Hungría abre la puerta y mete la cabeza.

—¿Hola? —saluda sonriendo al verles a ambos.

Austria se vuelve a la puerta.

—¡Ah! ¡Estás consciente del todo! ¡Hola! —entra sonriendo aún más.

Y se oye de fondo la voz de España en el pasillo hablando con no sé sabe quién. Tal vez un médico, tal vez otro paciente al que ha confundido con el médico o quizás a la abuelita de ese niño que va con Vaticano a la guardería que quien demonios sabe qué hace en un puñetero hospital de Berna. Suiza se tensa pensando que es absolutamente RIDÍCULO que hayan decidido entrar los dos ex-maridos juntos.

—Hallo —saluda Austria y cierra los ojos para aprenderse las voces como ha venido haciendo ya. En ese momento es que el español entra gritando "¡Hola!" Suiza aprieta los ojos.

—Shhh, no le griten —les riñe Suiza.

—No le grito, no le grito —responde el español riendo.

—Danke —murmura Suiza con los brazos cruzados sin ningún interés en salirse.

El austriaco se mantiene con los ojos cerrados escuchando las voces y la risa del español que parece opacar el resto de sonidos.

—Me encanta que hayas perdido la memoria... es decir, no me encanta, es muy serio, pero ahora podré volver a contarte todas las historias de Vati sin que me digas que las has oído mil veces y que ya te las ha contado Romanito —empieza a hablar sin parar España—. Aunque tú siempre me dices que me calle pero bueno, no me importa... bueno, si me importa pero, anda no me pidas que me calle, porfa —bromea.

—¡Hombre! No le marees —se ríe un poco Hungría haciendo los ojos en blanco—. ¿Cómo te sientes?

Austria sonríe con todo eso a pesar de todo, aun con los ojos cerrados.

—¡Ah! ¡No le mareo! Mira como sonríe, si tiene más cuento... a mí me da que solo dice que está enfermo para estar aquí con todo el mundo a su servicio —replica España igual bromeando. Hungría se ríe con eso y abraza un poco al austríaco.

—Nah, no necesita tanta molestia para tener a todo el mundo aquí a su servicio.

—Mira, eso sí que es cierto, para que luego lo llamen tonto —vuelve a reírse España y es con el abrazo que Austria abre los ojos mirando a la chica.

Suiza se tensa mirándoles no sin notar que Austria sonríe y que todo le parece más fluido con ellos. Y espera, prepárate para tus pesadillas porque cuando gira la cara y ve a España... Austria se sonroja.

—¡Nos has metido un susto! Que yo pensé que Suiza se iba a morir de un infarto con lo histérico que estaba.

Suiza... Es que lo nota de inmediato, el sonrojo, apretando los ojos. Claro, CLARO que le iba a gustar más que él... Y él de idiota que le había dicho que le quería y le gustaba su pelo y su risa. No le había sonreído ni una sola vez. Bienvenido de nuevo al siglo XV.

—Yo ya sabía que no te habría pasado nada porque mala hierba nunca muere —le guiña un ojo España sin pensar al notar su sonrojo también. Obviamente este aumenta.

—Que va, si creo que la humanidad entera tuvo un infarto cuando supo... ¡INCLUIDO tú! —le protesta Hungría al español notando el sonrojo y considerándolo muy gracioso. Se ríe y le hace un cariño al austríaco en la mejilla.

—¡Di algo!

España se muere de la risa y Austria le mira un poco embobado antes de carraspear y volverse a Hungría.

—¡Cielos! ¿Quieres que los dejemos solos? —pregunta medio en secreto.

—Was? —pregunta sin entender y se sonroja más pensando que se refiere a él y al chico moreno este tan... chillón y... ehm... incómodo. De hecho se lo refiere, justamente.

—Te has quedado completamente embobado, querido —Hungría le sonríe aun mirando a Suiza un instante de reojo—. ¿Cómo te sientes?

—Es que el que tuvo retuvo —vuelve a reírse España—. Pero no me metas en ese lío, amor mío que bastante tenso está el tema con Romanito —carraspea—. Ehm... ya te lo contaré —decide porque no quiere tampoco explicárselo a todos.

Austria carraspea y se sonroja más fingiendo que no sabe de qué hablan, atrapado por eso.

—Está claro que si ha pasado algo semejante es porque no sé quiénes sois y aun no me lo dice nadie, solo entráis aquí gritando de forma sumamente molesta.

—Mein gott in himmel —protesta Suiza queriendo arrancarle la cabeza a España—. Son tus ex. Spanien y Ungarn.

—Austriaaaa —riñe España riendo igual—. No te me pongas en ese plan que a veces creo que Roma lo aprendió de ti, par de cabrones. ¡Y mira, estás poniendo nervioso a Suiza!

—Nadie me está poniendo nervioso —chilla Suiza EVIDENTEMENTE nervioso.

—Me pregunto yo si vas a decirme en algún punto como es que te sientes o si voy a tener que revisarte yo en lo que tu lugar —protesta Hungría empezando a revisarle igual, sonriendo un poquito de lado

—¿Mis... ex? —por fin algo que no acaba de poder creerse.

—Sí. Estuviste casado con él un montonal de tiempo durante las colonias y tú y yo hicimos el imperio austro húngaro —explica Hungría peinándole un poco y viéndole el moretón de cerca.

—Estoy... —mira a Hungría y luego a España.

—Fuiste mi primer amor baibi —le asegura España y luego siente la mirada penetrante de Suiza y se ríe un poco nervioso y acojonado—. Y creo que voy a parar y a tener que hacer algo muy importante en la sala de espera.

Suiza se cruza de brazos haciendo un poco los ojos en blanco preguntándose por que se molesta en hacer esto y tratar de hacerlo muy bien si el estúpido español solo tiene que llegar aquí y reírse como idiota dos minutos para captar toda la atención del austríaco. Bufa un poco.

Hungría vuelve a reírse porque es que las caras que están haciendo los tres... Y los celos del pobrecito de Suiza tan evidentes.

—Bueno... nos veremos en un rato antes de que me maten ¿vale? Ya veo que estás bastante bien... mejórate y oblígales a que te consientan —España le manda un beso de todos modos yendo hacia a la puerta y Austria vuelve a sonrojarse sonriendo un poquito porque le hace gracia las cosas que dicen. Hungría se ríe con lo de la matanza y mira a Suiza.

—Tú ya mejor dale un buen beso y enséñale a Spañolorzag quien lleva los pantalones de nosotros tres... Después de mi —sonríe también, le da un beso a Austria en la mejilla un poco más violento de lo que debería y se encamina a la puerta—. ¡Cuídate esa mano!

Austria parpadea con eso y se separa un poco del torbellino húngaro, asustado de que le haga daño. Ella se ríe al ver la reacción levantando las manos en su camino a la puerta. Suiza vueeeeeelve a bufar indignado con todo esto y con qué Austria sonría tanto con ellos.

El moreno se vuelve hacia él y Suiza le mira imaginándose el pensamiento. ¿Por qué demonios estar con este suizo raro y malhumorado... Y bajito que le había llamado, en vez de con el Español divertido o la chica sonriente? Se guarda las manos en los bolsillos.

—¿Qué piensas?

—Pienso... que estoy confuso —responde suspirando.

—Son un par de idiotas, ¡no les soporto!

—¿Por?

—Porque... Porque sí. Porque no hay manera —suspira también—. Haga lo que haga no me los quitaré jamás de encima.

—No entiendo por qué lo dices... —mira la puerta de reojo.

—Claro que no. Deben haberte gustado. Spanien con su infinito encanto, su palabrería y su sonrisa, Ungarn siempre tan... Ella. Debes estar pensando cual será tu historia con cada uno de ellos, por qué podrías haber terminado con ellos —se encoge de hombros—, yo que sé.

Austria traga saliva y se sonroja de nuevo.

—Me imagino que es lógico, te gustaban antes, tienes una historia con ellos. Pero no puedo evitar... —aprieta los ojos—. Lo siento, es una tontería, ni siquiera es lo que importa ahora mismo.

—Dímelo... Bitte —añade.

—Que me da... rabia porque yo no creo llamarte así de rápido la atención aun cuando ellos no han hecho nada realmente útil. No te contaron nada fantástico ni te ayudaron a acordarte de nada.

—No me han llamado tanto la atención —no ayudas, Austria. Suiza aprieta los ojos con eso.

—Menos mal... —responde queriendo irse a sus montañas a hacerse bolita abrazando a una cabra.

Le mira de reojo sin saber qué demonios ocurre, no creía que hubiera sido para nada tan obvio que el chico moreno le había hecho gracia.

Suiza suspira otra vez también pensando que esto no ayuda en nada más que en que España sea el chico divertido y él el amargado.

Aunque había estado haciendo bromas sobre ello todo el tiempo y le había dicho que él había sido su primer amor... se sonroja un poco al recordar eso y el beso que le había lanzado.

—Vamos a hacer lo de las fotos que seguro te ayudará con la memoria —propone y le mira notando otra vez el sonrojo concluyendo que esto es un ABSOLUTO desastre.

—Ehm... ja, danke. ¿Quién has dicho que era el chico este de las risas... ehm... este tan molesto?

—Spanien. Spanien que esta con Romer y tiene una hija pequeña con ella que te llama abuelo —le explica fulminándole. Austria levanta las cejas con eso.

—Llegas quinientos años tarde a este asunto con él. Eres el padre de todos.

—¿De... was? —ahora sí que se ha perdido.

—Eres la figura paterna de todo el mundo desde hace quinientos años. Incluso Spanien te mira ahora con respeto.

—Pero está ese hombre... el de la voz cavernosa y plana.

—Vater. Él es nuestra figura paterna. La tuya, la mía, la de Preussen. Y él se fue después, murió y tú te hiciste cargo de todos.

—No me siento padre de nadie.

—Pues aunque no te lo sientas ahora, todos ellos, todos los que han entrado a excepción de Ungarn, ti madre y tu padre... Todos te ven un poco así.

—No me lo ha parecido de... Bueno, él, el chico molesto —no finjas, que te sabes su nombre perfecto. Tal vez es el único de quien te lo sabes. Suiza hace los ojos en blanco otra vez.

—De él te ha parecido que es un príncipe guapo y galante que debería ser quien te cuidara todo el tiempo y estuviera aquí sentado en vez de mí, lanzándote besos y contándote chistes.

—Was?

—No sé si yo pensaría lo mismo de Frankreich si perdiera la memoria como tú —comenta para sí sin saber qué hacer.

—Mira, no creo que sea el momento de discutir nada de todo esto, ni me siento con ganas ni en condiciones, así que porque no vas a hacer eso de las fotos o lo que sea que quieras y dejas que acabe de ver a quienes sea que falten para que pueda dormir —ese tono crispado. Suiza le mira de reojo un instante más y se muerde el labio levantándose.

—Hablaremos luego —murmura sin mirarle yendo hasta la puerta sabiendo que era una discusión estúpida y eran celos estúpidos y era perfectamente injusto de su parte, pero a la vez... No sabía cómo debía reaccionar a nada de todo eso.

Él se quita las gafas y se pellizca el puente de la nariz pensando en este asunto... ¿cómo podía ser abuelo? ¿Y que debía haber pasado con España que era tan divertido para que ya no...? Es decir, Suiza parecía amable y dulce, pero no era especialmente divertido ni sonriente.

Suiza se recarga en la parte externa de la puerta pasándose las manos por el pelo. Había estado tan preocupado en que despertara y luego tan preocupado en que mejorará que no había pensado conscientemente en que nada sería como era. Quizás solo era cuestión de tiempo... O no. Se mira la alianza en el dedo y la mueve un poco con la otra mano dándole vueltas. Aun en las peores épocas con Austria, aun casado con España, aun con su imperio ridículo, su capa de armiño o dominando al mundo con un demente nazi, tenía una conexión mucho más poderosa con él de la que tenía ahora mismo. Por ahora, solo quedaba trabajar en que se recuperará. Iba a hacer lo que había dicho las fotos, le había mandado a hacer otra placa de la mano y le había cambiado los medicamentos. Ahora mismo no quería que fueran a casa, solo para tener una discusión con Alemania sobre a donde ir y que Austria terminará por decidir ir con ellos, quizás podría retrasar la salida un día más. Con un suspiro se va en busca de Liechtenstein tratando de enfocarse en HACER.

Austria trata de hacer un esquema mental de voces y relaciones en su cabeza con toda la gente que ha visto, pero se le pierden la mitad, sin ser capaz de relacionar los nombres y las caras. Sigue pensando en ello, tal vez sí es una buena idea lo que ha propuesto Suiza de hacerle algunos apuntes. Se le vuelve a ir la mente al que debía haberle sucedido con el español... tal vez al principio parecía atractivo y luego a la larga se volvía pesado y un graciosillo insufrible que había dejado de gustarle para empezar a agobiarle. No que ahora le hubiera gustado. Ejem. Tal vez justo al contrario de lo que sucedía con Suiza, ¿tal vez era un gusto adquirido? La verdad, siendo tan pronto que les había empezado a conocer, aunque ellos ya le conocieran a él, ni siquiera les conocía a ninguno lo bastante para nada de este asunto, pero tampoco le había gustado demasiado la reacción del helvético. Celos habían parecido, sobre todo por las palabras de todos y habían acabado discutiendo solo a unos quince minutos de conocerse. Aprieta los ojos pensando que esto es terriblemente complicado y toma aire profundamente decidiendo que nada más va a ir poco a poco, paso a paso de una forma sistemática. Hablando con todos otra vez y tomando decisiones solo en cuanto se sienta preparado y si alguien le presiona pedirá muy educadamente que deje de hacerlo, sea quien sea que lo haga.

Toda esta cantidad de pensamientos se ven interrumpidos por unas risas muy diferentes a las de España mientras se abre la puerta. Austria no abre los ojos, pero oye los pasos de dos personas. Dos hombres que no habían entrado hasta ahora.

A Francia le brillan los ojos con malicia en cuanto ve al austríaco cerrándole un ojo al albino en complicidad y pasándose una mano por el pelo.

—Hallo? —pregunta Austria al ver que no hablan, solo se oyen las risas de Prusia, acercándose ambos cada uno por un lado de la cama. Los siente, por algún motivo, bastante acechantes, así que se tensa un poco.

—Ah, pero si estás despierto, mon amour —susurra Francia arrastrando las erres.

—Heil, Señorito... —saluda el hombre de las risas raras.

—Ja, me marea un poco tener los ojos abiertos. Es por la medicación —explica riñéndose a sí mismo por asustarse, tratando de relajarse.

—Ah, la medicación. Oui. ¿Cómo te encuentras? —Francia sonríe y se le nota en la voz.

—Confuso, hay un montón de gente entrando y saliendo y es difícil aprenderse los nombres de todos —responde pensando que su voz es susurrante y seductora, parecida en algo a la de su madre.

—Si quieres puede preguntarnos y nosotros te ayudamos —tan amable, Prusia, no se lo cree nadie salvo... Austria, que no te conoce.

—Danke, me ayudaría mucho que me dijerais algo de vosotros, bitte —pide educadamente. Creo que es la primera vez que Prusia le oye pedir algo por favor. Se queda con la boca abierta.

—Ah, con todo gusto te contaremos le que quieras —responde el francés quitándole un mechoncito de pelo de la cara y haciéndole un suave cariño con esto. Austria sonríe volviéndose a él. Prusia sigue sin podérselo creer.

—Nosotros somos... —hace una pequeña pausa aun si decidirse si decirle si son sus hermanos sexys y cómplices suyos, como si fuera España, o si son sus apasionados amantes secretos.

Mira a Prusia. Él le mira también.

—Prusse y France, ¿te han contado algo ya de nosotros?

—Yo soy Preussen —aclara el albino, por si no era obvio.

—Me suenan los nombres, pero no estoy seguro, hay mucha gente y es complicado, lo lamento —responde.

—No te preocupes, pronto nos recordarás a la perfección, nadie nunca suele olvidarnos.

—Nein? ¿Sois inolvidables? —bromea un poquito. Prusia hincha el pecho.

—Yo en especial, soy Awesome.

—¿Preussen el awesome? —pregunta Austria—. Suena bien.

Prusia parpadea y se sonroja un poco. Francia se ríe un poco con el sonrojo, que siendo Prusia detecta instantáneamente.

—J-Ja... s-suena bien —responde Prusia nervioso.

—Hay que ver... Entre Prusse que es awesome, France que es irresisible y tú que eres Autriche el... —hace una pausa buscando el adjetivo—. Agradable amigo de todos. Los tres somos inolvidables.

—¿Agradable amigo de todos? —levanta una ceja con eso.

—Mais oui, como eres nuestro amigo es que les agradas a todos —Francia se ríe y le pasa la mano suavemente por el pelo—. Somos como un trio estrella de chicos guapos y divertidos que sabe cómo disfrutar la vida.

—Oh... supongo que es por eso que ha venido tanta gente —asiente crédulo.

—¡Claro, claro! —Francia asiente y le da un besito en la comisura de los labios—. De hecho menos mal que llegamos porque te veo aun un poco perdido, ¿no crees Prusse?

—Eh? Eh? —es que Prusia esta descolocadísimo. Austria se sonroja con el beso tan cercano.

—¿Que cómo le ves? —Francia sonríe con el descolo que subiéndose a la cama del austríaco y poniéndole una mano en el pecho—. ¿Qué cosas tan raras te han contado hasta ahora? Estoy seguro que te sentirás perdido, confundido y solo, sin saber en quien confiar o que versión creer.

—Tienes que confiar en nosotros —ayuda el alemán.

—Solo, desde luego, no —sonríe Austria dejando hacer a Francia, aunque se le acelera un poco el corazón. Francia le sonríe de vuelta acariciándole un poco el pecho y notando los latidos. Se le acerca.

—Hay veces que uno puede sentirse solo aun rodeado de gente y odiaríamos que te sintieras así —le asegura en su tono más susurrante, sonriendo ampliamente. Se acomoda un poco—. Prusse, acércate y abrázale del lado de allá, que necesita calor humano.

—Nein, bitte. Este lado me duele más —pide deteniendo a Prusia. Así que este vacila, porque además le parece súper raro que siga diciendo por favor y... le pone nervioso porque le gusta.

—Oh, mon amour! —Francia mira al austríaco desconsolado y luego a Prusia—. Al menos dale un besito y acomódate igual del lado de allá para que podamos hablar con comodidad.

Abraza al austríaco de los hombros y se acomoda esperando que el quede medio recostado sobre él. Sonríe un poco con las caras de Prusia, que niega con la cabeza, riendo un poquito nervioso. Austria no acaba de apoyarse sobre él pero sí se concentra en oír su corazón.

—Así que, mon chéri, cuéntanos tus preocupaciones y miedos y confusiones. Nosotros podremos aclarártelo todo —pide Francia casi en su oído.

Austria vuelve a sonrojarse un poco y eso que ni te ha visto. Francia sonríe malignillo muy satisfecho con todo esto. Le cierra un ojo a Prusia.

—Me preocupa Schweiz —confiesa. El latino levanta las dos cejas sin esperarse eso.

—Suisse. ¿Por qué te preocupa?

—Está... nervioso y no parece sentirse muy bien con todo esto, no sé qué espera de mí —explica. Francia mira a Prusia.

—Es que te portas raro —protesta Prusia.

Francia le sonríe a Prusia porque sí que se lo porta, aunque le parece bastante normal. Le hace un cariñito en el pelo al austríaco con bastante más naturalidad y afecto del que yo esperaría.

—¿Cómo te has portado con él?

—Como con todo el mundo, no sé quién es quién así que trato de ser igual con todos.

—¿Y el cómo ha sido contigo?

—Muy amable y bastante comprensivo.

Francia hace los ojos en blanco imaginándose a Suiza atento y excesivamente cuidadoso.

—El suele ser amable y comprensivo y está preocupado —responde—. Lo que no entiendo entonces es que si estaba todo esto, por qué piensas que está nervioso y no se siente bien.

—Duh, Schweiz siempre es así, no le vas a quitar la preocupación hasta que no estés bien. Hasta te limpiaría el culo de ser necesario. Rojo como un tomate, pero ya ves...

Francia se ríe. Austria levanta las cejas volviendo la cara a Prusia.

—Es verdad, puedes probarlo en cualquier momento pidiéndole literalmente LO QUE SEA —admite Francia encogiéndose de hombros—. Histeria por Autriche es su estado normal.

—¿Lo que sea?

—Pues... ¿Tú que dices, Prusse?

—Seh, casi casi. Sobre todo le gusta que se lo ordenes —suelta él.

—Con autoridad, eso es. Que sepa quién manda. Insisto, si le has pedido cualquier cosa habrás notado que sí la hace.

Austria frunce el ceño con eso porque no suena en lo absoluto nada bien que a alguien le guste que le ordenen las cosas y no es tan idiota. Francia le nota fruncir el ceño sabiendo que van por mal camino.

—A ver, no tan exagerado, pero sí que le gusta sentirse útil, que dependas un poco de él y que le pidas cosas. Seguro ya te pregunto muchas veces si necesitas algo—suaviza un poco las cosas.

—Estoy seguro de que es médico.

—¿Eso te ha dicho? Bueno es... Conocimientos de medicina tiene, bastantes. No trabaja como tal pero les puso a todas el DIU, a mí me curo la bala que tu m... Bueno, en general sí, creo que es médico, relojero y más que nada... Banquero.

—Relojero —repite pensando en que ninguna de esas cosas implica una actividad física realmente.

—Sí y un pervertidillo en la cama también, eso es importante.

Austria se vuelve a Francia con eso y le viene España a la mente, por supuesto.

—¿Y qué hay del resto? ¿Sabéis que pasó con las otras personas con quienes estuve?

—¡Ungarn te dejó por mí! —suelta Prusia de repente. Francia levanta las cejas con eso y sonríe un poco.

—Oh... ella. Vaya. Supongo que me alegro por ti —responde Austria y es que Prusia hasta da un pasito atrás volviendo a sonrojarse sin entender nada. Francia suelta una risita suave.

—Mon dieu —susurra Francia divertido—. Y bueno, el asunto con Espagne creo que solo se puede definir como...

Hace una pausa teniendo que pensarse el cómo decirlo que no sea "finalmente entro en razón después de decenas de años y le rescatamos de tus garras de maldad". Austria se vuelve a Francia interesado en esto.

—Ehm... Haber caído en la cuenta de que eso era una insensatez, fuera de la parte física.

—¿Insensatez?

—Eran una pareja que se... Limitaba constantemente de hacer cosas. Ehm, dicen que en la cama era maravillosa pero yo no lo creo del todo.

—¿Limitarse de qué clase de cosas?

—Lo que pasa es que Spanien es awesome y tú no, así que deja de ser... ¡deja de actuar raro! —protesta Prusia. Francia se ríe suavemente de Prusia y su histeria.

—Was? —pregunta Austria sin entender.

—Creo que el divorcio citaría diferencias irreconciliables —apunta Francia otra vez en la oreja del austríaco, quien no puede evitar parpadear abriendo los ojos ahora al volverse a él. Francia le mira con sus azules ojos y su irresistible sonrisa. Y le ve a medias porque no lleva las gafas. De todos modos siente la necesidad de ponerse las gafas y verle. Francia se hace un poco atrás dejando que se ponga las gafas. Y es en cuanto le ve bien que se sonroja.

—¿Qué has pensado de ellos dos entonces? ¿Qué te dijeron? —pregunta pasándose una mano por el pelo y Austria se emboba sin ser capaz de responder.

Francia le mira de reojo y le sonríe un instante antes de mirar a Prusia, que les mira a uno y otro sin entender. Francia le cierra un ojo al alemán y se gira al austríaco.

—Así que, qué otras cosas te gustaría que te... Aclaráramos.

Carraspea.

—No estoy seguro de poder asimilar mucho más de momento necesito hacerme a la idea, pero muchas gracias a ambos.

Francia se ríe también extrañado con tanto agradecimiento.

—Hombre, de nada. Prusse en particular disfruta ayudándote.

Austria parpadea un poco y se vuelve a él. Parpadea y le mira con bastante intensidad porque Prusia es raro. Este se sonroja con eso y con lo que dice Francia.

—W-Was?

—Que ustedes dos son muy cercanos y se ayudan mutuamente.

—¡No es verdad! —chilla Prusia nervioso. Francia no entiende cómo es que Prusia es el que parece trolleado en vez de Austria, deseando que se calme un poco y haga algo que vuelva a beneficiarle.

—En fin... —susurra Austria cansado.

—En fin, mon amour... ¿Quieres dormir ya? Podemos acompañarte.

—Ja —asiente.

—¿Si quieres que te acompañemos? —Francia levanta una ceja porque no esperaba que dijera que sí.

—¿A dónde?

—Aquí mientras... —Francia vacila porque tampoco es que quiera hacer de ángel de la guarda al austríaco, así que se levanta dejando de abrazarle—. Te dejaremos tranquilo.

—¡Yo me voy! —chilla Prusia que está muy nervioso. Austria se quita y mira a Francia una última vez antes de quitarse las gafas.

Francia le cierra un ojo y le manda un beso antes de ir tras Prusia, provocando que Austria se sonroje y Prusia sale corriendo prácticamente.

—¡Buenas! —se despide Francia saliendo tras el albino.

Suiza, aunque nadie lo pueda creer, vueeeeeelve a entrar al cuarto con una charola en la mano.

—Was? —pregunta Austria un poco mosqueado porque estaba intentado dormir.

—Es la cena —responde un poco cohibido con el mal humor—. No la comas si no quieres.

—No tengo hambre.

—Un poco de jugo y una gelatina... Y... —suspira —. Te la dejaré aquí.

—Danke.

Suiza le mira de reojo y suspira un poco porque él pensaba dormir ahí mismo en la silla. Se revuelve.

—Voy a quedarme a dormir en el hospital —declara.

—Bien—no valora que sea ahí en su cuarto o no, de hecho ahora mismo no le importa demasiado.

El helvético pone la charola en la mesa, apaga la luz y se acerca a la silla sentándose con los brazos cruzados. Se talla los ojos un instante más tarde y se quita la pistola y la cartera poniéndolas en la mesita de noche.

—¿Vas a quedarte... aquí?

—Voy a... ¿Dónde quieres que duerma? ¿En la sala de espera?

—La verdad, ni siquiera estoy seguro que no tengas un despacho en algún lado.

—¿Un despacho en el hospital? —le mira de reojo—. Tengo uno en casa, pero no aquí.

Se encoge de hombros y piensa en lo que ha dicho Prusia sobre que le lavaría el culo. Se queda unos segundos callado y toooocan la puerta oyéndose voces al otro lado.

—Ya has... —se detiene con eso.

A puerta se abre y aunque adentro no está del todo el oscuro, afuera hay más luz y se cuela por la rendija.

—Ciao!

—¿Qué pasa, te has olvidado algo? —pregunta porque le suena la voz.

—Oh! —Suiza levanta una ceja reconociendo a Romano y poniéndose de pie.

—¿Olvidado? ¿Por qué están a oscuras? —Romano le da a la corriente y se vuelve a hacer la luz en el cuarto, acercándose a la cama. Austria aprieta los ojos cuando Roma entra con Vaticano en los brazos tras Romano.

—Mira quienes venimos a saludarteee —le hace más caso a la niña que a nada.

—¡Dios mío pero que pálido estas! —se acerca Romano a la cama.

—Estoy muy cansado, iba a dormir ya.

—No te preocupes, nosotros ya somos los últimos y te dejamos tranquilo. Pero pensábamos que querrías saludar a tu nieta —Roma se le acerca también. Romano se le acerca al austríaco y le da dos besos y un abrazo.

—Vaticano está muy preocupada también, ha dicho "nonno" todo el día.

—Va... ¡oh! —cae en la cuenta de lo que Suiza ha dicho antes, la niña de España. Suiza le mira con cara de "es la niña de España", justamente.

—¡¿Te acuerdas de ella?! —pregunta Romano esperanzado.

—N-Nein, me la han nombrado antes —de todos modos Roma la deja en la cama sobre él y ella gatea por encima del austriaco hasta darle un beso, haciéndole protestar.

Romano sonríe y le hace un cariño a la niña en la mejilla sin quitársela de encima.

—¿No es preciosa? Ves... El nonno está bien y te quiere mucho.

—Nonno —responde ella y es Roma quien se la quita antes de que Austria la aparte con solo una mano.

—¿Cómo te sientes? —le pregunta Romanito visiblemente preocupadillo—. Estamos todos vueltos locos conmigo aquí. Svizzera se va a hacer aún más rico con lo que nos cobra de hoteles.

—Confuso y cansado, pero agradezco que os quedéis.

Suiza hace un par de ojos en forma de euro en blanco.

—Ni lo agradezcas. Harías tú lo mismo... Bueno, no sé si harías exactamente lo mismo, pero algo harías por nosotros.

—¿Por qué no se presentan rápidamente y se van?—propone Suiza—. Österreich está muy cansado.

—Claro, teníamos que ser los últimos en pasar... Ahora ni dos minutos podemos ver como esta Austria. Ni porque Vati está preocupada.

—Pobre mi chico pequeño —Roma le pasa una mano por el pelo, acariciándoselo.

—Lo siento, espero encontrarme mejor mañana —se disculpa el austriaco.

—Yo soy Romae, tú me llamas Rom. Es muy probable que seas mi hijo, aunque ya me imagino que tu padre te ha dicho que no me creas.

—La verdad seria rarísimo que fuera hijo tuyo, es mucho más hijo de Germania. No se parece a ti en nada—comenta Romano.

—Es moreno y listo como yo —discute Roma sonriendo—. Y te quiere a ti casi tanto como yo.

Romano se sonroja un poco con eso último.

—Bah. También habla alemán y es cuadrado como ellos.

—Pues algo debió aprender de pasar toda su infancia con ellos. A que shí a que shiiií —ya le hace monerías a la niña otra vez.

—Como sea. Yo soy Romer. Soy hermano de Veneciano y creo que a pesar de todo hoy por hoy somos amigos —se presenta Romano.

Se gira a Roma para que le dé a la niña (lo cual siempre es un rollo porque Roma una vez que la atrapa no la suelta) para presentársela más formalmente extendiendo las manos hacia ella.

Roma le mira desconsolado, pero la traidora de Vaticano se deja caer hacia su paparino. Una vez Roma intentó evitarlo girando como si ella fuera a caerse, pero entonces la hizo llorar, así que desde entonces está bastante obediente aun con todo y sus caras de desconsuelo.

Romano sonríe completamente embobado con ella cargándola con un brazo y peinándola con el otro. Mira al austríaco.

—Y ella es mi princesa, Vaticano. La luz de mis días. Mi niña con... —se sonroja—, el idiota de Spagna que entró hace rato con Ungheria.

Austria abre los ojos con eso y busca ponerse de nuevo las gafas para mirar a Romano.

Y prepárate para explicarte a ti mismo por qué España está con él. No que tu estés feo, pero entre la niña que está vestida de princesa, y Roma y Romano que parecen los dos modelos de marca, la vista en conjunto...

De hecho parpadea y es que Roma... es que ROMA.

Suiza, que le está mirando con atención y curiosidad de ver sus reacciones hace los ojos en blanco y se deja caer en la silla sin que nadie le preste atención. Cuando Austria iba a deprimirse por el asunto de Romano es que nota a Roma y le pasa lo que a todos los sajones, con lo que este se ríe.

—Anda, tal vez será mejor que no molestemos más —hace un gesto a Italia para irse.

Romano levanta una ceja y mira a Austria de reojo, hace también los ojos en blanco y le da un beso a Vaticano.

—Vámonos antes de que alguien llene todo de babas —le dice a ella sonriéndole—. Despídete de il nonno Austria, adioooos.

—Arioooooos —saluda ella abriendo y cerrando la mano a Austria que le hace un pequeño gesto con la cabeza sin hacer mucho caso.

Romanito la levanta un poco y le da tres besos más en la mejilla encaminándose a la puerta.

—La donna è mobile qual piuma al vento... muta d'accento e di pensiero —le canta a la niña mientras camina a la puerta para hacerla sonreír.

—¡Espera! —grita Austria incorporándose de repente y se duele un montón volviendo a caerse sobre la cama.

Suiza pega un saltito y Romano se gira junto con Vaticano a mirarle.

—¿Qué pasa?

Pero está KO en la cama porque se ha hecho daño. Suiza se acerca a él muy preocupado por los quejidos.

—¿Estás bien? ¿Qué te duele?

Se lleva las manos a las costillas que es donde le duele.

En una decena de segundos Suiza acuesta del todo la cama que estaba un poco erguida para que fuera más cómodo hablar con la gente. Le descubre el costado tocándole un poco la zona en cuestión. Solo se ha dolido un poco por el movimiento brusco, no es grave. Suiza es un histérico.

—Estás bien, estás bien. No ha pasado nada —creo que se tranquiliza más a si mismo que a Austria, que se duele aun un poco pero ya está bastante bien, Roma aun le mira preocupado.

—¿Qué ha pasado? —Romanito se acerca a la cama y Suiza suspira cayendo en la cuenta de que no pasa nada serio.


Por si Suiza no sufría lo bastante ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!