—La... canción.

—¿La canción? —Romano levanta una ceja—. La donna è mobile? ¿Te ha... Recordado algo?

—Nein, pero suena... —no está seguro de saber cómo describirlo.

Suiza mira a Austria y luego a Romano y encuentra la manera de hacer que escuche algo semejante a lo que no quiso oír de su teléfono un rato atrás.

—Cántala otra vez —le pide al italiano poniéndole a Austria una mano en el hombro.

Austria le mira con toda su atención. Roma sonríe un poco. Romano mira a Austria y luego a Vaticano. Se encoge de hombros.

—La donna è mobile qual piuma al vento muta d'accento e di pensiero. Sempre un amabile leggiadro viso, in pianto o in riso è menzognero... —vuelve a cantar tratando ahora si de no saltarse ni una nota porque... Bueno... Es a Austria al que le canta.

El problema es que Vaticano trata de cantar con él. Es lo que pasa cuando le cantas a la niña 10 horas al día. Romano le sonríe y se calla en esa estrofa mirando a Austria de reojo. Es ella quien canta sola con balbuceitos. Romano no la calla dándole un beso en la mejilla.

—Muy bieeeen —Roma también le da uno a la otra mejilla.

—Nein, nein, bitte... llévatela, tienes que cantar tú —pide Austria nervioso.

Romano parpadea un poco saliendo del absoluto encandilamiento en el que está con la niña.

—Pero es tan bonita cantando conmigo —protesta un poco aunque el tono de nervios de Austria si le hace acercarse a Roma para dársela.

—Me parece que hoy estábamos un poco cansados, porque no venimos mañana y traemos el violín —propone Roma.

—¿Y quién va a tocar el violín? —pregunta Suiza considerando esa una buena idea pero sin estar seguro de que alguien pueda tocarlo al... Nivel. Romano le mira con cara de... Eresidiotaoqué.

—Seguro Veneciano o Romano pueden hacer algo...

—¡Liechtenstein! Obviamente —le riñe Romano por no tener ni idea—. Ella sabe tocarlo.

Hasta Suiza se encoge un poco con el regaño porque sí, sabe que Lili tocaba de pequeña pero... ¡¿es que no conocen a Austria?!

—Vale, vale... Que lo toque alguien. Váyanse entonces y ya.

Austria suspira sin estar seguro de querer esperar a mañana pero bueno, tal vez pueda dormir y ya, porque quisiera no discutir más con Suiza.

Romano mira a Suiza y luego a Austria. Le sonríe a este último.

—Nos vemos mañana —se despide. Hace un gesto con la mano no muy contento, Roma se acerca a Suiza y le pregunta si todo bien.

—Supongo que sí, dadas las circunstancias —responde Suiza sin mirarle volviendo a sentarse en la silla.

—Estabas menos triste esta mañana.

Mira a Austria un instante de reojo y niega con la cabeza.

—Estoy bien. Solo estoy cansado.

—Bueno —le da un beso en la frente. Suiza se sonroja un poquito.

—Deja a ver si puedo ayudarte un poco —susurra al separarse y se acerca a Austria, que vuelve a sonrojarse. Solo con verle la cara a Austria, Suiza duda mucho que pueda ayudarle.

—Voy a contarte un secreto sobre ti —susurra Roma a Austria acercándose a su oído, apoyándole una mano en la cabeza—. Espero que no hayas olvidado como ser lo bastante listo para resolverlo.

—Was? —parpadea Austria.

Le da un beso en la mejilla y le acaricia la frente con los dedos hasta encontrar a Mariazell... y tirar de él con suavidad.

Suiza, que lo estaba mirando con atención levanta las cejas y suelta un "¡no!" Ahogado poniéndose de pie sin poderse creer que Roma esté haciendo eso ahí.

Romano levanta las cejas con la boca abierta y se sonroja pasándose una mano por el pelo.

Y aun así, para cuando Suiza llega, el romano ya le ha hecho reaccionar suficiente, ya que el austriaco no se lo esperaba para nada.

—Verdammt —protesta Suiza dando una patadita en el suelo imaginando que ahora Austria caerá completamente rendido en los brazos del romano y se acostaran y... ¡Eso no es ayudarle! Les mira tan en pánico que ni siquiera busca la pistola para apuntarle a Roma y volarle la cabeza.

—Buenas noches, chicos —desea Roma soltando a Austria sin tener ninguna intención de ser él quien le ayude a relajarse. Sacando a Romano y Vaticano del cuarto y cerrando la puerta.

Y ahí lo tienes, Suiza, desmemoriado y excitado para ti solito.

Suiza abre los ojos como platos cuando se largan teniendo un instante de "ohhh!" al caer en la cuenta de lo que acaba de hacer Roma.

Austria aún está respirando agitadamente con la mano sobre sus regiones vitales, sin entender del todo qué acaba de pasar.

—I-I-Iba a advertirte esto... a-antes... yo... —es que nada más de verle Suiza se sonroja aún más y empieza tener problemitas.

—W-Was?

Suiza vacila un segundo... mira a la puerta, mira a Austria. Traga saliva. Mira a la puerta. Se sonroja más. Se acerca a Austria, que le mira hacer un poco nervioso e incómodo.

—¿Estás bien? —pregunta en un susurrito sintiéndose extraño, nervioso e incómodo también, por una vez que se sienten igual. Es extraño tenerle excitado, sin memoria, cansado y sin ganas de que sea especialmente con él. Se humedece los labios.

—Ehm... ja, creo que ha pasado... ehm... no te preocupes. ¿No ibas a dormir?

Le mira y se le vuelve a arrugar un poquito el corazón mirando la silla de reojo. Sí, podía sentarse ahí y escuchar como Austria fantaseaba con España, o con Roma o con Romano o Veneciano o quien fuera recreándose en la parte miserable de no tener absolutamente nada con que llamar lo suficiente su atención... o podía hacer algo más. Algo con él. Algo más íntimo. Se sonroja solo con la idea pensando en qué tanto tendría que forzarle apretando los ojos casi yendo a sentarse otra vez.

Austria trata de girarse un poco dándole la espalda para resolver su problema y conseguir intimidad pero tiene que girarse hacia el lado que le duele. Aun no entiende como ha pasado esto, es decir... bueno Roma era un hombre BASTANTE guapo y si España de verdad tenía una niña...

A Suiza se le acelera el corazón volviendo a sentirle excesivamente LEJOS, notándose a sí mismo excesivamente gris y sin brillo para él. Frunce el ceño. Sí le gustaba. Algo tenía que gustarle de él. Si se habían casado. Si no era verdad que tenía que forzarle a acostarse con él o a excitarse habitualmente, no podía ser que todos los demás si le parecieran atractivos y él no. Su indiferencia era AÚN PEOR que sus molestias. Aprieta los puños al borde del abismo pensando en hacer una sola cosa que era un riesgo ENORME porque podía... no burlarse de él, ni siquiera, sino simplemente ignorarle. En un golpe impulsivo se quita la camiseta y se sube a la cama.

Austria se paraliza sin entender qué está sucediendo notándole cuando YA ESTÁ en la cama. Parpadea un par de veces.

Suiza le mira con un REMOLINO de ideas en la cabeza. ¿Besarle? ¿Pedirle que le mire? ¿Pedirle que le toque? ¿Ir a tocarle directamente? ¿Tirar de nuevo de Mariazell? Se sonroja un poco más porque se ha metido en su cama sin invitación mirándole de reojo.

—¿Q-Qué... qué haces? —siempre SIEMPRE los mismos métodos de defensa, Austria.

—T-Te... y-yo... lo de... lo que que...—le mira con cara de consternación sonrojándose más a punto de bajarse de nuevo de la cama. Pero... joder, este era SU Austria. Le había tomado AÑOS enteros conseguir que lo fuera.

Le mira por encima de las gafas porque al estar más cerca no está seguro de cómo es que le ve mejor, sin saber que ese es un gesto suyo habitual. Suiza se sonroja aún más al verle la mirada severa TAN conocida.

—Estoy... E-Estoy subiéndome en la cama contigo porque... —vacila otra vez, porque esto NO es tan simple y Austria tiene una gigantesca capacidad de mermar la seguridad del suizo solo con una mirada.

El moreno inclina la cabeza y la verdad es que no le está mirando del todo con dureza ni seguridad, sino más bien con asombro, curiosidad y bastante incomodidad.

Traga saliva otra vez mirándole de nuevo de reojo y tratando de calmarse, aferrándose a que técnicamente debe poder gustarle. Levanta la mano y se pone de lado hacia él.

Le toca la mejilla con suavidad temblando un poco.

Austria se mueve un poco hacia atrás dejándole espacio, girándose cara a él también y ahí es cuando se le van los ojos hacia su pecho y abdomen.

Le acaricia el hombro y el brazo y se sonroja al ver que le mira el pecho. Pone más duro el abdomen sonrojándose y queriendo esconderse... pero resiste.

—No soy tan guapo y llamativo como ellos y no canto ni toco el violín ni me río todo el rato —susurra y el austriaco vuelve a mirarle a los ojos—. Pero... mírame. Y... algo debes encontrar que te guste y te llame la atención —asegura. El problema, es que lo que tú le llamas la atención no es del todo físico.

Le quita la mano de encima y se abraza a si mismo porque le ha dado frío a pesar de estar en el hospital que es más o menos tibiecito.

—¿Esto tiene que ver otra vez con lo de Spanien?

—Nein. Esto tiene que ver conmigo. Sueles reírte conmigo todo el tiempo, hacerme rabiar y sonrojarme y detestarte… Y siempre pareces estar tranquilo entre más rabie yo y más me irrites. Sales con todas las posibles respuestas cínicas e inverosímiles que hay.

—¿Hacerte... rabiar?

—Ja. Verdammt... suena tan infinitamente mal. Pero yo protesto y tú sonríes porque me hiciste protestar y haces algo para que proteste más —le mira a los ojos—. ¿Qué es lo que te llama la atención de todos los otros?

—Pues que los demás me llamen la atención parece estar funcionando bien para molestarte y no suena muy divertido.

—No me molesta... me asusta —explica—. Porque hace dos mil años que te conozco y es por eso que te llamo la atención... creo —se pone boca arriba mirando el techo.

—¿Me llamas la atención porque hace mucho que me conoces?

—Te llamo la atención porque me conoces bien y parecía gustarte antes que me sonrojara y me pusiera histérico y te trajera fresas y fuera torpe —explica tapándose la cara.

El moreno levanta las cejas con eso porque sí le parece un poco mono que se esconda y esté nervioso, a pesar de que es él quien... bueno, le ha pasado eso que no le ha pasado.

Toma aire y vuelve a girarse hacia él, todo sonrojado como tomatillo. Y... se acerca a buscarle un beso.

Austria traga saliva y se tensa al notar lo que va a hacer... Es que...

En el último instante decide que esto es raro y casi como besar el mismo a un desconocido, así que gira un poco la cara y le besa en la mejilla. Austria carraspea.

—Deberías dormir —murmura sentándose en la cama y bajando los pies.

—No te entiendo.

Le mira.

—¿Por qué? ¿Qué es lo que no entiendes?

—Lo que haces.

—Intento... gustarte y llamar tu atención. Y a la vez ser respetuoso contigo —aprieta los ojos—. Y no sé qué es lo que estoy haciendo mal.

—Yo intento que me llames la atención y no veo como...

—Y no esperaría que fuera inmediato ni tan rápido ni tan nada... es cuestión de tiempo. Quizás en dos mil años lo consiga y ya, pero mientras tanto. Mientras tanto es un poco patético ver cómo es que les sonríes a todos, cómo es que les miras y te agradan —se queda callado con esa declaración del austriaco y toma aire—, y exactamente. Conmigo no hay cómo. Ni siquiera sé si te he caído bien, pero incluso me parece que no del todo.

—Eres un poco... —no sabe cómo expresarlo, pero no es algo bueno—. No te ofendas.

Le mira a la cara poniéndose las manos en las rodillas, aun sentado sobre la cama.

—No me ofendo. ¿Un poco qué?—pregunta con voz suave, bastante parecida a la de Liechtenstein.

—No sé cómo decirlo... es decir, pareces ser un buen hombre, muy fuerte y todo eso, pero...

—¿Soy un poco qué? Di, di lo que piensas sin preocuparte de ofenderme o no, explícalo como puedas —exige en un tono un poco menos suave esta vez.

—Pues... es que... no lo sé, como que te falta gracia o... no lo sé, lo siento, no quiero...

Suiza se sonroja otra vez y baja la mirada.

—Bueno, no es como que... —empieza a decir y se calla a si mismo levantándose de la cama—. Voy a apagar la luz —se levanta y camina hasta el interruptor enfadándose cada instante un poco más—. No sé qué me sorprende si siempre has sido exactamente igual de materialista e idiota, yéndote una y otra vez detrás de las apariencias y las pomposidades. Si viniera aquí bañado en todo el oro que tengo, con anillos, pulseras, coronas y joyas empezaría a tener un poco más de gracia —apaga la luz.

Austria aprieta los ojos.

—Y de una vez te digo una cosa si vas a pensar en mí en esos términos: no solo me falta gracia, no tengo ninguna. No, no quiero hacer un imperio, no, no quiero conquistar el mundo. No tengo la belleza de un latino, ni su encanto y gracia. Si no recuperas nunca la memoria y para ser quien eras TIENES que volver a recorrer todo el camino y volver a buscarte una relación apasionada con un latino —suspira—, es que qué puedo hacer yo más que mirarte hacerlo, Österreich.

—W-Was?

—Supongo que si repitiéramos esta historia cuarenta veces, cuarenta veces harías lo mismo.

—¿Sabes? Esto es un poco injusto.

—No, no es un poco injusto, es completamente injusto de mi parte porque no te acuerdas de nada —aprieta los ojos—. Solo... ¡Es que no es tan fácil escucharte decir que me falta gracia! ¡Te casaste conmigo!

—Yo te dije que no te ofendieras. Estamos discutiendo de nuevo y me siento de nuevo demasiado cansado.

Toma su camiseta en la oscuridad y se la pone en silencio.

—Es verdad. Duerme, yo estaré aquí si necesitas algo —responde nuevamente en el tono suave que ocupaba antes.

Austria aprieta los ojos porque no era exactamente lo que esperaba pero no responde nada prefiriendo sí dormir.

Suiza se sienta pensando un poco en lo que ha dicho el austriaco sobre que le falta gracia cerrando los ojos y preguntándose de verdad si esto es solo el reflejo sincero de lo que siempre ha pensado. Niega con la cabeza tratando de concentrarse en pensar que no vale la pena sentirse mal por algo que Austria sin memoria le diga. Traga saliva y niega con la cabeza queriendo moverse o hacer ejercicio o ALGO para dejar de pensar obsesivamente en esto. Espera pacientemente a que se duerma.

No tarda mucho en pasar porque está realmente mareado y cansado.

Cuando escucha la respiración acompasada y relajada se levanta, y como siempre que Austria le quita el sueño, se pone a hacer lagartijas en el suelo hasta que le tiemblan los brazos. Y va a levantarse como resorte porque su teléfono aun cuando no esté en el volumen más alto, suena. Lo toma de la mesita de noche y contesta girándose a ver si Austria no se ha despertado.

Después de unos segundos de ver que solo se mueve un poco pero vuelve a respirar dormido, el suizo sale del cuarto sigilosamente y se lleva el teléfono al oído.

—Hallo.

—Hello! It's me, England.

Se queda callado un poco aún con la voz medio agitada del ejercicio.

—England... hello.

—¿Te interrumpo? Estoy viniendo, France me ha contado antes y he salido de la reunión cuando he podido, ¿cómo está?

—No, no me interrumpes, estaba... descargando un poco de energía —responde recargándose en la pared y cerrando los ojos sintiéndose con todo y todo un poquito mejor gracias al ejercicio—. Está... mal. Amnesia postraumática severa y físicamente no está muy bien, tiene varios golpes y magulladuras además del trauma craneal.

—Oh... a ver si mañana me acerco a verle. ¿Tú cómo lo llevas?

—Mal.

—¿Eh? ¿Por?

—Es un desastre y no entiendo por qué estoy tan... —suspira—, sentimental con esto cuando necesitaríamos que estuviera mucho más racional.

—Oh... ¿sentimental en qué sentido?

—Sentimental. Österreich no recuerda nada, ni me reconoce, ni confía en mí ni... le intereso en lo absoluto.

—Es bastante duro que eso pase... ¿Por qué no le interesas?

Se siente ridículo de tener esta conversación, a decir verdad.

—Me falta encanto.

—¿En serio? ¿Encanto?

—Mmm no ha dicho eso exactamente. Dijo que me falta gracia —susurra y se sonroja.

—¿Pero... qué? —es que es algo que ya todos saben y con lo que viven porque conocen a Suiza hace muchos años.

Suiza vacila un poco y suspira pasándose una mano por el pelo. La realidad, sabía que era un poco gris. De hecho se había esforzado bastante en su vida para serlo, quizás incluso derivado de Austria y sus excesos, para ser exactamente lo opuesto a él... No meterse con nadie, ser neutral, ¡ser una puta isla a la mitad de Europa! Y si, él estaba orgulloso de ser serio, callado, formal y respetuoso. Un perfecto diplomático (a excepción de cuando sacaba la pistola, ejem)... ¡Pero es que todo eso tenía su gracia! Una que no le llamaba en lo absoluto la atención y eso ahora mismo le jugaba en contra. Suspira.

—Olvídalo... Todo esto es una tontería. Lo importante es esperar a que recupere la memoria.

—susurra alicaído asiéndose a ello como a una tabla de salvación—. No sé si quiera mi ayuda.

—Ehm... yes, claro. Qué ha dicho el médico. ¿Cuándo la recuperará?

—No hay manera de saberlo —se pone en cuclillas con la espalda a la pared—, ni de saber si lo hará.

—Eso no es muy halagüeño.

Suspira.

—Pensé que sería difícil todo esto, pero al menos asumí que el reto principal seria en su que recuperará la memoria. Contarle cosas, hablarle con completa sinceridad y del modo más objetivo posible... Pero no pensé...

—Tal vez necesite que hagas eso...

—No estoy seguro de que quiera que sea yo el que le hable, ni creo que quiera conocer el mundo de acuerdo a mí.

—¿Por? Suenas tremendamente deprimido

Toma aire otra vez notando una vez más que a pesar de los años y las muchas dificultades que había vivido al lado de Austria, a pesar de haberse construido barreras y protecciones, Austria siempre sería su mayor debilidad siendo capaz de reducirlo a polvo con unas cuantas palabras o actitudes.

—Solo estoy cansado y preocupado —responde con voz algo plana.

—Lo entiendo, lo entiendo... te dejo dormir, si quieres.

—¿De verdad soy tan... Aburrido?

—Ehm... —vacila el inglés. Suiza aprieta los ojos.

—Buenas noches, England...

—I mean, no... but... Es que no se puede decir que seas aburrido realmente, but...

—Está bien. Es lo que es.

—Creo que eres un gusto adquirido.

—Gracias por llamarme —¿Desde cuándo le importaba? Todo era culpa del idiota de Austria. Siempre. Ahora se arrepentía de haberle dicho que le quería.

—De nada, ¡nos vemos mañana!

—Hasta luego —se despide antes de colgar.

Y decide que ya basta de preocuparse por tonterías, que él es lo bastante fuerte como para ser aburrido y falto de gracia sin que le importe. Entra otra vez al cuarto dispuesto a dormitar lo que le queda de la noche, aunque antes saca de debajo de la cama las pertenencias de Austria para enseñárselas a la mañana siguiente.

A la mañana siguiente, Austria se despierta antes porque Suiza debe haberse dormido a las 3 am de menos.

Tal vez los despierten las enfermeras diciendo que el médico ha dicho que lo suben a planta.

Suiza la mira medio dormido por unos segundos sin tener idea de dónde está con el cuello completamente torcido. Cuando la enfermera sale después de decirles que en media hora vendrán a subirles es que se despierta del todo. Austria aprieta los ojos y bosteza porque ha dormido bastante mal.

Suiza se levanta sintiéndose ESPECIALMENTE cansado bostezando un poco y estirándose.

—Buenos días, Österreich —le saluda—. ¿Cómo te sientes?

—Mal —responde escuetamente.

—¿Peor que ayer? Debería dolerte menos el brazo y estar menos mareado—le mira aun preocupado analizándole con la mirada.

—No estoy muy seguro. Me siento mareado —trata de moverse y el problema es que es muy muy débil.

—¿Por qué no te ayudo y te sientas un poco? Así ahora que subamos al cuarto quizás puedas darte una ducha. Te sentirás mejor.

—No estoy seguro de poder ponerme de pie. También necesito ir al baño.

Le mira y piensa que podría acercarle el pato y el cómodo y esperar a que fuera al baño como cualquier paciente, de manera sumamente incómoda... o podría llevarle al baño cargado como haría con su Austria. Lo valora un poco.

—Te llevaré al baño —propone.

—¿Me... llevarás?

—Ven, muévete un poco hacia acá y pásame el brazo por encima del hombro, el que te duele menos —pide.

Traga saliva, se incorpora y levanta el brazo. Suiza le levanta las cobijas con cuidado y se acerca más a él para que pueda ponerle bien el brazo en su cuello. Le mete un brazo debajo de las piernas sosteniéndole con el otro de la espalda tratando de no tocarle casi el costado del lado que le duele y cargarle del todo de la espalda nada más. Le levanta con excesiva facilidad de la cama, aunque tiene que ponerse de puntas.

Levanta las cejas y se tensa, incomodo por los movimientos bruscos.

—¿Estás bien? —pregunta tratando todo lo posible de moverse con suavidad.

—Nein —aprieta los ojos el drama, todo tenso.

—Shh... No voy a lastimarte —trata de tranquilizarle caminando con seguridad hacia el pequeño baño que tienen ahí—. Relájate y abrázame bien del cuello.

Se mueve y es que le duele al hacerlo, por eso está tenso. Suiza abre la puerta con el pie, entra al baño y la cierra a su espalda antes de acercarse a la taza sonrojándose un poco.

—¿Q-Quieres hacer del 1 o del 2?

—Was?

—Quieres mear solamente o... —se sonroja un poco más y le mira de reojo. Y aquí está la confirmación de que lo que dice Prusia no es mentira, te limpiaría el culo de ser necesario.

—No, no... solo eso.

El suizo asiente agachándose para dejarle en la taza sin estar en lo absoluto seguro de que con lo debilucho que está pueda sostenerse él solo sentado sin caerse de cabeza.

—¿Puedes... sostenerte? —le pregunta en un susurro, casi como si el decirlo en voz alta fuera a darle vergüenza al austriaco, soltándolo un poco y aprovechando para verle la mano enferma de reojito. Se hace un lío con la bolsa de suero que descolgó antes de venir con el austriaco hasta aquí.

Austria pone un pie en el suelo sintiéndolo frío y trata de sostenerse sin acabar de poder hacerlo.

—Está bien, está bien... no pasa nada. Te detengo —le abraza un poquito contra si agachado deteniendo la vía. Cierra los ojos y espera en silencio a que el austriaco haga lo que tiene que hacer.

—No es que tenga mucha intimidad...

—Aun así mear así... —se encoge de hombros sonrojado y sin moverse.

—Tal vez debí avisar a las enfermeras.

El de ojos verdes suspira porque vuelve a parecerle que es menos malo estar el aquí que una enfermera... y es que parece que cada cosa que hace debía haber sido hecha de otra manera.

—Pensé que sería más incómodo, ¿vale? ¿Quieres que te devuelva a la cama y le llamas a una enfermera a que te detenga el pato? —pregunta.

Le mira de reojo pensando que ayer se metió en su cama sin camiseta cuando estaba excitado y no hizo nada pero se enfadó un montón cuando quien sabe que le pareció que él creía sobre España.

—Nein, solo gira la cara hacia ahí.

—Tengo los ojos cerrados —gira la cara igual, probablemente más avergonzado el que el mismo austriaco—. Saqué tus cosas personales, quizás si las ves te acuerdes de algo.

Cambia el tema intentando relajar un poco las cosas.

Y ahí vas a oír el chorro en el agua. Suiza, que estaba agachado sobre el austriaco, se esconde en su cuello muerto de la vergüenza y a Austria se lo corta un poco cuando le hunde la cara en el cuello y se mueve.

—Lo siento, lo siento... —susurra tratando de quedarse ahí estoico e inmóvil.

Traga saliva y acaba volviendo a escondérsela, sonrojadito e incómodo. Carraspea.

Sin decir nada Suiza le levanta otra vez de la taza, aun escondido en su cuello. En esta posición agachado y con las orejas rojas es que sale otra vez del baño casi corriendo, y el austriaco aprieta los ojos de nuevo con los movimientos bruscos.

Suiza le deja en la cama de manera un poco menos suave de lo que le dejaría habitualmente. Le da la espalda casi de inmediato.

—En la mesa de noche están tus cosas... ahora vengo —suelta casi en un chillido colgando la bolsa del suero en su cosa antes de salir disparado al baño y dejarle a solas.

Se hace bolita en el suelo del baño tentado a ponerse el bote de basura en la cabeza. No lo hace pero si se esconde como tortuga en su camiseta. Austria le mira hacer y suspira profundamente, se gira a buscar sus gafas sintiendo que a pesar de todo puede moverse un poco mejor hoy.

Suiza tarda un raaaaaato en salir y cuando lo hace tiene el pelo mojado y aún está un poco rojo pero no lo está tanto. Austria está mirando lo que lleva en la billetera.

—¿Reconoces algo? ¿Te... te explico las cosas? ¿O... te cuento la historia o algo?

—Estoy mirando las tarjetas —explica.

—Todas son extensiones de las tarjetas de alguien más... esta es de Deutschland, que es la que siempre usas. Esta es mía que es para emergencias —se las señala subiéndose a la cama con el habiendo decidido tener un cambio de actitud a uno en el que le importara un pimiento que Austria estuviera raro, él iba a ser normal y punto.

—Deutschland... y tuya...

—Ja. Tu... digamos que eres un poco cínico con el dinero y ahorras bastante bien. Mes con mes Deutschland retira una cantidad de dinero de tu cuenta y tú tienes acceso libre a sus tarjetas. Eres... bastante bueno cuidando el dinero, es una de las cosas en las que nos parecemos.

Asiente y se vuelve a la cartera, y no estoy segura que lleve mucho más. De hecho eso estaba pensando, dudo muchísimo que lleve fotos o algo así. De hecho sus pertenencias deben ser bastante limitadas. Usa un diapasón como llavero, eso sí. Y el problema es que el teléfono está apagado o fuera de cobertura o en paradero desconocido, quién sabe.

Suiza toma las llaves y sonríe un poco de lado quitando el diapasón. Le mira de reojo. Él le está escuchando hacer.

—Esto ni siquiera sé para que lo tienes. Dudo mucho que lo necesites. Mira —lo hace sonar.

Austria levanta las cejas con el sonido y Suiza sonríe un poco y le mira a los ojos esperando a que el sonido se detenga.

—¿Qué es eso?

—Es tu diapasón. La nota es "la". ¿Por qué no intentas imitarla cantando?

—¿Imitarla?

—Sí, imitarla. Aaaaaaa —hace él y luego se calla porque él no sabe imitarla.

Austria lo hace y levanta las cejas al notar que la voz le responde a la primera sin saber ni cómo. Suiza sonríe un poquiiiiiiito al verle la cara.

—¿Recuerdas alguna canción?

Levanta la mano para que se calle y luego se la lleva a los músculos de la mejilla para notar las vibraciones mientras sube y baja los tonos.

Suiza se calla mirándole hacer pensando que es probable que ya no le haga más caso y se pase todo el rato haciendo esto mismo. Mira su alianza dentro de la bolsa y traga saliva metiendo la mano por ella, sonrojándose un poco porque él aun la trae puesta. Mira al austriaco de reojo y la aprieta en un puño levantándose de la cama. Austria sigue a lo suyo a punto de querer matarlo porque está metiendo ruido.

El helvético se pone su pistola en la cintura y le escribe a Liechtenstein preguntándole si ya va a llegar, sin hacerle más caso a Austria. Al menos tendría algo interesante con qué entretenerse las próximas horas... eso o todas las visitas que seguro tendría en el cuarto. Le daba igual, estaba dispuesto a hacer algo que... marcará cierta impresión. Un empujón que darle a Austria para conseguir que dejara de hablarle con ese tono condescendiente de "bueno, hablo contigo, ente aburrido, porque no tengo otra opción". Aprieta los ojos con la idea y se distrae cuando suena el teléfono con el mensaje de Liechtenstein que dice que ya va a llegar. Se gira a Austria.

—Me voy.

Ni le hace caso, con un gesto de la mano para que se calle.

—Verdammt... vas a echarme de menos cuando no esté y no haya quien te lleve al maldito baño —protesta empezando a enfadarse de la frustración azotando la puerta

Pone los ojos en blanco pero sigue a lo suyo. Bien, Austria... estás consiguiendo que esté en ESE estado de deteste completo. Pero estás jugando con fuego. Y si bien Suiza le tiene mucha paciencia a Austria y le preocupa mucho, el estado de Austria de "me importas un pimiento" le desquicia y le da ganas de largarse y mandar a Liechtenstein a que le cuide.

De hecho ahora mismo se ha hartado un poco y es justamente lo que va a pasar, no estoy del todo seguro de cuando vuelva, porque es EXACTAMENTE la parte de Austria que más desquicia a Suiza.

Se irá a bañar y a aclararse las ideas otra vez. Los Alpes siempre ayudan. Por ahora les manda decir a todos que ahí se lo cuiden las próximas horas antes de que él lo ahorque. Porque no está lejos de ahorcarlo.

Para cuando Liechtenstein y Canadá llegan, Austria ya está sobre una camilla listo para que le suban al cuarto, así que le acompañan en este proceso y no es hasta que ya están instalados y un poco más relajados que Liechtenstein deja de abrazar la funda del violín y le pregunta cómo se siente.


Definitivamente, Suiza es quien va a pasarlo peor en esta historia :( ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!