—West!
—Mmm? —Alemania ultraconcentrado mirando algo en su teléfono del trabajo.
—Vamos todos a comer, te toca quedarte con el señorito.
—Oh —le mira un segundo—. Vale.
—Tienes que descubrir si ha mentido con sus recuerdos del bolero.
—¿Que tengo que qué?
—Descubrir si ha mentido, creemos que sí ha recordado a Schweiz y está mintiendo.
—Oh, ¿de verdad?
—Spanien y Frankreich dicen que sí.
—Ohh —baja el teléfono.
—También dicen que le gusta Spanien —ojos en blanco.
—Spanien? Oh... ¿Otra vez?
—Ja...
Ojos en blanco.
—Bueno. Le preguntaré.
—Tal vez tendrías que explicarle sobre Spanien y como se fue con Römer y todo eso.
—Oh —esto es cada vez más complejo. Aún así, si a alguien le puede explicar, es a Austria—. Vale.
—Hasta luego —le despeina.
—¡Ehh! —protesta intentando que no lo haga. Se peina hacia atrás. Así que tras unas palmadas y despedidas haciendo que todos se pongan de pie Austria se queda solo con Alemania, quien le mira con bastante formalidad.
—¿Cómo estás?
—Ya ves... trato de no agobiarme demasiado —responde observándole.
—Me alegra que te acuerdes de cosas —asegura cruzándose de brazos sin saber bien que hacer o decir.
—Solo son pedazos que hacen que reconozca vuestras caras, como si mi mente me dijera "estas personas son importantes" pero no me contara cómo o porqué.
—Al menos sabes que si nos conoces. A todos... Hasta a Schweiz, ¿no?
—Supongo.
Carraspea.
—Es muy extraño que estés así, no sé qué decirte y es incómodo para ambos.
—Si te sirve de ayuda yo tampoco sé qué decirte a ti.
—Lo cual es extraño. Eres la persona con quien más hablo en general. Italien dirá que voy a quedarme sin voz si no puedo hablar contigo.
—Pues háblame de lo que sueles hablarme...
Alemania piensa en lo que le encargo Prusia y concluye que para que Austria le cuente algo tiene que conocerle un poco más... Así que...
—Esto ha sido un pretexto para ver a Italien... Italien mi... Italien mi novio que vivía en la casa y se fue porque peleamos y luego pasó lo de Helvetia...
—Italien es uno de los cantantes de ópera.
—Ja. Él vivía en casa antes con nosotros. Conmigo. En Berlín. Y se fue de casa. Y estoy tratando de que vuelva.
—Oh... ¿y no lo hace?
—No aun. Dice que tenemos que salir más veces aun. De hecho... Aún no... Hemos vuelto bien a estar juntos —carraspea.
—¿Por qué?
—Es un proceso lento y yo tengo que volver a ser confiable y a demostrar que merezco salir con él.
—Ya veo... ¿qué es lo que pasó?
—Fui una mala pareja y lo di por sentado y para tu boda él pensó que yo quería casarme contigo —suelta sin pensar.
—¿C-Conmigo?
—Ja. Estaba seguro de que tú y yo... Bueno —carraspea.
—¿Bueno, qué?
—Que tú y yo estábamos... Ehm... A-Acostándonos —se sonroja.
—Oh —no hay forma en la que no le vengan a la cabeza de nuevo las imágenes con Suiza, haciéndole sonrojarse... y luego imaginando como debe ser eso con Alemania—. ¿Y eso pasó?
Carraspea otra vez removiendo esa fantasía...
—Nein. Nein Nein... Nein. Neeeein. Nein.
—Oh... lo siento —carraspea también nervioso. Alemania levanta las cejas. ¿Lo sentía? O sea eso quería decir que le hubiera gustado...— No estoy muy seguro de nada, no quería incomodarte.
—Está bien, ehm, está bien —todo sonrojado—. N-No me...no me incomodas.
—Ehm... parece un tema bastante incómodo. ¿No estuve nunca contigo entonces?
—No del todo, aunque no se puede decir que no te saques los pantalones con cierta frecuencia cuando estás conmigo —eso sonaba mejor en tu cabeza, Alemania.
—Was?
Se sonroja sin mirarle.
—Es verdad, no es como que Preussen te guste más o algo así.
—Preussen?—no tiene aún mucha idea de quien es quien.
—Olvídalo. Lo que digo es que tú y yo... No.
—Está bien, está bien —levanta las manos inocente.
—¿Es... Verdad que ahora mismo te gusta Spanien?
—W-Was? —se sonroja y trata de mantener el temple.
—No me... No me extraña. Es decir, estuviste casado con él y eso —carraspea.
—Pero no... nein! —responde demasiado exagerado.
—No tiene nada de malo, aunque Spanien... —se encoge de hombros—. Está el asunto de Römer y de la conquista de Amerika y esas cosas que no estoy seguro que hagan que estés tan cómodo con él. Es raro de nuevo, si te acuerdas de él no creo que te guste tanto.
Parpadea un par de veces sin saber de qué habla. Alemania recuerda que Prusia le ha dicho que debía decirle de España y Romano.
—¿Ya te han contado algo sobre Spanien? ¿Cómo se llevaban y esas cosas? —se pasa una mano por el pelo incomodo con esto porque es raro tener que contarle eso a Austria, aunque la instrucción de Prusia era clara.
—Spanien me ha contado un poco.
—¿Spanien te ha contado que se iba por meses a conquistar Amerika?
—Nein...
—Mmm... ¿Y quieres saber esas cosas? Es raro para mí hablar contigo de ello.
Austria se humedece los labios porque le da mucha curiosidad pero…
—Ja.
—Bien. Ehm, tú y Spanien son difíciles.
—¿Por?
—Difíciles juntos, digo yo —específica, son como muy distintos y yo no sé cómo lo aguantabas.
—¿Pero por qué?
—Habla mucho, es completamente desordenado, trabaja o no trabaja, no lo sé, pero al final siempre entrega todo en el último minuto. Es impuntual, poco confiable, hace bromas pesadas.
Inclina la cabeza con eso.
—Y tú con la obsesión por el orden que tienes, aún sigo sin saber cómo se entendían y cómo le soportabas.
—Mmmm —se lo piensa y es que el problema es que se imagina con bastante facilidad cómo es que le soportaba.
—¿Sabes cuál es la única palabra que sabes decir en su idioma?
Le mira esperando que le responda.
—Cállate.
Levanta las cejas.
—Además ahora estás con Schweiz y eso nos hace más felices a todos, porque vas a traerle a la comunidad europea.
—Ah ¿sí?
—Ja. ¡Además con lo difícil que fue todo eso! Lo nervioso que estabas de que te dijera que no cuando se lo pediste... Lo cara que fue la boda que pagó...
—¿Que me dijera que no?
—Ja, Schweiz. Creíste que te diría que no sin dudarlo y al final todo salió mejor de lo que creías aunque tuviste que escalar el matterhorn, valió la pena.
—El matterhorn... ¿por qué creía eso?
—Supongo que siempre pensaste que Schweiz no hacía esas cosas... ¿O eso lo pensaba yo? Además, bueno, él es... Siempre tiene sus reservas contigo.
—No parece que tenga ninguna reserva.
Alemania le mira no muy seguro.
—Eso es algo... Creería yo que bastante nuevo —se encoge de hombros.
—Pero... no entiendo esto.
—¿Qué no entiendes? —tira una silla hacia el borde de la cama y se sienta.
—Pues esto que me estás contando de Schweiz.
—¿No entiendes qué? Que creyeras que diría que no?
—Ja.
—Bueno, tu historia con él es larga y complicada también. Todo el tiempo que era yo pequeño recuerdo que no se hablaba de Schweiz contigo.
Austria frunce el ceño sin entender eso.
—Primero estuviste años enojado con él, luego vino la época en que estuvo con Frankreich, luego al fin dejo de estar con él y estuvo contigo, luego pelearon en la segunda guerra y al final pasaron muchos años de no saber cómo hacer que viniera de nuevo. De hecho, creo que cuando al fin se casaron esto fue como... Pfff, al fin.
—Mmmm...
—¿No te convence?
—Es que no me suena nada familiar, es complicado tener tanta historia con tanta gente y no ser consciente de ello.
—Mmm. Entiendo. No sé, ¿quieres más música o algo?
—Ja. Eso ayudaría mucho.
—Hmm... Yo soy bueno para escuchar tu música, no tanto para producirla. ¿Puedo tararearte? ¿Servirá?
—No lo sé, en realidad. Puedes probar.
Y ahí va a tararearle a Beethoven. Para Elisa. La discusión eterna.
Austria se queda parado y le detiene levantando la mano buena. Hace un gesto para que se acerque, que el alemán hace.
—D-Desnúdate el brazo, arremángate.
Alemania parpadea extrañado aunque lo hace. El austriaco le agarra de la muñeca y pone la otra mano sobre su antebrazo.
—¿Es así? —mueve los dedos tocando el piano sobre él.
Ese movimiento reflejo que tiene con la mano de tocar mientras piensa, justo "Para Elisa".
Levanta las cejas y relaja un poco el semblante porque esto es mucho muy parecido al Austria que conoce. Le pone la otra mano en el hombro en un movimiento un poco bastante íntimo, aunque natural. La levanta un poco más y coloca un dedo en su barbilla haciendo que gire la cara.
—Habitualmente tocas esto mientras piensas, ni siquiera miras las teclas.
Los ojos violetas se vuelven a los suyos mirándole con intensidad.
—He estado moviendo las manos casi todo el tiempo, es por esto...
Y es que NO crean que Alemania no siente una tremenda tensión sexual, aunque no tiene idea que la siente. Austria se humedece los labios sin estar del todo seguro de qué ocurre entre ellos (y asusta y desespera a partes iguales que lo haya conseguido antes con Alemania que con Suiza).
—Tienes dedos largos y fuertes —es el único comentario que hace el rubio. Austria deja de moverlos y se los pone sobre el brazo haciéndole una suave caricia. Y es que le eriza la piel.
Alemania traga saliva y aparta la mirada porque de todos modos la aclaración de "tú y yo nunca" ha sido muy clara. Carraspea y le suelta.
—¿No hay ningún aparato que se escuche bien?
Alemania se pasa una mano por el pelo y carraspea con fuerza.
—Están tus audífonos y tu reproductor —murmura sonrojadito—. Te los traeré.
—Oh, menos mal —suspira—. Danke.
—Tengo que ir a casa por ellos... ¿Sabes cuándo saldrás? Está el piano también.
—No creo que pueda tocar el piano —le muestra su mano herida—. Ni tampoco el violín —da gracias que está desmemoriado y os estáis ahorrando el DRAMA. Levanta la mano y le toma la muñeca de la mano herida. La mira.
Austria traga saliva y la aparta, escondiéndola con la otra mano, porque le duele.
—¿No deberías tenerla enyesada o algo? ¿Ya te la revisó Schweiz?
—Nein, no... No quiero que lo haga, es lo que más me duele.
Se encoge de hombros.
—Si te acordaras de todo quizás no dejarías que nadie te la tocara más que él —comenta bajándose la manga.
—He notado que nadie me da la mano.
—Tú no das la mano para que nadie te apriete de más.
Parpadea un par de veces y se mira las manos.
—En general no tocas mucho a nadie.
—¿Por qué no? —piensa en su madre que no ha parado de tocarlo casi ni un segundo (y que ha sido un poco agobiante).
—¿Espacio vital? No somos mucho de tocarnos como Frankreich.
—Frankreich...
—El nunca para de tocar a la gente, me pone nervioso.
—No entiendo a Frankreich. ¿Es el rubio del pelo así, verdad? —describe con un movimiento en el aire.
—Yo tampoco. Ja. ¿Qué es lo que no entiendes?
—Se parece a Spanien pero... es diferente. Hay algo en él que no sé... me tensa
—Bueeeno —carraspea—. Es Frankreich
—¿Qué significa eso?
—Él es así como... El amor platónico de algunas personas —mío no.
—Mmmm...
—Was?
—¿Mío?
—Ehhh... —se rasca la cabeza porque... es Francia. Aunque... Es Francia—. En parte sí, en parte le odias.
—Pero... es mi hermano o algo así ¿no? —es que se parece un montón a Galia.
—Ja. Los dos son hijos de Galia. De eso nos acabamos de enterar hace poco.
Austria suspira porque es complicado. Todo esto es complicado y necesita pensar y organizarse.
—¿Puedo preguntarte una cosa un poco... Personal? —pregunta Alemania.
—¿El qué?
—¿Qué imaginas de tu vida con lo que has visto?
—Sinceramente, nada.
Asiente porque le parece lógico.
—Yo creo que eres feliz —resume—. Y hay mucha gente que te aprecia.
—¿Qué debería imaginar?
—Una vida tranquila tocando el piano, peleando con Preussen, hablando conmigo y molestando a Schweiz.
—¿Peleando con Preussen y molestando a Schweiz?
—Eso haces diario.
—No me imagino siendo capaz de pelear con nadie —se mira a sí mismo y hasta él se sabe débil.
—No pelear a golpes, pelear a gritos.
Frunce el ceño, tampoco le gusta esa idea.
—Duermes, Preussen llega en la mañana y te grita a través de la puerta, gritas de vuelta, bajas a desayunar, hablamos un poco, haces... Lo que sea que haces en el día —misterio— y vas en la tarde a ver a Schweiz.
—Mmmm —se lo piensa.
—Ahora tenemos todos una vida tranquila.
—No suena muy tranquilo estar peleando y molestando a gente.
—Lo es, creo que te parece relajante molestar a la gente en general.
—¿De verdad? ¿Molestar cómo?
—Cualquier manera que se te ocurra.
Austria le mira no muy seguro porque eso le aclara poco.
—Es como un pasatiempo. Eso y regañarles a todos —y a ti no...—, y castigarles a todos.
—Regañarles y castigarles... eso tiene que ver con lo de la figura paterna, claro.
—Bueeeno.
—Was?
—Te gusta.
—¿Me gusta el qué? ¿Regañar y castigar?
—Completamente.
—Was? Como me va a gustar eso, si se tiene que castigar y regañar a alguien es porque ha sido malo —esa forma de poner las cosas, Austria... te van a traer una fusta. Alemania carraspea sonrojándose un poquito.
—Ehm... Ja. Para ti todos han sido malos.
Le mira por encima de las gafas.
—Te gusta el asunto de hacer sufrir a los demás, no me mires así.
—Hacer... sufrir —repite y le sale un tono muy parecido a si mismo de maestro de escuela. Alemania carraspea otra vez.
—Justamente así.
—¿Así cómo?
—Así, con ese tono de voz y esa cara —carraspeo. El moreno se revuelve y se lleva una mano a la cara porque no estaba notándose hacer nada raro—. Tienes esta manera estricta y dura de decir las cosas que haces que uno se sienta de este tamaño otra vez —señala a un poco altura del suelo.
—¿Y eso me gusta?
—Debe gustarte, así vas por el mundo todo el tiempo.
—Mmm... —se lo piensa valorándolo para compararlo con las otras cosas que recuerda un poco.
—Así eres tú.
—Suena un poco a esas prácticas sexuales de castigos... ¿sabes?
Alemania se sonroja más porque a él le ENCANTAN. Austria levanta las cejas al notar el sonrojo.
—Ehm... Esas prácticas, ja.
—¿Eso es lo que me gusta?
—A ti... N-Nein, desgraci... Ehm... Nein, no creo. Creo. No te he visto nunca en un video hacer eso.
—¿En un video? —esos los tiene Prusia escondidos para su uso personal. Selección secreta privada personal e intransferible.
—Ah, ese asunto de los vídeos de Ungarn.
—¿Cuáles videos de Ungarn?
—Ungarn hace unos vídeos... De todo. Especialmente tuyos haciendo... Cosas. Esto es raro.
—¿Míos haciendo... cosas? ¿Cuáles cosas?
—Todas las cosas, pero en especial las sexuales.
—Was? —se sonroja, incrédulo.
—Tiene una biblioteca tuya con Schweiz. Pero... Cientos. Todos los guarda —se encogerse hombros porque para él ahora es todo muy común y normal.
—P-pero...
—Was?
—Eso está mal, ¿por qué tiene esas cosas?
—¿Mal? Bueno... Es Ungarn, a ella le gustas, en general con cualquier chico, todos lo sabemos.
—Pero ella es... ella es la que fue... nein?
—¿Tu esposa? Ja, desde entonces tenía esos gustos, creo... Ella era tu mejor amiga antes de casarte con ella y de hecho sigue siendo tu mejor amiga mujer —porque yo soy tu mejor amigo hombre.
—¿No es un poco enfermizo que mi ex mujer tenga videos de mis... relaciones íntimas con otra persona?
—Mmmm ¿enfermizo? Bueeeeno, es algo que siempre le ha gustado, eso de los... Gays.
—¡Pero yo era su marido!
—Mmm... ¿Y?
—Pues que es un poco... como si siguiera... interesada.
—¿En ti? Bueno, nah. Está con Preussen y son tal para cual, contigo es algo un poco más... Lo de los vídeos y verte desnudo...
Austria le mira con cara de circunstancias porque puede decir lo que quiera pero que tu ex quiera verte desnudo suena a lo que suena... aunque luego resulta que la gente resucita y esa clase de COSAS.
—¿Y qué piensa Schweiz de ello? —pregunta por el bien de todos porque no queremos meterlos en esa clase de problemas.
—Ah, él no sabe.
—¿No sabe?
—Nein, tenemos prohibido decirle.
—¿Prohibido?
—Ja. No podemos decir nada.
—¿Por?
—¿Te mata si se entera?
—¿A mí?
—Claro, si lo hace es porque tú la dejas.
—¿Yo la dejo?—es que no puede ni creerlo.
—Desde luego, si hasta posas.
Levanta las cejas sin poder creerlo... y no solo eso, también habla con Prusia y Hungría poniendo caras a las cámaras.
—¿Cómo podría ver esos videos?
—Pídeselos, debe traer algunos en su celular. Ella o Liechtenstein.
Austria se humedece los labios y asiente. Lo terrorífico además es cómo a todos les parece que verte tener sexo con Suiza es SUPER normal, así como ver crecer la hierba o que el cielo es azul.
xoOXOox
Inglaterra le mira de reojo en el ascensor y Suiza se mira los pies, concentrado y tristeando.
—Ehm... ¿quieres hablar?
—Esto es una pesadilla.
—Ya me imagino.
—No, no creo que te lo imagines —niega con la cabeza cerrando los ojos—. No tienes idea... Quizás debería irme a casa.
—Why? —le pone una mano en el hombro.
—Porque ya sé cómo acaba esto, ya sé cómo acaba por quinientos años más. Lo detesto. LO DETESTO.
—¿Cómo crees que acaba?
—Con él ignorándome los próximos quinientos años.
—¿Ignorándote, por?
—Porque Österreich es idiota.
—Mmmm...
—No es la primera vez que esto pasa, de hecho. Es absolutamente increíble que esto sea una copia calca del siglo trece. Y… no, nunca más.
—¿Pero irte no es lo que hiciste en el siglo trece?
—Justamente. Porque no le soporto.
—Y si quieres que pase algo distinto a lo que pasó entonces, ¿no deberías hacer algo distinto a lo que hiciste entonces?
—Matarle es demasiado.
—No estaba pensando en eso —bajan del ascensor y entran a la cafetería del hospital.
—Ah ¿no? —entra pasándose las manos por el pelo. No recuerda, literal, cuando comió por última vez. No desayunó en casa.
—No —se acerca al buffet a por algo de comer.
—¿Qué era lo que pensabas? ¿Qué me quedara como un imbécil a suplicarle?
—No... Pero él odia a France porque estuvo contigo ¿no? Fue entonces cuando vino por ti. ¿Y si le pedimos a France?
—¿A France? —le mira levantando las cejas y sonrojándose considerablemente mas.
—Pues... ¿prefieres a alguien más?
Aprieta los ojos.
—¿Por qué no puedo hacerlo yo solo? Parece que nunca es suficiente...
—¿Quién sabe? Seguro France sería igual —susurra.
—Lo odio... Les odio. ¡No entiendo nunca qué más es lo que quiere! ¡Si SABE que el idiota de Spanien...!
—¿Sabe que Spain qué? Tal vez si Romano besara a Spain frente a él...
—¿Y por qué tengo que esperar a que Spanien le rechace? Spanien, luego Ungarn, luego todos los demás... ¡Y al final estoy yo! Quizás ya sería hora de entender que en realidad llevo toda la vida forzando a que esto pase cuando el simplemente tiene otros intereses.
—Sigo pensando que irte es lo que hiciste la última vez.
—Es lo más digno. Mucho más digno que solo quedarme y dejarle pasar por encima de mí, porque va a pasar por encima de mí —se sienta con la bandeja enfrente después de pagar.
—Y si... ¿le entras a él con más fuerza?
—¿Le entro? ¿A qué te refieres? England, ¡ni siquiera me ve! Y no es que esté interesado en que me vea —agrega enfurruñado en una débil defensa.
—Pues no lo sé, llevarle flores y todas esas cosas.
—Nein. Nein, no puedo además llevarle flores —niega fervientemente con la cabeza.
—¿Y besarle?
—¿Besarle a... Él? ¿Yo? —juguetea un poco con la comida, sonrojadito—. Eso... Es suplicarle.
—¡No! Mira, si no se acuerda de nada, no se acuerda de cómo es un beso, si tú le das el primero... no importa lo que hagan los demás, tu beso será el primero.
Suiza vacila un poquito con esa perspectiva.
—Es forzarle a algo que no quiere...
—No sabes si no quiere y él tampoco lo sabe, solo es recordárselo.
—¿Y si no se acuerda? —susurra—. Nunca más de nada...
—¡Está acordándose de cosas!
—Aun acordándose esto me hace pensar que hay algo muy básico y muy profundo entre él yo que NO funciona bien. No es normal que no se acuerde de mí, cuando creo que yo le recordaría a él lo PRIMERO.
—No puedes basar tu relación entera en la reacción de un hombre enfermo, es una locura.
Suiza suspira sintiéndose MAL con su propia declaración. Idiota del todo. Y como esa declaración, últimamente hacia todas las necesarias sin cuidarse en lo absoluto. Él quería a Austria y hacía tiempo que no tenía ningún pelo en la lengua para profesarlo a los cuatro vientos sin notar lo idiota que sonaba.
—Puedo cuando esto es la esencia de una relación... Estúpida —suelta el tenedor y carraspea un poco—. E-En realidad es posible que e-esté exagerando.
—Os habéis casado, Switzerland. ¿Cómo puede ser una relación estúpida en esos términos?
—¡No, no es verdad! ¡F-Fue una boda por conveniencia!
—¿Conveniencia?
—Yes! Yo no le quiero NADA, ¿vale? De hecho, le detesto.
Inglaterra suspira. El mayor le da un trago a su bebida habiéndole dado solo un par de probadas a la comida.
—Además me parece de lo más... injusto —murmura sin mirarle.
—¿Por?
—Finalmente, después de muchos años de muchas complicaciones, había logrado... Llegar a cierto punto de normalidad, estabilidad y tranquilidad con él. Y esto va a volver a cambiarlo todo —se lamenta un poco.
—Depende, tal vez si le recuerdas lo que le llevó a ese punto... no deja de ser injusto pero qué no lo es.
—No lo es para Spanien ni para Ungarn —niega con la cabeza—. No lo es y nunca lo va a ser, ya sería hora de resignarse. Todo esto es MUY desesperante y me hace portarme también como si me... Afectara demasiado.
—¿Y qué harás? ¿Destruir tu matrimonio por esto?
—Nein —niega suavemente con la cabeza, suspirando—, pero... Esto no lo hace a propósito Österreich, es incontrolable. Eso no deja de hacer que esté mal... Y no deja de hacer que me plantee algunas cosas.
—Prometiste cuidarle en la enfermedad, creo que deberías hacerlo y... cuando esté bien, marcharte si es lo que quieres. Al menos así serás fiel a tu palabra, aunque él no quiera o no lo merezca. No lo haces por él, sino por lo que vale tu palabra.
El problema es que... Ni siquiera tan en el fondo le parece que si lo merece.
—No podría no cuidarle —admite.
—Entonces no puedes irte.
—England... —le mira y se le ponen un poco brillantes los ojos. El nombrado le mira—. Tú sabes por qué... —se revuelve un poquito—. ¿Tú sabes si te aprecia mucha gente?
—¿A mí? —piensa en Francia y sus niños—. Algunas personas...
Suiza se lo piensa un poco más.
—Siento que nunca es suficiente —murmura.
—Hombre, si no lo fuera no se habría casado contigo, ¿no?
Aprieta los ojos.
—A veces quisiera entender todo esto de mejor manera.
—La verdad, yo me alegro de que a pesar de no recordar nada no haya dicho en voz alta lo del bolero.
—W-Was? No tenía nada que decir del bolero —decídete, Suiza.
—No, por eso... I mean, todos sabemos que eso es como... bueno, vuestra canción de sexo o algo así. Menos mal que no les ha dicho a France, Spain y Prussia... solo faltaba.
—¡No es nuestra canción de sexo! —chilla todo indignado con las orejas rooooojas.
—Es Prussia el que lo dice, estoy seguro que la han tocado expresamente por eso—levanta las manos inocente.
—¡No es que seamos unos pervertidos que tengamos sexo!
La respuesta que aparece en la mente de Inglaterra AUTOMATICAMENTE es "quizás ese es el problema, que no lo sois" pero se abstiene.
—Ehm... well.
Suiza suspira y aprieta los ojos.
—Siento todas estas ridiculeces.
—No, no... Estás tenso y nervioso, es normal, no pasa nada. Para eso he venido contigo.
—Eres siempre un buen amigo y lo agradezco —asiente todo propio, aunque lo dice con sinceridad, sorprendido de ser él el que OTRA vez necesite ayuda del inglés y no al revés... la gente solía requerirle a él y el luchaba por no necesitar a nadie... antes. Antes de salir de nuevo al mundo, antes de... Austria. A pesar de todo, la vida era mejor ahora que se llevaban bien y no podía negarlo, aunque ahora mismo estuviera nervioso y hablara de dejarle.
Inglaterra le sonríe.
—¿De verdad crees que lo del beso funcionaría? —pregunta mirándole a los ojos un instante antes de sonrojarse, girando la cara.
—Tal vez... quizás deberíamos subir ahora, apuesto a que se han ido todos a comer y lo han dejado solo. Será más fácil.
Eso mismo estaba pensando Suiza, en realidad, así que asiente a la idea. Así que aprovechando que ya han comido algo, recogen las bandejas y vuelven arriba, en donde está Alemania explicándole a Austria lo último de los videos cuando Suiza toca la puerta del cuarto.
—Adelante —permite Austria.
—Hallo? —desde que entra... Se sonroja. El moreno no necesita ni girarse a mirarle para sonrojarse un poco también.
—Ah! Schweiz! Hablábamos de ti —Alemania carraspea.
—Ja, que oportuno.
—Ha-Hallo... —balbucea el suizo y Austria le mira de reojo un instante. Suiza entra al cuarto mirando a Alemania un instante—. ¿Podrías salir?
—Ah, me voy yo también —decide Inglaterra.
Alemania mira a Austria un segundo de reojo, carraspea y se sale. Y piensa en la voz de Prusia de "se lo que vas a haceeeer".
Suiza mira fijamente hacia la cama respirando profundamente varias veces mientras Alemania e Inglaterra salen del cuarto, con el corazón aceleradísimo. Aun con todo no se retracta ni se arrepiente. Se acerca con paso decidido a la cama.
—Has... vuelto —comenta Austria mirándole.
—No aun lo bastante —susurra subiéndose de un salto a la cama y yendo directamente a darle un beso en los labios tratando de aprovechar el factor sorpresa, sabiendo que como hable con él diez segundos va a arrepentirse.
Austria levanta las cejas asustándose y acabando planchado contra el cojín con ello. Suiza le acaricia un poco el pelo y le besa lo mejor que puede, considerablemente más delicado de lo que parecería para alguien que acaba de saltar a la cama.
Austria se sonroja un poco aun pensando en lo que ha recordado y lo que han estado hablando... y la verdad es que Suiza sabe bien cómo es que le gusta que le bese, así que pronto Austria se pierde un poco bastante dejándose llevar por instinto.
A Suiza se le acelera mucho más el corazón pero cuando el austríaco le responde y se relaja del todo permitiéndose a sí mismo simplemente sentir a Austria CERCA. Le abraza de la cintura por encima de las cobijas, cuidándose de no aplastarle ni lastimarle sin siquiera tener que pensar en ello acariciándole el pelo de la nuca con suavidad.
Suiza se separa un poquito con la respiración agitada y los labios rojitos y babeados. Austria se queda con los ojos cerrados y el corazón agitado.
—Ya sé que crees que hay gente mucho mejor para ti, pero yo te hago feliz, más feliz que ellos...—susurra—. Aunque no puedo demostrártelo en un día.
Austria abre los ojos y le mira. El rubio le da un beso suave en los labios otra vez.
—Cuando dije "'amarte y respetarte, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida"... Lo dije en serio, aunque tú no te acuerdes. Tú querrías que hiciera todo lo necesario hasta que pudieras recordar —agrega.
Se humedece los labios y es que eso suena bien.
—Y no voy a fallarte ahora solo porque tú no te acuerdas y me lastimas con cosas que son heridas fáciles de abrirse. Sí. Spanien lo es y Ungarn también y sí, me dan celos y no ayudo a que confíes en mí... Pero la verdad absoluta, la conozcas o no, es que yo te quiero a ti más que todos y me llevo mejor contigo que los otros, y lo sabrás.
—Lo estoy... notando.
Se separa un poco y le mira a los ojos.
—¿Qué estas notando?
—Todo eso.
—Estoy preocupado por ti. Mucho —le sube la mano que tenía en su cintura y le acaricia un poco el pecho.
—Eso ya lo noté.
—Y por tu mano... ¿Sabes lo valiosa que es?
—Nein, déjala —la protege. Suiza aprieta los ojos.
—Confía en mí —le pide intentando que se la deje ver.
—Olvídala.
—Vale... Lo haremos a tu modo —suspira. Austria se relaja un poco y se pasa una mano por el pelo.
El de ojos verdes le da un beso en la mejilla y vuelve a buscarle los labios, pareciéndole esa la única conexión que han tenido.
Austria no se aparta porque en realidad no es que no le haya gustado y Suiza vuelve a relajarse con esto, separándose un poquito más tarde.
—E-El bolero... Creo que es importante que sepas lo que pasa con él.
El moreno levanta las cejas... y le parece interesante escucharle, antes de decir nada.
—Es... Una pieza que a veces usamos en momentos íntimos.
—¿Para qué?
—Por el ritmo que tiene.
—Mmmm...
—Y porque pasó una vez... Y luego otra vez...
—¿Eso es lo que te gusta?
—¿A mí?
Se encoge de hombros.
—¡A ti también te gusta! Esto no es individual, es NUESTRA canción del sexo.
—Canción del sexo…
—Canción de nosotros, no es que A MI me guste, es una canción que debería recordarte a cosas conmigo.
—Ya veo.
—Por un momento pensé que sí te habías acordado de mi —confiesa.
—¿Cuándo?
—Con el bolero... —inclina la cabeza—. ¿O te acordaste de mí en otro momento?
—Nein.
Suspira.
—No en otro momento, quiero decir —aparta la cara.
—Oh... ¡Ohhh! —se sonroja.
Austria carraspea y se sonroja un poco también.
—¡Me recuerdas! —es que a la vez es muy importante.
—Bueno... no exactamente.
—¿No?
—No es como si supiera quienes sois, solo tengo... flashes de vosotros en momentos haciendo cosas. Pero son aislados y no tienen mucho sentido por sí mismos.
—¿Y qué flashes tienes conmigo?
Le mira con cara de circunstancias.
—¿E-Esos... Fla-flashes?
—En fin... —no responde.
—¿Y qué piensas?
—¿De qué?
—De todo esto... ¿Qué vas a hacer?
—He pedido que me traigan más música. Ese chico rubio... Deutschland? Va a traerme unos auriculares.
—Y entonces nunca vamos a volver a hablar contigo.
—Was?
—Vas a quedarte toda la vida oyendo música —es una especie de broma.
—Hombre, espero que no.
—Yo creo que no te conoces a ti mismo. Me parece bien, es lo que pretendía yo hacer en cuanto entré a verte, pero me tiraste el teléfono.
—Sonaba mal, me daba dolor de cabeza.
—Bueno, ahora te podré poner la música de la boda —le acurruca un poquito.
—Tal vez la recuerde entonces.
—Por ahora, si no recuerdas... Yo te di tu primer beso —sonríe.
—Suenas orgulloso —le mira de reojo. Suiza se esconde un poco.
—No es verdad.
Austria parpadea, dejándole hacer.
—Pero no te lo dio Spanien ni Ungarn ni nadie más... Te lo di yo y me respondiste.
—Eres un poco contradictorio.
—Tú eres un idiota —protesta de vuelta.
—Was? —frunce el ceño.
—Tienes que decir "no soy idiota, soy molesto"
—¿"No soy idiota, soy molesto"?
—Suena un poco más burlón... Te hace gracia que te llame idiota.
—¿Por qué?
—Porque... Sabes que lo digo por rabia, no porque crea que eres un idiota —le explica lo mejor que puede.
—Rabia...
—Rabia porque si me llamas contradictorio es para molestarme, porque... En un estado normal me conocerías y sabrías por qué es que no estoy orgulloso.
—¿No lo estás?
—Ugh! Nein, no lo estoy.
—Aun pienso que suenas como si lo estuvieras.
—Ese es justo el punto por el cual eres un idiota.
—Mmmm…
Se le esconde un poco más.
—Me da vergüenza
—¿En serio?
—Nein! —se esconde más. Austria sonríe un poco—. Hueles a Österreich.
—Me han dicho que ese es mi nombre.
—Lo es —le da un beso en el cuello.
—Puede que por eso te parezca que huelo a ello.
—Es el nombre el del olor —le aprieta un poco más contra si—. El nombre te da el olor. Yo creo más bien que hueles tú porque eres tú, aunque no te acuerdes. Es de las primeras cosas que recuerdo en la vida.
Inglaterra golpea la puerta, porque, veréis queridos, le habéis dejado fuera solo con Alemania, lo que siempre genera cierta tensión. Suiza se sobresalta un poco pero para sorpresa de todos en vez de bajarse de la cama se esconde maaaas en Austria.
—Adelante —Austria no le echa.
Alemania entra detrás de Inglaterra, que levanta sus grandes cejas al verlos a los dos en la cama, pero no hace comentarios.
Bueeeeeno, por fin! Esto parece un buen adelanto, Suiza! Frueza! Solo un poco más! ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
