Prusia frunce el ceño y se mira el Stradivarius con intensidad, apretando los labios.
Suiza mira al austriaco unos instantes más mientras esconde en su madre, suspira y se sienta en silencio en el sillón donde estaba Germania un rato atrás volviendo a sentirse un poco... invisible.
Al final el albino es quien toma el violín y se lo lleva al cuello. Para el asombro de todos... Salvo Austria que no sabe porque esto es surreal. Y de los Ancient que tampoco.
Suiza asegura que como Prusia realmente sepa tocar el violín va a matarles a TODOS.
Me extraña que nadie quiera quitárselo. Pero sí que sabe. Es que creo que están todos tan impresionados... Hungría tiene hasta la boca abierta.
Entonces, Prusia, en uno de los actos más románticos que le ha visto nadie NUNCA toma el arco, señala a Hungría, se sonroja, cierra los ojos y empieza a tocar la Danza húngara.
Hungría abre la boca y se sonroja un MONTÓN quedándose absolutamente pa-ra-li-za-da.
Y Suiza dice que sí, que claro, que ahora Austria va a tener fantasías con Prusia tocando el violín, mientras él no tiene NINGUNA gracia.
En realidad, lo que hace Austria es recordar a Hungría. Recordarla corriendo en el jardín de su casa, que es cuando ella le hacía pensar siempre en esta música
Es que Hungría NO SE LO PUEDE CREER, está babeando impresionadísima porque además... ¡Es que es una bloody danza húngara!
En cuanto acaba traga saliva se humedece los labios y baja el violín como si nada. Carraspeando.
—Wow... Eso acaba de ser jodidamente... Awesome —declara Hungría.
—Sic, no sabía que tú sabías tocar también —comenta Roma.
—Si no sabe tocar el estúpido violín, ahora resulta que todo el mundo sabe hacer monería y media —murmura Suiza por lo bajo de mal humor.
Prusia se sonroja más y se pasa una mano por el pelo con fingida chulería como, ¡ja! Eso no es nada, sin mirar a nadie. La verdad es que aprendió a tocarlo a escondidas cuando Hungría se casó con Austria para demostrar que él era tan awesome como el señorito, pensando que eso es lo que le gustaba de él, pero siempre le dio mucha vergüenza demostrar que sabía porque se sabe no tan bueno como Austria y que sería una derrota evidente... pero Hungría había estado tan preocupada ayer porque no la recordara y por Austria en general...
—¿Cómo es que... Cuando es que... Pero... ? —Hungría le sigue mirando completamente impresionada y quiero decir que te la hubieras ganado ya varias veces de habérselo enseñado antes. Se levanta de la silla habiéndose olvidado por completo de Austria por unos momentos —. ¡Lo aprendiste para mí!
—Eh? PFFF... Nein! —risas nerviosas.
—¡Claro que sí! ¡Ja! ¡Eso es porque yo soy AWESOME! —sonríe con ojitos de corazón.
—Nein... nein... es... ehm... ¿Y-Ya te acuerdas de ella? —pregunta a Austria cambiando de tema. Hungría abraza a Prusia de la cintura girándose a mirar a Austria para esperar la respuesta.
—Recuerdo... —sale un poco del shock inicial por que al final Prusia si le ha parecido un poco sexy con el violín—. Un jardín... con flores amarillas y tú corriendo... con una niña morena.
Hungría se ríe y mira a Prusia un segundo de reojo abrazándole más fuerte porque ÉL ha conseguido que la recuerde. Puede que Prusia empiece a sentir como se le va el aire.
—El jardín de la casa... ¡Y con una niña! —se muere de la risa. Prusia la abraza un poco como desinteresado.
—Ja, y yo mirándoos desde una ventana o algo así, es lo que me evoca —explica Austria.
—Es cuando Veneciano era niña —explica Hungría a los demás—. Siempre me has dicho que piensas en mí como el remolino Húngaro con esa pieza.
—Remolino —levanta las cejas porque sí le parece que corresponde.
—Sí, remolino. Llevas toda la vida "riñéndome" por ser muy intensa y esperando que sea una buena dama de sociedad. Ungaaaaaaaaarn, no corras. Ungaaaaaaaaaaaarn! —le imita un poco.
La escucha con atención porque todo eso también encaja.
—Más o menos aprendí algo, pero aún hasta el final de nuestro matrimonio seguías riñéndome por tirar piedras afuera del Musikverein mientras te esperaba salir de un ensayo.
—El Musikverein... —repite porque la palabra le suena.
—La sala de conciertos en Wien —explica ella poniéndole la mano en el culo a Prusia sin darse cuenta, que pega un saltito.
Austria se pasa una mano por el pelo porque eso sí que no lo recuerda... en realidad lo hace, se ha acordado cuando Liechtenstein ha tocado El Danubio, pero él no lo sabe.
—Seguro Alemania podría buscarte un video —comenta ella girándose a mirar a Prusia y poniéndose de puntas. Él la mira de reojo. Sonríe porque sí, Prusia, quiere que le des un beso.
—Eres un tonto —le susurra.
Frunce el ceño con eso porque a pesar de todo considera haber hecho algo super awesome, aunque haya desvelado su secreto. Ella estira un poco el cuello y ahora si le toca el culo a propósito. Prusia, protesta por lo que sea con la boca abierta, ¡anda!
—¡Eh!
Y Hungría se le lanza a un beso así todo guarro en cuanto abre la boca. Austria levanta las cejas con eso y se encoge de hombros volviendo a pensar en España.
Ya, porque a Roma no le critican cuando se le lanza a Germania, ¿verdad? Pues ella es hija de Helena, así que no veo por qué la critican.
Y Suiza le toca el hombro al austriaco, que estaba mirando a Roma de reojo de todos modos porque se parece al español y le da curiosidad saber qué va a recordar de él.
—Hallo, ¿ya molestaste a todo el mundo tanto como a mí? —le pregunta con unos ademanes y una actitud francamente extrañas, porque se mueve bastante y habla más fuerte que de costumbre. Se pasa la mano del brazo donde trae el reloj por el pelo y le mira a los ojos.
Austria se vuelve a mirarle de reojo.
—En realidad no me he discutido con nadie más, todos parecen bastante amables.
—¿Insinúas que yo no soy amable?—pregunta frunciendo el ceño.
—Nein, solo digo que no están a la defensiva.
Se humedece los labios.
—¿Me recuerdas a mí? —pregunta volviendo a sentirse agobiadito.
Niega.
—Estaba contigo cuando Vater cantaba.
—Mmm... —piensa en ello, pero no está seguro, recuerda más el miedo y la voz de su padre, concentrarse en ella.
Se le vuelve a arrugar el corazón un poco sin que pueda evitarlo.
—Lorele iiiiiiuuu —suelta mirándole a la cara.
Parpadea un par de veces y se ríe con eso. Suiza frunce el ceño con la risa, aunque... es la primera vez que se ríe con él (o de él...).
—¿Es... gracioso?
—Eh... en realidad no lo sé, solo me lo pareció ¿qué era?—aunque vas por buen camino.
—Una canción... —susurra sonrojándose un poco y cambiando el peso de pie—. Y tú eres un idiota. ¿Qué demonios crees que podía ser?
—No lo sé, sigue entonces.
Se sonroja más porque no sabe si realmente quiere cantarle.
—Lorele iiiuuuu, lorele iiiuuuu —vuelve a cantar y como te rías va a querer ahorcarte.
Se lleva la mano a taparse la boca porque le hace mucha gracia y Suiza se cruza de brazos frunciendo más el ceño. Austria cierra los ojos intentando ponerse serio, pero es que Galia también le hace gracia y le pega la sonrisa.
—¡Deja de reírte! —chillonea empezando a enfadarse más, porque de nadie más se ríe y Prusia toca el puto violín de mierda. Espero que la pistola no sea demasiado.
—Disculpa, disculpa —trata de ponerse serio de nuevo.
—Te detesto, debería traer un estúpido corno alpino y tocarte en la oreja hasta dejarte SORDO —protesta de mala gana carraspeando un poco—. Loreleeeee iiiiii, loreleee iiiiiiiii
Austria se humedece los labios escuchándole y es que se le escapa la sonrisa.
—¡TU TAMBIÉN CANTAS ASÍ CONMIGO! —le grita histérico en cuanto sonríe, porque... es que joder, de verdad, lo de Prusia le ha eliminado los ánimos de intentar llamarle la atención. Levanta los dos brazos como para hacerle... algo, arrancarle la cabeza o los ojos o ALGO. Aprieta los puños frustrado.
Austria levanta las cejas al notar su reloj cuando levanta las manos.
—¿Lo hago?
—Si lo haces, y haces otras veinte mil cosas conmigo aunque no toque el puto violín de mierda al que ODIO. ME DA IGUAL NO TENER GRACIA, ¿ME OYES? ¡TU TAMPOCO LA TIENES!
—Mein gott con eso —ojos en blanco. Suiza aún se pregunta ¿Por qué hacía eso con él? Por qué SOLO con él. Aprieta los puños y le fulmina por los ojos en blanco.
—No tienes NINGÚN derecho a... ¡No tienes ninguna razón para hacer esto así conmigo! Eres TU el que estás predispuesto, verdammt. El idiota de Preussen toca el violín y tú mágicamente recuerdas a Ungarn corriendo en el jardín, y yo... y... —aprieta los puños muy muy frustrado y enfadado sin haberse dado cuenta que el reloj le había llamado la atención y que había conseguido al menos un poquito de lo que intentaba.
—No puedo creer que pienses que lo hago a propósito —frunce el ceño—. Ni que fueras tan especial —añade cruelmente.
Traga saliva sintiéndose otra vez un adolescente... aunque por alguna razón, esta vez le suena aún más duro aún de lo que lo oía entonces. Se lo atribuye a que ahora estaban TAN bien y estaba tan acostumbrado a que lo estuvieran, que el contraste era demasiado.
—Ni que yo no tuviera más cosas que hacer —sigue, con un gesto de desinterés, volviéndose a los demás en plan "¿quién sigue ahora?"
El suizo aprieta los puños invadido de rabia hasta que el mismo, en una vocecita en su cabeza, se recuerda que Austria, su Austria, lo que tiene es que está enfermo. Y él se está comportando como un niño pequeño y asustado solo porque Austria no le recuerda. Afloja los puños y le mira un segundo, sonrojándose. Traga saliva y camina hasta los pies de la cama, subiéndose a ella.
Galia recoge los pies para darle espacio. Y luego le pone uno de ellos sobre las piernas para hacerle un cariño con él (no lleva zapatos, claro)
Suiza se sonroja con ella, aunque ahora mismo agradece un poquito el cariño. Con vergüencita busca las piernas del austríaco para ponerles una mano suave encima, que no pasa desapercibido el gesto de su madre.
Acaricia un poquito la pierna y se paraliza cuando piensa que es posible que sea la otra pierna de Galia, que al ser, le hace otro cariñito.
Quita la mano de golpe sonrojándose más y tentando la cama como loco en busca de las piernas correctas. Joder, ¡¿desde cuándo Austria tenía las piernas planas?!
Creo que las tiene más recogidas. Suiza bufa un poquito preguntándose de qué lado se levantó de la cama hace tres días que todo le sale bastante mal.
Y Alemania carraspea con fuerza distrayendo la atención de ellos dos a quienes todos les miran de vez en vez mientras se medio ocupan de sus asuntos. Así que se vuelven a mirarle.
—Creo que yo también podría tocar algo.
—¿Algo alemán o algo austriaco? —pregunta Roma porque aún no tiene muy clara cómo va la discusión que tienen. Austria le susurra algo al oído a su madre y ella se vuelve a susurrarle algo de vuelta, asintiendo con la cabeza.
—Algo... Prohibido —resume con seriedad.
—¿Prohibido? —pregunta Roma con curiosidad. Mientras Galia y Austria siguen hablando a susurros. Alemania se encoge de hombros.
—Es lo único que sé tocar en piano y en violín, una pena que ahora no se vea nada bien hacerlo.
—¿Por qué no se ve bien? —pregunta Canadá, no sé si alguien le oye.
No te apures, Canadá. Ahora mismo lo reconocerás y si no llega nadie más serán tú y Suiza los únicos dos a los que les haga corto circuito. Alemania se lleva el violín al cuello y mira a Prusia de reojo con un gesto extraño.
—Quizás debas cantar conmigo... —le susurra.
—No tengo ni idea de lo que quieres tocar... —asegura y ahí van las primeras notas de La Bandera en Alto... es decir, del himno nazi.
—¡Oooh! —sonríe Prusia y Canadá se tensa automáticamente.
Suiza hace la madre de los ojos en blanco tensándose igual que el canadiense y mirando a Alemania, ¡sin poder creer que se atreva!
—Die Fahne hoch! Die Reihen fest geschlossen! —empieza Alemania con el violín al cuello dejando de tocar cuando empieza la letra, esperando que Prusia cante con él—. SA marschiert. Mit ruhig und festem Schritt
Y por supuesto canta con él, poniéndose una mano al corazón. Yo creo que más bien hace el saludo nazi que tanto le gusta, para terror de Canadá.
Y el violín y una mierda, ahora entendemos por qué Alemania solo sabe tocar esto, si se tocan como tres notas cada vez que se callan. Y menos mal que lo ha tocado ahora porque Inglaterra y Francia ya estarían grabándole para irle a acusar al parlamento y sacarle de menos una buena multa por más fines educativos y médicos que tenga.
Austria parpadea mirándoles a los dos y enseguida los ve uno al lado del otro con sus uniformes marciales, que les quedan... ejem... muy... ehm... propios.
Alemania hasta sonríe el muy cabrón cantando la segunda estrofa con vigor porque ahora Austria nunca le deja siquiera silbarla mientras juega con los perros sin gritarle un "Deutschlaaaaaand".
El moreno recuerda las tropas paradas llenando toda Paritzer Platz con las banderas Nazis colgando de los balcones del Reichstag. Germania sigue la tonada y me parece que ahora es él el que va a estarla tarareando todo el rato.
Canadá abraza a Liechtenstein porque no le gustan en este plan. De hecho acabamos de recordar que a Liechtenstein tampoco. Cuando acaban, Prusia abraza a su hermano pasándole un brazo sobre los hombros porque también le gusta mucho.
—¡Baaaasta! —chilla Suiza antes de que Alemania, que se ha puesto contento y ha abrazado a Prusia de vuelta empezando a cantarla otra vez, llegue muy lejos con su loop nazi infinito—. ¡No van a cantar canciones de propaganda y MENOS de esa propaganda demente en MI país neutral!
—R-Recuerdo... os recuerdo —susurra Austria.
—¡Claro! —Alemania levanta el brazo con todo y violín—. ¡Nuestro mejor momento!
Hungría hace los ojos en blanco sonriendo.
—En... un balcón o algo así, con... uniformes frente a un montón de soldados —explica.
—¡Ja! ¡Haciendo un discurso! —exclama Prusia.
—Frente a la Wehrmacht —asiente Alemania. Austria asiente con la boca abierta.
—Teníamos al mundo comiendo de nuestra mano —comiendo es mucho decir, Alemania... Digamos que tenían a Europa bajo su yugo.
—El orgullo sajón —sonríe Roma.
—Si te acuerdas de eso, Österreich, puedes morir en paz... —sentencia Alemania dramáticamente.
—No del todo, solo es la escena la que recuerdo.
—Que vale más que todas las otras —asegura Alemania en broma volviendo a sentarse. Austria se pasa una mano por el pelo mientras Prusia asiente tan sonriente, de acuerdo con eso.
—¿Quién sigue? —pregunta Alemania levantando el violín.
—Yo —responde Roma. Alemania le entrega el violín no sin sonrojarse un poquito.
Austria levanta las cejas y se sonroja también un poco cuando el romano toma el violín y se le acerca. Suiza le mira hacer con el ceño fruncido pero sin decir nada.
Roma deja el arco por ahí y lo sostiene como una guitarra pequeñita, porque el violín no sabe tocarlo, pero a eso sí que le ha enseñado España, levantando un pie apoyándolo en las barras de debajo de la cama. Galia le mira embobada poniéndose nerviosita, el austriaco puede notar como se le acelera el corazón a su madre y a él se le acelera un poco también.
Suiza se tensa y... Vale, se sonroja también un poquito. De hecho igual que todos. Pero Suiza mira a Austria intensamente. Ya para que le miras, joder. Es que el problema es que Roma está mucho más cerca de Austria que de nadie.
—Yo no sé tocar el violín como ellos, pero te enseñé algunas cosas cuando eras pequeño porque tocaba la lira y mi hijo me enseñó a tocarlo así —empieza a cantarle una nana acompañado de las cuerdas.
Alemania estira el cuello para verle mejor. Y es que Galia babeeeea, que no va a hacer Austria. En algún punto es Germania el que le da a Roma un golpecito en la cabeza y los saca a todos del embrujo. Suiza tiene una oleada de aprecio por su padre y Alemania carraspea fuertemente.
—Ehmmm... ¿Recordaste algo?
—Eh... was? —parpadea Austria aun un poco embobado.
—Que si recordaste algo, Österreich —insiste Suiza.
—Ah... ehm... n-nein —carraspea.
—Tal vez deberías volver a hacerlo —propone Galia.
—¡No! —protesta Suiza sin poder evitarlo. Todos se giran a mirarle—. ¡¿P-Por qué querríamos ver o-otra vez eso!?
—Yo creo que sí debería hacerlo de nuevo —sugiere Alemania
—Que mono eres —Roma se ríe y se acerca a Alemania haciéndole un cariñito.
—¡Yo también lo pienso! —salta Prusia que también quiere cariñito. Alemania se sonroja.
Suiza hace los ojos en blanco y mira a Austria con cara de "¿de verdad eso es lo que quieres?" Austria ni le mira pensando en cómo llamar la atención de Roma, como todos los sajones.
Germania carraspea y vuelve a darle otro golpecito a Roma... Intentando llamar su atención como el resto. Roma se vuelve a Germania, claro.
—¿Ves? A ti no te recuerda, prueba fehaciente de que yo soy su padre.
Suiza aprovecha que todos están muy ocupados mirando a Roma para deslizarse un poco sobre la cama hasta donde está Austria.
—Tú le tuviste contigo toda su infancia, eso no prueba nada.
—¿Puedo cantarte yo algo? —pregunta Suiza nervioso poniéndole una mano en la mejilla.
—Tú te lo ROBASTE más tarde y aun así, no se acuerda de ti.
—Ja, claro, pero que no sea otra vez eso de antes —risita.
—¡No vas a comparar el tiempo que estuvo contigo que conmigo!
—No. Es otra cosa —suspira—. Algo que tú me cantabas.
—¡El tiempo que estuvo contigo ni siquiera debió estarlo!
—Está bien...
Suiza toma aire y se sonroja porque nunca, NUNCA le canta a Austria fuera de "lorelei iu" porque sabe que lo hace mal. Cierra los ojos y cuando abre la boca para cantar es que tocan la puerta.
Son todos los que faltan... Sí, sí, incluyendo a España. Prusia se va directo a abrir pensando que serán ellos.
—Verdammt... Mírame —pude Suiza frunciendo el ceño.
Austria lo hace un instante antes de volverse a los recién llegados por si está España entre ellos... Suiza bufa apretando los ojos.
—Ciao! —entra Veneciano el primero abriéndole la puerta al español que va cargado con todas las bolsas de Vaticano. Por el lado positivo, Suiza, puedes despreocuparte de Roma. Austria sonríe al verles.
Romano entra detrás con Vaticano y Francia e Inglaterra. Francia saluda a su padre como si no lo hubiera visto en un año, abrazándole y besándole. Mientras España va a dejar las bolsas al armario para que no molesten por en medio. Roma abraza y besa al francés como si acabara de superar un cáncer terminal.
Suiza suspira volviendo a los pies de la cama sonrojadito. Notando otra vez que claramente esto, así, no está funcionando. Veneciano se acerca a la cama a ver cómo es que están e Inglaterra se acerca a Suiza para saludarle.
Suiza le estrecha la mano sin muchas ganas.
—¿Cómo estás?
—Meh, mejor —miente —. Österreich está recordando trozos y cosas.
—Ah ¿sí? —sonríe y le mira—. ¡Eso es genial!
—Sí, si lo es, supongo que poco a poco ira recordando más cosas.
Vuelve a sonreírle al suizo.
—Aunque de mí no se acuerda.
—Ah, ¿no? ¿Por?
Se encoge de hombros.
—Tampoco parece muy interesado... En realidad no es que a mí me interese mucho que me recuerde tampoco.
—Mmmm... qué raro.
—Recuerda con música y todos han mostrado toda clase de habilidades... Preussen toco el violín, Deutschland cantó su estúpido himno nazi, Rom hizo el ridículo con el violín...
—¡Oh! ¿Y tú?
—Ehm... Yo no le he cantado.
—¿Por?
—No sabía qué, y luego llegaron...
—Pero...
—Insisto en decir que no tiene el más mínimo interés —se cruza de brazos—. Y yo tampoco tengo ya interés. Si se acuerda, bien. Y si no, ya se arrepentirá.
Inglaterra hace un gesto de que eso no le convence mucho. Suiza se gira a mirar a Austria y levanta las cejas porque Francia también se ha acercado a saludar a su madre y está saludando ahora mismo al austríaco de doble beso, acariciándole la mejilla y preguntándole cómo se siente hoy.
Y Austria le sonríe a Francia muy contento de que hayan llegado, explicándole que está recordando ya mientras mira a España de reojo que está saludando a su padre. Suiza parpadea considerando esto una ABERRACIÓN. No te creas que Inglaterra no está igual de impresionado.
Francia se ríe un poco y le explica que no llegaron antes porque estaba la niña y luego llegó Inglaterra, su esposo, a quien le señala y le hace un gesto de que se acerque a presentárselo.
—¿Esposo? —pregunta Austria. Inglaterra mira a Suiza de reojo cuando nota que le llaman
—Ahh... Oui. De hecho fue en tu boda cuando Angleterre lo dio a conocer, antes era un matrimonio secreto —le cierra un ojo. Suiza le hace un gesto a Inglaterra para que se acerquen. Y ahí va Inglaterra, claro.
—Autriche, mon chéri, este es Angleterre.
—Hello —saluda—. Ya sé que no me recuerdas pero... bueno, soy un muy buen amigo de Switzerland y tuyo y si necesitas cualquier cosa... Well, you know.
Austria hace un gesto de agradecimiento/asentimiento con la cabeza. Francia le sonríe a Suiza un poco maliciosamente y le cierra un ojo.
—Entonces... has estado usando la música para recordar a las personas. ¿A quiénes recuerdas ya?
—Unos cuantos, es complicado, no es que recuerde quienes son, solo los asocio con algún momento de mi vida que tampoco es que sepa cuando es que sucedió.
—Como una fotografía con música —agrega Suiza a la explicación fulminando un poco a Francia.
—Eso es, algo así —asiente Austria.
—Oh, habrá que elegir bien la música para que se nos recuerde entonces —sonríe Francia pasándose una mano por el pelo. Mira a su madre y le da una punzaditilla de celos por un lado el que esté ahí tan preocupada y consentidora del idiota austriaco, aunque parece tan feliz de estar ahí en su cama... que solo por ella sonríe y le hace un cariñito.
Ella le sonríe porque ya le ha abrazado y besado antes cuando se acercado.
—¡Eh! Tú, guapo de la pantalla, a mí no me dices nada —suelta España acercándose a la cama también para saludarles, sonriendo. Austria se sonroja y se ríe un poco—. Anda que...
Suiza se mira directamente los pies tomando aire y tratando de convencerse a sí mismo de ser paciente y de que esto es circunstancial. Francia le sonríe a España y se mueve un poco para que se acerque a saludar al austriaco fijándose en la reacción de Suiza.
España se acerca a Austria y le guiña un ojo, sonriendo.
—Dicen por ahí que estás empezando a recordar cosas.
El francés nota la actitud de España y suelta un bufidito de risa por lo bajo pensando que va a ocupar esto para reírse un poco luego. España mira a Francia de reojito cuando se ríe y se sonroja realmente levemente, volviéndose a Austria que le está explicando ahora a él lo de la música y a quienes recuerda. El francés sonríe un poco más y se acerca a preguntarle a Suiza cómo está y qué tal lo lleva. Romanito se acerca a Austria mientras está hablando con España y les sonríe un poco a ambos.
—¿Entonces solo tenemos que elegir cada uno una pieza que creamos que te evocará a recordarnos? —pregunta el español y Austria asiente.
—Ayer le canté un poco yo también —comenta Romano metiéndose un poco en la conversación con naturalidad—. Si hay que elegir, ¿qué vas a cantarle?
—No lo sé, es bastante difícil —piensa el español pasándose una mano por el pelo—. Ya sabes que a mí se me da mejor bailar.
Romano piensa en el concepto "bailar" entre España y Austria y lo que se le viene a la mente es la boda. Arruga un poco la nariz. España hace un gesto de esos suyos de cadera que vuelve a sonrojar a Austria.
—Seguro en algún punto tuviste a bien cantarle alguna melodía de esas tontas que cantas tu todo el rato —se sonroja un poco el también y mira a Austria de reojo pensando que para España el elegiría una canción en la que le recordara en traje de luces... si ÉL quisiera recordarle. Claro que no es necesario recordarle a Austria su estúpida época dorada—. ¿Qué tal que optas por algo ehm... no muy llamativo?
―Tal vez algo de Carmen... estoy seguro que piensa en mí... o si tuviera mi guitarra te podría tocar algo bonito, como Paco de Lucía en el concierto de Aranjuez. Te gustaba mucho a la guitarra... —sigue España pensando—. Se me da muy bien... creo que El amor brujo también te recuerda a mí.
—¿Te acuerdas esa vez que montamos Il trovatore en el Teatro del l'Opera para un cumpleaños de Veneciano, que él dirigió y me dijo que nunca había oído cantar Di quella pira como a mi ese día? —pregunta Romano sabiendo exactamente qué escena quiere evocarle, sonriendo un poco. Frunce un poco el ceño con las elecciones de España, porque Carmen de España es SUYA.
—Sí, creo que le gustará recordar eso —asiente España.
—Tú cántale algo más... —actual y moderno cuando estaba yo ya contigo, por ejemplo—. Algo como Bajo mi cielo andaluz o Las Islas canarias, te he visto bailar pasodoble con él.
—Pasodoble... pensaba en algo más flamenco —so folklorico que eres. ¡Hortera!—. No sé... creo que cualquier cosa vale mientras no cante acuerius como Rafael—se muere de la risa.
—Pues ya está, cántale algo de Raphael —insiste Romano con proponer algo que no le evoque su noche de bodas o algo así, que no crean que no ha notado los sonrojitos austriacos.
—¡No! ¡Nooo! Que sí que quiero que se acuerde de mi —se ríe España y mira a Austria que le está mirando con mucha curiosidad sin saber de qué hablan y es que esos ojitos que le pone... —Debería cantarte las que te cantaba de serenata, es feo conmigo que no recuerdes que hacía esas cosa.
Ahí van los otros ojitos que también le miran de manera... especial algo un poco fulminante.
—La cuestión es darle una idea inicial, no de recordarle todas las cosas que hacía contigo.
—Ya lo sé, ¡pero eso me parece bastante importante!
—¿S-Serenata? —pregunta Austria.
—Eras bastante idiota llevándole serenata —bufa un poco Romanito haciendo los ojos en blanco.
—Ah, vengaaa, ¡no te enfades ahora conmigo!—pide riéndose. Romano levanta las manos y se sonroja un poco.
—En realidad me da igual, me parece una idea genial que hagas que se acuerde de alguna cosa tonta a ver si te regaña y te castiga. Te llevarás el premio al primero que lo hace.
—¿Castigarle? —pregunta Austria que no les sigue.
—Castigarme —repite España con un "cejas, cejas" solo para hacerle sonrojarse porque Austria así le recuerda muchísimo a cuando eran jovencitos. Romano le da un golpecito a España, que se ríe más cuando Austria se sonroja de manera evidente.
—¡Mira como se ha puesto! —protesta un poquito Romano aunque ahora mismo le hace cierta gracia así que le pregunta directo—. ¿Te pone nervioso Spagna?
—Was?
—¿Quieres acordarte de sus serenatas?
—Quiero acordarme de todo —desvia la pregunta… y la mirada.
—Vale, eso tiene cierta lógica. Por qué no empiezas a cantarle ya, que si quiere acordarse de todas las cosas vas a tardarte un buen rato —Romano se sienta en la cama.
—¿Yo? Ni siquiera he decidido el qué.
—¿Quieres que cante yo? Te advierto que Vati podría cantar conmigo —Romano mira a Austria.
—Nein, ella nein, no funciona si la música no es perfecta.
—Tan quisquilloso como siempre —Romano busca a Roma con la mirada y le hace un gesto de que la saque.
Vale, y le grita porque es italiano y los italianos gritan para todo.
―¡EH! SACA A LA NIÑA PORQUE QUIERO CANTAR Y SI CANTO Y ESTÁ AQUÍ ELLA VA A CANTAR TAMBIÉN. VUELVAN CUANDO ACABE Y NO, ¡NO TE LA PUEDES LLEVAR A CASA!
—Pero Romanoooooo —lloriquea igual Roma yendo a la puerta con ella en brazos porque no te creas que no la tenía ya—. ¡Vale, vale! Anda, vamos mi vida, vamos a buscar algo bueno de desayuno.
—No le des mucho huevo que le cae maaaal —grita Romano otra vez bajándose de la cama.
—¿Sabes? Yo hice crecer a tus padres y ahora cree que no sé cómo tratar a un bebé. Hasta ellos tenían más libertades que tu —protesta igual a gritos, llevándosela.
—Tan mono que era tu papá a tu edad y ahora míralo que demonio... —se sigue oyendo a Roma en el pasillo, que además ha tomado a Germania de la mano al último momento para que vaya con él... olvídate de ellos hasta media tarde, como mínimo. Porque además a Germania también le gusta Vati, así que a ver si vuelven en realidad.
Veneciano se acerca a Romano al oír que va a cantar a ver si canta con él. Romano le sonríe un poco pensando en si no deberían cantar otra cosa... por qué no. Tan decidido que estaba. Ahora sí, Austria, prepárate para empezar a entender la esencia latina.
—Iba a cantar Di quella pira pero... si cantas conmigo podemos cantar algo mejor.
—¡AH! ¡Pero esa te sale muy bien!
—Sí que lo hace, pero Nessun Dorma nos sale bien a los dos.
—Ooooh, ¡me encanta Nessun dorma!
—O algo de Nabucco… O la Traviatta, también me gusta mucho.
—¡Ah! Va pensiero... pero somos solo dos. Debería de haberse quedado Roma.
—Quizás mejor de la Traviata si quieres cantar Verdi —yo le recomiendo a todos que se sienten.
—Porque no dejamos que lo haga alguien más mientras os decidís —propone España.
—No, no, si ya estamos decidiendo. ¿O ya tienes tú que vas a cantar?
—¡Tal vez pueda yo cantar con Francia! FRANCIAAA.
Francia levanta las cejas y se gira a España. Dios mío, el concepto da un poco de miedo. Todos haciendo numeritos musicales para Austria, joder, si hasta con la memoria perdida les organiza.
—¿Qué pasó? —pregunta Francia también un poco a gritos desde donde está.
—Vamos a cantar para que se acuerde, ¿cantas conmigo?
—¡Oh! ¡¿Cantar qué?!
—Ah, yo que sé —se ríe, se encoge de hombros y se va con él.
Los italianos siguen discutiendo y eligiendo qué cosa pueden cantar y que cosa no, o quizás un popurrí de varias cosas a la vez. Creo que con este nuevo arreglo y acomodo de personas hablando juntas: los Italia y Francia y España el ruido en la habitación aumenta en un 200%, cosa que empieza a hacer que a Austria le duela la cabeza.
¡Bienvenido al mundo de los latinos! Y tienes suerte de que no esté Roma y Vati... Aunque fácilmente puedes callarles si te pareces un poco a ti y les riñes.
Suiza ha decidido dejar esto por la paz, y está en terapia de relajación con Inglaterra hablando de la tragedia de que el Basel haya perdido contra el Porto y, peor aún, que el Chelsea haya sido eliminado por el PSG esta semana en el futbol.
—Chicooos —pide Galia aunque nadie la oye y se vuelve a Austria—. ¿Estás bien?
Él niega porque además quiere ir al baño, así que ahí se levanta ella a intentar ayudarle. Y para que negar la absoluta y completa verdad... Por más que intenta ignorarle, no pasan ni tres segundos antes de que Suiza esté al lado de la cama.
—¿Todo... bien? —le pregunta ahora directamente a Galia.
—Ja... vamos al baño nada más.
Sigue mirándoles a los dos en silencio.
—¿Te ayudo?—pregunta unos instantes más tarde.
—Tal vez deberías llevarle tú, yo no sé cómo van todos esos cables
Suiza mira al austriaco y vacila un poco humedeciéndose los labios antes de acercarse un pasito.
—¿Quieres ayuda? ¿O puedes levantarte solo ya?
—Nein, nein... creo que puedo —no, no puede.
Frunce un poco el ceño y no le ayuda, pero tampoco se va, esperando que se desestabilice un poquito para detenerlo, porque bien sabe que no, no puede. Austria va para sostenerse en la cama. Suiza le detiene antes de que se sostenga en donde sea.
—¿Seguro que no necesitas ayuda? —baja el tono y le mira a la cara.
Parpadea un par de veces porque ha vuelto a sentirle fuerte y más ahora que está más despierto. El suizo le detiene de la espalda y le quita el conector del dedo con el que miden la frecuencia cardiaca. La mano que lo sostiene es firme y a la vez con ridícula suavidad y precisión de no apretar más de lo necesario, que es el asunto con Suiza. Si alguien sabe cómo tocarte, Austria, con qué nivel de suavidad... es él.
Le mira hacer sin decir nada.
—¿Te cargo o caminas?
—Was?
—Oíste, no me digas que no. ¿Te cargo?
—Nein, Nein... voy a probar —responde porque lo que ha sucedido es que estaba pensando en otra cosa.
Suiza asiente esperando que se mueva . El problema es que no le sostienen del todo las piernas.
—Pásame una mano por detrás de los hombros, aprovecha tu altura y recárgate en mí. Yo te sostengo de la cintura.
Se pasa una mano por el pelo y suspira, haciéndolo.
—Te he visto caminar estando más débil. No olvides que hace sólo unos días podías esquiar, solo estas un poco entumido y golpeado —le anima un poco, mirándole. El moreno le mira de reojo.
—Extrañamente de esquiar era el único deporte que si hacías mejor que yo. Digo hacías porque creo que después de esto... —medio bromea.
—No me acuerdo —acaba la frase.
—Ya lo sé, te estaba contando.
Le mira de reojo porque era una broma.
—Aunque... —inclina la cabeza y camina un pasito notando que si se distrae camina un poco mejor—, como podrás notar el deporte y tú no son amigos. Así que me alegro que tampoco te acuerdes de quien era el que insistió que fuéramos a esquiar.
—Dicho de otro modo, estoy así por tu culpa.
—A decir verdad fue a propósito. Esperaba que te arrancaras la cabeza pero por lo visto no es mi semana de suerte.
—¿Eso es una broma?
—No es que pensara que DE VERDAD a ibas a arrancarte la cabeza. Con lo mucho que he cuidado que la mantengas en su lugar a lo largo de los años.
—Lo siento.
Suiza le mira a la cara porque tampoco era un reclamo serio.
—Esto está siendo más difícil de lo que creía, pero me preocupas... Aunque a momentos quiera arrancarte la cabeza. ¿Cómo sigue tu mano?
—Es que no te entiendo.
—¿Qué es lo que no entiendes? Puedo explicártelo —asegura.
—A ti, no te entiendo a ti.
Cierra la puerta del baño tras ellos y toma aire haciendo un sobre esfuerzo por ser sincero. Austria le mira, esperando.
Prusia es amor en este capítulo. ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
