—No es tan complicado. De hecho creería yo que es tan obvio que me da vergüenza —susurra bajando la mirada—. Es infantil de mi parte... Tener tanto miedo de perderte otra vez con Spanien o Ungarn o Rom o... Quien sea. No haces lo que yo querría que hicieras.

—¿Te discutes conmigo por celos?

Se sonroja.

—¿Qué esperarías que hiciera?

—Que me miraras más seguido y me dejaras acercarme un poco más. Sé que la intimidad cuesta, pero nadie más está intentando tenerla contigo como yo.

—¿Que YO no te dejo?

Parpadeo suizo.

—¿Si me dejas?

—Mi madre se ha pasado toda la mañana tumbada en la cama conmigo y no la he echado, ni veo porque iba a hacerlo. ¿Has probado a hacerlo tú?

—Anoche... fue un desastre. Traté de acercarme y acabé bajando y yendo a dormir a la silla —le mira a los ojos—. Te he pedido veinte veces ver tu mano y no me dejas.

—No, porque me duele. Y la verdad, no estoy seguro de lo que sucedió anoche ni lo que hiciste.

—No voy a lastimarte. Nunca te lastimaría, ¡nunca! Y mira que me sería MUY simple hacerlo —se sonroja con la mención de lo de anoche—. Anoche pensé que podría besarte y hacer algo y luego concluí que necesitabas más tiempo.

—En fin... está bien, supongo —acaba de mear a todo esto.

—Porque verás, yo si te recuerdo. Para mi eres la persona a la que más quiero y ahora mismo siento que te he perdido. Tú lo perdiste todo, pero yo perdí algo importante y concreto —levanta la mano y le acaricia la mejilla.

—Esto es bastante complicado y abrumador.

—Lo es. Mucho. Pero estaremos bien —le asegura y se agacha a él para darle un besito en la mejilla—. Voy a cantarte.

—Bien... suena como un primer paso de algo —se levanta. Suiza le ayuda a hacerlo y se humedece los labios.

—Cuando éramos pequeños me cantabas esto mientras te cargaba, porque no te gustaba caminar mucho tiempo, te cansabas —explica. El menor le escucha, apoyándose en él—. Tú la cantas mejor que yo —admite antes de empezar a cantar una de las muuuuuchas canciones de este tipo que le ha cantado en su vida.

Austria cierra los ojos y se le recarga más, concentrado. Una mano se escurre hacia su cabeza y le acaricia el pelo sin poder evitarlo, aunque tiene que ponerse de puntas.

Y el problema es que lo que le viene a la cabeza es eso, la mano de Suiza en su pelo, su olor por estar él abrazándole muy cerca y sentirse cansado y dolorido, así que no asocia todo eso a recuerdos si no a las sensaciones actuales... y le parece que no le evoca nada.

Suiza le acaricia un poco más el pelo y se calla al terminar, mirándole a la cara. Esperando, en silencio, que diga como con los demás. "Te recuerdo, sí, a la mitad del bosque... ". O algo así...

—Mmm... No estoy seguro. Lo siento.

Se queda paralizado por completo sintiendo que se le doblan las piernas. Se le entreabren los labios y los ojos cambian su expresión normal a mirarle triste.

—¿No me... recuerdas? —susurra incrédulo.

—No me evoca nada esa canción.

—Pero si tú me la has cantado toda la vida... —responde tratando de entenderlo racionalmente y fallando miserablemente.

—No sé qué decirte...

Valora por un instante la importancia y el peso de Austria en su vida... A pesar de todo y de todos, Austria era una constante, alguien muy importante desde pequeñito al que por años había intentado detestar sin conseguirlo. Y siempre había sentido que él no era así de importante para él, pero esta parecía la confirmación real de que... la verdad, era muchísimo peor. Quizás para el austríaco Suiza cargándole era como un burro de carga nada más, inmerecedor, ni siquiera de sus recuerdos.

Austria se pasa una mano por el pelo porque le preocupa que alguien tan importante como SU ESPOSO no sea capaz de... nada.

El helvético parpadea un poco y desvía la mirada en un tremendísimo enredo mental y sentimental sintiéndose de nuevo en el siglo trece cuando se fue de casa y esperó que eventualmente fuera tras él y... no pasó nunca, en ese momento del cruel desengaño de sentirse muy importante en la vida de alguien y darse cuenta que no lo es. Había aprendido últimamente (o creído aprender) que muchas de esas cosas con Austria habían sido simples engaños o trucos para hacerle creer que no era importante, fruto del enfado o de la frustración del propio austríaco. Pero... ¿Esto qué significaba? Era imposible ser más honesto que alguien sin memoria.

—¿Quieres cantar otra cosa?

El rubio se divide en querer recordarle algo, LO QUE SEA como sea, aunque fuera a golpes. Era imposible que no recordara NADA... Y el terror que le daba pensar en otra pieza. Qué tal que le tarareaba el bolero y con él recordaba a alguien más. Y la cuestión es que también, todas las cosas musicales que tenían que ver con él las producía Austria, no él. No sabía cantarle lo que había tocado al piano cuando lo había recuperado, ni cantarle la música de su boda. Vacila.

—¿Puedo silbarte algo?

—Claro —abre la puerta del baño.

La detiene con la mano para que no la abra sin querer salir y silbarle frente a todos y que no se acuerde de él. Se habían casado frente a todos ellos... ¿Cómo podía explicarles que no le recordara? Se sonroja y aprieta los ojos solo de pensar en las risas de Prusia... Se quien SÍ se acordaba. Piensa que es imposible silbar la maldita sinfonía que le compuso para la boda, quizás podría... La pieza que le había tocado el día que le había encontrado después de la guerra. Eso era exclusivo suyo. Y se acordaba de ella, sí, casi como si la estuviera tocando en este momento. Cierra los ojos.

El austriaco le mira sin entender porque le detiene.

—Si no suena bien no funciona —le advierte.

El helvético le ignora frunciendo el ceño en concentración y empezando a silbar la melodía de las partituras quemadas. Austria parpadea escuchándole y le invade una desgarradora tristeza que le obliga a suplicar al suizo que pare, quien le mira con ojitos esperanzados.

—¿Qué fue eso? —pregunta desconsolado.

—Lo que tocabas a solas después de la guerra, cuando te encontré. Lo habías escrito para mí y tenías que quemar el papel para calentarte.

—Es... es desolador. Solo recuerdo... recuerdo paredes escritas y mucho mucho frío y mucha hambre.

—Estaba yo ahí contigo, la pieza era para mí.

Hace un esfuerzo, pero es que lo más impactante relacionado con ello es como se sintió al tirarlas al fuego. Le caen un par de lágrimas.

—Llegué ahí y te saque de tu locura, ¿no te acuerdas de ESO? —le mira y se le humedecen los ojos.

Austria niega, aun llorando porque no supo que eras tú hasta un buen rato después de dejar de tocar así que el austriaco asocia la música a la depresión y a la locura, no a la salvación ni apenas al momento de componerla. Suiza traga saliva porque es que... Tampoco le gusta hacerle llorar y hace mucho que no le ve hacerlo.

—Shh... Shh... No pasa nada, no llores —le abraza. Austria solloza, dejándose. Suiza le acaricia el pelo y la espalda para calmarle—. Te levantaste y te hiciste más fuerte después de eso. Y volviste a sonreír y a tocar, y a ser feliz —susurra animándole.

—No me hagas recordar cosas tristes.

—Lo siento, yo solo quiero que me recuerdes a mi... —susurra con tristeza porque no, no quería hacerle sentir mal. Austria suspira—. Quizás si escucharas lo que compusiste para la boda...

—¿Puedes tocarlo?

—¿Yo? Es como una sinfonía, no, no puedo tocarlo. ¿Si te canto mi himno?

—No lo sé...

Y ahí va el último intento ahora por cantar el salmo que ocupa por himno, agachándose un poco para levantarle del suelo porque siente que lleva demasiado tiempo de pie. Y eso le recuerda... a los asuntos deportivos y del COI.

—Recuerdo unos... saltos de esquí... Y... ¿Tennis?

—¡Federer! —exclama y aprieta los ojos—. ¡¿De verdad vas a recordar antes eso que a MI. A mí como persona?!

Austria respira profundamente porque esto también es un agobio para él.

—Tal vez solo estás eligiendo las piezas incorrectas.

—Tal vez no quieres recordarme... yo no soy tan importante. Pero es soy tu verdammt marido, cómo no voy a ser importante, ¡soy Schweiz!

—¿Por qué iba a no querer recordarte?

—Pues eso mismo me pregunto yo. Si duermes conmigo y vives aquí casi todo el tiempo. Estabas conmigo cuando esto te pasó, ¡es estúpido que no quisieras! Pero de todos los demás te has acordado.

—No estoy haciendo esto a propósito, ¡deja de enfadarte conmigo! —protesta.

—¡No me enfado contigo, me enfado con la situación! ¡Porque nadie está TAN interesado en que le recuerdes! —protesta de vuelta—... no es que yo esté tan interesado...

—Pues no lo sé, pregúntale a Schweiz que es él que sabe de medicina.

—Yo soy... —empieza a protestar y se calla a la mitad—. No tengo idea, ya revisé todos tus resultados y es lógico que no recuerdes cosas pero no de manera selectiva. Quizás... quizás si oyeras el bolero...

—¿Puedes tocarlo?

Se humedece los labios empezando a estar desesperado con que ALGO funcione. Así que sí, empieza a silbarlo.

—Volvamos fuera —dice Austria empezando a estar un poco frustrado, sin prestar atención. Suiza aprieta los labios y se calla.

—Verdammt... —sisea saliendo con él en brazos volviendo a enojarse. Austria se quita las gafas y se masajea las sienes.

—¿Quieres dormir un poco? Puedo echarles a todos.

—Nein, Nein.

—A ver si recuerdas a TODOS los demás —sale y se acerca a la cama con él en brazos y España les silba porque nos hace gracia. Francia se ríe y le hace segunda a España, por que no.

Suiza aprieta los ojos y se esconde un poco en Austria poniéndole sobre la cama y pensando que esto claramente NO podría ir peor.

—¡Cállense! —les chilla frustrado. Austria se sonroja un poco porque es España quien lo ha hecho. Francia se ríe con el chillido de Suiza después del silbido y mira a España con media sonrisa al notar una vez más la cara de Austria.

Antes de que les eche a todos, Romano le da un golpecito en el brazo a Veneciano para que empiecen a cantar. No han decidido aún, pero ahí va Veneciano a seguirle con lo que sea.

Suiza levanta las cejas y se gira a mirarles.

Austria levanta las cejas pensando que cantan muy bien y recuerda varios conciertos con ellos y varias idas a la ópera. Algunos flashes en la ópera de Viena, detrás de una cortina, vestuarios, gritos y gente corriendo de un lado a otro. Y Suiza una vez más no está presente en el recuerdo.

Suiza, ¿estás seguro de ser parte de la vida de Austria?

España que estaba mirando también al austriaco nota la mirada de su hermano y hace los ojos en blanco.

—Ni lo digas.

El francés se ríe.

—Oh, sí que lo voy a decir...

—Envidia que tienes.

—¿Envidia? No, contrario a ti yo ya he superado esa fase. Sin embargo tú pareces EXCESIVAMENTE...

—No es ningún pecado que me parezca mono, ES mono —protesta.

—Nah, no lo es tanto. Tienen su gracia los sonrojos... Pero tú, parece que te has desmemoriado con él y hemos vuelto al siglo XV.

—¡Ala! Si serás sagerao'. Además, ni me vengas, que he visto como sonríes ahora que es buenecito y dulcecito contigo.

Más risas aun.

—Solo estoy siendo educado haciendo notar quien es el infantil —arruga un poco la nariz—. Pero tu caso es como, pfff. Me parece justificable... Ridículo pero justificable... Que ÉL te esté babeando a ti encima. Pero mira que tú le sigas el juego tan ASÍ, ¡y conociéndole! Solo me confirma lo que siempre he sabido.

—¿Perdona?

Francia le mira sonriendo.

—De hecho, no... No te perdono. Ya fue bastante la primera vez que estabas descerebrado —drama imperdonable.

—No, no es por eso, que tú solo eres educado es lo que no te compro.

—¡Ah! —levanta las cejas y sonríe un poco—. ¿No?¿ Qué piensas que hago?

—Aprovecharte de su rara dulzura contigo igual que hace tu madre. Y morirte de envidia porque me prefiere claramente a mí.

Hace los ojos en blanco y se ríe.

—Te prefiere a ti porque yo, evidentemente, no tengo el más mínimo interés de ESA manera con él y estoy siendo amable con mi... —le cueeeeeesta—, hermano, insisto, solo para demostrar que el infantil es él. Tú, en cambio, ya te habrías desnudado y te lo estarías tirando de haber tenido cinco minutos a solas con él.

—Es que no me creo ni media letra —se cruza de brazos y se sonroja un poco porque tirárselo no, pero sí le hubiera besado, está SEGURO. Francia le pica el pecho con el dedo y luego se lo pone en la barbilla.

—¡Mírate!

España sonríe de lado.

—Te miro a ti y tengo más que suficiente.

—Ah, ¿a mí? Yo no estoy sonrojado como semáforo babeándole encima a mi ex —mira a Suiza—. Y vaya que podría.

—Y conseguirías reestablecer el orden del universo... aunque me preocupa Suiza.

Francia le mira de reojo.

—Hace tiempo que no se le ve tan... —se acaricia la barbilla tratando de definir exactamente cómo se le ve—, ¿preocupado? ¿Triste?

—¿Ambas?

—Ambas —asiente.

—Y la verdad, tal vez prefiero que no nos recuerde a nosotros, así es muy mono.

—Más mono de lo que nunca ha sido, te lo concedo.

—¿Ves?

—Estás babeando.

—Jodeeeer —protesta riendo.

—Pues es verdad, pero no creo que vaya bien así.

—También tú lo estás.

—¿Babeando? ¿Perdona?

—Claro que sí, dándole besos y haciéndole cariñitos.

—¡Ya te dije que solo estoy siendo amable!

—Amable desde muy cerca, no eres así de amable con Alemania.

Francia hace los ojos en blanco y España se ríe.

—Lo sería si estuviera en cama —carraspea un poco—. A mi deja de echarme encima, si eres tú el que está portándose como ese muchachito descerebrado que eras.

—¡Anda ya!

—¿Vamos a empezar de nuevo esta discusión? —se ríe.

—Lo que quiero es que lo admitas.

Arruga la nariz.

—Que admita que me parece... Diferente.

—Que admitas que es mono.

—Admito que si se portara así siempre puede que le tuviera en una poca más de estima. Poca.

—Baaaah.

—¿Qué esperas que te diga? Oh sí, la verdad es que me encanta y debí haber peleado más contigo y ser yo el que se casara con él. Olvídalo.

Se muere de la risa y Prusia se les acerca.

—El que sí creo que te lo pueda decir es él —Francia señala a Prusia.

—Was? —pregunta Prusia mirándoles y España se ríe más.

—Mira, el otro envidioso.

—Ahora resulta, mon amour, que el calzonazos está ocupando sus niveles de babeo encima de Autriche para convenientemente acusarnos de envidia.

—¿Acusarnos a nosotros? —pregunta Prusia y España hace "blablabla" haciendo gestos de desinterés y riendo.

—Sí, dice que ahora que Autriche está dulce y amable… Envidiamos que el que más le gusta sea él.

—¡A mí no me da envidia!

—Eso decís los dos.

—Cielos, Prusse... Al menos yo sueno más convincente.

—Ninguno de ambos lo sonáis, no os esforcéis.

—Di lo que quieras, pero aquí el único que esta franca y abiertamente ligando con él eres tú.

—¡Ligando! —es que se muere de la risa aunque se sonroja un poco y Prusia le señala.

—¡Te gusta el señorito!

—Claro que está ligando y coqueteando. Claro que le gusta, no hay novedad en ello —Francia se ríe.

—Sois lo peor, como si a vosotros no os gustara.

—Verás... Nunca nos ha gustado lo bastante —Francia se cruza de brazos.

—A mí ni un poquito —suelta Prusia.

—No me creo nada —responde España.

—Bueno, eso sí que es demasiado decir —admite Francia riéndose—. Yo he dicho que no nos gusta lo bastante como para hace algo al respecto.

—En fin... —responde Prusia.

—¿Tú como ves a a Suisse? —le pregunta Francia. ¡Funciona!

—Está... no lo sé, no muy bien, ¿no? —mira hacia él.

—Yo no solo le veo "no muy bien", pero tú lo conoces también...

—Podemos preguntarle—propone Prusia dispuesto a llamar a Suiza.

—Mmmm va a decirnos que está bien, ¿no creen? —pregunta Francia—. Hablé un poco con él hace rato y solo dijo cosas médicas.

—Sigo pensando que prefiero que no se acuerde de nosotros —asegura España.

—¿Y de quién queréis que se acuerde? —pregunta Prusia.

—Pues... —Francia se lo piensa un segundo—. ¿De Suisse?

—De Suiza... eso estaría bien—asiente España.

—Deberíais tocar el bolero —propone Prusia.

—Podría no solo acordarse de Suisse así normalmente, podría acordarse de algo... —Francia sonríe porque Prusia parece haberle leído la mente—. Exactamente así.

—El bolero... —piensa España mesándose la barbilla—. Necesitamos más de un instrumento para eso.

—Tal vez Schweiz haya traído una armónica.

—Quizás yo pueda hacer algo con el violín —indica Francia no muy seguro.

—¿Tú el violín? Vale, puedo hacer percusión con un cajón —asiente España.

—Y Prusse la tararea moviendo las caderas —Francia se ríe.

—¡Yo no!

—Si Suiza tiene la armónica la toco yo con ella y tú haces la percusión. Anda, ve a pedírsela —le manda España y ahí es que va.

Suiza suspira realmente preocupado con todo esto. Francia le guiña el ojo a Inglaterra con el violín al cuello acercándose a preguntarle si el violín le genera también un poco de... Ese asunto. Como el piano.

—What?

—Tengo el violín prohibido —le pica el abdomen con el arco.

—¿Y a mí qué? —da un saltito alejándose—. Yo lo toco mejor que tú.

—Tú me tocas a mí el "violín" mejor que nadie, eso sí.

—¡Deja de darle segundos significados a todo! —igual se sonroja.

Se ríe un poco y se vuelve a España y a Prusia, no sin antes cerrarle un ojito a su madre. España hace una prueba con la armónica mientras se acerca.

—¿Listo?

—Yo viento y tu cuerda. Yo empiezo —asiente España y mira a Prusia a ver si tiene claro cómo hacer el acompañamiento.

—Vale —asiente Francia conforme con la instrucción aun haciéndose el que le mueve un poco al violín para afinarlo... Sin hacerle nada.

—Nein! Yo primero —salta Prusia.

—Bueno, sí, vale, ya me entiendes.

—¿Ya le dijiste a Hongrie que tome fotos? —pregunta Francia que siempre le parece que esas cosas merecen fotografías con las cuales burlarse un poco a futuro.

—No hay necesidad —la mira de reojo.

En efecto, Hungría toma bastantes fotos solita ya. Francia le sonríe a ella... Quien le toma una foto con el violín al cuello. Se ponen todos ya muy serios (¡ja!) para el procedimiento.

Prusia se acerca a Alemania y a Suiza y les quita un bolígrafo a cada uno provocando como suena la barra metálica de la cama. Queda bastante satisfecho con el sonido, así que tira uno al aire haciendo que dé unas vueltas antes de recogerlo y empezar con el ritmo repetitivo que marca toda la pieza, sonriendo.

Suiza, que estaba ahí sentado con las cejas fruncidas y su nubecita en la cabeza abre la boca reconociéndolo IPSO FACTO. Se paraliza sin podérselo creer pensando que esto puede, o ir muy bien o ir fatal si es que no se acuerda de él... Claro que luego piensa... Que si sí se acuerda...

A él le vienen a la mente más de alguna imagen... De... Ehm... Esas. Se tapa la cara con las manos.

Austria estaba hablando de algo con su madre y ambos se callan a mirarles, el siguiente es España con la parte serpenteante de la pieza cosa que no le baja precisamente su atractivo.

Por una rendijita entre sus dedos, Suiza mira a Austria con terror/vergüenza.

Veneciano se ríe un poco cuando entiende lo que están haciendo y el problema es que los cabrones... todos saben qué va a recordar Austria con esto y quieren ver la cara que pone al hacerlo sin sus filtros habituales.

Romano se acerca a Veneciano y le hace un vago comentario justamente sobre eso, riéndose también y mirando a Austria con atención.

El primer flash de Austria es un grito de Suiza debajo suyo todo sudado y sonrojado. Parpadea un par de veces aun sin entender que es ese recuerdo y se vuelve a mirarle.

España y Veneciano sonríen en el acto al saber que volverse a Suiza sin que nadie le haya dicho nada es señal de que está funcionando.

Suiza levanta las cejas cuando le mira y se intenta hacer más pequeñito, aunque ha de confesar que hay una pequeña y diminuta sensación de agrado en su estómago porque le mira a ÉL.

Romano suelta un "pff" aunque admite que se siente levemente identificado imaginando recordar una buena sesión de sexo ardiente con España... Se sonroja con la idea.

Francia se ríe bajito y toma aire antes de entrar el también a la pieza, armando la melodía, girándose a mirar a España y Veneciano y cerrándoles un ojo.

Austria parpadea aun sin entender del todo qué ha pasado, porqué Suiza se esconde, ni qué ha recordado, volviéndose a ellos tres a mirarles tocar otra vez.

Vuelve a tener otro flash, está vez es Suiza quien está encima, a contra luz, este es un poco más largo y se entiende mejor lo que chilla y que se está moviendo.

Creo que hasta Alemania está mirando a Austria esperando a ver qué hace y cómo reacciona.

Suiza sigue resistiendo ahí, y tiene que taparse la boca para no gritar e interrumpirles para que se callen. Aunque el que le mirara, obviamente, le hace pensar que quizás está teniendo alguna de las cientos de posibles escenas que a él se le vienen a la mente.

Es que se vuelve a mirarle, además notando que todos le están viendo con unas caras que... hacen que se sonroje un poco.

Es que Suiza era del color de un tomate, tapándose la cara y mirándole con un ojo, pensando "Sí, Verdammt, sí que hemos hecho ESO en repetidas ocasiones y de manera muy muy muy ÍNTIMA"

Austria sigue escuchando la música y pronto empiezan a venirle más recuerdos de imágenes y sensaciones sobre todo, sonrojándose un montón cuando entiende lo que está recordando.

La música no ayuda absolutamente en nada a Suiza que entra en un momento de "trágame tierra" cuando ve a Austria sonrojarse. Si te sirve de consuelo, Austria, Suiza está recordando vívidamente las mismas cosas que tú.

El problema es que TODOS se sonríen de ESAS formas cuando notan que Austria se sonroja

Sabiendo lo que está recordando. Solo falta la tonadita de Prusia de "sé lo que estas pensandoooo". De hecho puede que lo diga.

Suiza suelta un bufidito y valora otra vez este asunto de ponerse la papelera en la cabeza y le lanza un zapato de Prusia a la cabeza que deja de marcar el ritmo y eso devuelve a Austria al mundo.

Suiza se esfuerza por no mirar a Austria y de hecho chilla con el lanzamiento "¡NO ESTÁ PENSANDO EN ESO!" Cosa que evidentemente lleva a Austria a confirmar que todos parecen saber las connotaciones de esto, puede que la hayan elegido incluso a propósito.

Al menos parece haberse acordado de él, piensa Suiza.

—¿Entonces en qué estás pensando, señorito? —pregunta Prusia

Todos miran a Austria para ver qué dice.

El austriaco se humedece los labios pensando lo más deprisa que puede en qué decir, necesita algo que lo defienda y deje claro que están todos equivocados. Así es como se aprende a vivir entre las fieras, que no pueden burlarse de él.

—Me estaba evocando algo... estaba recordando algunas imágenes vergonzosas—mira alrededor buscando algo que sirva.

—¿Imágenes vergonzosas de que tipo? —pregunta Francia.

—De una vez... que tocamos esto con una filarmónica. Fallé una nota —explica porque antes Galia le ha estado contando de sus bonitos conciertos.

Prusia parpadea sin esperarse eso porque suena razonable. ¿Habrán estado leyéndole mal? Se vuelve a Suiza, que parpadea, abre la boca y se descubre la cara.

—W-Was? No es en lo absoluto verdad.

—¿Quoi? —suelta Francia haciendo los ojos en blanco y riendo.

—Eso es lo que recuerdo, lo siento... tal vez no sea correcto —responde Austria usando la situación como excusa como siempre y sintiendo una punzada de aversión por Francia al decir eso.

—¿No has pensado nada en Schweiz? ¿Por qué le mirabas? —Prusia no acaba por entender.

—Me ha parecido que era una que él trató de usar para hacerme recordar —explica Austria pensando que esta situación está siendo bastante instructiva para ver quien le ayuda y quién no. Suiza parpadea sin estar seguro de nada, mirándoles a todos.

—Yo creo que aunque has recordado exactamente lo que creemos que has recordado, mon amour.

—No estoy en lo absoluto seguro de saber qué es lo que creéis que he recordado... lo siento, pero esto ya ha venido pasando a veces, no he podido recordar correctamente ninguna de las piezas que ha elegido Schweiz, quizás suceda lo mismo con esta.

Suiza le mire con la boca muy abierta.

—No te has... No... —susurra crédulo como siempre.

España mira a Francia porque JURARIA que sí se ha acordado de Suiza pero quien coño sabe, si está enfermo y tampoco suena descabellado lo que explica.

Francia le mira más o menos con la misma cara, en especial, si España no está seguro...

Es casi imposible que él lo esté. Además estaba el factor de estar completamente desmemoriado. Parpadea un poco.

Es que no es que España esté seguro, porque le conoce y sabe además que jugaría un juego como este para escaparse del problema, pero estando enfermo, quien sabe si recordaba como jugarlo igual que no recordaba ser maligno con Prusia y Francia o como jugar con Suiza.

Francia se gira a mirar a Suiza que sigue con la boca abierta intentando tomar aire como si no supiera respirar. Es decir, ¡no podía no acordarse! Si no se acordaba de él haciendo ESO no se iba a acordar de él nunca. Inglaterra se acerca a él a ver si está bien.

—Switzerland?

—Ehm... Yes?

—¿Todo bien?

El suizo suspira y niega con la cabeza levemente.

—¿Quieres... ir a la cafetería?

El helvético se pasa las manos por el pelo, ahora con la tez blanca como el papel y se levanta sin decir nada. Prusia y España por su lado se llevan a Francia para deliberar sobre esto.

Suiza mira a Austria un segundo al levantarse. Ahora ni siquiera con ojitos de tristeza, sino con actitud de estar completamente en blanco, toda conexión perdida.

—Venga, vamos a comer algo —insiste Inglaterra.

—No creo tener hambre —asegura el helvético girando la cara.

Austria se vuelve a Suiza en cuanto habla, se sonroja un poco aun con las imagines grabadas en el cerebro y vuelve a apartar la mirada antes que alguien lo note, optando por ignorarle. No es hasta unos instantes más tarde que nota que Suiza quería que le recordara y estaba muy preocupado al respecto en el baño y esto que ha dicho sobre el concierto debe haber hecho que aún se preocupe más... en caso de que realmente comparta esos recuerdos y no sean solo sueños o algo parecido. ¿Cómo podría él saberlo?

Por un instante Suiza siente de nuevo que le mira con esa conexión y conocimiento, pero se esfuma cuando gira la cara. Se mete las manos a los bolsillos y se encamina a la puerta. Inglaterra se va con él.

—Esto es raro y no le creo —cuchichea Francia a España convencido, negando con la cabeza.

—En realidad... es que es la manera en la que reaccionaria si realmente hubiera funcionado... pero también es lo que haría si no, creo —aprieta los ojos.

—Si reaccionó así, mágicamente ya no esta tan enfermo.

—¿Cómo crees que habría reaccionado de estar enfermo? Yo habría reaccionado con un poco más de... Intensidad si no recordara nada y de repente recordara sexo con Angleterre. ¿Cómo hubieran reaccionado ustedes con Hongrie o con Romano?

—Yo no habría reaccionado con Ungarn, claro —suelta Prusia.

—No lo sé... no lo sé, Francia.

—Ya, claro. Deberías saberlo, tú eres el experto que le conoce. Mira cómo reaccionó sin cuidarse a ti, o a mí, o a mi madre.

—Tal vez sería más fácil que lo dijera si le preguntáramos solo uno de nosotros.

—¿Uno? Vale, le preguntas tu... —decide Francia cruzándose de brazos. España suspira.

—Tenemos que sacar entonces a los demás de la habitación. Lleváoslos a comer.

—¿Vas a quedarte tú, a solas con Autriche mientras vamos a comer? —Francia levanta las cejas.

—No empieces —sonríe un poco sabiendo por donde va—. No nos lo dirá si esta todo el mundo ahí. ¿Quieres quedarte tú?

—Yo paso de quedarme a comer con él —interviene Prusia antes de que alguien lo valore.

Francia se revuelve un poquito porque con Austria nunca se sabe que podrá decir o que no, y ciertamente por naturaleza el español le resulta más atractivo...

—Quedémonos ambos.

—No sé si nos lo dirá a los dos —se encoge de hombros. Francia hace los ojos en blanco—. Y no necesito una carabina para quedarme con mi ex.

—Pues si quieres quedarte solo con él, quédate. Ni sé qué le ves —suelta Prusia tan tensito, porque no le parecería mala idea pasar un rato con un Austria que no le odiara.

—Si tanto quieres quedarte TÚ con él a solas, vale. Quédate. Prusse yo tenemos cosas considerablemente más entretenidas que hablar —decide Francia a la vez

—No es que quiera quedarme con él solo —responde España. Francia levanta una ceja y le mira con cara de "nooooo, claro"—. Solo digo que para algo así tiene que quedarse solamente una persona, no que tenga que ser yo.

—Lo que creo es que si te quedas a solas con él una hora van a hablar cincuenta y ocho minutos de ti y de lo fantástico que eres, de cómo le llevabas serenata, lo guapo que te ves en traje de luces y lo valiente que eres con los toros... Vas a besuquearle además, a hacerle un lío y buscarte otro con Romanito y... A hablar de lo que nos atañe solamente dos minutos —resume Francia pensándolo bien—. No. No vas a quedarte tú.

—¿Perdona? —tan ofendido y aún tiene el cinismo de sonrojarse.

—Es que se exactamente lo que estás pensando y la respuesta es definitivamente no.

—¿Pues tú qué? No me digas que no vas a aprovechar que no está defendiéndose para acercarte sensualmente... contarle un par de cosas sobre los imperios que siempre le han gustado... de cómo os parecéis mucho desde siempre que os gusta cocinar y a aprovechar para besarle igual a ver si cae definitivamente en tus redes teniéndote que apartar a último momento "para que no os pillen".

Francia se ríe un poco encogiéndose de hombros.

—Tú tampoco vas a hacerlo —sentencia España.

—Ninguno de los dos sois fiables ni un pelo, latinos —Prusia usa ese tono despectivo digno de la raza aria.

—¿Por qué? —protesta un poco Francia riendo y haciendo los ojos en blanco al tono de Prusia—. En realidad tú tampoco debes quedarte con él, quizá planeen exterminarnos a todos en solo una hora.

—A mí no me llamas tú latino en la calle, sajón media mierda —responde España riendo.

—¡Ja! Como que iba yo a aliarme con él, ¡esa es cosa de West!—responde, empujando un poco a España.

—¿Saben? Peléense entre ustedes dos sobre quien quiere quedarse con él... Allá afuera. Y saquen a la gente de aquí. Yo voy a averiguar lo que REALMENTE queremos saber —sentencia Francia girándose hacia la cama.—Nooo!

—Nein!—gritan a la vez agarrándole ambos.

—¿Se dan cuenta de lo RIDÍCULOS que se ven ambos peleando por tan poca cosa? —protesta Francia levantando la nariz e intentando soltarse.

—¡Como si tú no pelearas! —replica España sin soltarle—. Tregua, venga elijamos a alguien más, alguien neutral.

—¿Veis porque Schweiz es el único que lo aguanta? —replica Prusia.

—Allemagne —propone el francés.

—NEIN! —chilla Prusia.

—La competencia de hermanos —se burla España.

—Cielos pero no es como que Allemagne vaya a besarle o algo... —parpadea Francia.

—No es eso, pero si dices que yo no porque nos aliamos, West menos. Y Ungarn tampoco.

—No creo que a Liechtenstein o a Canadá les cuente nada, ¿no? ¿Y tu madre?

—Mi madre lleva todo el rato con él, no sé si le vaya a contar algo o no.

—Pues parece confiar en ella —valora España.

—¿Pero que tanto sabe ella de este asunto? —pregunta Prusia—. Debería quedarse Italien.

—Italia y Romano. No se va a quedar solo uno.

—Romano no, que como Austria le cuente algo raro me crucifica. Hagamos algo... que lo decida Austria —propone España sonriendo.

—Te va a elegir a ti, no creas que soy tan idiota —asegura Francia haciendo los ojos en blanco—. Insisto, Italia y Romano.

—Pues si me elige a mí que así sea... —se encoge de hombros.

—No, eso es injusto. Si te quedas tú ahí te acusaré con Romano.

—Pues que se quede Alemania, no hay más.

—Nein!

—Pero si Alemania no va a hacer nada, Veneciano le tiene atado muy corto últimamente con lo de que aún no han vuelto del todo.

—Además es Autriche, dudo muchísimo que Allemagne se atreva a algo. Ya le conoces.

—Además a Austria le gustas más tú desde siempre —palmada al culo a Prusia.

—Was? No le... yo soy Awesome! Pero eso no me importa.

Francia se ríe.

—Porque eres MUCHO más awesome que Allemagne es que le gustas.

—Pues para que se quede West me quedo yo...

—Bueno, ¿pero que no estas poniendo atención? Tú le gustas, no sirve. Para eso me quedo yo—replica Francia.

—No, no, ninguno de los tres, venga, Alemania y ya.

—Allemagne entonces.

Prusia pone los ojos en blanco.

—Hombreeee, deja de hacer drama y ve por él, anda —Francia le da un besito en la mejilla y ahí se va arrastrando un poco los pies.


La encuesta obligada de hoy es... Austria/España, Austria/Prusia o Austria/Francia? ¡No olvides agradecer a Karlaa su beteo y edición!