—Hello.

—Oh —suelta atrás de él Alemania.

—Ehm... ¿O-Os dejamos solos un rato más? —pregunta Inglaterra sin estar seguro.

—No es lo que parece —se oye la voz de Suiza a lo lejos, apagada por el cuello de Austria.

Alemania carraspea mirando a Austria en una escena bastante familiar, no diremos que no. Austria les mira sonrojándose un poco. Alemania se sonroja en reflejo.

—No, no, está bien, pasad.

—Mmmm —Suiza protesta un poco en su cuello sin moverse.

—Y e-entonces ya te has a-acordado de Schweiz.

—Más o menos, es complicado todo esto—decide mejor hacer como si nada.

—Ah, eso está bien —asegura Inglaterra—. Era un poco preocupante.

—Y no debe ser tan más o menos si están los dos en la cama. ¿Cuándo saldrás de aquí?

—Es tan más o menos como digo, solamente se ha sentado aquí, no veo cual sea el problema. No he hablado con el médico.

—Ningún problema, ninguno —responde Alemania inocente—. ¿Y vas a ir a casa saliendo o te quedarás con Schweiz?

—No lo sé, no hemos hablado de eso tampoco.

Suiza se tensa notoriamente con la pregunta.

—Ven a mi casa... —susurra Suiza en su cuello—. Es tu casa también.

—Yo solo digo que Berlín es un lugar más familiar para ti, con más gente que te ayudará a recordar mejor.

—Os agradezco a los dos vuestro ofrecimiento.

—Berlín no te es tan familiar... Y ahí está Preussen!

—¿No es una buena idea ir con Preussen? —pregunta.

—Claro que no. Cuídate de él, de France... Y de Spanien.

—¿De... Spanien?

—Ellos tres son amigos. Inseparables. No hay nada que pudiera hacer Spanien que perjudique a los otros dos.

Alemania le escribe un mensaje a Prusia para decirle que ya ha hablado con Austria y si ya vienen de comer.

—Mmmm... —no está muy convencido porque parecen celos otra vez. Suiza se separa un poquitín.

—Todos más o menos te respetan y no es que te peguen ni nada, pero ellos tres... No confías en ellos.

—No parece que no sean confiables.

—Los tres tocaron el bolero para que te acordaras de algo vergonzoso.

—Tú trataste de silbarlo en el baño.

—Recuerdo específicamente haberte impedido abrir la puerta y salir. Mira... Yo trato de llevarlo bien con todos y ser del todo neutral. No digo que no les hables, solo te explico que tú no le confías a Preussen absolutamente nada.

—Es más complicado que eso nada más así, no recuerdo nada malo—y el problema real de esto es que has metido a España porque no tendría tantos problemas con Prusia solo.

—Quizás puedas simplemente probarles y ver qué pasa.

—¿Probarles cómo?

—No lo sé. Quizás también puedas confiar un poco en ellos esta vez y ver que no es tan terrible —valora tratando de ser objetivo y pensando en el asunto de Galia.

—Mmm... Aun eres contradictorio.

—Estoy tratando de ser objetivo. Sé que te dije que no confiaras en ellos, pero estoy pensándolo mejor. Y quizás... Se pueda tener un punto intermedio. Confía cuanto quieras, solo debes saber que tú, con memoria, no confías en ninguno de los tres.

—¿Por qué no?

—Preussen... Es tu rival de toda la vida. Desde que éramos niños. Y es muy latoso, siempre está buscando liarla... Además tú te casaste con Ungarn, vives en su casa —se encoge de hombros.

Mira a Alemania con eso porque él le ha dado una imagen distinta. Alemania carraspea un poco porque tampoco es que lo que diga Suiza no sea lo que es.

—Spanien... es amigo de los otros dos, así que me parece que solo por eso...

—En realidad France apreciaría que no le odiaras —suelta Inglaterra. Austria le mira.

—¿Lo haría? —pregunta Suiza un poco curioso.

—Yo creo que sí. En realidad os parecéis bastante y tal vez podríais ser buenos amigos o aliados —responde pensando que además así no tendrían tanta tensión sexual.

—¿A-Aliados? England! —Alemania protesta un poco, solo de pesar en la perspectiva.

—What? ¡Sabes que es verdad!

—Sabes lo TERRIBLE que sería que hicieran una alianza.

—¿Terrible por?

—Porque los dos son... no lo sé. Solo me falta que alguien exhorte a Frankreich a trabajar menos.

—¿Disculpa? —protesta Austria

—Ni me digas "disculpa" de esa manera. Tu no trabajas, punto y él trabaja lo absolutamente mínimo indispensable, no es como que necesite pretextos para no trabajar.

—No entiendo del todo eso.

—Es verdad que tú no trabajas como el resto —confirma Suiza.

—¿Entonces?

—Vives... Entre Deutschland y yo administramos tus cosas —resume Suiza en conclusión.

—No os vendrá de nuevo entonces a los dos.

—Pero Frankreich ya tiene bastante sin... bueno, es igual, sé amigo de Frankreich si quieres, quizás podríamos manejarlo mejor —resuelve Alemania.

—Sería raro que fueras amigo de France, creo que jamás lo has sido —comenta Suiza imaginándoselo.

—¿Por qué no?

—Ehh... —se sonroja un poco Suiza.

—Frankreich estuvo con Schweiz —declara Alemania sin querer dar ya más vueltas.

—A mí no me parece que fuera tan raro... aunque France quiere acostarse contigo —suelta Inglaterra con más rabia de la que quisiera, haciendo sonrojar a Austria que estaba mirando a Alemania con eso.

—Was?! —chilla Suiza y como Francia se entere de esta conversación va a MATARTE, Inglaterra.

—Es un imbécil —se cruza de brazos. Austria les mira a todos. Alemania se sonroja un poco aunque frunce el ceño.

—Tu CLARAMENTE NO te quieres acostar con France —asegura Suiza.

Austria le mira de reojo sin estar tan seguro de que no.

—¡Y France NO estuvo conmigo! —agrega.

Inglaterra es quien pone los ojos en blanco ahora.

—Como verás todos son de cascos bastante ligeros —comenta Alemania. Son. Él no.

Y todo sería lógico si no acabara de pasar lo de Helvetia. Austria suspira porque apenas si aún relaciona caras con nombres.

—Aun no le he visto en mis recuerdos.

—¡Ah! Eso. Es verdad. Fui al coche por esto —indica Alemania sacando sus propios audífonos Esennheiser de su estuche—. ¡Es una suerte que los trajera!

El austriaco se mueve un poco para tomarlos, sin quitar a Suiza, que se asoma un poquito pensando que es ABSOLUTAMENTE IRREAL estar acostado en la cama con Austria, abrazándole, mientras hay más personas en el cuarto. Se sonroja aún más y se le esconde otra vez.

—Me parece que puedes escuchar lo que intentaba mostrarte de Preussen hace un rato...

—Bien —se pone uno a cada oído.

Suiza se acurruca a pesar de todo sintiéndose un poco mejor de tenerle así de cerca y ahí va ahora si Rammstein.

Austria aprieta los ojos escuchando y piensa que no va a poder aguantar esto demasiado rato tal como tiene la cabeza. Alemania le mira interesado y sonríe un poquito de lado al verle la cara.

Se concentra más y en realidad el principal problema es que es demasiado estridente y el ritmo es bastante plano, pero aparte de eso... hay algo que le gusta. Recuerda la voz de Prusia gritando y golpeando muebles.

Alemania lo apaga unos instantes más tarde.

—¿Y bien?

—Sonaría mejor con otro tipo de instrumento.

—¿Y te has acordado de Preussen o no? —Alemania el sensible.

—Ja, creo, ¿suele gritarla o algo así?

—Como todo en esa casa... —protesta Suiza.

—¿Todos gritan?

—Todo el tiempo para todas las cosas —sigue Suiza—. Bueno, Italien gritaba un poco...

Inglaterra les escucha en plan... espionaje internacional a las malvadas fuerzas del eje.

—... ahora la casa es más tranquila.

—Bueno, estando Austria en el hospital... —badum tss, Inglaterra.

—Eh? —Alemania levanta una ceja sin entenderlo bien.

Austria carraspea sin entender del todo en plan "pasemos un tupido velo".

—Ya vienen todos los demás —indica Alemania.

—¿Dónde puedo oír música? —pregunta Austria porque Alemania se ha llevado su teléfono consigo donde había puesto a Rammstein. Suiza, el eteeeeerno Suiza... saca el suyo.

—Puedo prestarte el mío.

—Danke —le sonríe Austria.

Suiza le sonríe un poco porque le ha sonreído y esta vez esto se siente bastante más natural y agradable. Se acurruca un poco mejor completamente apalancado arriba de la cama sin tener la más mínima intención de moverse de ahí. Y este es Austria... Chibi!Austria.

—Pon esa... esa ahí que dice "SundO".

—¿Quieres uno? —le ofrece un auricular.

Suiza sonríe levemente y asiente, tomándolo, poniéndoselo y quitándose los zapatos dispuesto a meterse bajo las cobijas a hacerse bolita. Gracias, Austria, ahora tenemos aquí a Chibi!Suiza.

Inglaterra les mira INCREDULO.

Alemania levanta una ceja y es que olvídense un poco de ellos, igual que hacen otras cosas muy mal, también son extremadamente buenos para hacerse pequeñas burbujitas en las que solo existen ellos dos. Porque Suiza ya se ha olvidado de que estaba angustiado o que si Austria se acuerda de él o no teniendo sexo con el bolero, en realidad ahora mismo ya le da lo mismo lo que piensa Austria con el bolero, con tal de que confíe de nuevo en él y tengan cosas en común.

Austria pone la música que le ha pedido y en realidad, que Alemania haya dicho que ya probó a estar con todas esas personas y al final eligió a Suiza ha ayudado un poco porque tal vez no confía del todo en los demás, pero sí en su criterio.

Y la ventaja de confiar un poquito en Suiza es que Suiza se relaja del todo, y es otra vez con muchísima facilidad del todo dulce y amable y cariñoso... creo que hasta les tapa a ambos arriba de la cabeza con la sábana y le habla en susurritos dulces.

Cosa que lleva aún más arriba las cejas de Inglaterra.

Alemania mira a Inglaterra de reojo porque además... el nunca jamás en su vida les ha visto en este estado de dulzura en lo absoluto.

—Ehh... ¿y qué? ¿Se van a quedar ahí? —había olvidado que eran los hermanitos hermanitos...

—Ni idea —se encoge de hombros, nerviosito también.

—Ehm... qui-quizás pueda ir a... ehh... no sé, a ver... si ya vienen.

—¡No me vas a dejar aquí solo con ellos! —chilla en un susurro en protesta.

—¿Pues qué quieres que me quede contigo acompañado?

Inglaterra aprieta los ojos pensando que como les oiga una risita más va a ir a avergonzar a Suiza EXPRESAMENTE. Alemania carraspea porque... suena una risita más.

—Vamos los dos a buscarles.

—¿Tu conmigo? —eso podría sonar menos incómodo.

—Puedo ir yo y tú te quedas.

—No voy a quedarme yo con ellos dos haciendo... Lo que sea que están haciendo que es tan... ¡Raro!

—¡Pues yo tampoco! ¡Míralos!

Se mueven un poco debajo de las cobijas para acomodar un poquito mejor a Austria antes de poner la pieza apropiada y Alemania arruga la nariz porque esto es una locura, es casi como verles decirse "chuchi pachuchi pastelito de azúcar"

Inglaterra sale corriendo a la puerta por si Alemania decide hacerlo antes.

—Was? Nein! England! —protesta, pero él no se para, escapándose. Alemania... tú la ligas—. Verdammt! —protesta decidiendo irse a sentar a la sala de espera.

Lo que pasa es que pronto, bastante pronto Austria en su versión chibi mental, va a empezar a ser TODO lo que es cuando era así. Es decir, seguirá sincero y encantador... y mandón exigente y soberbio. Y el problema con Suiza poniéndose en la posición de chibi!Suiza, es que va a empezar por hacer exactamente lo que pide Austria. Así que va a ser cada vez peor, como siempre.

Así que ya le vemos a la mañana siguiente preparando al austriaco para salir del hospital... Empezando a estar HISTÉRICO con tantas instrucciones pero se va a tu casa como dijiste.

Suiza empaca todas las cosas, paga la cuenta, viene por Austria, cuida que no le incomode quien le cargue para la silla de ruedas. Mientras, él se queja básicamente de todo.

—Österreich... De verdad, algo en todo esto es positivo, quizás podrías intentar dejar de protestar de TODO —protesta Suiza de vuelta aunque intenta que las cosas vayan tranquilas a pesar de todo, haciendo lo mejor que puede para disminuir los quejidos. Para cuando llega a la casa está a PUNTO de estrangularle.

—Hace de verdad demasiado frío y estoy cansado. Es una casa con dos pisos, no sé si estés consciente que no puedo subir y bajar escaleras.

—No hace tanto frío, ya prendió Liechtenstein la calefacción y la chimenea, y si necesitas subir o bajar yo te cargaré —le hace un cariñito en el pelo sentándole en el sillón cerca del piano y poniéndole una gruesa manta en las piernas.

—Aquí estoy incómodo y no puedo moverme ni ir a ningún lado...

—Puedes ir a donde quieras. A ver, ¿qué querrías? —pregunta Suiza de verdad intentando que este más cómodo y tranquilo.

—No lo sé, no me agobies, solo es que me duele.

Frunce un poco el ceño con eso de no agobiarle.

—¿No ha disminuido el dolor? Al menos un poquito... En realidad no necesitas ir a muchos lugares... quizás pueda ponerte aquí abajo una cama, aunque arriba estarás mejor y es verdad que puedo bajarte cada vez que necesites.

—Las camas supletorias son incomodas, eso sí lo sé y si se me han pasado los efectos de los analgésicos es normal que me duela.

—Aun así ya lo tienes menos inflamado —razona otra vez con un suspiro—. ¿Quieres algo de beber?

—Ja.

Suiza parpadea y toma aire por paciencia.

—¿Qué quieres beber?

—¿Cómo voy a saberlo? No recuerdo lo que me agrada.

—Cerveza es lo que suele gustarte. ¿Quieres? —pregunta volviendo a intentando no tensarse del todo.

—Pues ya te he dicho que ja.

—Cielos, discúlpame.

Austria suspira y vuelve a ponerse los auriculares, dispuesto a ignorarle hasta que de nuevo necesite algo.

Suiza frunce el ceño empezando a estar ligeramente harto de esto. Pero ahí se va por la cerveza poniendo un poco de queso junto en un plato. Vuelve un rato más tarde con una cerveza también para él y se sienta a su lado en la sala, sin recibir ni un atisbo de atención.

Se queda un par de minutos ahí en silencio y luego intenta que le haga caso.

—Österreich.

No hay caso porque está con la música.

Suiza hace los ojos en blanco y se va a trabajar con el ceño más fruncido de lo que quisiera

Y más lo vas a fruncir, querido, cuando te grite que quiere algo.

Pero Suiza suspira y va de buena gana a lo que sea que es lo que le pide, haciendo un esfuerzo por ser amable. Llevándole un cojín extra... Y unas mantas, y acomodándole para que el fuego le quede más lejos, preguntándole cómo se siente, volviendo a llevarle otra cosa de comer... Y entonces es que sonríe satisfecho... volviendo a no hacerle caso.

Aun con todos estos inconvenientes, Suiza sigue justificándole un poco en su cabeza, pensando que... Bueno, acaba de salir del hospital y aun se siente mal... Y no es que esté tan insoportable.

Para la comida baja un poco antes a ayudarle a Liechtenstein a prepararla, asegurándose que lo que hay de comer sea algo de lo que sabe que le gusta a Austria. De buena gana pone la mesa e incluso sale a buscar un par de Edelweiss para adornarla, volviendo con ellas todo sonrojado.

Austria no tarda mucho en pedir que se vaya para hablar con Liechtenstein a solas.

Suiza frunce el ceño a esto, porque le parece un poco fuera de lugar, preguntando de que tanto puede querer hablar con ella a solas y no obtiene una respuesta clara. Para ahorrarse la discusión toma un pan, lo remoja en el queso y sale del comedor hacia el jardín refunfuñando un poco por lo bajo.

Austria mira a Liechtenstein cuando Suiza sale

Ella le mira de vuelta en silencio esperando a que le diga lo que quiere decirle que no puede escuchar Suiza.

—Deutschland me ha hablado de unos videos.

Liechtenstein se sonroja ipso facto.

—Oh... Te habló de eso...

—Ja, me habló de eso.

—¿Quieres... Ver alguno?

—Ja, aunque no he logrado entender porque los tenéis.

—Ungarn los toma... Y bueno, ahora yo controlo las cámaras aquí.

—¿Aquí también hay?

—Sí. No en todos lados y no todo el tiempo pueden estar prendidas. Hay una ahí —señala donde—, acá, otras arriba y una en el cuarto.

—Dice Deutschland que tu bruder no lo sabe.

—¡Oh! ¡No, no lo sabe! Ni puede saberlo, te mata.

—¿A mí?

—Si supiera que tú nos dejas, sí.

—¿Por qué os dejo?

Liechtenstein inclina la cabeza.

—¿Por qué no dejarnos? A todos nos gusta, a ti incluido. Es como... No sé, creo que te gusta que te vean —se sonroja un poco—, aunque no se te ve mucho.

—Bueno, porque a Schweiz no le agrada y no estoy seguro que no sea esto un poco enfermizo.

—De hecho a él se le ve mucho, me parece que lo colocas de la manera apropiada para que se vea.

—¿Lo coloco yo?

—A él cuando están... Mira, mejor te enseño —se le acerca, teléfono en la mano y selecciona entre varios vídeos que tiene por ahí.

Austria se acerca para ver y es uno de esos en donde están en el sillón de la sala, Suiza debajo completamente perdido y Austria en perfecta posición para que no se vea realmente nada.

—¿Quieres con sonido?

Austria está bastante bastante sonrojado ya solo con esto. Así... hasta con la boca abierta. Liechtenstein tan tranquila después de un rato lo quita y le pone otro, en la cama con Suiza arriba esta vez.

—Este me gusta mucho —da MIEDO la naturalidad y tranquilidad con que lo dice.

Austria se sonroja más, sin poder dejar de mirar en realidad.

—Hay muchos como este, pero es mi favorito porque a mi Bruder... —se le ven todos los músculos.

No estoy segura de que esté ni escuchando, en shock.

—¿Ya puedo volver o qué?—pregunta Suiza desde la puerta.

—NEIN!

Suiza levanta las cejas con el grito y es Liechtenstein la que le aborda ocultando lo que hacen.

—Ehh... Bru-Bruder... —susurra sin saber que decir esperando, como siempre, que Austria explique y arregle.

—Fuera, vete —señala Austria aún más sonrojado al verle.

—¡No me hables así! —protesta—. ¿Qué hacen?

—¡He dicho que te marches!

Suiza le mira fijamente unos instantes, frunce el ceño y se da la media vuelta hacia la puerta del jardín volviendo a irse azotándola. Austria se lleva las manos a la cara muy nervioso.

Liechtenstein mira a la puerta también muy nerviosa con que Suiza se haya ido, pero más aún con que pudiera haberles atrapado. Mira a Austria con cara de circunstancia.

—Cielos... —susurra.

—Quiero verlos —carraspea sin mirarla—. Esos y si hay alguno que sea de simple... convivencia o del día a día. Consíguemelos.

—Vale, hay todos, de todo... Te traeré la computadora —asiente y le mira—. ¿Qué vas a hacer con mein bruder?

—No lo sé. ¿Hay alguna forma para que se relaje y me dé un poco de tiempo?

—No sé si se haya ido más... Lejos. No sé... Tú sueles ser el que hace esas cosas —susurra.

—¿Hacer qué?

—Arreglarle y tranquilizarle.

—Como notarás, no sé muy bien cómo manejarle ahora mismo...

—Es que yo no... No estoy muy segura —suspira resignada yendo a las escaleras para buscarle la computadora antes de ir a buscar a Suiza.

Austria se queda ahí sin saber qué hacer con Suiza en realidad.

Liechtenstein baja unos minutos más tarde con la computadora y el disco duro externo, lo instala en la mesa del comedor. Le explica dónde está la librería donde puede ver los vídeos y como están en absoluto y estricto orden germano, digno de la hija del obsesivo compulsivo y el inventor de la letra helvética.

Austria asiente agradecido y decide que va a verlos hasta que Suiza vuelva. Le pide a ella que le avise cuando lo haga para pararlos. Suiza está gritando en los Alpes y dando un paseo laaaaargo, aunque tienes suerte, maldito austriaco, porque no se ha llevado suéter y eso le obliga a volver en una par de horas.

El problema es que para cuando Suiza vuelve, Austria está ya bastante excitado tras ver unos cuantos.

—¡Jum! —le saluda Suiza en la puerta, seco, con el ceño fruncido. Aunque la realidad es que se ha calmado ya bastante y ahora mismo solo le parece que ha de parecer enfadado. También le ha traído fresas de la montaña, porque Suiza es un dulce.

Austria está con la vista fija en la pantalla, los auriculares puestos y rojo como una de esas fresas.

Liechtenstein está lavando platos, muy pendiente de la puerta de entrada. Cuando ve a Suiza se apresura a intentar llamar la atención del austríaco aunque nota que dese donde está parado no va a poder ver la pantalla. Liechtenstein, ve a quitarle los auriculares o no se va a enterar.

Suiza frunce un poco más el ceño al ver que le ignora acercándose un par de pasos que tensan a Liechtenstein al ver que Austria no se entera siquiera. Ella también entra a la sala yéndose atrás de Austria y poniéndole las manos en los hombros.

—Bruder! Qué bueno que volviste—...susurra.

El austriaco da un salto cerrando el ordenador de golpe, lo que les hace a los dos hermanitos dar un buen salto.

—Was? ¿Qué estás viendo?

—Nada. Es privado. Voy a quedarme viéndolo.

—¿Nada? Además en la computadora de Liechtenstein... —la mira a ella, quien traga saliva.

—Son videos de conciertos, sigo intentando recuperar mi memoria.

Suiza se mete las manos en los bolsillos y le mira fijamente.

—No veo por qué eso sea privado. Ni digno de que me eches de MI PROPIA CASA hace un rato —establece.

—Eso sí es privado y más vale que no intervengas en mi intimidad —le señala muy serio, aun sonrojado.

—Estas... Sonrojado —susurra Suiza notándolo, y sonrojándose a juego.

—¿Y? —se sonroja más.

—¿Por qué lo estás? —da otros dos pasos a la mesa sin entender qué es lo que pasa. Liechtenstein les mira como a un partido de tenis.

—Eso es un asunto que no te atañe—el problema es que no sabe qué decir, porque necesita más información sobre todo, no puede de verdad controlarle, calmarle, ni manejarle. Mira a Liechtenstein por un poco de ayuda.

—Está viendo sus vídeos de él dirigiendo y le da vergüenza no tener ni idea —susurra Liechtenstein.

Austria asiente agradeciendo eso, porque ni siquiera sabía que tenían videos de él dirigiendo. Suiza mira al austríaco unos instantes fijamente y desfrunce el ceño.

—Österreich... No tienes que avergonzarte por ello —se le acerca con otra actitud mucho más dulce y conciliadora.

—Bueno, pero el caso es que así es, de modo que demando un poco de privacidad.

—Eso... Veo. Está bien. No lo sabes, pero me gusta el respeto a las cosas ajenas —asiente aun mirándole sonrojadito. Austria hace un gesto para que se marche entonces.

—¿Puedo... Sentarme aquí a arreglar un reloj mientras?

—Nein!

Suiza parpadea.

—¿Por qué? No hago ruido, lo prometo...

—Nein...

Suiza vuelve a fruncir el ceño porque le parece algo perfectamente razonable de pedir. Sentarse en su sala a arreglar un reloj mientras Austria veía sus vídeos. ¿Cuál era el maldito problema? Además ya le había echado un rato atrás y no le había siquiera pedido disculpas o dado una explicación razonable.

—Esto no es justo de tu parte —protesta dándose la media vuelta hacia la cocina otra vez, quitándose el arma de cinto. Ir a disparar a unas latas seguramente le calmaría... Antes de salir se detiene en la puerta y se gira a mirar a Austria, quien no contesta nada, acercándose el ordenador.

—A las nueve se cena en esta casa y a las nueve vas a dejar de ver eso que estás viendo y a cenar conmigo y con Liechtenstein.

—Creo que voy a ir a Berlín.

Se le cae del todo la cara con esa declaración.

—Vas a ir a Berlín —repite y Liechtenstein traga saliva.

—Ja.

—¿Sabes? Ja. Creo que debes irte a Berlín —sentencia con la mente excesivamente lúcida de repente y el ceño fruncido, claro.

—Bien, estamos de acuerdo entonces.

—¿Por qué te quieres ir a Berlín? ¿Te parece que no te tratamos lo suficientemente bien? ¿No estás cómodo cuando se hace cada maldita cosa que pides?

—Nein, nada más necesito privacidad.

—En Berlín —le mira fijamente antes de hacer los ojos en blanco—. Vale, ve a Berlín y ten una mejor verdammt "privacidad". Solo quise hacer lo que hacemos siempre que es sentarme aquí a acompañarte.

—Está bien, siéntate.

Suiza suspira porque es que todo esto sigue sin fluir como debe, es casi como que el austríaco le diera muy amablemente permiso de hacerlo. Aun así, aun con la pistola en la mano, va a la cómoda de entrada y saca de ahí su caja de relojero. Se vuelve a la mesita baja de la sala donde suele siempre sentarse mientras el austríaco toca el piano o compone, mirando de reojo la mesa del comedor y por consiguiente al austríaco.

Austria decide tratar de ver videos un poco menos comprometidos y más cotidianos, pronto descubrirá que hay varios vídeos en el que de verdad pasa esto...

Suiza se calma en cuanto empieza a armar el reloj, ignorando a Austria y concentrándose del todo en esta actividad. Y nadie te cree, Austria, con lo que te va estar haciendo y viendo cosas raras enfrente de quien más sin que ese alguien se entere... Que se sonroja cada vez más porque en realidad, aun en las cotidianas, le gusta su relación.

Sí, si no estás con él por nada, es bueno que empieces a enterarte.

Suiza cuidadosamente termina de armar el reloj. Estira el cuello y la espalda, algo cansado de estar sentado en el piso, guarda sus cosas en la caja ordenadamente y se levanta. El problema es que el austriaco no se entera con los auriculares.

Suiza igual guarda su caja y se acerca a la mesa de comedor intentando de nuevo estar pacífico y de buen humor. Y le mete un SUSTO.

—Lo siento, ¡calma!

—¡No te estoy oyendo!

—¡Pues no pasa nada! ¡No te estoy espiando!

Igual cierra el ordenador y frunce el ceño.

—Es hora de cenar...

—Bien... bien.

—¿Qué te apetece cenar? Hay queso con pan y embutidos... Y he traído —se sonroja un poco pero no demasiado ya que bueno, Austria NO SABE según él—, fresas.

—Queso está bien —le mira e inclina la cabeza al notar el sonrojo—. ¿Y fresas?

—T-Te gustan las fresas —susurra desviando la mirada, aún más sonrojado. Austria se humedece los labios, entrecierra los ojos y decide probar.

—¿Y ese sonrojo?

—¡Ningún sonrojo! —replica sonrojándose más y poniéndose las manos en las mejillas. El moreno levanta una ceja al notar que ha funcionado.

—No tengo tan mala vista.

—¡S-Solo son fresas! —chillonea un poquito más. Es bastante simple, de hecho—. ¡¿Por qué habría de sonrojarme con eso?!

—Eso es justo lo que me pregunto.

—¡No tiene nada que ver con nada! ¡Y no me gusta!

—¿No te gusta?

—¡No! ¡No me gusta! ¡Y no hacemos nada con las fresas!

—Pues algo debemos hacer si las has traído.

—¡No las traje para eso!

—¿Para qué?

—¡Las traje para comer!

—Pues eso pensaba.

—¡Pues no pienses otra cosa!

—No lo hago, pero parece que tú sí.

—¡No! ¡No hay nada en que pensar!

—No lo parece con tus chillidos y sonrojos.

—Eso es porque tú me molestas.

—Nada más pregunto.

—Te gustan mucho las fresas en... ¡Cosas! ¡Y no me sonrojo!

—¿Cosas?

—Eres un pervertido indeseable, lo recuerdes o no.

—¿Cómo es eso?

—¡Pues es una verdad universal!

—Ni siquiera me explicas como.

—Lo eres porque... Porque lo eres. Eres molesto y haces... Cosas con las fresas.

—¿Cuáles cosas?

—Juegos... —mira a Liechtenstein de reojo que está poniendo la mesa.

—¿Qué clase de juegos?

—En unos... De ese tipo.

Levanta una ceja.

—¡Ves!

—Was?

—Tú también lo pensarías si te conocieras. Nadie normal juega con fresas.

—Pues cuéntamelo para que me conozca en vez de dar evasivas.

—Pues ju-juegas con... —Liechtenstein se va a la cocina—, las fresas y chocolate en la cama co-conmigo... S-sin ropa...

—¿Y?

—Y... Son cosas... Bueno, t-te gustan esos juegos d-de ese modelo y...

—Eres consciente que no me has explicado uno solo de ellos realmente más que dejarlos a mi imaginación.

Se sonroja más.

—¡E-Es difícil explicarte que m-me embarres de chocolate o me acaricies t-todo con...!

Austria levanta las cejas y se sonroja él en consonancia, debe llevar toda la tarde así. Con lo raro que es que le pase. Suiza se le queda mirando con la boca abierta.

—Was?

Suiza se sonroja un poco más a juego y es que nunca, nunca ocurre de manera tan evidente. Por alguna razón eso le tranquiliza un poquito ocasionando que tenga un poco de valor y se le acerque.

—Yo te lo he dicho.

Austria parpadea y se tensa cuando se acerca, asustándose como siempre.

Suiza se detiene un poquito al sentir la tensión, sonrojándose más y vacilando un poco

Aunque... Llevaban todo el día en esas, peleando y con Austria siendo un insoportable indeseable que le echaba de su casa... Y, de hecho, lo único que había encontrado Suiza que hiciera que Austria fuera manejable, era un beso otra vez... Aunque hoy no había tenido mucha oportunidad.

Austria le mira... aunque sabe que no va a hacerle daño y en realidad aún no ha aprendido a protegerse de él y a que es quien más daño puede hacerle.

Así que sonrojado y todo se acerca buscando el beso que haga que vuelva a tener esa conexión, y Austria que no se va a apartar. Cuando consigue besarle otra vez se tranquiliza un poco, cerrando los ojos. El problema es que Austria se siente seguro y tranquilo por esto, sin entender entonces a que vienen todos esos asuntos de molestarle. Es la deformación que se ha provocado, que Suiza no sepa como más entrarte más que a besos. Así que aun sonrojado e incómodo sigue besándole un poco más, antes de separarse y esconderse un poco en el cuello.

En realidad, el problema es que realmente Austria le siente demasiado cercano, no sabe que es lo que puede ir mal, que Suiza puede irse, que debe cuidarse de él y esforzarse por él... como cuando era un niño, cuando no hacía avergonzar a Suiza, pero tampoco le respetaba. Y de hecho es algo peculiar, porque cuando eran adolescentes los dos Suiza no podía darle besos. Ni Austria... tampoco del todo.

Claro... Y el problema es que todo vuelve a ser muy dulce y muy poco TENSO. Y así es como Suiza se separa un poco y le hace un cariñito en la mejilla mirándole a los ojos (desgraciadamente, Austria, ibas por buen camino antes cuando estabas teniéndole hasta los cojones. No tardaba en mandarte a la mierda)

Si... aunque ahora mismo es más feliz besándole. Si vuelves tras él, Suiza será igual de feliz besándote de vuelta. Y puede que se relaje lo bastante como para profundizar aún más el beso e intentar hacer un poco más. ¿Ves Suiza? Así sería si no te hubieras ido.

Suiza dice que en realidad prefiere que le respete, a pesar de todo. Aunque ahora mismo está bastante bien con profundizar del todo el beso y acariciarle un poco el pecho y el pelo... Comiéndoselo, bastante satisfecho consigo mismo.

Y con los videos que ha visto antes, Austria no parece tener ninguna intención de parar. Liechtenstein debe estar sonriendo desde la cocina. Siempre en la puñetera mesa del comedor. Al parecer es el lugar apropiado para tener sexo misterioso.


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