pesar de conocer bastante el mutismo de ambos jóvenes.
Fue entonces que Wufei, sin querer ser descortés pero siéndolo de igual modo, cerró la puerta con una mano y con la otra atrajo a Trowa de la playera. Estampó un beso en los labios contrarios apenas unos segundos. No había podido contenerse, porque había deseado besarlo desde que notó sus intenciones antes de que golpearan la puerta. ¡Mujeres, siempre siendo inoportunas!
Se relamió los labios al separarse, observando fijamente las orbes verdes. Pasada otra fracción de minuto, abrió por sí mismo la puerta, saludó a Katherine y caminó hacia el exterior como si todo estuviera bajo control. Su control.
—¿Qué fue eso? —exclamó ella, poniendo los brazos en jarras mientras miraba la espalda de Wufei alejarse.
Trowa miró a la muchacha con los ojos más abiertos de lo normal. Dio un brinco hacia el suelo—. Discúlpalo —dijo sin poder explicar más y se encaminó detrás de Wufei—, iremos pronto —remató, mirando la indignación de la buena chica.
—Me preocupan tus amistades, ¿me escuchas, Trowa? —le regañó dándose la vuelta en una especie de berrinche.
Trowa no tenía amistades, y Wufei era… otra cosa definitivamente. Aquel beso fue tan repentino y audaz que le agradaba y le provocaba sonreír, muy contrario a su naturaleza. Se preguntaba si él era el domador de aquella fiera, y no fuera al revés en realidad.
Continuará…
Notas finales:
Muy bien, como notaran, no tiene grandes pretensiones pero ciertamente nos divertimos mucho. Si, tenemos algo como una trama… al menos eso parece a estas alturas. Nada grandioso. Únicamente es un pretexto para seguir escribiendo porno. XD
No esperen más, pero tómenlo como es. Ya saben que esperar si se asoman a este fic, jajaja.
Saludos a quienes se pasan por aquí y agradecemos ampliamente sus comentarios, incluso si son tomatazos como los de Darkcryonic XD
Respuesta review:
Lie: Muchas gracias por tu comentario, nos entusiasma tu emoción ante la narrativa y las acciones, esperemos nos siguas comentando. Saludos.
