Suiza es delicado cuando quita la computadora de la mesa y le sube con facilidad encima de ella. El problema es que Austria no puede moverse bien y le duele. Así que casi enseguida empieza a quejarse.

Suiza se detiene acariciándole la cara y escuchando sus quejas, intentando moverle para evitar que le duela. Hasta que Austria le hace parar del todo porque así de frustrante es. El helvético, con la respiración agitada, los pantalones a media pierna, sin camiseta y la ropa interior a medias, se detiene, sonrojado y tremendamente... ehm contento, mirándole a los ojos.

—W-Was? —susurra sin saber el mismo de donde ha sacado la fuerza de voluntad para detenerse.

—Me duele todo —niega con la cabeza. Suiza cierra los ojos y respira aun agitadamente, tragando saliva porque además la negativa parece ser bastante... radical.

—P-Pero es... que...

—No voy a poder aguantar esto hasta que me sienta mejor... —sí España que es el experto no lo logró a la primera, querido...

Suiza le recarga la frente en el hombro y suelta el aire, sonrojándose bastante más de lo que ya estaba de por sí, deseando que se lo trague la tierra por sugerirlo o insinuarlo... porque sí, entiendo que España no lo haya logrado a la primera, pero una cosa es decirle que no a un latino y otra es decirle que no a un tsundere... pero así estamos.

Y ahí tienes una tarea, Austria, consigue que se quite de encima tuyo y te vuelva a mirar. Se mueve porque no está para nada en una postura cómoda y le duele, protestando otra vez.

Temblando, con el pelo en la cara, Suiza se quita de golpe de encima suyo poniéndose de pie y dándole la espalda. Austria se desestabiliza un poco por lo brusco del movimiento, pero consigue no caerse de la mesa. Aunque si suelta un alarido de dolor.

—¿E-Estás bien? —pregunta tremendamente avergonzado, pero preocupado.

—Nein... —susurra.

Y tienes suerte, Austria cabroncetillo... porque el enorme instinto protector de Suiza, en especial hacia ti, sobrepasa cualquier vergüenza o incomodidad. Se traga la vergüenza y se gira hacia el subiéndose del todo los calzones.

Austria se duele del costado, respirando agitadamente. Con cuidado, Suiza intenta revisarle la zona en cuestión.

—Quita las manos y respira profundo, ¿cómo es el dolor? ¿Profundo, fue una punzada?

—No lo sé, fue como hacer un mal gesto.

—Respira profundamente de nuevo —pide palpándole con la concentración de un médico haciendo una cirugía a corazón abierto y Austria lo hace.

—No tienes una costilla rota, no podrías respirar... debe ser secuela del golpe —concluye.

—De todos modos no puedo moverme bien.

—Eso ya lo veo —se limpia la cara con el dorso de la mano antes de ayudarle a subirse la ropa y a arreglarse ahora de manera mucho más profesional. Austria se sonroja un poco cuando le sube los pantalones tal como está.

El helvético le mira a la cara y se pregunta... Si esto es solo... Por el dolor. Se sonroja con la idea pero... Suiza, deja de ser tan poco egoísta que acabas metiéndote en más líos.

—Quisiera ir al baño.

—Quizás pueda...

—Was?

—Confía en mí, ¿vale? —susurra con decisión. El austriaco traga saliva y... asiente un poco.

Suiza le levanta con facilidad de la mesa del lado en que no está lastimado y se dirige a las escaleras, solo porque Liechtenstein puede volver, con cierto afán de que esto sea menos incómodo para el austriaco.

Él se deja, claro, qué otra cosa.

Le deposita con la misma suavidad en la cama y le baja los pantalones sin mirarle a la cara, súper sonrojado. La verdad es que era Austria el que solía hacer esto... no él. Y era Austria el que solía hacerlo de manera completamente vergonzosa... casi era una tortura (ya, Suiza, claaaaaaaaaaaaaro). Pero bueno, Austria estaba incómodo y él podía esta vez ayudarle a resolver el problema... aunque no hubiera chocolate involucrado. Ignora cualquier protesta, si es que hay alguna, le pone una mano en el pecho y va directamente a las regiones vitales del desmemoriado... Que se tensa bastante con todo el asunto en sí porque aún le da miedo hacerse daño con lo que suele comportar la actividad en sí.

Suiza esta vez le ignora, aferrado a la idea y justificación de que esto es para ayudar a Austria, así casi como si fuera un remedio médico... y Austria, por el amor de dios, ¡esto es para relajarte! Seguramente lo consigue... al cabo de un rato. Menos mal que este es Suiza. La constancia y dedicación se le dan bastante bien.

El helvético está seguro además de que Austria se ve completamente sexy desde esa posición, más aún si no se dedica todo el rato a molestarle. El único problema es que una vez terminado el austríaco, ya que le limpia y le ayuda a subirse otra vez los pantalones, Suiza esta todo menos satisfecho.

Y Austria está verdaderamente exhausto y adolorido.

Suiza le encuentra dormido después de salir del baño. Con un suspiro le mete debajo de las cobijas asegurándose a sí mismo que todo iba a ir un poco mejor cuando Austria recuperara fuerzas.

Y el problema... Es que en alguna medida estaba en lo cierto y en otra por desgracia, completamente equivocado. Una semana más tarde habían tenido algunas sesiones de besos más, pero él mismo había preferido detenerse ante una posible negativa. Y aunque el austríaco claramente estaba notoriamente mejor y con mejor movilidad, no parecía animarse tampoco a forzarse mucho.

Austria, por su parte, estaba aprendiendo, aprendiendo bastante. Gracias a la vigilancia permanente de las cámaras y la selección de videos que había hecho Hungría para él, no solo de los sexuales y no solo de los actuales, ya más o menos entendía cómo es que se llevaba con todos y todos aseguraban que volvía a parecerse bastante a sí mismo, por no decir que algunos de los menos sensibles consideraban que la recuperación ya se había completado al cien por cien.

Así que era Suiza casi el único convencido de que su propia relación con Austria era la peor. Intentaba con toda su voluntad y en contra de todo su instinto ser paciente y amable con él y aunque no podía decir que todo el tiempo la situación era solamente irritante, había muchas cosas que Austria le pedía, y peor aún, cómo se las pedía, que hacían que Suiza recordara claramente a una versión austríaca de la Edad Media.

Pero el austriaco no estaba ni enterado del problema, así parecía actuar en los videos, así que era perfecto.

Había justificado el visionado de tantos videos explicando que Alemania tenía cámaras instaladas en el salón, el comedor y la cocina de la casa por seguridad y que debido al incidente le habían estado dejando ver los videos antiguos de convivencia entre los habitantes de la casa y las visitas. También estaba recuperando la movilidad en la mano afectada, cosa que había propiciado que rápidamente volviera a ocuparse de recordar como tocar el piano y el violín, la música estaba ayudando de verdad mucho.

Aunque tal vez el punto de inflexión con Suiza llegó de la mano de ese comentario desafortunado.

—¿De qué va este asunto del "Cabrero"?

Suiza frunce el ceño en automático.

—¡No soy un cabrero!

Austria levanta una ceja porque esa parece ser exactamente la misma reacción que tiene en los videos.

—Debe ser por las cabras que tienes ahí fuera y que sales a abrazar todo el tiempo cada vez que te desesperas.

La absoluta FULMINACIÓN es inmediata.

—Me gustan mis cabras, ¡eso NO quiere decir que yo sea un cabrero! ¡Y no las abrazo así! ¡Y deja de decirme como si tu fueras un ser superior!

—Es exactamente lo que significa que seas un cabrero —sonríe de lado.

—¡No, un cabrero es un chiquillo que va a pasear a las cabras! ¡Y tú me lo dices para hacerme menos!

—Ahora resultara que no vas a pasearlas. ¿Para hacerte menos?

—Te conozco bien y NO, ni siquiera que se te pase por la cabeza el que tú seas mejor que yo.

Austria le mira con cierta incredulidad porque no es muy difícil pensar que es un pobre tonto de quien es muy fácil aprovecharse solo porque es bueno. El suizo frunce el ceño aún más con la cara.

—¿Perdona? ¿Exactamente qué es lo que estás pensando?

—Yo no he dicho que sea mejor que tú —levanta las manos con cierta condescendencia. Suiza parpadea un par de veces.

—No lo has DICHO.

—Nein, esas son palabras que tú has puesto en mi boca.

—¡Pero las piensas!

El muy cínico, tal como se ha visto a si mismo hacer en los videos sonríe sin responder. Suiza no se lo toma en lo absoluto a bien, frunce aún más el ceño si es posible y se le sube el color, extrañamente esta vez no de vergüenza.

—Siempre es la misma mierda contigo. SIEMPRE. Siempre esas estúpidas ÍNFULAS y esa idea de absurda superioridad cuando no tienes NI IDEA, ¡de hecho nunca la has tenido! No sabes lo que es sacar tú SOLO un país micro métrico adelante, no sabes lo que es estar solo, ni tienes NI IDEA de las cosas que he hecho para llegar hasta aquí. ¡Así que no tienes NINGÚN derecho de sentirte superior a NADA!

Austria parpadea un par de veces con todo esto y frunce el ceño.

—Toda la vida me has intentado ver desde arriba, como si tu fueras un ser superior y MEJOR. ¿Y sabes qué? No. ¡No eres ni superior ni mejor, eres igual que todos los demás! ¡Y yo no soy tu criado! —agrega empezando a sacar toda su frustración de la semana.

Austria no entiende a que viene todo esto, así que no sabe cómo reaccionar, de modo que hace lo que hizo ya la primera vez que esto sucedió, que es seguir presionando con su misma postura cínica que tanta gracia le causa.

—Entonces porque te comportas como si así fuera, ¿eh? Solo me remito a los hechos.

—Que me comporto como... ¿Qué? —los chillidos ya alcanzan limites molestos.

—Tú sabrás.

—¡Estoy solo intentando cuidarte! Verdammt! ¡Esto es lo que SIEMPRE pasa! ¡Eres absurdamente incapaz de valorarme! —chilla con los puños apretados.

Pone los ojos en blanco sin darse cuenta de que tanto esto se le está yendo de las manos.

El mayor le mira fijamente temblando un poco y sin saber qué hacer porque la última vez que hizo esto le tomó más de doscientos años siquiera el conseguir hablar con él de nuevo y pasaron setecientos años más antes de dejar de quererle arrancar la cabeza el cien por ciento de las ocasiones. Pero... Su orgullo y su voluntad de ser libre y no ser el esclavo de nadie, mucho menos de Austria, siempre pesaban lo bastante como para ser capaz de tomar decisiones en estos momentos y eso incluía ahora mismo tomar una bastante radical.

—Si sigues por ese camino voy a irme —advierte igual que advirtió la primera vez que se fue, sabiendo de antemano el resultado

—¿Vas a irte a dónde? —pregunta porque además están en su casa.

Y no crean que no lo ha pensado ya... Y no crean tampoco que no sepa muy bien que el mismo se estaba tocando el corazón de hacer esto una cosa AUN más definitiva.

—Eres un idiota —exclama yendo directamente hacia el violín.

Le mira hacer, sin responder nada.

El rubio toma el violín y lo guarda en su estuche, tomando tres o cuatro cosas más de Austria que están por ahí y llevándolas a la puerta, incluyendo el metrónomo y unas partituras.

De hecho, abre la puerta, toma las llaves de su pequeño coche y abre la cajuela, echando las cosas ahí.

—¿Cómo planeas que me marche si ni siquiera puedo andar bien?

—Sí que puedes andar PERFECTAMENTE —sisea entre dientes, DE VERDAD enfadado, yendo a por otro viaje de cosas.

Se quita las gafas y se pellizca el puente de la nariz sin poder aun creer que esto esté pasando, tratando de recordar qué pasaba en los videos, siempre Suiza acababa por detenerse.

Y con toda la practicidad y eficiencia Suizas, en dos viajes más ya tiene incluso la ropa en una maleta y las medicinas de Austria bien organizadas y dentro del maletero.

Austria sigue en la puerta mirándole con incredulidad como si esto fuera un espectáculo de lo más entretenido. Cuando Suiza termina se detiene en la puerta y sin mirarle la señala.

—Sal.

—¿Disculpa? Nein.

Suiza levanta las cejas y le mira.

—¿Nein? No es pregunta. Sal de mi casa.

—Nein, dijiste que te ibas a hacer cargo hasta que estuviera bien y obviamente no lo estoy. Más vale que dejes de gritar... y haz café por las molestias.

—¿Que te haga café? ¿QUE TE HAGA CAFÉ? VERDAMMT! ¡NO SOY TU ESCLAVO! —grita a todo pulmón saliendo por la puerta y otra vez azotándola, yendo hasta el coche.

Pone los ojos en blanco pero se tensa un poco porque nada de esto parece estar funcionado. ¿Podría ser verdad que se iría? Algunas piezas hicieron que recordara algunos pasajes de soledad relacionados con el suizo, pero no está muy seguro de como ordenarlos. Y ya le habían explicado que eso había sucedido.

Suiza arranca el coche y se dirige a Berlín, donde pretende dejar las cosas del austriaco en la puerta. Sin poder creer que hayan llegado a este límite y que Austria no haya hecho absolutamente nada para impedirlo o modificarlo. Era casi como si solo quisiera que se quedara para cuidarle y servirle.

Lo que hace Austria, que no acaba por entender del todo qué ha pasado y porque no le ha salido con los videos, decide llamar a Berlín por si acaso tiene que venir alguien a recogerle.

Es Alemania el que le contesta, aún antes de que el suizo llegue, aunque quizás a media conversación es que suena el timbre una vez rápida y fugaz antes de que Suiza se vaya otra vez.

—Hallo?

—Deutschland... creo que algo va mal.

—¡Ah! Österreich! ¡No me digas que has perdido algo de la memoria otra vez!

—Nein, nein... es Schweiz.

—Oh, ¿qué pasa con él?

—Ha recogido mis cosas y se las ha llevado a no sé dónde.

—Schweiz? ¿Por qué?

—Estaba gritando como un loco sobre que me creo mejor que él.

—Uy...

—Was?

—Es una mala discusión.

—¿Por?

—Pues Schweiz es como es y nosotros... También. De hecho todos somos raza aria.

—¿Y qué tiene que ver eso? Ya le he dicho que no he dicho que sea inferior... no parecía convencido.

—Pues, es el mismo pleito de siempre con ustedes.

—¿Y por qué ha reaccionado tan mal esta vez?

—¿Que le dijiste? Que no es inferior pero...

—No dije ningún pero, me parecía un poco maleducado, aunque lo sea.

—¿Aunque sea qué?

—Inferior, Deutschland —ojos en blanco.

—¿Lo... Es? —Alemania levanta las cejas. Austria suspira hastiado.

—Espera un poco que suena el timbre y... UNGAAARN! —le grita yendo a ver la puerta y considerando este asunto un poco más de lo que él puede manejar con Austria. Hungría no tarda en aparecer mientras Alemania abre la puerta.

—Es Österreich, está hablando de que Schweiz es inferior —indica Alemania extendiéndole el teléfono—. Oh... Tus cosas...

Austria espera sentado al piano, con la tapa de las teclas cerrada.

—¿Inferior? —se escucha Hungría preguntarle a Alemania poniéndose el teléfono al oído—. ¡Hola!

—Hallo, Ungarn... No sé lo que está pasando.

—Yo menos. Dice Alemania que tú dices que Suiza es... ¿Inferior?

—Se ha llevado mis cosas porque hemos discutido al respecto.

—Bueno... Es que... ¿Eso le has dicho?

—Nein, claro que no.

—Insinuado... Es... Buff! Es como lo más grave que puedes pensar de él.

—Mmm...

—¿Por qué piensas que es inferior?

Suspira y echa la cabeza atrás reflexionando al respecto. Lo bueno es que aunque se comporte como un niño, ya no lo es.

—Supongo que él se está comportando como si lo fuera.

—¿Como si fuera inferior? Cielos... Verás, una vez peleaste MUY fuerte con él por algo así.

—Algo así me habéis contado.

—Sí y dejaron de hablarse por años. ¿Dónde estás?—pregunta mientras miraba Alemania acarrear cosas dentro de la casa.

—En su casa, ha recogido mis cosas y se ha ido.

—Ay, Ausztria... de hecho creo que ya veo tus cosas.

—Al menos las ha traído ahí... vigil... dile a Deu... Italien que vigile mi Stradivarius.

—¿Y tú? ¿Qué vas a hacer?

—No lo sé, de momento estoy aquí.

—¿Y vas a hablar con él? ¿Va a volver a buscarte?¿ Quieres... Algo?

—No lo sé, ¿qué crees que debo hacer?

—Meterte en la cabeza que no es inferior.

—Admitamos que muy superior no parece.

—Depende de para qué.

—Convénceme.

—Es considerablemente superior que tú en los negocios, en ser neutral, en fuerza física y además es una buena persona.

—Hum... entiendo.

—¿Y sabes en que más creo que es bastante superior? En... Enfrentarte.

—¿Enfrentarme?

—Es el único que hace esas cosas. De echarte de su casa y... Esas cosas.

—Mmm... No estoy seguro que sea adecuado.

—¿Quieres que vaya por ti y lo hablamos? O prefieres quedarte y esperarle... No creo que te lastime.

—Creo que debe aprender modales. No puede echar a las personas así de los lugares aunque sea su casa.

Hungría aprieta los ojos.

—Ya, ya entiendo... Solo que no suele echarte de su casa, querido.

—Pues en esta ocasión tampoco.

—¿Tampoco qué?

—Tampoco va a echarme. ¿Ya está de regreso?

—Ya vino aquí.

—¿Y se está marchando?

—No le he visto, solo están tus cosas.

—Bien. Ten el teléfono a mano por si necesito llamarte.

—Aquí lo tengo. Cuídate.

Austria se despide y le cuelga por lo pronto Suiza no va a volver. Volverá a la mañana siguiente, suponiendo que ya fueron por el austríaco. Pues lo va a encontrar durmiendo en su cama y le da un INFARTO porque claramente NO lo esperaba. Es que además seguro llega de madrugada. Y está durmiendo en mitad de la cama. Exactamente... Puede que de unos cuantos pasos atrás y con su suerte tire algo súper escandaloso al suelo.

Austria entreabre los ojos, sobre todo prestando atención con los oídos, reconociendo su corazón y sabiendo quien es.

—Schweiz —le nombra.

—¿Q-Que haces aun... Aquí?

—Te dejaste cosas que llevarte.

Frunce el ceño.

—¿Que me dejé?

—Esto —se quita la camisa del pijama y luego los pantalones tendiéndoselo—. El resto de mi ropa está ahí.

Suiza frunce el ceño aunque se sonroja un poco sin esperarse nada de todo esto, paralizado.

—Se supone que... No deberías estar aquí, debías irte a Berlín —protesta.

—Se supone que tú deberías ser menos radical.

—¿Menos... Was? —se pellizca el puente de la nariz—. Tú deberías ser menos odioso e insoportable.

—Nein, no lo creo —sonríe un poco.

—Sí, sí que deberías. Eres mejor ahora que toda esa mierda.

—¿Ahora?

—Ahora no. Ahora... Ahora antes. Eras mejor antes, así no me habría casado contigo.

—¿Quién desmerece a quien ahora?

—¡Yo a ti! ¡Porque prometiste respetarme! —se le humedecen los ojos en el peor momento posible.

Austria se humedece los labios y traga saliva porque en realidad, ayer noche, mientras le esperaba hasta que ya no pudo más y se quedó dormido... sí sintió miedo.

—No puedo quedarme aquí si no me respetas... Voy a irme si no lo haces y no una noche.

—¿Vas a irte a dónde?

—A donde sea. Tengo otras ciudades, otras casas y unos Alpes donde puedo vivir sin ti.

Austria traga saliva sosteniéndole la mirada y Suiza sigue mirándole por lo que parece una eternidad.

—No tienes otro yo —susurra de todos modos arreglándoselas para que suene con voz bastante firme y empieza a sentir bastante frío.

—No, no tengo otro tú y si me voy, voy a extrañarte horrores y aun así prefiero irme a que me sigas tratando así. No lo soporto —asegura con absoluta seriedad.

Austria gira la cara y se pasa una mano por el pelo, pensando. Suiza aprieta los ojos porque el cabrón parece estarse pensando las cosas. Si te sirve de algo, sigue desnudo.

El moreno se pasa la mano por el pelo sin saber bien que hacer volviendo a mirarle. Eso, por lo menos que se recree. Frunce el ceño al notar que el cabrón se ve especialmente guapo... Y se sonroja, odiándose a sí mismo por tener siempre el mismo problema y sintiéndose otra vez adolescen!Suiza.

—Esto es como repetir la historia.

—¿Cómo? Esto es... Exactamente repetir la historia.

—¿Y no se te ocurre una forma mejor de hacerme aprender? —le mira de reojo y esto es lo mismo que habría pasado si en vez de irte para siempre solo le hubieras dado un susto la primera vez.

—¿Mejor que irme? No. Porque eres idiota y testarudo —se sienta en la cama y luego se levanta de golpe al recordar que está desnudo y Austria le mira—. Te costó setecientos años aprender la vez pasada —de acuerdo a su perspectiva.

—Y han de pasar setecientos más.

—Verdammt... ¡No puedes ser TAN idiota como para necesitar setecientos años más! —le mira—. ¡Eres más listo que esto!

—¿Entonces? —le mira y se abraza a si mismo porque tiene frio.

—¡Pues entiende de una vez! —protesta levantándose de la cama y yendo al pijama que ha lanzado al suelo. Toma la camisa—. Y deja de darme por sentado.

—Bien —accede con docilidad.

Parpadea acercándose de vuelta con la camisa del pijama en la mano y el moreno le sostiene la mirada.

—Vale, entonces todo estará bien.

Levanta las cejas porque no habría esperado que fuera tan sencillo y el helvético le mira de reojo.

—Estás a prueba.

—¿Qué significa eso?

—Significa que vas a hacerlo bien porque tú tampoco tienes otro yo —le extiende la camisa para que se la ponga.

Austria se la pone pensando que en realidad le ha dicho eso porque es justo lo que ha notado. Suiza se le sienta junto otra vez.

—Necesitas volver y ser tu otra vez —susurra.

—¿Y cómo lo hago? —pregunta abotonándosela.

Se encoge de hombros.

—Si supiera ya lo habría hecho hace tiempo en lugar de sentarme a ver como todo se va al demonio —suspira.

—Yo tampoco lo sé —se mira las manos en su falda.

Suiza le mira fijamente preguntándose cuanto van a tardar antes de que otra vez se vaya todo a la mierda y que tenga que irse para siempre repitiendo la historia una y mil veces.

Esto... No era de voluntad de Austria, ¿o sí? Querría realmente verle como a un igual o podría aprender en una noche? ¿Podría presionarle? ¿Forzarle?

—¿Sentiste miedo... Cuando me fui?

Los ojos violetas le miran de reojo... esa es una pregunta complicada.

—Nein.

Suiza hace los ojos en blanco y luego los aprieta.

—Imagina ese miedo... Materializado. En años y años de silencio.

Austria le mira porque ha dicho que no.

—Esta es la oportunidad que tenemos ambos para aprender a hacerlo de otra manera... —se mira las manos—. ¿Por qué has dicho que no tenías miedo si debes... Debes haberlo tenido? Miedo a que no volviera —pregunta eso ultimo sin estar muy seguro.

—Porque no fue cuando te fuiste, fue cuando no volvías.

Suiza le mira porque ese es un detalle muy del estilo de chibi!Austria

—Como una vez me dijiste tú: Lo difícil no es irse... Lo verdaderamente difícil es no volver.

—Pero lo has hecho. Supongo que estar en tu casa ha ayudado.

—En otra época te hubieras ido.

—¿Por?

—Eras más... Irracional. Te habrías ido porque entonces... —hace una pausa sin querer decir lo que piensa, pero Austria solo se queda esperando. Y es extraño tener el mismo que enfrentarse a una realidad a la que no suele enfrentarse, que es a los verdaderos sentimientos de Austria hacia él—. Quizás eras más desesperado o más tonto. O quizás no te hubieras ido. Yo siempre he pensado que sí, que volver era peor que encontrarte acostado en mi cama. ¿Por qué no te fuiste?

Austria sonríe y no responde de momento. Suiza parpadea sin entender la sonrisa.

—Ungarn y Deutschland dijeron que siempre discutimos por lo mismo, pero sentí que no era la forma en la que debías irte, orgullosamente no me parecía correcto que me echaras de la casa —eso mismo, por lo mismo que se hubiera ido de pequeño, por orgulloso.

—De haber estado en otro lado me habría ido yo... Y cómo puedes decirme eso si TÚ me echaste a MÍ de la casa hace una semana. ¡Y la casa es mía! ¡Eres un cínico!

—Estaba preguntando a Liechtenstein donde poder ver un video de nosotros teniendo relaciones íntimas, dime que no te hubieras puesto histérico de estar presente.

—Un WAS?! WAS?!

—Exactamente así —tan tranquilo.

—No hay un... Por que querías ver un video de nosotros teniendo... ¡ESO!

—Porque por lo que a mí respecta no ha pasado nunca.

—Pues no tenías que ver un VIDEO para... Hacerlo.

—Ver videos es lo que me está ayudando con todo y no es como que pudiera moverme bien entonces, ya lo viste.

—¡Aun así! —chilla sonrojadito.

—Was?

—¡No le pidas a Liechtenstein eso!

—Era un video de casa de Deutschland, yo estaba aquí y no iba a pedírtelo a ti.

—Espera. ¿HAY un video de nosotros haciendo eso?

—Por lo visto, de una vez en la sala de música. Ya te dije que hay cámaras de seguridad ahí, me pregunto que nos llevaría a ello.

Suiza se le queda mirando con la boca abierta, sonrojándose aún más.

—¿Q-Que nos llevaría a... A ello? W-Was?

—A hacerlo ahí. Es decir, no es como que no supiéramos que había cámaras... o que tal vez podría llegar alguien, vive mucha gente en esa casa.

—Y-Yoo... ¡Yooo! —se tapa la cara.

—¿Tú?

—¡Yo no sabía! ¡Y es tu culpa!

—¿Cómo podías no saber?

—¡No lo sabía! Detesto, DETESTO a esa casa.

—En fin...

Se echa atrás en la cama acostándose.

—¿Y ahora qué, Österreich?

—¿Qué de qué?

—¿Entonces qué hacemos? ¿En qué quedamos nosotros? —bosteza porque no ha dormido casi en la montaña.

—No estoy seguro, tú me has puesto a prueba.

—Y lo estás... Muévete para allá, bitte.

Lo hace... y de hecho se mete a la cama porque también es criminalmente temprano.

Suiza se quita los pantalones quedándose en bóxers y sonrojándose un poco, pero está de verdad cansado. Se hace bolita debajo de las cobijas y Austria se gira de cara hacia él. Desearía que le abrazara, sinceramente, pero no lo pide, mirándole a la cara y acercando un pie hacia el... El pie esta HELADO.

—¡Oh! —aparta la pierna de golpe porque él también tiene mucho frío.

—Espera... —se levanta y saca del armario una gruesa manta... Mr. Congelamiento. La echa en la cama y se vuelve a meter.

Austria se le acerca y se hace bolita porque el calor humano ayuda y el suizo le abraza porque esto se les da bien.

—Estaremos bien.

Austria le mira un instante a los ojos y se acerca a darle un beso.

El rubio cierra los ojos y le acaricia la mejilla y a pesar de haberse dado otros varios besos últimamente, este le parece el más dulce y cariñoso de todos.

De hecho tiene un poquito de ansiedad porque sí se ha ido y le ha dejado ahí solo en un mundo un poco extraño en el que aún no se siente del todo seguro y en el que todo el mundo le empuja hacia el helvético.

Le acaricia un poco el pelo e instintivamente se le encarama un poco encima, cuidándose como siempre de no lastimarle. Y es que ya hace varios días que él tiene muchas ganas y poca satisfacción.

Le deja hacer solamente tratando de sentirle lo más cerca posible.

Suiza se separa un poquito y le mira a los ojos y en realidad no es propiamente sexo lo que quiere, es simplemente ESTAR con él.

El caso es que siente lo mismo, así que hazle el amor suavemente a tu marido de una vez.

Y justamente a eso se dispone. Con suavidad y sin ninguna prisa. Con tranquilidad y cierto nerviosismo como si fuera la primera vez pero con la seguridad de saber exactamente cómo hacerlo.

Austria se deja hacer, siguiéndole instintivamente.

Suiza opina que es perfecto, el ritmo, la forma e intensidad, redescubriendo a Austria, SU Austria en este acto de cercanía e intimidad. Y así es que Austria siente con mucha claridad cómo es que la cosa funciona y vale mucho la pena con Suiza.

Y el suizo se siente otra vez completo y conforme, de haber perdido algo muy muy importante y al fin lo ha encontrado otra vez. Y en su infinita dulzura, vuelve a susurrarle varias veces lo mucho que le quiere y que es, en mi opinión, una de las cosas que más hacen la diferencia entre él y el resto del mundo.

Y va a conseguir que Austria le diga que le quiere de vuelta por primera vez desde el accidente.

Va a ser muy, pero MUY feliz.

Y va a seguir siendo muy pero muy feliz por los próximos días y semanas cada vez más convencido, ahora sí, de que Austria está prácticamente normal. Al final, el incidente quedará atrás, casi olvidado en apariencia, y no será hasta un par de meses más adelante cuando después de una actividad semejante a la de hoy, cuando Suiza abrace al austríaco con fuerza y le vuelva a decir que le quiere y se queden en silencio unos largos segundos... Cuando rompa en silencio con la pregunta que le lleva preocupando por días y días.

—Österreich...

—¿Mjm? —le acaricia un poco la espalda sin soltarle, mirando el techo.

—¿De verdad crees que no tengo gracia? —susurra.

—Ja.

Se queda inmóvil del todo por unos segundos.

—¿Y... qué hago para tenerla? —pregunta aún más suavemente, escondiéndose un poco en su cuello.

—Nada —le mira de reojo.

Suspira un poquito.

—Quisiera al menos tener una... poca. ¿De verdad no te gusto nada de nada? —pregunta y es que... Aun cuando Suiza no suele preocuparse de esas banalidades, al final... tampoco es algo bonito de oír.

—No he dicho que no me gustes.

—No has tenido que decirlo, yo VI y viví el no gustarte.

—¿Cuándo?

—Cuando perdiste la memoria. No te gustaba. Era como... Verte verme sinceramente por primera vez. Quizás ahora dices que sí, pero... La verdad es que no te parezco especialmente estético y lo entiendo.

—Nein, no creo que sea una cuestión de estética sino de actitud.

—Actitud —repite—. No sé si entiendo.

—Eres una persona con poco atractivo. A eso me refería con gracia, sobre todo a primera impresión, porque... no potencias tu físico ni tus virtudes, pasas desapercibido, eres serio y práctico.

—Poco atractivo y sin gracia. Eso cada vez suena peor. En resumen... No te atraigo ni te llamo la atención. ¿Por qué demonios estás conmigo? ¿Es solo porque presioné e insistí?—le mira algo preocupado con eso en concreto.

—Ja.

No sabe cómo le hace sentir eso.

—Entiendo —responde convencido de que eso es un poco feo, haberle ganado de vuelta solo por... Rogarle o insistirle, no en si por... Gustarle. Aunque fuera como fuera, al final daba lo mismo el cómo.

—Supongo que hay personas con las que es difícil darse cuenta de su valor.

—No, eso es porque tú eres un tonto —concluye. Austria le mira de reojo otra vez—. Y aun así, menos mal que YO no soy tan tonto como tú.

—Menos mal —sonríe—. En realidad, creo que no le pasa a todo el mundo. Sé que mi madre te considera atractivo, fue una de las primeras cosas que me contó.

—Tu madre... Hace cosas —aprieta los ojos apretándole más.

—Ja, lo sé.

—No me gusta que las haga —se relaja otra vez al hablar de un tema más neutral.

—Algunas sirven.

—¿Sirven para qué?

—Ella me contó cómo debía mirarte y qué tenía que buscar en ti.

Levanta las cejas.

—Además es imposible odiarla —exclama apretando los ojos—. ¿Sabes? De todo esto creo que salió algo bueno.

—¿El qué?

—Tu relación con tu madre.

—Me han dicho que no era muy buena, no recuerdo bien por qué.

—No, no era muy buena. Creo que más por poca paciencia tuya que otra cosa —le mira sin querer decir nada que haga que ahora se lleve mal. Suspira no tan interesado en las cosas malas en realidad.

—Pero ella está muy feliz ahora y creo que lo merece. Vater también es feliz.

—¿Todos felices entonces?

Sonríe un poquito y se acurruca otra vez en él.

—Mucho.

Se ríe y le aprieta un poco contra sí.

—Aunque digas que no tengo gracia.


Y hasta aquí. ¿Quién más cree que Austria solo insidte en que no tiene gracia para que haga monerías por que le encanta? ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!

Y como siempre, muchísimas gracias a Carailewho, Chibimisuki, Holly, Josita, Kokoa Kirkland, Kutzi Shiro, Magdulillo, Mitsuki10, Moka, NayamiDark, Tsukki y Vicky Lau por sus reviews!

Y por supuesto, a ti, que lo has leído ;)