—Mal... he dormido bastante mal y aun me duele.

—Oh, qué mal —susurra—, los hospitales son siempre incómodos. Me pregunto cómo le habrá ido a mein Bruder en la sillita... En fin... Hemos traído algo que va a alegrarte un poco.

—Se ha marchado antes, creo... ¿Hablas de Schweiz, nein?

Liechtenstein se revuelve un poquito preocupada porque el mensaje de "me largo a casa" no sonaba muy bien y de por si era raro que hubiera dejado al austríaco solo aunque fuera por un rato corto.

—Ja. Schweiz —susurra—. ¿Por qué se ha marchado?

Se encoge de hombros porque ni se ha enterado. Canadá les mira con cara de circunstancias a uno y otro.

—Oh... ¿Han discutido? —le pregunta preocupada.

—Varias veces.

—Ohhh! —aún más preocupada, mira a Canadá sin saber bien que decir—. ¿Por algo serio?

—No lo sé, no estoy seguro de qué temas sean serios y cuáles no.

Baja la cabeza un poco regañada.

—Eso tiene lógica. Es... Raro que se haya ido así, él está muy preocupado por ti. En fin...

—Aunque la verdad es que discutimos ayer noche, no esta mañana... en fin. Contadme más cosas sobre vosotros.

Liechtenstein suspira preocupada pero no dice más al respecto, aunque saca su teléfono y lo mira a ver si Suiza ha escrito algo.

—Yo soy... ehm... Canadá —saluda el canadiense educadamente sin tenderle la mano, sabiendo ya que no la da. Austria hace el gesto de dársela y cuando ve que no lo hace la baja, así que demasiado tarde es que Canadá reacciona para dársela.

Pero Austria no vuelve a levantarla y el canadiense tiene que hacer un amago raro pasándosela por el pelo.

—Él no estaba ayer porque vive a varias horas de aquí —le explica Liechtenstein.

—Oui, pero ayer tome el vuelo y... bueno, cuando Liechtenstein me dijo que ya... y aquí estoy.

Liechtenstein le sonríe a Canadá y mira a Austria.

—Somos como una pequeña familia. Tú, mein Bruder y yo. Y Canadá poco a poco se ha ido acoplando a nosotros.

Canadá sonríe con eso y abraza un poco a Liechtenstein de la cintura atrayéndola hacia sí. Ella se sonroja un poquito bastante parecido a su hermano, pero la deja hacer.

—Cuando era pequeña tú y Mein Bruder estaban peleados, y yo vivía en tu casa con Italien, Deutschland y Ungarn. Crecí con ustedes —sonríe un poquito.

—Italien, Deutschland y Ungarn —repite Austria para intentar aprendérselo.

—Ah, te he traído las fotos con los nombres que me pidió Mein Bruder —se acuerda yendo por la tablet para mostrárselas.

—Ah, ja, danke...

—Pero volviendo a nosotros... —sigue mirándole de reojo mientras empiezan las fotos—. Viví contigo hasta la guerra, cuando te separaste de Ungarn y se cayó el imperio.

—¿Eres... hija mía y de Ungarn?

Parpadea.

—Nein —niega con la cabeza —. No soy hija de nadie, pero si tuviera que decir quiénes son mis padres serías tu y Mein Bruder.

—Mmmm... Alguien más, un chico moreno, dijo que era como su padre. También lo dijo Schweiz, no acabo de entenderlo.

—¿El padre de quién? ¡Ah! ¿Tú de Italien? De él... —le busca en la tablet—. ¿O de Römer?

—De... los dos, me parece —recuerda que dijeron que Vaticano era su nieta.

Liechtenstein se piensa un poco la explicación que darle y busca a Germania en la tablet.

—Cuando el abuelo Germania murió —se lo señala—. Porque ellos murieron, aunque luego volvieron a aparecer, nadie sabe cómo ni por qué, por eso es que ahora está vivo otra vez... Pero cuando murieron, que fue hace mucho, antes de tu boda con Spanien, quedaron ustedes cuatro: tu, Preussen, Mein Bruder y Deutschland que era pequeño. Yo aún no estaba...

Por lo que se, ahí fue cuando pelearon tú y Mein Bruder y él se fue, desapegándose del todo de la familia. Tú y Preussen quedaron como los dos jefes de la familia y cada uno se encargó de cosas diferentes.

—¿Peleamos?

—Dejaron de hablarse por muchos años, sí —asiente.

—¿Por?

—No estoy del todo segura —confiesa aunque si ha hablado de ello con Hungría pero es un tema tabú complicado con su hermano—. Pero me parece que Schweiz se enfadó contigo.

—Mmmm... —piensa en ello.

—Yo creo que tiene que ver con que tú y el son un poco distintos. Él nunca ha estado de acuerdo con tus imperios.

—Imperios...

—El Romano Germánico y el austro húngaro...

Aprieta los ojos porque eso suena tremendamente complicado.

—Es toda la historia de un país, un poco larga. Solo pelearon y pasaron muchos años antes de que se reconciliaron—aclara ella poniéndose nerviosa porque todo esto es difícil de explicar.

—Ya me he dado cuenta de eso.

—En la guerra tuve que irme... Bueno, no sé si imaginas como fue pero fue un desastre —explica —, y hui y fue Mein Bruder, Schweiz, quien me acogió en su casa.

—Nein, no lo imagino.

—Es... Lo peor que ha pasado nunca y un poco peor. No recuerdo nunca haber estado tan asustada —explica ella mirándose las manos—. Creo que si tienes que recordar algo no deberías empezar por esto.

—Está bien, qué crees que debería recordar primero.

—La música.

—He notado ya mi buen oído, Schweiz me ha enseñado el La.

—Tienes el mejor oído del mundo y espero no decepcionarte, porque traje tu violín —se levanta de la cama donde se había sentado a mostrarle las fotos y se acerca al estuche —. Cuando era pequeña me enseñaste a tocarlo.

—Me resulta más fácil aprender vuestras voces que vuestras caras, no veo muy bien. Incluso saber dónde estáis y como os sentís por el tono de voz, la respiración y el corazón.

Canadá se pone un poco nervioso con eso como cada vez que lo recuerda porque... ¿a quién no le encantaría que su suegro venga con un detector de mentiras incorporado? "¿Has estado esta mañana besando a mi niña como si quisieras sorberle los pulmones a través de la boca?" "BADUMBADUMBADUM Claro que no, vírgenes hasta el matrimonio BADUMBADUMBADUM"

—Eso es normal, usas el oído todo el tiempo, mucho más que la vista —asiente—. Vamos a ver qué tan fácil te resulta escuchar la música, creo que puedes recordar cosas con ello.

—Bien —asiente conforme—. Ayer el muchacho moreno me cantó una canción... Pero esa cría lo estropeó todo.

—¿Vaticano? Oh... Bueno. Ahora no lo estropeará nadie —saca el violín con muuuuucho cuidado.

La mira con curiosidad y le viene un flash de cómo es que se usa el objeto. Parpadea.

Ella se arregla un poco el pelo y se pone el violín al cuello con delicadeza y levanta la mano con el arco poniéndose muy derecha en la posición que él le enseñó.

—Ha-Hace mucho que no toco... Intentaré hacerlo bien.

—No te preocupes, no hay forma en que sepa si no lo haces bien —sonríe... da hasta miedo de lo poco que se conoce a sí mismo. Liechtenstein parpadea y le mira a la cara.

—Ehm... Bueno... —susurra para nada convencida de ello confiando en que el violín este lo bastante afinado sin atreverse a hacer nada hasta que él proteste... Si es que lo hace, que lo hará.

—Voy a tocar algo simple a ver qué opinas —anuncia mirando a Canadá y poniéndose un poco más nerviosa porque el violín es difícil.

El canadiense le da ánimos con un sutil gesto de cabeza. Y no nos extrañan los nervios, cualquiera lo estaría después de oír lo que les grita el austriaco a sus primeros violines.

Toca lo primero que le enseñó completo a tocar y de lo que mejor se acuerda: el minueto en sol de Beethoven. Austria levanta la mano a la tercera nota para que pare.

Ella se detiene mirándole y esperando a que le diga exactamente lo que está mal. Suiza, desde su casa, pone los ojos en blanco.

—Algo... no suena bien.

Así que ahí va Liechtenstein a afinarlo un poco. Y vuelve s ponerse en posición y vuelve a empezar a tocar. Y se van a pasar un rato hasta saber qué es lo que suena mal. Parando y empezando, cuerda por cuerda.

Canadá debe pensar que menos mal que Austria no iba a darse cuenta de si lo hacía mal o no, pero Liechtenstein con toda la paciencia del mundo arregla caaaaaaada una de las cuerdas hasta que parece que no va a sonar mal esta vez. Está muy concentrado en hacer lo que mejor se le da, que es ser invisible, no sea que alguien le pida cantar o algo, que la última vez que un canadiense destacó cantando resultó ser Justin Bieber y el mundo le odia por ello.

Así que ahí va Liechtenstein mirando a Austria y preguntándose si esta vez sí le parecerá bien. Toma aire.

—Espero que esta vez suene bien —susurra.

Cierra los ojos con un gesto de la mano para que comience. La chica mira a Canadá una vez más, cierra los ojos y... empieza.

Y hay un pequeño flash de Liechtenstein de niña aprendiendo a tocar esta canción que deja al austriaco congelado.

Liechtenstein se concentra en la mayor manera que puede, esforzándose porque suene bien y como debe ser, notando al menos que no la ha callado.

Y él, de algún modo una especie de imagen de sí mismo, como en un sueño, siendo un adolescente, prácticamente un niño, a su lado, de brazos cruzados y con mirada seria a través de sus gafas.

Liechtenstein inclina un poco el cuerpo de lado conforme con cómo está saliendo la melodía. Se siente ella misma una niña tocando para el austriaco y sonríe un poco abriendo los ojos sin dejar de tocar.

Se ve a sí mismo y oye su propia voz pidiéndole severamente que lo repita una y otra vez, siente a la niña casi al borde del llanto y traga saliva.

La pieza es bastante corta. Termina de tocarla y se queda con los ojos cerrados unos segundos esperando el veredicto

—E-Eras... eras pequeñita. Estabas... frente a mí y... llevabas... no lo sé —aprieta los ojos al intentar pensar en la ropa o el cuarto, porque le duele. Liechtenstein baja el violín y le mira boquiabierta con eso.

—W-Was?

—De pie, de pie los dos. Era un vestido rosa o amarillo... no estoy seguro. Frente a un piano negro.

Levanta las cejas porque eso parece algo familiar, aun cuando ella no se acuerda exactamente del momento del que habla.

—T-Te acuerdas de... e-es tu piano —susurra porque ahí ensayaban siempre por lo que a Liechtenstein le parecían HORAS.

—Es algo... muy vago. Pero eras así como una niña de unos cinco o seis años. Apenas si llegabas al mástil del violín.

Sonríe un poquito con eso y mira a Canadá de reojo.

—Estudiábamos violín todos los días por una hora y media —susurra.

—T-Te dolían los dedos, se te clavaban las cuerdas y te reñía—se mira las manos notando sus propios callos.

—Eras estricto... aún tengo algunos de los callos —sonríe un poquito ilusionada.

El mayor le pide una de sus manos con un gesto para vérselas y ella se le acerca un poquito con sigilo. Le enseña la mano casi pensando que si se mueve rápido se le va a escapar el recuerdo que le ha venido a la mente, así como cuando uno se despierta después de un sueño.

Austria se la toma y le pasa el pulgar por encima acariciándolos... y de repente siente la necesidad de apretársela un poco porque es la primera persona a quien se siente unido con algo, aunque solo parezca un sueño.

Liechtenstein sonríe un poquito, emocionada de que recuerde ALGO. Traga saliva. Austria le aprieta otra vez y sonríe un poquito.

Y esta vez ella le abraza con suavidad del cuello.

—Österreich —susurra contenta.

Y eso es justo lo que quería y no se atrevía hacer. Tras el primer impacto, cierra los ojos y la rodea de la cintura devolviéndole el abrazo.

—Me da mucho gusto abrazarte a ti —sonríe cada vez más—, ¡y que estés mejor!

Le acaricia la espalda sintiéndose de verdad unido a ella. Liechtenstein se queda ahí más tiempo del que se quedaría normalmente, pero la situación lo amerita. Se siente mucho más tranquila ahora que sabe que si va a mejorar y todo se va a arreglar.

—¿Quieres que toque algo más? —pregunta tímidamente después de un ratito.

—Ja, todo lo que sepas.

Ella se separa un poco y se limpia las comisuras de los ojos porque se le han humedecido un poquito.

—Hace mucho que no practico, aunque he empezado a hacerlo otra vez desde que... bueno, desde que volviste y mi bruder no me lo tiene prohibido —le sonríe volviendo a tomar el arco que por estarle abrazando ha depositado en la cama.

—¿Lo tenías prohibido?

—Tenía prohibido todo lo que tenía que ver contigo —explica—. No se lo tomes a mal, solo te echaba mucho de menos.

Liechtenstein echándole la mano a su hermano para que le caiga aún mejor al austriaco. Bien, Liechtenstein...

—Mmm... —frunce el ceño.

—E-Estábamos más enfocados en entrenar y en otras cosas y... ¡No te enfades con él por esto! ¿Aún no le recuerdas? Puedo tocar algo con lo que le relaciones.

—Veamos...

Liechtenstein se muerde el labio pensando con qué podría relacionarle. Con el bolero seguramente pero ella decididamente no puede tocar el bolero en el violín.

—Quizás con un vals —propone pensando que, bueno... ha bailado recientemente un vals con él... se pone el violín al cuello de nuevo—. Esto te gusta bailarlo.

—Bailar...

—Moverse con el cuerpo al ritmo de la música.

—Ja, entiendo el concepto, pero estaba intentando recordar un baile. O si yo sé bailar.

—Ah. Sí, si sabes. Muy bien. El vals sobre todo. ¿Quieres intentarlo?

Niega, porque está casi seguro que tiene que ponerse de pie.

—Bueno, voy a intentar tocar uno y espero hacerlo bien —si estas entrenada por un nazi, seguro sabes hacerlo bien. Cierra los ojos, suspira y cuando suena la primera nota... Tocan la puerta.

—¡AHORA NO! —grita Austria y no sabe de dónde le sale la voz ni la furia. Alemania se queda paralizado en la puerta levantando las cejas porque sorprendentemente le parece que Austria ha vuelto.

—Sigue —le pide Liechtenstein y es Prusia el que pone los ojos en blanco y entra de todos modos.

El sonido rasgado del violín le recibe con el vals del lago de los cisnes. Austria levanta la mano a Liechtenstein para que se detenga y mira a la puerta. Liechtenstein bufa un poco deteniéndose. No crean que no le exasperan también las interrupciones.

—Hallo? —saluda Alemania.

—¿Cómo estás? —pregunta Galia entrando tras él, acercándose la primera.

—¿Y Schweiz? —pregunta Prusia mirando alrededor, sentándose con Canadá.

—Mein bruder fue a... bañarse... —responde Liechtenstein bajando el violín.

—Mal, aun me duele y apenas si recuerdo nada. Liechtenstein tocaba para mí porque eso parece funcionar —le explica Austria a su madre después de que esta le bese, mientras le toma de la mandíbula para verle bien.

—Tienes mejor aspecto que ayer —asegura.

—¿Ya te acuerdas de algo? —pregunta Alemania acercándose a la cama.

—Un poco, de Liechtenstein de pequeña —explica girando la cara hacia él, Galia le suelta y lo que hace es subirse con él a la cama otra vez.

—Oh, ¡eso debe ser un adelanto! —Alemania asiente levantando las cejas—. Me alegra.

Germania saluda al austríaco con un gesto de la mano, sentándose en un sofá largo que hay ahí dentro dispuesto a prender la televisión.

Roma se le acerca del otro lado de la cama a ver cómo está (y a cotillear de nuevo las cosas médicas que lleva puestas que nunca se las dejan ver bien)

—Danke.

Hungría se acerca a la cama y se recarga en ella, mirando al austríaco a la cara.

—¿Ya desayunaste?

—Ja, algo comí antes de que me subieran al cuarto —es decir, casi nada. Hungría arruga un poco la nariz y de atrás de su espalda saca una bolsa de papel en la que trae un café y galletas.

—Ugh, nein, nein... apenas tengo apetito.

—Pruebalooooo, solo dale unos tragos —ella hace los ojos en blanco y le acerca el café.

Aunque puede que cambie de idea cuando huela el café, sobre todo porque Roma asegura que él lo ha preparado. Es decir, por lo visto literalmente se ha metido hasta la cafetera del bar donde han desayunado para hacerlo, asegurando que esta gente, chocolate lo que quieras pero café no se les da. Te conocen, Austria... Mejor que tú.

—Dale un trago y si no lo quieres me o bebo yo, ¿trato?

—Vale, vale. Solo el café.

—Y las galletas y no protestes —le riñe un poco—. Son de chocolate y a Schweiz eso se le da muy bien.

Liechtenstein carraspea.

—Nein, danke —insiste porque de verdad no tiene hambre.

—Bueno, no pasa nada, se las comerá en un rato —negocia Galia acariciándole el pelo y haciéndole tumbarse junto a ella, abrazándole un poco de los hombros. Mamá, eres demasiado consentidora.

—Vas a desaparecer como sigas sin comer —riñe Germania desde el sillón.

Austria se acomoda junto a Galia sin notar esto antinatural para nada, bebiéndose su café.

Aprovecha, Galia, así es como sería contigo sin sus inseguridades, prejuicios y rencores contra Francia ni su necesidad de mantener la imagen de respeto y distancia.

—Por qué mejor no me contáis cosas para que recuerde —pide cambiando de tema.

—Pensé que iba a tocar el violín—susurra Liechtenstein y nadie la oye más que Canadá... Y Austria. Hungría les toma una foto, por si acaso.

—Ja, eso ha funcionado un poco —asiente Austria a Liechtenstein.

—¿Tocar el violín? ¿Qué ibas a tocar? —pregunta Hungría acercándose a ella y abrazándola para saludarla.

—El vals del lago de los cisnes.

—Buuuh ¿y algo más ruso no se te ocurre? —abuchea Prusia.

Liechtenstein le mira y se sonroja. Porque ha elegido otra vez en base a lo que la hace sentir más segura al tocar, justamente por recordarlo... No ha elegido por ser necesariamente el mejor vals.

—¿Ruso? —pregunta Austria.

—Seh, es un ballet que hizo Russland, que es un tipo así todo grande y raro, es amigo de Deutschland y bastante awesome —se sonroja un poco Prusia—. Aunque fuera en base a un cuento alemán y... no tengo ni idea de quien lo compuso, ni me importa, eso lo sabes tú. El caso es que me parece que fuiste al estreno en el Bolshoi con él... un tipo así grande y rubio, que sonríe raro ¿Sabes?

Hungría sonríe un poquito con la interacción aunque le da un codacito a Prusia solo por decir que es awesome.

—No es propiamente mi amigo —se apresura a corregir Alemania.

—Creo que tengo una foto —asegura Prusia buscando al teléfono... como si no tuviera una carpeta solo de fotos de Rusia, carraspeando un poco con el codazo. Otro codacito de Hungría echándose sobre el para evidenciar que tiene una foto de Rusia.

—Was? Oh, venga, era un día que estaba con America, ¡se puso en la foto!

—Claaaro claaaaaro —se burla ella que puso cámaras en toda la casa de Suiza para fotografiar a su exmarido desnudo. Austria se vuelve a mirar a los demás con ese intercambio.

—Yo no le conozco, pero me dijiste que te gustaba porque también sabe mucho de música —le explica Galia—. Conocí a su padre, era un hombre aterrador y bastante extraño.

Liechtenstein vacila susurrándole a Canadá que no está segura de que recordar a Rusia sea lo mejor que deba hacer. Canadá estaba buscando alguna foto que él tenga en el teléfono mientras Prusia pelea con Hungría y le propone que toque algo más entonces.

Se pone el violín al cuello pensando, claro, en el Danubio azul.

—Si este me sale mal va a matarme —asegura en un susurrito antes de empezar a tocar esperando que la música los calle.

Austria levanta la mano y usa su voz de mando para pedir silencio y que Liechtenstein vuelva a empezar. No sé cómo alguien no lo ahorca. Y que Germania apague del todo el sonido de la tele que tenía en ultra bajito.

Nadie le ahorca, de hecho le hacen caso. Y ahí va Liechtenstein a tocar la pieza musical más austriaca que existe. Y quiero decir que lo va a hacer llorar.

¿Alguien ha visto alguna vez llorar a Austria siendo adulto? No lo creo. ¿Ha llorado alguna vez en su vida adulta el señor de hielo?

Fuera de en la guerra, ahí no vale. No, no lo creo, por una cuestión de mantenerse fuerte y fingir que nada le importa. Si lo ha hecho no ha sido en público.

Creo que todos quedan un poco en shock al verle echar unas lágrimas. Galia lo abraza contra sí y lo esconde. Liechtenstein se le queda mirando un poco en blanco, viviendo a sentir esa poderosa conexión con el gracias a la música.

Austria se separa un poco porque el corazón de ella en su oído suena un poco fuerte y quiere oír la pieza, pero sin acabar de impedirle.

Y ahí podría notar cualquiera que ella tiene mucha más gracia que Suiza. Cierra los ojos y se esfuerza porque la pieza sea lo menos mecánica y lo más sentida posible.

Es que... Austria está llorando todavía. Sigue toda la pieza tratando de sollozar lo más bajo que puede, sin que Galia deje de acariciarle para consolarle.

Liechtenstein toca toda la pieza sorprendida de sí misma por acordarse de ella sin tener que pensar demasiado. Quizás da alguna nota mal, solo Austria podrá saberlo, y claramente le haría falta el acompañamiento con otros instrumentos así que la pieza no suena todo lo lucidora que podría.

Cuando acaba hunde la cara en el pecho de su madre porque la pieza es muy muy hermosa.

Germania, que ha dejado de mirar la tele a la mitad de la pieza, mira a Galia y sonríe sinceramente.

—¿Estás llorando, señorito? —no, Prusia, está haciendo cestos.

—Lo-Lo... s-siento... —susurra Liechtenstein sin entender muy bien toda la situación.

—Creo que no es tu culpa —la calma Roma poniéndole las manos en los hombros—. Ha sonado muy hermoso.

—Quizás alguien más podría tocar ahora... —ya, Liechtenstein, porque todos ellos tuvieron lecciones de violín con Austria. Bueno, Alemania seguro tuvo. Y seguro toca el violín como podría tocarlo Suiza.

En unos instantes es que Galia empieza a cantarle al oído una canción que lo calmaba de pequeñito, en una lengua antigua, con voz muy dulce.

Liechtenstein se sienta encima de Canadá porque casualmente ya no hay lugar para ella en el sillón (todo es culpa de Prusia) mirando la escena de Austria y su madre, considerándola muy bonita.

Austria mira a su madre con la boca abierta mientras ella canta y le acaricia el pelo y la cara. Germania se incorpora del sillón, idiotizado con Galia cantando así, acercándose a la cama con absoluto sigilo. Ella le limpia un poco las lágrimas al austriaco sin dejar de cantar y le sonríe.

Germania se queda de pie al lado de la cama en silencio... tapándole la vista a Hungría, por cierto, quien protesta por lo bajo pero no hace nada más.

—Te cantaba esta cuando eras pequeñito, seguro ni la recuerdas, no creo que lo hicieras ni antes del accidente, pero llorabas mucho siempre y a mí me partía el corazón que sufrieras... está era la mejor manera de hacerte sentir mejor —explica Galia cuando acaba.

Liechtenstein es quien decide que este es un buen momento para escribirle a Suiza que venga YA porque Austria... está mejorando.

—D-Danke... —responde repentinamente sintiendo un poco con Galia lo que ha sentido con Liechtenstein.

Germania se sienta en la cama junto a Galia y le hace un cariñito a ella quitándole el pelo del hombro y dándole un beso ahí. Mira a Austria.

Galia vuelve a abrazar a Austria y le sonríe a Germania.

—Me encantan los dos así —susurra con su voz grave sonriendo aún un poco.

—Deberías cantarle tú —le propone ella.

—¿Cantarle yo? —Germania levanta las cejas—. ¿Qué quieres que le cante?

—Algo, no lo sé...

Germania mira a Austria de reojo, que le mira también una vez ya se ha recompuesto a sí mismo.

—Solo me se canciones de guerra...—responde Germania mirando a Galia

—Pues serán las que recuerde —se encoge de hombros ella y mira a Roma para que le ayude a convencerle.

Germania suspira y les mira a todos pensando que... bueno, cantar canciones de batalla es algo que hace muchísimo tiempo que no hace y sí que echa un poco de menos todo ese asunto.

—Venga, tiene razón, tal vez sirva... no lo hacías tan mal —le insta el romano.

—¿No lo hacía TAN mal? Disculpa pero lo hacía tan bien que solo de oírme te pensabas dos veces pelear conmigo.

—Eso habrías querido, te oía y me daban más ganas de ir contra ti—se ríe.

Germania frunce el ceño con eso.

—Es completa mentira —mira alrededor buscando algo con que hacer reverberar su voz, porque el escudo le servía también para eso, le pide a Liechtenstein con gestos que le pase la funda del violín—. Ahora recordarás.

Roma sonríe de lado.

El germano abre el estuche y hace una prueba con una palabra ahí dentro a ver si suena como es debido. Luego le da un golpe con la palma de la mano para ver si es buen sustituto para el sonido de la lanza golpeando el escudo. Arruga la nariz porque no suena del todo bien pero qué se le va a hacer.

Y prepárense para tener a medio piso del hospital asustado. Sobre todo a Austria y Galia, pero a Prusia le va a emocionar mucho.

Germania cierra los ojos unos segundos tratando de imaginarse en medio del bosque nevado, con pieles encima, su lanza y su escudo. El aroma de los árboles. La humedad en el ambiente. Las ropas sucias y sudadas de días de andar, los músculos cansados de peleas de días anteriores. Sus soldados cansados ya, sin querer decirle que no querían pelear más, y atemorizados porque la gente de Kiev era dura y estaba genuinamente loca. Pero él... él estaba ahí con ellos para pelear a su lado. Él, entonces, cuando era alguien importante, cuando podía hacer pelear a su ejército aun en las peores condiciones. (Germania haciéndose una historia, vamos, poniéndose en el papel)

Da un golpe seco y fuerte con la mano en el estuche que resuena bastante más de lo que cabría esperar y empieza a hacer "mmmmm" con la voz más grave y profunda que puede.

Todos levantan las cejas mirándole. Y creo que a algún despistado le podría causar gracia inicialmente... el tipo loco que hace a saber qué golpeando cosas y haciendo sonidos raros.

Roma sonríe genuinamente porque recuerda eso, esos cánticos y le gustan. Le hacen volver a esa época.

Alemania inclina la cabeza porque el NO recuerda a su padre haciendo esto, ni es algo que Prusia o Austria hicieran en imitación más tarde.

Germania da otro golpe fuerte al estuche del violín, y... el problema de esto es que estos cantos de Germania servían para mover a un ejército entero. Quizás no del tamaño de los ejércitos de Roma en su esplendor, pero si a varios centenares de personas, así que puesto en una sala de hospital con unas pocas personas, cuando empieza a cantar en sajón antiguo llamando a sus hombres a cortar cabezas (Francia, hombre, ¡te estás perdiendo esto!), el cuarto entero vibra con la voz grave del Germano.

Prusia da palmas como loco siguiendo los golpes contra el estuche del violín, Roma sonríe más sintiendo vibrar el corazón y Galia es ahora la que se abraza a Austria para que la proteja.

El austriaco la abraza, sintiendo a Suiza en ella, sabiendo que estaba abrazado a alguien entonces, sin pensar en quien, sintiendo a su padre desde lejos hecho los dos bolita, escondidos.

Alemania abre la boca im-pre-sio-na-do, porque siempre ve a su padre como una entidad algo débil y perdida en un mundo que no le queda, chilloneando un poco por Roma, malhumorado o serio... pero nunca haciendo algo que realmente parezca que quede con él. Pero esto... le queda. Exageradamente bien.

Germania sigue sintiendo la adrenalina del previo a la batalla correr por sus venas. Roma, vas a tener que llevártelo por ahí a retozar un poco o a algo así porque va a quedarse un poco sobrerevolucionado. Canta toooooda la tonada, que no es especialmente larga y luego pega un grito de guerra levantando un brazo. Y no me extraña, Galita, que estés asustada.

Y en cuanto acaba, Roma, a quien también le ha revolucionado, se le echa encima y lo tira de espaldas sobre la cama o sobre el suelo o sobre lo que sea besándole. Germania dice que va a cantar estas canciones más seguido.

Y Suiza abre la puerta de GOLPE histéricolocoperdido porque ha venido CORRIENDO porque Liechtenstein le ha dicho que Austria estaba mejor y cuando ha llegado casi diez minutos más tarde después de salir tal como estaba (ejem... seguramente de haberlo pensado un poco más habría concluido que esta era una mala idea) ha ESCUCHADO a su padre gritar desde el estacionamiento, unos gritos que le han parecido excesivamente familiares y aterrorizantes.

Austria sigue abrazado a su madre, los dos en la cama hechos bolita.

—¿Qué pasa? ¡¿QUÉ PASA?! —grita Suiza con la pistola desenfundada... no me pregunten.

Prusia da saltos sonriendo mirando a Roma y Germania que aún se están besando y Canadá hace para que Liechtenstein se levante lo más disimuladamente que puede cuando le reconoce.

Suiza parpadea mirando a Austria abrazado a su madre, a Prusia saltando y a su padre... Y Roma... Levanta una ceja.

Quiero decir que cualquiera que le conozca bien vera que está peinado algo diferente con el pelo echado más hacia atrás y no tanto en la cara... Trae una camiseta Under Armor que le queda SÚPER pegada y que le marca TODOS los músculos, que suele usar solamente debajo de la ropa cuando hace ejercicio (y le da frío), y un reloj de oro grande con brillantes que nadie en la vida le había visto.

—Heil! —saluda Prusia muy contento—. ¡Solo faltabas tú!

Suiza parpadea otra vez. Y es que debe tener atrás de el a tres o cuatro enfermeras escondidas mirando hacia adentro con cara de dafuq, porque hace rato que están saliendo sonidos terroríficos del cuarto

—¡Vati estaba cantando! ¡Ha sido muy emocionante!

—Vati estaba gritando, le he oído, ¡y pensé que algo les pasaba! —protesta un poquito.

—Nein nein!

—Oh... oh —baja del todo la mano con la pistola y se sonroja un poquito por haber entrado así tan... escandalosamente. Mira a Austria que parece estar perfectamente apalancado en la cama con su madre. Ciertamente parece muy feliz de tener una relación íntima con ella ahora. Se sonroja un poco desviando la mirada.

Galia inclina la cabeza porque hay algo raro en él, algo diferente y no sabe muy bien qué.

Por hacer algo, más que nada... es que Suiza se acerca a Canadá y le extiende la mano para saludarle, haciendo todo lo posible por ignorar a Austria.

Germania consigue empujar un poquito a Roma (gracias a la voz de Prusia diciendo Vati, que aun funciona) antes de que todos los niños presentes aprendan que es un abrazo especial. Como si no lo supieran todos ya.

—¿Has recordado algo, mi príncipe? —le pregunta Galia a Austria. Gales dice que EL ES MI PRINCIPE! Más o menos... eso es cariñoso y sus hijos pueden serlo también. Venga, no te celes de Austria. Se cela de Austria porque celarse de los otros dos es inútil y eso le tiene e malas.

Suiza para la antena para escuchar la respuesta de Austria quedándose con la mano de Canadá más segundos de los que debería.

—Ja... un... una tienda o algo con unas pieles y mucho frío... y luego como si todo se sacudiera.

Suiza parpadea y se gira a mirarle aun con la mano a Canadá en la suya. Levanta las cejas porque eso quiere decir que Austria se acuerda de algo.

—Es bastante vago porque todo parece oscuro, pero se oye... a mucha gente y a... y la canción, la voz de Vater que en realidad es tranquilizadora y... —aprieta los ojos con una punzadita.

"Ha dicho la voz de "Vater"!" Piensa Suiza para sí levantando las cejas aún más porque SUENA como Austria. Galia lo abraza otra vez y lo acaricia.

—No te fuerces, no te fuerces.

Galia está dándose vuelo, aprovechando que no se queja. Está bien, de hecho espero que en AAAAALGO cambie su relación con su madre después de esto pero que Galia se olvide de abrazarlo así y besuquearlo todo el rato. Está ahí muy atrincherada "nadie me saca que aquí".

—Has dicho... Vater —susurra Suiza.

—¿Te suena algo de eso, Germania? —pregunta Galia.

—Ja —sentencia Germania—. No era muy habitual que les llevara a esas cosas, pero creo haberme encontrado en batalla una vez con Österreich y Schweiz al norte de nuestras tierras. ¿Te acuerdas?

Suiza recuerda más de alguna vez haberse CAGADO del terror al lado de su padre.

—Ehh... —Suiza vacila.

—No lo sé —responde Austria—. Solo recuerdo tu voz a lo lejos y que mientras te oyéramos todo iría bien —no sabe por qué habla en plural.

—Oooh cantabas para ellos, para que tus pequeños no tuvieran miedo, que monooo —se ríe Roma. Germania que aún está medio sonrojadito y excitadito con el beso apasionado después de el canto se sonroja un poco más.

—No cantaba para ellos, cantaba para mis guerreros. Solo que ellos estaban escondidos y si me oían, sabrían que estaba vivo —razona empujándole un poco porque aún está demasiado cerca para estar cómodo.

—No es verdaaaad —le abraza de nuevo riendo.

—Sí que lo es, eran niños pequeños, ¡Schweiz aún no podía defenderle! —protesta dejándose abrazar aunque con renuencia. Austria suspira, pero claro, esto le hace sentirse un poco mejor con su padre también.

—Creo que esto funciona, la música que asocio con vosotros me hace acordarme de los momentos —explica.

—Eso hace entonces que todo sea mucho más fácil entonces, hay que elegir algo de música para recordar a cada quien y se acaba el problema —sentencia Germania tratando de ignorar a Roma.

—Ja... creo que algo así serviría —asiente Austria. Algo de Rammstein suena con bastante mala calidad porque sale del teléfono de Alemania. Anda, vuélvete a quejar, pero queremos ver si te acuerdas de Prusia.

—¡Apaga eso! —protesta Austria frunciendo el ceño—. ¡Ruido no!

—No es ruido, es tal cual se oye desde la cocina cuando Prusia lo pone a todo volumen —explica Alemania sin apagarlo. ¿No te evoca a alguien?

—¡Apágalo! —protesta tapándose los oídos y escondiéndose en Galia porque el ruido no le ayuda, es lo mismo que pasaba cuando Suiza le puso la música ayer. De hecho le duele más la cabeza. El delicado. Alemania lo apaga.


La música, qué si no iba a ser lo que funciona? ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!